Capítulo 20
"Dos listones grises"
Capítulo 20
"Dos listones grises"
Ilustración: Hybrid-Kira (2024)
Para cuando el equipo de rescate llegó a nuestro auxilio, ya habían pasado cinco días. Cinco días refugiándonos en este frío agujero en la tierra. Sobreviviendo de las pocas provisiones que hemos cargado con nosotros. Siendo lentamente consumidos por la incertidumbre.
Nuestro confinamiento en el búnker pasó con monotonía y desánimo, perdiendo el sentido del tiempo un poco cada día; Dormir, racionar provisiones, cuidar de los heridos y revisar la radio se convirtió en nuestra rutina diaria. Ver la luz del sol colarse por el periscopio era nuestra única forma de entretenimiento, y también lo único que nos mantuvo con la suficiente esperanza como para no caer en la desesperación.
Cuidar de Saemus y atender sus heridas era lo único que mantenía al escuadrón en una relativa paz, pues después de que el fiasco de nuestra fallida misión creara tensiones entre el mismo escuadrón, todos concordamos que él necesitaba un ambiente tranquilo en donde pudiera recuperarse de sus heridas. Cuando recuperó la consciencia al segundo día, tuvimos que contarle lo que había sucedido. Saemus era incapaz de creer que aquello era verdad y no una simple pesadilla, y una vez que fue capaz de aceptar la verdad, se culpó a sí mismo por no ser lo suficientemente fuerte, ni rápido, ni hábil para evitar que esto sucediera. Saemus lloró la pérdida de nuestros amigos, tal como lo habíamos hecho nosotros. Pasarían días enteros para convencerlo de que nada de esto había sido su culpa.
Alguien más despertó ese mismo día; Nuestro pasajero no planeado a quien confundimos por mi padre pudo reunir las fuerzas necesarias para ponerse de pie, pero a diferencia de Saemus, este hombre era ruidoso, hacía demasiadas preguntas, y no desaprovechó ni una sola oportunidad para amenazar violentamente a todos y cada uno de los elementos del escuadrón, en especial a los híbridos. Hice mi mejor esfuerzo por mantener a Iker alejado de aquél hombre, distrayéndolo de las interminables maldiciones y demás vociferaciones que aquél molesto individuo se empeñaba en expresar. Mi preocupación no era para menos; Tratándose de Iker, hacerlo compartir espacio con un cazador furtivo era una bomba de tiempo, pero para sorpresa de todos, él mismo decidió ignorarlo por completo.
Sin embargo, quien no fue capaz de tolerar las rabietas del rehén de los Vortex por más tiempo fué la persona de la que menos nos lo esperábamos. Pues en el justo momento en que bajó la guardia, el hombre recibió una generosa dosis de sedantes que lo mantuvieron drogado durante el resto de nuestra estancia en el búnker, administrada por nuestra mismísima Médico de campo; Tori. Todos en el escuadrón suspiramos de alivio, aunque había momentos en los que el silencio era ensordecedor, y queramos admitirlo o no, tener un enemigo en común nos había unido temporalmente como el equipo que se supone que somos.
Sin nada significativo que hacer más que esperar por nuestro eventual rescate, dediqué mis días y noches a fusionarme con las sábanas de mi camilla, cerrando mis ojos, pero incapaz de conciliar el sueño. Iker intentó de todo para mantenerme alerta y sacarme de mi estado depresivo, pero al tercer día él pareció perder igualmente la voluntad, y se limitó a hacerme compañía, acostándose a mi lado sin decir nada más. Pues no había nada que decir al respecto. Aunque, de una extraña manera, su compañía silenciosa apaciguaba mis pensamientos, y me permitía dormir a ratos.
Al quinto día, los Guerreros de Cilt finalmente llegaron a nuestro rescate, y abrieron las puertas del búnker. Sus siluetas, completamente oscurecidas por la luz de la mañana a sus espaldas, eran las sombras inconfundibles de Rangers; valientes Guerreros y Cazadores que han dejado Cilt con la única misión de encontrarnos, y escoltarnos en nuestro camino de vuelta a casa. Me sentí como un prisionero siendo rescatado de un traumático encierro, casi olvidando cómo era ver la luz del sol. El equipo de rescate entró con precaución al interior del búnker, y después de dedicarnos sus miradas de preocupación, y asegurarse de que todos nos encontrábamos en condiciones para viajar, procedimos a abandonar el búnker tan pronto como nos fue posible.
Volteé atrás antes de abordar al interior del Guerrero híbrido que me transportaría a Cilt, observé la ciudad de Kiem a la distancia. Recordando una y otra vez la última mirada de Kassia, aquella que nos dedicó cuando nos ordenó que la dejáramos atrás.
Recordé la promesa que le hice antes de partir; De ser obediente, y hacer todo lo que de mí dependa para seguir las órdenes de Darius, por mi propio bien y el de todos los demás.
Algo muy dentro de mí estaba seguro de que ella ya conocía su destino, incluso antes de salir de Cilt. Que ella ya sabía que no iba a volver.
Cobijados por el atento cuidado de nuestros valientes rescatistas, avanzamos en una marcha lenta y silenciosa por las tierras neutrales.
Derrotados y heridos, regresábamos al fin a casa.
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Otros dos días de camino y múltiples paradas fueron necesarias para asegurarnos de no exigir demasiado a nuestros heridos, y no fue hasta que divisamos la torre H a lo lejos, que sentimos un muy necesitado soplo de esperanza, y el impulso necesario para terminar nuestra travesía.
Nuestra llegada a Cilt pasó desapercibida, pues el toque de queda y la suspensión de misiones de todos los rangos han hecho que los ciudadanos prefieran mantenerse en sus casas. Las calles vacías me llenan de un escalofrío que sólo había sentido al recorrer las calles aledañas a la periferia de la Metrópoli; Como si no debería estar aquí ahora mismo. A pesar de todo, me sentí aliviado de al fin encontrarme de vuelta dentro de los seguros muros de la ciudad.
El personal médico nos recibió con sobria efectividad en cuanto llegamos al hospital. El lugar estaba únicamente habitado por los Médicos que ya esperaban nuestra llegada. Sin ojos curiosos que presenciaran nuestra llegada, ni multitudes vitoreando. Sólo un vergonzoso y vacío silencio.
Un mensajero de alta estatura y ropas oscuras resaltaba entre las batas blancas de los Médicos. Se mantuvo atento a las evaluaciones que los Médicos daban de cada uno de nosotros para determinar si necesitábamos ser ingresados al hospital o no, y mientras eso se llevaba a cabo, el mensajero nos hizo saber que ha esperado todo el día a nuestro regreso, y que tenía órdenes directas del Líder Darius de escoltar a todo aquél que no necesite atención médica urgente directamente a la sala de comando.
Tori entregó a nuestro pasajero al cuidado de sus colegas Médicos, advirtiéndoles de sus tendencias agresivas cuando no estaba sedado. Saemus se negaba a ser llevado a una habitación para su recuperación, incluso siendo él quien más lo necesitaba, pero después de una breve charla con Adara, ella logró convencerlo de quedarse. Todos los demás, seguimos al mensajero de Darius.
Después de ser guiados por los interminables y rebuscados pasillos de las instalaciones subterráneas que conectan el hospital con el laboratorio, al fin llegamos a la sala de comando; Un gran salón circular flanqueado de monitores apagados y consolas de controladores especializados en comunicaciones. La entrada a la sala era resguardada por dos corpulentos guardias híbridos, los mismos que regularmente cuidan las puertas del Domo del Consejo, quienes en vez de clavar su analítica visión directamente en nosotros, parecían mirarnos con empatía al momento que nos dejaron pasar.
Una sóla alma habitaba este solitario lugar; el Líder Darius permanece quieto al fondo de la sala de comando, dándonos la espalda, con el monitor frente a él siendo el único que se mantenía encendido. Su silenciosa meditación no pareció perturbarse con nuestra presencia. Nuestro controlador de misión que nos ha cuidado a distancia todo este tiempo no abandonó su puesto ni por un segundo desde el día que salimos de Cilt.
Zenda suspiró al ver de nuevo a su hijo después de lo que pareció ser una eternidad, y fué la primera en notar el inusual comportamiento de Darius. Ella fue la única que tuvo el valor de romper la invisible barrera entre él y nosotros, y asegurarse de que Darius estuviera consciente que habíamos regresado. La veterana Guerrera se aproximó a Darius en silencio y con delicadeza, llamando a su nombre con voz suave y susurrante, manteniendo varios metros de distancia. Pero no había respuesta.
Ella entonces camina hasta estar justamente a su lado. Darius dormía profundamente en su lugar, apoyando su nariz en el monitor que bañaba su rostro en una tenue luz azul que lo hacía ver exhausto. A su lado había una pila de cobijas perfectamente dobladas y organizadas, una cafetera que se ha quedado prendida sin agua ni café, y una diadema de auriculares con micrófono para uso híbrido, aún conectada a la computadora. A pesar de la aparente limpieza y organización del lugar, el querido y respetado Líder no se veía en buena forma.
Con la poca delicadeza maternal que aún quedaba en su cansado cuerpo, Zenda acaricia el rostro de su hijo con su nariz, provocando en él una reacción inmediata que lo hizo sobresaltarse, despertándose de golpe en el proceso. Darius pareció tomar unos segundos para procesar lo que estaba pasando; sus ojos reflejaban temor y sorpresa, y le era difícil formular palabra alguna. Zenda avanzó unos centímetros más hasta tocar la nariz de su hijo con la suya, y Darius suspiró, drenando todo su miedo e incertidumbre en cuanto cayó en cuenta de que lo que veía en ese momento no era producto de su imaginación.
- ... Madre... -
- Tranquilo mi niño... Aquí estoy. - Zenda contuvo sus sentimientos por el bien de su hijo, limitándose a reafirmarle que ya estaban de vuelta, sonriendo con una sutil calidez hacia él-
Darius volteó a ver al resto de nosotros por un momento, haciendo un recuento visual de los que nos encontrábamos en ese momento en la sala. Bajó la mirada al no encontrar los únicos ojos que él estaba buscando. Regresó su vista de vuelta a su madre, tragó saliva forzosamente, y aclaró su tono de voz, intentando deshacerse de sus sentimientos.
- ¿Cómo están todos? ... ¿Cómo estás tú? ¿Ya te revisaron los Médicos?- Darius realiza un chequeo visual a Zenda, mientras ella le reafirma que no está herida-
- Estamos bien, Tori nos cuidó como un ángel guardián allá afuera. Sólo necesitamos descansar, es todo. -Zenda mantiene un tono sereno y controlado, todo con tal de no alterar de más a Darius-
- Bien, bien... -
Darius estaba sufriendo de un claro shock emocional, siendo incapaz de expresar de cualquier forma lo que sentía en ese momento. Se le notaba ansioso pese a su rígida postura, y sus ojos no dejaban de danzar en pánico mientras observaba a su madre. No era miedo hacia ella, sino el temor de casi haberla perdido a ella también. Zenda conoce a su hijo mejor que nadie, y no podía permitirse dejarlo abandonado en ese pozo mental por más tiempo. Debía sacarlo de ahí, de alguna forma, aunque él intentara alejarla a toda costa.
- Te ves cansado... Supongo que has estado aquí toda la semana... ¿Has comido lo suficiente?
