Capítulo 21
"Banderas negras"
Capítulo 21
"Banderas negras"
Ilustración: Hybrid-Kira (2025)
Perfectos rayos dorados de sol se cuelan por las ventanas abiertas del Domo del Consejo, iluminando los rostros sombríos y severos del Consejo de Líderes. Este día interrogarán al impostor; aquél hombre que le costó su libertad a la General Kassia.
Hoy se definirá si su sacrificio ha valido la pena, o todo ha sido en vano.
El día de hoy el Domo resguarda a la mayoría de los sobrevivientes de la misión; Iker, Marione y yo fuimos requeridos como testigos, mientras que Adara y Saemus, portando sus nuevos uniformes y rangos, ofrecen su servicio para resguardar el órden durante el interrogatorio además de ofrecer su testimonio de primera mano.
La espera es larga, tanto que Iker ha optado por descansar su cuerpo en el suelo, permitiéndonos a mí y a Marione tomar asiento en su costado. Marione se ve agotada, sea por falta de sueño o por alguna aventura nocturna para olvidar sus penas, estaba lo suficientemente cansada como para no darse cuenta que ha dejado descansar su cabeza sobre mi hombro. Me he quedado quieto como un tronco con tal de no perturbar su descanso, incluso si eso significaba permitir que mi brazo se adormeciera por falta de circulación.
Desde mi posición comprometedora observo a Adara, quien se mantiene de pie al extremo opuesto del Domo; Posición firme como una estatua, con los brazos cruzados por debajo de su recién adquirida capa de piel, sus piernas en compás abierto y la cabeza baja, meditando con paciencia en una posición que le permitiera saltar a la acción en cualquier momento. Saemus se mantiene a su lado, volteando en dirección a la entrada del Domo para así cubrir el ángulo que Adara no podía resguardar, cuidándole la espalda a su amada Cazadora, quien descansa sus ojos por un momento.
Esperamos durante lo que pareció ser una eternidad, hasta que el pacífico sonido del exterior se empapó con los furibundos gritos e insultos de un hombre que, a juzgar por su tono de voz, no estaba nada contento.
Todos los asistentes tomamos nota de ello, y sin dirigirnos ni una palabra, sabíamos que la espera había terminado. Sacudo gentilmente el brazo de Marione, haciéndola despertar de un pequeño brinco que fué suficiente para despertar a Iker también. Ella simplemente suspiró, se secó la boca, alisó el mechón de cabello rosa que cae directamente sobre su rostro, y se puso de pié sin dirigirme ni una palabra.
-Es hora. - Observo con expectativa las puertas del Domo. Escuchando la estruendosa orquesta de un solo hombre que se acerca cada vez más.
Los corpulentos guardias híbridos abrieron las puertas, dejando pasar a un pequeño equipo de Médicos, humanos e híbridos, quienes suspiraron de alivio en cuanto pusieron un pie dentro del Domo del Consejo.
Atado a una silla de ruedas por sus muñecas, tobillos y torso, siendo transportado por un Médico híbrido mediante una carretilla especial, el protagonista de este juicio llega al fin. Era difícil para mí pensar que en algún momento lo confundí con mi padre, pues ahora que ha sido despojado de la suciedad, se le han tratado sus heridas, y se le ha recortado un poco el cabello y la barba, su verdadera apariencia me es suficiente para no disimular mi expresión de disgusto hacia él.
Tenía una cara regordeta pese a no ser un hombre de gran peso, aunque cabía la posibilidad de que simplemente fuera inflamación. Nariz torcida y abultada, piel blanca y maltratada, dentadura amarillenta con dientes faltantes, y un par de ojos azules que ahora se veían enrojecidos por su propia rabia. Lo único que lo hacía superficialmente parecido a mi padre, era su cabello pelirrojo, el cuál parecía ser más parecido a un tono rubio, sucio y cobrizo ahora que lo han obligado a darse un baño.
Considerando su apariencia física general podría deducir que el hombre estaba en sus sesenta y tantos años, pero su incesante energía furibunda me hacía pensar que tal vez era mucho más joven, y simplemente se había dejado destruir por las adicciones y malas costumbres. Sus ropas andrajosas han sido reemplazadas por unos pantalones blancos y una camiseta de mangas cortas, misma ropa que se les da a todos los pacientes por igual.
El hombre se quejó, escupió y se retorció en la silla de ruedas desde el momento que fue remolcado al área de juicio, intentando provocar alguna reacción violenta de parte de los Médicos que han sido lo suficientemente pacientes para atenderlo y transportarlo. Los Médicos, en cambio, ignoran aquellos gritos y se resignan a completar la tarea que se les ha asignado, dirigiéndose con respeto hacia los Líderes.
Después de entregar al paciente a su lugar de destino, uno de los Médicos se acerca a mí, cargando lo que parece ser una prenda blanca entre sus manos. Acorto la distancia entre nosotros para recibir la prenda sin saber específicamente lo que era, pero al recibirla en mis manos, una pena muy familiar se hizo presente de nuevo en mi pecho. Era una bata de laboratorio vieja y percudida que claramente ha visto mejores días, y que pese a su estado de maltrato, el nombre bordado en su solapa aún era legible;
“M. Hopper”
La bata de laboratorio perteneciente a mi padre, misma que los Médicos lavaron y remendaron con cariño y esmero después de despojar a su actual paciente de ella. Tomé la prenda entre mis manos, agarrándola con fuerza para controlar la tormenta que amenazaba con formarse dentro de mi cabeza, y antes de siquiera poder agradecer verbalmente a aquél sensible ser humano, este ya se ha despedido de mí con una palmada gentil en mi hombro, siguiendo el mismo camino que el resto de sus colegas; de vuelta al hospital.
Las puertas se cierran detrás de ellos, pero aquello no es suficiente para tranquilizar el ambiente, ni al recién llegado.
Este hombre parece ser enemigo natural del silencio, pues no ha dejado de quejarse desde que los Médicos se han ido. Los Líderes le permiten expresarse por unos minutos más con la esperanza de que su energía se agotara pronto, pero al darse cuenta de que esto no era cuestión de simplemente dejarlo que desahogue todos sus sentimientos, Edurne pareció perder un poco de su paciencia de Médico profesional.
-Señor… ¡Señor! Necesito que me escuche por un momento. No podremos hablar con usted si no se calma.
-Hablar, ¿conmigo? ¿Para qué quieren hablar conmigo? ¡Yo no tendría que estar aquí en primer lugar! ¡Ustedes me trajeron aquí! A todo esto, ¿Qué es este maldito lugar? ¿Por qué están esos dos animales allá arriba y por qué los tratan como si fueran personas? - El hombre grita, dirigiendo ahora sus palabras hacia el alto estrado- ¡Eh, tú! Sí, tú. Te estoy hablando a tí, híbrido asqueroso, al menos muestra la cara si te sientes en poder de estar allá arriba, glorificada pieza de máquina viviente, eso es lo único que eres, ¡Un animal!
Darius ha mantenido su presencia en las sombras desde antes de que el interrogatorio empezara, y nadie ha tenido el valor para cuestionar su voto de silencio, ni su actitud retraída, la cuál sólo parece empeorar con el paso de los días. Zenda hace un visible intento por reprimir su impulso de saltar del estrado y aterrizar directamente en el cuello del impertinente hombre, limitándose a apretar los labios y endurecer su gesto. Por su parte, los ojos marrones de Darius miran detenidamente al hombre desde las sombras, en silencio, y sin mostrar la mínima reacción hacia lo que escuchaba. Avanza hacia adelante hasta encontrarse al mismo nivel que el resto de los Líderes, con el sol brillando sobre su pálido rostro que revelaba profundas ojeras y ojos irritados, ganándose una sutil mirada de preocupación de todos los presentes. Pero él sólo se mantuvo en un silencio reflexivo, escuchando al desesperado hombre quejarse.
Puede que Darius no tuviera fuerzas para defender su honor, pero Edurne no dejaría pasar una falta de respeto hacia sus colegas híbridos.
-Suficiente. Ha sido traído aquí para responder preguntas, nada más. ¿Es capaz de hacer eso? ¿O prefiere dormir otro par de días seguidos en su habitación? - Edurne levanta la voz, haciendo vibrar los cristales del Domo. El hombre simplemente ríe con sarcasmo ante la evidente frustración de la Líder humana-
-Por supuesto que sí preciosa, todo lo que quieras, contestaré. -
Él no era tonto, sabía que su seguridad dependía completamente de un montón de extraños, aunque eso no le impediría provocar a cuanta gente pudiera, más aún si estos eran híbridos. A pesar de ello, la amenaza de ser drogado en contra de su voluntad ha sido efectiva al momento de entablar una conversación más civilizada.
-Empiece por identificarse. Quién es. De dónde viene. A qué se dedica.
Las palabras de Edurne son certeras, casi acusatorias. Pero al invitado no parecía importarle lo más mínimo. En su lugar, se dedicó a responder con un tono casual, como si estuviera charlando con un grupo de viejos colegas.
-Mi nombre es Ronald… Mis amigos me llaman Ronnie. Realmente no importa de donde vengo. Vine a buscarme la vida en la grán Metrópoli Europea, aunque como verán, eso no salió como lo planeé. Vivo en un campamento al norte de la capital. Y en cuanto a mi profesión… - Sonríe para sí mismo, mirando de forma repulsiva a todos los híbridos presentes- No soy más que un honesto comerciante.
-Miente. -Iker interrumpe el testimonio abruptamente, ganándose una mirada severa de Edurne por haber interferido sin permiso, aunque lo dejó continuar. -El tatuaje en su cuello. Es un símbolo utilizado entre los criminales de su tipo para identificarse. Es un cazador furtivo.
El tatuaje era casi imperceptible. Parcialmente desvanecido y oculto entre los pliegues de su cuello, la forma de lo que parece ser un gran colmillo roto es apenas distinguible.
-¿Es eso cierto, Ronald? Le advierto que las mentiras no lo llevarán muy lejos aquí.
La pregunta llama la atención de Adara, quien adopta una posición tensa, tomando nota de cada uno de sus gestos y movimientos, lo cuál le pareció cómico a Ronald, quien parecía no tener otra opción además de obedecer.
-Si la verdad es lo que quieres, entonces confesaré… -Ronald ajustó su postura, pretendiendo ponerse cómodo en la silla de ruedas a la que estaba atado. Desafiando a Edurne con la mirada- … Soy cazador de híbridos, sí. Yo mato, descuartizo, y exporto las mejores partes alrededor del mundo. Pieles, huesos, dientes, todo lo que esos idiotas de la capital ordenen, yo lo consigo-
Iker se había mantenido controlado, pero no más. Gruñó con fuerza sin enseñar siquiera los dientes, no era necesario que lo hiciera para demostrar que odiaba las entrañas del hombre frente a él.
-…Je, la ironía… Ahora soy yo quien está atado e indefenso. A merced de esas bestias de nuevo…
Antes de que los Líderes pudieran pasar a la siguiente pregunta, Marione pareció tener suficiente información del sujeto como para sentirse abrumada. Se abrazó a sí misma fuertemente, y sin decir ni una sola palabra se apresuró a salir del domo con urgencia. Mis intentos por detenerla fueron en vano. Lo mejor sería dejarla ir, si es que no se sentía lista para escuchar nada más.
-Mientras esté aquí su vida no corre peligro Ronald. En su situación particular, nosotros somos el menor de sus males.- Edurne le reitera-
-¿En serio? Pues yo no estaría tan seguro, no teniéndolo a ÉL en el trono…
Hace contacto visual directo con Darius, quien no se mueve ni un centímetro de su asiento.
-Tú eres al que muchos llaman “El rey de los híbridos”, ¿no?. Novak en persona ofreció una jugosa recompensa por la cabeza de un LaFerrari rojo de ojos cafés, un grandioso ejemplar que responde al nombre de “Darius”. Al inicio pensamos que tal híbrido no existía, que debía ser un mito… pero aquí estás, escondido en tu pequeña caja de cristal.
