Capítulo 14
"El camino de un líder"
Capítulo 14
"El camino de un líder"
Ilustración: Hybrid-Kira (2021)
Una cálida brisa de verano desciende hasta el patio interior de una gran casa, vieja y carcomida por el tiempo mismo, el gentil viento se encuentra de frente ante las brillantes hojas color esmeralda del frondoso árbol que ahí se encontraba, y ahora con menor fuerza, acaricia suavemente la piel de los dos híbridos que charlaban bajo la sombra del centenario árbol.
La charla entre ellos era energética y amena, pues había pasado un tiempo considerable desde la última vez que ambos pasaron tiempo juntos.
Zenda y Ciro platicaban de sus cotidianas aventuras, ambos disfrutando de los detalles jugosos que un buen chisme podía ofrecer de vez en cuando. La agradable plática fue acompañada de té, bocadillos, y un arreglo de flores silvestres frescas que el mismo Ciro recogió antes de la llegada de su especial visita. El jovial Porsche azul había intentado ganarse el corazón de Zenda pocas semanas atrás, y éste no tuvo ningún resentimiento cuando ella lo rechazó. Aún así, el afecto que él le tenía era especial, y no desperdiciaba ni una oportunidad para demostrárselo.
Dicho afecto se extendía al único hijo de Zenda; Darius. Pese a que Ciro no había interactuado nunca con el muchacho -pues el joven más bien parecía evitarlo a propósito- no necesitaba conversar con él para saber que era un chico muy especial. Honrado, modesto, amable, con un impecable sentido de la justicia, y extraordinariamente inteligente, esas eran algunas de las cualidades que más le agradaba a Ciro del joven La Ferrari. Pero si había algo que destacar del chico, era la naturalidad con la que hacía que otros siguieran su ejemplo, y que lo siguieran a él. Su mirada irradiaba liderazgo a cualquier rincón del campamento de refugiados en el que se encontrara, y eso hacía a Ciro feliz.
- Sé que puede sonar un poco fuera de contexto, pero debo decir, que tu hijo no deja de sorprenderme. El otro día lo vi ayudando a una mujer que estaba teniendo problemas al preparar la tierra para su hortaliza. Usualmente un híbrido se sentiría ofendido si un humano le pidiera ayuda para esas labores, ya sabes, como si nos estuvieran usando como "esclavos" de nuevo, pero Darius... vaya, Darius pareció aceptar la misión con gusto, e hizo todo el trabajo pesado para que ella no se lastimara. Y no solo eso, ¡Otros híbridos de su edad empezaron a ayudar también! Eso es algo que nunca había visto aquí. Apuesto que has de estar orgullosa de él, puede que, con su ejemplo de liderazgo, al fin esta comunidad pueda unificarse. ¿Puedes creerlo? ¡Tu muchacho será un grandioso líder! -
Normalmente, ella daría una orgullosa y dulce sonrisa, cerraría los ojos al no saber como aceptar halagos del buen trabajo que realizó como madre, y se sonrojaría ligeramente... pero esta parecía ser una excepción; Zenda mas bien parece irritada ante el inofensivo cumplido, creando confusión en Ciro quien empezaba a sentirse en apuros.
- Uhm, ¿A caso ...dije algo malo? -Ciro no lograba comprender la inusual reacción de la hembra frente a él- ... Solo quise decir que tu hijo es un gran líder, Zenda, él inspira a la gente a ser más inclusiva, y creo que eso es fenomenal.
- Es solo un niño ingenuo que no sabe como es la vida... un día toda esa amabilidad le va a jugar en su contra. -Su gesto se tensa en un instante, en una mezcla de rabia e impotencia muy extraña de ver en ella tan repentinamente- ... Mientras más rápido aprenda que uno no puede ir por la vida ayudando a cualquiera, mejor.
La antes amena charla, ahora se había ahogado en un denso y profundo silencio, el momento más tenso que Ciro ha tenido que pasar en compañía de Zenda. Sencillamente su mente no le daba para comprender lo que acababa de escuchar, intentaba hilar una y otra vez las palabras en su cabeza, pero nada le hacía sentido, pues ya no se trataba de un simple malentendido, o una opinión diferente, no, se trataba de una madre amorosa que de un momento a otro se ha vuelto hostil hacia los logros especialmente importantes de su hijo adulto... No tenía sentido, debía haber algo más entre líneas.
- No creo entender el por qué dices eso sobre tu muchacho. Créeme que lo intento... Pero no puedo comprender por qué seria algo malo que tu hijo sea un ejemplo para otros.
- Tu hija aún es demasiado pequeña como para que puedas comprenderlo, Ciro. Cuando ella esté a punto de convertirse en una mujer, lo entenderás, tenlo por seguro.
Ciro miró de reojo hacia el interior de su casa. Ahí, en el sofá, una pequeña niña de seis años, con rodillas raspadas y cabello lleno de tierra y hojas descansaba tranquilamente después de jugar con sus amigos, Marione era el nombre de la niña huérfana que Ciro adoptó como su hija.
La confrontación lo hizo sentir sensaciones amargas, nunca es agradable estar en desacuerdo con una amiga íntima. Lo que menos quería Ciro era aumentar la temperatura del argumento, por lo que él igualmente relajó su expresión, y accedió a escuchar todo lo que Zenda tenía que decir al respecto.
- ... Las personas amables no suelen vivir mucho. Hacen lo que ellas creen correcto, se creen capaces de cambiar su entorno, se enfrentan valientemente a aquellos que se aprovechan de su amabilidad, empiezan a influenciar a otros... y terminan muertos, todos ellos. Aquí la vida es así. -Sus ojos parecían revivir crueles vivencias pasadas con aquellas palabras, para después clavarse en los más claros ojos azules de Ciro.
- Personas amables y personas malas siempre van a existir en el mundo, y creo que ambos sabemos eso muy bien. Tu hijo tiene la oportunidad de hacer algo muy bueno por muchas personas, pero no podrá hacerlo si su bondad se corrompe. ¿Por qué llenarle el corazón de miedo?
- ¡No perderé a mi último hijo en manos de humanos e híbridos crueles! Y todo por intentar ser otro de los muchos líderes caídos de esta ciudad. -Alzó la voz, quebradiza y desesperada. Gruñó desde el profundo interior de su corazón con tal de que el remordimiento no la hiciera derramar ni una lágrima. Ya había derramado demasiadas en el pasado por sus hijos perdidos, y juró hacer hasta lo imposible para que no sucediera de nuevo- ... No puedo permitirme perderlo, no si puedo evitarlo.
Ciro sentía su corazón ser atravesado por una aguda y fría aguja. El dolor de una madre que ha perdido a sus hijos era algo que nunca se imaginó ver en Zenda. Incapaz de formular un argumento en contra, simplemente se limitó a dejarla continuar.
- ... ¿Y qué piensas hacer para evitarlo?
La pregunta hizo a Zenda congelarse en su lugar, sin mover ni un músculo facial, preparándose para decir palabras de las que estuvo huyendo desde que Darius nació, pero que siempre supo que tendría que mencionar.
- ... Romperlo, antes que alguien más lo haga. -Tétricas palabras escaparon de su garganta, tan llenas de dolor como de amor- Solo así podré mantenerlo a salvo. Prefiero tener un hijo que me odia a tener un hijo muerto. Mi pobre e iluso hijo...
- ¿Realmente crees que es tan iluso como tu crees? ¿Qué no conoce ya el tipo de mundo en el que vive, y que está dispuesto a vivir en él, el tiempo que tenga que ser?
No hubo respuesta.
