El desarrollo físico es rápido y evidente, constituyendo una de las etapas de crecimiento más acelerado en todo el ciclo vital. Según Papalia, los bebés duplican su peso al nacer en los primeros meses y lo triplican hacia el primer año, mientras que la talla también aumenta considerablemente Además del crecimiento en estatura y peso, hay un notable desarrollo en el sistema nervioso, especialmente en el cerebro, que experimenta un aumento significativo en tamaño y complejidad, formando millones de nuevas conexiones neuronales. Este crecimiento cerebral se acompaña de avances importantes en las capacidades motoras, como sostener la cabeza, sentarse, gatear y, finalmente, caminar.
Se caracteriza por un avance notable en las capacidades de percepción, memoria, atención, aprendizaje y lenguaje. Según Papalia, el pensamiento del niño en esta etapa es principalmente sensorial y motor, como lo plantea Piaget en su etapa sensoriomotriz, donde el conocimiento se adquiere a través de la interacción directa con el entorno mediante los sentidos y el movimiento. El desarrollo cognoscitivo en esta etapa está estrechamente influenciado por la estimulación del entorno, la interacción con los adultos, y el vínculo afectivo con los cuidadores, que proporcionan la base para un pensamiento más complejo en etapas posteriores.
Se centra en la formación de los primeros vínculos afectivos, la identidad emocional inicial y el surgimiento de la autonomía. Según Papalia, esta etapa es fundamental para establecer una relación segura con los cuidadores, especialmente a través del apego, que influye en la manera en que el niño se relacionará social y emocionalmente en el futuro. Basándose en Erikson, se plantea que el principal conflicto en esta etapa es confianza vs. desconfianza, donde el bebé aprende a confiar en su entorno si sus necesidades básicas son satisfechas de manera consistente y afectuosa. La interacción con los padres, otros adultos y niños, así como la manera en que se le guía y se le pone límites, juegan un papel crucial en el desarrollo del sentido del yo y en la regulación emocional y social del niño.