La vista
Juan Ordoñez
Juan Ordoñez
Si cierro los puños,
oculto los ojos que tengo
en la palma de las manos.
Sucias,
mugrosas
de mi semen,
del de otros,
de la tierra,
del aceite,
de mi sangre.
Tensar las manos
es hacerse ciego.
Es negarse a mirar
a los que estuvieron antes:
los primeros,
las vidas pasadas,
el primer padre de mi padre,
el único vivo en el lugar.
Porque cuando los puños se cierran,
la sangre no fluye,
y el río de la memoria
se pudre en las muñecas.