Capítulo 13
"La aldea de los Cazadores"
Capítulo 13
"La aldea de los Cazadores"
Ilustración: Hybrid-Kira (2021)
No hay mejor ejercicio para mis fatigados pulmones que intentar mantener una vigorosa charla con Ciro mientras, al mismo tiempo, yo intentaba igualar su paso inconscientemente acelerado. Ciro parecía tan entusiasmado de enseñarme todo lo que sabe que se le ha olvidado que los humanos no podemos avanzar tan rápido como los híbridos. Menos de cinco minutos han pasado desde que Ciro ha tomado oficialmente la responsabilidad hacia mí, y yo empezaba a extrañar el ritmo relajado de Darius. De ahora en adelante sería adaptarse, o quedarse atrás.
El gran prado abierto por el que caminábamos era engañosamente accidentado. Visto de lejos, parecía ser un terreno plano y agradable para dar un paseo, pero al empezar a caminar sobre este me di cuenta que estaba lleno de agujeros y uno que otro pedazo de pasto y tierra arrancados con fuerza, posiblemente a causa de una riña entre un par de híbridos, o simplemente como evidencia de una sesión de entrenamiento, pues ahora mismo nos encontrábamos a la mitad del campo de entrenamiento de los Cazadores.
El lugar era apacible y sin mucha actividad, lo suficiente para que Ciro y yo pudiéramos caminar sin riesgo a ser arrollados por otro híbrido. La primera muestra de civilización más próxima a nosotros era el campo de tiro con arco, esta zona delimitaba su perímetro con vallas de madera, y los múltiples carriles señalados en el piso finalizaban en blancos de tiro. Una gran torre de vigilancia de al menos diez metros de altura se yergue en una de las esquinas del campo de tiro. Las pocas personas que se encontraban practicando estaban tan enfocados en su entrenamiento que Ciro no se molestó en saludarlos, unos Cazadores humanos comprobaban que la tensión de los robustos arcos de madera fuera la correcta, e incluso tuve la oportunidad de apreciar la destreza de uno de los Cazadores al acertar al blanco mientras se encontraba montando en el lomo de su compañero híbrido, corriendo a gran velocidad.
Ciro me dejó apreciar las prácticas por un par de minutos más antes de continuar nuestro viaje, pues yo había quedado hipnotizado por la disciplina de aquellos Cazadores. <<Tenemos muchas cosas que ver aún>> Repito las palabras de Ciro para mí mismo, y aunque me gustaría quedarme a presenciar el resto de la práctica, no me podía dar el lujo de perder de vista a Ciro. De todas formas, aún había toda una aldea que visitar.
Dejamos el campo de tiro detrás de nosotros, y yo ya rogaba porque nuestro destino final estuviera cerca, pues mis piernas empezaban a acalambrarse de caminar desde la bahía Médica al otro extremo de Cilt justo después de haber sido dado de alta, y no contar con la mejor condición física. Pero mis plegarias parecen haber sido escuchadas al fin. Frente a nosotros se erguía imponente una entrada monumental a forma de una gran puerta de arco hecha con no más que troncos y cuerdas amarradas con maestría, el robusto monumento había sido invadido por flores trepadoras de vibrantes colores, y banderas de todos los tamaños del rango Cazador adornaban su basta superficie, indicando la entrada a una de las zonas más pobladas de Cilt.
- Aquí estamos ya. Bienvenido a la aldea de los Cazadores, Tyler.- Ciro me reafirma con tono alegre y energético, soltando una risa indiscreta al darse cuenta que había tenido mi boca abierta por más tiempo del que me hubiera gustado admitir-
Ciro se adelanta a pasar por debajo del gran arco, aún impaciente por mostrarme los lugares que él quería que conociera. Yo no tengo oportunidad de apreciar la belleza de aquella entrada por demasiado tiempo, pero algo me decía que ya tendría mucho tiempo después para admirarla de cerca. Sigo a Ciro lo más cerca posible, cosa que ya no era tan difícil, pues el extrovertido Porsche azul saludaba y conversaba con literalmente cualquier persona o híbrido que se detuviera a saludarnos, los cuales fueron muchos. El cambio del paisaje una vez pasado el arco de entrada era abrumador, era como pasar por un portal que de un lado te llevaba a una zona abierta del bosque, y del otro, albergaba una bulliciosa ciudad, muy parecida al centro de la delegación de la M.E. en la que yo vivía antes de llegar a Cilt.
Era como estar de vuelta en la Metrópoli, con sus altos y elegantes edificios y negocios, aunque muchas de las construcciones mostraban un claro deterioro y abandono. El bosque ya había empezado a comerse esta vieja ciudad, aunque los ciudadanos de Cilt hicieron su magia para regresarle el color y vida a los edificios que hubiesen terminado como una pila de escombros dado el tiempo necesario. Con calles pavimentadas y actividad comercial, aquí híbridos y humanos convivían en paz, involucrándose en las mismas actividades que se llevaban a cabo en las calles, desde atender puestos de comida y negocios de trueque, hasta pequeñas aglomeraciones de ciudadanos interesados en escuchar las últimas noticias en la radio, necesitando esta de una persona que tuviese un oído pegado al viejo aparato, y así repetir en voz alta todo lo que escuchaba, pues el ruido alrededor fácilmente consumía el débil parloteo de las viejas bocinas de la radio.
La aldea de los Cazadores estaba rebosante de actividad. Como ya era costumbre, varias personas me reconocen y me saludan amablemente queriendo tener un poco de mi tiempo para hacerme saber lo mucho que apreciaban tenerme de visita, aunque a veces eran muy insistentes y no soltaban mi mano. Ciro al ver esto intervenía con su usual calidez y me libraba de tener que negarme a las muestras de afecto de los ciudadanos, muchos de los cuales portaban el rango de Cazador tatuado en algún sitio visible de su piel.
Avanzamos con dificultad por las concurridas calles de la aldea de los Cazadores, tomamos un atajo que al parecer no muchas personas frecuentan, y este nos dirigió a la parte trasera de un gran edificio el cual tardamos bastante en rodear para llegar a las puertas principales. Algo dentro de mí sentía reconocer el edificio al que Ciro se veía interesado en llegar, cuando finalmente pudimos llegar a la entrada principal pude reafirmar mi sospecha, este era el edificio más alto de Cilt hasta donde he podido apreciar, era inconfundible por su enorme letra H amarilla a lo alto, la cual parecía ser la única pieza remanente de un viejo letrero de "Hotel" que pudo haber exhibido en sus mejores días.
La puerta principal no era lo suficientemente grande como para que Ciro ni cualquier otro híbrido adulto entrara al edificio, los escalones que se debían subir para llegar a la puerta eran demasiado angostos para la comodidad de Ciro, por lo que este ni siquiera intenta posar sus ruedas sobre estos, y en su lugar prefiere esperar por mí al pie de los escalones.
- Bueno, al fin hemos llegado chico. Este edificio es conocido como "La torre H"... lo sé, la gente de aquí no es muy original con los nombres de lugares importantes.- Su comentario irónico causa una risa a ambos, considerando que la mayoría de los puntos importantes de Cilt tenían nombres demasiado literales, como "El Domo del Consejo" o "El Estrado de Piedra". No sería difícil recordar uno más- Este es quizá uno de los pocos lugares en todo Cilt en donde solo pueden acceder humanos, pues el edificio está en bastante mal estado, y remodelar la entrada para que un híbrido pueda entrar al menos a la recepción podría tirar el edificio entero, así que es usado como vivienda de muchos osados Cazadores humanos, la mayoría de ellos capitanes o figuras importantes en Cilt... y tú, amigo mío, ya eres alguien importante, así que hice lo posible por conseguirte una habitación aunque sea temporalmente. Dicen que la vista desde los pisos superiores es hermosa, te gustará este lugar.-
- Eres demasiado gentil Ciro... no creo merecer un estatus tan alto solo por ser hijo de...-
- No, no, no. No lo menciones ni te quejes, ya está hecho, así que disfrútalo chico, ¿De acuerdo?- Era imposible decir que no a la radiante sonrisa de Ciro, su gesto desbordaba amabilidad, y era claro que haría hasta lo imposible para hacerme sentir cómodo en su presencia... incluso si eso incluía hacerme sentir incómodo con su hospitalidad- La anterior dueña de la habitación es una vieja amiga mía, estuvo viviendo ahí mientras se hacían las remodelaciones necesarias a la casa de ella y su amiga híbrida, pero le entregaron la casa antes de tiempo y ya se pudo mudar de nuevo. Ella me dice que aún hay unas cosas en el departamento, espero que no te moleste... no recuerdo exactamente qué número de habitación tenía, pero puedes preguntarle a cualquiera ahí dentro por el departamento de Blaire, y ellos te dirán cuál es.-
- De acuerdo, espero no olvidar el nombre... ¿Entonces voy rápido a la habitación a dejar estas cosas y nos encontramos de nuevo aquí?- Respondo a Ciro, haciendo énfasis en la ropa doblada que había estado cargando todo este tiempo-
- Uhm... me temo que debo dejarte solo por un momento, Tyler. Verás... mi hija, Marione, no la he visto en todo el día, y realmente necesito saber dónde se ha metido esta vez antes de que empiece el entrenamiento de los niños. Así que iré a buscarla al centro de la ciudad, con suerte podré saber al menos a dónde se ha ido.-
El hecho de que Ciro tenía una hija era completamente ajeno a mi conocimiento, y podía empatizar con su preocupación, por lo que debía darle la confianza de que yo no me metería en problemas mientras él estuviera ocupado en su búsqueda.