Como un dragón conteniendo su fuego interno, Darius exhala todo el aire de sus pulmones en medio de un gruñido de baja frecuencia. Y una vez que ha logrado desfogar un poco de tensión, se resigna a contestar con la menor cantidad de palabras necesarias;
-Yo no soy ningún rey. -
Su voz ronca y quebrantada no hizo ni el mínimo esfuerzo por defenderse a sí mismo. Simplemente recalcó lo irrelevante que era su puesto en el poder, pues eso no mantuvo a salvo a sus seres queridos.
-¿Puede recordar las circunstancias en las que usted fué aprisionado por los Vortex?- Edurne se apresuró a regresar la atención de Ronald al interrogatorio, pero sólo se ganó una mueca burlona-
-¿Y por qué debería darte esa información, preciosa? -Ronald responde sin una sola pizca de seriedad en su tono. Con la misma voz con la que un ebrio intenta coquetear con una jovencita.-
Edurne entonces se levantó de su asiento, apoyando las manos sobre su elegante escritorio de cristal, encorvándose en dirección a Ronald como una serpiente a punto de atacar. Nunca había visto a Edurne tan tensa, y aún así, se las arregló para mantener su nivel de voz y emociones bajo control.
-Porque si no lo haces, cuando llegue el momento en que dejes nuestro pueblo podríamos liberarte en una zona en la que esos mismos Vortex estarán esperando por tí. Y dudo mucho que ellos vayan a ser tan hospitalarios como nosotros.
Por primera vez durante el corto pero insufrible interrogatorio, Ronald parece entender la seriedad del asunto, pues ahora que su vida corría riesgo no le han quedado muchas ganas de seguir con rodeos. Su desagradable sonrisa se esfuma para dar paso a una mirada de miseria y enojo. Como si estuviera reviviendo horrores indescriptibles justo frente a sus ojos.
-… Esos monstruos. Se hacen llamar civilizados, pero no dudan en canibalizarse el uno al otro en cuanto la comida escasea… -
Ronald traga saliva, como intentando prevenir el inminente vómito a causa de un recuerdo específico
- … Nos atacaron mientras viajábamos… No hubo tiempo de siquiera comprender lo que estaba sucediendo. Nos rodearon, destruyeron nuestras armas, y nos quitaron todas nuestras cosas, aunque no intentaron matar a nadie en ese momento. “Somos afortunados” pensé, “Sólo tomarán nuestras cosas y nos dejarán ir”... Oh, pero que estúpido fuí al pensar que estaríamos bien… Nos llevaron a su asentamiento. Eran cientos de ellos. Nunca había visto tantos híbridos en un sólo lugar. Nos encerraron en una trinchera húmeda durante semanas, obligándonos a dormir sobre nuestro propio desperdicio, muriéndonos de frío cada vez que la lluvia inundaba ese condenado agujero en la tierra… Y en cuanto los cazadores regresaban sin presas para alimentar a la manada… Sacaban a uno de nosotros de la trinchera…. Y se lo comían vivo… Nosotros no éramos más que sus raciones de emergencia.
Ronald intenta doblegarse sobre sí mismo, pero sus ataduras lo mantienen firme en la silla de ruedas, únicamente siendo capaz de dejar caer su cabeza, tapando su rostro con su enmarañado cabello, recobrando el aliento que la memoria le ha arrebatado. Y por más perturbador que su testimonio haya sido, los Líderes no suavizan el cuestionamiento.
-¿Habían otros humanos además de usted y sus colegas?
-Sí… Un grupo de jovencitos con armaduras extrañas como la de ella.- Ronald apunta en dirección de Adara con un movimiento de cabeza- Los sacaron a todos ellos de la trinchera un día. Pensé que se los habían comido, pero creo que sólo los reubicaron. No los volví a ver después de eso.
Los Líderes no escondieron el hecho de que esa información era crítica, pues había una gran posibilidad de que aquél grupo de jóvenes se tratara del escuadrón perdido de Cazadores; el escuadrón de Iris, el mismo que ella tuvo que abandonar con tal de entregar el mensaje de Neyzan a los Líderes. Pero por más esperanzadora que fuera la información, aún había alguien más por quien los Líderes se veían interesados en saber más.
-Además de ellos, ¿Vió a otro humano en el asentamiento Vortex?
Ronald frunce la expresión en su rostro, su intento por recordar parecía causarle jaqueca. No le era sencillo recuperar las imágenes en su mente, pero al menos estaba cooperando, y eso era lo único que importaba.
-Sí… Había un extraño hombre…
-Continúe.
-… Él no se veía como los demás, vivía fuera de la trinchera. Si él era un prisionero o no nunca lo supe, pero parecía alguien importante para ellos. Nos daba sobras de comida, y en varias ocasiones se metió en problemas al intentar ayudarnos… Es extraño ahora que lo recuerdo. Él parecía ser el único que estaba ahí por voluntad propia. De hecho… Ese muchacho de ahí se parece mucho a él.
Ronald apunta hacia mí sacudiendo su cabeza, pero eso no había sido necesario para mí. Yo estaba seguro de que ese hombre del que hablaba era mi padre.
-¿Tuvo alguna interacción con él?
-Sí… eso creo. No estoy seguro. Creo que me desmayé y él cuidó de mí. Después de eso… Desperté aquí.
El Consejo calla, esperando pacientemente por más información. Pero Ronald parecía satisfecho con lo poco que dijo. Pero yo no estaba para nada satisfecho con eso.
-… ¿Eso es todo? ¿Es lo único que recuerda de él?
-Tyler.- Edurne hace un esfuerzo por hacer sentido de lo que acababa de escuchar, llamando mi nombre como petición de que guardara silencio antes de dirigirse de nuevo a Ronald- ¿Logró identificar a alguien más en el asentamiento?
-Tyler… -Ronald masculló mi nombre como un pensamiento en voz alta. Sus ojos se asomaron entre su maltratado cabello, mandando un escalofrío por mi columna, y haciendo que Iker se tensara- … Él mencionó tu nombre.
-¿El… hombre del que hablaba?
-No, no él… Ese maldito demonio… Neyzan.
Se forma silencio en la conversación, uno que trajo consigo un mal recuerdo que me congeló en mi lugar, incapaz de huir de la verdad.
-Ronald, no se desvíe de la pregunta que le hice.- Edurne levanta la voz, sin recibir ni una pizca de atención del interrogado, el cuál mantiene su vista fija en mí-
-… Es a tí a quien busca. Sí, yo lo escuché.-
-Responda la pregunta que le hizo mi compañera, Ronald. No es una petición.- Darius interrumpe a Ronald con premura, su voz ronca reverberando en el interior del domo-
-¡¿Quieren que responda todas las preguntas, no?! Pues eso estoy haciendo. De entre todos ustedes él es el único que me sigue viendo como una persona, ¡No como ustedes! ¡Malditos! ¡Degenerados! ¡Déjenme ir!
Ronald explota en ira al escuchar a Darius dándole órdenes, retorciéndose por debajo de sus ataduras de forma violenta. Adara se apresurara a intervenir, sujetando el hombro de Ronald con un agarre firme para evitar que este se caiga al suelo con todo y silla de ruedas.
-Señor, tiene que calmarse por favor, no hay necesidad de hacer esto de nuevo.
Ronald se ha vuelto completamente histérico. Parecía que sería imposible volver a sacarle cualquier tipo de información en su estado actual. Adara mantiene el firme agarre en su hombro en un intento por tranquilizarlo y facilitarle el trabajo a sus superiores, pero eso parecía ser inútil. La Cazadora rueda los ojos discretamente y voltea a ver a Zenda, quien le hace un ademán con la cabeza para sacarlo de ahí. No había caso en intentar lidiar con él, a menos no en este momento.
-De acuerdo, lo llevaré de vuelta a su habitación. Por favor quédese quieto y… ¡Agh!- Adara exclamó de dolor-
Todo pasó demasiado rápido.
Ronald guardó silencio al fin, pero se le escuchaba… ¿Gruñir?
Adara jaló su brazo con fuerza, pero su mano estaba fuertemente enganchada entre los dientes de Ronald, él ha mordido la mano que le sostenía el hombro.
Adara le gritó que la soltara, pero no hubo ningún resultado. Todo lo contrario; Ronald apretó la mordida.
Ella lo golpeó en la mandíbula con un puñetazo izquierdo, haciéndolo abrir la boca de inmediato.
El puñetazo mandó al inmundo hombre hacia el suelo con todo y silla de ruedas, dejando un pequeño charco de sangre donde su golpeable cara aterrizó.
Saemus intentó abalanzarse hacia Ronald, dispuesto a dejarlo con menos órganos con los que llegó, pero Iker lo detiene antes de que sea demasiado tarde, interponiendo su cuerpo entré él y el cazador furtivo.
El Domo del Consejo se ha vuelto un caos. Gritos, empujones, acusaciones y heridos. De un momento a otro, lo que al principio parecía ser una reunión civilizada, resultó ser una bomba de tiempo que expuso las tensiones reprimidas de todos los presentes. Y el catalizador; Ronald, no ayudaba en nada al continuar con sus incesantes gritos e insultos, incluso después de que le han volteado la cara de un puñetazo más que merecido.
La herida en la mano de Adara sangra alarmantemente, pero ella mantiene la calma. En cuanto a Saemus le fué negada la posibilidad de desquitarse con Ronald, este se voltea hacia su amada para inspeccionar la escandalosa mordida junto conmigo.
Al no haber ni un simple botiquín a la mano para atender la herida, mi único acierto fué utilizar la recién lavada bata de mi padre como vendaje improvisado. Adara ignoró su dolor y se negó la ayuda, pero al ver que la tela blanca ya había empezado a absorber su sangre, no le quedó de otra más que resignarse, y dejar ser atendida por mí.
Entre todo el caos, Darius era el único que no ha mostrado ningún signo de reacción o disgusto, simplemente observando el desastre en silencio, en una parálisis emocional detrás de la cuál se protegió, como un escudo, y que poco a poco mostró señas de empezar a fracturarse.
Veo al Líder supremo cerrar sus ojos y bajar la cabeza, rindiéndose a una expresión de impotencia, como aquél que le cuestiona a su dios la razón de su miseria.
A cada suspiro suyo, más aumentaba su tensión. Inhala profundamente, y exhala con un audible bufido, tornando su expresión de desesperación, a una profunda ira contenida.
Un escalofrío recorrió mi columna al ser testigo de la evolución del hombre que sufría por su pérdida, hasta convertirse en regente que ha perdido la paciencia, y que ha dejado que las cosas se le salgan de control por demasiado tiempo. Esto ya no podía seguir así. Él ya no podía seguir así.
-¡SUFICIENTE! -
El suelo vibró a nuestros pies ante su voz autoritaria, poderosa como un trueno, atemorizante como el mismo. El rugido de Darius puso en alerta a los guardias del domo, quienes se asomaron discretamente hacia el interior. Ronald cesó su insufrible parloteo al fin, mas en su expresión no había miedo, sino simple admiración al comprobar que su teoría era cierta. Realmente estaba en presencia de aquél al que él mismo ha llamado “El rey de los híbridos”.
Darius bajó del estrado. Los presentes bajamos la mirada en sumisión, unos en temor y remordimiento, otros, en admiración y respeto, pero yo lo hice para no hacer este problema más grande, y simplemente dejarlo hacer su trabajo. Empezó una lenta caminata hacia el centro del Domo. Los ojos del Líder supremo estaban fijos en el forastero, quien no puede evitar hacerse pequeño al estar en presencia del enorme híbrido rojo, mirándolo de la misma forma en la que alguien mira a una cucaracha; con disgusto e insignificancia.
- … ¿Algo más que deseé compartir con los presentes, antes de regresar al hospital?
Ronald lo miró con arrogante superioridad, ignorando que era él quien estaba atado a una silla, completamente a merced de los híbridos que igual les daba si acababa como el almuerzo de un Vortex, pero aún así, tuvo la mínima sabiduría de escoger sus palabras, y no escupirle en la cara al Líder supremo. Miró a Darius a los ojos, mostrando una burlona y ensangrentada sonrisa hacia él.
-Tal vez pienses que eres muy civilizado… tú y tu horda de degenerados. Pero la verdad es que tú no eres diferente a él… A Neyzan. Ambos controlan y aterrorizan. Sé que quieres matarme y no lo haces. Tú no eres mejor que él por fingir ser el bueno.
