Capítulo 10
"Fuego cruzado"
Capítulo 10
"Fuego cruzado"
Ilustración: Hybrid-Kira (2018)
No supe cuántas horas pasaron desde que me resguardé en la habitación, pero tampoco tenía intenciones de saberlo. Mi cabeza estaba igual de revuelta que mis emociones, y con ellas mi estómago. El estrés excesivo tiende a causar estragos en mi salud de vez en cuando, y esta no era una excepción. Al menos esperaba que Iker estuviera un poco mejor, donde fuera que estuviese ahora mismo, aunque tenía sospechas de que debió haber buscado refugio en el bosque, pues al parecer era el único sitio donde nadie podría molestarlo.
Intenté distraer mi cerebro con alguno de los libros que pude recuperar, uno de ellos llamó temporalmente mi atención.
Comportamiento híbrido
vol.2
Interacciones sociales entre híbridos y humanos
Marcus .H
Como si de un mal chiste se tratara, la mayoría de los libros que tenía en mi poder en ese preciso momento trataban sobre híbridos, aunque sinceramente no podía esperar ningún otro tipo de contenido en los libros de mi padre, los híbridos eran lo que había dado sentido a su vida. Pero yo no quería nada que ver con híbridos en este momento, al menos no durante los siguientes treinta minutos. Solamente quería silenciar mi cabeza y poder dormir un poco pese a que no estuviera seguro si ya era de noche, o si el sol seguía en lo alto, era lo que menos importaba en estos momentos.
Mi cabeza no podía decidir entre mis sentimientos de tristeza, soledad, desilusión, asco o enojo... más bien era una combinación de todas ellas, y saturaba mi cerebro cada vez que volvía a pensar en ello. Consideré la idea de salir de la habitación para tomar un poco de aire fresco y aclarar mis ideas, pero eso conllevaba interactuar con más personas, que curiosas empezarían a preguntarme cosas, y yo no estaba en el mejor momento para responderlas. A demás, no estaba seguro de que la lluvia se hubiese detenido ya. Esta misma habitación que antes era un alivio después de estar encerrado en mi casa de la Metrópoli, ahora se empezaba a parecer a esta poco a poco; solitaria, deprimente y silenciosa.
Encontré un poco de consuelo agridulce al recordar que mantenía una fotografía de mi padre conmigo. Temía que el agua la hubiera estropeado, pero para mi fortuna esta se había mantenido a salvo en el bolsillo de mi camisa, la cual había dejado secar en el exterior por unas horas. Tomo la delicada y arrugada fotografía en mis manos, una de ellas estando vendada y adolorida. Guardo cada centímetro de dicha fotografía en mi memoria, como si de un hermoso recuerdo que nunca sucedió se tratara. Veo mi rostro en el suyo, y me es difícil verlo a los ojos por más tiempo, aunque fuese únicamente una fotografía. Mi garganta ya no podía contener el llanto por más tiempo, y mis ojos finalmente se rindieron para dejar pasar solo un par de lágrimas, antes de que todo volviera a estar tan silencioso como antes.
El silencio empezaba a taladrar mi cabeza con un agudo pitido que solo yo podía escuchar, y justo cuando mis nervios de estar solo se habían tranquilizado, un inesperado ruido vuelve a agitar mi corazón. El cerrojo automático de la puerta se había activado desde afuera.
La sorpresa me roba el aliento por un momento, haciendo que me levantara del suelo de un brinco, sin saber lo que había sucedido. La puerta entonces empieza a abrirse lentamente, empujada por un híbrido con una inexpresiva mirada, ojos enrojecidos y piel ligeramente pálida y empapada, Iker estaba irreconocible en ese momento.
Su repentina aparición me deja sin palabras, sofocado por la deplorable apariencia de mi amigo. Ninguno de los dos dice una palabra en el largo minuto en el que Iker hacía contacto visual conmigo, y luego al suelo, alternando así por todo aquél largo minuto. Finalmente Iker mantuvo la mirada baja y suspiró con pesadez, levantando una pequeña nube de polvo en el proceso.
- He venido a hablar contigo... necesito que me acompañes.- Vuelve a dirigir sus ojos verdes a los míos, dándome un ligero escalofrío.- ... Hay muchas cosas de las que quiero contarte.-
El camino fue silencioso y lleno de incertidumbre, aunque al menos ya no había nadie haciendo fila para subir a los elevadores. Todos ya se encontraban descansando, resguardándose de la lluvia que al fin había cesado. Aún había un poco de luz afuera y el cielo se había despejado, adoptando un color anaranjado, y por suerte el clima era un poco más cálido que en la mañana.
Dejé que Iker se adelantara unos cuantos metros frente a mí, no porque no quisiera estar cerca de él, sino para darle espacio, pues parecía que realmente lo necesitaba en ese momento, aunque de vez en cuando generaba un poco de ruido en mi andar para que supiera que yo seguía su mismo rumbo.
El camino empezaba a ser un poco familiar para mí, estábamos acercándonos al centro de Cilt, y lo pude comprobar al ver de nuevo el imponente estrado de piedra flanqueado por los cinco pilares de roca, los cuales ahora sabía que tenían tallados los cinco rangos en lo más alto de cada uno de dichos pilares, siendo el rango de Líder el pilar central. Tal parecía que dicho monumento era nuestro lugar de destino. Iker subió al estrado con pesadez y se detuvo en el centro de este, manteniendo su mirada baja, y tallando la superficie de su rueda derecha sobre el piso. Yo simplemente me quedé apreciando el lugar sin decir ni una palabra, recordando el día que llegué a Cilt sobre este mismo estrado de piedra, y extrañando un poco el bullicio de la gente al recibirme. Ahora simplemente se podía escuchar el aire, y los trinos de las aves que se disponían a dormir en las copas de los árboles.