- ... No tengo hambre... Quería esperar hasta que regresaran todos y...y... -La voz de Darius se rompe inadvertidamente. Se silencia mientras aprieta la mandíbula, y una silenciosa lágrima se escurre por su rostro sin su consentimiento, mientras sacude su cabeza en negación, retrocediendo con paso tembloroso-
Zenda acaricia el rostro de su hijo para calmarlo, pero eso únicamente logró romperlo, al fin.
Darius solloza ante el consuelo de su madre, algo que ninguno de nosotros estaba listo para presenciar. Su dolor, su tristeza y desesperación inundaron la sala, dejándonos a todos en un sepulcral y amargo silencio. Darius esconde su rostro de nosotros, y yo no me siento digno de siquiera mostrar la cara, pues siento que les he fallado, a él, a Ciro, a Kassia, y a todo aquél que alguna vez depositó un poco de confianza en mí. El sentimiento es abrumador, pero mis ojos ya no pueden producir ni una lágrima más, en su lugar, mi puño tiembla en impotencia. A mi lado, Adara parece al fin haber sido abatida por sus propios sentimientos, y se sienta en el suelo de rodillas, intentando contener sus lágrimas.
Darius se ha obligado a sí mismo a tomar una bocanada de aire y controlarse a sí mismo, y a pesar de la visible preocupación de su madre, sólo le tomó unos segundos para volver a refugiarse en su estoica fachada. No podía permitir que lo vieran así por mucho más tiempo.
- ... Reporte de misión. -Darius apenas se despegó lo suficiente del abrazo de su madre, y sin dirigir la vista hacia el escuadrón, nos cuestiona con una voz tenue, aunque autoritaria, a la que nadie quiere responder en un inicio. Hasta que Adara decide dar la cara por nosotros, aún mientras ella seguía de rodillas en el suelo-
- ... Llegamos a Kiem en el día y hora especificados... Al realizar el intercambio, Neyzan, con la ayuda del ex-científico Killian, fueron capaces de descubrir nuestra estrategia, y no pudimos hacer nada al respecto... La situación estuvo por salirse de control, de no ser porque Tyler actuó a tiempo, y logró establecer un diálogo nuevamente entre ambos bandos. -La mera mención de mi nombre me toma por sorpresa, pero Darius no parece reaccionar ante ningún dato que le proporcionaba Adara. A pesar de ello, ella continúa con el reporte- ... El intercambio continuó, y Neyzan entregó al prisionero... pero no actuamos lo suficientemente rápido, y fue demasiado tarde para cuando nos dimos cuenta que el prisionero no era Marcus. La General Kassia se negó a entregar al prisionero de vuelta a los Vortex, y empezamos a huir de Kiem... La persecución terminó cuando llegamos al puente. Entonces Ciro... Él hizo colapsar el puente para que los Vortex no pudieran alcanzarnos... y fue arrastrado por la corriente del río. No hemos sabido nada de él desde entonces. -Adara debe detenerse por un momento y suspirar, pues hacer el recuento de daños era algo que no quería recordar, pero que era necesario- ... Después de eso continuamos nuestra retirada. Neyzan y los Vortex sobrevivientes nos cazaron durante varios kilómetros, hasta darnos cuenta de que nos alcanzarían antes de poder llegar a la seguridad del búnker... La General Kassia se sacrificó por nosotros para enfrentar a los Vortex por su cuenta, y comprarnos el tiempo suficiente para llegar a salvo al búnker.
La voz de Adara tembló al mencionar aquellas últimas palabras. Realmente luchaba por no sollozar frente a Darius, pues sus lágrimas eran al mismo tiempo de tristeza, y pena. El Líder supremo no desvió su mirada del suelo, no reaccionó a nada de lo que Adara había dicho. Simplemente se queda perdido en sus pensamientos, con la mirada en blanco, lo cuál termina por causar un enorme remordimiento en la mente de Adara, tan conflictuada que el mismo dolor no le permitía mantener la marcialidad mucho tiempo más.
- ... Lo lamento... mi Líder. Usted y la General confiaron en mí para esta misión... y les fallé... Aceptaré las consecuencias de mis actos pero por favor... Deme una oportunidad para mostrar mi lealtad...
- De pie.
Darius da la orden a Adara, lo cuál manda una corriente eléctrica por mi espalda al temer lo peor. Ella levanta la vista por primera vez desde que llegamos, y con genuino temor en su rostro, se pone de nuevo de pie mientras se abraza a ella misma. Tuve el impulso de tomar su mano, pero me detuve a mí mismo al ver que Darius no nos regalaría ni un segundo para prepararnos para su veredicto.
- A partir de ahora, Saemus tomará tu lugar como Capitán del escuadrón 15. El peso de manejar un escuadrón ya no será tuyo. -Pude ver las pupilas en los ojos de Adara hacerse más pequeñas, ella clavó sus uñas en su hombro donde tenía tatuado su preciado rango de Cazadora, y el aire de sus pulmones dejó su cuerpo con un pesado suspiro. Pero justo antes de que tuviera tiempo de procesar la decisión de Darius de revocar su puesto de capitana, él continúa hablando- ... Necesito que te prepares, y que seas fuerte. Pues esta misma tarde, serás nombrada como la nueva Líder de los Cazadores. Antes de esta misión, Kassia me expresó la gran confianza que tenía en tí. Ella deseaba que tú heredaras uno de sus rangos, en caso de que algo le sucediera. -Darius voltea a ver a Adara a los ojos, viéndola como su igual- ... ¿Estás dispuesta a seguir este deseo suyo?
Adara enmudece, incapaz de siquiera formular una respuesta a lo que acababa de escuchar de su propio Líder. Abrumada por las expectativas de Kassia, y siendo empujada por su sentimiento de responsabilidad hacia lo que había sucedido durante la misión, realmente no tenía otra opción.
Tomó aire, enderezó su postura, y dándose un resonante golpe sobre su pecho con su puño derecho, Adara selló su destino como la nueva cabeza de los Cazadores de Cilt.
- Que así sea. -Adara exhaló con firmeza, dirigiendo sus tristes promesas al suelo sobre el que estaba parada-
Darius hizo una pequeña reverencia a la valentía y entrega de Adara, para después darnos una mirada cansada y empática a los demás que hemos permanecido pasivos hasta este momento.
- Por favor, vayan todos a recibir atención médica, y descansen. Mañana será otro día. -Era claro que él ya no deseaba tener que interactuar más con nosotros, y lo único que quería en ese momento era tener la oportunidad de procesar su pérdida. Pero antes de que nos diéramos la vuelta, una sola pregunta plagaba mi mente, una que no me dejaría descansar si no la expresaba-
- ... ¿Qué deberíamos decirles a todos?... -Las caras de cientos de ciudadanos confundidos pasaron por mi mente, todos con la misma necesidad de respuestas ante lo que ha sucedido allá afuera. Todos ellos tienen derecho de saberlo, pero al final del día, depende de los actuales Líderes decidir lo que es mejor para todos-
Darius pensó en mi pregunta por varios segundos, y después de un largo y profundo suspiro que pareció gastar su última pizca de voluntad, me vió a los ojos, con una mirada de derrota que nunca esperé de él.
- ... La verdad.
Darius no deseaba hablar con nadie más. Nos dió la espalda sin más explicaciones ni formalidades, y se refugió de nuevo en sus pensamientos. Zenda se quedaría al cuidado de su hijo, mientras que los demás éramos guiados de regreso al hospital, en camino a recibir la atención médica y el descanso que tanto necesitábamos, unos más urgentemente que otros. Nuestros caminos se separaron eventualmente, sin despedidas ni un "hasta luego", nuestro equipo de Cazadores y Guerreros ha pasado a la historia sin mayor decoro. Pero al menos, Iker y yo nos mantuvimos juntos en todo momento.
Las noticias en Cilt se esparcen rápido, tanto que al ingresar de nuevo al hospital, una muchedumbre ajena al personal médico ya nos esperaba en la recepción, y fue necesario que los mismos Médicos nos abrieran paso para escoltarnos directamente a la habitación donde seríamos alojados.
Afortunadamente, y muy posiblemente por culpa mía, nos han asignado a Iker y a mí a la misma habitación sin siquiera cuestionarnos. Al parecer el incidente de la vez anterior les hizo entender que era mejor no separarnos, pues de todas formas encontraríamos la forma de reunirnos. Así era mejor, pues compañía será lo que más nos hará falta durante nuestra recuperación, estando completamente aislados del resto del mundo.
Una vez a solas en nuestra habitación de hospital, resguardados de la tormenta de preguntas de personas entrometidas, mi primer impulso es caminar en dirección al lavabo y abrir el grifo, dejando que el agua fría corra entre mis dedos, limpiando la suciedad que se ha acumulado en mi piel. Una semana entera sin acceso a agua corriente y sobreviviendo de provisiones limitadas me ha hecho consciente de lo poco que he valorado mi cómoda vida cotidiana, viviendo en la ciudad sin tener que pelear por mi vida en las tierras neutrales.
Al levantar la vista y mirarme al espejo, por unos instantes, no reconocí a la persona que me miraba de vuelta. Esa mirada de esperanza y determinación al ver mi cuerpo portar la armadura de Guerrero por primera vez, se ha esfumado para siempre. Ahora solo quedaba una mirada de desolación y vergüenza, de negación hacia lo que ha sucedido, de decepción hacia la persona que ha regresado con las manos vacías, y el corazón aún más roto que antes.
Mi mente parece finalmente comprender que he regresado a casa, y que ya no es necesario huir. Me aferro al lavabo como si mi vida dependiera de ello, y así como el agua corriendo fuera del grifo, las lágrimas al fin encuentran su cauce en silencio.
Sin decir ni una sola palabra, Iker ofreció su cuerpo como soporte al presentir que las fuerzas me faltaban. No intentó consolarme, ni me reafirmó que todo estaría bien. Simplemente se limitó a hacerme compañía, pues ni él mismo estaba seguro de que las cosas realmente fueran a mejorar.
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Iker y yo fuimos dados de alta a las pocas horas de haber ingresado al hospital. Nuestras heridas sólo eran superficiales, y convencimos a los Médicos de que descansaremos mejor en nuestro pequeño departamento en vez de quedarnos en una fría habitación de hospital. Después de haber tomado una ducha más que obligatoria, y de vestir ropa limpia y fresca por primera vez después de lo que pareció una eternidad de confinamiento en el búnker, Iker y yo éramos libres. Al fin.
La tarde era inusualmente oscura y fría. Amenazadoras nubes de lluvia se mueven despacio pero seguras sobre nuestras cabezas. La ausencia de ciudadanos a esta hora sólo se podía deber a una cosa; todos hemos sido convocados al Estrado de Piedra esta misma tarde, con motivo de presentar a los nuevos altos rangos.
A medio camino en dirección al centro de la ciudad, Iker parece cambiar de opinión de último momento, y sugiere que mejor vayamos directamente al departamento, todo con tal de no asistir a la reunión del pueblo. Pero por más que yo deseara ir a descansar de una vez, y refugiarme del mundo en nuestro lugar seguro, no podía permitirme no asistir a la ceremonia, y no me perdonaría el no estar ahí para apoyar a Adara al menos con mi presencia, especialmente en este momento tan difícil para ella. Iker no estaba del todo contento con mi decisión, pero finalmente no tuvo de otra más que aceptarlo, y dejarme ir por mi cuenta.