- Está bien, no te preocupes por mí Ciro, creo que puedo cuidarme solo... o más bien, creo que la mitad de la aldea mantendrá un ojo en mi espalda todo el tiempo.-
- Jaja, de acuerdo... Igualmente, si llegas a ver a una chica de unos 17 años con la mitad de su cabello color rosa... es muy probable que sea Marione. ¿Si la encuentras crees poderle decir que su padre está preocupado por ella?-
- Puedes contar con ello Ciro, mantendré un ojo abierto en caso de verla.- La descripción física de la chica parecía coincidir con el recuerdo del primer día que visité al escuadrón 15, en el sitio había una chica precisamente con dichas características, y el nombre parecía resonar con ese recuerdo. Si no fuera tan olvidadizo, estaría más seguro de ello-
- Bien, bien... ¡Oh, casi lo olvido! El entrenamiento de los niños empieza a las 3pm, llegaré 15 minutos antes por ti, aquí mismo, me gustaría que nos acompañaras hoy, y siendo yo tu guía temporal... bueno, creo que no tienes opción. Puedes explorar la aldea si te apetece, estoy seguro que muchos aquí estarían dispuestos a darte un gran plato de comida sin que se lo pidas, te vas a divertir.-
- ¡Excelente! Aquí estaré esperándote. Ojalá tengas suerte encontrando a Marione.-
- Je... sí, eso también espero yo.- Ciro resopla por sus ventilas, ligeramente frustrado, pero no tarda en recuperar su actitud positiva de siempre- Muy bien, entonces nos vemos antes de las 3, que te diviertas chico.-
- Gracias Ciro, nos vemos en un unas horas.-
Ciro parte del lugar con una sonrisa, y pronto se pierde entre la gente que caminaba apaciblemente por la calle frente al edificio... o "La torre H", como me debería referir a ella de ahora en adelante. Acostumbrado a siempre recibir indicaciones de alguien a cargo, me sentía nervioso al ser ahora yo el que debía buscar su camino hacia la habitación, pero yo sabía que el mejor remedio para la ansiedad por soledad era poner acción en ese preciso momento, y hablar con quién necesitara hacerlo para asegurar mi lugar en el edificio. Doy un rápido vistazo al interior antes de realmente entrar, simplemente para prepararme mentalmente para lo que fuera. Agarro con fuerza la ropa que abrazaba entre mis brazos, y entro decidido pero respetuosamente por la puerta principal.
La estructura base de una típica recepción de hotel de lujo era reconocible... aunque por poco. Todas las paredes habían sido decoradas con vistosas obras de grafiti artístico con los colores más estridentes que mis ojos habían visto jamás, todo aquello en un enorme collage que vestía las paredes y las llenaba de vida. Trofeos de caza eran exhibidos igualmente colgados en las paredes, así como banderas y estandartes de múltiples escuadrones de Cazadores, todos ellos con diferentes números. Todo el mobiliario había sido reemplazado por muebles rústicos de madera, pequeños centros de reunión eran reconocibles por estar alfombrados por tapetes de pieles de animales y cojines para sentarse en el piso. El ambiente despreocupado y libre de esta recepción contrastaba con la aparentemente intacta fachada seria de un viejo Hotel a punto de desmoronarse.
- Oh, ¡Hola! ¡Tú debes ser Tyler!- Un joven Cazador de aparentemente mi edad aparece de la nada detrás de mí, y se aproxima a saludarme, aunque al ver que tenía mis manos ocupadas se limita a tocar mi brazo- Ciro nos dijo que vendrías, ¿Cómo están tú y tu amigo Guerrero? Muchos nos preocupamos por ustedes.-
- Gracias, yo estoy bien, afortunadamente...- El recuerdo de Iker vuelve a hacer presencia en mi mente, como una aguda punzada en la parte de atrás de mi cabeza- ... Iker estará bien, aún le faltan unos días más en el hospital, pero creo que estará completamente recuperado pronto.- El Cazador no se dio cuenta de que mi sonrisa era un poco fingida, solo lo suficiente para no hacer evidente la preocupación, pero era lo mejor, realmente no deseaba hablar de ello con alguien que acababa de conocer, y que posiblemente solo había preguntado por Iker por simple cordialidad-
- ¡Es bueno escuchar eso! Estoy seguro de que tu amigo estará de vuelta por aquí más pronto de lo que crees.- Su respuesta, casi automatizada, no era sorpresa para mí, pero entendía que simplemente quería ser amable conmigo, y evitar a toda costa profundizar en conversaciones que podrían tornarse un tanto espinosas- Ahora acompáñame por favor, hay alguien que quiere conocerte.-
El Cazador me guía por el interior de la recepción del hotel, casi empujándome al ponerme una mano en mi espalda. Era necesario ser cuidadoso con mis pasos, pues habían cosas esparcidas por el suelo, cosas como latas de comida, herramientas, troncos, sogas y... ¿Huesos?
Las pocas personas que se encontraban ahora mismo en la recepción estaban agrupadas en un compacto círculo en el suelo, parecían estar jugando un reñido juego de dados que los había mantenido lo suficientemente ocupados como para no notar mi presencia. Todos ellos parecían pertenecer al mismo grupo... todos excepto uno. Al dar vuelta al lado derecho de la recepción, una sombría figura aguardaba sentada en una silla que no parecía muy cómoda, esta persona parecía resguardar la entrada al único elevador del hotel, y apreciaba el juego de dados desde su rígida posición, en silencio.
Mi nuevo acompañante y yo nos aproximamos al susodicho sin que este mostrara seña alguna de que nos había visto entrar si quiera. Su cara estaba completamente tatuada asemejando la tétrica apariencia de un cráneo, con las cuencas de sus ojos completamente oscurecidas, y con un permanente gesto de seriedad absoluta que lograba dar escalofríos al pobre desprevenido que se lo encuentra en persona por primera vez... como yo.
- Tyler, me gustaría que conozcas al encargado de la torre; Roger. Él está a cargo de mantener el orden dentro del edificio.-
Roger nos dirige la mirada cuando escucha su nombre, incorporándose lentamente en una posición más amena para mantener una conversación. El chaleco de cuero negro que usaba me permitió ver los rangos que poseía en sus hombros, Roger era un Guerrero, y Científico. Una combinación que no había visto en ningún otro ciudadano de Cilt además de Darius, quien casi tiene todos los rangos. El intrigante hombre a quien me fue imposible calcular su edad debido a su piel densamente tatuada, nos da a mí y al otro Cazador una mirada seria e inexpresiva, casi como si pudiera ver directamente a nuestra alma con el mero contacto visual.
- Bienvenido a la Torre H, Tyler Hopper. Me alegra finalmente poder conocerte en persona.- Roger saludó en tono barítono de voz que se hizo escuchar sin dificultad en la recepción, llamando la atención del grupo de Cazadores que jugaba a los dados en ese momento- Tengo entendido que te quedarás aquí por unos días, así que es necesario que te dé a conocer el reglamento interno del edificio; 1, No hagas daño al edificio, si tumbas una pared, pones en riesgo la integridad y seguridad de todos habitándolo. 2, No está permitido hacer ruido después de las 10pm. Y 3; Está prohibido usar el elevador. Fuera de eso, eres libre de hacer lo que sea siempre y cuando no moleste a los otros residentes.-
No me atrevería a cuestionar ni una sola de las reglas que Roger había dictado con tanta autoridad y claridad, a lo que simplemente sonrío nerviosamente, asiento con mi cabeza, y reafirmo lo que acababa de escuchar para demostrar que había puesto atención.
- De acuerdo... No remodelar la habitación, dormir temprano, y no usar el elevador... será fácil de recordar, jeje...-
Mi comentario nervioso parece suavizar la mirada de Roger, por más sutil que ese gesto fuera, sus tatuajes faciales se movieron lo suficiente para mostrar una sonrisa gentil.
- Tu número de habitación es la 31. Puedes acceder a ella escaneando tu chip en la cerradura. Bienvenido.-
- Gracias, señor, iré a... instalarme, muchas gracias por recibirme, no causaré problemas, se lo prometo.-
Roger asiente con un movimiento corto de cabeza, y regresa su atención hacia el juego de dados, el cual fue reanudado una vez que los Cazadores se dieron cuenta que el guardián del elevador había vuelto a verlos. El joven que me había acompañado al principio había dejado el lugar antes de que yo me diera cuenta, pero eso no era inconveniente, pues yo ya me encontraba en camino hacia mi nueva habitación, para la cual necesitaba subir un par de pisos de escalones.
Después de subir las angostas escaleras, y encontrar la habitación con el número 31, maniobro torpemente para poder escanear mi chip en la cerradura sin tirar la ropa que cargaba. La puerta se abre suavemente, e intento hacer mío el reducido espacio de la sencilla habitación, no se comparaba en nada al masivo departamento que compartía con Iker, pero debía aceptar que era acogedor.
El espacio se reducía aún más por las múltiples cajas de cartón apiladas en uno de los muros, pertenencias de la antigua dueña de esta habitación. No creo que sea problema que deje mi ropa encima por el momento.