Darius lo observó con sobriedad, pero un profundo odio arde en sus ojos. No hacia Ronald, sino hacia la situación en la que él lo había puesto.
-Mi esposa sacrificó su vida para salvarte. Considerate afortunado de que yo respete su decisión.- Darius resopla con fuerza directamente en la cara de Ronald, para después llamar a los gemelos guardianes quienes ya se encontraban listos para seguir las órdenes de su Líder Supremo- Escolten al señor Ronald de vuelta a su habitación provisional, y asegurense de que…
Darius se detiene a media oración, congelándose en su lugar sin terminar de dar la órden a sus fieles guardias, como si quisiera poner especial atención en el aparentemente perfecto silencio. El extraño comportamiento del Líder pone a todos en alerta, intentando agudizar los sentidos en busca de algo que no perteneciera a la normalidad. Y justo cuando sus guardias han intentado preguntarle a su Líder qué era lo que sucedía, entonces, todos lo escuchamos.
Al principio parecía ser una inusual ráfaga de viento en el exterior. ¿Posiblemente una tormenta aproximándose? Después evolucionó en un sonido mecanizado, un leve zumbido acompañando un agitado viento en las lejanías.
El inconfundible sonido de un helicóptero volando a baja altitud se aproxima rápidamente a territorio Cilt, y ninguno de nosotros estaba preparado para lo que eso significaba, ninguno, excepto Darius.
-… Lo que faltaba.- Darius exclamó con un gruñido en su voz-
Él parecía saber perfectamente qué era lo que sucedía, pero eso no lo tranquilizaba. En cuanto Darius procedió a salir del Domo del Consejo sin mayor reparo, todos decidieron hacer lo mismo, pues si algo era tan importante para él como para interrumpir de esa forma un interrogatorio, era importante para todos los presentes.
Edurne se levantó rápidamente de su asiento y rebuscó entre los bolsillos de su bata, sacando un sinfín de diferentes objetos hasta encontrar una gasa limpia. Inspeccionando la integridad de la gasa caminó en dirección a nosotros, y con un gentil gesto retiró mi mano de la herida de Adara, despegando la tela que se ha quedado adherida en su carne expuesta, y procediendo a hacerse cargo de la dolorosa mordedura que ha hecho a la cazadora contener sus lágrimas. Dándole un último vistazo, dejo a mi amiga en las manos cuidadosas de Edurne y la protección de Saemus.
La preocupación hacia Adara es reemplazada por una nueva casi de inmediato. Me encuentro con Iker fuera del Domo, donde Darius, Zenda y Leander observan el cielo con malas expectativas.
El helicóptero revolotea sobre Cilt, rodeando el territorio un par de veces, causando que cada humano e híbrido de la ciudad saliera de sus casas para voltear hacia arriba y ser testigos de un evento que, a juzgar por las caras de preocupación de muchos de ellos, no era nada usual ni bienvenido.
El sonido de las aspas del helicóptero es ensordecedor. Muchos híbridos rugen con fervor hacia el cielo, en un vano intento por asustar a la bestia voladora de metal. Otros buscaron refugio inmediatamente; pues el sonido les recordaba momentos traumáticos del exilio de la M.E. De soldados trayendo muerte desde las alturas.
-Eeks… ¿Qué sucede ahora?
Me pego al costado de mi amigo sin desviar la vista del cielo, mientras este mismo combate contra su instinto de huída. No era la primera vez que veía un helicóptero en mi vida, pero sí la primera en la que su presencia traía consigo un aura de incertidumbre, y peligro.
-Tenemos visitas… Y no creo que hayan venido hasta acá sólo para tomar el té.- Iker responde con frialdad, tomando él mismo una posición más erguida que le permitiera sentirse más seguro ante cualquier peligro.
El helicóptero dió una tercera vuelta, esta vez a menor velocidad, y pareció escoger el campo de entrenamiento frente a la aldea de los Cazadores como zona de aterrizaje, el cuál se encontraba al lado opuesto de la ciudad de donde nos encontrábamos.
-Adara -La Líder de los Cazadores salió del domo al escuchar que Darius la llamaba, estirando su mano para asentar sus nuevos vendajes, pero lista para seguir órdenes. Darius se percata de nuevo de su herida y parece cambiar de opinión- … Vaya al hospital para que le revisen esa mordedura lo antes posible. Puede tomarse el día.-
-Mi Líder...- Adara se interpone a la indicación de Darius, bajando su tono de voz al temer que se percibiera como un ataque a la autoridad- … Necesitará todo el apoyo disponible. Permítame ayudar.
Darius la observa con sutil preocupación. Vió de reojo a Edurne, quien se encoge de hombros deslindándose de la responsabilidad de la salud de Adara. Si ella quería ponerse en riesgo, era su decisión. Y Darius no estaba en posición de negarse la ayuda.
-En ese caso, usted y Saemus reúnan a todos los Cazadores y den órdenes de proteger la los ciudadanos. No dejen que nadie de los nuestros se acerque demasiado a ese helicóptero o sus pasajeros, y hagan lo necesario para mantener el órden. Confío en ustedes.-
-Sí señor.
Adara dió un golpe sobre su pecho con su mano sana, partiendo ella y Saemus casi de inmediato a congregar a todo Cazador que se encontrara dentro de los muros de la ciudad, sin preguntas ni excusas.
-Supongo que ahora tendremos que ir a recibir a nuestros invitados… -Darius habla en voz baja hacia sus colegas Líderes, pero como si hubiera recordado que aún no estaban sólos, volteó a vernos a Iker y a mí con cierto aire de frustración- Y en cuanto a ustedes dos…
Me encojo de hombros, incluso habiendo que no teníamos nada de qué preocuparnos, mientras que Iker mostró una sonrisa nerviosa, pegándose al suelo para parecer lo menos intimidante posible. Darius suspiró y cerró sus ojos con fuerza, podría jurar que rodó los ojos en el interior de su cráneo a causa del estrés por el que pasaba en ese momento. Si Darius tuviera manos, este sería el momento perfecto para sobarse el entrecejo
-Sólo… no se acerquen demasiado. Y no se metan en problemas.
El Líder supremo estaba claramente irritable, al borde de un colapso de estrés que es mitigado efectivamente gracias a sus numerosos años como regente, e irónicamente, sus colegas parecían mucho más aliviados ahora que Darius ha roto al fin su voto de silencio, incluso si esto ha sido causado por fuerzas mayores a él.
Vimos a los cuatro Líderes partir en dirección al campo de entrenamiento.
Iker y yo nos quedamos parados en nuestro lugar por un momento más, intentando procesar lo que estaba sucediendo. Hace unos cuantos minutos nuestra mayor preocupación era Ronald, quién ahora mismo es llevado a la fuerza de vuelta al hospital. Pero ahora, todas mis preocupaciones previas palidecen ante la incertidumbre de nuestros visitantes inesperados.
Un juguetón empujón en mis piernas me hacen perder el tren del pensamiento y mi balance por un segundo, y por simple memoria muscular, volteé a ver a Iker con una mirada casi acusatoria, a lo que mi compañero sólo me dirigía una mirada pícara y conspirativa. Y yo ya sabía perfectamente lo que eso significaba, incluso antes de que dijera palabra alguna.
-… ¿Quieres que nos acerquemos a la acción, y meternos en problemas por ello?
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Mientras los Líderes tomaron con apuro el camino de tierra que los conduciría directamente al campo de entrenamiento, Iker prefirió tomar un “atajo”.
Resignado a ser llevado como equipaje en el interior de Iker, me aferro a su cuerpo abrazando sus costillas con piernas y brazos, cuidándome especialmente de la punta de flecha clavada en su costado. Montar en el interior de un híbrido es aterrador, incómodo, y en el caso de Iker; peligroso, pues mi amigo no parece desaprovechar ni una oportunidad para demostrar lo rápido y ágil que es, incluso si eso significaba hacerme rebotar en su interior como un vil costal de papas.
El camino accidentado y lleno de obstáculos pareció convencerlo al fin de que, tal vez, cortar camino por enmedio del bosque no había sido una de sus ideas más brillantes, pero antes de que se pudiera arrepentir y resignarse a tomar el camino de tierra, Iker olfateó el aire y pareció reconocer la zona, y después de zambullirse de nuevo entre la maleza un par de veces más, al fin hemos llegado a nuestro objetivo; Frente a nosotros se encuentra una vista privilegiada del campo de entrenamiento; el amplio terreno que cubría múltiples hectáreas de pastizal sin un solo árbol, se ha convertido en el lugar idóneo para el aterrizaje del imponente helicóptero, el cuál aún desacelera sus largas hélices.
El público no se hizo esperar, pues antes de que siquiera los Líderes llegaran, una multitud de híbridos y humanos se han congregado en este preciso lugar, siendo efectivamente controlados por la buena organización que Adara y Saemus han ordenado a sus respectivos Cazadores, quienes han tomado su posición como control de público. Y mientras que el resto de ciudadanos se empujan entre ellos para poder ver a los visitantes, Iker y yo los observamos en primera fila.
-Eeks, no creo que deberíamos estar aquí. -Le reclamo a Iker en voz baja mientras peleo contra los espinosos arbustos entre los que nos ocultamos- Estamos demasiado cerca del helicóptero… Creo que será mejor si simplemente nos mezclamos entre la multitud y ya.
-Shhh, tú tranquilo, no nos va a pasar nada. No nos pueden ver desde aquí.
-¡Darius nos dijo que no nos metiéramos en problemas! ¡Ah! -La agresiva naturaleza a mi alrededor logra arañarme la cara y los brazos, obligándome a regresar a la seguridad del interior de Iker, cuya piel gruesa y áspera no tiene de qué preocuparse- Y por si no lo habías pensado, espiar de cerca a un helicóptero militar de la M.E. fácilmente nos puede meter en uno.
-Sólo será un problema si nos descubren. -
Iker responde con sarcasmo ignorando cualquier advertencia mía. Tal vez realmente sabía lo que hacía… O tal vez es tanta su curiosidad que es incapaz de medir las consecuencias que ello pueda provocar. De cualquier forma, no era como si yo tuviera opción de ir a ningún otro lado, pero mis preocupaciones fueron prontamente reemplazadas por curiosidad en cuanto ví a los Líderes llegar, dando la cara por su pueblo.
Sé más de híbridos que de helicópteros, pero no necesitaba ser un experto para saber que aquél era una formidable máquina militar, pintada con camuflaje azul ultramarino, portando en sus costados el inconfundible escudo de la M.E; La blanca rosa de los vientos. Sus aspas al fin han cesado de girar y levantar polvo, y sus potentes motores se han silenciado al fin.
No era difícil pensar por qué muchos se encontraban nerviosos al ver a semejante bestia de metal, pues cualquier persona que haya pasado suficiente tiempo alrededor de híbridos, podría esperar que el enorme helicóptero empezara a moverse por su cuenta. Un pensamiento más que aterrador para cualquier ciudadano, sin importar su especie. Pero para la fortuna de todos, los helicópteros híbridos no son más que un mito, un cuento que las madres les cuentan a sus cachorros para que no vaguen lejos de casa.
La puerta del helicóptero se abre, y de esta emergen una docena de soldados; todos ellos portando armas de fuego de alto calibre, y cubiertos de pies a cabeza con armaduras color azul marino con detalles en color blanco, casi idénticas a las usadas por los Guerreros de Cilt. El mismo gobierno que erradicó a los híbridos de sus calles, fue el mismo que nos ha dado las sobras de su propio ejército. Como un silencioso recordatorio de que Cilt sigue dependiendo completamente de la voluntad de la M.E.
Los intimidantes soldados, indistinguibles uno del otro, resguardan el perímetro del helicóptero y cubren todos los ángulos, manteniéndose en sus posiciones sin dirigir ni una palabra o gesto a ninguno de los ciudadanos presentes, aferrándose a sus armas al ver frente a ellos a tantos híbridos congregados en un mismo lugar.
Mientras tanto, los Líderes esperan con paciencia al frente de la multitud. Darius habla discretamente con sus colegas humanos acerca de su siguiente movimiento, mientras que Zenda mantiene registro mental de cada pequeño gesto y movimiento que realizan los soldados metropolitanos.