- Este es un lugar especial para muchos, Tyler... híbridos como el viejo Ciro cuentan que este fue el lugar donde Darius derrotó a Neyzan por primera vez, el líder de los Vortex... he hicieron este monumento en su honor.- Iker rompe el silencio con su voz tenue, pero que podía ser escuchada fácilmente por la peculiar acústica del estrado de piedra.- ...Aunque híbridos como yo lo conocemos por ser el lugar donde dejas tu marca en uno de esos pilares al finalmente pertenecer a un rango.- Iker se aproxima a uno de los pilares, precisamente el que representaba el rango de Cazador, y apoya su nariz en la rugosa superficie de la columna de piedra, acariciándola afectivamente.- Los pilares no siempre fueron así, antes eran perfectamente lisos... cada una de las marcas que ves, fue hecha por una persona, humano o híbrido, que se integró por primera vez a ese rango.-
Retrocedo entonces unos cuantos metros para poder apreciar aquellos detalles, todos los pilares estaban repletos de grandes y pequeñas imperfecciones en la piedra de la que estaban hechos, todos excepto el pilar de los líderes, el cual seguía increíblemente intacto con únicamente cuatro marcas en su superficie. Ahora lo comprendía, este era un tipo de iniciación. De todos los pilares el que contaba con más marcas era el rango de Cazador, las cuales llegaban hasta la mitad de la estructura, casi cinco metros arriba de nuestras cabezas.
- Y supongo que la tuya está en ese pilar de allá... el pilar de los Guerreros.- Dicho pilar era diferente, pues además de tener considerablemente menos marcas en él, el mismo material se veía ser más claro y de una piedra menos vieja que los demás.
- No. Realmente la mía está aquí... junto con la de Aaron. - Iker se mantenía apoyado sobre el pilar de los Cazadores, como si le estuviese mostrando sus respetos a dicho monumento. No estaba seguro si Iker estaba tocando en ese preciso momento dichas marcas, pues todas eran prácticamente iguales, y sumamente difíciles de distinguir entre ellas.
- Tú... ustedes, ¿Eran cazadores?- Paso mi mano con respeto por el resto de marcas que habían alrededor de la de Iker.- Nunca lo hubiera sabido si no me lo hubieras dicho... ya no usas el tatuaje en tu piel.-
- Es porque lo tengo prohibido.- Iker responde con pesar en su voz, al mismo tiempo que deja caer su cuerpo sobre el frío suelo del estrado de piedra.- Tyler... hay muchas cosas que no sabes de mí... pero vaya, creo que eso es lo único que sabes, je...- Su momentánea sonrisa se opaca de nuevo, siendo invadido por su propia melancolía.- Pero... como dijo Tori, tienes derecho a saberlo.-
- No tienes por qué hacerlo, Iker-
- No... es necesario.- El canto de las aves lo distraen por unos segundos, hipnotizado por su belleza.-... A él le hubiera gustado escuchar el canto de las aves una última vez...- Iker sale de su propio trance al verme de nuevo, yo me había sentado a su lado sin verlo a los ojos, simplemente haciéndole compañía.- ... Es necesario.-
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Era muy difícil escoger un momento de la vida de Iker en la cual empezar el relato, pero, dentro de él sabía que no importaba por donde empezara, Tyler lo escucharía de inicio a fin.
Era otoño, uno muy similar a todos los otoños que ha presenciado Cilt en su corta, pero significante existencia. Un nublado y lluvioso otoño hace ocho años.
Iker como muchos otros híbridos habían sido rescatados por Marcus Hopper de ser vendidos por traficantes, y el lugar más seguro a los alrededores de la Metrópoli era sin lugar a duda la recién fundada ciudad neutral de Cilt. El joven Darius acogió a cientos de híbridos en su recién adquirido territorio, y cuidó de ellos junto con el resto de sus más fieles seguidores. Marcus se encargó de cuidar a muchos de ellos, de enseñarles un poco sobre las ciencias, y darles el afecto y atención que nadie más les había ofrecido en su vida, pero entre todos ellos, Iker era especial.
Mientras la mayoría de híbridos dejaban de frecuentar a Marcus una vez que se hacían mayores, Iker nunca se separó de él, se podría decir que él más que nadie había encontrado una figura paterna en Marcus, y el solitario científico veía en Iker un reflejo de su hijo, Tyler, quien había tenido que dejar en la M.E. por razones que el joven Iker no entendía en ese momento, pero que se esmeraba demasiado para que su padre humano no sintiera melancolía por ello.
El tiempo pasó, la ciudad y su población creció, y el anonimato del que gozaba Cilt al principio empezaba a esfumarse, haciéndolo blanco frecuente de Vortex, y cazadores furtivos que tenían cada vez menos temor de atravesar las fronteras de Cilt. Era necesario tener híbridos y humanos valientes que combatieran contra dichos peligros, y protegiesen a la población más vulnerable.
Claramente, Iker se ofreció voluntario en la primera oportunidad que tuvo.
Los valientes voluntarios fueron llamados "Cazadores" y eran los primeros en su clase. El sistema de rangos apenas estaba por implementarse, y serían los primeros en recibir un entrenamiento formal de parte del mismo Darius. La cantidad de jóvenes humanos he híbridos que se enlistaron habían sobrepasado las expectativas de todos, por lo que se optó por dividirlos en escuadrones, y asignar a cada humano un acompañante híbrido con quien tendrían que convivir todo el tiempo, por lo que la selección de dicho compañero era muy importante. Se les dio unos días a los Cazadores novatos para que se conocieran entre ellos y pudieran escoger a su compañero, pero Iker no podía encontrar a nadie, el poco tiempo que él dedicaba a relacionarse con otras personas además de Marcus empezaba a ser una clara desventaja para él. Al parecer el destino fue bondadoso para él en ese momento, pues justo cuando él creía que sería el único Cazador híbrido sin compañero humano, él apareció.
Un chico callado, tímido, y sumamente despistado. Su complexión era esbelta y su piel tan blanca que le hacía que se le notasen las venas de las manos, de lejos se podría decir que se veía un poco enfermo, pero sus cálidos ojos cafés y su cabellera negra le daban vitalidad a su rostro. No fue sorpresa para nadie que Iker y él terminaran finalmente como compañeros, pues sencillamente no había otra opción para ninguno de los dos.