~
Convencido de que no podría hacer a Zenda cambiar de opinión, y sabiendo que tarde o temprano ella se encargaría de convertir a su hijo en un híbrido muy diferente de quien es ahora mismo, Ciro decidió buscar al joven Darius por su cuenta, con la esperanza de reforzar su voluntad de liderazgo, al menos lo suficiente para que este no se corrompa tan fácilmente. Esta ciudad necesita de un líder como él urgentemente para mantener la paz y Ciro no iba a desperdiciar esta oportunidad, pues estaba seguro de que nunca encontraría a otro híbrido que hiciera las cosas como lo hace Darius.
Era prioridad hacerlo el líder definitivo de la comunidad neutral de híbridos y humanos, cueste lo que cueste.
Por sí solo, encontrar al joven La Ferrari no era demasiado sencillo, era escurridizo y tendía a evitar aglomeraciones, pero su usual séquito de fieles seguidores que lo escoltaban a diario le daba la ventaja a Ciro, pues así podría localizarlo más rápidamente.
Y así fue, a los pocos días de la accidentada plática con Zenda, Ciro por fin vio una oportunidad para acercarse a Darius y hablar con él por primera vez. Fue hasta ese momento en el que cayó en cuenta que no sabía nada del chico a demás de lo que ha podido ver a simple vista. Ciro decidió confiar en su impecable habilidad para hacer amigos, y en su indudablemente buena voluntad. A fin de cuentas, Darius aparentaba ser un híbrido muy amable, debería ser sencillo tener una conversación con él.
El joven La Ferrari disfrutaba de la tarde de verano en compañía de híbridos igual de jóvenes que él, todos ellos creando un escándalo sobre lo que sea que estaban platicando en ese momento. La presencia de alborotadas hormonas adolescentes en el aire era más que evidente, pero entre todos ellos el más equilibrado era, sin sorpresa alguna, el mismo Darius, quien se limitaba a reírse de las payasadas que sus acompañantes exhibían sin pudor alguno.
Ciro se acercó de a poco al grupo, haciendo claro con cada metro que recorría que no venía a causar problemas, pero que tenía claras intenciones de llamar la atención de los jóvenes. Darius lo reconoció al instante y mantuvo su vista fija en el Porsche hasta que este se encontrara rodeado de los jóvenes que apenas entraban a su etapa de adultez.
- ¡Hola! Tú debes ser Darius, hijo de Zenda, ¿Cierto?
- Sí, soy yo. -Ciro no estaba preparado para escuchar una voz así en alguien como él. Era una voz acorde a su edad, pero con un tono de seriedad que logró erizarle la piel. Sin duda era muy diferente al resto de los adolescentes-
- Es un gusto conocerte al fin Darius, mi nombre es Ciro. Tu madre me pidió buscarte para hablar de algo importante... ¿Crees que tengas un momento para conversar?
Sus ojos se abrieron un poco más al escuchar a Ciro mencionar a su madre, al mismo tiempo que los otros jóvenes cesaron sus jugueteos infantiles, todos viendo a Darius en espera de una reacción de su parte que les diera una pista de qué hacer ahora.
- Claro. -Darius volteó a ver a sus amigos, y con un simple gesto de cabeza, les indicó que deseaba que los dejaran solos. Los jóvenes híbridos dieron miradas mixtas a Ciro mientras se retiraban a algún lugar más divertido en donde pasar el tiempo, viendo a Ciro como un simple aguafiestas.
Ambos se quedaron en silencio hasta que estuvieran seguros de que no había nadie cerca para escuchar la tan "importante" conversación. La espera fue un poco incómoda, pues Darius parecía analizar cada detalle del Porsche en frente de él mientras este encontraba el mejor momento para hablar, pues Darius claramente no sería quien empezaría la conversación... Él parecía ser un chico de pocas palabras.
- Gracias por tu tiempo, chico. Sé que ahora mismo podrías estar con tus amigos disfrutando del verano, pero realmente quería una oportunidad para platicar contigo, verás... en realidad tu madre no me ha mandado aquí. Quisiera llegar a conocerte mejor, sabes, desde el momento que tú y tu madre llegaron a este lugar, no pude evitar darme cuenta de que tú eres un híbrido muy especial y...
- ¿Eres el nuevo novio de mi madre?
El corazón de Ciro se aceleró incómodamente. Entre todas las formas en las que pudo imaginarse que el joven lo podría interrumpir... ciertamente nunca consideró esta opción.
- ¡Oh! ¡Oh no! Yo aprecio mucho a tu madre, pero nuestra relación no es más que una buena amistad, de eso puedes estar seguro, jeje... -La risa nerviosa de Ciro no le hacía ningún favor, no era necesario que el chico supiera que realmente hubo un intento previo de acercarse a su madre, pues él parecía presentirlo... ¿O es que acaso Zenda le ha platicado ya? -
- Hhmm... Ya veo. -Como si los roles se hubieran invertido momentáneamente, ahora Darius se sentía con la libertad de manejar la conversación al ritmo que más le apeteciera. Empezaba a poner un tanto nervioso a Ciro- Entonces dime, ¿Sobre qué quieres que hablemos?
Desde ese momento fue claro para Ciro que no serviría andarse con rodeos, incluso si solo fuera para amenizar la plática. No sabía si Darius realmente se comportaba así todo el tiempo, si estaba de mal humor, o simplemente estaba frustrado de haber desplazado a su grupo de amigos para hablar con él, pero claramente no se le veía con la voluntad de conversar. Sus palabras eran educadas y certeras, pero impregnadas desinterés. Sus ojos mostraban una inusual soberbia hacia Ciro.
Esto no iba a ser tan sencillo.
- Seré sincero contigo. La verdad no sé como iniciar esta conversación, pero creo que podría empezar presentándome.
Ciro le platicó a Darius su historia, el como él formó parte del grupo pionero de híbridos y humanos que huyó de la Metrópolis durante el accidente Vortex, las dificultades que atravesaron en el proceso, y cómo fue que encontraron por primera vez la ciudad abandonada en la que ahora mismo residen todos los refugiados de la guerra, híbridos y humanos por igual. Igualmente le platicó sobre la guerra, el deseo de la gente por que esta acabara, la discriminación entre ambas especies, y la evidente falta de unión que se vive incluso en un lugar neutral como este, en el que supuestamente todos deberían aceptarse y ayudarse uno al otro. Era un balance muy fino entre especies que muy pocos individuos han podido comprender, ejecutar, y compartir con éxito. "Los líderes caídos", así era como se les conocía a todos aquellos que fallaron en su camino de convertirse en el ejemplo a seguir de esta comunidad, ya sea porque los han derrocado, herido... o matado. Ciro conoció a todos y a cada uno de ellos, y vio con impotencia cómo su lucha por la igualdad era sofocada tan fácilmente por aquellos ignorantes que no habían aprendido nada de la guerra que acababan de sobrevivir. Si tan solo él hubiera podido mostrarles más apoyo en el pasado... tal vez las cosas serían muy diferentes ahora.
Darius escuchó con atención, su gesto defensivo se suavizaba mientras más escuchaba de Ciro, pues el tema parecía ser de su interés ahora. Era justamente lo que Ciro estaba esperando, tal parece que el muchacho sí era un alma bondadosa como él pensaba. Este era el verdadero Darius; un joven sensible, empático, y preocupado por el bienestar de todos por igual. Se podía ver en sus ojos que logró quitarse la armadura de indiferencia que había estado cargando desde el momento que llegó aquí, pues frente a él había alguien que parecía entender sus preocupaciones, o al menos, eso aparentaba.