Hay un pequeño intercambio de argumentos entre Darius y Leander, quien no se veía del todo contento con lo que el La Ferrari le pedía hacer, a lo que Edurne tomó la decisión de tomarlo del brazo y hacerlo caminar junto a ella de la forma más elegante en la que se puede obligar a alguien a caminar en contra de su voluntad. Aunque el disgusto de Leander no le duró demasiado tiempo en la cara, pues sólo le tomó un profundo suspiro y unos cuantos pasos para regresar a su usual papel de Líder carismático y pacífico, mostrando caballerosidad hacia su colega que lo sigue tomando del brazo, aunque con un agarre mucho más suave y casual.
Edurne y Leader caminan con fingida tranquilidad en dirección al helicóptero, ganándose la atención de los soldados, aunque estos no le dieron la importancia necesaria como para considerarlos una amenaza. Una vez que se encontraban a pocos metros del vehículo, uno de los soldados extendió una mano en el aire frente a ellos, señalando que esta sería la distancia máxima a la que podían acercarse, y los Líderes humanos respetaron la indicación, esperando con paciencia a que el último pasajero del helicóptero descendiera; el único pasajero por el que, aparentemente, estábamos todos reunidos.
Un hombre alto, de porte elegante y cabellera rubia platinada, vistiendo un atractivo y formal traje azul rey, pisó tierra firme con sus zapatos negros que parecían resplandecer en el duro sol de la tarde. Asomé mi cabeza por entre los arbustos sin prestar atención a las espinas, no había forma alguna en la que pudiera explicarme lo que estaba presenciando. Pues justo frente a mis ojos, el presidente Novak, en persona, ha decidido hacer una visita sorpresa a nuestro humilde pueblo en medio de la nada… y los ciudadanos no parecían ni sorprendidos, ni contentos por esta visita, lo cuál confirmó mi sospecha de que esto ya había pasado antes.
Novak se tomó la libertad y el tiempo necesarios para acomodarse la corbata y los puños de su costoso traje de diseñador, sacudiendo la mínima partícula de suciedad que se haya adherido a su persona, todo mientras medio Cilt lo observa en silencio, expectantes de lo que sucedería ahora. Incluso los Guerreros y Cazadores se han tomado la molestia de desviar la vista de su labor de contención de público para ser testigos de lo que todos observaban.
Al ver que sus camaradas se habían distraído, Adara decide observar por su cuenta lo que sucedía, y sólo le tomó un par de segundos de observar fijamente al presidente para arrepentirse de su decisión, regresando la vista inmediatamente. Podía ver en ella una mirada que sólo podría describir como “un mal recuerdo”, algo que ella no necesitaba ver en ese momento, algo que fué suficiente para que la actual Líder de los Cazadores abandonara su puesto en la barricada, y decidiera abrirse paso entre la multitud, escondiendo su rostro hasta desaparecer. Saemus la vió irse, pero no hizo nada para detenerla. Si por él fuera, él la hubiera acompañado en su retirada, pero al ser Saemus el segundo al mando por debajo de Adara, realmente no tenía opción más que tragarse la preocupación, y confiar en que su pareja estaría bien sin él.
El extraño comportamiento de Adara casi me hace perder el enfoque de lo que sucedía con nuestro visitante, quien al fin parece convencido de su inmaculada apariencia, y siendo escoltado por los dos soldados más próximos a él, el presidente Novak se digna a caminar en dirección a los Líderes humanos… o al menos, eso aparentaba.
Leander da un paso adelante al ver que el mandatario se acercaba, y sin titubear ni pensarlo dos veces, le extiende la mano a modo de un cálido y respetuoso saludo.
-Bienvenido a Cilt, señor Novak. Es un gusto verlo de nuevo.
-Es “presidente Novak”, si no le importa. Ahora si me disculpa, necesito hablar con el verdadero líder de este pueblo.
Novak pasa completamente de Leander y Edurne sin detenerse ni tomarse la molestia de estrechar su mano, sin siquiera verlos a los ojos o mostrar la mínima muestra de reciprocidad al saludo. Los líderes humanos son obligados a hacerse a un lado y dejar pasar al gobernante metropolitano, lo cuál no les hizo nada de gracia. Leander masculló un par de palabras para sí mismo mientras observaba a Novak caminando, para después ser reprendido por un codazo de la lideresa a su lado. Los soldados observaron a ambos Líderes con seriedad, pero no decidieron no darle mayor importancia.
Mientras tanto, Novak camina con altanera seguridad y apuro hacia Darius, quien junto con su madre, se resignan a mantener la compostura y esperar a que el presidente se acerque a ellos. Si realmente quiere hablar con “el verdadero líder del pueblo”, tendrá que acercarse él mismo.
-Presidente Novak. ¿A qué se debe esta agradable visita sorpresa?
El rostro estoico de Darius no era suficiente para ocultar su descontento, ni su tono sobrio y controlado aligeraría el sarcasmo que se ha atrevido a utilizar frente a Novak, pero eso parecía ser la menor de sus preocupaciones. Él sabía qué cartas usar frente a él.
-Deja las formalidades de lado Darius, sabes muy bien por qué estoy aquí.
Sin mostrar la mínima pizca de respeto, Novak se dirige a Darius como no más que un sujeto que aparentemente le debe algo, pero el Líder supremo no permite que aquello le arrebate su temple.
-… Puede que tenga una vaga idea del porqué.
-No juegues conmigo… ¿Hay alguna razón por la que todos tus guerreros han abandonado la frontera sur de la capital? Los Vortex no tardarán en darse cuenta de la falta de vigilancia, y tú sabes muy bien lo que sucede cuando se sienten muy confiados en zonas densamente pobladas. Necesito respuestas y soluciones, ahora mismo.
Novak vocifera y apunta con el dedo a Darius, sin importarle que cientos de híbridos y humanos escuchaban cada palabra que salía de su boca, ganándose incontables miradas de desagrado que se sentían ofendidas al escuchar la forma en la que se dirigía a su querido líder.
Sabiendo que no podría ganar ninguna discusión contra el hombre que da de comer a su pueblo, Darius se mantiene abierto al diálogo a pesar de todo.
-Estoy dispuesto a solucionar este problema, podemos ir al Domo para negociar y…
-¿Negociar? -Novak suelta una risa fingida, una de esas que sólo se escuchan de la boca de políticos, una risa de superioridad y apariencia, para después cambiar abruptamente a un tono soberbio- No me interesa negociar con alguien que utiliza tácticas guerrilleras para obtener lo que quiere, mucho menos si ese alguien es un híbrido que pondrá a los suyos por encima de cualquier ciudadano humano. Sin ofender, claro. Es tu naturaleza después de todo.
Darius forzó una mueca que amenazó con revelar sus verdaderas opiniones, pero se manifestó como una tensa sonrisa únicamente presente en las comisuras de su boca, mientras que sus ojos se clavan como navajas en el rostro del arrogante hombre frente a él.
Novak distrae su atención por un momento para ver a su alrededor, aparentemente buscando a alguien que no parecía estar presente en la improvisada reunión.
-Y hablando de híbridos singulares. ¿Dónde está Kassia? Que yo recuerde ella es la responsable de las decisiones militares. ¿Acaso tuvo un contratiempo? ¿Algo más importante que hacer que su trabajo?
Las ignorantes e insensibles palabras de Novak han regresado a Darius a su estado de luto, haciéndolo titubear en sus palabras por un momento, hasta que logró reunir el coraje necesario para mantener su perfil profesional, y sin que sus emociones se adueñaran de sus acciones.
-… Kassia fué tomada como prisionera por los Vortex después de una misión. Lamento que eso sea un contratiempo para tí. Creeme, lo es para todos nosotros también. -El resentimiento en su voz es palpable, pero pronto redirige su conversación a simplemente dar solución a la petición de Novak- Los asuntos militares ahora están a cargo de Zenda, mi madre. Ella nos guiará en la resolución de este problema.
Ignorando la mitad de lo que Darius le dijo, Novak reflexiona en silencio lo que acababa de escuchar, centrándose únicamente en lo que él consideraba “importante”, y agregando de su propia cosecha al ya de por sí sensible diálogo.
-Así que Neyzan se ha salido con la suya una vez más. Lo lamento. Aunque no me sorprende demasiado, sabiendo la historia entre ellos dos… -
-¡No discutiré más!... No frente a todos. ¿Quiere soluciones? Entonces le pido que me acompañe al Domo. Ahora mismo.
En un fugaz arranque de desesperación, Darius alza la voz para cortar las palabras de Novak, y sin esperar a su respuesta, se da la vuelta y empieza su caminata de vuelta al Domo del Consejo, con la intención de terminar con esto lo antes posible.
El repentino cambio en el tono de Darius no pasó desapercibido por nadie, y aunque Novak no quisiera mostrarlo, aquello lo ha hecho reconsiderar la actitud con la que se ha dirigido al Líder supremo hasta ahora, pues el presidente no estaba acostumbrado a recibir órdenes de aquellos a los que él considera “inferiores”.
Con una actitud apática, Novak se convence a sí mismo para seguir el camino que Darius le ha marcado, y siendo escoltado en todo momento por dos de sus soldados, él y los otros tres líderes emprenden su camino con destino al Domo del Consejo, desapareciendo de la vista del público al caminar por el sinuoso camino que atraviesa el territorio de lado a lado.
Pronto, los ciudadanos que se han congregado para presenciar la llegada de Novak empiezan a dispersarse para atender sus labores diarias, aunque algunos de ellos han decidido quedarse en las inmediaciones del campo de entrenamiento, posiblemente para admirar con curiosidad el helicóptero y sus tripulantes por un momento más.
Iker decide que ha sido suficiente espionaje por el día de hoy, y al fin retrocede en silencio hasta salir de la zarza en la que nos hemos ocultado, permitiéndome salir de su interior sin decir una sola palabra. Podía observar en su mirada desviada que algo lo ha vuelto intranquilo, y que las palabras de ambos líderes políticos le rondan en la cabeza sin hacer mucho sentido.
-… Supongo que esto no es algo bueno.-
-No. No lo es. -Los ojos de Iker brincan de un lugar a otro, sin enfocar en algún lugar en específico, intentando hacer sentido con lo que acababa de presenciar. Supe que había vuelto a la realidad cuando me vió directamente a los ojos, y su mirada se suavizó- Él mencionó la ausencia de Guerreros de Cilt patrullando las fronteras de la Metrópoli… Si Novak se ha tomado la molestia de venir hasta aquí en persona para discutir un problema así, significa que está empezando a desesperarse. Tiene miedo de lo que vaya a pasar si los Vortex descubren su vulnerabilidad… Pero no lo entiendo… Él tiene a las fuerzas anti-híbridas y al ejército a su disposición… ¿Por qué no simplemente los manda a proteger las fronteras?
-Porque no quiere verse débil ante el público. -Iker frunce el ceño ante mi argumento que, a sus oídos, no parecía hacer sentido. Pero yo, habiendo vivido toda mi vida en la M.E. me hacía todo el sentido del mundo- Novak ha construído su imperio alrededor de una promesa; Impedir un segundo Accidente Vortex. Si despliega a su propio ejército para cuidar las fronteras, la gente se sentirá insegura, y todas sus promesas de mantener a la nación segura y libre de la amenaza de los Vortex se caerá a pedazos. Su poder depende completamente de mantener la apariencia de que la M.E. es un lugar seguro, y Cilt le ha ayudado a mantener esa fachada todo este tiempo, mandando Guerreros a hacer el trabajo sucio sin que nadie se de cuenta… Lo que no entiendo es por qué.
-Los Acuerdos de Cilt. -Iker se apresura a responder, casi como si lo hubieran hecho aprenderse esa misma respuesta como parte de su entrenamiento- Cuando Cilt fué fundada, los Líderes firmaron un acuerdo con Novak; La Metrópoli nos daría comida y recursos, a cambio de que Cilt mandara Guerreros a proteger las fronteras de cualquier Vortex que intentara entrar… Es por esa razón por la que tú y yo nos conocimos esa noche… Yo perseguía a una Vortex que había traspasado la frontera, y al encontrarla, te encontré a tí también.