Nuestros caminos se separaron, y yo continué mi viaje en solitario hacia el Estrado de Piedra sin saber qué me esperaría allá. En cuanto pude divisar a otros ciudadanos transitando el mismo camino que yo, una costumbre arraigada me hizo cubrir mi cabeza con el gorro de mi chamarra, intentando pasar lo más desapercibido posible, pero eso no parecía ser un problema demasiado grande por ahora, pues tanto híbridos como humanos tenían su atención puesta en otro lugar.
Cientos de humanos e híbridos nos hemos reunido al pie del Estrado de Piedra. Sobre este, los Líderes humanos resguardan el podio; Edurne vestía una gabardina blanca elegante, pantalones negros formales, y zapatos altos que nunca la había visto usar antes, al igual que una banda de tela cruzada sobre su pecho de color negro con sus respectivos rangos bordados en hilo dorado. En sus manos sujeta lo que parece ser una piel de animal de pelaje café y blanco cuidadosamente doblada.
Por su parte, Leander viste una camisa negra con corbata, un color inusual en el sencillo hombre que suele vestir colores más alegres, pero ahora era la excepción. El Líder humano ha reemplazado su overol de trabajo por unos pantalones de vestir que, aunque viejos y deslavados, aún dan la impresión de ser las mejores prendas de su clóset. Igualmente, Leander usa una banda negra, mostrando su único rango de Líder en esta, y en sus manos se resguarda una banda muy parecida a la suya, pero mucho más grande. Los líderes humanos guardan sus posiciones en silencio, sin dar respuesta a los constantes cuestionamientos de sus ciudadanos, quienes esperan con paciencia las palabras de sus Líderes.
Los minutos pasan, y los murmullos entre la población se vuelven cada vez mayores, aumentando las especulaciones sobre lo que pasaría ahora. La falta de algo que los mantenga enfocados en el podio me empieza a poner nervioso, pues sólo hacía falta que una de las personas a mi lado me reconociera para desembocar un cuestionamiento interminable acerca de nuestra misión, y yo no estaba dispuesto a compartir más información de la que seguramente ya se sabe. Ahora empezaba a entender la preocupación de Iker de asistir a la ceremonia, y estuve a punto de darme la vuelta y regresar por donde vine, de no ser porque el murmullo parece enmudecer de poco en poco, siendo reemplazado por un respetuoso silencio hacia los individuos que se abrían paso entre el público.
Darius, Zenda y Adara caminan con firmeza y silencio por el pasillo que los ciudadanos han resguardado especialmente para ellos, los Guerreros dispuestos como barrera viva hacen una respetuosa reverencia en cuanto ven pasar al Líder supremo frente a ellos.
Darius, además de estar condecorado con su propia banda de rangos dorados en su puerta izquierda, luce una robusta e intimidante armadura diseñada a la medida, hecha de kevlar al igual que el resto de las armaduras de los Guerreros de Cilt, de color negro con detalles en rojo, con unas grandes y amenazadoras cuchillas rojas acopladas a ambos costados de su barbilla, diseñadas para atravesar a sus enemigos que osen acercarse demasiado, pero que el día de hoy, sólo servían de recordatorio de su compromiso hacia con la seguridad de su pueblo.
Zenda usa una armadura completa por primera vez desde que la conozco, siendo esta diseñada para ser más ligera y con mayor movilidad que la pesada armadura acorazada de su hijo. Pinturas tribales en color blanco decoran su oscura piel, y pese a su sereno y seguro porte, un gran pesar era notorio en su mirada, y en su caminar.
Por su parte, Adara luce una nueva, moderna y brillante armadura de color gris más oscuro que la armadura anterior, pues su vieja armadura plateada quedó inutilizable después del accidente del puente. Su nueva pechera no mostraba el número "15" de su escuadrón, siendo este reemplazado por el imponente rango de Líder Cazador en color rojo brillante. Puede que ella ya no sea capitana, pero eso no le quitaba el derecho de seguir usando un rango rojo. Su melena rizada ha sido transformada en una gruesa trenza que inicia desde su cuero cabelludo y baja hasta la mitad de su espalda, siendo adornada con pequeñas flores silvestres que han sido tejidas entre sus cabellos con esmero y cariño. Una sencilla pero vistosa pintura tribal roja decora su rostro y brazos. Como parte final de su uniforme ceremonial, Adara lleva consigo una sencilla lanza de metal, una de sus armas predilectas.
Después de dar la indicación a Adara y a Zenda de que permanecieran al pie del podio por ahora, Darius sube la empinada rampa hasta tomar su lugar con sus camaradas Líderes quienes, por primera vez en la historia de Cilt, son sólo tres. El pasillo por el que han pasado previamente se llena rápidamente de ciudadanos, estando en primera fila los Guerreros más cercanos a Zenda, y los Capitanes de los escuadrones de Cazadores. Saemus ha conseguido el permiso de salir del hospital pese a que sus heridas siguen siendo delicadas, y el resto de sus colegas Cazadores le abren paso para estar justo al frente.
El gran Líder híbrido toma su tiempo para observar a su pueblo, con los ojos sumidos en una permanente tristeza, apenas siendo capaz de mantener a raya sus emociones. Sus camaradas Líderes se acercaron a él para indicarle que estaban listos, y una vez que los actuales Líderes se encuentran en posición, Darius decide proceder, de una vez por todas.
- Estimados ciudadanos... Los hemos convocado el día de hoy para dar el comunicado oficial sobre los eventos que han transcurrido esta última semana. Sabemos que la información que ha sido proporcionada no ha sido del todo clara, y por respeto a nuestros camaradas que no se encuentran ahora mismo con nosotros... todos ustedes merecen saber la verdad. -La voz de Darius se debilitó al final de su oración, haciéndolo suspirar audiblemente. Edurne posó su delicada mano sobre Darius y dio un paso al frente, haciendo que el Líder híbrido retrocediera en la formación. Él sabía que estaba al borde de las lágrimas y que sería cuestión de tiempo hasta que perdiera su temple, y esa no era una imagen que quisiera que los ciudadanos recuerden. En su lugar, se resigna a que Edurne de las malas noticias al pueblo expectante-
- La Líder Kassia ha sido tomada como prisionera por el clan de Neyzan durante su última misión para rescatar a Marcus Hopper. No tenemos conocimiento de su ubicación, ni las condiciones en las que la mantienen cautiva, pero tenemos pistas más que suficientes que indican que ella sigue con vida, al igual que otro de nuestros colegas más cercanos, el consejero Ciro, quien desapareció durante el combate contra los Vortex.
Un mar de murmullos, lamentos, llantos y rabia se manifiesta entre los ciudadanos, horrorizados por la noticia de que dos de los miembros más queridos y respetados por la sociedad de Cilt se encontraban allá afuera, a merced de Neyzan y sus Vortex. Los Líderes no hacen el intento por calmar a la muchedumbre, pues ellos sabían que semejantes noticias no eran fáciles de procesar para nadie, ni siquiera para los que hemos presenciado dichos eventos con nuestros propios ojos.
La acalorada discusión entre híbridos y humanos, ciudadanos con rangos y sin rangos, viejos y jóvenes, parecía calmarse por un momento, aunque el silencio permitió que unas cuantas voces determinadas gritaran en dirección al podio, y a sus Líderes.
- ¡Debemos actuar! ¡No podemos quedarnos aquí sin hacer nada! ¡No cuando la General y Ciro están allá afuera peleando por sus vidas! -Un joven híbrido alza la voz entre el público, dando inicio a un espontáneo grito de guerra que brinca de ciudadano en ciudadano, cada uno con sus argumentos a favor y en contra-
- ¡Sí, debemos pelear! Ellos ya han tomado demasiado de nosotros, ¡Es hora de enseñarles de qué estamos hechos!
- Es fácil para ti decirlo, ¡Ni siquiera eres un Guerrero! Tú no tienes idea de lo que los Vortex son capaces de hacer...
- ¿Entonces prefieren que los Vortex se salgan con la suya? ¡¿Y que se acostumbren a que sus acciones no tienen consecuencias?! ¡No! Hay que mostrarles que nuestra paciencia se ha agotado, ¡Y que paguen por lo que nos han hecho!
Enfurecidos rugidos y gritos apoyan la violenta iniciativa que unos cuantos han propuesto, mientras que los que se mantienen en contra del conflicto hacen saber su inconformidad con gritos e insultos. Todo ha escalado a ser un circo de argumentos y emociones crudas, y ya era momento de que los Líderes intervinieran, antes de que esto escalara de magnitud.
- ¡Escuchen! No llegaremos a ningún lado si nos comportamos de esta forma entre nosotros, así que por favor, no hay que perder la calma. -Leander hace un buen intento por calmar las aguas, más eso no impidió que las voces más audaces se revelaran ante indicaciones directas de uno de sus Líderes-
- ¡¿De qué nos sirve mantener la calma?! Cada minuto que pasemos aquí sin hacer nada es un minuto que los Vortex nos llevan de ventaja... -El enfurecido ciudadano anónimo se abre paso a empujones hasta aproximarse al pie del estrado, buscando hacer contacto visual directo con Darius, quien hasta ese momento, se había mantenido fuera de la discusión- ...Líder Darius, por favor escuche, ya ha mostrado demasiada piedad hacia esos salvajes durante ocho años... ¿Y de qué ha servido? ¡Déjenos pelear!... ¿No sería eso lo que la General haría si estuviera en su lugar?
El cruel cuestionamiento es incesante, y múltiples voces se suman a la queja en conjunto. Tal parecía que, en este momento y lugar específico, los ciudadanos no parecían del todo contentos con su Líder pacífico. Darius mostró sorpresa en su gesto y se hizo pequeño dentro de su armadura. Plegó sus retrovisores a su cuerpo, un gesto que el Líder supremo no mostraría de no ser por que él no se encontraba ahí, al menos no por el momento, pues Darius parecía seguir demasiado perdido en su pena como para controlar conscientemente todas sus expresiones, tal como lo ha hecho siempre. Su gesto no pasó desapercibido por su madre entre todos los presentes, y eso la hizo enfurecer.
- ¡¿Cómo se atreven a decir eso?! ... ¡¿Qué acaso no pueden tener un poco de empatía y sentido común?! -
Su voz resonó como un feroz rugido que silenció a todos, incluso a aquellos que se creyeron con la razón de cuestionar a sus Líderes. Nadie corrigió la actitud de Zenda, hasta se podría decir, que muchos de nosotros agradecimos que alguien pusiera en su lugar a aquellos ignorantes que no lograban ver más allá de su rabia.
Una vez que Zenda ha restaurado de nuevo el silencio y el órden, ella aún no ha saciado su instinto protector, ni su necesidad de meter algo de sentido común a las cabezas de todos los presentes. La Guerrera da una mirada de disgusto hacia el público, y nadie se atrevía a verla a los ojos
- ... Mírense. Creyéndose estar listos para una guerra. ¡Huir de la guerra es lo único que nos mantuvo vivos hasta el día de hoy! ... Pero la gente tiene muy mala memoria, ¿Verdad? Supongo que debo recordarles que somos un pueblo de refugiados de guerra, y como refugiados, nuestro deber es protegernos entre nosotros, no esparcir el odio, ni la violencia. Así que piensen dos veces antes de pedir guerra... porque se los aseguro, ninguno de ustedes quiere estar en una.