El nombre del chico era Aaron, a secas. Él se negaba a mencionar sus apellidos cada vez que se le preguntaba, aunque eso no era problema para Iker, quien como todos los demás híbridos tenían un solo nombre, así al menos sería más fácil recordarlo. En el corto tiempo que tuvieron para conocerse a fondo, Iker supo que Aaron realmente no había aplicado para ser Cazador, sino para ser Médico, él había escapado de su casa situada en unos extensos cultivos de trigo que le han pertenecido a su familia desde hacía décadas, pues Aaron no pensaba pasar el resto de su vida siendo un granjero. Su más grande anhelo era estudiar biología, o mejor dicho, él quería estudiar a los híbridos, pero aquello siempre debía estar disfrazado como "Biología" hacia sus padres, pues si estos se daban cuenta que su hijo menor quería estudiar a esas bestias les hubiera dado un paro cardíaco.
Sus padres siempre se negaron a la "absurda" fantasía de Aaron, pero él estaba dispuesto a cumplir su sueño, por lo que una noche partió de su casa rumbo a la gran Metrópoli Europea, pero en el camino un horrible Vortex lo atacó, haciéndolo cambiar de rumbo y desmayándose en su intento de huida. En ese momento no supo lo que pasó, pero al parecer unos híbridos de Cilt lo encontraron y lo trajeron ahí. Aaron quedó tan fascinado con Cilt en los pocos días de su estadía que decidió quedarse.
Al principio Iker estaba dudoso de cuánto tiempo tardaría su nuevo compañero en hartarse del entrenamiento y rendirse, para así poder alistarse en el rango Médico y poder cumplir dicho sueño que tanto trabajo le tomó perseguir, pero pasaron días, semanas, y meses, y Aaron nunca abandonó el duro entrenamiento de los Cazadores. Aunque claro, Iker no se molestaría en recordárselo, pues encontraba mucha paz en ese muchacho, y lo último que quería era quedar solo de nuevo. El entrenamiento fue duro, Darius les enseñó todas las técnicas de combate que había aprendido de su madre, una temeraria peleadora ilegal que se ganó el respeto de todos por ser la más letal de todas en sus días de gloria, pues a pesar de su pequeño tamaño ella se las arreglaba para matar a híbridos del doble de su tamaño, dichas hazañas le hicieron ganarse el apodo de "La Indomable". Pero muchos la conocían simplemente como Zenda, la maestra. Entre madre e hijo lograron entrenar a los primeros y más poderosos escuadrones de Cazadores que Cilt haya recordado jamás.
Debido a su cuerpo flacucho y débil, Aaron se rompió un par de huesos durante los entrenamientos, así como un sinfín de esguinces y lesiones menores, mientras que Iker una sola vez sufrió un tirón muscular en el abdomen. Fue mucho el tiempo que ambos tuvieron que hacerse compañía en la enfermería, pero todas aquellas lesiones tarde o temprano volvieron fuerte a Aaron, haciéndolo igual de hábil y feroz en batalla que su compañero híbrido, quien igualmente había llamado la atención de Zenda por su perseverancia, pero sobre todo, su brutalidad en combate, algo que ni siquiera el mismo Iker se esperaba de sí mismo, había mucha más fuerza en su interior de lo que todos pensaban.
Confiados de su poder, la pareja retó a Darius en un combate amistoso el último día de entrenamiento con el fin de demostrar que eran dignos de liderar uno de los escuadrones, a lo que Darius aceptó sin titubear. Claramente fueron derrotados como el resto de parejas que participaban por el liderato, pero ellos fueron los únicos que lograron mantener una pelea de varios minutos con el poderoso Darius. Ninguna otra pareja mostraba un vínculo tan fuerte como Iker y Aaron, y esa misma unión era la fuente de su poder, y Darius lo reconocía. Ingenuos, un poco arrogantes e infantiles... pero sumamente leales y fuertes. Estaba genuinamente impresionado con ellos dos.
El día de la graduación había llegado al fin, los cinco escuadrones que lograron completar el entrenamiento bajo la tutela de Darius y Zenda se encontraban haciendo fila para dejar su marca en el majestuoso pilar de piedra de los Cazadores, uno de los únicos cuatro pilares que existían en ese momento, el rango de Guerrero aún no era implementado, pues no era un rango necesario. A Iker y Aaron se les nombró capitanes del escuadrón 3, ellos serían responsables del buen trabajo de las cinco parejas que, con orgullo, seguirían sus órdenes.
El tiempo pasó muy lentamente para muchos de los Cazadores una vez que sus labores habían comenzado. Muchos decían que el entrenamiento del Líder Darius había sido excesivo, pues las misiones a las que los Cazadores debían prestar sus servicios se limitaban a reconocimiento de zonas inexploradas, y de vez en cuando el patrullaje de algún punto importante como la represa. Parecía que el peligro de los Vortex y los cazadores furtivos se había esfumado justo cuando Cilt había entrenado a sus Cazadores de élite, pero eso no desanimó a Iker y Aaron.
Ser capitanes era una enorme responsabilidad, pero igualmente tenía sus ventajas. Ambos disfrutaban de explorar el bosque y las ruinas de las ciudades acompañados uno del otro. Las experiencias que acumulaban juntos en sus aventuras los acercaron cada vez más, hasta consolidarse como una pareja, una como pocas que se habían visto en Cilt hasta el momento. Cuando Aaron estaba indispuesto para realizar alguna misión, Iker se quedaba a cuidarlo, pues el joven solía enfermarse mucho. Aunque eso no sucedía al revés, las pocas veces que Iker era incapaz de reportarse al trabajo, Aaron continuaba con sus deberes, aunque eso parecía ser de poca importancia para su relación. Iker lo amaba más que cualquier cosa en el mundo.