Las paredes eran delgadas como papel, pero incluso así, la habitación era silenciosa. Una amarillenta cortina tapaba la luz de la ventana, y aproveché para abrirla por un momento, y comprobar por mí mismo la magnífica vista que tenía desde el tercer piso en el que se encontraba mi habitación.
- Mira eso... je, desde aquí todo se ve cerca... ojalá Iker pudiera ver esto.- Digo para mí mismo, en un intento de romper el silencio de la habitación. Desde aquí, la entrada de la bahía médica no era visible, pero algo en mí intentaba encontrarla.- ... Pronto saldrás de ahí, mi amigo... te lo prometo.-
Aún no estaba listo para lidiar mentalmente con la soledad que me provocaba la vacía habitación, por lo que simplemente me aseguré de verme lo más decente posible. Me cambié de calzado por unos tenis negros con agujetas blancas que habían sido añadidos a mi ropa nueva, até una delgada chamarra gris a mi cintura en caso de que fuera a necesitarla al final del día, y después de comprobar un par de veces más que mi chip seguía funcionando para abrir la puerta, me aventuré hacia el exterior de la torre H. Era la primera vez que exploraba por mi cuenta, y no tenía idea de dónde empezar, pero sinceramente, me sentía emocionado.
Caminar por las calles intentando pasar desapercibido, realmente no era mi fuerte. Pese a que no podría tener una caminata en solitario, eso no me incomodaba demasiado. La compañía y la interacción con personas tan amables siempre logran levantarme los ánimos.
Lo que empezó como una pequeña caminata, pronto se convirtió en una concurrida reunión en el local de comida más cercano; un restaurante localizado en una esquina, prácticamente sin muros y con múltiples sillas altas. Los dueños del local me regalaron un gran tazón de fideos con verduras el cual no pude rechazar, pues estaba realmente hambriento. Los Cazadores que se reunieron alrededor mío pronto corrieron la voz, y en cuestión de minutos todos habían atendido al local, manteniendo ocupados a los cocineros que alegremente veían a todos disfrutar de su comida mientras escuchaban nuestras conversaciones.
La gran variedad de personas e híbridos que atendieron a la improvisada reunión era abrumadora, nunca en mi vida hubiera imaginado que tanta gente estuviera tan interesada en mí... era tan irreal, que hubo momentos en los que me cuestioné si yo realmente valía tanta atención, pues a final de cuentas, yo solo era un chico afortunado de tener el apellido Hopper. Lograba deshacerme del incómodo pensamiento impostor simplemente enfocándome en las personas que, con gran ilusión en sus rostros, me platicaban sobre sus hazañas en las tierras neutrales.
La multitud llegaba en oleadas, poco a poco menos frecuentes. Había momentos en los que me quedaba casi completamente solo en el local, permitiéndome platicar con los cocineros. Aquellos momentos me daban la oportunidad de voltear constantemente al reloj análogo que colgaba a un costado del local. El reloj marcaba las 2:35, el tiempo había transcurrido tan suavemente que no me había percatado que ya había pasado dos horas sentado en el mismo lugar, cosa que mis entumidas piernas me reafirmaron al finalmente levantarme de mi asiento.
Los dueños del restaurante rechazaron amablemente cualquier intento mío por pagarles la comida y la hospitalidad, pues ellos insistieron que tenerme ahí en su local, y haber atraído así a tantos clientes había sido más que suficiente para ellos.
Empecé mi camino de vuelta hacia la torre H, aún aturdido y sonrojado por toda la atención que había recibido. Las calles ahora se encontraban casi vacías, pero aún había suficientes personas como para no sentirme inseguro.
El alegre ruido en mi cabeza casi me hace ignorar una silueta extrañamente familiar, la cabellera rosa de una chica que se había apresurado a buscar refugio en un callejón aledaño me hizo recordar la petición de Ciro. Era posible que ella fuera su hija.
Decidido a no dejar pasar la oportunidad de hacerle un favor a mi nuevo guía híbrido, sigo el camino que la chica había tomado antes de desaparecer de mi vista. Me asomo discretamente hacia el callejón, solamente para estar seguro de que su apariencia correspondía a la descripción que Ciro me había proporcionado; cabello teñido de rosa del lado derecho, aunque con la otra mitad de su cabeza completamente rasurada, baja estatura, complexión muy delgada, cuerpo coherente con una joven de 17 años... aunque ella había empezado a fumar, y se le notaba que lo hacía mal, y a escondidas.
Con mis dudas siendo mínimas, camino por el callejón hasta encontrarla frente a mí. Me aseguré de hacer suficiente ruido con mis pasos para alertarla de mi acercamiento, pero ella no parecía haberme escuchado... o más precisamente, parecía estar ignorándome a propósito.
- Hola, uhm... disculpa, ¿De casualidad tu nombre es Marione?-
- ...- La chica hace contacto visual conmigo por unos segundos, para después regresar la vista a su encendedor, que se rehusaba a dar siquiera una patética llama para prender su cigarrillo, evidentemente humedecido ya por tenerlo tanto tiempo en la boca sin consumirse- ... Depende de quién pregunta, niño bonito.-
- Sí... claro.- respondo incómodamente al no esperar su desinteresada reacción, a lo que intentaba actuar lo más neutralmente posible- Mi nombre es Tyler, Tyler Hopper.-
Le tiendo la mano, pero ella reacciona con una espontánea risa nasal que no duró demasiado, para después regresar a su intento fallido de prender el mojado tubo de papel que tenía entre los labios.
- ¿Y tú crees que eso me importa? ¿A caso crees que no sé quién aparentas ser?- Responde altaneramente, dejándome mudo por un momento- ... Ciro te pidió que me buscaras, ¿Cierto?-
- ... Él ha estado buscándote, y me pidió que si te encontraba, te lo hiciera saber. Ciro quiere verte antes de ir a entrenar a los niños, y yo voy a ir con él, así que... ¿Podrías acompañarme para que así ninguno de los dos se meta en problemas?-
- Mmhh... te diré exactamente lo que vamos a hacer, niño Hopper. Yo me quedaré aquí a esperar a unos amigos Guerreros reclutas, nos colaremos por la puerta Norte e iremos a patearle el trasero a unos cuantos Vortex... mientras tú, como eres todo un caballero, te irás y le dirás al viejo Ciro que no me viste por ningún lado, y que no tienes idea de donde pueda estar, porque tú sabes muy bien que si le dices la verdad, vas a lastimar su pobre corazón, y no lo quieres ver triste durante el entrenamiento con los niños... ¿O acaso estás dispuesto a ser el responsable de que los niños vean a su maestro preocupado por alguien que no vale la pena su atención?-
La hábil manipulación de Marione con las palabras me deja helado, no había ni una pizca de remordimiento en ellas, ni siquiera el mínimo respeto que debería tenerle a Ciro como su figura de autoridad. Ella sonríe, convencida de que su plan ha surtido efecto, pues realmente había logrado su objetivo, y de la forma más inesperada. El cargo de consciencia que ella había generado en mí paraliza cualquier intento de réplica. No me había sentido tan manipulado emocionalmente en un largo tiempo, y era una sensación que deseaba ya no volver a experimentar, pues yo no sabía cómo defenderme ante ello. En un único intento por defenderme de sus palabras, aparento calma ante ella, e intento hacer ver como si no me ha afectado.
- Le diré que te vi por la aldea. ¿Hay algo más que quisieras que él supiera?- le respondo con seriedad, esperando que fuera momento de abandonarla a ella y a la conversación, que se volvía más incómoda conforme pasaba el tiempo-
- Je, sí, claro. Sé que no lo harás, aún eres demasiado ingenuo como para herir los sentimientos de otros... pero no te preocupes, aprenderás rápido.- Marione finalmente logra prender su cigarrillo, y exhala el humo de este casi directamente sobre mi cara- ... nah, Ciro ya sabe que no voy a morir si no estoy con él. A demás, va a estar demasiado entretenido con su nuevo juguete como para preocuparse por mí.-
Marione guarda el encendedor en su bolsillo, y al hacerlo, un pequeño objeto metálico sale de este, rebota un par de veces en el piso, y brilla momentáneamente con el único rayo de sol que iluminaba el callejón donde nos encontrábamos.
Era una bala para pistola, de 9 milímetros.
La accidentada conversación entre los dos se congela cuando dicha bala deja de rebotar en el piso y Marione la oculta de nuevo en su bolsillo nerviosamente, aunque intenta disimular su error alisando su cabello con una mano, y haciendo un incómodo contacto visual conmigo.
- ... Y dime, ¿Iker ya te dijo que le gustan los chicos humanos?-
- Eso... no tiene nada que ver con lo que estábamos hablando.-
- Ohh, así que no lo niegas... muy bien. ¿Quieres un consejo de parte de alguien que ha visto a tu querido amigo amarillo fallar patéticamente en cada intento de conseguir pareja cada verano? Se tú el que lo bese primero, porque él nunca tendrá el valor de dar el primer paso.- Una sonrisa retorcida se dibuja en ella, y me hace retroceder un par de pasos-
- ¿¡Pero qué...!? No, no necesito escuchar eso, tengo que irme, voy a llegar tarde, lo siento.-
Molesto, incómodo, y deseando no haber tenido esa conversación nunca y que mi amnesia pudiera extenderse hasta este preciso momento y borrar dicha conversación de mi memoria, apresuro el paso para salir de ese maldito callejón y ponerme de nuevo en camino hacia la torre H. Intento suprimir el desagradable encuentro con los momentos de convivencia que había tenido en la aldea hacía apenas unos minutos, pero ni el bullicio de la gente que me abrigaba en amabilidad podía superar el inmundo estruendo de las palabras indeseadas de Marione. Su insolencia me hacía sentir náuseas.