Siento las furiosas palabras de Zenda resonar en mi pecho como la manifestación de todo lo que necesitaba escuchar, y por un momento, una chispa de esperanza brilló entre la realización de que no podíamos hacer nada. Era un sentimiento agridulce. A Zenda sólo le bastó una oportunidad para recordarle a todos la razón por la que se fundó esta sociedad desde un inicio, y darles un golpe de realidad a todos aquellos cegados por el odio. Era cierto, Cilt empezó como un refugio para todos aquellos que huyeron de la guerra entre humanos e híbridos, y declarar la guerra a los Vortex sería profanar aquél mismo principio de paz por el que tantos han sufrido y muerto para construir. No cabía duda de que, si había alguien con la sabiduría y consciencia suficiente para reemplazar a Kassia en el Consejo de Líderes, esa era Zenda, y la repentina realización de que estaba presenciando algo histórico justo frente a mis ojos, me llegó. Estaba en presencia, de la nueva Líder de Cilt.
Los ciudadanos responsables de la furia de Zenda se miraron entre ellos, algunos con duda, otros con resignación, pero solo unos cuantos de ellos mostraban genuino arrepentimiento, y lo demostraron haciendo una reverencia en dirección a sus Líderes, quienes se mantuvieron en silencio durante el sermón de Zenda. Darius tuvo la oportunidad de retomar las riendas de la situación, y una vez que se sintió listo, caminó hasta el borde del Estrado de Piedra, observando a su pueblo, y dejando que todos ellos lo vieran a él. Aquellos sujetos arrepentidos no tenían el valor de voltear a ver a Darius a los ojos, a lo que él simplemente dio una mirada de decepción, y prefirió continuar con la ceremonia, tal como se tenía planeado desde un inicio.
Adara es la primera en ser convocada al Estrado de Piedra. Se posiciona justamente al centro del edificio ceremonial, con los cinco pilares siendo testigos del nombramiento de un nuevo alto rango. Dando la espalda al público, Adara tiene una conversación personal con Edurne, quien a pesar de las circunstancias en las que tiene que entregar el manto de liderazgo, se mantiene tan gentil y compasiva como siempre.
- Creo que yo soy la persona más apropiada para entregarte esto...
Edurne desenvuelve la piel de ciervo que ha estado cargando todo este tiempo, y con un delicado abrazo, abriga el hombro izquierdo de Adara con la bellamente trabajada pieza de cuero, asegurándola con una correa que descansa atravesada sobre su pecho y siendo sujeta en su costado. Era una majestuosa capa de piel de ciervo que cubría todo el brazo izquierdo de Adara. No era necesario saber demasiado sobre las tradiciones de Cilt para comprender que este era un tótem; un símbolo de su nuevo puesto en la jerarquía, la manifestación física de su liderazgo.
- Tomar los rangos de otra persona no es sencillo. Yo lo sé... -Edurne acaricia con cariño los rangos tatuados en sus manos, los mismos que pertenecieron a mi padre antes de desaparecer, y que ahora ella debía cargar. Edurne tomó las manos de Adara, quien se encontraba al borde de las lágrimas pese a su honorable nombramiento, pues esta ceremonia no era motivo de celebración. Pero Adara mantuvo sus sentimientos a raya, por respeto a Edurne- ...Pero sólo recuerda... no estás sola. Siempre podrás encontrar consuelo en aquellos que se mantienen cerca de ti. Estás lista para esto, nunca lo dudes. -Con un gentil gesto, Edurne le indica a Adara que se dé la vuelta, esta vez para dar la cara al pueblo-
Adara portó la piel de ciervo con honor, intentando que sus hombros no se vieran pesados al tener ahora que cargar con su nuevo rango. A partir de ahora, ella se había convertido en la máxima autoridad de los Cazadores de Cilt, y a pesar de los eventos que nos han llevado hasta este momento, me sentí afortunado y honrado de estar aquí para presenciar este momento. De estar aquí para ser su testigo.
- ¡Cazadores de Cilt! ¿Aceptan a Adara como su nueva Líder?
Saemus, ahora el nuevo capitán del escuadrón 15, da un paso adelante, y con su potente y ronca voz declara a los cuatro vientos su ciega lealtad hacia su amada, y nueva autoridad.
- ¡El escuadrón 15 te acepta como nuestra nueva Líder!
Seguida de Saemus, una chica humana de cabello largo, lacio y rubio, con una notoria cicatriz en forma de "x" en su mejilla, clava su lanza en el suelo frente a ella, y golpeando su pecho con su puño derecho, grita con cruda emoción su apoyo y lealtad.
- ¡El escuadrón 23 te acepta como nuestra nueva Líder!
Pronto, todos los capitanes tomaron su turno para gritar en nombre de su propio escuadrón, mostrando su lealtad incondicional hacia Adara, quien finalmente se conmueve por el poderoso momento, y la pintura tribal en sus mejillas se deslava ligeramente por sus lágrimas, corriendo discretamente sobre su rostro. Adara entonces levanta su lanza en el aire; Un gesto sencillo que entre cazadores significa "buena caza", pero aquella frase tenía muchos significados dentro de sí misma, y en este caso, representaba su compromiso hacia con las personas que le han entregado su lealtad. El gesto es respondido de igual forma por todos los Cazadores presentes en la ceremonia. Una muestra de apoyo silenciosa, pero cuyo eco fue ensordecedor.
Después de su nombramiento, Adara se mantuvo en el Podio justo detrás de los miembros del Consejo, quienes ahora han convocado a Zenda a subir al estrado y tomar su lugar como la nueva Líder de Cilt. Leander se aproxima a ella, y ajusta la banda de tela oscura con los nuevos rangos de Zenda en su puerta izquierda, tal como la usa Darius. Zenda ha tomado los dos rangos restantes que la General Kassia ha dejado en su ausencia; Su puesto como parte del Consejo de Líderes de Cilt, y su rango de Líder de los Guerreros, convirtiéndose así en la nueva cabeza de la milicia; General Zenda, Líder híbrida de la ciudad neutral de Cilt.
La tenaz maestra de los Guerreros ha demostrado ser digna del puesto de Líder en incontables ocasiones, pero al fin era momento de que ella tomara su lugar al lado de su propio hijo, y nadie cuestionaría dicha decisión, no después de haber sido ella quien logró mitigar los irrespetuosos comentarios de los ciudadanos inconformes, y de ser capaz de mantener el orden en medio del caos. Sencillamente, no había nadie más que pudiera cargar con el peso de esos rangos, y ella seguiría fielmente la última orden que Kassia le dió al momento que se sacrificó por ella, y por todos nosotros. Era lo mínimo que podía hacer.
Una ceremonia de este tipo debería ser un evento digno de festejo. Pero el día de hoy, Cilt no festeja. Un largo minuto de silencio persiste, y por un momento, los corazones de cada ciudadano laten por una misma causa, y lamentan la misma pérdida. Puede que las opiniones estén divididas, y que la incertidumbre haya alimentado las inseguridades de los ciudadanos, pero una cosa era verdad para cada humano e híbrido presentes en torno al Estrado de Piedra; La vida en Cilt como la conocemos, no volverá a ser igual.
- Esto no me gusta... -Escucho la voz de un individuo a mi lado, quien sin saber que yo me encontraba a poco más de un metro de él, expresa su preocupación en voz baja a su acompañante- ... ¿Te das cuenta? Todo el poder se está quedando dentro de la misma familia... Esto en vez de ser una democracia parece una nueva monarquía. -Claramente, su comentario hacía referencia a Zenda, y al hecho de que ella y Darius tenían ahora el mismo nivel de autoridad, y siendo madre e hijo respectivamente, dicha autoridad sería custodiada por individuos con los mismos ideales, algo que a dicho ciudadano no parecía gustarle del todo-
- Pues si tanto te molesta ¿Por qué no te postulas tú para ser Líder? -Su acompañante no tardó en cuestionar la opinión de aquél individuo de forma un tanto sarcástica e irritada al mismo tiempo, desacreditando su argumento anterior- Sería interesante ver cuántos quisieran reemplazar a Zenda por alguien que no sabe absolutamente nada sobre cómo liderar... Alguien como tú, por ejemplo.
- Al menos así habría una distribución más justa del poder... Te lo digo, hay algo muy sospechoso ahí que los Líderes no quieren que sepamos. Si todo fuera tan claro como dicen, ¿Por qué no convocar a una elección para la nueva Líder?- Puede que el comentario de aquél ciudadano rayara en lo paranóico, pero no puedo evitar pensar en que algo en su razonamiento hacía sentido, mas no sabía exactamente qué- ... Así comienza la caída de una sociedad. Si esto sigue el curso actual, creo que no pasará mucho tiempo hasta que el Consejo se corrompa, desde adentro.
- Deja de decir estupideces... Lo que necesitan los ciudadanos ahora mismo es sentirse seguros, y si eso significa que madre e hijo gobiernen juntos...
- "Los ciudadanos" nos incluye a ti y a mí, y yo no me siento seguro con esta decisión, ya te lo dije, están ocultando algo... Oh, mira, es el hijo del profesor Hopper.
Hora de irme.
Sabía que mi coartada no duraría para siempre, y cometí el grave error de exponerme con tal de escuchar la opinión de un par de extraños. Metí las manos en los bolsillos de mi chamarra y ajusté el gorro para que pudiera ocultar el minúsculo mechón de cabello que me había delatado, y me destiné a escurrirme entre la gente hasta ya no ser parte del público. Caminé hasta refugiarme detrás de los pilares del Podio, en donde sólo un puñado de gente, principalmente Guerreros y Cazadores de alto rango, se reunieron para discutir sobre los cambios en la estructura de la jerarquía, y lo que eso significaba para sus puestos en específico. Afortunadamente, ellos no parecían interesados en cuestionarme, y respetaron mi espacio y privacidad al darse cuenta de que he estado evitando la interacción con la gente a toda costa.
El discurso final de los Líderes hacia sus ciudadanos presentes es apenas audible desde mi punto de vista, y el nombramiento de Zenda parece no recibir el mismo apoyo que el de Adara, pero aún así, los Líderes de cada rango son ahora los que rinden sus respetos y muestran su lealtad hacia la nueva Líder híbrida de Cilt.
La ceremonia ha finalizado sin un último discurso del Líder Darius que pueda aliviar el amargo momento, pues ni él tenía las fuerzas suficientes para creerse sus propias palabras. El público se dispersa, dirigiéndose de vuelta a su rutinaria vida, tomando el resto del día para procesar los cambios, y tomar fuerzas para continuar al día siguiente.
Por entre los pilares logro ver a Adara. Ella se mantiene sobre el podio por un largo minuto, simplemente presenciando el nublado atardecer, y el panorama que se presenta frente a ella, tanto en su mirada, como dentro de su mente. Después de suspirar profundamente, y de finalmente darse la vuelta para bajar del Podio por el lado de atrás, logra hacer contacto visual conmigo, y una ligera sonrisa se dibujó en su angustiado rostro. La ayudo a bajar de la plataforma de concreto ofreciéndole mi mano, aún sabiendo que probablemente ella no la necesitaba, pero ella igualmente se dejó ayudar.
