Grupo Illapu
Entre 1970 y 1973, Illapu emergió como uno de los exponenetes más potentes de la música andina dentro del movimiento de la Nueva Canción Chilena. Fundado en 1971 en Antofagasta por los hermanos Márquez: Jaime, Roberto, Andrés y José Miguel junto a Osvaldo Torres, el grupo tomó como nombre la palabra quechua “Illampu” para “Rayo”, anticipando el impacto que tendría a partir de esa fecha su música en el paisaje sonoro nacional.
En 1972 lanzaron su primer álbum, “Música Andina” (Sello DICAP), que los catapultó a un plano nacional gracias a su labor de rescate y ejecución del repertorio ancestral del norte de Chile. Sus interpretaciones se distinguieron por el virtuosismo instrumental en la ejecución de la quena, zampoña, charango, la percusión andina y una estética escénica sobria con un sentimiento profundo al momento de interpretar sus temas.
En 1973 participaron en el Festival de Viña del Mar, causando admiración por su frescura musical y estética novedosa. Este breve periodo coincide con una investigación intensa en los ritmos nortinos, que cristalizará años después en discos como “Chungará” (1975) y “Despedida del pueblo” (1976), donde incorporaron la influencia afro-andina en temas como “Candombe para José” de Roberto Ternán el cual se convirtió en un hit por aquellos años.
En 1978 realizan su primera gira por Europa participación en varios festivales europeos siendo aclamados en Suiza, Alemania, Holanda, Bélgica e Italia. Tras una segunda gira a dicho continente y un retorno fallido fallido a Chile en 1981 dado que la Dictadura les prohibió el ingreso, el grupo se exilió en Francia y posteriormente en México, dirigiendo en los años siguientes su propuesta artística hacia una fusión de elementos de jazz, rock y folklore andino, pero manteniendo siempre el rigor y virtuosismo instrumental que los ha caracterizado siempre.
En los años recientes y ya retornados a Chile, Illapu se ha caracterizado por su fuerza renovada, aunando la herencia musical andina con nuevas sonoridades. El disco “Con sentido y razón” (2014), integra versiones de Silvio Rodríguez, Víctor Heredia, Jorge Drexler, Víctor Jara y Joaquín Sabina, extendiendo el puente entre lo popular y la música de raíz andina. Esta fusión musical es lo que hace notable a Illapu, una sonoridad de zampoñas, quenas, charango, voces inconfundibles y su disciplina armónica que conjuga magistralmente el sonido del saxo, la quena y el bajo. En su discurrir, no sólo rescatan lo ancestral, sino que lo proyectan al devenir musical contemporáneo, subrayando que la música andina puede transformarse en una forma de expresión popular y convivir armoniosamente con otras expresiones musicales. Esto ha permitido que Illapu se hubiera convertido en una de las bandas más queridas y populares de Chile con más de cincuenta años de existencia y con una actuación inolvidable y multitudinaria de la que fuimos testigos en 1988 en el Parque La Bandera luego de su regreso a Chile
"Tu sueño es mi sueño, tu grito es mi canto":
En el extenso panorama de la Nueva Canción Chilena, el dúo Amerindios emerge como una de las voces más singulares y mestizas de dicho movimiento. Fundado en 1969 por Mario Salazar y Julio Numhauser al que se uniría posteriormente por cierto tiempo Patricio Castillo, el grupo supo trazar un itinerario musical propio donde la canción comprometida se funde con elementos del folclore, el rock acústico y una lírica íntima, generando una sonoridad distinta a la de sus contemporáneos. A diferencia de otros conjuntos del Movimiento, Amerindios encarnó una estética más sobria, introspectiva, pero no por ello menos política, militante y comprometida con el Proyecto de la Unidad Popular.