Apresuré el paso y llegué a la torre H más rápido de lo que creí, al parecer mis piernas se habían tomado en serio eso de huir de Marione lo más pronto posible. Pronto caí en cuenta que yo le había dado justo lo que quería. Era claro que la caída de esa bala de su bolsillo la había puesto nerviosa, lo suficiente como para buscar el primer tema de conversación incómodo para hacerme huir de ahí. Ella era muy hábil para salirse con la suya, y apenas había intercambiado unas cuantas palabras con ella.
Me aterraba y repugnaba a partes iguales el pensar que era posible que debiera pasar más tiempo interactuando con Marione en los días siguientes, pues al ser la hija de Ciro... el escenario era más que posible.
Aun sintiéndome demasiado ansioso como para esperar en mi silenciosa habitación, decido quedarme sentado en las escaleras de la entrada del hotel para esperar a Ciro, quien, si era conocido por ser puntual, no debería tardar demasiado. Al no tener un reloj cerca de mí me es imposible saber cuánto tiempo he pasado esperando, pero ya se sentía como una eternidad, más aún al sentir la necesidad irracional de cuidar mi espalda, pese a que lo único que tenía detrás mío era una pared.
Esperé, y esperé. Hasta que al fin, su silueta es reconocible desde el atajo que habíamos tomado previamente al llegar a la aldea, pero no llevaba consigo su común sonrisa, se le veía preocupado, y frustrado, y ya imaginaba el porqué.
- Hola chico... perdón por hacerte esperar. Creí que la encontraría en el centro de la ciudad pero no vi ni un rastro de Marione por ningún lado, ni siquiera la han visto por esos rumbos... ¿De casualidad tú has escuchado algo sobre ella?-
Estaba listo para soltar una mentira que le salvaría la molestia a Ciro de preocuparse gratuitamente por Marione. El discurso lo había practicado en mi mente minutos antes de que fuera hora de decirlo... pero al ver el preocupado rostro de Ciro, y ver lo mucho que le importaba saber algo, cualquier cosa, aunque fuera un rumor de su hija, mi valor para mentir a su cara flaqueaba, pero tampoco estaba dispuesto a cargar con la responsabilidad de contarle la verdad entera. Era momento de recurrir a la arriesgada táctica de decir verdades a medias, a conveniencia de la situación.
- En realidad... estoy bastante seguro de haberla visto pasar, pero no pude llegar a ella para decirle que la estabas buscando, ella parecía tener mucha prisa... en lo que sea que estuviese haciendo.-
Ciro parece suspirar de alivio, aunque ello solo le dura unos segundos, para después dar una disgustada cara de padre frustrado la cual la dirigía al vacío.
- Bueno... al menos sé que sigue dentro de las barreras de Cilt, con eso es más que suficiente para mí.- Ciro dice de forma sarcástica, ignorante de que Marione ahora mismo se destinaba a salir de Cilt en busca de problemas, pero ya era demasiado tarde para redimirme y hacerle saber la verdad-
- Sí... tienes razón, es un alivio.- Forzo una sonrisa en mi rostro, pasando desapercibido por Ciro-
- De acuerdo, entonces si estás listo para irnos, el camino es por aquí.- Ciro retoma su actitud, radiante y listo para interactuar con sus niños reclutas-
Pese al hecho de saber que su hija había estado evadiéndolo todo el día, y que ésta muy posiblemente se metería en problemas, Ciro no muestra ni una pizca de mal humor. Sea porque yo me encontraba acompañándolo en ese momento, o porque realmente él tenía el don de vivir el momento y no preocuparse por cosas que no están en su poder, de cualquier forma, Ciro caminaba confiado y optimista como usualmente se le veía.
La falta de personas que aún permanecían en las calles de la aldea nos hizo más fácil nuestro trayecto hacia la salida al campo de entrenamiento, no era nada parecido a la marea de gente que nos recibió en un inicio. Parecía que ya todos estaban encargándose de sus deberes. Nos destinábamos a pasar por debajo del gran arco, cuando una demandante voz, acompañada de forcejeos de alguien llevado en contra de su voluntad, llama la atención mía y de Ciro.
- !Guerrero Ciro!- El alarmante tono de un fornido hombre, llevando a rastras a una chica incómodamente familiar llama la atención del resto de personas alrededor nuestro- Escuché que perdió a su hija de nuevo.-
- Marione...- Ciro llama a su nombre, ligeramente alarmado de que hubiera sido necesario que a Marione le ataran las manos frente a ella con una soga, y que así fuera llevada a rastras desde donde la capturaron, igual que un animal ponzoñoso al cual es preciso tener controlado- ¿Pero dónde...?-
- La encontramos en la puerta 3 Norte, a punto de intentar salir de los límites de la ciudad, junto con un grupo de reclutas Guerreros que ya han sido custodiados por sus Sub-Líderes.-
Marione se tira al suelo, e intenta deshacerse de sus ataduras pateándolas con sus propios pies, sin mucho éxito. Yo me quedo viéndola en silencio, sin mucho remordimiento hacia ella, mientras Marione nos dedicaba a Ciro y a mí un rabioso gesto de inconformidad, casi de traición.
- ¿Qué tienes que decir al respecto Marione?- La inusual severidad en la voz de Ciro me tomaría por sorpresa si no estuviera deseando internamente que la revoltosa joven obtuviera lo que se merece, pero ella solo mueve su cabeza bruscamente hacia atrás para apartar el cabello de su rostro, negándose a decir una palabra. – Oh, ¿Ahora vas a quedarte callada verdad? ¿Será porque no tienes ningún argumento que usar a tu favor? ¿O porque sencillamente todo eso es cierto?- Marione mantiene una tensa expresión en su cara, evitando contacto visual con Ciro- ... Bien, tu silencio ha hablado por ti. Terminaremos esta conversación una vez que regrese a casa, y más te vale que estés ahí para cuando vuelva.
- No tan rápido.- El Guerrero que mantenía a Marione bajo custodia se reúsa a soltarla, haciendo a Ciro tensar su gesto igualmente- Los Guerreros que la detuvieron confiscaron objetos de naturaleza ilegal que se albergaban dentro de sus bolsillos.- Saca la misma bala que a Marione se le había caído de su bolsillo en el momento de conocernos, sorprendiendo a Ciro en cuanto reconoció la figura de la pequeña munición- Como bien sabe, la posesión de armas de fuego, explosivos y municiones está prohibido dentro de las fronteras de Cilt, y en caso de encontrar a alguien ocultando o distribuyendo dichos objetos ilegales puede causar la destitución de su rango... o incluso, el exilio.-
Esto era cosa seria. Cualquier extranjero como yo podría deducir que Cilt, al ser una comunidad conocida por sus feroces Guerreros y su fama de poder hacer frente a los Vortex que aterrorizan los bosques europeos, sería cosa común que cada casa contara con al menos un arma de fuego con la cual protegerse de ser necesario... pero este no era el caso. Al parecer las armas de fuego están severamente penadas por las leyes de Cilt, sea cual sea el razonamiento detrás de ello, y ahora la ciudadanía de Marione prendía de un hilo, todo por un simple casquillo de metal relleno de pólvora. Y yo, al haber presenciado antes que todos que Marione poseía dichas municiones, me convertía en cómplice.
- ¿Ustedes tenían conocimiento de esto?-
- ¡Absolutamente no! es imposible que esa bala le pertenezca a ella, debió haber sido incriminada por alguien más.- Ciro responde con firmeza, sin dar oportunidad de que su voz temblara, en un único intento de proteger a su hija de un destino cruel-
El Guerrero entonces me voltea a ver a mí, esperando una respuesta de mi parte, al mismo tiempo que Marione aparta la vista del piso, y me ve igualmente a los ojos.
- ... No. Yo ni siquiera la conozco.- Obligado a decir otra mentira, digo sin muchas ganas y frustrado, pero con la coartada necesaria para que el Guerrero se lo crea-
- Esto es una advertencia. La siguiente vez que la vea infringiendo la ley no dudaré en hacérselo saber a la General Kassia directamente. No me importa la relación que usted tenga con el Líder Darius, Ciro, la ley se aplicará imparcialmente. ¿Ha quedado claro?-
- Muy claro, camarada Guerrero.-
El musculoso hombre parece convencido de la respuesta de Ciro, y procede a desatar las manos de Marione. Esta al ya no sentir la tensión de la cuerda se soba las muñecas, y se mantiene en el sitio sin mirarnos a mí o a su padre. El Guerrero ya no tenía nada que hacer ahí, y después de darnos una severa mirada a los tres, se da la media vuelta y empieza su camino de regreso a donde se le necesitaba en ese momento. En cuanto el momento de tensión había terminado, los espectadores de aquella ruidosa conversación reanudan sus actividades, disimulando el hecho de que habían presenciado algo que sería material de chisme para otro momento.