- ... No entiendo. ¿Por qué estás diciéndome esto a mí? ... Yo no puedo hacer nada por los líderes caídos si de reclutar seguidores se trata. Solo soy... -Darius suspira, y voltea hacia el suelo por unos instantes, como si la simple frase lo tuviese harto- ... Solo soy hijo de una gran peleadora, es todo, no heredé ni una pizca de su fuerza. No soy útil para tu causa. Lo siento.
- Que palabras tan tristes, viniendo de un joven que no puede darse cuenta de su verdadero potencial. -Ciro intenta reconfortar al chico con palabras cálidas y un tanto burlescas, todo con tal de aligerar la conversación, ganándose una confundida mirada de Darius quien no pareció apreciar del todo el comentario- La grandeza de alguien no solo se mide en su fuerza física, pero incluso aunque así fuera, no hay forma que me digas que no eres fuerte, pues te he visto en acción. Yo creo que sabes muy bien lo fuerte que eres... pero tal vez no has querido ver el resto de tus virtudes, virtudes que todos a tu alrededor sí pueden ver en ti, pero presiento que les huyes.
- ¿Virtudes? ¿Por qué tendría que huir de algo tan insignificante como eso? -Como si le hubieran dicho cobarde, Darius toma una posición dominante, levantando su cuerpo a una ligeramente mayor altura-
- Porque grandes virtudes vienen con grandes responsabilidades... y tal vez no quieres aceptarlo, y seguir manteniéndote al margen, sin tomar el lugar que te corresponde, no permitiéndote ser la mejor versión de ti mismo.
El comentario de Ciro pareció estar aún demasiado crudo y pobremente amortiguado para ser escuchado por el joven Darius, quien genuinamente se veía molesto e insultado, una reacción normal de alguien que sabe que le están diciendo sus verdades, pero que no era el momento ni el lugar para que se lo echasen en cara. Ciro no se dio cuenta de ello hasta que ya había sido demasiado tarde, pero ya no había vuelta atrás, ahora solo quedaba intentar salvar el resto de la conversación, si es que Darius no había tenido suficiente ya.
- ... Ya entiendo porqué estás aquí. Quieres convencerme de ser yo el siguiente en la lista de líderes caídos, pero eso no va a funcionar. No me interesa liderar a esta comunidad violenta, nunca me importó. Ya tuve suficiente como para darme cuenta de que, aunque quisiera, no puedo hacer nada para ayudarlos.
- No sabes lo que estás diciendo chico, los refugiados pueden ser personas inadaptadas, pero no son violentos. Si tan solo les dieras la oportunidad de mostrarte el tipo de personas que son sabrías que...
El joven La Ferrari parecía ya haber tenido suficiente palabrería. Se da la vuelta hasta darle la espalda a Ciro... pero no tiene la intención de irse de ese lugar. Le tomó unos instantes, pero Ciro finalmente entendió el extraño mensaje de Darius cuando este le mostró su espalda; Esta estaba llena de heridas, unas más recientes que otras. La oscura sangre que ya se había secado sobre su piel daba a entender que esto se había hecho algo usual, algo normal, en el día a día del joven Darius quien de por sí no tendría que sufrir eso a su corta edad.
Ciro enmudece al ver la maltratada espalda de Darius, incapaz de aceptar el hecho de que el joven ha empezado a sufrir los males que acompañan a cada nuevo líder. Viendo cómo la peor pesadilla de Zenda empezaba a materializarse frente a sus ojos.
- No es muy agradable de ver, ¿Verdad? -Aún dándole parcialmente la espalda, Darius fija su vista con Ciro, esperando que este le volviera a argumentar teniendo las pruebas en frente de él- Todas y cada una de ellas fue hecha por tus queridos humanos refugiados. Todos ellos me quieren muerto, incluso aunque me mantenga al margen del liderato. -Una vez que tuvo suficiente, Darius volvió a ver de frente a Ciro, cuyos sentimientos y pensamientos habían hecho ya un tumulto en su mente- Si ellos no me quieren como líder, yo no soy nadie para obligarlos a aceptarme. No me importa si con ello estoy destinando a este lugar a la ruina, no moriré por una causa insostenible y estúpida, humanos e híbridos están destinados a vivir segregados, y esa es la realidad. El que no lo quiere ver y aceptarlo... eres tú, Ciro.
Ninguno de los dos se dio cuenta cuando el espacio entre sus narices era de unos pocos centímetros. Ambos respiraban con fuerza, incapaces de aceptar el punto de vista tan radicalmente diferente del otro. Sin el deseo de empezar una pelea en ese momento, pero claramente listos si el otro se atrevía a atacar primero. No hubo réplicas, ni argumentos, Ciro se había quedado sin palabras, y con una rabia interna que no sabía muy bien si era por el muchacho o por él mismo. Darius ya no deseaba continuar con la tensa conversación, por lo que simplemente se apartó, dio la media vuelta, y partió a buscar refugio mental de lo que acababa de suceder.
Ciro en cambio no podía procesar lo que había sucedido. Sus expectativas en el muchacho habían sido absoluta y completamente destrozadas. Se sintió traicionado por sus propios anhelos de paz e igualdad. No podía comprender como ese aparentemente perfecto líder se había convertido en un híbrido arrogante, indiferente, soberbio y cruel. Al parecer Darius siempre fue así todo este tiempo.
- ¡Esto es algo mucho más grande que tu ego, niño engreído! -Darius se frenó en seco, aunque sin voltear a ver a Ciro. Plegó sus retrovisores hacia su cuerpo en clara muestra de enojo, pero aún así, se mantuvo ahí el tiempo suficiente para escuchar al híbrido mayor que él gritarle- ¡Estas personas te han escogido como su líder! Y no hay nada que puedas hacer al respecto, mas que aceptarlo, y tomar el lugar que te corresponde. ¡Así que deja tu arrogancia de lado de una maldita vez, y usa esas virtudes para hacer lo correcto! Por tu bien, y el de tu madre.
Darius golpeó violentamente el suelo con una de sus ruedas. Si algo detestaba más que ser llamado arrogante y estúpido, era que alguien metiera de por medio a su madre. Era su gran debilidad, y la amplia mayoría de las veces que eso sucedía, Darius se encargaba de enseñarle una lección a la pobre alma que tuviera la osadía de faltarle al respeto de esa forma... pero Darius realmente no quería crear una escena, no cuando dicho híbrido tenía una relación tan estrecha con su madre.
Así que solo corrió. Sin rumbo, sin otra razón a demás de huir de ese lugar y poder descargar sus frustraciones en algún otro sitio donde no pueda lastimar a nadie.
Ciro tenia razón, Darius sabe perfectamente lo fuerte que es, y el daño que puede llegar a hacer si no lograba controlarse.
~
- "DaRius DebEs tOmAr eL LugAr qUe tE CorResPondE" ... Ese viejo no tiene idea de nada. -Darius trotaba por un sendero de tierra, hecho toda una furia, vociferando sin temor a ser escuchado- Estúpido... ESTÚPIDO. ¡No le debo nada a nadie! En todo caso, el mundo es el que me debe una vida mejor... Yo he protegido a esos humanos como un completo imbécil, incluso cuando mamá dijo que no lo hiciera...
Darius parece salir de su fúrico trance, y empieza a bajar la velocidad, encontrándose solo, jadeando en medio del bosque, y sin saber muy bien dónde se encontraba. Mas no estaba perdido, de eso sí estaba seguro, el olor de la civilización aún era perfectamente perceptible. Simplemente tenía que confiar en su olfato para regresar, cuando estuviera listo.