El recuerdo del día que nos conocimos inundó mi mente por un momento, y por más extrañas que hayan sido las circunstancias de ese día, no puedo evitar dejarme llevar por el recuerdo, dibujando una sutil sonrisa en mi rostro, aunque inmediatamente fué opacada por el razonamiento de Iker, quien empieza a darse cuenta de la seriedad del presente, y lo que esto significaba para todos.
-Darius ordenó que todos los Guerreros regresaran a Cilt después de nuestra misión fallida… Si él decidió que el menor de los males sería poner en riesgo Los Acuerdos, y posiblemente dañar la relación con Novak, todo con tal de fortalecer nuestras propias defensas… ¿A qué peligros nos arriesgamos nosotros? -Iker pregunta con preocupación, sabiendo que no obtendría una respuesta satisfactoria-
-No estoy seguro. Pero lo que sí sé, es que la pérdida de Kassia lo ha vuelto inestable… Quizá, la decisión de traer a los Guerreros de vuelta fué un simple instinto. Una decisión tomada por sentimiento, y no con lógica.
-Crees que… ¿Darius se ha vuelto impulsivo en sus decisiones?-
-… Tal vez siempre lo fué. Sólo que, antes estaba Kassia para apoyarlo y mantenerlo tranquilo.
Darius. El amado regente de Cilt. El primer miembro del Consejo de Líderes, y el más jóven de los cuatro Líderes originales. Siempre se ha esforzado por mantener una apariencia recta y justa, tomando las decisiones correctas incluso si estas eran difíciles, pero en cuanto los problemas parecían escaparse de su control, siempre podía acudir a su amada Kassia, quien pese a mantener un perfil mucho más bajo que el de su marido, y no ser vista como la cabeza del Consejo, ella siempre mostró un temperamento fuerte como el titanio ante las adversidades. Y ahora más que nunca era evidente para mí lo mucho que él la observaba de reojo durante las reuniones en el Domo, siempre atento a su reacción, siempre listo para descifrar lo que ella estaba pensando… Siempre listo para ser su voz, pues tal vez, la que realmente hacía todas esas decisiones… Era Kassia. La regente y General de las fuerzas armadas de Cilt debía tener una gran influencia en el gobierno después de todo, y tal vez, nadie nunca se puso a pensar en la verdadera magnitud de su poder en el Consejo, hasta ahora. ¿Pero por qué ocultarlo? ¿Por qué permitir que la gente pensara que Darius es lo más cercano a un líder perfecto?
Entonces algo de mi vago y casi conspiranoico razonamiento hizo sentido en mi mente, al recordar lo que Ciro me platicó acerca de las circunstancias que convirtieron a Darius en líder; Él nunca quiso ser un líder en primer lugar, pero después de derrotar a Neyzan, él realmente no tuvo opción más que tomar su lugar al mando de una colonia de refugiados, y convertirlos en un pueblo unificado. Llenar las expectativas de miles de híbridos y humanos no sería tarea sencilla… pero él nunca estuvo sólo. Tuvo a Ciro, a su madre, y a Kassia a su lado en todo momento. Pero ahora que dos de sus pilares se han derrumbado, la ilusión del líder perfecto empieza a tambalear.
Ahora más que nunca, el sistema de gobierno de Cilt se veía frágil e inestable, y si algo he aprendido de vivir mis toda mi vida bajo un gobierno totalitario, es que siempre habrá alguien que querrá convertir la inestabilidad en caos, y el caos en sabotaje, y aquello termina inevitablemente en la caída de sociedades enteras. Mi garganta se tensa con el mero pensamiento de que algo así podría pasarle a mi nuevo hogar.
A pesar de la incertidumbre, una cosa sí es segura; el día de hoy los Líderes y el presidente Novak llegarán a un acuerdo. Sea este benéfico para nosotros estará por verse. Por ahora, no nos queda de otra más que esperar.
Y esperar fué lo que hicimos.
Al decidir pasar el resto de nuestra tarde en las inmediaciones del Estrado de Piedra, acompañados de muchos otros ciudadanos que, como nosotros, hemos preferido mantenernos cerca de la acción en caso de escuchar nuevas noticias.
Irónicamente, hoy es un día precioso. Excelente para aliviar por un momento las tensiones que hemos tenido que cargar desde la mañana del interrogatorio. El sol ha salido al fin, regalándonos así un mullido parche de pasto verde y crecido en donde Iker y yo nos acostamos con gusto a tomar el sol y descansar de la carga mental y la incertidumbre.
Nosotros no éramos los únicos que aprovechamos el buen clima; Niños corrían y se divertían, en completa y bendita ignorancia de lo que sucedía en el mundo de los adultos. Un grupo de amigos comparten sus raciones en torno a la melodía de una guitarra. Adolescentes híbridos, demasiado jóvenes para participar en el torneo del Zeingen de este año, se retan a peleas de práctica para pulir sus habilidades. Una madre y su hija han traído flores silvestres como ofrenda a los desaparecidos, observé con ternura y silencioso agradecimiento al ver que unas de esas flores estaban destinadas a mi padre. Los listones grises a la cima de los pilares se mecen con suavidad ante la gentil brisa de la tarde.
Suspiré. Por un momento, todo estaba bien.
En un movimiento nada sutil, Iker intenta distraerme para apoyar su barbilla sobre mi estómago sin que me diera cuenta, como si su peso y tamaño no lo fueran a delatar de inmediato. Empujé su naríz con mis manos, y él me empujó hasta hacerme rodar como un tronco por varios metros. Reímos, como si nada malo estuviera pasando. Como si el tiempo se hubiera detenido.
Iker platicó sobre Novak; que esta no era la primera vez que venía a Cilt. Que él fué el principal causante de que, incluso en Cilt, la ley castigue menos a los humanos que cometen crímenes imperdonables, a comparación de híbridos que cometen los mismos actos deplorables. Igualmente, él fué quien prohibió la posesión de armas de fuego, lo cuál se asimiló como tradición local por la sociedad, pero no todas sus reformas han sido aceptadas con tanto entusiasmo. Por un tiempo, Novak obligó a Cilt a portar banderas de la M.E. en todo su territorio, mismas que fueron removidas y quemadas a pocas horas después de su última visita. El disgusto de la población hacia el presidente metropolitano estaba más que claro. Él no era bienvenido, pero todos debían fingir que sí.
-Novak dijo que “Neyzan se ha salido con la suya de nuevo” cuando supo de lo sucedido con Kassia… ¿A qué crees que se refería con eso?
Iker frunce el ceño al intentar sacar algo de lógica de mi pregunta, pero todo lo que consigue es simple especulación.
-Creo que se refería a Marcus. Ya sabes… cuando se lo llevaron también.
Me aferro a la tierra con mis manos, arrancando las pequeñas plantas que unos segundos antes recibieron no más que una caricia de mis dedos, y que ahora han sido arrancadas de raíz con un crujido, que no estaba del todo seguro sí había sido producido por la planta o mis nudillos. Si lo que decía Iker era cierto, significaba que Novak siempre supo que mi padre estaba vivo, y aún así, decidió que lo mejor sería hacernos creer a mi madre y a mí que estaba muerto.
Una pregunta más resonaba en la cabeza de Iker, lo veía en sus inquietos ojos que danzaban de un lado a otro, intentando hacer sentido de lo que mascullaba en su mente.
-Aunque sí hay algo que realmente no entiendo… ¿Qué fué eso de “sabiendo la historia entre ellos dos”?... Entre Kassia y Neyzan. ¿Qué quiso decir con eso?
-Si tú estás confundido, imagina cómo debo estar yo. -Le respondo con una sutil risa, pero Iker parecía pensar con demasiada seriedad como para devolver el gesto- ¿Hay algo que tú sepas sobre ello?
-Nada…- Iker tensa su expresión, repasando en silencio su memoria- … En realidad, ahora que lo pienso, nadie sabe mucho sobre la vida pasada de la General Kassia. Eso es… extraño.
-Bueno, muchos vienen aquí a rehacer su vida, ¿No? Iniciar en página nueva y olvidar el pasado. Tal vez eso sucedió con ella también.
El silencio dudoso de Iker me decía que no estaba satisfecho con mi razonamiento. Que simplemente respetar la privacidad de Kassia y no indagar en su vida personal no era una opción real. Él quería respuestas.
-¿Y qué si…? -
Iker se detiene a media oración, su expresión mostrando incredulidad, sus pupilas se hicieron pequeñas por un momento, delatando que el pensamiento lo ha puesto nervioso. Hago mi mejor esfuerzo por leer su lenguaje corporal, pero él lo hace difícil al borrar esa expresión de su rostro, y tragar saliva forzosamente.
-¿Y qué si… qué? -Insisto a que Iker diga lo que pasó por su mente, aunque aquello le resultó más difícil de lo que creí- … Eeks.
-Olvídalo. Ella es una Líder honorable. No sería correcto decirlo… Le debo demasiado.
Iker se retrae en sus pensamientos por un momento, como si hubiera puesto un freno de emergencia a su tren de pensamiento, y podía percibir en su rostro una pizca de remordimiento. Y yo, sabiendo que ahora sería imposible hacerlo confesar, me resigno a acostarme de nuevo en el césped, observando el más que bienvenido cielo azul y despejado.
-Pues yo sí te diré algo. No es normal que Novak, entre todas las personas, sepa más de ella que cualquier ciudadano… Y Darius lo sabe. Lo puso nervioso. Es por eso que lo interrumpió. Eso cuando menos es sospechoso, ¿No crees?
Iker suspiró en silencio, y se recostó a mi lado al llegar de nuevo a un callejón sin salida en nuestros cuestionamientos. Habían demasiadas cosas que no entenderíamos, y no podemos hacer otra cosa además de aceptarlo, y esperar por un poco de claridad en el futuro.
-Creo que tienes razón.
Cierro mis ojos. Peleo contra el ruido en mi cabeza, que amenazaba con arrebatarme la breve paz del momento. Pero el ruido siguió creciendo. De hecho, el ruido parecía provenir de algún lugar fuera de mi cabeza. Me incorporo de nuevo al presentir que algo no estaba bien, una tensión se hace presente entre todo humano e híbrido reunido en las inmediaciones.
Sobre el camino conectando el Podio con la aldea de los Cazadores, tres soldados de la M.E. caminan con seguridad y altanera determinación, atemorizando con sus frías miradas enmascaradas a todo ciudadano que se encontrara en su camino, balanceando sus armas como símbolo de superioridad y delirio de invulnerabilidad.
-Esos idiotas…- Iker masculla sus palabras al ver a los soldados acercarse-
Todas las miradas están sobre ellos. El silencio y la tranquilidad de sus movimientos pone en guardia a todos los presentes. Los niños corren. Los híbridos jóvenes cesan sus juegos y se mantienen cerca uno del otro. Los cantos callan, y las madres se llevan a sus hijos. Era como si un mal augurio rodeara a los recién llegados.
Con intenciones poco claras, uno de los soldados sube al Podio, observando el monumento y sus alrededores en busca de algo. Algo que hacía falta. Observó las ofrendas al pié de los pilares, y usando el extremo de su arma remueve los objetos de la ofrenda para inspeccionarlos, tumbando las flores y otros delicados regalos con nulo cuidado o interés. Eso le hizo ganarse miradas de disgusto.
Poniendo a prueba los nervios y la tolerancia de la gente, se inclinó hacia la ofrenda, y tomó con mano firme un peluche en forma de híbrido, sosteniéndolo con poca gentileza, apretándolo y jugueteando con él. Cuando su atención fué completamente gastada, aventó el peluche de vuelta a la ofrenda, que ahora no era más que un revoltijo de objetos y flores desperdigados en la plataforma del Podio.
El soldado se paseó por el Podio sin prisa, siendo entretenido por la cantidad y variedad de objetos en las ofrendas. Caminó hasta encontrarse de frente con el pilar de los científicos, aquél en el cuál la gente ha mantenido vivo el recuerdo de mi padre.
Y él se rió. El soldado soltó una risotada cuando leyó el nombre al que estaba dedicada la ofrenda.
Marcus Hopper.