Cierto día, después de una monótona semana patrullando el perímetro de Cilt, ambos capitanes tuvieron la idea de llevar a su escuadrón a un lugar que ellos solían frecuentar en sus días libres; un río no muy caudaloso oculto por árboles densos que le brindaban un poco de privacidad a ese hermoso lugar, era verano nuevamente y ese lugar sería perfecto para refrescarse y pasar un tiempo agradable entre todo el escuadrón 3. Partieron en la madrugada cuando el sol apenas empezaba a aclarar los cielos, Darius y el resto de líderes no notarían la ausencia del escuadrón puesto que tenían pensado regresar al atardecer, justo antes de la junta de capitanes en el Domo del Consejo, junta que se realizaba semanalmente para evaluar las labores que habían realizado todos los rangos dicha semana. Esas juntas eran aburridas, pero necesarias, por lo que Iker se mantendría especialmente alerta de la hora de regreso.
El camino que para Iker y Aaron era completamente normal, suponía un gran reto para el resto de su escuadrón, era claro que no se habían mantenido en forma en todo el tiempo que llevaban siendo Cazadores formalmente, pues según ellos, no tenía caso entrenar para labores tan sencillas. Entre quejidos y dolores musculares, por fin habían llegado al tan preciado lugar, era un regalo muy personal de los capitanes hacia su escuadrón, y no tardaron en empezar a disfrutarlo.
Algunos de ellos fueron directamente a refrescarse en el río, a otros les tomó más tiempo adaptarse a la frialdad del agua. Otros más como Iker preferían ver a los demás jugar en el agua mientras descansaba en la sombra de un árbol. Aaron a veces presumía su talento para nadar, por lo que algunos de sus compañeros de escuadrón lo retaron a nadar contra corriente en la parte más turbulenta del río, pero dicha hazaña era demasiado ambiciosa incluso para alguien como él. Terminó siendo rescatado por Iker, quien temía por su salud ante semejante esfuerzo. Después de arrastrarlo cariñosamente hacia la sombra en la que descansaba, Iker se dispuso a tomar una siesta, al igual que Aaron. El chico humano acostumbraba dormir en el interior de Iker, recargando su espalda directamente sobre la puerta izquierda, confiando plenamente en que su pareja no abriría dicha puerta durante su descanso. Iker confió su seguridad y la de su amado en las manos de su distraído escuadrón.
Pero algo lo despertó.
Un familiar sonido como un agudo zumbido pasó rozando su mejilla, la potencia con que dicho zumbido surcó el aire lo puso alerta, le tomó unos segundos volver a agudizar su vista, pero cuando la imagen volvió a ser clara, su rostro se llenó de espanto, así como la del resto del escuadrón.
Una flecha se había incrustado en el pecho de uno de sus compañeros. El impacto, inadvertido y certero, no le dio tiempo de gritar siquiera, el joven no produjo un solo ruido antes de dejarse caer al río, siendo arrastrado por la corriente.
Iker no reaccionaba a los gritos desesperados de su escuadrón, quienes en su pánico, no sabían que hacer. El terror los hizo olvidar por completo su entrenamiento, que de por sí ya no practicaban. Uno de ellos empezó a correr hacia un claro en el bosque, y el resto lo siguió, sin saber que solamente corrían en dirección a una mortal trampa. Uno a uno, empezaron a caer víctimas de otro par de atacantes que esperaban pacientemente en el claro, disparando letales flechas de punta doble a cualquier cosa que se moviera. Eran cazadores furtivos, y solamente estaban interesados en los híbridos, no importaba si tenían que matar humanos en el proceso.
Iker seguía sin moverse, el pánico lo paralizó, y le era difícil respirar. Hasta que el sonido de una ballesta cargándose lo hace salir de su trance, pero por desgracia, sus reflejos fueron torpes. Una gruesa flecha atravesó de lado a lado su puerta izquierda, sofocándolo de dolor. Pero fue el mismo dolor que despertó su brutalidad, la misma brutalidad que Zenda un día había reconocido en Iker, pero que nunca pensó en enseñarle a controlar. Ciego por la rabia y el dolor, embistió ante la primera sombra con forma humana que vio entre los arbustos, lo tomó de las piernas y después de romperle los huesos con su mordida, lo aventó en dirección al río. Una segunda sombra empezaba a correr entre los árboles, y justo cuando se dio la vuelta para disparar su ballesta hacia el furioso híbrido que lo seguía, este ya lo había levantado varios metros en el aire con su colosal fuerza, rompiéndole la columna al caer. Iker lo levantó una segunda vez con su nariz, aplastando las costillas del desafortunado humano contra un árbol, pero el humano, en un último intento por sobrevivir, apuntó su ballesta hacia el ojo izquierdo de Iker, pero para desgracia suya la flecha salió torcida, haciendo una gran herida desde el párpado inferior de Iker, manteniendo su ojo intacto. El humano murió en cuestión de segundos después de su último disparo.
Su instinto no le permitió detenerse, ni siquiera para comprobar si alguno de sus compañeros seguía con vida. Iker se adentró a la espesura del bosque en cuanto tuvo la oportunidad. Su ceguera temporal empeoraba, pues uno de sus ojos aunque intacto, había quedado completamente cubierto en sangre, inutilizable. Chocó un par de veces con unos árboles, pero cada metro que se alejaba de la horrible escena parecía recuperar poco a poco la noción del tiempo y el control sobre sí mismo. Sus heridas no le habían dolido tanto como en ese momento, empezaba a hacerse consciente de lo que había sucedido, de las heridas que traía consigo, y de lo que dejó atrás. Pero su dolor no era nada, comparado con la terrible revelación de la que pronto se daría cuenta al recordar el lugar donde su amado se había quedado dormido.
Aaron había sido atravesado por la misma flecha que yacía lado a lado de la puerta de Iker, habiendo perforado su estómago, sin nada que hacer para salvar la poca vida que le quedaba, habiendo entrado en shock por el mortal dolor.
La única esperanza de Iker era correr, correr lo más rápido que podía para regresar a Cilt, y que así Aaron tuviera una oportunidad. A cada gota de sangre que Iker perdía al correr, Aaron perdía dos. El constante movimiento de la flecha atravesando su cuerpo simplemente aceleraba su muerte. No tenía caso correr, y ambos lo sabían.