- Ahora, quiero que vayas a casa en este mismo instante y te quedes ahí. Quiero que reflexiones sobre lo que acabas de hacer Marione. Tendré una muy seria conversación contigo cuando regrese.-
- ¡No me digas qué hacer! ¡Todas estas malditas reglas fueron escritas por tipos tan viejos e inflexibles como tú!-
- ¿Entonces quieres perder para siempre tu rango de Cazadora por el que has trabajado tanto? ¡¿Eso es lo que quieres?!-
- ¡¿Y qué más da?! ¡Al diablo los Cazadores, yo nunca quise pertenecer a este rango de todas formas! ¡A ti te gusta defender a todos menos a mí!-
- ¡No tendremos esta discusión aquí! Ve. A casa. Ahora.-
Marione patea el piso con furia, aunque tal parece que lo pateó con tanta fuerza que logró hacerse daño, pero hizo lo mejor de su parte para no demostrarlo. La enclenque chica desaparece entre los edificios próximos a la entrada de la aldea. Ciro respiraba con fuerza, el ya de por sí grande Porshe 911 de oscura piel azul había ganado un poco más de tamaño intimidante al levantarse más de lo normal del nivel del piso, haciendo evidente su disconformidad y dominancia. Llena profundamente sus pulmones con el empolvado aire, y lo suelta con fuerza, logrando así deshacerse de mucha de la tensión que había acumulado en tan incómoda interacción.
- ... Lamento que hayas tenido que presenciar eso, chico... te pediría discreción al respecto, pero por desgracia, no fuiste el único que vio el espectáculo... y los rumores se esparcen rápido por aquí.- Da una mirada penetrante a los pocos espectadores lo suficientemente osados para seguir mirando directamente al epicentro del escándalo, poniéndolos nerviosos, haciéndolos irse del lugar con rapidez- Pero en fin. No tengo tiempo para esto, y mis alumnos esperan. Vamos a divertirnos un rato.-
Ciro lideró la caminata, así como el primer momento en el que me conoció, era su forma de guiar y acompañar a la gente, pero en esta ocasión se le notaba que estaba especialmente interesado en mantenerse frente a mí, intuía que era para que yo no tuviera que ver su rostro. No podía imaginar lo que pasaba por la cabeza de Ciro en ese momento, pero su abisal silencio, nada usual en él, me daba suficientes pistas para deducir que no se encontraba bien, y que prefería lidiar con sus sentimientos a solas. Yo no era nadie para entrometerme en su decisión, menos aún al haberle mentido ya dos veces. Realmente no era la persona más apta para ofrecerle palabras de apoyo, que de por sí no habían sido solicitadas.
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El sol era intenso, pero no tan abrasador como el día que Iker y los Guerreros me llevaron al Zeingen. Era una agradable tarde de verano la que dedicaríamos a entrenar niños... si es que sus actividades podrían siquiera considerarse entrenamiento. La verdad dudaba que los alumnos de Saemus estuvieran siendo realmente entrenados para ser Cazadores, pues eran demasiado pequeños, la mayoría de ellos no rebasaban los 13 años de edad, y tenían solo la mitad de mi estatura. ¿Qué tipo de entrenamiento se le podría exigir a un niño de esa edad?
- ¡Buenos días mis niños!- Ciro saludó energéticamente al grupo, el cual había estado esperando en medio del prado de entrenamiento, todos sentados en el piso, niños humanos y crías híbridas por igual-
- ¡Buenos días maestro Ciro!- Todos responden al unísono al escuchar a su maestro, tomando una mejor posición, y creando una ordenada formación frente a Ciro y yo-
Los niños y pequeños híbridos se formaron haciendo un semicírculo frente a nosotros, no fue necesario que Ciro se los pidiera, pues ellos parecían saber muy bien lo que se tenía que hacer. Un pequeño niño no mayor a 10 años, de cabellera negra y lisa cuyo corte le tapaba completamente los ojos, da un paso al frente en la formación, dejando en el piso frente a él un arco de madera que igualaba su estatura, y que había estado cargando todo el tiempo.
- ¡Escuadrón 9, Dientes de sable!- El jovencito gritó con tenacidad al aire, siendo después acompañado por un coro de rugidos que tanto sus compañeros híbridos y humanos no mostraron temor en mostrar.- Listos para servir, maestro Ciro.-
La presentación del aparentemente inofensivo grupo de niños termina impresionándome. La exhibición de su nombre de escuadrón, así como la demostración de fuerza de tal rugido colectivo, podría ser considerada adorable para algunos... pero para mí solo fue un recordatorio de que era posible que estos niños supieran mucho, mucho más que yo en el ámbito de la caza. No sería prudente cuestionarlos.
- Gracias, Bastian. Todos pueden sentarse.-
Los pequeños obedecieron a la petición de Ciro, y un magnífico silencio y respeto se hizo presente en la formación. Nadie hablaba, era como si todos hubieran olvidado como ser niños ruidosos por un momento, para pasar a ser versiones miniatura de soldados perfectamente bien entrenados. Era algo demasiado peculiar que nunca había visto en mi vida. Yo me mantengo parado al lado de Ciro, sin saber muy bien si yo debía seguir igualmente sus órdenes, pero eso no parece importante.
- Creo que les debo una disculpa mis niños, tuve un pequeño contratiempo y esa fue mi razón de llegar tarde. Pero para compensar la situación, he traído conmigo a un invitado muy especial... creo que ya lo conocen.- Ciro se gira un poco para verme, y yo simplemente sonrío hacia los niños, haciendo que un par de ellos rían discretamente, sea la causa de su risa mi aparentemente cómica apariencia, o porque hayan recordado la vergonzosa circunstancia en la que conocí al escuadrón, y a Saemus.- Tengo la intención de que Tyler nos acompañe el día de hoy en nuestras actividades, pero claramente, los que tienen la última palabra aquí son ustedes. Así que, ¿Permitirían que Tyler se una a nosotros por el día de hoy?-
Niños y crías híbridas murmuran entre ellos, haciéndole saber sus opiniones secretas al mismo niño que los presentó; Bastian. Otro par de risitas son apenas audibles mientras tomaban su decisión final, y cuando todos parecen satisfechos de haber hecho saber su voto a Bastian, este dirige la mirada a Ciro con respeto, y responde con voz clara y excepcionalmente formal para un niño de su edad.
- El escuadrón 9 está de acuerdo. Bienvenido, novato Hopper.- Bastian no aguanta su risa con las últimas palabras que pronunció, pero hace lo mejor que puede por no parecer que se burlaba. Otros compañeros suyos no eran tan discretos-
- Gracias Bastian, prometo intentar seguir el ritmo de tu escuadrón.- Respondo con un tono ligero de voz, sabía muy bien qué tipo de actitud tomar hacia niños. La mayoría de las veces, seguir su juego es mucho mejor que nadar contra corriente. Aunque para mi fortuna, todos parecían ser muy amistosos-
- Excelente. De acuerdo, ¡Que empiecen las actividades entonces! Bastian, por favor organiza al escuadrón en dos equipos, y dale el silbato a Tyler. Jugaremos asalto al castillo.-
- Sí, maestro Ciro.-
Bastian hizo a sus compañeros enumerarse, los números pares serían un equipo, y los nones otro. Ambos equipos se separan al menos diez metros uno del otro, estableciendo bases debajo de los árboles cercanos en cada uno de los extremos del campo de juego. El pequeño Bastian entonces se acerca a mí, se saca un collar de cadena con un silbato de metal que había estado oculto bajo su camiseta morada, y me lo entrega en una de mis manos, sin decir otra cosa, mirándome en silencio, aunque no estaba seguro de si me estaba viendo precisamente a mí o no, pues sus ojos eran casi imposibles de ver debido a su densa cabellera negra y lacia.
- Y... ¿Q-qué tengo que hacer con esto?- Analizo el silbato con detenimiento, era un viejo silbato de cartero, tubular y decentemente bien conservado, aunque tenía un poco de óxido en el interior-
- Usted será el árbitro, señor Hopper. Lo que tiene que hacer es tocar el silbato una vez, y después lanzarlo en medio de los dos equipos. El equipo que llegue a la base enemiga y suene el silbato, gana un punto. Y la jugada se repite hasta que el maestro Ciro decida detener el juego.
- De acuerdo... suena sencillo, creo que puedo hacerlo.-
Bastian sonríe, convencido de que me ha explicado bien, y toma lugar en el equipo que le ha tocado. Busco a Ciro a los alrededores, y este se había acostado bajo la sombra de un árbol cercano, se le veía cómodo, posiblemente porque yo estaba sirviendo de su suplente por el día de hoy. Él se merecía un descanso después de todo lo que ha tenido que pasar por el día de hoy, por lo que no me molestaba en absoluto ser yo quien se encargara de cuidar a los niños, incluso si yo no sabía cómo hacerlo hasta ahora. Ambos equipos parecen estar listos, las miradas expectantes de los jóvenes humanos e híbridos me indican que era mi momento de hacer lo que me habían pedido. Sueno el silbato, la primera vez sin éxito, pues la forma de este necesitaba una forma específica de soplar el aire para así producir un sonido alguno, lo logro al segundo intento, y pronto, ambos equipos empiezan a correr directamente hacia mí. ¿Qué estaba pasando? ¡No se supone que vengan por mí! ¡Deben ir tras el silbato!