Era difícil pensar en algo que decir. Quería felicitarla por su nombramiento, pero al mismo tiempo sabía que eso sería insensible. Quería expresarle mi empatía hacia su tristeza, pero no quería desanimarla más de lo que ya se encontraba. Después de un silencio mutuo que se sintió eterno, ya no pude resistir mi impulso de abrazarla fuertemente. Adara pareció resistir mi afecto por un par de segundos, quedándose tiesa como una tabla, pero una vez que se dio cuenta que ya no era necesario mantener la marcialidad, me devolvió el abrazo, casi clavándome las uñas por la fuerza con la que se aferró a mi cuerpo.
No recordaba la última vez que abracé a otro ser humano de esa forma.
Adara es mi amiga, y yo soy su amigo, y estaba feliz de que así fuera. Gracias a que me permití dejar ir la idea de poder ser algo más para ella, ahora era capaz de abrazarla con libertad. Un abrazo sincero con el que pude expresarle lo mucho que ella significaba para mí, y de darle a entender que estaría a su lado, sin importar lo difícil que fuera la situación. Ella se refugió en mi abrazo por un largo momento, lo suficiente para dejar salir todo aquello que tuvo que guardarse desde nuestro regreso a Cilt, mientras que yo simplemente esperé, hasta que ella estuviera lista.
- ... He pensado en este momento por mucho tiempo... -Adara piensa en voz alta, aún abrazándose a mí- ...Siempre pensé que estaría lista... Que sería digna de cargar con el puesto. Siempre quise ser más de lo que ya era, y pensé, que ser Líder de los Cazadores me daría la satisfacción que siempre deseé... -Finalmente se separa de mi abrazo, y prefiere abrazar su propio cuerpo mientras voltea la vista hacia el suelo, intentando consolarse a ella misma- ... Pero nunca pensé que sería así. Nunca deseé que le pasara algo malo a la Gen... a Kassia. Ella confió en mí, y ahora... No me siento digna de llevar su rango.
Adara se hace pequeña al abrazarse a sí misma, apartando la vista para que no pudiera verla a los ojos. Yo la observo sin saber qué decirle para consolarla. Me resigné a poner mi mano sobre su hombro, como única muestra de afecto que me permitiría darle en ese momento.
- ...Ninguno de nosotros estaba listo para esto. ¿Quién podría estarlo?... Pero solo nos queda intentar llenar los espacios tan grandes que nos han dejado. Ahora es tu momento. -Adara levanta la vista, con sus ojos llorosos, y los ríos de pintura corrida por sus mejillas- Si no puedes confiar en tí por ahora, puedes confiar en mí cuando te lo digo; Serás una gran Líder, yo lo sé. Ya lo eres.
Adara me vio con incertidumbre, pero su rostro pareció iluminarse un poco. Acarició con delicadeza su capa de piel de ciervo, y la observó con detenimiento, como queriendo descifrar si lo que estaba sucediendo era real o no. Suspiró profundamente y asintió para sí misma, aceptando poco a poco su nueva realidad.
- No se si me pueda acostumbrar a llevar a este animal encima todo el tiempo, me va a estorbar cuando tengamos que salir a cazar. -Adara bromea por un momento de su nueva indumentaria, aligerando la conversación para ambos-
- Como si eso fuera suficiente para detenerte. -Saemus se hace presente en nuestra conversación, continuando el sarcástico comentario de Adara. Era un alivio verlo en mejor forma de como ingresó al hospital, aunque ahora con nuevas cicatrices repartidas por su cuerpo, estas no le impiden sonreír al vernos conversar. -¿Cómo te encuentras Tyler?... ¿Aún no dan de alta a Iker? No lo veo por ningún lado...
- Oh, él... Se sentía demasiado cansado, prefirió quedarse en casa por ahora... p-pero estoy seguro de que a él le hubiera gustado estar aquí para la ceremonia de hoy. -me veo en la obligación de mentir por mi amigo para salvar un poco su reputación, y pese a que ni Saemus ni Adara parecían creerme, no me cuestionaron de más-
- Bueno, eso lo entiendo, él debe descansar ahora que puede... Nosotros aún tenemos un largo día por delante antes de poder descansar. El cambio de mando no es cosa sencilla. -Saemus exhala para aliviar su cansancio, pero mantiene una visión positiva al respecto, misma que es reafirmada por Adara-
- Sí, será un día ocupado... pero al final nos reuniremos con todos los capitanes para cenar juntos. Si quieres puedes venir con nosotros, Tyler. Serías nuestro invitado especial. -Adara ofrece una amable invitación a lo que sería la primer junta de capitanes bajo el nuevo mandato de Adara, y por un momento la idea sonó bien en mi cabeza-
- Así es, todos estarán ahí y habrá mucha comida, es una buena oportunidad para recobrar las energías perdidas. -Saemus habla con una renovada emoción en su voz con solo pensar en la comida, algo natural después de haber pasado una semana entera sobreviviendo de minúsculas raciones- Oh y, por cierto, la invitación también es para Iker. Me imagino que él también apreciaría una buena cena.
La repentina inclusión de Iker a los planes de la pareja de Cazadores me tomó por sorpresa, pero antes de que yo pudiera decir cualquier cosa, Adara se ha adelantado para hacer saber su opinión de forma no muy sutil.
- ... Saemus. - Adara replica hacia su pareja a regañadientes, aunque es prontamente interrumpida de vuelta por el mismo Saemus, quien se veía estar preparado para aquella reacción-
- Lo sé... Pero él nos salvó la vida. -Saemus defiende el honor de Iker, incluso si eso significaba recordarle a su pareja lo que ella claramente quería ignorar, a lo que Adara decide callarse, y escuchar- De no ser por él... ni tú, ni yo estaríamos aquí. Creo que lo menos que podemos hacer por él es demostrarle que estamos agradecidos... ¿No crees?
Adara aprieta la boca en una sutil muestra de frustración, pues el argumento de Saemus la ha hecho tragarse sus propias palabras. No dudo que en el fondo, Adara esté agradecida con Iker por haberla salvado a ella y a Saemus, pero su arraigada visión de Iker como el híbrido violento y volátil capaz de acabar con campamentos enteros de cazadores furtivos no le permite ver la situación actual. Pues si Iker siguiera siendo aquél híbrido de años atrás, no hubiera arriesgado su vida para salvar a dos Cazadores que hasta ahora no han hecho nada más que hacerle la vida más difícil. Tal vez, invitarlo a cenar era el primer paso para construir de nuevo la confianza. Adara suspiró con un quejido, y aflojó un poco su postura, y sus ideales.
- De acuerdo, tienes razón. Iker también será nuestro... invitado especial.- Adara arrastró las últimas palabras al salir de su boca, pero eso fué más que suficiente para Saemus, quien se esforzaba por no mostrar una sarcástica sonrisita, propia de la pequeña victoria de argumentos con su terca compañera-
- Gracias por la invitación, se los agradezco mucho chicos, en serio. Créanme que me encantaría ir con ustedes, pero... -Volteo hacia el camino que me trajo aquí, sintiendo como si un lazo atado a mi pecho me jalara de vuelta- ... No estoy muy seguro de que él quiera ir, y la verdad, no me gustaría dejarlo solo... Tal vez en otra ocasión.
Desde nuestro encierro en el búnker, Iker ha estado demasiado silencioso, y aquello sumado a la forma en la que Adara le gritó al echarle la culpa por el fallo de la misión, eran razones más que suficientes para pensar que ahora mismo lo único que quería Iker, era descansar en el único lugar donde nadie lo molestaría, y eso incluía mantenerse alejado de Adara.
- No te preocupes, siempre habrá otro día para convivir... Al menos se tienen uno al otro para hacerse compañía. -Saemus da una sonrisa comprensiva sin tomarse de forma personal mi rechazo hacia su invitación, haciendo la conversación mucho más ligera para ambos- Pero si cambia de opinión, o si un día nos necesitan para cualquier cosa... ya saben dónde encontrarnos. -
Saemus se despide amablemente, esperando pacientemente a que Adara se le uniera para iniciar su gira de trabajo por todo Cilt, pero ella se planta en su lugar, con la incertidumbre clavando sus pies al suelo. Era claro que no se sentía lista para empezar. La duda la hace titubear, aferrándose firmemente a su capa de piel al sentirse abrumada.
- ... Todo va a estar bien. Ya verás. -Reafirmo mis esperanzas hacia Adara, esperando que fuera suficiente para darle el impulso para sobrellevar la carga de trabajo del día de hoy, y las eventuales responsabilidades futuras-
- Eso espero... -La angustia en su voz no le permitiría decir mucho más, pero eso no era necesario, pues pocas palabras de bastan para despedirse- Buena caza, amigo mío.-
Nos dimos un último abrazo de despedida, incapaces de saber cuándo volverían a coincidir nuestros caminos. Una vez que se sintió lista, se dio la vuelta para tomar camino hacia la Aldea de los Cazadores, en compañía de su siempre fiel compañero.
La soledad se hizo presente en mi consciencia únicamente cuando pude darme cuenta de que los había perdido de vista. El silencio, y el aire frío corriendo a mi alrededor me plantaron de nuevo en la realidad, casi haciéndome sentir culpable de la momentánea alegría que sentí al ver que había una posibilidad de que los problemas entre Adara e Iker se solucionaran de una vez por todas. Cuando en realidad, dos queridos amigos están desaparecidos, y esta alegría no era otra cosa más que una pequeña distracción, que me ayudaría a sobrellevar la verdad.
Pero la vida debe continuar, por nuestro propio bien.
Aquél era un trago demasiado amargo como para procesarlo bajo la gentil lluvia que ha empezado a caer, por lo que no tengo más remedio que regresar al lugar donde, afortunadamente, hay alguien que puede aliviar mi condición humana de insignificancia. Pues estando con él, de alguna extraña forma, yo ya no me sentía tan insignificante.
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Al principio, Iker cree que estoy bromeando con él. "Una broma de muy mal gusto" a su parecer. En su cabeza no cabía la posibilidad de que Saemus y, mucho menos Adara, lo hubieran invitado a cualquier cosa que no fuera a salir de la ciudad, permanentemente. Hasta que un Cazador híbrido llegó directo a nuestro departamento, completamente ajeno a la fría lluvia que tuvo que enfrentar en su camino, a entregarnos una enorme cesta de mimbre, con una pequeña nota amarrada a la cuerda que mantenía la cesta cerrada;
"Una rama de olivo
-Adara y Saemus"
Iker se quedó viendo la nota con incredulidad, cuestionandose si realmente estaba viendo correctamente, incapaz de entender el porqué del tan repentino cambio en la forma en la que la pareja de Cazadores empezaba a tratarlo, aún después de todo lo que sucedió. Pero su tren de pensamiento se interrumpió de inmediato en cuanto logré desatar la cuerda de la canasta, y el aroma a comida inundó la habitación.
