Un vistazo al ombligo: Algo pasa por fin en España.
Si esto fuera un ensayo como Dios manda etc., tendríamos que hablar de que la llamada "movida (o movida madrileña)" fue el primer resultado artístico de la transición política. En efecto, después de la dictadura se esperaba una explosión de creatividad cinematográfica, novelística y musical; pero, como es sabido eso no ocurrió de manera inmediata. De hecho no ocurrió casi nada durante la transición, salvo el inesperado "desencanto" y el esperado "destape", aunque, curiosamente, fue el "desencanto" el que nos acercó al resto de democracias europeas, ya desencantadas, y nos hizo coger con soltura total el tren de la modernidad.
Esto se debió a que el desencanto (de los "ideales", ¿se acuerdan de la palabra?) hizo que la gente volviera los ojos al presente, no a un futuro utópico y, siempre que ocurre eso, se instala en la cotidianeidad el carpe diem:
"Lo quiero todo y lo quiero ahora" fue una de las pintadas más significativas del "Mayo del 68" (y también una canción de Queen: I want it all). Es curioso que hasta doce o quince años después no fructificara esa idea, aunque con un significado algo distinto.
Ahora (aún está vigente) quiere decir:
Sólo tenemos una vida.
Quiero forrarme antes de los treinta.
Quiero todo el sexo que pueda.
Pero Rock Hudson empezó a adelgazar de una manera alarmante... Había nacido el SIDA.
Así, esa ansia de disfrutar el presente (ya sabemos que no hay futuro) que iniciamos en los 70, se vio frenada por una impermeable aunque sensible película de látex.
Y como ya no nos creíamos nada y no íbamos a salir de pobres y Tierno Galván era Alcalde de Madrid, un montón de gente empezó a simular que era moderna.
Pero sólo eso, simular. Los años 80 son pura simulación, planes en el sentido de "va en plan hippy", "en plan moderno, ya sabes".
Aparecen los aerosoles para teñirse el cabello, pero lavables (el lunes hay que trabajar en la carnicería y no es cuestión).
Recuperamos a los viejos rockeros, pero sólo tenemos los discos de Camilo Sesto y Karina.
Los chicos se rapan el pelo al cero para dar miedo, pero, en el fondo, la mayoría son trozos de pan o gorditos acomplejados (en los primeros 80; ahora que hay inmigrantes ya son de verdad).
Los signos sustituyen a las cosas.
Y así, todo lo que es falso (la moda, la televisión, las revistas del hígado, las películas norteamericanas) se instala como única forma de disfrute. Se prefiere, mil veces antes que la verdad, la apariencia (la moda, la televisión, las revistas del hígado, las películas norteamericanas).
Lo importante no es ser, sino parecer.
Hasta aquí la parte teórica.
La música rock (por oposición a pop, que es cualquier cosa que no es rock y que le guste a la mayoría del personal) tuvo mala suerte en España durante los 60 y 70.
Había excelentes grupos formados por excelentes músicos que hicieron excelente música (Pekenikes, Lone Star, Los Canarios, Los Pop-Tops, Los Pasos, Smash, Màquina!) y muchos otros que la hubieran podido hacer de no haber existido esos productores tan ciegos y -retrospectivamente- tan idiotas.
Esos productores que ponían metales en todas las canciones para dulcificarlas: espantosos metales tocados por individuos de conservatorio, sentados en su silla leyendo partituras de los que ellos llamaban "música ligera", sin entender nada de ella.
Esos productores que evitaban cuidadosamente que lo que entonces se llamaban "punteos" (solos de guitarra) durasen más de un compás; no hablemos de solos de batería.
En ese grupo estaban Formula V y Los Diablos (que juro que tocaban bien), por ejemplo.
Y había, sobre todo, espantosos solistas, grupos delictivos y auténticos friquis (de "freak": monstruo de feria): Karina, Los Sirex, Los Mustang, Raphael, Manolo Escobar, Camilo Sesto (con voz excepcional, eso sí), Los 3 sudamericanos, Los Mismos, José Luis y su guitarra y tantos otros de cuyos nombres no quiero acordarme.