-Así que el viejo al fin obtuvo su merecido.- El soldado habla con una voz sintética, casi robótica, a causa de la tecnología incrustada en su casco-
-No debió confiar tanto en sus criaturas. Eso es lo que se gana por escogerlos a ellos por sobre su propia especie.- La compañera del soldado responde con frialdad al comentario, observando desde la base del Podio-
Debí exhalar con más fuerza de lo que pretendía en el momento, pues para cuando ya me preparaba para levantarme, Iker presionó su peso sobre mis piernas, sólo con la fuerza suficiente para mantenerme sentado.
-Ty… No.
-¿Y qué quieres que haga, quedarme aquí sentado sin hacer nada?
Iker me observó con angustia. Con esos ojos que sólo he visto cuando ha temido por mi vida. El gesto por sí solo es suficiente para detener mi vano intento.
-… Sí.
Era inútil. Ellos podrán ser sólo tres, pero cargan con ellos los medios para deshacerse de cualquiera que se interpusiera en su camino, y el apoyo de una nación a la cuál le da igual nuestras vidas.
Un conflicto entre nosotros y los soldados podría deteriorar aún más las relaciones entre ambos pueblos. Realmente, no había nada realista qué hacer para defendernos.
Iker es gentil. Pero en su gentileza, no me permitirá salirme con la mía. Y dentro de mí sabía que era lo más sensato, aunque yo no estuviera de acuerdo.
-Creeme… es mejor así. No sabes de lo que son capaces.
Observamos con impotencia mientras los soldados se regodean de su poder y falta de oposición. Pronto, los tres se encontraban sobre el Podio, supervisando desde arriba a los pocos ciudadanos que nos hemos quedado a ser testigos, completamente despojados de la voluntad de decir algo, o de hacer algo.
Al ver que no obtenían la atención que tanto deseaban, decidieron tomar una ruta más arriesgada, directamente poniendo a prueba los nervios de los ciudadanos de Cilt.
El líder del trío de soldados sacó un par de ganchos de escalada de entre los infinitos compartimentos de su armadura y los aseguró a sus guantes. Su segundo al mando sacó un paquete de su mochila, y de él sacó un rectángulo de tela color azul rey, para después acoplar dicha tela al hombro del líder, cuyas intenciones no se mantuvieron secretas por demasiado tiempo.
Usando sus afilados ganchos de rapel, el soldado se sujetó al pilar central del Estrado de Piedra, apuñalando el monumento sin remordimiento, impulsándose hacia arriba mientras fino escombro pulverizado caía al suelo.
Los híbridos más cercanos al Podio rugieron con agresividad, los otros dos soldados les apuntaron con sus armas, efectivamente haciéndolos retroceder. Sus compañeros humanos sólo acertaron en interponerse entre la trayectoria de las armas y sus amigos, lo cuál hizo a los soldados relajar las miras de nuevo.
El jefe de equipo logra escalar sin oposición hasta la cima del pilar de los Líderes, y usando su mismo gancho de escalada, rasgó el listón gris dedicado a Kassia hasta hacerlo harapos. El listón no pudo sostenerse a sí mismo. El viento que antes lo hacía ondear majestuosamente, era ahora el mismo que lo ha arrancado cruelmente del pilar de roca, siendo cargado gentilmente por la brisa cálida, hasta descansar a los pies de las mismas personas que antes le mostraron respeto.
En medio del agonizante silencio, y la rabia contenida ante la injusticia, la Metrópoli le hizo saber a Cilt una vez más quién era su verdadero dueño.
El soldado clavó la bandera azul y blanco de la dictadura de Novak directamente sobre el símbolo de los Líderes de Cilt.
El mensaje era claro;
Nosotros somos insignificantes ante sus ojos.
Y ellos han llegado a hacer su voluntad. A como dé lugar.
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En un intento por curar la incertidumbre y disipar el trago amargo de realidad, Iker decidió que lo mejor sería alejarnos de la acción por un momento, refugiándonos al calor del comedor público de la aldea de los cazadores. Aunque, irónicamente, no logramos huir del todo de lo que pasaba a nuestro alrededor.
El tema de conversación predilecto de hoy en el gran comedor no era otro más que discutir sobre nuestros impertinentes visitantes. Verdades, rumores y chismes se mezclan y apelmazan unos con otros, y pese a que me rehusé a prestar atención a información que podría no ser verdad, la curiosidad pudo conmigo al final.
Los Cazadores expresaron su inquietud hacia lo que estaba sucediendo en las calles; Los soldados metropolitanos han causado daños a monumentos importantes de la ciudad, y los ciudadanos han estado a punto de causar revueltas contra estos. Había un patrón en el comportamiento de los soldados, y era que estos parecían empeñados en imponer la bandera de la M.E. en cada punto importante de la ciudad. Mientras más visible e irrespetuoso el lugar, mejor.
Un grupo de comerciantes sentados al lado nuestro contaron, con caras enrojecidas de la rabia, cómo un segundo grupo de soldados se dedicó única y exclusivamente a destruir los pequeños puestos de venta en el centro de la ciudad, todo bajo la excusa de una “Revisión de posesión de armas ilegales”. No sería la primera, ni la última vez que esos sujetos aprovechan la ausencia de los Líderes para saquear al pueblo, acorde al testimonio de aquél pobre comerciante, quien se ha resignado a ahogar sus penas con el caldo más grasoso que la cocina pública de la villa le puede ofrecer.
-Pero no me puedo quejar demasiado, lo mío sólo fué material… No puedo decir lo mismo de esa jovencita de ahí.
El comerciante apuntó su cuchara con sutileza, y al seguirla con disimulo, noté una cara familiar al otro lado del comedor.
-Marione…
Ella recargaba ambos codos sobre la mesa, cubriendo parcialmente su rostro con su cabello, aunque la más pequeña ventana hacia su mirada reveló la presencia de un ojo morado, y una expresión de derrota.
-Ahora vuelvo, Eeks. -
Iker levanta el rostro de su plato, observando con intriga mientras una gruesa tira de fideos cuelga aún de su boca.
Al acercarme más a Marione, no pude evitar percatarme de los rasguños y moretones repartidos en múltiples partes de su cuerpo. Mi corazón se estruja al verla en ese estado. Incluso sabiendo sobre su reputación de busca-pleitos, era inevitable sentir lástima por ella, sobre todo después de lo que ha tenido que soportar en tan poco tiempo.
Toqué su hombro con delicadeza, y ella se volteó lista para golpear. Su gesto, lleno de rabia y dolor, le tomó unos cuantos segundos para suavizarse, mismos segundos que me hicieron reconsiderar mi acercamiento tan directo, pero que al final surtieron efecto. Marione me observó, un tanto desconcertada de que nuestros caminos se volvieran a cruzar, y sin palabras me dió a entender que no había tenido un buen día hasta ahora.
Le sonreí con un poco de lástima que no fuí capaz de ocultar del todo, y volteando a ver a Iker de nuevo, le ofrecí mi mano como apoyo.
-Ven, no tienes por qué estar sola.
……
Bebiendo del vaso más grande que los cocineros le permitieron, Marione recupera su fuerza bebiendo jugo de arándano, después de que yo e Iker le prohibiéramos tomar alcohol desde tan temprano.
Una gentil aprendiz de medicina se ofreció a curarla, suturando su ceja abierta sin que Marione hiciera otro gesto además de una mueca ocasional. Mantuvo la vista baja desde que se sentó con nosotros, aparentemente avergonzada de lo que había sucedido.
-Esos imbéciles empezaron a destruir los negocios de la gente… No podía simplemente quedarme sentada sin hacer nada.
Su comentario resuena con mi decisión de mantenerme quieto ante lo que sucedía en el Estrado de Piedra, y pronto, la vergüenza había cambiado de dueño.
-Y… ¿Qué hiciste que los hizo enojar tanto?
Las comisuras de sus labios se levantaron en una sutil y culposa sonrisa. Sacó la mano de su bolsillo, y de este sus dedos salieron manchados de un polvo oscuro.
-Digamos que me puse un poco creativa con la pólvora.
-¿Un poco creativa? ¡Pudiste quemar a alguien con esa pirotecnia, niña! -El comerciante a nuestro lado exclamó con enojo, a lo que Marione sólo rodó los ojos-
-Puse una pequeña distracción a sus pies sin que se dieran cuenta. Hubieras visto la forma en la que tropezaron del susto. -Marione ríe por primera vez en días, pero el movimiento ha hecho que la enfermera le pinche con descuido, manteniéndose quieta nuevamente-
-Je, apuesto a qué debió haber sido divertido ver eso, yo hubiera pagado por verlo- Iker apoya la anécdota de Marione, cosa que la hace sonreír de forma genuina-
La enfermera asegura la última sutura con un nudo, y después de limpiar la herida una última vez, se despide de nosotros con amabilidad, buscando alguien más a quién ayudar.
-Aunque, creo que debí limitarme a hacer la broma sólo una vez. A la siguiente no tuve tanta suerte. Lograron identificarme antes de siquiera prender la carga y… bueno, ya se imaginarán lo que sucedió después. -Marione señala a su rostro, con un ojo demasiado hinchado como para ver correctamente, y la ceja con nuevas suturas que cuidar-
-… Lo siento.
Marione me ve de reojo ante mi comentario, y ahogando su risa en el vaso del que bebía, frunció las cejas en una expresión sarcástica.
-No empieces con eso, ambos sabemos que me lo busqué. Además, no me arrepiento de nada. Esos idiotas merecen saber lo mucho que los odiamos por aquí.
Marione no aceptaría la lástima de nadie, mucho menos la mía. Pero el ver que al menos ahora era capaz de bromear al respecto era más que suficiente para hacerme sentir al menos un poco más tranquilo.
La paz nunca dura demasiado, y mucho menos con visitas tan nefastas. Eso fué lo que pensé, al ver que la gente a nuestro alrededor empezaba a caminar por las calles apresuradamente, murmurando entre sí, atraídos hacia lo que sea que estaba sucediendo fuera de nuestro punto de vista.
-¿Son ellos de nuevo?
-¿Qué sucede?
Una pareja de Cazadores conversan con urgencia entre ellos, alistando sus armas en el proceso, hasta que uno de ellos se dignó a compartir información.
-Novak y los Líderes terminaron su reunión. Vienen de regreso.
Nos observamos entre los tres, y sin decir una palabra más, saltamos de nuestros asientos en dirección al campo de entrenamiento, donde toda la ciudadanía se reúne en estos momentos para ser testigos en primera fila de lo que sería, en el mejor de los casos, el inicio de un nuevo acuerdo entre ambos bandos.
La calle pronto se llenó de personas e híbridos, todos caminando con premura hacia las afueras de la aldea de los cazadores. Lo que al principio era una caminata organizada, pronto se convirtió en un embotellamiento en el que los empujones y disgustos se habían vuelto la principal forma de ganar un mejor lugar entre el público. Marione y yo nos pusimos al frente, intentando abrir camino para Iker al andar, pero sin importar lo que hiciéramos, un muro de híbridos y humanos frustrados e inquietos se interponía entre nosotros y nuestro objetivo, y pronto Iker empezó a quedarse atrás.
-¡Sigan! Yo buscaré un atajo.
Al ver que no me movería del lugar a pesar de la indicación de Iker, Marione resopló con frustración, me tomó del cuello de mi camisa y me jaló con ella hasta obligarme a caminar. Cuando volteé atrás, Iker había desaparecido entre la multitud, con un poco de suerte logrando salir de la muchedumbre sin muchos problemas.
Siendo llevado en contra de mi voluntad en un principio, hice mi mejor esfuerzo por seguir a Marione de cerca, rodeando la acumulación de personas por callejones, pasadizos y construcciones que se veían a punto de colapsar, saltando obstáculos y escalando montañas de escombros. No tenía idea de a dónde me llevaba Marione, pero ella parecía conocer la ruta a la perfección.
Pronto dejamos atrás a la multitud, tomando una ruta que sólo Marione parecía conocer, saltando de techo en techo. Después de maniobrar con dificultad por lo que pareció ser una eternidad para mi pobre cuerpo, nos detuvimos al fin sobre el techo de una vieja casa abandonada, la cuál estaba parcialmente cubierta por las gruesas ramas de los árboles que han crecido justo a un lado. Frente a nosotros se encuentra el campo de entrenamiento, y al asomarnos por un momento hacia abajo, pudimos ver desde arriba a la multitud de híbridos y humanos a nuestros pies, con una increíble vista panorámica que nadie más en Cilt tendría.