- Idiota... soy un idiota... pude haberme evitado estas heridas, pero yo no...- Sin saber como manejar la marea de emociones que sentía, sus ojos se llenan de lágrimas, las mismas que llora una cría perdida en medio del bosque, desamparada, sin un lugar dónde refugiarse de una tormenta- ... Yo no puedo decir que no a alguien que necesita ayuda... daría lo que fuera... por no sentir empatía por todos... eso me ha hecho débil, y no puedo darme el lujo de ser así... tengo a mi madre. Ella no merece sufrir por tener un hijo que no puede protegerla. -Desesperanzado, levanta la vista hacia el cielo de aquella tarde, secando sus lágrimas con el sol- ... Si existe una deidad de los híbridos... de seguro que ha de estar regodeándose de mi estúpida existencia...
- Puedes estar seguro de algo chico, y es que ella no piensa que tu existencia es estúpida.
El joven La Ferrari se sobresalta al escuchar una voz externa, la cual parecía haber estado ahí desde siempre. Se queda sin aire ante el susto, sus pupilas se contraen ante la sorpresa, y busca con los ojos bien abiertos al dueño de la inquietante voz.
Sobre la colina donde continuaba el camino de tierra, una oscura sombra de ojos anaranjados se materializó sin advertencia alguna.
- ¿D-disculpa? -Darius pregunta a la sombría presencia de aquél extraño híbrido, esperando que este le contestara, descartando así que se trababa de una simple alucinación-
- Mencionaste al Hybrid Lamborghini, ¿No? Simplemente quise percatarme que no estuvieras poniendo su existencia en duda. Sería desafortunado que alguien como tú cometiera ese error.
Vaya, lo que faltaba, un fanático religioso bloqueando el camino. Eso pensó Darius para sus entrañas, las cuales ya habían sufrido demasiado por el día de hoy como para escuchar otro sermón más. Sencillamente no estaba de humor.
- Mira... nunca te he visto antes en el campamento de refugiados y no sé quién eres, y la verdad no tengo tiempo para debatir si el Hybrid existe o no, así que si me disculpas...- Darius retomó su camino, subiendo la colina hasta cruzar miradas con aquél híbrido; Lamborghini Aventador, piel gris oscura, y unos confiados ojos anaranjados que se veían poco impresionados por la brusca respuesta de Darius. Simplemente pasó de él y continuó con su caminata, aunque un extraño presentimiento recorrió su espina dorsal, de que algo no era del todo normal con aquél macho híbrido, aparentemente más experimentado que él.
- Yo sí se quién eres. -El Aventador corrigió con una fría tranquilidad, se giró para verle la espalda ensangrentada a Darius- Tu nombre no es ajeno a aquellos que viven en las tierras neutrales. Todo híbrido que se respeta se le conoce por su nombre, y tú no eres la excepción... Darius.
- ... -No sería la primera vez que un desconocido sabía su nombre... pero sí era la primera vez que alguien no se refería a él como simplemente "el hijo de Zenda". Era una sensación interesante, lo suficiente como para detenerlo en su trayecto- ... ¿A caso eres otro "amigo" de mi madre que no conozco?
- No tengo el placer de conocer a tu madre. A decir verdad... siempre creí que eras como yo; un híbrido abandonado y sin familia que se forjó su propia identidad. Tus talentos sí que logran opacar su nombre ¿Eh? -Sus palabras parecían auténticas para venir de un extraño. Algo en él era intrigante, diferente... e interesante-
Hacía a penas unos momentos, Darius no estaba dispuesto a darle un solo minuto de su tiempo al extraño Lamborghini, pero pasada la pequeña conversación que lo dejó con curiosidad de saber más de aquél forastero, decidió darle una oportunidad. Darius regresó la vista hacia él, y con una ligera sonrisa engreída, empezó a cuestionar al Lamborghini.
- Muy bien... habla. Dime quién eres y a que se deben tantos elogios gratuitos. –
El Aventador sonrió de forma viciosa hacia el joven La Ferrari. No para burlarse de él, ni para mostrar sus retorcidos pensamientos, sino por simple reacción al ver que el joven lo estaba retando con la mirada a impresionarlo, pues Darius era completamente ignorante de quién era el híbrido con quien estaba hablando en ese momento.
- Tú y yo no somos muy diferentes, Darius. Ambos tenemos las mismas ambiciones, los mismos temores, y la misma influencia sobre los que han puesto su lealtad en nosotros... -El Aventador entonces empieza a caminar alrededor del muchacho, observando cada centímetro de piel del joven líder indeciso, poniendo un poco nervioso a Darius. No porque se sintiera en peligro, sino mas bien porque no acostumbraba a tener interacciones tan cercanas con híbridos que justamente acababa de conocer. Se sentía vulnerable. Sus palabras eran casi seductoras- ... Así como tú, soy el líder de un poderoso clan de híbridos. Yo y mi clan hemos combatido ferozmente por conseguir justicia para los híbridos oprimidos por la humanidad, pero tristemente nuestros esfuerzos no serán suficientes para conseguir nuestro cometido. A no ser... que logre una firme alianza con el líder de otro clan que esté dispuesto a mandar a mi lado.
Darius se sobresalta, y se le eriza la piel al sentir las palabras del Aventador ser susurradas casi al oído. Su nervioso gesto no podía mentir; el encuentro estaba siendo demasiado cercano.
- ... Al menos quiero saber tu nombre antes de que continúes. -Darius responde con picardía, exagerando sus gestos para darle a entender al atrevido Lamborghini que se sentía incómodo, pero que estaba dispuesto a llevar esta situación con humor, lo cual hizo al Aventador reír desbocadamente, pues no se esperaba que el joven Ferrari tuviera ese tipo de humor-
- Oh, chico, discúlpame por eso, a veces no puedo controlarme. -Busca de nuevo hacer contacto visual con Darius al ponerse frente a él. Quería ser el primero en leer cada pequeño gesto del joven- Me conocen de muchas formas distintas ... pero respondo al nombre de Neyzan. Único descendiente del Hybrid Lamborghini.
La sonrisa de Darius se desvaneció casi al instante que escuchó el nombre. Su gesto se llenó de terror en un instante al relacionar el nombre con la infame palabra prohibida;
Vortex.
Mientras tanto, Neyzan no se inmutaba... incluso parecía que él ya esperaba esa reacción de parte de Darius, pues no hizo nada por ocultar su sonrisa al ver el terror acumularse en los ojos del chico. Eso parecía ya estar contemplado en sus planes.
- Eres Neyzan... el líder de los Vortex.
- ¿Es eso lo único que has escuchado de mí?
- No. También se que eres un extremista y genocida... has empezado la guerra y destruido la Metrópoli... y ahora, deduzco que estás reclutando tropas. ¿Para qué? ¿Un segundo Accidente Vortex? -Era inevitable temblar ante semejante tirano frente a él, aún más sabiendo de los horribles actos que cometió. La única esperanza que tenía Darius para salir de ahí con vida... era seguirle el juego, hasta encontrar una oportunidad de huida-
- Veo que no te han dado el panorama completo de la historia, chico. Muchos híbridos suelen enmascarar sus verdaderas intenciones con verdades a medias... Pero eso creo que ya lo sabes muy bien, ¿O no?
Era repulsivo tener que darle la razón en algo a Neyzan, el mismísimo líder de los temidos Vortex, pero su afirmación era familiar. A fin de cuentas, ¿Qué no Ciro había fingido ser un híbrido amable con tal de ganarse el favor y confianza de Darius? ¿Por qué hablar de los Vortex estaba prohibido en el campamento de refugiados?... ¿Qué tantas verdades y versiones diferentes de la historia han querido ser enterradas por el bien común?