Con los 80 apareció -junto con la Movida- el riváival: los jóvenes que no habían hecho la guerra contra la dictadura se apuntaron a la Movida.
Sus padres, hubieran hecho o no la guerra, al riváival.
Yo mismo me he ganado la vida por esos pubs de Dios haciendo riváival. Es una época oscura de mi historia que recordar no quiero.
La Movida propiamente dicha nació -como se ha apuntado- en Madrid, aunque hubo otras "Movidas". Nació de gente que había llegado a la capital ("rompeolas de todas las españas") impelidos por razones diversas; y, como extranjeros sin raíces que eran y sin necesidad de recuperarlas, pudieron inventarse todo lo que les dio la gana: el cine (Almodóvar), el pop raro (Radio Futura), el pop con cantantes áfonas (Alaska), el pop dandy (Tino Casal).
Todos los que sobreviven niegan ahora que hubiera Movida; arguyen que fue un invento mediático y que ellos sólo se estaban divirtiendo. Pero es un problema de enfoque: ellos no se dieron el nombre y por eso no se encuentran bien bajo la etiqueta; también Quevedo se hubiera sorprendido si le hubiera dicho alguien que era barroco.
No todo el mundo que hacía música era de la Movida, pero todos participaban de su frescura (en todos los sentidos de la palabra) y de su impulso.
Nació la Movida Gallega (Os resentidos), la Castellana, la Extremeña (Tam Tam Go) y hasta de Cataluña (que estaba en otras cosas) salió algún grupo como Los Burros (más tarde conocidos como El Último de la Fila).
En general los grupos de la Movida no supieron (o no quisieron) reciclarse. Salvo Radio Futura, el grupo más esplendoroso del pop español, la inmensa mayoría se perdió o se fangorizó.
¿Qué aportó a la moda la Movida?
El "cante". Ser "cantón" (vestir de manera llamativa) se convirtió en la idea básica de la moda. Para ello cualquier cosa era buena.
La posmodernidad (tema del siguiente capítulo).
Las "bollicaos", que exigen una explicación y voy a darla.
Deben su nombre a cierto dulce llamado Bolly Cao (un bollo relleno de chocolate, envuelto en un plástico de colorines).
Metafóricamente, se empezó a llamar así a las chicas (normalmente entre 13 y 16 años) por, según confesión de un amigo consumidor, "ser dulces, tener el corazón tierno y el exterior bonito".
En realidad, las bollicaos responden perfectamente a la simulación de los 80. Vestían (visten, de hecho; la palabra ha desaparecido, pero no el fenómeno) de tal manera que sus padres no les podían reñir por nada, pero tampoco dejaban nada a la imaginación; es decir, faldas supercortas ("a ras de conejo"), camisetas o jerséis ultraceñidos y medias más bien tupidas. Ni un centímetro de piel al aire (padres contentos), pero todas las formas bien manifiestas (todos contentos).
El único estropicio eran los zapatos. De hecho no llevaban zapatos. sino una especie de botas frankenstein realmente horrorosas.
En la época en la que escribo estas líneas, las faldas han sido sustituidas por pantalones de lycra y cintura bajísima que dejan ver las bragas y zapatos o zapatillas de deporte con plataforma. Pero ya llegaremos a eso.
Antes de pasar a la Posmodernidad, señalaré que se estableció en esos años lo que pudiera denominarse "Estándar Básico de Secundaria": en los Institutos de Bachillerato las chicas llevaban:
pantalones vaqueros y jerseis superanchos (lo Bollicao era para el fin de semana) y los chicos, chándal (terrible, lo sé) y zapatillas de deporte.
Según los lugares, a estas zapatillas se las conoce como: tenis, playeras o bambas. Se impone, de manera definitiva, la marca Nike (pronunciado en España "náic", aunque en inglés sea "náiqui" y, en griego, "niqué", es decir, "victoria").
La Posmodernidad significa, dicho a botepronto, la pervivencia de todo lo anterior.
Así como la Modernidad es la última ola y sólo ésta, en la Posmodernidad valen todas las olas previas.