Salgo de la confusión que aquello me había causado, y acierto en lanzar el silbato lo más lejos posible de mí, pero aún en el punto intermedio entre ambos equipos. Los niños ven el silbato volar por los aires y lo siguen con la vista, calculando donde iría a caer. Antes de que cayera al suelo, la estampida se re direccionó hacia donde el pequeño silbato golpeó el piso, y fue rápidamente arrebatado por una cría híbrida, una BMW i8 sumamente rápida. La cría corrió en dirección a la base enemiga, pero fue rápidamente detenida por la barrera de híbridos ligeramente más grandes que ella que se habían quedado a resguardar la base. Aprovechando la conmoción, un hábil niño le arrebata el silbato de los dientes a la pequeña híbrida y empieza a correr en dirección contraria, siendo escoltado por un par de compañeros híbridos, apartando de su paso a todo aquél que osara intervenir. Una niña del equipo contrario, subida en el lomo de su amigo híbrido, logra hacerle frente al corredor y toman posesión del silbato, haciendo que todos corrieran de nuevo al otro lado del campo de juego.
La batalla por el silbato era frenética, ambos equipos corrían de un lado a otro, arrebatándose el preciado silbato sin titubear, creando una gran nube de polvo en el proceso, crías híbridas gruñían en medio de sus jugadas, y los niños imitaban sus mismos sonidos. Parecía algo caótico pero, si ponía la suficiente atención en el juego, pude notar que en ningún momento intentaban hacerse daño, al contrario, tanto niños como híbridos tenían un extremo cuidado en no lastimarse entre ellos, ni siquiera involuntariamente. Era hipnotizante ver la gran destreza de los pequeños, empezaba a entender el sentido de este juego. No se trataba únicamente de ganar puntos, sino lo que realmente Ciro esperaba que aprendieran es precisamente el control de su fuerza, habilidad esencial si se quiere vivir en un lugar donde la mitad de la población la conforman híbridos, y la otra mitad humanos.
Después de un gran desfogue de energía, el equipo de Bastian logra anotar el primer punto. Todos inmediatamente se detienen y regresan a sus bases para organizar mejor su próxima jugada. El anotador, una niña de rosadas mejillas y pelo incluso más rojizo que el mío, se acerca a mí y me entrega el silbato con una sonrisa en su rostro, antes de regresar a defender su base. Ahora ya empezaba a entender lo que debía hacer.
La batalla de puntos fue reñida, lancé el silbato al menos otras diez veces, y los niños simplemente no parecían cansarse. Yo estaba tan inmerso en el juego que no podía evitar correr igualmente de un lado a otro siguiendo el movimiento de quien estuviera en posesión del silbato en ese momento. Les daba palabras de aliento a ambos equipos, e incluso pude aprenderme algunos de sus nombres. Mientras más jugadas pasaban, más refinadas eran las estrategias que usaban. Hubo un momento en que un equipo se organizó para crear una compacta barrera con todos los híbridos con los que contaban, todos avanzando al mismo tiempo con sus puertas abiertas, intimidando el avance del equipo enemigo, y permitiendo a los humanos llevar el silbato a la base que les haría ganar su séptimo punto. Realmente no recordaba la última vez que me había divertido tanto, haciendo cosas de niños.
Después de la décimo quinta jugada, los niños empezaban a mostrar señas de cansancio, me entregaron el silbato una vez más, pero en esta ocasión había quedado casi irreconocible por el lodo que se había acumulado en su interior. Tomé unos momentos para limpiarlo lo suficiente para que fuera apto para poner mi boca nuevamente en él.
- ¡Atención escuadrón, última partida! ¡El equipo que logre traerme primero uno de los zapatos del señor Hopper gana!-
Confundido, volteo a ver a Ciro, quien mostraba una descarada sonrisa, y después volteo al campo de juego, solo para darme cuenta que todos ellos empezaban a perseguirme. No servía de nada aventar el silbato, era mi turno de correr.
Corrí hasta la zona cercana de árboles, y al ver que sería imposible esquivarlos a todos, busco el primer árbol accesible, y empiezo a escalarlo después de años de no haber hecho algo similar, pero de alguna forma aún sabía cómo hacerlo. La estampida de niños pronto me alcanzó, y uno de ellos se abrazó de mi pierna antes de que yo pudiera asegurarla arriba de una rama. Sus risas junto con las mías hicieron a Ciro acudir a la escena de la cruel persecución, en la cual yo era la presa. Todo terminó en ambos equipos entregando mis zapatos a Ciro, sin que este se pudiera decidir cuál de los dos bandos sería el ganador, mientras yo me aferraba a la gruesa rama del árbol, descalzo, recuperando el aliento, pero tan feliz como uno más de ellos.
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La tarde había avanzado con inusual rapidez. La adrenalina de los juegos que habíamos concluido hacía ya poco más de una hora empezaba a perder su efecto en mí, obligándome a usar la chamarra que ahora agradecía haber cargado conmigo desde el inicio del día. Después de dar por concluidos los juegos, nos dirigimos al banco de comida en el centro de la ciudad –no muy lejos del campo de entrenamiento- y pedimos raciones de carne y salchichas para la cena. Ciro cargó con el pesado cargamento de comida en su interior, mientras yo me encargaba de mantener a los niños juntos y en orden, cosa que realmente no era muy difícil, eran niños muy obedientes. Era evidente que me había ganado la confianza de todos ellos, se turnaban para caminar junto a mí, y me daban un sinfín de pequeños regalos que se iban encontrando a su paso de vuelta al campo de entrenamiento, siendo estos florecitas silvestres, rocas con formas graciosas, ramas, e incluso una rara y preciosa pluma de ave de bonitos colores marrones. Hice lo mejor que pude por guardar cuidadosamente los preciados tesoros en mis bolsillos.
A lo ancho del campo de entrenamiento son visibles círculos de tierra de al menos cuatro metros de diámetro, éstas eran las zonas seguras para prender fogatas. Ciro y yo aguardamos en uno de estos círculos de tierra, preparando la carne para la cena, mientras los niños buscaban leña a los alrededores. Pronto, una estable estructura de troncos había sido esculpida con las habilidosas manos de los niños.
- ¡Pero qué fogata más hermosa! Yo no sería capaz de hacer algo así, incluso si tuviera manos. Consiguieron una muy buena madera mis niños, los felicito.- Ciro celebra el trabajo en equipo de los niños, quienes ya eran experimentados al crear fogatas seguras, incluso yo fui capaz de aprender unas cuantas cosas de ellos, pues nunca había aprendido a hacer una fogata en mi vida-
- Gracias maestro Ciro, el clima no ayudó mucho para encontrar madera seca para la fogata de hoy, pero por suerte recordé que siempre hay madera seca en los claros soleados.- El pequeño Bastian hace una reverencia hacia Ciro mientras supervisaba a los demás niños, pues él era el capitán designado de esta semana de actividades-
- Y gracias a tu buena intuición, el escuadrón supo dónde buscar esa madera. Muy buen trabajo, capitán.-
El comentario de Ciro hace sonreír a Bastian, quien vuelve a dedicar la vista hacia la estructura de la fogata, la cual estaba a punto de ser terminada y encendida. Las delicadas brasas que empezaban a formarse en la base de la fogata brillaban débilmente, era trabajo de Bastian prender exitosamente la fogata, proveyendo de aire fresco al tímido fuego que poco a poco consumía la yesca seca a su alrededor. Al cabo de unos minutos, el fuego se aferra a los maderos y se vuelve una fuente de luz y calor formidable. Los niños, felices de su creación, toman un tiempo para admirar y danzar al fuego que habían creado, pero sin perderle el respeto y cuidado que se merece. Ciro se mantiene al margen de la experimentación de los niños con el fuego, pues sabe bien que ellos reconocen el potencial de algo tan vivo, y energético como el mismo fuego.
La cena es preparada, toda la carne de nuestras raciones es pinchada en largas varillas de metal, sujetas justo encima de las energéticas llamaradas que la fogata escupía constantemente. El cielo atardece con unos hermosos tonos morados, y los niños aún se notaban energéticos, impacientes por que su cena esté lista.
- Maestro, ¿Ya puedo tomar mi ración? Tengo mucha hambre- exclama una joven cría híbrida, con una porción generosa de carne cruda frente a ella-
- Bueno, tú eres la única que puede tomar esa decisión, eres libre de hacerlo. Pero recuerda que tus amigos humanos también tienen hambre, y ellos no pueden comer su carne cruda como tú. Deben esperar a que esté bien cocida, y eso toma tiempo.
La pequeña híbrida levanta la vista y voltea a ver a sus compañeros humanos, igual de impacientes que ella para comer. Saca la punta de la lengua por un momento, pues su hambre era muy grande. Pero después de unos segundos prefiere dirigir su atención a los demás.
- Tiene razón, maestro. Es justo esperar- La reacción de la cría dibuja una orgullosa sonrisa en el rostro de Ciro- ... ¿Por qué no nos cuenta una historia mientras esperamos a que la cena de ellos esté lista?-
- ¡Sí! ¡Sí! ¡Una historia de sus aventuras en las tierras neutrales! ¡O una de sus batallas contra los Vortex!- Los niños sugerían ansiosos hacia Ciro, quien intentaba no agobiarse ante todas las diferentes peticiones de sus niños inquietos-
Yo me había sentado fuera del círculo de los niños, pues mi piel siempre había sido muy sensible al calor, y eso incluía el poderoso resplandor de la fogata. Ver a todos amontonarse entre sí para ganar la palabra con Ciro era cómico de ver, sobre todo al ver que Ciro no hacía nada para intentar silenciarlos. Bastian había sido el único que no se unió al tumulto, al contrario, se mantuvo callado y sentado en su lugar. Volteó hacia atrás hasta que pudo verme, por primera vez fui capaz de distinguir unos pequeños, pero expresivos ojos azules debajo de su cabellera. Bastian sonrió plácidamente hacia mí, era extraño ver a un niño de su edad comportarse de forma tan serena. Después de compartir miradas, Bastian se levanta y se aproxima al barullo de niños, manteniendo una posición firme, y levantando su mano, en silencio.