Pese a que esa sencilla aclaración había hecho reflexionar por unos instantes a Darius, él no estaba listo para sencillamente darle la espalda y arriesgarse a ser atacado. No le quitaría la vista de encima a Neyzan tan fácil.
- Ya veo. No vas a aceptar mis palabras así de sencillo. Eres un híbrido escéptico y necesitas pruebas... no te preocupes, niño, que pruebas existen de sobra. Tú mismo eres la prueba viviente de la crueldad de los humanos. Esas heridas no se hicieron solas al final de cuentas, ¿O sí?
- ¿Cómo es que sabes...
- No es necesario que me cuentes cómo sucedió, el olor de tus heridas se delatan a sí mismas... Humanos, está en su naturaleza siempre atacar por la espalda. ¿Y acaso sabes por qué lo hacen? -Darius se quedó en silencio, esperando a que Neyzan siguiera su monólogo, sin quitarle la vista de encima ni por un segundo- Lo hacen porque nos temen. Temen a nuestro poder, porque ellos saben perfectamente que nosotros, los híbridos, tenemos lo necesario para exterminarlos. Y su miedo los hizo crueles e insensibles, y jamás cambiarán. Es parte de su naturaleza destruir aquello que no comprenden.
Sus palabras hacían sentido. Darius nunca había hecho nada malo a los humanos, a demás de existir, y ellos aún así habían intentado matarlo. Las palabras de su madre resonaron en su cabeza una vez más; "Nunca confíes en un humano". Si su propia madre había llegado a esa conclusión, y siempre se dedicó a protegerlo de todos los peligros de la humanidad, entonces Neyzan no hacía más que decir lo que Darius ya sabía muy dentro de él; Los humanos y los híbridos están destinados a vivir segregados... y tal vez, sea para bien.
Darius bajó la guardia al comprenderlo. Ahora era el momento de hacer realidad aquello que él creía. Darius sabía que los híbridos confiaban en él, y que muchos de ellos lo seguirían a donde él decidiera ir, pelearían las batallas que él proclame, y repartirían justicia a su voluntad. Sin liderazgos corruptos, ni mediadores entre humanos e híbridos. Simplemente él y su madre, protegidos al fin por un único clan de híbridos. La idea de aliarse con el líder Vortex seguía sin convencerlo del todo... pero era la única oportunidad que tendría para poner a salvo a aquellos que Darius quería proteger, y así como lo veía en ese momento... Neyzan era algo más parecido a un rebelde, en vez de un simple tirano y genocida. Era difícil ver de nuevo al monstruo dentro de él ahora que ambos parecían tener los mismos ideales.
- Darius, se mi aliado, y le pondremos fin a la opresión que los humanos han impuesto sobre nosotros. Juntos, lideraremos al clan más poderoso de toda Europa, repartiremos justicia sobre aquellos que se hicieron llamar nuestros amos, y construiremos un futuro mejor para nuestros descendientes. Así, el Hybrid juzgará a los humanos por sus actos, y no tendremos que vivir más inseguridad, ni guerras, ni traiciones. -La decisión estaba a su alcance, el panorama era amplio, y las verdades eran irrefutables. Neyzan estaba seguro de que lograría convencer al joven si se lo hacía personal- Así, tu madre no tendrá que sufrir de nuevo los horrores de las peleas, y no habrá humano que la vuelva a llamar propiedad suya. Siendo mi aliado, la protegeremos. Te doy mi palabra.
<<Tu madre no tendrá que sufrir de nuevo los horrores de las peleas>>
No.
Algo estaba mal aquí. Muy, muy mal.
Neyzan había dicho que no conocía a su madre...
...
Neyzan mentía.
Mentía en todo.
Darius atacó repentinamente, sin siquiera darle la oportunidad a Neyzan de ver la furia en sus ojos que rápidamente fijaron su objetivo. Todo ese palabrerío, todos esos elogios, todo para distraerlo de la obviedad; Neyzan no dejaba de ser el maldito Vortex que devastó la Metrópoli, y que asesinó a sangre fría a humanos e híbridos por igual. No se dejaría engañar ni dominar por él. No dejaría que su voluntad se hiciera realidad en estas tierras.
Y si eso significaba gobernar esta violenta comunidad de híbridos y humanos con tal de protegerlos de un mal mayor, incluso si eso lo llevaba a su inevitable muerte como otro líder caído más...
¡Que así sea!
Darius lo atacó con todo lo que tenía. Su fuerza no le iría a fallar ahora, pues siempre se tuvo que contener para no herir a aquellos que lo hacían enfadar. Era como si se hubiese estado preparando toda su vida para este momento.
Él estaba en clara ventaja, pues a demás de tomar a Neyzan desprevenido, Darius había heredado descomunal fuerza y habilidad de sus antepasados, todos ellos peleadores. Embistió a Neyzan de frente, haciéndolo tambalearse en confusión. Darius entonces atacó lo primero que tenía a su alcance; uno de los retrovisores que el Lamborghini no había logrado poner a salvo. Había una razón del porqué a los peleadores les quitan sus retrovisores, y es que es lo primero que pierden en batalla. Darius se sacudió violentamente hasta arrancarlo, como un simple pedazo de carne y hueso. Neyzan aulló en dolor, incapaz de protegerse de los ataques de Darius, quien ahora se había convertido en su peor pesadilla. Durante la pelea, Darius logra voltear a Neyzan sobre su espalda, y ante el forcejeo incesante, unas profundas heridas en su rostro son provocadas por una de las afiladas garras de Darius, las cuales no habían tocado nunca la sangre.
Neyzan parecía no tener alternativa alguna. Temiendo por su vida, y estando a merced del joven que ahora estaba deseoso de matarlo de una vez por todas, empezó a rogar por piedad. Darius ya se preparaba para darle el golpe de gracia; una mordida directa en la tráquea y todo se solucionaría. No más causa Vortex, no más guerra, y no más híbridos que se han dejado seducir por las vacías promesas del infame Neyzan. Estaba en él decidir lo que haría ahora. ¿Qué debía hacer? ¿Era correcto matarlo? Las súplicas desesperadas de Neyzan tocaron el fondo de su conciencia. Esa maldita empatía estaba haciendo de las suyas de nuevo, y Darius lo detestaba. ¿Porqué él? ¿Porqué estaba sintiendo lástima por un híbrido como él? ... ¿Por qué se sentía tan incorrecto tomar su vida?
No era lo correcto, no así.
Neyzan podía merecer la muerte... pero no sería él quien tome su vida, no se sentía listo para cargar con ese peso. El destino se encargaría de darle su merecido, tarde o temprano.
Así que lo soltó, y se alejó de él lo suficiente para no poder ser atacado en cuanto se liberara del peso de Darius.
- ... Esta es una advertencia, Neyzan. No quiero volver a ver tu rostro en mi territorio. Si regresas... Te mataré.
Aterrorizado, Neyzan se incorpora de nuevo en sus cuatro ruedas, y después de darle una mirada ensangrentada y fúrica a Darius, corrió hasta adentrarse al bosque profundo, sintiéndose ridículamente afortunado de seguir vivo.
- Se acabó... Si es inteligente, nunca volverá. -Darius habla para sí mismo, a penas dándose cuenta de sus propias heridas superficiales. Comparadas a aquellas que le causó a Neyzan, lo suyo no era más que un simple rasguño-
El bosque se volvió incómodamente silencioso, como si toda vida residente allí hubiera enmudecido. Como si el mismo bosque hubiese sido testigo de su pelea. Darius se sintió inquieto ante el antinatural silencio. Lo más inteligente sería regresar a la ciudad, antes de que cualquier otra cosa sucediera.