Las heridas de Iker poco a poco empezaban a alentar su paso, haciendo la agonía de Aaron un poco menos dolorosa, pues ya casi no había sangre que perder. Pronto, Iker sucumbió a su propio dolor, y dejó caer su cuerpo al suelo, destrozado ante la idea de perder a la persona que más amaba.
Aaron consoló a su amado con palabras dulces, las últimas que salían de sus debilitados pulmones.
Iker escuchó atento, pues sabía que no volvería a escuchar su voz.
Aaron lo hizo prometer no tomar venganza.
Iker no respondió.
...
Aaron dio su último respiro, abrigado por el calor de su fiel compañero híbrido.
Iker caminó durante horas, cargando el cuerpo de su amado en su interior. Había perdido tanta sangre en el camino que sus heridas ya no le dolían, y el frío ya no era tan tajante como antes, estaba empezando a morirse. Lo único que lo mantenía en pie era el deseo de darle a Aaron un entierro digno en Cilt. Había derramado tantas lágrimas que solamente podía sollozar audiblemente durante su camino, un viaje de regreso que parecía nunca llegar a su destino. El cielo se tornó oscuro, e Iker mantenía su paso con los ojos cerrados. Ya no tenía caso tratar de seguir el camino a casa, pues era muy probable que ni siquiera fuera capaz de llegar.
Los sentidos de Iker podían estar fallando ya, pero era inevitable sentir que alguien más lo seguía desde hacía ya unos minutos, silenciosa y cautelosamente. No podía darse el lujo de detenerse a mirar quién lo seguía, pues temía que una vez que lo hiciera no sería capaz de retomar su camino, simplemente volteó a los lados, pero era claro que su seguidor se mantenía fuera de su línea de visión.
Una sombra pálida había sido atraída por el rastro de sangre que Iker había dejado siete kilómetros atrás, y se dedicó a seguir al agonizante híbrido hasta que finalmente sucumbiera ante sus heridas. No tenía caso gastar energía en un híbrido que ya estaba casi muerto. Aunque Iker no era su objetivo, el agudo olfato del depredador pudo detectar sangre humana, había un humano muerto dentro del McLaren, y eso era lo que él perseguía. Los ojos gélidos de la bestia blanca no parpadeaban ni un segundo.
Aquella fue la persecución más lenta y terrorífica que Iker experimentó en toda su vida, sabía que dependía completamente de no dejar de caminar, era necesario mantenerse calmado si no quería advertir a su atacante quien era claramente un Vortex, el más temible de todos después del conocido Neyzan. Su seguidor más leal, un asesino sanguinario y cruel que disfrutaba del sufrimiento de sus víctimas; Dheera, el Terror Blanco. Un Lykan Hypersport cuya piel ya no manifestaba mucho de su color original blanco, pues estaba tapizada de profundas cicatrices.
El Lykan pareció haberse cansado de esperar, se aproximó a Iker y empezó a morder su puerta con fuerza, mientras este no podía hacer nada además de gritar, rugir, o hacer cualquier otro ruido que pudiera alertar a algún híbrido o persona piadosa que lo ayudara. Pero nadie llegó. El Vortex con una inusual calma empezó a buscar la forma de llegar al humano, pero Iker se movía cada vez que Dheera parecía encontrar un punto débil. Era una danza mortal para evitar que el Vortex se llevara lo último que mantenía a Iker con vida.
Al ver que Iker ya no sería un peligro por sus heridas, Dheera tomó ventaja de su fuerza y volcó a Iker sin esfuerzo, dejándolo vulnerable. Dheera pudo haberlo matado en ese momento, pero no lo hizo. Se dirigió al lado izquierdo de Iker, tomó la parte de la flecha que había quedado por fuera, y bruscamente la jaló, causando una nueva hemorragia a Iker, y haciéndolo abrir la puerta ante el dolor, y eso era lo único que Dheera buscaba. Se aseguró que Iker no volviera a cerrar su puerta, y tomó al humano que yacía en su interior, arrancándolo sin piedad de la flecha que lo había asesinado, asegurándolo con su poderosa mordida.
Dheera se dispuso a irse, tan silencioso como llegó, no sin antes dar una mirada inexpresiva a Iker, quien seguía panza arriba y casi muerto, y que de alguna forma logró que un último par de lágrimas salieran de sus cansados ojos, viendo por última vez a Aaron.
El Lykan desapareció en la neblina, llevando consigo al humano.
Iker se rindió, y cerró los ojos. Pues ya no había nada por lo que estar vivo en ese momento. Solo hubiera deseado que Dheera hubiera sido piadoso, y le hubiera dado fin a su vida en ese momento. Pero eso nunca sucedió.
Habían pasado dos semanas desde que el equipo de rastreo pudo encontrar a Iker en la madrugada siguiente de su accidente, y este apenas empezaba a abrir los ojos de nuevo. Sus heridas estaban casi completamente cerradas, pero no se pudo hacer cirugía para extraer la punta de flecha en su puerta por riesgo a perder la poca sangre que le quedaba. Físicamente, Iker se recuperaba, pero su alma estaba deshecha, y su corazón completamente vacío, lo cual lo hizo mantenerse varios meses más en la bahía médica para su recuperación mental.
Pese a los esfuerzos de Marcus de hacer hablar a Iker, este no le contestaba, su mirada se perdía en el limbo por unas cuantas horas, y se desplomaba en llanto de vez en cuando. No podía creer que su compañero de vida se había ido para siempre.
Once listones negros fueron atados con respeto en el pilar de los Cazadores, en honor a los once caídos del escuadrón 3. Iker había sido el único sobreviviente.
El atroz incidente no levantó cargos a Iker, pues este había sido una víctima de un ataque de cazadores furtivos. Darius en persona llegó a quedarse con Iker durante semanas para hacerle compañía y hacerse cargo de su recuperación, así como tratar de que hablara un poco más, pero sus intentos fueron en vano, el joven híbrido estaba roto por dentro. Roto, y deseoso de venganza.