El timbre de sus voces, sus melodías entre lo andino y el rock urbano, el uso de instrumentos tradicionales como charangos, quenas, bombo legüero y tarkas junto con guitarras eléctricas y acústicas o sintetizador que resuenan en temas como “Valparaíso 4 AM”, “Cueca Bit” o "Los colihues", configuraron un paisaje sonoro en que lo ancestral se cruza armoniosamente con el incipiente rock chileno. Su obra supuso una síntesis entre lo testimonial y lo poético, lo local y lo continental, en perfecta armonía con el ideario estético de la Nueva Canción Chilena.
En 1970 publican su primer álbum homónimo “Amerindios” (Sello DICAP), con canciones como “Mes de volantines”, “Como un árbol”, “Juan verdejo” o “Blanco, rojo y azul” donde resuena el estado emocional de un país que despierta a los sueños, la utopía y al deseo de cambio. Su segundo álbum “Tu sueño es mi sueño, tu grito es mi canto” (1973) consolidó una propuesta más madura, con temas como “El barco de papel”, o “Mi río” donde lo político se entrelaza con lo existencial, y donde se percibe una voluntad de ser un puente entre generaciones.
Por aquellos años, Amerindios extendió también su labor creativa al campo documental ya que su música fue parte de dos trabajos encargados por el Presidente Salvador Allende, uno de ellos fue “El gran desafío” basado en sus discursos realizado en las Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1972 y en la Universidad de Guadalajara en México y el otro conocido como “El Diálogo de América”, una conversación y entrevista entre el Presidente Allende y Fidel Castro durante su visita a Chile. Posteriormente, Julio Numhauser escribió también la canción “Mi Río”, interpretada por Charo Cofré, ganadora de la competencia folclórica del XIV Festival de Viña del Mar en 1973.
La singularidad de Amerindios radicó en su formato dúo, poco frecuente en el movimiento, lo cual les permitió desarrollar una expresividad más íntima y una cuidada articulación vocal e instrumental. Su propuesta musical estuvo alejada del tono épico de grupos como Quilapayún o Inti Illimani, optando por una emocionalidad más contenida, pero no menos intensa.
Tras el golpe de Estado de 1973, el grupo continuó su trabajo musical en el exilio primero en Argentina y luego en Suecia, participando allí en múltiples actos de solidaridad con Chile. En dicho país el grupo grabó tres discos hasta que en 1978 Mario Salazar decidió tomar otro rumbo artístico mientras que Julio Numhauser prosiguió su propio camino como solista. Si bien el grupo no mantuvo una continuidad como tal en las décadas posteriores, su legado ha sido redescubierto como una vertiente refinada y profundamente sensible de la Nueva Canción Chilena.
Amerindios es, en definitiva, el eco de una voz doble que supo cantar testimoniando un tiempo en que la música fue parte, expresión y refugio de un sueño colectivo.
"Hemos dicho basta"
Ya son demasiados que la pasan mal
Hemos dicho basta y echado a andar
Nadie en el mundo nos puede parar
Empezó la lucha y vamos a triunfar
Por fin la justicia llegará a reinar
Hemos dicho basta...
Y echado a andar...
TIEMPO NUEVO
El grupo tiempo Tiemponuevo, oriundo de Valparaíso surgido en 1965, constituye una manifestación singular dentro de los numerosos representantes de la Nueva Canción Chilena. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, este grupo se identificó por su alto compromiso político y su eclecticismo rítmico al integrar ritmos populares como cumbias, boleros, guarachas, corridos, blues, polkas y negro spiritual fundidos con instrumentos andinos y modernos, para construir una estética que apelaba tanto a la alegría como a la denuncia social.
En cuanto a temáticas y canciones, Tiemponuevo articuló su discurso en torno a la crítica de las desigualdades, la alusión a la identidad, la defensa del programa Popular y el llamado a la movilización. Su repertorio incluyó himnos que se convirtieron en consignas colectivas durante aquellos años tales como: “Hemos dicho basta” y “No nos moverán”, tema este último que cerró las transmisiones de Radio Magallanes luego del último discurso del Presidente Salvador Allende esa mañana del 11 de septiembre de 1973.