Poco a poco, los niños empezaron a notar que Bastian estaba claramente pidiendo la oportunidad para hablar, y todos guardaron suficiente silencio para que su voz fuera escuchada por Ciro, quien ya tenía a unos cuantos niños y crías colgados de sus puertas, y sentados sobre su cuerpo.
- Yo propongo que nos cuente de nuevo la historia del Líder Darius, del día que derrotó a Neyzan.- al oír esto, varios niños se quejaron en voz alta, exclamando que ya habían escuchado esa historia cientos de veces, pero Ciro tenía su atención plena en el pequeño Bastian- ... el señor Hopper es nuevo aquí, y creo que este es un buen momento para que escuche una de las historias más importantes de Cilt.-
Lo último que había esperado escuchar en el discurso de Bastian, era mi propio apellido. Doy una mirada confundida a Ciro, y él me devuelve una cálida sonrisa, ignorando a los revoltosos niños que tenía encima.
- Me gusta tu petición, Bastian, así como también me gusta la razón por la que lo haces. Bien, esa será la historia que contaré el día de hoy.-
Unos pocos niños se quejan aun de la decisión de Ciro, pero los demás parecen dispuestos a escuchar el relato, a pesar de que no fuese la primera vez que lo escuchaban. Todos toman sus asientos de nuevo, mientras Ciro se da la vuelta y arranca una rama con hojas frescas directamente de un árbol cercano, tira la rama cuidadosamente sobre la fogata, causando que esta creara mucho más humo del que ya despedía, creando una gruesa columna gris en el cielo sobre nosotros. Le doy la espalda a la fogata momentáneamente, apreciando los remolinos de humo que flotaban libremente sobre nuestras cabezas.
- ... Esta historia comienza nueve años atrás, antes de que Cilt tuviera nombre, en un punto entre nuestras fronteras y las tierras neutrales...-
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El Accidente Vortex había terminado... pero a un costo muy alto.
Los que fuimos afortunados de salir a tiempo vagamos por el bosque, sin rumbo, en busca de un lugar seguro, encontrando a nuestro paso humanos e híbridos iguales a nosotros.
Entonces encontramos este lugar, un oasis en medio del caos. Un lugar al cual llamar hogar.
La comunidad de híbridos y humanos se asentó cómodamente en este páramo con esperanzas de vivir una vida tranquila, alejados de la violencia y discriminación de la Metrópolis. Aunque muchos de los refugiados habían sido duramente azotados por la guerra, eran desconfiados hacia los híbridos, pues lo habían perdido todo gracias a unos cuantos de ellos.
La discordia y las heridas abiertas pronto empezaron a causar problemas en la población, híbridos y humanos se separaban cada vez más, y algunos incluso llegaron a creer que la guerra y segregación eran justas, que híbridos y humanos nunca podrían convivir en paz. Eran tiempos desesperados, y todo aquél que intentara poner orden en este caos, era rápidamente silenciado.
Pero uno de los muchos refugiados destacó de entre los demás. Este joven híbrido que se rehusaba a imponer sus ideales con brutalidad y que, en cambio, prefería usar el diálogo antes que la fuerza. Su actitud fue criticada por muchos de su misma especie, pero a su vez, le hizo ganar el respeto de muchos otros refugiados, tanto humanos como híbridos.
Su nombre era Darius. Hijo de Zenda, la guerrera.
Su nombre pronto se popularizó, parecía que nuestra comunidad al fin se ponía de acuerdo para elegir a alguien que nos representara, alguien que guiara nuestras acciones con el ejemplo. Pero, como siempre, no todos aceptaron a un híbrido como su único líder. Darius fue traicionado muchas veces durante su accidentada toma de poder, pero siempre demostró una determinación y entrega inquebrantable hacia aquellos que confiaban en él, y una infinita paciencia y compasión hacia aquellos que lo apuñalaban por la espalda, pues él más que nadie comprendía lo difícil que era ser guiado por un rostro que les recordaba al Accidente Vortex.
Un día, el joven líder decidió vigilar el perímetro de su recientemente obtenido territorio. Ya lo había hecho cientos de veces antes, pero algo sucedió que no le permitió continuar su usual caminata.
Un extraño híbrido se interpuso en su camino, un Lamborghini de piel gris como la ceniza, y con vibrantes ojos naranjas que lo veían con superioridad. Este mismo se presentó como Neyzan, el líder de los Vortex, el mismo que había causado el desastre que dejó en ruinas la Metrópoli, y que dejó a tantas personas sin hogar y con familias rotas.
Neyzan fingió cordialidad, e intentó convencer a Darius de unirse a su causa, la causa Vortex. Su plan era reforzar sus tropas haciendo alianzas con grandes clanes vecinos, y así devastar por completo la Metrópoli.
Darius se rehusó rotundamente a la oferta, solo un loco aceptaría hacer tratos con alguien como Neyzan.
Fúrico, el Lamborghini atacó a Darius a traición en cuanto este se había decidido regresar a la aldea. Si no conseguiría convencerlo, al menos intentaría matarlo para reducir la competencia, y desestabilizar un clan más en el proceso.
La batalla fue sangrienta, Neyzan mordió a Darius en una de sus puertas y logró inmovilizarlo, pero él no moriría sin dar antes una violenta batalla. La agonía de sus heridas provocó la furia de Darius, una fuerza interna que tanto luchó por reprimir, pero que sería su única salvación si quería salir vivo de esta batalla.
El gran La Ferrari usó su brutal fuerza heredada de su madre, y dejó a sus instintos tomar posesión de su cuerpo, casi incapaz de controlarse. Descargó su ira en el intruso y estuvo a punto de matarlo. Teniéndolo bajo el peso de su cuerpo, asegurándolo con sus poderosas garras, y ya habiendo probado su sangre, Darius tuvo vía libre para quitarle la vida al Vortex que había causado tanto sufrimiento a aquellos que le obedecían, a sus amigos, y a su familia.
... pero no lo hizo.
Incluso con la hirviente furia en sus venas, y con la herida en su puerta que lo debilitaba a cada segundo que pasaba, logró reunir suficiente fuerza de voluntad para perdonarle la vida. No tenía sentido hacerlo. Si lo mataba, eso no lo volvería mejor que cualquier otro Vortex, no lo volvía mejor que el mismo Neyzan.
Darius liberó al traidor, quien cobardemente huyó para salvar la poca vida que había conservado después de tan brutal pelea. El gran rugido de Darius fue escuchado por kilómetros, alertando a todo Vortex en las cercanías que todo aquél que osara cruzar estas barreras tendría el mismo destino que su líder; una humillación total, y la posibilidad de perder la vida.
La historia de la batalla de Darius y el líder Vortex se esparció rápido entre los refugiados, los humanos que antes dudaban de él ahora le mostraban respeto, pues habían comprendido que él no solo peleó por su propia vida, sino que se sacrificó para proteger a todo humano e híbrido que viviera bajo su protección. Desde entonces, Darius fue respetado por todos, y sus palabras se hicieron ley.
Esa fue la primera vez que esta comunidad había encontrado un propósito, un líder, y un nombre;
Cilt.
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Casi podría jurar que logré ver sus siluetas en el humo, avanzando en una danza mortal por sobrevivir. Darius y Neyzan, dos líderes enfrentándose a muerte por defender sus ideales.
El épico relato que Ciro contó con especial respeto en su voz nos ha dejado a todos en silencio, hasta que llegado el final, los niños gritaron y rugieron en emoción, eso me hace despertar de mi trance igualmente, había estado tan inmerso en la historia que apenas me daba cuenta que ya había anochecido por completo, y que la cena estaba lista.
Los niños cenan con su usual barullo, cantando canciones en torno a la hoguera y jugando con la comida. Yo, por otra parte, me había quedado atónito ante la historia que acababa de escuchar, y lo que esta significaba para todos los ciudadanos de Cilt. Darius no era únicamente su Líder, ni un tipo con el que no te gustaría meterte debido a su masivo tamaño... él era un símbolo de unión, unión entre humanos e híbridos, un recordatorio de que la paz es posible, incluso en el más imposible de los escenarios. Y era ese mismo híbrido el que había arriesgado su vida para salvarnos a mí y a Iker cuando fui atacado por Dheera.
¿Por qué alguien como él arriesgaría tanto por salvar a alguien como yo? y, por más incorrecto que suene, ¿Salvar igualmente a un ex-Vortex como Iker? Siendo que pocos aquí estarían dispuestos a salvar a alguien con el estatus de mi amigo.
¿Y por qué no? A final de cuentas, él es lo más cercano a un ciudadano perfecto que encontraré en Cilt. Por algo es el Líder supremo. Creo que simplemente hizo caso a su impecable sentido de protección, he hizo lo que debía hacer.
<< Es deber del Guerrero proteger a aquellos que no pueden defenderse a sí mismos>>
¿Lo habrá dicho por Iker?... ¿Lo habrá dicho por mí? ¿Ambos?