En los 80 uno puede ir vestido como Perry Mason o Los Talking Head en Stop making sense; como un Hippy en Woodstock; como Bela Lugosi haciendo de vampiro en aquellas películas en blanco y negro; como un tonto de pueblo (boina incluida); con el chal de la abuela el día de su boda; como un Punki de mercadillo con cadena de perro y botas de clavos; como un Progre de trenca verde y pantalones de pana; como una folclórica con peineta; como un chico o una chica de Buena Familia con jerséi de cuello de pico y falda plisada; hasta, si me apuran, como D'Artagnan, lo que en ciertas Discos causaría estragos no despreciables.
Hay, además de este factor determinante, otro de no menor importancia.
Lo podríamos llamar la "Metalingüística recurrente".
La Metalingüística -como es sabido- es una de las Funciones del Lenguaje de R. Jakobson. Aquella que se pone de manifiesto cuando usamos la lengua para hablar de la lengua; es decir, cuando usamos el código para aclarar problemas de código.
Lo metalingüístico se refiere, pues, a sí mismo. De ahí la autocita, la intertextualidad, el pastiche. El cine dentro del cine. El teatro dentro del teatro. Y también la negación del código por su propio uso: así, en un desfile de alta costura, una modelo va desnuda. El kitsch usado sin vergüenza. Los cuadros de las salas de Informalismo del Reina Sofía. La limpieza. La línea clara en el cómic.
Un cuadro aclarará algunos conceptos:
Puede, por todo ello apreciarse -sutilmente- que los Posmodernos exhiben elementos de anti-intelectualismo; se debe, con cierta probabilidad, a la dificultad que experimentan para leer textos escritos de más de diez palabras.
Véase el siguiente cuadro que ejemplifica esa repulsa:
Hubo diversos "planes" posmodernos en los años 90.
Uno de los más interesantes es el Hortera.
Hortera (en algunos sitios, y más propiamente, Hortero) es la palabra que utilizamos desde tiempo inmemorial para designar a las personas o cosas de mal gusto y ordinarias.
Supongo que, cruelmente, pasó de designar a los vendedores de hortalizas que venían de zonas rurales a vender en los mercadillos (Vid. Carandell, Madrid) a los que ahora llamamos Horteras propiamente dichos. Veamos alguna de sus variedades:
En los años 60 existía lo que se llamaba el Chulo de Piscina. Se llamaba así por su abundancia en las piscinas municipales: frente a los trajes de baño Meyba que llevábamos los demás, es decir, pantaloncillos hasta medio muslo, el Chulo de Piscina llevaba los de marcar paquete ("paqueteiros") y, con ellos, se subía al trampolín alto. Allí esperaba a que todo el mundo le prestase atención y después, se tiraba a la piscina haciendo un "ángel". Si fallaba, el regocijo era general.
Una vez vestido, se le reconocía por la camiseta ajustada, la cadena de oro al cuello, y esclava en la muñeca. Opcionalmente, podía llevar el tatuaje "Amor de madre" en el brazo.
Otro modelo era el Macho Ibérico, emparentado con el Chulo de Piscina pero solo de refilón. Este no iba a las piscinas, sino a las playas.
Camisa abierta mostrando el pelo del pecho, cadena de oro, esclava, pantalones de Tergal ajustados en el paquete y anchos de pernera, muchas veces unicej (una única ceja cubriendo ambos arcos superciliares). Casi imprescindible era el paquete de Winston en el bolsillo de la camisa blanca. Calzoncillos blancos, calcetines grises y zapatos de rejilla. En casos extremos, llevaba el paquete de tabaco en los calcetines para no afear el modelado de la camisa sobre el torso.
La Cursi era casi la única variedad femenina de lo hortera. La Cursi se caracterizaba por su voz, aguda y comedida, y por su vocabulario y sintaxis ("Mi novio es superficial, pero ideal en el fondo" (sic)).
Los colores pastel en rebecas, falditas escocesas con imperdible dorado, el pelo lacado con fiereza, bolsito blanco y zapatos mocasín casi masculinos. No pertenece a ninguna época en concreto; como el Hortera, atraviesa la historia y permanece inalterable, pero la aparición de Ágata R. de la P. en el panorama de la moda dotó a la cursilería de argumentos sólidos en los que apoyarse: la despiadada falda con el aro de hula-jop en el dobladillo, por ejemplo, dinamitó 25 siglos de arte occidental.