Reflexionó mucho acerca de las últimas palabras de su amado, su último deseo era que Iker no tomara venganza... ¿Pero cómo hacer caso a dicha petición? ¿Cómo reprimir sus bajos instintos? ¿Por qué quedarse quieto, cuando podía hacer algo para repartir la justicia que Darius no se atrevía a ejercer?
Iker recuperó su salud, aunque ahora se tendría que acostumbrar a la enorme cicatriz en su ojo izquierdo la cual raspaba una y otra vez en los muros y en los árboles hasta que sangrara de nuevo, haciendo que nunca sanara adecuadamente, y obtuviera su masivo tamaño irregular. Igualmente se aferró a aquella punta de flecha que tanto se negó a que la removieran. Seguía sin hablar mucho con Marcus, aunque tuvo múltiples charlas con el consejo sobre los acontecimientos que hicieron que todo su escuadrón perdiera la vida. Pese a ello, Marcus nunca dejó de mostrarle su cariño paternal a Iker, pese a que este a veces lo rechazaba. Su recuperación mental había terminado con resultados más bajos de los esperados, pero todos tenían la esperanza de que el joven recuperara su brillo en un tiempo por su cuenta. Debía hacerlo algún día. Pese a que no ejercía su labor como Cazador, Iker tenía el derecho de seguir portando su tatuaje en la piel, recordándole lo que él solía ser.
Una tarde de inverno sucedió. Uno de los nuevos escuadrones de Cazadores había sido atacado igualmente por cazadores furtivos, Iker podía saber que se trataban de los mismos cazadores por las inmundas flechas de dos puntas que habían herido de gravedad a los híbridos, y que solo eran usadas por ese grupo en específico. Se mantuvo enterado de lo que los sobrevivientes decían; la zona, el lugar, la hora, la ropa que usaban, sus armas. Sus dudas eran cada vez menores, se trataba realmente del mismo grupo de cazadores furtivos. El tiempo había llegado al fin.
Iker no volvió a ser visto la mañana siguiente.
Pudo haber pasado mucho tiempo sin que Iker se hubiera movido más de lo necesario para su recuperación, pero él nunca perdió su fuerza, alimentada por su rencor y el cruel deseo de venganza. Se aventuró al bosque en busca de los cazadores furtivos que le habían arrebatado todo lo que él amaba. Nunca estuvo más determinado en finalizar lo que ellos habían empezado.
Su visión era borrosa, pues además de la furia que hacía a sus ojos perder su nitidez, varias lágrimas corrían silenciosamente sobre sus mejillas, pues él sabía que ya no había vuelta atrás. Que posiblemente no sería bienvenido de vuelta en Cilt si se sabía lo que él estaba a punto de hacer, y sería conocido por todos como un asesino. Las últimas palabras de Aaron resonaban una vez más en su mente.
Al menos así, Iker podría morir en paz, una vez llegado el momento.
O al menos eso pensaba el joven híbrido, cegado por su amor, y odio.
Era una gélida y nevada noche de invierno cuando Iker encontró el campamento de los cazadores furtivos, no fue difícil encontrarlos, los humanos estúpidos siempre prenden fogatas en la noche para calentarse. Se escabulló en silencio entre la maleza, esperando el momento justo para atacar, viendo desde la distancia como esos cazadores se regocijaban por su más reciente obtención, un formidable híbrido perteneciente al bando de los Vortex que había tenido el mismo cruel destino que sus compañeros. Los humanos daban muerte a cualquier híbrido que se les atravesara.
Todos se fueron a dormir, dejando el fuego prendido. Todos estaban demasiado cansados y confiados en sí mismos como para asignar a alguien que hiciera guardia. Iker entró al campamento, asqueado por los cargamentos enteros de huesos y pieles de híbrido que irían directamente al mercado negro, junto con collares de colmillos que colgaban fuera de las tiendas de campaña. Su furia había sido invocada de nuevo. Silenciosamente empezó a prender fuego a las casas de campaña, y uno a uno, mataba a cada humano que salía en pánico por sus quemaduras. Iker era tan brutal y veloz que solo recibió unos cuantos rasguños a cambio de poder satisfacer su sed de sangre, la cual no quedó satisfecha hasta que el último de ellos, el más joven e ingenuo, quedó destrozado por sus mandíbulas. Con lo poco que sus ojos podían ver en ese momento, logró ver a unas cuantas sombras humanas correr lejos del campamento en llamas, pero eso no importaba. Ya estaba hecho, y se sintió en paz por un momento. Solo por un breve momento.
Una vez que el campamento había sido reducido a cenizas, Iker pudo presenciar la masacre que había producido. Él contó veinte cuerpos, sin contar los que posiblemente ya se encontraban calcinados u ocultos entre las cenizas y la nieve. Su misión había terminado... pero Iker no estaba contento. Su corazón seguía igual de vacío que cuando salió de la seguridad de Cilt, su hogar, pero al menos trataba de convencerse a sí mismo que eso le había traído paz a Aaron, y a él mismo.
Después de lavar sus heridas y despojarse de la ceniza en un riachuelo cercano, Iker se destinó a regresar a Cilt. Trataba de crear una excusa creíble por todos para explicar sus nuevas heridas y su desaparición tan repentina, su regreso fue silencioso pero libre de lágrimas y sentimiento alguno, él simplemente ya no sentía nada, pero estaba dispuesto a vivir con la decisión que había tomado esa noche.
No fue necesario que Iker llegara siquiera a Cilt para que se dieran cuenta de su regreso, pues varias parejas de Cazadores ya lo estaban buscando en la periferia de la ciudad. Al encontrarlo, lo escoltaron directamente hacia el Domo del Consejo. Confundido, Iker pensó que simplemente los líderes y Marcus querían saber el porqué de su desaparición, y él estaba listo para decir que trató de ahuyentar a un osado Vortex que se había adentrado a la periferia... pero ese no fue el caso.
Dentro, los cuatro líderes miraban con horror hacia Iker, todos menos Marcus, quien parecía rehusarse en pensar que su querido Iker se había convertido en un asesino. Junto a ellos, una chica joven estaba sentada en una silla, atemorizada al simplemente ver a Iker entrar al Domo, esta era una joven Cazadora novata de nombre Adara.