Desde nuestra perspectiva, observamos a un grupo de personas e híbridos que marchan por la avenida principal, a pocos minutos de llegar al campo de entrenamiento. Habíamos llegado justo a tiempo.
Pero Marione no se veía convencida de simplemente observar todo desde arriba.
No, ella quería estar en primera fila.
Se aferró firmemente a la rama de un árbol que ha empezado a engullir la vieja casa, y con la destreza digna de un felino, empezó a maniobrar sobre la copa del árbol, buscando la ruta más segura para usar las ramas como escalera hacia el suelo.
Mientras tanto, yo la observo, pasmado ante la realización de lo que tendría que hacer ahora.
-No lo pienses demasiado, sólo ven.
El vello del cuerpo se me eriza, mi respiración se acorta, y siento mis extremidades adormecerse al ser drenadas de mi propia sangre por mi ansioso corazón.
-Mierda, mierda, mierda…
Maldigo a cada tambaleo y movimiento tembloroso que mi torpe cuerpo logra asegurar con tal de no caerme del árbol. Siguiendo los movimientos de Marione como un delicado instructivo para no morir de forma patética, logro descender poco a poco del gran árbol que hasta ahora nos ha ofrecido fuertes ramas en las cuáles descansar nuestro peso. Pero los escalones no descienden infinitamente, y quedamos ambos sentados sobre la rama más cercana al suelo, a lo que parecía ser una caída de poco más de tres metros de altura.
Marione fué la primera en tomar la iniciativa de dejarse caer, aterrizando de forma magistral al distribuir el impacto entre todo su cuerpo. Maldije en mi mente una última vez, disfrutando el mundano sentimiento de no tener ningún hueso roto, y a mi manera, busqué la forma de reducir el impacto de mi caída. Me abracé a la gruesa rama con todo mi cuerpo, quedando colgado como un perezoso, y confiando mi ser completo en la fuerza de mis débiles brazos, me sostengo de la rama únicamente con mis manos, balanceándome durante unos segundos hasta estar seguro de que mi cuerpo se encontrara lo más estirado posible hacia el piso. Y cuando al fin estuve listo, me solté de la rama, y el piso me encontró más rápido de lo que calculé, haciéndome tropezar y caer casi en cámara lenta, doblando cada articulación en mi cuerpo con tal de distribuir el impacto de mi caída.
Marione me vió en el suelo, y con una mirada que sólo pude interpretar como de pena ajena, me ofreció su mano para levantarme.
-¡Hey! ¿Qué hacen fuera de la línea? ¡De vuelta a donde les dije!- Para el Cazador que a penas ha volteado a vernos, nosotros simplemente nos habíamos materializado unos cuantos metros fuera de la línea del público, y nosotros, aprovechando su ignorancia, simplemente seguimos sus indicaciones, tomando lugar en primera fila, tal como Marione lo había planeado-
-… Eres demasiado astuta para tu propio bien.
Marione sonríe con picardía, fingiendo pulirse las uñas como parte de su acto presumido, pero en cuanto volvió la vista hacia enfrente, su sonrisa se disipó.
No hubo fanfarrias, ni voceros que anunciaran la llegada de los regentes. Sólo un escuadrón de soldados que aplastan furiosamente el suelo con su marcha, resguardando al Presidente Novak, quien camina con la falsa seguridad de una persona que huye de una discusión, convencido de que su palabra es la única correcta.
Detrás de él le siguieron los cuatro Líderes; visiblemente molestos y nerviosos, pero entre todos ellos, era Darius quien mantenía una mirada depredadora sobre la espalda de Novak.
Novak se detuvo cerca de la muchedumbre de ciudadanos curiosos, se alisó el cabello, acomodó el cuello de su camisa cara, y se ajustó los puños de su aún más caro saco. Su presencia se ganó la atención silenciosa del público, deseosos de saber al fin las conclusiones que han surgido después de horas de discusión. Es un tipo de atención que Novak disfruta con todo su ser; controlar la información que llega a los ciudadanos es su deporte favorito.
-Estimados ciudadanos… humanos e híbridos por igual. Quisiera compartir buenas noticias con ustedes, pero por desgracia eso no será posible. Sus queridos Líderes se han negado a cooperar en nuestro acuerdo, y me temo que eso significa, que las cosas no podrán mejorar hasta que las cuentas sean saldadas, y que cada quién ponga de su parte para cumplir los Acuerdos de Cilt.
-Nosotros no somos quienes hemos olvidado la importancia de cumplir los Acuerdos.- Darius no desperdicia un sólo segundo para replicar a Novak, y aquello se veía como el inicio de una discusión entre ambos regentes, que fácilmente podría traer graves consecuencias. Era como ver un accidente en cámara lenta-
-Es poco prudente de tu parte interrumpir mi discurso, Darius.
-Pues ya que decidió hacer esta información pública, creo que su monólogo es ahora un debate, Novak.
Darius camina hacia el mismo público al que Novak se ha dirigido previamente, desplazándose con determinación frente a todos aquellos que lo observan con respeto y admiración, como si se dirigiera a cada uno de sus ciudadanos de forma directa y personal.
-Todos merecen saber la verdad. Y la verdad es, que el gobierno de la Metrópoli Europea se ha rehusado a pagar su parte de los Acuerdos de Cilt durante más de medio año, incluso cuando nuestros Guerreros arriesgan sus vidas todos los días protegiendo las fronteras de la capital metropolitana. Nosotros hemos cumplido con el tratado, incluso sin recibir nada a cambio, pero esta situación se ha vuelto insostenible. -Volteando a ver de nuevo a Novak, Darius recalca sus palabras con resentimiento- He mandado incontables mensajeros a tu puerta, y todos regresan con las manos vacías. Intenté usar la diplomacia, y lo único que recibí fué indiferencia. Así como yo lo veo, este trato no es justo. Y si eso significa retirar a mis tropas de tu frontera para hacer llegar el mensaje, entonces es lo que haré.
-No quieras amenazarme, Darius. -La voz carismática de Novak se ha transformado en un arma de intimidación, pero Darius no estaba en disposición de sentirse intimidado por un hombre de palabras vacías-
-No es una amenaza. Es una advertencia.
Ambos regentes mantienen un tenso contacto visual. La atmósfera es pesada, y el silencio es interrumpido únicamente por los más tenues murmullos de ciudadanos cuya incertidumbre los ha vuelto intranquilos, pero Darius demuestra nuevamente en frente de todos el por qué fué nombrado Líder.
-Esto es muy sencillo. Cumple tu parte de los Acuerdos, y mandaré a mis Guerreros a proteger tus fronteras de nuevo. De lo contrario, tendrás que usar tus propios recursos militares para protegerte, a tí y a tus ciudadanos. Lo único que pido a cambio es que se pague la deuda a mi pueblo. Eso es todo.
-Oh claro, qué maravillosa idea, desplegar al ejército por las calles de la ciudad para causar pánico e inseguridad en la población. ¡Suena a una fantástica idea! -Novak vocifera hacia el público en un acto superficial para ridiculizar la petición de Darius, para después llevarse la mano al entrecejo, reuniendo toda su frustración para gritarle de nuevo a su cara- … ¿Acaso tienes alguna IDEA de lo que significa tener que desviar recursos del gobierno para financiar un sólo año del MEDIOCRE servicio de tus Guerreros?
El híbrido al lado mío, un Guerrero, resopló con fuerza ante el comentario de Novak, y no fué el único. Los Guerreros entre los espectadores hicieron su mejor esfuerzo por reservarse sus reacciones, aunque algunos de ellos las mostraron igualmente, abucheando y reclamando al hombre que ignorantemente ha llamado mediocres a aquellos que han arriesgado sus vidas por proteger a completos desconocidos.
Inevitablemente, aquellos comentarios se han ganado la atención plena de Zenda, quien empieza a acercarse poco a poco a su hijo, casi presintiendo que su intervención sería necesaria en caso de que el argumento no haga otra cosa más que subir de tono.
Ignorando por completo el pequeño revuelo que ha causado, Novak suspira, y decide retomar una posición de superioridad, observando a Darius sobre el hombro mientras recupera la compostura.
-Pero claro que tú no entenderías. ¿Pero cómo podrías? Eres un líder tribal, no un verdadero político. -De entre todo lo anteriormente dicho por Novak, aquellas palabras parecieron mover algo dentro de Darius, haciéndolo resoplar y retraer sus retrovisores, sintiéndose ofendido- Y yo no hago tratos con gente que no sabe lo que realmente significa liderar una nación. En realidad, ustedes deberían sentirse afortunados de tener la libertad de vivir aquí, con sus propias reglas e… interesantes tradiciones.
-¿Entonces qué quieres de nosotros? … Si no vienes a negociar ¿Por qué has venido entonces?
Darius no pudo ocultar más su propia incertidumbre ante el hombre que parecía no quedar satisfecho con nada. Era una situación en la que, inevitablemente, todos sabíamos que los Líderes tendrían que bajar la cabeza de nuevo, y someterse a cualquier mandato que su patrón les exigiera.
Percibiendo la mínima señal de vulnerabilidad en el Líder supremo, Novak lo observa con una fingida lástima, y en un extraño gesto de consideración, se pone en cuclillas hasta estar al nivel de la mirada de Darius, viéndolo directamente a los ojos. Gesto que Darius toleró con una mirada nerviosa.
-Hay veces que uno simplemente debe aceptar su derrota por el bien de todos… No me mal entiendas, tú y tus Guerreros han hecho un gran trabajo manteniendo a los Vortex a raya todo este tiempo, eso es de admirarse. ¡Solo mira lo que has logrado!
Novak extiende sus manos con grandiosidad hacia sus alrededores, volviéndose de nuevo en ese candidato que años atrás se ganó el voto y cariño del pueblo de la metrópoli, dirigiéndose de nuevo al pueblo de Cilt sin el consentimiento de sus Líderes.
-… Pero hay que admitirlo; este sueño no iba a durar para siempre. Tú lo sabías, todos ustedes lo sabían al momento de abandonar la Metrópoli. Tú y Kassia jugaron al rey y la reina por suficiente tiempo ya. Las personas a las que llamas “tus ciudadanos” viven inseguros, y con una visión distorsionada de la realidad. Humanos e híbridos se dicen ser iguales, pero no dudan en exiliar a aquellos que no comparten los mismos ideales. ¿No te das cuenta? Los has radicalizado.
El enojo en el rostro de Darius fué reemplazado por un gesto reflexivo, bajando la mirada con tal de no observar las caras de preocupación de aquellos bajo su protección, quienes poco a poco, aceptan partes del discurso de Novak. Había algo en sus palabras que hacía sentido, incluso si dicha inseguridad ha sido plantada a la fuerza. Pero si Novak es conocido por algo, es por sus grandiosas propuestas, imposibles de rechazar.
-Yo estoy aquí para ofrecerles un futuro seguro. Podrán continuar viviendo en su pequeño pueblo en medio de la nada si así lo prefieren… aunque con unos pequeños y necesarios cambios. Liberaremos a sus líderes del peso de dirigir a la comunidad, y tendrán de vuelta la vida que el exilio les arrebató. Cilt se convertirá oficialmente en parte de la Metrópoli, y eso significa, que todos ustedes podrán reunirse de vuelta con sus seres queridos que dejaron atrás. -Novak ha encontrado oro al escarbar en las heridas más profundas de todos los presentes, quienes colectivamente juegan con la idea de volver a la vida que tenían antes del Accidente Vortex, antes de tener que dejar sus viejas vidas atrás- ¡Así es! ¡No más familias rotas! Todos ustedes, humanos e híbridos residentes de Cilt serán repatriados, y se les ayudará a regresar a sus familias. Podremos construir una mejor comunidad, sin carencias ni la amenaza de esos viles Vortex, sólo si trabajamos todos juntos. ¿Eso no suena tan mal, verdad?
Era sencillo para mí ver a través de las promesas falsas de Novak. Detrás de esa sonrisa empática, se escondía un mentiroso profesional, un agujero sin fondo que sólo es saciado temporalmente con el poder sobre las vidas de otros. Pero cuando volteé a ver a aquellos a mi alrededor, no ví el mismo disgusto en todos los rostros.