Decir que la cesta contenía una buena comida sería minimizar de forma descarada el absoluto banquete que había sido empacado sólo para nosotros; Lo que a simple vista parecía ser un enorme bloque de carne, había sido amarrado y compactado con tal destreza que fue difícil liberarlo hasta para los afilados dientes de Iker, y una vez que logramos deshacernos de las ataduras, Iker exclamó con emoción y algo de horror, que era un cerdo salvaje entero, rostizado, claramente. Escarbando un poco más en la canasta encontré un regimiento de papas horneadas, estofado de verduras, hogazas de pan casero, mermelada de fresa con fruta casi entera, y demás conservas en almíbar.
Iker no demoró en prepararse para darle un buen mordisco al animal, pero se detuvo justo antes de clavarle los dientes. Sonrió apenado e intentó disculparse, diciendo que había pasado mucho tiempo desde la última vez que comía algo así en compañía de alguien. Sus disculpas me enternecen, y me hace sentir un poco culpable de hacerlo sentir la obligación de comportarse como un humano, cuando realmente no lo era, ni tenía que comportarse como uno. Al darme cuenta que Iker hacía su mejor esfuerzo por contener su impulso de comer salvajemente, renuncié a mis propios utensilios, y antes de darle oportunidad a mi cerebro de retractarse, le clavé al cerdo rostizado la mordida más descarada y viciosa que jamás le he dado a mi comida, aunque aquello a los ojos de Iker sólo se viera como un triste intento de demostrarle que, si él debía comer como humano, yo también podía comer como un híbrido, causando una inmediata carcajada que lo hizo escupir el bocado que ya tenía en la boca. Pero al menos mi objetivo de hacerlo sentir cómodo de ser él mismo, se había cumplido.
La cena se prolongó durante horas, la deliciosa comida realmente había sido el catalizador perfecto para dejar las preocupaciones de lado, y tener un momento de calidad que tanta falta nos hacía. Parecía como si la tragedia nunca hubiera pasado.
Después de que Iker arrasó por completo con el cerdo hasta dejarlo en los huesos, y de que yo me encargara de almacenar lo que había sobrado de comida, el silencio regresó de nuevo, pero esta vez era de una conflictuada tranquilidad. La paz, después de la tormenta.
Mientras Iker arreglaba un poco su desastroso espacio para dormir, yo salí al balcón un momento, escuchando el eco de la lluvia que se colaba por la entrada de la cueva artificial. Una suave y helada brisa acaricia mi cabello, mientras me recargaba sobre el débil barandal del balcón, observando, dialogando conmigo mismo.
- Dime, ¿Por qué te gusta tanto pararte aquí? ... Me preocupa que un día te guste más estar al borde del balcón que quedarte dentro de él... -Iker habla con sarcasmo al acercarse él mismo al borde del balcón, asomándose con curiosidad y cautela hacia el piso, aunque él era incapaz de ocultar su preocupación-
- Je, no te preocupes por mí. Eso no va a pasar. -
Por más que mi comentario tuviera la intención de asegurarle que no había nada de qué preocuparse, Iker no pareció satisfecho con mi respuesta. Se sentó a mi lado, observando en la misma dirección a la que yo veía, hasta que el silencio pareció incomodarle de nuevo.
- ... ¿Qué tanto pasa por tu mente ahora mismo?
Era una pregunta sencilla, hecha por alguien que realmente le importaba la respuesta, pero eso no significaba que fuera más sencillo expresar lo que realmente habitaba mis pensamientos.
- ¿Recuerdas... la última noche antes de la misión? Estábamos justo aquí. Intentando imaginar lo que pasaría. Preparándonos para lo que sea que nos estuviera esperando allá afuera... -Siento mi garganta entumecerse ante el recuerdo. Ante la absoluta y bendita ignorancia mía-
- Sí, lo recuerdo. Y también recuerdo que te dije, que no importara lo que sucediera... Yo estaría aquí para tí. -Iker se apresura a mitigar prematuramente la seriedad de mi comentario, como si temiera que algo malo fuera a salir de ahí, pero aquello sólo me hizo un nudo en la garganta, el mismo que obligué a deshacerse con un suspiro que vació por completo mis pulmones-
- Es solo que... No puedo dejar de pensar en algo. Mi mente sigue repitiendo lo mismo, una y otra vez sin parar. Una sola frase... "Se acabó la aventura".
- ¿A qué te refieres con eso?
- Siento como si todo esto hubiera sido un sueño... Desde que me trajeron aquí y me convencieron de quedarme por la mínima posibilidad de poder ver a mi padre de nuevo... hasta ahora. Mi vida cambió por completo en muy poco tiempo. Por un momento creí que eso significaba que las cosas al fin mejorarían... Pero ahora, no sólo sé que no volveré a ver a mi padre nunca... también causé que dos amigos no regresaran a casa. Todo por no querer aceptar la verdad.
- Hey, Ty... Lo de Kassia y Ciro no fue tu culpa. Ellos habrían arriesgado sus vidas por rescatar a Marcus incluso si tú no estuvieras aquí. Y además, no puedes estar seguro de que no volverás a ver a Marcus... Él es tu padre. No puedes simplemente... renunciar a él.
- Iker... Por favor. -Me sujeto al barandal del balcón con fuerza al incorporarme de nuevo, viendo a Iker a los ojos con una seriedad que lo hizo titubear- ... Sé que sólo dices eso para hacerme sentir mejor, pero eso no cambia la realidad... - Recargando los codos en la barrera de metal, desvío la vista hacia enfrente, incapaz de seguirlo viendo a los ojos- ... Él está muerto. Yo lo sé. No hay forma de que haya sobrevivido tanto tiempo allá afuera, no como prisionero de Neyzan. Creo que algo dentro de mí ya lo sabía... pero simplemente no lo quería ver... Y no pienso perder a otro amigo para confirmarlo.
El silencio de Iker pega como un látigo en mi subconsciente, al darme cuenta de que había hecho todo lo posible para cerrarle cualquier oportunidad de ayudarme. Mi propio cuerpo pareció aborrecer las palabras que le había escupido tan gratuitamente, pero ya no podía tomarlas de vuelta. Él sólo suspiró, tal vez siendo consciente de que negaría su ayuda, rindiéndose en su intento por devolverme la esperanza. Simplemente se quedó a mi lado, haciéndose sus propias preguntas internas.
- ¿Y qué piensas hacer ahora? ... Ya que, "la aventura ha terminado". -La pregunta cayó en territorio desconocido, pues realmente, nunca había considerado la opción de que, tal vez, la búsqueda por mi padre fuera inútil.
- Aunque quisiera, no puedo regresar a la Metrópoli; Me arrestarían por asociarme con híbridos o me llamarían traidor... Creo que lo único que puedo hacer por ahora es quedarme aquí, e intentar ser útil para la sociedad... Es lo único que me queda.
Me abrazo de nuevo a la barrera de metal, sujetándome con fuerza ante la realización de que mi lucha ha sido en vano, y que todo este tiempo me aferré a no más que un recuerdo, y el deseo irreal de reencontrarme con un fantasma de mi pasado. Persiguiendo no más que sombras. Pero a diferencia del silencio que sentía que merecía, mi amigo me demostraba una vez más lo equivocado que estaba.
- Bueno, tal vez piensas que no tienes de otra más que quedarte. Pero a mí me alegra que te quedes aquí porque, bueno, si te vas... le harías bastante falta a muchas personas, a los Cazadores, a los colegas de tu padre, a los Líderes y... a mí. -Iker rehuye de hablar demasiado de sus sentimientos, pero su forma sensible de expresarse no me pasó por alto- ... Entiendo que sientas que este es el final del camino. Pero tal vez, sólo es el inicio de algo nuevo. ¿No crees?
Mi corazón se sintió pesado, y malagradecido. En un intento por protegerme a mí y a mi ego intenté alejar a la única persona que siempre ha estado ahí para mí, y me sentí un ciego, al darme cuenta que eso a Iker no le importaba en lo absoluto, y que aún con mi empeño en enfocarme en todo lo malo, siempre había algo que él podría usar para hacerme sentir menos miserable.
Finalmente me suelto del barandal, poniéndome en cuclillas lentamente, haciéndome igual de pequeño que mi inútil intento de hacerme la víctima del mundo. Observé a Iker a los ojos por un momento. Sus grandes ojos verdes parecían ver en mí cosas que yo nunca he logrado ver en todos mis años de vida, cosas que yo no creo merecer, siendo una de ellas su amistad incondicional.
- ... Lo siento, por ser yo la persona a quien llamas amigo. -Iker simplemente ladea su cabeza, observando con sutil preocupación- Soy un tonto... Debes estar cansado de lidiar conmigo. A veces no me doy cuenta de lo estúpido y cruel que puedo sonar, tanto que se me olvida que no soy el único que sufre por esto... Lo siento.
- Hey, no digas eso. -Iker me da un pequeño empujón en mis piernas, lo suficientemente insistente como para desviar mi atención, pero igual de delicado como para no tumbarme al suelo- Somos mejores amigos ¿No? Y si necesito recordarte mil veces que las cosas pueden mejorar... mil y una vez lo haré.
No puedo tomarme en serio a Iker cada vez que se sincera conmigo, era como ver a un híbrido completamente diferente a aquél que se la pasa hostigando con malos chistes y quejándose de todo, tanto que llego a preguntarme si ese lado gentil y sensible era su verdadera cara, debajo de esa fachada engreída y despreocupada.
- Bueno... ya que insistes tanto, me quedaré. Si es que no te molesta seguir teniendo un compañero de cuarto, claro.
- Tonterías, ¡Claro que no me molesta! ... De todas formas, necesito a alguien que limpie el departamento de vez en cuando... -Iker murmura antes de entrar de nuevo al departamento, insinuando que yo le ayudaría a arreglar el desastre de la habitación-
- ¡Escuché eso! -Y así de fácil, él había logrado devolverme una sonrisa. Su especialidad.
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La promesa de un nuevo día se hace realidad, manifestándose como una mañana de neblina blanca y densa, carente de corriente de aire alguna, y con una frialdad húmeda capaz de dar escalofríos a cualquiera que salga poco abrigado de su casa.
Iker tenía el sueño pesado, y eso era un alivio. No fuí capaz de dormir demasiado anoche, y ahora sentía una inexplicable necesidad de salir a caminar, y despejar mi mente a solas. Al menos Iker no tendría que interrumpir su sueño.
Salí por la boca de la mina para recibir los primeros rayos de sol, difuminados místicamente entre las millones de gotículas de agua que conformaban la neblina mañanera. La luz es tenue, y no lo suficientemente concentrada como para otorgar algo de calor. Metiendo ambas manos al bolsillo central de mi sudadera, encogí los hombros para mantener mi calor corporal mientras caminaba por el camino de tierra que me llevaría al centro de la ciudad.
La bruma se hace cada vez más delgada conforme voy acercándome al Estrado de Piedra, pues el terreno carente de árboles daba oportunidad al viento de desplazar la neblina, dando paso a pequeños y débiles rayos de sol que se colaban entre las nubes, haciendo un pequeño espectáculo para todo aquél que estuviera ahí para verlo, pero tal parecía que yo era el único espectador de aquella maravilla natural.
Algo llamó mi atención conforme me acerqué más al Estrado de Piedra. La parte superior de los pilares parecía moverse o deformarse desde mi lejana perspectiva, pero mientras más me acercaba me di cuenta que aquello no era más que una ilusión óptica, pues el orígen de tan extraño movimiento, eran dos enormes listones grises, atados a forma de banderas en la cima de dos de los pilares; El pilar de los Cazadores, y el pilar central que representaba a los Líderes. Ambos listones ondean en el gentil viento con lentitud, casi como si no tuvieran peso alguno, exigiendo a todo observador a dedicar un momento a apreciar su silenciosa belleza. Entonces, supe de inmediato lo que aquellos listones significaban.