Estos eran los "planes", digamos, "sucios". Ahora nos ocuparemos de los planes "limpios" y "ultralimpios".
ALGUNOS PLANES POSMODERNOS: LIMPIO, SUPERLIMPIO Y EVAX.
No sé qué manía tonta se apoderó de la sociedad (?) en los primeros 90, pero todo fue entonces dar el pego de buena persona: limpio, aseado, atusado (el pelo), sano. La gente bebiendo agua en las discotecas. La gente matándose a correr (correr es de cobardes, como se sabe) por los parques y las aceras de las ciudades. La gente empezando a ser políticamente correcta.
Todo mentira.
Veamos: a partir del Mundial de Fútbol de España (1982) que ganó Italia en aquella final contra Alemania, cantidades ingentes de italianos empezaron a venir a España en busca de lo que -ya mundialmente- se conoce como "fiesta", pues es sabido que ligar con nativas en Italia es prácticamente imposible ni dándose todas las condiciones favorables.
Pero en España era otra cosa: los italianos olían bien, vestían bien y eran muy pesados y persistentes, y como es notorio que la persistencia funciona en esto del ligue ocasional y siendo las españolas tan combustibles y el aire de la costa tan comburente... (Frase tomada de Cela, con ligeras variaciones para hacerla pasar por propia), pues eso.
Entonces tuvimos que aprender. Los chicos como locos engominándose el pelo, comprando camisas falsas de Armani, duchándose todos los días, y lanzándose a decir las bobadas necesarias para lograr los objetivos sabatinos. El culmen de este proceso puede apreciarse hoy en Gran Hermano: ¡qué gente más deshinibida a la hora de decir gilipolleces!
Eso por una parte. Lo del agua en las discotecas, sí. Era agua. Pero se usaba para ingerir pastillas de Éxtasis. Ya hablaremos del Bakalao y su evolución (nueva prolepsis).
Y en cuanto a los corredores (aquí en España al jogging se le llama footing, lo que ya es el colmo), podríamos hablar de la crisis de los 40, la imposición de ser joven a toda costa y otras imposiciones de lo que ya entonces se llamaba "estado del bienestar".
Estas ideas impuestas se difundieron, sobre todo, por la televisión y así, los anuncios estaban llenos de jóvenes con "cuerpo Danone" (Danone logra esos ejemplares porque contiene bífidus activos que trabajan en el interior del cuerpo humano modelando vientres, muslos y espaldas). Total que si no eras joven, no tenías (¿no tienes?) nada que hacer.
Los corredores se escindieron pronto en dos grupos:
a) Los que se murieron en perfecto estado de salud.
b) Los que se profesionalizaron y empezaron a arrastrar a sus parejas a los pueblos más inverosímiles para correr la media maratón correspondiente. Los domingos, por más señas
Los viejos sólo aparecían en los anuncios de televisión para:
a) Certificar que las rosquillas de la marca X se hacen exactamente igual que antes, es decir, con el método empleado toda la vida y con E-337, E-333, E-256 y demás acidulantes y conservantes autorizados.
b) Plantear la necesidad imperiosa de hacerse un Plan de Pensiones.
Todo esto junto dio lugar a los planes Limpios y Superlimpios:
Plan Cura: Traje negro u oscuro de solapas altas con cruz de plata en el ojal, alzacuello (opcional) camisa negra, zapatos de cordones con suela de goma.
El posmoderno Cura esconde su radicalismo musical detrás de una fachada "hipernormal" incriticable por la familia.
Remite, generalmente, a una infancia en escuelas públicas.
Plan Capitán de Nave Intergaláctica con Gafas de Sol: Pelo corto engominado, chaquetilla irisada con amplias hombreras, gafas "insecto", pantalones de seda, escarpines de terciopelo negros o morados.Recuperan el dandismo ya que provienen de buenas familias que tienen a Wilde en la biblioteca.
Plan Neo-cateto: Camisa blanca con el cuello abotonado pero sin corbata, chaqueta marrón, pantalones indeformables, zapatos de puntera cuadrada.