Hasta el golpe de Estado, la banda editó tres álbumes oficiales en Chile: el homónimo con el cual debutaron “Tiemponuevo de Valparaíso” (1970, sello Peña de los Parra, un segundo LP del mismo nombre también en 1970 en sello DICAP donde incluyeron éxitos como “No nos moverán” y “Hemos dicho basta”, y el tercer título “Ahora es Tiemponuevo” (1971, sello DICAP), donde mezclaron composiciones propias de Roberto Rivera con adaptaciones de autores como Payo Grondona y Alfredo Zitarrosa. Estos discos entregan una radiografía de su sonido y repertorio: ritmos bailables y festivos unidos a letras de claro contenido político que en definitiva constituirá el rasgo distintivo de dicho grupo cruzado por una doble dimensión: Un tono alegre y la fuerza de la denuncia social. Así temas como “Hemos dicho basta” y “No nos moverán”, un negro spiritual adaptado por el grupo a la realidad chilena, se erigen como ejemplos paradigmáticos de su capacidad movilizadora y aún resuenan en el inconsciente colectivo. Existen también otros temas destacados como “Contra viento y temporal”, “Lo lograremos” y “Nuestro camino”, cuyas letras reivindicaban el proyecto de la Unidad Popular desde una perspectiva colectiva.
Tras el 11 de septiembre de 1973, la mayoría de los miembros del grupo se exiliaron primero en Argentina, donde publicaron el disco “Por Chile, venceremos” (1973), y luego en la República Democrática Alemana, sentando en Europa un nuevo capítulo artístico como representantes del canto latinoamericano. Este exilio marcó la continuidad del grupo, aunque alejados de Chile, mantuvieron su actividad musical a través de giras, grabaciones y colaboraciones con cine y teatro.
En conclusión, Tiemponuevo se diferencia de otros conjuntos de la Nueva Canción por su voluntad de romper con el tono solemne predominante, incorporando un abanico rítmico a la que se fusiona la tradición folclórica, la modernidad instrumental y el compromiso político, todo ello les permitió trascender fronteras y continuar su actividad durante su exilio prolongado.
PAYO GRONDONA
Gonzalo “Payo” Grondona", oriundo de Playa Ancha, en el puerto de Valparaíso, emergió entre los años sesenta y principios de los setenta como una figura singular dentro del vasto panorama de la Nueva Canción Chilena. Músico autodidacta y periodista de formación, Payo Grondona exploró con audacia el rock, la trova y el canto popular, aportando a su voz la ironía inteligente y el humor incisivo que lo distinguiría entre los músicos e intérpretes de dicho movimiento.
Su sello distintivo fue el banjo, instrumento poco utilizado en los medios musicales de la época, pero que él transformó en la herramienta sonora que simbolizó su propia identidad musical. Con voz límpida y su banjo, interpretaba sus canciones retratando la crónica de la bohemia urbana y porteña pero sin perder de norte la denuncia social que se manifiesta en temas como “Doña lucha por la vida” o “El sindicato de esperadores de micro”.
En su disco inaugural y que lo hizo popular, “El Payo”, (1970, sello DICAP), canciones como “Il Bosco”, “La conversada”, interpretada junto a Isabel Parra y “Me diste mal la dirección”, retratan, con gracia y cierta picardía, pequeñas fábulas urbanas: parejas urgidas al no encontrar una habitación de motel, conversaciones triviales e ingenuas aunque cargadas de humor o amores desencontrados por una dirección mal entregada. Estos relatos cotidianos, contados con gracia e ironía, distaban de la épica predominante en la Nueva Canción: son la vida misma, tal como es, sin artilugios ni discursos.
En 1971, aparece su segundo álbum “Lo que son las cosas, ¿no?“ también llamado “El Payo Vol. 2” donde con temas como “Elevar la producción también revolución” con ritmo de cumbia y “La Nelly y el Nelson”, continúa ahondando en la crónica urbana pero sin desprenderse del compromiso social.
