LA PEÑA DE LOS PARRA
A fines de abril de 1965, en pleno corazón de Santiago, fue inaugurada la histórica "Peña de los Parra", bajo el impulso visionario de los hermanos Isabel y Ángel Parra. Instalados en la casona del pintor y músico Juan Capra y ubicada en Carmen 340, los hermanos Parra replicaron la atmósfera bohemia parisina que habían conocido junto a su madre, Violeta Parra, en la década anterior, decidiendo a su regreso a Chile, fundar un espacio de encuentro y expresión artística que recogiese diversas manifestaciones populares.
La peña comenzó como un taller de artes y pintura, evolucionando con rapidez hacia un centro cultural polifacético: Un patio, escenario sencillo e íntimo, decorado con artesanías y diversos elementos populares tales como redes de pescar, velas en botellas y firmas de quienes habían pasado por allí. En tales condiciones, poco a poco fue emergiendo como un faro de la Nueva Canción Chilena, atrayendo a figuras consagradas como Víctor Jara que se sumó al proyecto en agosto de ese mismo año, y a otros artistas como Patricio Manns, Rolando Alarcón, Tito Fernández, Roberto Parra, Héctor Pavez, Payo Grondona y grupos emblemáticos como Quilapayún, Inti Illimani, Los Curacas, Amerindios o importantes figuras de la canción latinoamericana como Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui.
A la par del espacio físico, en 1968, Isabel y Ángel Parra fundaron el sello discográfico "Peña de los Parra", cuyas grabaciones fueron distribuidas por DICAP. Este sello registró producciones que hoy constituyen documentos históricos de dicho movimiento musical, incluyendo volúmenes colectivos y otros del dúo Isabel y Ángel Parra. Su catálogo musical abrazó variados estilos, desde folclore profundo hasta los primeros vestigios del rock nacional, con la presencia de grupos como "Los Blops".
Musicalmente, discos como “La Peña de los Parra”, recogen piezas como “Río Manzanares”, “En Lota la noche es brava”, “Yo defiendo mi tierra”, “La jardinera” y “Canto a mi América”, interpretados por artistas destacados del momento. Estas grabaciones constituyeron un fiel reflejo del diálogo musical entre el folclore chileno, otras músicas latinoamericanas y el canto protesta que nacía con fuerza por aquellos años y que luego alcanzará su culmine con el movimiento de la llamada “Nueva Canción Chilena”.
La peña no solo fue un escenario musical, también se erigió como un centro de producción artística, literaria y visual: escultores como Sergio Castillo, grabadores como Santos Chávez y pintores como Juan Capra, frecuentaron el lugar, compartiendo debates e intercambios creativos bajo una consigna de compromiso cultural y político. No podemos dejar de mencionar que la misma Violeta Parra dejó plasmado en una de sus habitaciones treinta y tres pequeños murales y tres de mayor tamaño que afortunadamente fueron resguardados de su destrucción por la actual propietaria del inmueble, la Universidad Católica Cardenal Silva Henríquez.
Con el Golpe de Estado de 1973, las actividades de la Peña fueron abruptamente interrumpidas y los hermanos Parra se vieron forzados al exilio. El espacio físico de Carmen 340 , tras años de abandono, fue luego incorporado a la Universidad Católica Silva Henríquez iniciándose recientemente un proceso de declaratoria como Monumento Histórico que aún no se concreta de modo de resguardar los murales que pintara Violeta Parra reforzando así el valor patrimonial del sitio
La Peña de los Parra representa un crisol donde confluyeron las artes, la música y el compromiso social. Constituyó un santuario de la cultura popular nacido de la herencia creativa de Violeta Parra y del impulso renovador de sus hijos, representando hoy el símbolo de un espíritu y de un sueño colectivo y de una época crucial en la historia de nuestro país, que germinó en múltiples creaciones musicales que son hoy patrimonio de todos los chilenos. Hoy su legado sigue vigente, no solo en las grabaciones y testimonios de sus principales protagonistas, sino también en la memoria popular y la creciente valorización de su espacio físico que esperamos pueda recuperarse como un patrimonio tangible de la memoria nacional y musical chilena.