Ella había presenciado la masacre cuando esta sucedió, y pudo huir a tiempo antes de que Iker pudiese confundirla con otro cazador furtivo. Adara dio su testimonio entre sollozos, pues nunca había presenciado algo tan horrible. Iker no tuvo de otra, más que tomar la responsabilidad de sus acciones, declarándose a sí mismo culpable. Marcus suplicó piedad para Iker, pero ninguno de los líderes pareció interesado en escuchar, su juicio había terminado.
Iker fue exiliado de Cilt, obligado a portar la marca Vortex en su piel, y siendo despojado de su rango de Cazador. Había perdido su dignidad y su hogar el mismo día, y no le era permitido acercarse a la periferia de Cilt para poder ver a Marcus aunque este quisiera. Ahora estaba completamente solo.
Vivió varios años convencido de que lo que había hecho había sido justo, que de no ser por él, esos cazadores furtivos hubieran seguido matando híbridos junto con los humanos que se atreviesen a defenderlos. A pesar de poseer la marca Vortex en su piel, él nunca consideró la idea de unirse a ese bando pese a las innumerables veces que dichos híbridos le ofrecieran un lugar entre sus filas, prometiéndole pertenecer a una manada que lo protegería, y en la que nunca pasaría hambre. Sus líderes pudieron ser quienes lo habían exiliado, pero él nunca dejó de serles leal, pues dentro de él, sabía que lo que había hecho era un crimen atroz, y los líderes no se podían permitir tener a un híbrido tan peligroso entre ellos.
Tarde o temprano, Iker empezó a sentir demasiada culpa y arrepentimiento hacia lo que había hecho, aprendió que eso no le traería paz nunca, y que su lugar estaba en Cilt, ofreciendo su vida para proteger a los que vivían ahí si era necesario, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por volver... pero ningún Vortex había logrado regresar a Cilt, nunca.
Lo intentó muchas veces, intentó pedir una audiencia con los líderes, pero cada vez que era detectado por otro Cazador este lo sometía y lo hacía regresar. Iker nunca se defendió de ellos. Pasaron años, e Iker seguía intentando pedir el perdón de los líderes, hasta que una lluviosa noche de verano Darius fue quien se encargaría de hacer retroceder a Iker por última vez... pero no fue así. Darius ahora podía ser un líder curtido y severo, pero nunca cruel. Miró a Iker a los ojos, inexpresivo, volviendo a ver en él la promesa rota de uno de sus más fieles soldados. Tomó fuerza en sus palabras para que estas no temblaran, y decirle que le sería otorgada una segunda oportunidad. Se dio la vuelta, y caminó de regreso a Cilt, mientras Iker lo seguía confundido, pero emocionado de poder regresar a su hogar.
Su regreso tuvo condiciones, tanto para él como para muchos otros ex-Vortex a quienes se les fue otorgado el perdón. Cilt estaba necesitada de soldados, y el nuevo rango de Guerrero sería el único que podrían tener en su vida en Cilt, teniendo prohibida su entrada a muchos lugares incluyendo la aldea de cazadores y el laboratorio, y teniendo la obligación de realizar las labores más peligrosas de todas, arriesgando su vida en el proceso si era necesario.
Una nueva oportunidad se había ofrecido para Iker, y pese a que las cosas nunca fueron igual, pudo reunirse de nuevo con Marcus, y pudo pagar sus errores siendo un Guerrero.
Pues matar era lo único bueno que sabía hacer ya.
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Durante todo el relato Iker se había mantenido sereno, ni siquiera el recuerdo de Aaron lo había hecho derramar lágrimas de nuevo. Tal parecía que ya había llorado suficiente por el día de hoy. Pero yo no me había percatado del momento exacto en que el sentimiento pudo conmigo.
Todo se quedó en silencio, los pájaros se callaron y el aire volvía a ser frío, pues hacía ya unos minutos que el sol se había ocultado.
Yo sencillamente no podía creerlo pero, al mismo tiempo, todas las piezas al fin encajaban una con la otra. Al igual que mi padre en su momento, me negaba a creer que un híbrido como él hubiese sido el causante de una matanza así. Un incómodo escalofrío recorría mi cuerpo, pues además del clima que no era muy favorable, el ambiente era tenso. Iker pareció algo incómodo al ver que no había reacción de mi parte, suspiró, mientras sus ojos se volvían a humedecer.
