Isaac Asimov se encontró con la ciencia ficción en el trabajo en las distintas tiendas de golosinas que su padre regentaba en el barrio de Brooklyn. Bioquímico por la Universidad de Columbia en 1939 y doctor en química en 1942, los ingresos procedentes de su trabajo como escritor eran mayores que los que conseguía con su labor universitaria.
Su último libro de no ficción, La ira de la Tierra, escrito junto con otro autor de ciencia ficción, Frederik Pohl, trata de aspectos medioambientales como el calentamiento global y la destrucción de la capa de ozono. Un adelantado en su época.
Isaac Asimov fue el creador de las Leyes de la Robótica y sus obras inspiraron películas de ciencia ficción, que más abajo detallaré.
En la película Yo, Robot, protagonizada por Will Smith, las mismas leyes son las claves para entender un mundo futurista donde los robots forman parte de la vida cotidiana de las personas. En este film aparece una nueva ley: la ley cero. La "ley cero de la robótica" es una variación introducida en las leyes de la robótica que aparece por primera vez en la novela de Isaac Asimov Robots e Imperio (1985)... Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño. Cuidar a los individuos de la inteligencia artificial.
Enfrenté en el material consultado, dos posturas diferentes sobre la robótica.
Por un lado, el video que se presenta más abajo, desde el minuto 1:43 describe la relación de la Literatura de Asimov con los miedos que casi todos los seres humanos experimentamos hacia los robots. Según el realizador del video, detrás de cada ley de la robótica hay un temor diferente.
La primera ley (un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño), manifiesta un temor a ser destruidos por la misma tecnología que creamos los humanos.
La segunda ley (un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley) refleja la desconfianza de que alguien use nuestra tecnología para destruirnos.
Para analizar la tercera ley (un robot debe proteger su propia existencia en la medida que su protección no entre en conflicto con la primera y segunda ley) se contextualiza la narración en nuestro mundo presente, tan automatizado, y con infinitas posibilidades laborales en este campo de la robótica. Hacia el minuto 3:36 se advierte sobre la posibilidad de un desorden social gigantesco, invadidos por los robots, tomando nuestras fuentes de trabajo.
La última ley, la ley cero, dice “un robot debe proteger su propia existencia en la medida que su protección no entre en conflicto con la primera y segunda ley.” Los fanáticos opinan que, así como Asimov pensó en posibles respuestas a problemas que él mismo preveía, también colaboró con una especie de sugestión filosófica y social al imaginar humanoides (robots androides que imitan movimientos y formas humanas, predilectos para el desarrollo de la inteligencia artificial o autómatas que de hecho hoy existen y los tenemos definidos en los apuntes) que podrían tomar el control de la humanidad a través de una súper máquina o súper computadora.
Por otro lado, recuperando el contenido de la Revista Digital Pousta (30/4/2018) el artículo se adentra en la historia superadora de chicas adolescentes que fueron más allá de este conflicto ficcional (el miedo que genera la dicotomía robots vs humanos) que se ha transformado en real por influencia literaria de Isaac Asimov. Y por otra cuestión problemática: el territorio del género.
“La democratización de la educación, de la academia, de los estudios y las posibilidades de la auto-educación en cuanto a programación, gracias a Internet, han mejorado las expectativas en cuanto a la automatización. Ya no es necesario un laboratorio, una entrevista para entrar a una universidad o a una Academia, sólo es necesaria la curiosidad para re-pensar la robótica y darle las funciones deseadas”.
Según el texto, ser mujer en el ámbito de la robótica, conlleva ciertas restricciones en el acceso al conocimiento. Por lo cual, la fundación Girls in Tech busca retroalimentar el colectivo de la tecnología con perspectiva de creadoras, elevándolas a fuentes de inspiración y como íconos del conocimiento específico para otras creadoras niñas, adolescentes, mujeres. El caso de Macarena Abarca y Belén Guede, voluntarias de la fundación premiadas en el mundo, resulta motivador a la hora de contemplar el desempeño de las mujeres en el ámbito de la robótica.
Conclusiones:
Tener miedo de los robots nos niega como educadores la posibilidad de hacernos eco en el futuro de los estudiantes; desde nosotros puede partir la chispa para que se sientan inspirados a ingresar en el mundo del trabajo por esta puerta, la de la robótica y, mientras tanto, aprendan programando. El uso no ético o destructivo de la tecnología por parte de los seres humanos sí puede llegar a ser un tema de acalorado debate.
Parafraseando a la intelectual estadounidense Shannon Vallor, diremos que los avances en robótica y en inteligencia artificial son reales e impresionantes pero no están teniendo lugar tan rápido como mucha gente cree. Hay muchos límites a la hora de asignar tareas a esas máquinas y de determinar qué son capaces de hacer en el campo laboral.
Desde un punto de vista laboral, no se puede decir que no haya de qué preocuparse. Pero tampoco hay que exagerar la amenaza.