La posibilidad de volver a lo que una vez fué, es una fuerza formidable, capaz de cambiar personas e ideologías completas. La culpa en los ojos de aquellos que le han dado la razón en silencio, se disfraza en medio de miradas nostálgicas.
-Todo a cambio del control total de nuestro hogar… y nuestras vidas. -Darius decidió defender su palabra una vez más, ganándose así la ridiculización de Novak-
-No seas tan dramático, ¿En verdad llamas a este lugar “hogar”? Ustedes están aquí porque no tienen opción, ¿O no? Tus ciudadanos no te son fieles por convicción… lo hacen porque es lo único que pueden hacer, para no ser exiliados, por ti y tus barbáricas leyes.
-Nuestras leyes nos han mantenido a salvo durante casi una década. El que no quieras comprenderlo, no es problema mío.
-Y veo que eso ha servido de maravilla para mantenerlos a todos a salvo, ¿Cierto?... ¿Qué opinan todos aquellos que han perdido sus vidas siguiendo tus órdenes? ¿O las personas que han sido exiliadas, abandonadas a su suerte en el bosque infestado de Vortex? ¿O aquellos que han quedado marcados de por vida con tatuajes, tachándolos de traidores?... ¿Acaso es necesario que mencione a Kassia?... Tal parece que esas “leyes” sólo te han favorecido a tí.
El Guerrero que ha permanecido durmiente dentro de Darius al fin ha tenido suficiente.
Bufando y mostrando sus afilados dientes, el Líder que hasta ese momento se había mostrado civilizado, avanzó con furia y determinación directamente hacia Novak, siendo controlado únicamente por Zenda, quien le bloquea el camino con su propio cuerpo, conteniendo sus propios impulsos de ser ella misma quien le dé fin a este sin sentido.
Mientras el consejo entero de Líderes peleaba contra los impulsos de su miembro más fuerte, Novak estuvo a punto de tropezar sobre sí mismo, retrocediendo con la velocidad digna de alguien que temió por su vida durante un par de segundos. Los soldados acorazados protegieron al Presidente con una barrera humana, apuntando sus armas directamente hacia la cabeza de Darius.
Los Guerreros de Cilt rugieron al unísono, era el inequívoco grito de guerra que los hizo abrirse paso entre la multitud, y ensamblarse como una sóla masa de humanos e híbridos, listos para proteger a su pueblo y sus Líderes.
Ciudadanos gritaron y buscaron protección en cualquier lugar, presintiendo que se avecinaba una tragedia. Y yo, incapaz de saber lo que pasaría, simplemente tomé a Marione y la dirigí a refugiarse detrás de un árbol, sofocandome de angustia al ver que Iker se encontraba entre las filas de Guerreros, haciendo frente a las mortales armas de los soldados.
-¿Lo ven? ¡No son más que salvajes! ¿Es este su líder? ¿Van a confiar su seguridad en un híbrido que no fue capaz de siquiera mantener a su pareja a salvo? -Novak fué guiado por sus soldados a abordar el helicóptero, pero este parecía tener aún muchas más cosas que decir- ¡Él los ha usado todo este tiempo! Y si creen que él los salvará de los Vortex, ¡están muy equivocados!
Las provocaciones de Novak no hacían más que avivar la agresividad de los Guerreros, misma que fué controlada por Zenda en cuanto ella tuvo la seguridad de que Darius no intentaría arrancar la cabeza de nadie. Los Guerreros siguieron las órdenes de la recién nombrada lideresa, y poco a poco la tensión bajó de magnitud, pese a que los soldados nunca bajaron la guardia.
Pese a las súplicas de sus colegas, Darius se abrió paso entre los Guerreros. Su gesto, aunque fúrico, contuvo su explosiva agresividad muy dentro de su mirada, en sus pupilas dilatadas que observan a todos a su alrededor.
Zenda no se interpuso en su camino en esta ocasión.
Darius avanzó en silencio, con sus Guerreros cuidándole la espalda, y con un pelotón amenazándolo de muerte frente a sus ojos. La ciudad entera contuvo la respiración, pues el destino de la relación entre ambas naciones, recae ahora en la selección de palabras de un sólo individuo.
Y por el bien de todos, más valía que escogiera sabiamente.
-… Has venido hasta aquí, a mi territorio. Te abrí las puertas de mí ciudad, y mi pueblo estaba dispuesto a escuchar lo que tenías que decir… Y todo lo que hiciste, fué faltar al respeto a mis ciudadanos, a nuestro estilo de vida, y a mi esposa. Y eso es algo que no voy a permitir. Tus promesas están llenas de malicia, y lo único que deseas realmente, es exterminarnos. Porque entiendes que es mejor tenernos como aliados, que como enemigos. Pero no más. Hemos tolerado tu incompetencia y complicidad durante mucho tiempo ya. Así que hoy, en nombre de mis ciudadanos, te pido que te largues de mi ciudad… y nunca vuelvas. No eres bienvenido aquí.
Las graves palabras de Darius son suficientes para dejar sin aliento a todos. Y una vez que la realización de lo que esto significaba empieza a asentarse en la mente colectiva, las reacciones mixtas entre la población no se hicieron esperar. Pero entre todos ellos, aquél que se encontraba realmente indignado, era el mismo Presidente Novak en persona, cuyo pálido rostro se ha enrojecido de la vergüenza y rabia.
-Esto… es… ¡Una idiotez! ¡Ustedes dependen de los Acuerdos!
En un giro inesperado de eventos, Darius sonríe con frialdad y superioridad hacia el patético hombre que gritaba desde la seguridad de su escuadrón. Algo en él ha cambiado inevitablemente al tomar una decisión que cambiaría las vidas de todos, sea eso para bien o para mal, no había tiempo de pensarlo. La decisión ya había sido tomada, con o sin el consentimiento del pueblo. Y Darius no puede hacer otra cosa, más que convertirse en la peor pesadilla de Novak; Un Líder tribal, tal como lo había llamado antes.
-Considera los Acuerdos como un simple pedazo de papel con el cuál limpiarte el trasero… A partir de hoy, Cilt se independiza de la Metrópoli por completo. Eso significa, que ahora mismo te encuentras en territorio extrangero, y sin permiso. Pero no te preocupes. Dejaré que salgas de mi territorio sin obstrucción de ningún tipo, sólo por esta vez.
Siendo protegidos por la voz de su propio Líder, los abucheos hacia Novak no se hicieron esperar, pues por primera vez en la historia de Cilt, nadie tendría que guardar sus opiniones hacia la tiranía de la Metrópoli. El pueblo entero empujó con su presencia a los forasteros, obligándolos a regresar al helicóptero, cuidándose desde todos los ángulos al sentirse vulnerables por primera vez, y Novak probó el sabor de la derrota en cada una de sus palabras.
-… Maldito seas, ¡Tú y tu séquito de degenerados! ¡De mí no esperes ningún tipo de ayuda! Ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Darius recuperó su estoico gesto, con el único propósito de llenar sus pulmones con la determinación que le fué arrebatada. Y con esa determinación, el Líder supremo de Cilt rugió con la fuerza de todos aquellos que han depositado su fé en él. Un estruendo que hizo vibrar el suelo, y enmudeció al bosque mismo.
El pueblo se regocijó; su Líder había vuelto al fin.
Novak apresuró el paso hacia el helicóptero, y en medio de abucheos y gritos de la gente, entró a la seguridad de su lata voladora. Las aspas agitaron el aire sofocante de la tarde, sin ninguna consideración hacia aquellos que se encontraban cerca de los rotores. La fuerte ráfaga de viento cegó a los Guerreros, pero eso no les importó. La gente aventó piedras al cuerpo del helicóptero mientras este seguía en tierra, y en cuestión de unos minutos, la bestia voladora pintada en azul y blanco se elevó por los cielos, y abandonó el territorio de Cilt.
“¡Libertad!”
Fué lo que gritaron los Guerreros y Cazadores de Cilt, levantando sus lanzas al cielo, expresando su emoción y compromiso inquebrantable hacia la causa. La incertidumbre pronto fué reemplazada por júbilo, mismo que se esparció incluso entre los más escépticos.
Pero Darius no celebró. Su mirada se perdió en el mismo cielo dominado por el nuevo enemigo. Obligándose a permanecer firme ante el inminente peligro.
Su mirada reflexiva se suavizó por el bien de la comunidad, al ver que todo su público se había reunido a su alrededor, Darius mostró una cálida y calmada sonrisa, aceptando con humildad los halagos y agradecimientos de los ciudadanos. No tenía caso preocupar a todos con los desalentadores escenarios que pasaban por su cabeza en ese momento.
Abriéndonos paso entre los empujones y vitoreos de la gente, al fin pudimos reunirnos de nuevo con Iker. Sus ojos no mentían; él se veía preocupado, incluso entre la emoción y la promesa de un futuro más libre.
-Silencio, por favor. Necesito su atención por un momento.
La voz de Darius se alzó por sobre el tumulto, y el pueblo entero escuchó con respeto, abriendo espacio suficiente para que las palabras del gran Líder llegaran a todos los presentes.
-Estoy consciente de que estos cambios nos ha tomado a todos desprevenidos, y un cambio así de radical puede ser atemorizante. Pero a veces, este tipo de cambios son necesarios. -Darius tomó una postura erguida, mostrando orgullo en sus palabras- Hermanos y hermanas, una nueva era para Cilt ha comenzado el día de hoy. Una era de independencia y libertad, pero también de sacrificio y trabajo duro. De nosotros depende que esta comunidad se mantenga unida y fuerte. Les pido, de todo corazón, que se unan a una causa noble y sencilla; de dar lo mejor de ustedes mismos, y apoyarse el uno al otro. Nosotros somos la prueba viviente de que ambas especies, híbridos y humanos, podemos vivir en paz y prosperar. Y de nosotros depende, aquí y ahora, mantener esa esperanza viva, por nuestro bien, y el de nuestros descendientes. Y les aseguro que yo, y el Consejo de Líderes, seremos los primeros en abogar por su bienestar. Hoy y siempre, hasta la muerte.
-¡Que así sea! - Zenda ruge su grito de guerra en apoyo a su hijo, seguida de sus fieros Guerreros, y con ellos, el resto de la comunidad.
-Ahora, ¡Vayan y esparzan la voz! Sean emisarios de buenas noticias. Ha llegado el momento de demostrar quiénes somos realmente. Es hora de mostrar nuestra insignia con orgullo, ¡A izar nuestra bandera!
Llenos de orgullo y esperanza, híbridos y humanos de Cilt se esparcieron por la ciudad, impulsados por el inspirador discurso de Darius que ha logrado borrar cualquier rastro de temor.
Sus palabras se replicaron en miles de bocas, y se resguardaron en los corazones de los ciudadanos, quienes por primera vez en muchos años, ya no tendrían que sentirse rechazados por su antiguo hogar. Pues ya no eran marginados. Ahora, su hogar se sostiene por su propia cuenta, sin pedir permiso a nadie para existir.
Los Guerreros de Cilt marcharon por la ciudad con aire triunfal, retirando todas y cada una de las banderas azules y blancas que la Metrópoli ha impuesto por dominio.
Y entonces, algo mágico sucedió.
Uno a uno, los ciudadanos sacaron de entre sus pertenencias más preciadas la insignia que les fué prohibida mostrar.
Banderas negras, portando la imágen de una orquídea y laureles blancos.
La insignia de Cilt que durante todos estos años se mantuvo oculta, ahora florece en cada calle, hogar, negocio y monumento.
La ciudad se pinta de negro, pero no era por luto. El negro es símbolo de revolución, de desafío ante lo previamente establecido. Un color que sólo los de corazón valiente se atreven a portar.
Y entre las calles repletas de ciudadanos festejando, un cántico de orígen desconocido resuena como un himno, que recorrió el bosque hasta llegar a los oídos de aquellos a los que estaba dirigido;
“Que la libertad tenga piedad de nosotros.
Que la fuerza nos vuelva gentiles.
Que la esperanza nunca nos abandone.
Que así sea.
Que así sea.
Que así sea.
Hybrid-Kira (2025)