La cena llega a su fin, y con ella, el final del día de entrenamiento. Los niños se levantan del piso y se preparan para regresar a sus casas, cuando un par de confusas siluetas se nos acercan, era difícil saber de quién se trataba, pues la fogata ya estaba siendo apagada. Un par de grandes ojos celestes reflejan la poca luz remanente de la fogata, y la humana que acompañaba al dueño de dichos ojos era más reconocible a medida que se acercaba. Eran Adara y Saemus.
- Hola a todos.- Adara habla con voz tranquila, haciendo que los pequeños griten en emoción y muchos de ellos saluden a su capitana abrazándose a ella, cosa que Adara aceptó cariñosamente- ¿No te dieron muchos problemas el día de hoy, Ciro?-
- De hecho, creo que al que tienes que preguntarle eso es a Tyler, él hizo un excelente trabajo supervisándolos y entrenando con ellos el día de hoy. Sería un muy buen maestro.-
Me sonrojo un poco por el comentario de Ciro, aunque para ser justos, sentía que mis mejillas ardían desde el momento que prendimos la fogata.
- ¿Es eso cierto? Bueno, ahora sé a quién llamar cuando estos diablillos estén dando problemas.- Adara frota la cabellera de uno de ellos, para después mirarme a los ojos de la misma forma que lo hizo en el hospital, cuando me convenció de salir de la habitación de Iker... como si siguiera herido.- ¿Cómo estás?
La pregunta me paraliza, pues ni siquiera yo sabía qué responder. ¿Cómo puede sentirse alguien después de todo lo que ha pasado recientemente? Melancolía, esa era la única palabra que seguía aferrándose a mi pecho con tanta fuerza. Esa misma que, a momentos, me dejaba disfrutar pequeños momentos, como ese caliente y delicioso plato de fideos que me dieron en la aldea de los cazadores, y el quedarme aferrado de la rama de un árbol al huir de una estampida de niños. Misma melancolía que igualmente, hacía los amargos momentos incluso más dolorosos, los silencios más estruendosos, y las mentiras más culposas.
- ... Estoy bien. Intentando adaptarme. Ha sido un largo día.-
A ella no le es necesario escuchar más para comprender que no le daría la respuesta que esperaba, pero eso no le impidió sonreír con empatía y no elaborar en la pregunta.
- Me alegra escuchar eso Tyler, créeme que sí. Y ahora que he podido verte de nuevo, quería aprovechar para invitarte a un entrenamiento de prueba para jóvenes reclutas, yo impartiré la clase. El grupo lo integran chicos y chicas de nuestra edad, creo que sería una buena oportunidad para ti. ¿Qué dices?-
- Oh... jeje, yo no soy un Cazador, no tengo aptitudes para ello... ¡Mírame! Soy enclenque y sin resistencia física.- Mi respuesta es en broma, y en serio en partes iguales. Me es imposible considerar que yo tuviera algo bueno que ofrecer a los Cazadores y, para ser sincero, nunca había considerado convertirme en uno en primer lugar-
- Igual que el resto de reclutas, todos son principiantes al igual que tú. A demás no es necesario que te quedes a todo el entrenamiento, si en algún momento decides que esto no es para ti ten la confianza de que puedes decírmelo. Pero al menos inténtalo, aunque sea una vez.- Froto mis manos en ligero nerviosismo, pues era difícil decirle que no a Adara, y la experiencia parecía tentadora- Vamos, el Tyler que conozco nunca dudó en aventurarse a lo desconocido. ¿Por qué debería ser diferente?
Me pica el poco orgullo que me da el reconocer que eso era cierto. Ya había abandonado por completo mi vida pasada para venir a Cilt. ¿Por qué debía intimidarme una simple sesión de entrenamiento?
- Muy bien. Iré al entrenamiento.-
- Eso quería escuchar. Nos vemos mañana a las 9am en el Estrado de Piedra. No llegues tarde, novato.- Adara se despide con una sutil sonrisa hacia mí y Ciro, y hace que los niños la sigan, ella y Saemus se encargarían de regresarlos a sus casas-
El gran Camaro amarillo se había mantenido al borde de la conversación en todo momento, guardando una respetuosa distancia entre él y nuestra conversación. Se le veía pensativo, incapaz de hacer contacto visual. Era la única vez que lo había visto después de nuestro incidente, y eso hacía que un escalofrío me recorriera el cuerpo en tan solo pensar en ello. Adara se lleva a los niños hasta encontrarse al lado de su pareja. Este la voltea a ver en silencio por un momento, asegurándose de que todos los niños la seguían en orden, y es en ese momento en el que Saemus empieza a acercarse a la moribunda fogata en la que solo Ciro y yo montábamos guardia. El estómago me da vueltas, aunque intento mantenerme lo más calmado posible, sabiendo que Saemus no podría hacerme daño, no estando Ciro junto a mí... sería muy estúpido de su parte intentarlo.
Pero en vez de verse agresivo, o siquiera mostrar dominancia hacia mí, se le veía un tanto inseguro, claramente incómodo de estar frente a mí, sentimiento que era mutuo. Ninguno de los dos habla por un momento, Saemus intenta hacer un comentario forzado sobre sus niños, los cuales no representaron ninguna carga para mí, así como lo quiso interpretar. Era claro que no sabía cómo iniciar la conversación.
- Tyler yo... solo quería decirte que, realmente, me siento arrepentido de la forma en la que me comporté, estoy avergonzado de mis actos hacia ti y hacia Iker... lo que hice no tuvo sentido. Fui estúpido, y no controlé mi fuerza... pude hacerles daño. Y quería ofrecerte mis disculpas más sinceras.- El circo que se había creado en mi estómago parece detenerse por completo al escuchar sus palabras, incapaz de creer que realmente se estaba disculpando. La impresión solo me permite mostrar una incrédula cara hacia él, incapaz de gesticular siquiera un poco.- ... No te pido que seamos amigos, pero... ¿Crees poder perdonarme?
De alguna forma inexplicable, las palabras de Saemus me conmueven. La imagen del agresivo Camaro que intentó atacarme de alguna forma parecía desvanecerse. A veces, una disculpa de la persona que te hizo daño, tiene mucho más significado, y más aún si es ofrecida de una forma tan humilde como esta. Saemus estaba claramente arrepentido. Era claro que él no era un híbrido agresivo por naturaleza, incluso los Guerreros lo reafirmaron cuando visité la madriguera. Simplemente yo había llegado en el momento equivocado, y había hecho algo en el momento incorrecto.
- ... Claro que sí, Saemus. Te perdono.-
Mis palabras parecen quitarnos un peso de encima a los dos, se notaba que Saemus estaba menos tenso al escucharlo.
- Gracias Tyler. Te prometo que no volverá a suceder. Y por Iker, no tienes que preocuparte, yo ya me disculpé con él igualmente en el hospital.- Por primera vez veo una gentil sonrisa en Saemus, haciéndolo ver como un amable gigante una vez que había dejado su fachada de capitán pretencioso y bruto. Ahora no se me hacía tan descabellado que Adara lo hubiera elegido como su pareja.- Je... aunque, debo decirlo. Cuando te conocí, juraría que te presentí como si fueras un híbrido más.
- Creo que eso sí sería estúpido, ¿No?- El sutil sarcasmo en mi voz logra unas risas de alivio en ambos, dando una buena oportunidad para bajar la tensión de la conversación-
- Bueno, entonces creo que nos volveremos a ver mañana, prepárate para el entrenamiento, Adara no es precisamente gentil con los novatos.- Saemus guiña un ojo antes de darse la vuelta, y regresar junto a su pareja que ya se había adelantado, en camino hacia el centro de la ciudad junto con la flota de niños-
De un momento a otro, me encuentro solo en mis pensamientos. No era una soledad abrumante, sino más bien, era como tener la confianza de que nadie me atacaría por la espalda ahora. Era agradable. Me sentía en una extraña paz, tanto, que casi olvidaba que Ciro aún estaba acompañándome. Él mantiene su vista en los maderos de la fogata que aún tenían ardientes brasas corriendo como ríos de lava en su interior. Nos hemos quedado en penumbras, pero estando junto a él, yo me sentía a salvo. Creo que ambos teníamos demasiadas cosas en que pensar como para platicar de ello ante la tenue luz de las cenizas. Al ver que no se movería del lugar aún, le hago compañía sentándome cerca de él, contemplando las estrellas ahora que tenía la oportunidad de hacerlo.
- ... la capacidad de perdonar es algo que muchos no le dan la importancia debida... pero, a final de cuentas, es lo que nos separa de los Vortex, y de cualquier otro extremista.-
- Bueno, es lo que Darius hizo con Neyzan, ¿No?... le perdonó la vida, porque él era mejor persona.- Digo sin despegar mi vista de las estrellas, sonriendo para mí mismo-
- ... Las historias pueden no decir toda la verdad, chico... así como tú no quisiste decirme la verdad sobre Marione.-
Siento como si una piedra me callera en lo más profundo de mi ser, golpeando y magullando todo a su paso.
- Creo que no me conoces lo suficiente como para ser completamente sincero conmigo... eso me molesta, pero es mi culpa, pues nunca te di razones para hacerlo. Es por eso que ahora te demostraré mi honestidad.-
"Te contaré la verdadera historia, de Darius y Neyzan."
Hybrid-Kira (2021)