Su tercera disco, “Payo en serio “ de 1973 , no llegó a publicarse debido al golpe de Estado del 11 de septiembre, había regresado sólo tres días antes al país de una gira por la RDA. Debió partir al exilio como muchos tantos, luego de una breve estadía en Argentina, residió en la RDA e Italia. Luego de diez años de exilio, regresa a Chile integrándose al Canto Nuevo, sin perder su sello y estilo volviendo a ironizar en temas como “La circunvalación Américo Vespucio”.
Payo Grondona navegó con sutileza entre el canto comprometido y la fábula urbana; su ironía, su voz diáfana y los acordes del banjo se hicieron populares entre estudiantes y trabajadores como un sello indistinguible y que lo posicionó entre los cantautores más populares por aquellos años.
"La Nelly y el Nelson
se van de la mano
como otras parejas
les gusta soñar
los niños corriendo felices
no saben de su caminar
La Nelly y el Nelson
él con su ternito
azul, bien planchado
impeca se ve
ella con traje rosadito
lo espera en el bloque D3"
( escuchar tema )
Los Blops
El salto intimo desde "Los momentos" hasta la revolución sonora en "El derecho de vivir en paz"
Los Blops emergen a fines de los años sesenta como una banda de rock bastante singular dentro del contexto de la música chilena de aquellos años. Integrada por los músicos Eduardo Gatti, Julio Villalobos, Juan Pablo Orrego, Juan Contreras, Pedro Greene y Sergio Bezard, constituirán un cruce sutil entre el rock y la pulsión folclórica que inspiraba al resto de los intérpretes de la Nueva Canción chilena.
Desde su primer álbum, “Blops” (1970, sello DICAP), desplegaron temas caracterizados por una fusión instrumental y melódica profundamente innovadora. Su propuesta se nutrió de influencias provenientes del rock psicodélico, el folk norteamericano y el jazz pero en un progresivo diálogo con la canción de raíz chilena que se puede apreciar en temas de su primer álbum como “Barroquita”, “Vértigo” o “Los momentos”, tema este último que se convertiría en un clásico popular juvenil en aquella época. Sus continuos contactos con músicos que frecuentaban la Peña de los Parra, les permitió también absorber influjos de melodías y ritmos que identificaban a la Nueva Canción Chilena.
Lo que distingue a Los Blops frente a otros exponentes de la Nueva Canción es su firme apuesta por el uso de guitarras eléctricas e instrumentos acusticos, bajo, órgano, batería y flautas, enlazadas a progresiones provenientes del rock, el jazz y la psicodelia; una fusión sin concesiones que generó el rechazo e incomprensión de muchos sectores puristas que los tildaron de"imperialistas", siendo abucheados incluso en el el Festival de Viña del Mar en 1971. Pese a ello, el grupo recibió el fuerte apoyo de músicos como Patricio Manss, Ángel Parra y especialmente de Víctor Jara quién se impuso frente al sello Dicap para que finalmente aceptara acogerlos. Su aporte más importante fue su colaboración con Víctor Jara en el tema “El derecho de vivir en paz” (1971). Al momento de grabar este tema, Víctor les dio plena libertad compositiva en los arreglos sin mayores trabas ideológicas y con un resultado final maravilloso tanto en lo estético como en lo sonoro y que aún hoy nos sorprende. En lo personal tuve la oportunidad de presenciar el estreno de dicho tema en el Estadio Chile en aquella época y aún perduran en mí esa melodía y sonidos nunca antes escuchados que reflejan el talento de Víctor Jara, su gran sensibilidad, apertura y espíritu innovador aunado a la búsqueda sonora de los Blops. En términos musicales, la canción inicia con los acordes del tiple, luego se une gradualmente la guitarra y el bajo eléctrico, batería y órgano y termina con el vibrato de la guitarra, prolongando el sonido de una música que cruzaba fronteras y rompía estereotipos. Esa construcción sonora acompaña la letra y la voz de Víctor Jara, en un himno y alegato contra la guerra de Vietnam que trasciende épocas y generaciones, fiel síntesis de una amalgama artística entre dos mundos y que en lo personal, representó un punto álgido en la labor compositiva de este cantautor.