Darius da la espalda al sitio del incidente, aun sintiendo la extraña sensación, la misma que sintió en su primera impresión con Neyzan. Pensó para sí mismo que simplemente eran sus nervios, a final de cuentas esa era la primera vez que tenía que pelar por algo realmente importante. Las ruedas le temblaban por el esfuerzo, y el sabor de la sangre de otro híbrido le causa disgusto. Ya encontraría una excusa para explicarle sus nuevas heridas a su madre, en cuanto logre salir de este maldito bosque y regresar a casa.
... Pero eso no pasaría.
Repentinamente, Darius es atacado por la espalda. Neyzan había fingido su huida, para después atacar cobardemente al híbrido que acababa de perdonarle la vida. Sus dientes se hundieron en la piel de su espalda con la fuerza de mil dagas clavadas al mismo tiempo, sin piedad, con intención de arrancarle la carne del hueso, haciendo trizas la piel en sus costados que estaba al alcance de sus garras, menos afiladas que las del joven LaFerrari, pero mucho más entrenadas para descuartizar híbridos con infame destreza.
Darius rodó sobre sí mismo en desesperación al no poder quitarse a Neyzan de encima, pero aquello solamente empeoraría las cosas, pues su oponente estaba esperando el preciso momento en el que Darius expusiera un poco su vulnerable abdomen, para así acceder fácilmente a tejido más blando y fácil de atacar.
Esto había sido una sentencia de muerte para Darius.
Neyzan se soltó a tiempo antes de ser aplastado, y con antinatural destreza se abrió camino hasta el abdomen de Darius, dando una aplastante mordida justo sobre su estómago, rasgando parte de la puerta en el proceso.
Neyzan no solo quería matar a Darius. Si simplemente hubiera querido matarlo sin causar un escándalo, sencillamente hubiese atacado a su garganta para asfixiarlo... No. Él tenía una idea mucho más retorcida y nauseabunda.
Él iba a devorar sus entrañas mientras el joven seguía vivo.
Lo haría lo más lento, doloroso, y repugnante posible, deseando ver que la sangre le salga a borbotones, para así dejar un recordatorio para todo aquél que piense en desobedecer de nuevo la voluntad del descendiente del Hybrid Lamborghini.
<<< ... Este es... mi fin...>>>
Darius entró en shock por el dolor. Incapaz de rugir para pedir ayuda, o de moverse para defenderse. Su cuerpo empezó a temblar, y sus ojos quedaron trabados estando abiertos, mientras jadeaba por conseguir aire para sus pulmones.
<<< ... voy a morir... y nunca supe... su nombre...>>>
Vagas visiones cruzan por sus ojos, de una hermosa Lamborghini Huracán que había visto a su llegada al campamento de refugiados. Nunca reunió el valor suficiente para acercarse a ella y decirle lo mucho que le gustaba, lo mucho que deseaba pasar tiempo a su lado.
<<< ... madre... perdóname. >>>
Su vista empezó a hacerse demasiado brillante y borrosa, sentía sus extremidades adormecerse, y ya casi no sentía el calor de su propia sangre abandonando su cuerpo.
Fue entonces cuando vio una gran mancha azul corriendo en dirección a él, la cual advirtió de su llegada con un grave rugido, mostrando agresivamente sus dientes, y sin intenciones de detenerse a inspeccionar antes de atacar.
Era Ciro, y había llegado a salvar a Darius.
Ciro había escuchado los estremecedores rugidos y de alguna forma supo que Darius se encontraba en problemas. Dejó de lado la discusión que ambos habían tenido momentos antes, y corrió con todas sus fuerzas para librarlo de cualquier peligro... aunque nunca se habría imaginado que dicho peligro, se trataba de nada menos que el líder de los Vortex.
Lo embistió con el gran impulso de la carrera que lo había traído hasta aquí. Neyzan estaba tan ebrio de sangre y su propia furia que no vio venir a Ciro. El gran Vortex destrabó sus dientes de la carne de Darius, haciendo que este volviera a respirar al sentir que la vida le había regresado al cuerpo. Darius, incapaz de moverse, se mantuvo boca arriba mientras escuchaba la encarnizada batalla que Ciro intentaba librar contra Neyzan, quien estaba teñido en sangre en toda la superficie de su cabeza y ruedas frontales. Era casi como ver la personificación misma de la violencia y crueldad con la que los Vortex aterrorizaron a la Metrópoli.
Neyzan no demoró en absurdas presentaciones. Cualquier híbrido que osara interrumpir sus asuntos personales era igualmente digno de la muerte. Ignoró por completo la intimidante posición de Ciro, con sus puertas bien abiertas y gruñendo como nunca lo había hecho en su vida, y simplemente lo atacó para así quitárselo del camino. Ciro no era de ninguna forma un rival para Neyzan, no tenía el mismo tamaño, y mucho menos tenía un quinto de su fuerza física, sencillamente no estaba forjado para la batalla, y se encontró en apuros en cuanto Neyzan le hizo frente.
Un par de movimientos fueron suficientes para causar profundas heridas en el rostro de Ciro, mientras este era incapaz de defenderse. Pero mientras más tiempo pudiera comprarle a Darius, mejor. Ciro daría hasta su último aliento para mantenerse firme, y no morir en el intento. Al haber sido herido con tal facilidad, Ciro tomó su distancia con Neyzan, caminando hacia atrás cada vez que este se acercaba con la tranquilidad de un depredador en su territorio de caza.
- Vaya, vaya... pero mira esta cosa tan patética... ¿Estos son el tipo de híbridos que te consideran un líder, Darius? ¡Ha! ... Creo que no hubieras sido tan buen aliado como pensé. Pero esto es incluso mejor... así no únicamente lograré deshacerme de otro líder más, sino también de todos estos débiles e inservibles seguidores tuyos, y así podré limpiar el linaje híbrido. Todo gracias a ti, querido Darius. -Neyzan da una ensangrentada sonrisa a Ciro, a quien se le empezaban a agotar las ideas para defenderse a sí mismo- Saluda a Darius de mi parte cuando el Hybrid te juzgue, amigo azul.
Neyzan se prepara para saltar directamente sobre Ciro... pero algo lo detiene y lo arrastra en dirección contraria, haciéndolo rugir un sonido de pesadilla. Pese a su mortal dolor, Darius logró levantarse una vez más, y arrastró a Neyzan con garras y dientes para terminar esto como se debe. Ambos machos híbridos se levantaron sobre sus ruedas traseras y repartieron mordidas y arañazos a discreción, intentando arrancarse la cara uno al otro a causa de la adrenalina, y el primitivo instinto de supervivencia que había sido invocado en el mortal encuentro. Neyzan empezaba a cansarse, cuando Darius ya había ido y regresado de más allá de la vida, sus pupilas se contraen, y la furia de Darius le da el impulso que le permite no desmayarse.
El forcejeo termina rápido, Darius descarga toda su furia sobre el Aventador que empezaba a cuestionar sus propias decisiones una vez más. Pero ahora rogar no le iba a servir de nada. Pues no se puede negociar con una bestia sedienta de venganza.
Darius hace lo que tuvo que hacer en un primer lugar. Esta vez no falló al morderle en el cuello, y sin piedad, empezó a asfixiarlo. Tenía que toser de vez en cuando para no ahogarse con la sangre que salía despedida de la garganta de Neyzan.
- ¡Darius NO! ¡Matarlo no resolverá nada!