Oscuro resistente ante lo moderno o posmoderno, el neocateto busca sus raíces en la música, la moda y las actitudes anteriores al Mayo del 68. Reconoce -a diferencia de otras tribus urbanas- que le gusta el pasodoble e Isabel Pantoja.
Plan turista japonés: Look (los ricos tienen Look; los pobres, Pinta) de los 60: negro + blanco + camara fotografica.
Plan hipernormal que proviene de la uniformidad del Japón moderno, país posmoderno como ninguno. Con unos cuantos amigos se puede ir los sábados a fotografiar Cibeles, el monumento a Colón, La Gran Vía, la ciudad antigua de Cáceres o la Torre del Miquelet.
Los únicos resistentes a esas modas fueron los treintañeros y cuarentones que se dejaron el pelo largo y lo llevaban recogido en una coleta.... Esa moda dejó de llevarse cuando los traficantes de droga hispanos del cine de Hollywood empezaron a salir así y a hablar de "respeto", como si fueran mafiosos italianos del cine de Hollywood.
Vayamos a la música.
En 1992, cuando se celebraron los fastos relativos al V Centenario de la publicación de la Gramática de Nebrija, se acabaron los musicalmente nefastos años 80.
El período comprendido entre 1985 y 1992 fue especialmente duro. Los movimientos musicales empezaron entonces a mirar hacia atrás:
Neo-catetos:
No me pises que llevo chanclas (cuya música agro-pop evolucionó desde un estupendo neopunk hasta la Nada)
Los Manolos
Los Berrones (que más tarde tuvieron un eco en los infames Zapato Veloz, autores de "Tengo un tractor amarillo")
Bakalao (con esa K que parece tan antisistema, ¿verdad?), es la denominación española del Acid.
El Acid es el desarrollo natural de la música de discoteca: si ya los DJs (diyéis, en adelante) hacían sus mezclas de música que las hacía irreconocibles, ¿por qué no eliminar los discos y hacer la música (?) directamente?
Eso hicieron. Provistos de cajas de ritmos, sampleadores y secuenciadores, bastaba con apretar una tecla y aquello sonaba del copón. Los bailantes, por supuesto, si se les colaba un retazo de melodía en medio del vértigo, silbaban al diyéi.
Aceleraron el ritmo hasta (los que sepan música alucinarán) las 300 negras por minuto y el conjunto se parecía bastante a mi lavadora centrifugando. De ahí, lo de Máquina. Perdón, Makina.
No hablo por hablar; yo hice un tema (no se puede ya decir canción) con el sonido de mi lavadora, unos cuantos efectos de sonido y "Los motivos de lobo" de Rubén Darío rapeado encima de todo ello. Acojonante, si se me permite decirlo.
Por esos tiempos surgieron dos tendencias autóctonas de parecido signo: el Punk Abertzale y el Rock Nacionalista.
El primero era vasco -como su propio nombre indica- y se caracterizaba por:
Letras presuntamente duras + música prehistórica.
Sus representantes más conspicuos fueron Barrikada y La Polla Record.
Sus fans eran alternativos, okupas y chicos de familias excelentes empeñados en amargar la vida a sus padres.
El Rock Català fue, más que otra cosa, un intento de hacer la "Nova Cançó", pero en moderno. Sau, Sopa de Cabra (antes de su traición), Els Pets (Los Pedos) y Sangtraït (Cardenal o moratón) hacían:
Letras cursis + música prehistórica.
Los fans eran, por lo general, chicas de secundaria y cumbayás.
Los días laborables, las chicas de secundaria (del antiguo bachillerato), por esos años, practicaban en la vestimenta la "Doctrina Evax": que no se note, que no se mueva y que no traspase.
Es decir, fueron años en los que destacar del rebaño era muy pernicioso y se pretendía pasar inadvertido (salvo los del grupo de teatro del Instituto): jerséis anchos para disimular toda turgencia y vaqueros con botas de caminar por la montaña. O sea, el viejo Estándar Básico de Secundaria.
Los chicos, chándal. Salvo los cuatro colgados.
Vale.