La evaluación en Práctica II se concibe como un proceso formativo, continuo y situado, orientado a acompañar las trayectorias del estudiantado y a favorecer la reflexión pedagógica sobre las prácticas desarrolladas en el campo.
Desde la concepción de la materia como laboratorio de la práctica, la evaluación no se entiende como una instancia aislada de acreditación, sino como un dispositivo pedagógico que permite analizar experiencias, revisar producciones, construir criterios y resignificar aprendizajes a lo largo del recorrido formativo.
En este marco, las devoluciones docentes constituyen un componente central del proceso evaluativo. A través de instancias de retroalimentación sistemática, se busca acompañar el desarrollo de la escritura reflexiva, la comprensión de la escuela como objeto de análisis y la construcción de una posición docente en formación.
La evaluación prioriza el seguimiento de los procesos, el compromiso con las actividades propuestas y la capacidad de reflexión pedagógica, entendiendo el aprendizaje como un recorrido progresivo que se construye en diálogo entre experiencia, análisis y producción pedagógica.