- Ahora que ya lo sabes todo... eres libre de hacer lo que quieras, Ty.- Al darse cuenta que no lo miraba en ese momento, prefiere mantener su vista baja.- Tú eras la última persona que quería que lo supiera de esa forma, pero no sería justo que me sigas llamando amigo sin siquiera saber quién soy en realidad... No tienes por qué seguir conmigo si no quieres... ¿Sabes? Yo lo entendería.- Se me había hecho un nudo en la garganta, y sabía que en cuanto empezara a hablarle, rompería en llanto al igual que él. - ... Por favor, di algo.-
- Yo... no sé qué decir.- Cubro mi mano izquierda que seguía vendada, pues empezaba a doler un poco por el frío, recordando el momento en que me había herido con la punta de flecha que Iker sigue cargando consigo como recordatorio de ese horrible día. - ... La verdad no lo sé.-
- No te culpo, es una historia horrible después de todo... La verdad aun no entiendo por qué los líderes me escogieron para esto, para protegerte.- Volteo a ver a Iker, quien forzaba una sonrisa en su rostro mientras unas nuevas lágrimas corrían por sus mejillas, llenas de arrepentimiento y vergüenza, una mezcla de sentimientos dolorosa de ver en él.- Je... en realidad ni siquiera sé por qué Darius me concedió el perdón. Siendo un híbrido tan peligroso, ¿Por qué me confiarían tu vida? Si yo solo sirvo para matar y ya.-
- No digas eso, Iker.-
- ¡Pero es cierto!- Desesperado, Iker alza la voz, pero no era enojo lo que salía de él, sino una profunda pena que pronto lo hizo llorar de nuevo.- Solo sirvo para matar y todos lo saben... solo me dejaron regresar por eso, para matar Vortex... Y tengo miedo, Ty... tengo miedo de que vuelva a hacer algo igual, o que yo pueda hacerte daño... otra vez.- La voz rota de Iker lo hace mantener el silencio, hasta calmarse un poco.- Eres mi único amigo, el único que no ve en mí al asesino que soy... pero eso es culpa mía. Nunca debí pretender ser alguien que no soy. Y es por eso que no debes estar cerca de mí.-
- Iker... escucha.- Quedo sentado frente a él, viéndolo a sus ojos llenos de angustia.- Puede que me hayas ocultado cosas, cosas muy importantes, y tienes razón al decir que no fue lo correcto...- Iker baja la vista, apenado.- Pero quiero que pienses en algo Iker... Si realmente fueras tan peligroso como crees serlo, ¿Por qué los líderes dejarían que estés conmigo, y porqué ellos mismos nunca dijeron nada al respecto de tu pasado?-
- No lo sé... puede que se les haya olvidado quién soy, o lo que hice.-
- Tú y yo sabemos que eso no es verdad, Iker.- Respondo con seriedad viéndolo a los ojos, aunque la voz se me empezaba a romper igualmente.- Tú eres más de lo que eras antes, y ellos lo saben... yo lo sé.- Las lágrimas que se me escapan hacen a Iker poner atención en mi rostro.-... Yo sé que eres más que solo un asesino, sé que has aprendido de tus errores y sí, lo que hiciste fue terrible... pero lo hiciste por él. Lo hiciste porque lo amabas. Y si yo llegara a amar a alguien con esa misma fuerza... te juro que hubiera hecho lo mismo.-
Iker queda en silencio, cesando su llanto, mientras yo me había volteado a un lado para secar mis lágrimas. Algo en mis palabras lo hizo reflexionar, no sabía si era el hecho de que sintiera un poco de lástima por mí, o más sencillamente, el que alguien por fin le estuviese mostrando empatía, a lo que no estaba seguro qué responder. Solo se queda viendo al suelo, pensativo. Pero poco a poco podía notar una evolución en su gesto, empezaba a tranquilizarse un poco.
- ... ¿Realmente crees eso?- Una chispa de esperanza se hace notar en su voz afligida.- Quiero decir... ¿Realmente crees que ellos confían en mí? ¿Los líderes?-
- No solo lo creo, sé que así es.- Extiendo mi mano sana hacia su rostro, tocando su mejilla, quedando empapada por el rastro que sus lágrimas habían dejado, Iker cierra los ojos al sentirla.- Y aunque no fuera así, eso es lo de menos, porque yo confío en ti... También eres mi único amigo. No dejaré que esto afecte nuestra amistad, te lo prometo.- Aquellas palabras logran sacar otras lágrimas a Iker, pues estaba realmente sensible, pero al menos eran lágrimas de alivio.- Puedes estar tranquilo Iker... tu secreto está a salvo conmigo.-
Limpié sus lágrimas una vez más con las mangas de mi camisa, haciendo que estas quedaran empapadas y que el aire frío empezara a congelar mis brazos, pero era algo que podía soportar con tal de ver que Iker se tranquilizaba poco a poco, realmente valía la pena pasar unos minutos más con él en el mismo lugar en el que estábamos. Nos quedamos viendo al cielo, apreciando en silencio como empezaba a anochecer. No fue hasta que el frío me hizo temblar un poco y que Iker se preocupara porque no me enfermara que nos levantamos del suelo.
Iker se despidió con cariño y respeto del pilar de piedra de los Cazadores, y tomamos nuestro camino de regreso a la habitación. Se desplomó en el suelo alfombrado en cuanto llegamos y no le tomó mucho para quedar profundamente dormido, había sido un largo día para él, pero al menos había logrado dormir en paz después de la plática tan cargada de sentimientos que habíamos tenido antes. Yo le hacía compañía, apoyando mi espalda por fuera de su puerta izquierda, reflexionando que un día, Aaron estuvo exactamente del otro lado. Aquello me había quitado el sueño, así como miles de pensamientos más.
Ahora cobraba sentido el por qué Saemus y, sobre todo, Adara, les tenían tanta repulsión hacia los Guerreros híbridos, pues la mayoría de ellos como Iker eran ex-Vortex. Adara había presenciado en carne propia la brutalidad de la que un híbrido era capaz, y era natural que no quisiera estar cerca de Iker, pese a que este se haya redimido hace ya mucho tiempo. Igualmente, los comentarios de aquél híbrido llamado Ankor, quien sospechaba que también se trataba de un ex-Vortex, ahora eran claros. Era obvio que mi padre hubiese tenido mucha influencia como para que los líderes aceptaran el regreso de Iker, y muchos híbridos no vieron eso muy bien, pues parecía haber un favoritismo por los híbridos que Marcus consideraba "especiales". Después de todo, Iker fue como su propio hijo en mi ausencia.
Había querido fingir tranquilidad hacia Iker para hacerlo sentir bien, para no romper más su corazón, pero la verdad es que a pesar de que mi mente ya tenía claro el porqué de las cosas, y todas sus dudas estaban finalmente resueltas, mis sentimientos seguían en conflicto, tanto como en el momento en el que supe de Aaron.
La visión que tenía de Iker había cambiado radicalmente, y me dolía pensar en ello. No quería perder a la única persona a la que le había tenido un poco de confianza en tantos años de soledad y falsas amistades. Pues así como él percibía que yo lo veía, no como un asesino, sino como un híbrido confiable, yo igual sentía lo mismo en su compañía. Con él yo no era únicamente el hijo de Marcus Hopper... no, para él yo ya me había ganado mi nombre. Para él, Tyler Hopper ya era alguien; un amigo, y eso era lo único que le importaba.
Esta sería una larga noche, pero al menos Iker estaba en paz. Y eso era lo único que importaba en ese momento. Él más que nadie merecía una noche tranquila.
Hybrid-Kira (2020)