Uno por Ciro.
Otro por Kassia.
Los dos listones grises danzan en armonía uno junto al otro, acariciándose entre sí cuando los vientos cambian, abrigando sus pilares con un apretado abrazo. Había tristeza y respeto en los nudos que los mantienen atados al gran monumento, mismo que esta mañana se encontraba menos vacío que de costumbre, pues al pie de aquellos pilares se encontraban numerosas ofrendas de velas, algunas apagadas y otras aún encendidas, figurillas de madera, delicadas artesanías, mantas, conservas de comida, muñecos de peluche, y un regimiento de flores que adornaban el frío monumento de piedra. Y entre todos aquellos elementos, ninguno destacaba más, que la persona solitaria que se encontraba sentada cerca de las ofrendas, abrigada con una pesada cobija que únicamente dejaba ver un poco de su cabellera rosa, misma que le cubría la mitad de la cara.
Mi corazón se estremeció ante semejante visión frente a mí, pues nada me habría preparado para la angustia que ahora sentía. Era inevitable sentir el cariño y el dolor depositado en aquellas ofrendas, y mi conciencia se volvió intranquila cuando reconocí a la persona que velaba las ofrendas.
Sin estar muy seguro de lo que hacía, conseguí el valor para subir al podio, incapaz de pensar en algo qué decirle, cuestionando siquiera el por qué estaba haciendo esto en un primer lugar, pero me sentía obligado a no mantener el silencio, no tratándose de una situación así.
Caminé cuidadosamente para no alertarla con el ruido de mis pisadas, pero al parecer mi sigilo logró sacarla de su estado de reposo y volteó su cabeza rápidamente para ver qué se acercaba por su espalda. Yo no podía verle el rostro, pues lo tenía tapado con su propio cabello, pero ella sí pareció verme a mí, a lo que simplemente regresó la vista hacia enfrente, dándome la espalda de nuevo sin otra reacción además de un contemplativo silencio. Un más que inusual, y doloroso silencio para alguien como ella.
- ... Marione.
Ella no respondió, ni movió un solo músculo al escuchar su propio nombre. Estaba claro que aún había sentimientos encontrados entre los dos, pues la última vez que nos vimos las caras no salió nada bien, y aquello solo empeoraba la situación actual.
Marione debía estar devastada ante la noticia de lo que sucedió con Ciro, y no me permitiría acercarme a ella mucho más de lo que ya me encontraba. Sabía que ella era vulnerable ahora mismo, y que debía andar con cuidado, pero mi conciencia no me dejaría ignorarla, incluso sabiendo que ella podía ser impredecible, y fácilmente podría hacerme daño. Valía la pena al menos intentar expresar un poco de empatía, incluso si ella no quisiera recibirla de mí.
- ... Sé que tal vez no quieras saber nada de mí, y mucho menos escucharme. Pero... Sólo quería decirte, que lamento mucho lo que le sucedió a Ciro... Puede que sólo lo haya conocido por un breve periodo de tiempo, pero fué suficiente para saber que era una magnífica persona, y un gran mentor... Me hizo sentir bienvenido como nadie más lo había hecho, y me enseñó muchas cosas que jamás olvidaré... Lamento mucho tu perdida.
- Él no está muerto.
La repentina respuesta cortó tajantemente mi sensible comentario, como si Marione se hubiera ofendido ante mis condolencias. Tal vez lo decía en negación, o tal vez lo decía porque realmente lo creía. Pero fuera cualquiera la razón por la que ella se ha tomado a pecho mi comentario, yo no me pondría a discutir con alguien que apenas ha podido procesar una pérdida. Al menos ahora tenía la certeza de que no seguiría hablando con una pared, y eso me tranquilizaba en una extraña manera.
- ¿Cómo dices?
- Dije que él no está muerto... ¿Qué acaso no ves? Si estuviera muerto, el listón sería negro, no gris... El gris es el color de los desaparecidos. -
Marione se ha silenciado de nuevo después de corregir mi aparente ignorancia, abrazándose a sí misma, apartando la cara al contrario del origen de mi voz. Al levantar la vista y apreciar en silencio los listones grises, no pude evitar cuestionar la fe ciega que Marione ha depositado en algo tan banal como el color de un pedazo de tela, para determinar con toda confianza que Ciro seguía con vida. Pero aquello era de esperarse, ella no vió con sus propios ojos la forma en la que todo pasó. Si ella hubiera estado ahí para verlo, seguramente no tendría la misma esperanza.
- ... Realmente espero que así sea. -No me queda de otra más que apoyar su creencia, por más que yo la creía imposible, pues no le hacía ningún favor cuestionando aquello que la mantiene a flote. En lugar de eso, hago el mínimo intento por mostrar interés en su bienestar, sentándome en el suelo manteniendo una respetable distancia entre ella y yo-
A un lado de Marione se encontraba un pequeño grupo de ofrendas, que a diferencia de las que estaban al pie de los pilares, estas estaban destinadas exclusivamente para ella. Pequeños obsequios en forma de comida y otros objetos que podrían ofrecerle algo de confort, todos de parte de personas que, en su apreciación y respeto hacia Ciro, mostraban el mismo cariño y cuidado hacia su no tan estimada hija humana. Todos los regalos estaban intactos, y Marione no mostraba interés en perturbar el órden de aquellos objetos, como si estos no fueran suyos, y fueran parte de la ofrenda a los desaparecidos.
Mi insistencia de quedarme en el Podio junto con ella me hizo ganarme al fin el derecho a ser visto a los ojos, pero su mirada estaba lejos de ser de apreciación, siendo realmente una mirada tensa y dolida, como la de una criatura herida, mostrando agresividad para alejar un potencial peligro.
- ¿No tienes nada mejor que hacer? ... Si estás aquí sólo porque sientes que le debes algo a Ciro, como todos los demás, puedes irte de una vez. No necesito tu simpatía.
- Estoy aquí porque quiero asegurarme de que estás bien, nada más.
- Por favor, no me hagas reír. Hace dos semanas nos odiábamos a muerte, y ahora de la nada te preocupa cómo me siento. Sólo estás aquí para hacerte sentir mejor a tí mismo... En serio, ¿Qué estás haciendo aquí?
- Yo... -El cuestionamiento me toma desprevenido. ¿Realmente había pensado que unas cuantas palabras de apoyo y la mínima muestra de interés serían suficientes para que ella aceptara mi empatía? ¿En serio estaba tan disociado de la realidad que creí que las cosas entre los dos podrían cambiar? ¿Que mi buena voluntad sería más que suficiente para solucionar nuestros problemas? Una vez más, Marione me planta los pies en la realidad, y me vuelve consciente de lo ridículo que puedo llegar a ser con tal de sacar cualquier pizca de satisfacción, al creerme que podía hacer algo bueno. Ella ni siquiera es mi amiga. En realidad no tenía motivo alguno para intentar ayudarla, más allá de su relación con Ciro. Realmente no había razón lógica para haberme acercado, y aún así ahí estaba, como un idiota, sentado al lado de una persona que detesta mi mera presencia- ... No lo sé... Creo que únicamente me sentía solo... Nada más.
Marione parece decepcionarse un poco de que simplemente yo le hubiera dado la razón, en vez de empezar un argumento sin fin que terminaría con ella ganando de todas formas. Yo ya no tenía fuerzas para pelear con nadie. Y ella pareció percibirlo de inmediato.
- ... Eso creí. -En vez de usar mis palabras como arma arrojadiza, Marione prefiere cortar el tema por las buenas, tolerando así mi presencia al fin. Irónicamente, aquello le dió la tranquilidad necesaria para iniciar una conversación real- Al menos tú eres honesto. No como los que me dieron estas cosas. Ellos sólo me tratan bien porque Ciro me adoptó como su hija, no porque ellos realmente me quieran... Son unos hipócritas.
- Sé cómo te sientes.
- No, no lo sabes... -El resentimiento vuelve a ser invocado en su gesto y en sus palabras. Podía ver en ella un profundo dolor y confusión que no eran ajenos a mí, en lo más mínimo. Y sólo pude observarla pelear contra sus sentimientos encontrados, incapaz de ofrecerle una pizca de ayuda, ante la batalla que libraba en su cabeza- ... Es como si la gente olvidara que eres una persona, y no una simple sombra de tu padre... Como si ni siquiera tuvieras nombre. Y cuando alguien te trata bien, no hay forma de saber si lo hizo realmente por tí, o simplemente por ser la extensión de tu... padre.
Marione se silencia por un instante, reflexionando las palabras que acababan de pasar por su cabeza y su boca, viéndome de nuevo en cuanto fué consciente de la realización que acababa de tener. Mientras yo recibía sus rabiosas palabras con empatía, y total comprensión.
- Tal vez yo soy la única persona que sí te entiende... Y tú sabes bien por qué.
Se quedó completamente quieta, observándome con una angustia que nunca había visto en ella. No lo admitiría con palabras, pero estaba claro que ella ha comprendido al fin lo que yo he sentido desde mi llegada a este lugar. Marione soba su nuca al bajar la mirada y encaja los dedos entre su flequillo, apretando el puño sobre su cuero cabelludo al no tener una mejor forma de expresar su frustración, peleando con su propio rostro para no mostrar vulnerabilidad. Una vez que pareció apaciguar por un momento el tormento de sus pensamientos, volteó su cuerpo hasta quedar sentada de frente a mí, acto que yo imité igualmente, al ver que ella ha accedido a bajar la guardia por un momento, y hablar con libertad. Pero en vez de iniciar una conversación, ella sólo se veía interesada en hacer exactamente las mismas preguntas que yo he tratado de evitar a toda costa.
- Necesito saber qué le sucedió realmente. A Ciro.
- ... ¿Nadie te ha dicho nada?
- Adara y Saemus no quieren decirme... Dicen que no quieren que me preocupe demasiado, y que temen por mi seguridad... Los Guerreros dicen lo mismo, incluso Evan se niega a decirme. Sólo quiero saber qué sucedió, para así al menos saber si debería tener esperanza o no... Parece que eres el único que me puede decir la verdad ahora.
Me siento indignado al saber que todos se han negado a contarle lo sucedido a Marione, y que esa labor haya recaído completamente en mí; la única persona en la que ella no confía, pero que ahora era el único que podía responder sus dudas. En mí recae ahora la decisión de decirle la verdad, pero no me sentía listo para responsabilizarme por el dolor que aquello pudiera causarle. La angustia de saber que no hay muchas esperanzas para mi padre, era un tipo de sufrimiento que no le deseaba a nadie más.
- La verdad puede herirte... No quiero que tú también vivas eso.
- Dime, ¿Si alguien tuviera información de tu padre, fuese buena o mala, no harías hasta lo imposible para saberlo?
La verdad duele. Pero la duda, mata, lentamente.