Ciro intenta evitar que Darius cobre una vida incluso si se trataba del mismo Neyzan, pero cada vez que replicaba, Darius ejercía incluso más fuerza en su mordida, destruyendo a su paso más capas del músculo que impedía que le perforase la garganta tan fácilmente. Algo dentro de él disfrutaba sentir la tibia sangre de su enemigo desbordarse en su boca, y era enfermizo de ver.
- ¡Si lo matas ahora, todos los Vortex invadirán la ciudad, y no habrá forma alguna que podamos defendernos de ellos! – Darius, aún con una mirada muerta, se limita a no aumentar presión a su agarre, y simplemente respira pesadamente sobre el cuerpo de su enemigo- ¡Tú no eres un asesino! ¡No eres como él! Por favor... piensa en los problemas que su muerte nos traerá a todos... sé que puedes entenderlo, Darius... tú no eres un híbrido egoísta, ni arrogante, mucho menos cruel... eres un muchacho gentil y honrado, que aún tiene mucho por qué vivir. Por favor...
Lágrimas empezaron a salir inexplicablemente de sus ojos. Darius lloraba, no sabía precisamente por qué, pero no podía detener las lágrimas. Regresando nuevamente en sí mismo, destrabó su quijada, y permitió que Neyzan volviera a llenar de aire sus pulmones. Le había perdonado la vida, por segunda vez.
Al lugar empezaron a llegar espectadores, híbridos y humanos por igual que habían sido perturbados por los hórridos gritos de los involucrados en la pelea. Todos vieron a Darius de pie, inmutable, sangrando alarmantemente de su abdomen, pero victorioso a final de cuentas. Neyzan a penas ha logrado volver en sus cuatro ruedas, enmudecido e incapaz de retomar su aliento sin producir un horrible ruido de asfixia en cada bocanada de aire que tomaba. Se percató de todos los demás híbridos que ahora le cuidaban la espalda a Darius y a Ciro. Esta batalla ha terminado definitivamente.
- ¡Te he mostrado piedad por una única vez, Neyzan! Huye mientras puedas... ¡Y que todos sepan que mientras yo siga con vida, nadie tocará a un híbrido, o a un humano, sin sufrir por ello!
Tambaleándose, Neyzan toma la retirada hacia un lugar seguro dentro del bosque, lejos de estas tierras que desde este día se habían declarado independientes de los Vortex.
Entonces Darius rugió, como nunca lo había hecho antes. Rugió hacia las profundidades del bosque, para que todos supieran que estas tierras ahora tenían dueño, y que él se había ganado su derecho a gobernar derramando su propia sangre. Se aseguró que Neyzan pudiera escucharlo, y que su rugido hiciera eco en su memoria por el resto de su vida.
Y entonces, Darius se desmayó.
~
En una carpa improvisada de enfermería, en el campo de refugiados de una ciudad de híbridos y humanos, una madre velaba por el descanso y recuperación de su hijo.
Era la mañana siguiente después del encuentro de Darius con el líder Vortex. La gran herida en su abdomen había sido suturada, y su vida ya no corría peligro. El punzante dolor de su carne expuesta no lo dejó dormir sino hasta altas horas de la madrugada, después de que el amable doctor de gafas torcidas y cabello pelirrojo le hiciera tragar todos los analgésicos que cargaba en su maletín.
Zenda no pegó los ojos en ningún momento. Su único hijo casi moría ese día. Tenía la vista perdida, y estaba claramente agotada, durmiendo con los ojos abiertos. No fue hasta que Ciro entró a la carpa que ella pudo voltear a ver otra cosa a demás de los ensangrentados vendajes del costado de su hijo. Ciro tenía una docena de gasas adheridas sobre las frescas heridas de su rostro, pero eso no le impedía sonreír, sosteniendo un fresco ramo de flores silvestres entre sus dientes.
- Ciro... deberías estar descansando ahora mismo. -Zenda lo mira con preocupación, pues ella ya sabía lo que Ciro había hecho por Darius-
- Igual que tú. Yo al menos he podido dormir toda la noche... tú no has tenido ni un minuto de descanso, o al menos eso dicen esos ojos cansados. -Dejó el ramo de flores al lado del joven que aún dormía, imperturbable- Yo estoy bien, te prometo que cuidaré atentamente a tu muchacho. Descansa un poco, por favor.
Ciro le dio un pequeño beso a Zenda en su mejilla. Ella no tenía fuerzas para reprocharle, pero igualmente no lo haría, ella necesitaba ese afecto y apoyo ahora más que nunca, a lo que simplemente le sonrió, y salió de la carpa sin añadir nada más. Ella estaba eternamente agradecida con él por salvarle la vida a su hijo, y no negaría la oportunidad de recuperar energías. Podía descansar tranquilamente, sabiendo que Darius era cuidado por él.
- ... Eres un hijo de perra con suerte... suerte de que no puedo levantarme, y golpearte ahora mismo... -Darius estaba despierto, todo este tiempo lo estuvo. Fingió estar molesto por haber visto a Ciro besar a su madre, pero simplemente estaba jugándole una pesada broma, pues sonrió con sarcasmo hacia su nuevo acompañante en cuanto tuvo suficiente-
- Por poco me da un infarto... creí que seguías dormido. -Ciro no tenía de otra mas que admitir que lo que hizo había sido atrevido, y ahora sintiéndose en mayor confianza hacia Darius, se acercó un poco más a él para que no tuviera que hacer tanto esfuerzo al hablar- ¿Cómo te sientes el día de hoy?
- ... Drogado, adolorido... y la verdad es que... no puedo creer lo que sucedió. Todo fue demasiado rápido. -La carpa queda en silencio por unos momentos, pues ambos sabían de lo que estaba hablando- ... ¿Crees que regrese algún día?... Neyzan y sus Vortex.
- No estoy seguro. Él también tiene heridas que sanar... y no creo que le de satisfacción alguna el que sus Vortex vengan por tu cabeza sin él estar presente. -Darius ríe ante el comentario, aunque se reserva a mantenerse callado al sentir una punzada en su estómago ante el inofensivo esfuerzo- Creo que podremos estar tranquilos por un tiempo... al menos el suficiente para encontrar la forma de protegerlos a todos. Mientras tanto, en lo único que debes preocuparte es en recuperarte.
El silencio reflexivo de ambos hablaba por sí solo. Ninguno de los dos sabía como expresar todo lo que debía ser dicho. Darius mira las flores que le había traído Ciro. A él no le gustan las flores, pero el hecho de que alguien como Ciro, que había sido un completo extraño el día anterior, no dudó en poner su vida en riesgo para salvarlo de una muerte segura... sencillamente le dio una gran lección, y lo hizo apreciar todo lo que los demás hacían por él.
- ... Lamento haberte tratado de esa forma tan infantil... tú solo querías apoyarme, hacerme entender lo que tenía frente a mí, y yo, bueno, básicamente te escupí palabras a la cara. -Darius tenía su mirada baja, arrepentido de la forma en la que había tratado al híbrido que, al final del día, le salvó la vida- ... Perdóname por ser tan egoísta.
- No... tú perdóname a mí, Darius. -Ciro lo interrumpe, haciendo que el joven lo viera, confundido- ... Estaba tan desesperado por ver a esta ciudad prosperar, de verlos a todos convivir en paz, que no me importó forzarte a ser alguien que no querías ser... a ser un líder, simplemente porque yo pensaba que era lo correcto... Yo soy el egoísta aquí. -Las frescas heridas en el rostro de Ciro reflejaban perfectamente lo roto que se sentía por dentro. No podía perdonarse a sí mismo por su forma tan narcisista de pensar, y sentirse con la razón y poder para decidir que Darius debía ser el líder definitivo- ... Tú no tienes nada que demostrarle al mundo, y no le debes nada a nadie. Eres alguien completo y único, siendo quien eres ahora mismo. -Los ojos de Ciro se llenan de arrepentimiento, y de lágrimas- Vive tu vida como tú quieras vivirla, Darius... y no dejes que nadie, mucho menos alguien como yo... te diga cómo vivirla.
