Cordero manso
Juan Ordoñez
Juan Ordoñez
A las extremidades de la mesa
esperan, impacientes,
un par de padres.
Nadie come.
Nadie reza.
Mastican la saliva,
se tragan la sospecha.
El cordero es un hijo,
emplatado con hierbas,
bañado en miel.
El pequeño se agarra las manos,
tuerce los pies,
se cose los labios.
Pide perdón
antes de arrancarse una costilla.
Se quita las prendas,
los ojos.
Se los da de comer a su madre.
Al padre,
le entrega una pierna.
Emplata el pecado.
Lo entrega en cuchillo.
Ellos lo miran.
Lo miran recién nacido.
Y el hijo es un animal.
Sin cuernos.
Sin carne.
Sin nombre.