Marione es sólo dos años menor que yo, y en ella he podido verme a mí mismo. Pude sentir de nuevo esa inquieta llama de esperanza, capaz de superarlo todo con tal de saber la verdad, sin importar lo que esta trajera consigo. Entiendo muy bien la frustración que debe sentir ahora mismo, pues yo estuve en su lugar no hace mucho. Lo que más deseaba mi yo del pasado, era simplemente saber la verdad. Y por respeto a ella, y a mí mismo, decidí contárselo todo. Ella más que nadie merecía saber la verdad.
Marione escuchó con quietud y paciencia, dándome el tiempo necesario para poner en órden mis palabras, y mis sentimientos encontrados. Su rostro se impregnaba de preocupación conforme transcurría la anécdota, y se horrorizó cuando llegó el momento de contar lo sucedido durante nuestra huída, cuando Ciro hizo colapsar el puente. Pero ella fué valiente y escuchó el resto de la historia, hasta toparse de nuevo con la tragedia, esta vez de Kassia, y terminando con el insatisfactorio final de nuestra llegada al búnker, con dos integrantes menos en el escuadrón, y un pasajero no deseado.
Hubo un largo silencio después del traumático relato. Marione no dejó salir ni una lágrima, ni cualquier otro gesto o sonido que delatara aflicción, y no estaba seguro si se trataba de ella simplemente reprimiendo sus sentimientos, o porque sencillamente era incapaz de procesar la seriedad del asunto por ahora. De lo que sí estaba seguro por ahora, era que había muchas cosas en su cabeza por el momento, y que lo mejor sería darle la oportunidad de procesarlo, a solas. No pude evitar disculparme de nuevo, y expresar mi pésame sincero, aunque en esta ocasión, ella fué un tanto más gentil al responder.
- ... Mientras no encuentren su cadáver... él seguirá vivo para mí. -Ella reafirma su fe en que Ciro hubiese sido capaz de sobrevivir semejante tragedia, aunque ahora, era una esperanza bien informada, y cautelosa- Gracias por contarme la verdad... Tal parece que eres el único en quien puedo confiar ahora, y eso de por sí es triste
No me tomaría a pecho su comentario, en vez de ello, sonrío con respeto hacia ella, cosa que pareció confundirla por un momento.
- Eso no es verdad y tú lo sabes. Tienes a los Cazadores, y a los Guerreros. Si ellos no quisieron contarte la verdad, no es porque no puedas confiar en ellos... Es que simplemente te aprecian, y no querían que sufrieras más.
- ¿Entonces por qué tú sí me dijiste la verdad?
- ... Porque era lo correcto.
Marione reflexiona profundamente sobre todo aquello que acababa de escuchar, sin ninguna otra pregunta que hacer, teniendo respuestas más que de sobra sobre las cuales armar de nuevo su panorama. Interpreté su silencio como una invitación para continuar mi camino y permitirle estar a solas, pues por más que yo pensara que lo mejor sería hacerle compañía por el resto del día, la verdad era que mi presencia seguía siendo igual de poco bienvenida que antes.
Me levanto con cuidado, recuperándome del entumecimiento propio de sentarme sobre la piedra del Podio. Pero antes de continuar mi camino hacia el centro de la ciudad, una última inquietud me impide abandonar el lugar. Habían aún asuntos pendientes que arreglar, y tal vez, esta sería la única oportunidad que tendría para poner en paz mi mente, y cerrar de una vez aquello que en algún momento me causó tanto conflicto, pero que dadas las circunstancias, ahora parecía insignificante.
- Quiero disculparme contigo. -Marione pierde por un momento la concentración de sus pensamientos, y me observa como si nunca hubiese escuchado esas palabras antes en toda su vida- ... Perdón por haberte delatado erróneamente la otra vez. Por mi culpa te encerraron en el elevador de la torre H, y seguramente eso causó problemas entre tú y Ciro. Después de eso, supe que eras inocente. Creo que te juzgué mal todo este tiempo... Discúlpame.
Ella se paraliza por un instante, incapaz de responder a lo que le acababa de decir. Parecía que no era para nada común que alguien le pidiera disculpas, y aquello sólo la tomó por sorpresa. Se agarra el cabello, cepillándose con sus dedos para consolarse y disminuir la ansiedad que debía estar sintiendo ahora mismo. Incapaz de verme a los ojos, aunque con un claro cambio en su tono de voz.
- ... Perdón por llamarte bastardo... e inútil... y que no merecías ser tratado bien por ser el hijo de Marcus. Ahora entiendo todo. -La inesperada disculpa de Marione era tanto increíble, como bienvenida. Sentía cómo un peso se liberaba de mi pecho, y eso me hizo sonreír por un momento, pues era un analgésico para mi crónico dolor. Después de disculparse, Marione toma el valor de verme a los ojos, observándome con una sensibilidad de la que nunca la creí capaz- ... Lamento mucho que no pudieran rescatar a Marcus... Sólo puedo imaginarme lo que debiste sentir en ese momento.
Mi corazón se aceleró dolorosamente, pero un suspiro igual de pesado lo sofocó. La mera mención de mi padre fué suficiente para alterar mi tranquilidad, pero poco a poco he aprendido a controlarlo, por mi propio bien.
- Estoy bien... Después de lo que pasó allá afuera, acepté el hecho de que no lo volveré a ver. Sería ilógico pensar que él sigue con vida, después de tanto tiempo. Pero al menos, ahora estoy en paz.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes perder la esperanza tan fácilmente? -Marione se levanta igualmente, haciéndome frente al cuestionarme-
- Sé que para tí, puedo sonar como un pesimista... Pero después de trece años de esperar un milagro, al fin me he cansado... Necesito continuar con mi vida. -Tomo la atrevida decisión de apoyar mi mano en su hombro, lo cuál es recibido con unos ojos atentos, llenos de duda y sentimientos encontrados, pero sobre todo, angustia- Pero al menos me tranquiliza el saber que tú no la has perdido. Con eso es más que suficiente para mí.
Marione se permite estar unos instantes más frente a mí, ahora sin la necesidad de estar a la defensiva. Pero eso no le impedía hacer saber su opinión de forma contundente.
- Los desaparecidos siguen siendo desaparecidos. Y hasta que no encuentren el cuerpo de mi padre, o del tuyo, nuestro trabajo es buscarlos... y NUNCA perder la esperanza. Te guste, o no.
Ojalá tuviera su confianza y coraje para desafiar la realidad frente a mí. Pero la verdad era, que no queda mucho de aquél Tyler que juraba que volvería a ver a su padre. Pero lo que sí podía hacer, era ayudar a aquellos que aún no la han perdido.
Algo dentro de Marione cambió, algo lo suficientemente fuerte como para convencerla al fin de que aquellas ofrendas eran para ella, y empezar a empacar todo en la manta con la que se ha protegido del húmedo frío de la mañana. Todo indicaba que su hora de regresar a casa había llegado.
- ¿No prefieres... quedarte con nosotros por hoy? -Mi invitación detiene a Marione en el acto, observándome fijamente con incredulidad y curiosidad- Iker y yo pasaremos el día entero en casa, y no creo que a él le importe que nos acompañes... No me gustaría que te quedaras sola.
Marione sigue empacando sus cosas, revelando una sutil aunque triste sonrisa.
- No te preocupes por mí, me las arreglo mejor estando sola... Además, ni siquiera somos amigos. Uno no invita a un extraño a su casa sólo porque sí.
- Bueno, entonces... Dejemos de ser extraños. -Le tiendo la mano a Marione, gesto que ella recibe con escepticismo, y un poco de pena ajena, pero aceptó estrechar mi mano sólo para que dejara de hacer el ridículo- Me llamo Tyler, es un gusto conocerte.
Marione deja salir una risa nasal, rodando los ojos y suspirando con pena hacia lo que acababa de escuchar. Echa para atrás la cabeza, protestando en silencio ante la idea de hacer algo tan ridículo como lo que estaba a punto de hacer. Retoma la neutralidad por unos instantes, sólo para burlarse de mi improvisada técnica para hacer las paces entre ambos de una vez por todas.
- Me llamo Marione... ¿Puedes soltar mi mano de una vez? Me estás avergonzando... -Marione se suelta del saludo como si este le fuese a transmitir sarna. Pero pude notar un sutil sonrojo en su rostro, el mismo que intentaba ocultar con su cabello, tapándole la mitad de la cara- Esto no significa que seamos amigos, ¿De acuerdo?
- No te preocupes, tendremos mucho tiempo para conocernos.
- Ugh, realmente espero que no sea así...
Su sarcasmo logra sacarnos una risa a ambos, y con una satisfacción agridulce, Marione parte en camino a la Aldea de los Cazadores sin decir un adiós, ni voltear atrás, cargando consigo los obsequios de las personas que se han tomado el tiempo de ver por su bienestar.
La mañana ha avanzado, y el sol al fin se abre paso entre la bruma. La presencia de humo en las cercanías era indicador inequívoco de que la ciudad ha despertado al fin, y que los ciudadanos se disponían a iniciar su rutina diaria. Pronto, el Estrado de Piedra volvería a poblarse por gente que querrá rendir sus respetos por sus amigos perdidos, y eso significaba que mis planes de una tranquila caminata solitaria por la ciudad se habían frustrado, pero al menos había servido de algo al haberme encontrado con Marione.
Sus palabras resuenan en mi cabeza, la forma en la que cuestionó mi abandono hacia toda esperanza de ver de vuelta a mi padre realmente me ha sacudido por dentro. He intentado convencerme que es para mejor, que sólo así lograré seguir con mi vida, y que podré centrarme en ser una persona útil para la sociedad. Pero Marione siempre logra hacerme cuestionar aquello que creía fielmente. Y eso me conflictúa.
Volteo hacia arriba en busca de consejo, o guía alguna, pero los listones grises se mantienen igual de silenciosos como cuando llegué.
- ... Me pregunto si, el día que desapareció, alguien puso un listón gris en su nombre.
Suspiro al imaginarme cómo debió ser el día en que mi padre no regresó a Cilt. El impacto que debió haber creado el que una persona tan querida como él, de repente, desapareciera. Un listón gris en el pilar de los Científicos debió haber sido erguido, flotando suave y certero en el viento durante los primeros días de su desaparición, volviéndose cada vez más pesado y dañado conforme las inclemencias del exterior le arrancaban pedazos, hasta no quedar más remedio que retirarlo, o dejar que se caiga por su cuenta. Y así como ese listón, la esperanza se fué perdiendo.
Pero dentro de mí, hay una espina en mi corazón que no me permitiría olvidar tan fácilmente. La incertidumbre vuelve a reinar en mi cansada consciencia, y una parte de mí, por más pequeña que fuera, se rehúsa a rendirse.
Delgados listones grises atados a la base de los pilares, todos ellos de diferentes tonos, atados por los mismos ciudadanos como parte de la ofrenda a Kassia y Ciro. Tomé uno de ellos, y sin pensarlo dos veces lo desaté, profanando la buena voluntad de la persona que ha regalado su listón a la causa. Lo llevo conmigo hasta encontrarme de frente al pilar de los Científicos, y después de rodear el pilar con listón en mano, lo amarro a la base de éste, haciendo un nudo apretado, al cuál le rogé mantenerse fuerte.
Tres listones grises se hacían compañía entre ellos.
Uno por Kassia.
Uno por Ciro.
Uno, por mi padre.
Tal vez. Sólo tal vez. Aún había esperanza.
Hybrid-Kira (2024)