Se quedó sin palabras, era la primera vez que realmente se sentía dueño de su propia existencia... la primera vez que alguien lo respetaba por quien ya era. Él era Darius, solo eso, y nada más... y eso era suficiente.
Durante las agonizantes horas que Darius había sido incapaz de dormir, había un pensamiento que no abandonó su cabeza; Él siempre expresó su inconformidad ante la idea de ser un líder, pero realmente no era porque no se sintiera capaz de hacerlo, sino que, tal como le dijo Ciro... Darius tenía miedo, miedo de hacerse responsable, tanto de la seguridad y confianza de todos como de sí mismo. Siempre se creyó cobarde e incapaz de defender sus propios ideales, pero ahora aquí estaba, herido, pero victorioso después de la pelea de su vida. Darius no únicamente peleó por él... el peleó por cada híbrido y humano que vivía aquí. Se demostró a sí mismo su propio valor, y supo desde el momento que logró ponerse de pie de nuevo, que las cosas serían diferentes.
Tal vez... solo tal vez, este era su propósito en la vida. Ser el líder que nunca pensó que sería. Para así proteger a aquellos que no podían defenderse a sí mismos.
- ¿Puedo decirte algo? -Darius sintió algo diferente dentro de él, una parte de su interior finalmente salió de su encierro. Se sentía cómodo siendo vulnerable, ante el híbrido que le salvó la vida- Creo que la idea de ser líder... no suena tan mal después de todo.
Darius da una cálida sonrisa a Ciro, haciéndolo preocuparse nuevamente por la seguridad del chico... pero Ciro entendió, que Darius sabía perfectamente lo que implicaba esa afirmación. Él era el único que podía tomar decisiones en su vida.
- Si es eso lo que realmente quieres... yo estaré de tu lado, Darius. Mi líder.
~
Una semana después Darius pudo salir de la enfermería, y el día que eso sucedió, una multitud de humanos e híbridos agradecidos lo vitorearon. Nunca había pasado algo parecido, todos se reunieron para demostrarle a su nuevo líder su completa e incondicional lealtad, y aquellos que antes lo habían atacado a traición ahora se disculpaban al saber lo que ese joven La Ferrari había hecho por todos; él había derrotado a Neyzan, el líder de los Vortex, y había testigos de sobra que presenciaron dicho evento. Todos estaban de acuerdo en algo, y era que Darius los lideraría con rectitud y justicia.
Darius miró a la multitud, incapaz de creer que eso realmente estaba pasando. A su derecha se encontraba su madre, cuyos ojos desbordaban orgullo. A su izquierda, se encontraba Ciro, el héroe que decidió mantenerse anónimo, y se encargó que todos supieran de la legendaria batalla del joven líder. Y frente a él, mezclada entre la multitud, estaba la Lamborghini Huracán de sus visiones que no le permitió rendirse y morir.
Y así, Darius, el primer líder, se había ganado su propio nombre, en esta ciudad neutral de híbridos y humanos que pasaría a llamarse; Cilt.
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- Parece que... toda historia tiene sus diferentes versiones. ¿Cierto?
- Así es. -Ciro toma con sus dientes una de las varillas de metal que habían sido usadas para preparar la cena de los niños, y con ella remueve las cenizas de la moribunda fogata, percatándose de que fuera seguro abandonarla sin que provoquen un fuego no controlado- Historias tan complejas como esa suelen ser complicadas, y moralmente ambiguas... a veces es mejor compactarlas, y contarlas de una forma más amigable a los sentimientos de la gente. Ellos no necesitan saber todos esos detalles para confiar en Darius.
Empezaba a ser consciente de que era posible que yo supiera más del verdadero Darius que la mayoría de los ciudadanos de Cilt, se notaba en la mirada de Ciro, esto no era algo que él acostumbrara a contar. Era casi como contar un secreto íntimo de un amigo. No sentía ser merecedor de dicha verdad, pero si Ciro había confiado en mí, yo haría lo posible por resguardarlo, incluso si él nunca me pidió mantenerlo en secreto en primer lugar.
- ... ¿Porqué a mí? -Ciro se mantiene imperturbable, mi pregunta no había estado lo suficientemente formulada para recibir una respuesta suya- ... Yo no soy nada especial, yo solo soy... el hijo de Marcus ¿Por qué me cuentas algo así de importante... a mí?
Ciro se queda callado, dejando la varilla en el suelo con gentileza. Voltea hacia las estrellas que ahora adornaban el cielo sobre nosotros, y después me mira a los ojos, viendo en mí un rostro familiar.
- Porque... tú me recuerdas mucho a él. Al joven Darius. -Su sonrisa se veía nueve años más joven, podía sentir que esa era la misma sonrisa con la que lo vio a él por primera vez. Hizo a mi corazón sentirse pesado, sintiéndome poco merecedor de tanta estima-
- ¿Qué te hace pensar que me parezco a él?
- ... Eso es algo que tendrás que descubrir por ti mismo, joven Tyler.
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La Aldea de los Cazadores era igual de activa de noche que de día, al menos mientras la noche se mantuviera joven. Ciro me llevó de regreso a la Torre H para descansar y prepararme para el día que me espera mañana, pues asistiría al entrenamiento con los Cazadores novatos y necesitaría estar en todas mis capacidades si es que quiero sobrevivir a ello, y no hacer el ridículo mañana frente a Adara y el resto de los reclutas.
Empiezo a subir las escaleras después de agradecer a Ciro por todo lo que había aprendido este día, que ya se había hecho eterno. Pero antes de cruzar las puertas, una última duda se negaba a abandonar mi cabeza.
- Hay algo que sigo sin entender Ciro... ¿Cómo es que supiste que mentí con respecto a Marione?
Ciro sonríe visiblemente, como si la respuesta fuera obvia.
- Es simple; No sabes mentir. -Ciro pudo haberme dado una lectura minutos atrás, pero no sería él mismo sin su usual broma; que no hace gracia ni es broma- No lo malinterpretes. La honestidad es una virtud, y muchos intentarán hacerte sentir que es una debilidad... No hagas caso, y sigue siendo tú mismo, Tyler.
Ciro se despide, y emprende su camino hacia su casa en algún lugar en las profundidades de la jungla de asfalto, en donde Marione (si es que es inteligente y no quiere más problemas) estará esperándolo ya en casa, a punto de recibir el regaño de su vida.
El lobby de la Torre H era silencioso y desértico. Ya pasaban de las 10, así que era natural que todo estuviese quieto, todos aquellos que no querían problemas con el encargado de la torre no se atreverían a hacer ruido después de la hora dictada. Roger estaba sentado en el mismo lugar en el que lo encontré por primera vez, enfocando cuerpo y alma en la mullida bufanda rosa que estaba tejiendo con esmero. Preferí no perturbar su concentración, y subí las escaleras lo más silenciosamente posible.
La habitación era tibia, acogedora... y absolutamente solitaria. Pese a haber vivido durante años en soledad, y haberme acostumbrado a dormir con mi propio silencio... el poco tiempo que llevaba conociendo a Iker había sido suficiente para extrañar la compañía de alguien.
Siempre supe que estaba solo en esta vida. Pero no fue hasta que lo conocí a él... que me di cuenta de lo realmente triste que era eso.
Y tal vez, él sentía lo mismo.
Hybrid-Kira (2021)