Capítulo 2
"Primer contacto"
Capítulo 2
"Primer contacto"
Ilustración: Hybrid-Kira (2018)
Aquellos hórridos lamentos se hacían cada vez más notorios. Ese híbrido se escuchaba como si se fuese a morir.
Puede sonar ilógico que, siendo hijo de la persona que les dio origen a los híbridos, nunca en mi vida he visto uno de cerca pese a mi cercanía con la zona neutral de la M.E, en donde se les permite a los desterrados estar el resto de sus vidas, si es que no prefieren antes irse a vivir al bosque.
Salgo de la ducha, y veo mi piel un tanto irritada por la lluvia ácida, presenta un color rojizo que no es de mi especial agrado, así que regreso hacia el garaje a buscar el botiquín de primeros auxilios, que mi madre instaló estratégica mente justo al lado de la puerta del gaje, antes de que se fuera a trabajar a América, pero eso ya es otra historia.
Lo abro con cuidado para evitar que la pequeña puerta se le desprenda a causa de la herrumbre, y con cuidado saco la bolsa de plástico que resguarda un envase redondo de pomada. Está fría y húmeda, pero aun así me la unto sobre mis quemaduras y pequeñas cortadas del brazo izquierdo, las cuales acabo de recordar que tenía.
Y ahí está de nuevo. Ese temible rugir desesperado por ser atendido, se escuchaba más cerca, ¿o a caso serán mis nervios? No lo sé y no me gustaría saber. Pero la duda persiste.
Aquel híbrido se escuchaba herido, pude identificar dolor en su grito.
Algo por dentro me dice que no haga nada, me quede en casa e intente descansar un poco, recuperando energía para el día de trabajo que me espera mañana, pero... hay algo más, que de alguna manera no puedo explicar, me hace sentir culpable.
Desde chico siempre me gustó salvar animalitos de la calle dejándolos entrar a casa, pero cuando regresaba de la escuela al día siguiente, mi mamá ya se había deshecho de él.
Sé que lo de allá afuera no era un perrito o un gatito, era un híbrido, una de las criaturas más peligrosas para el ser humano, principalmente por su comportamiento agresivo y territorial que suelen tener incluso con los de su misma especie. Simplemente no podía salir y ofrecerle una guarida para la lluvia ácida.
-No voy a salir a ayudarlo.- Dije para mí mismo.-...No debería, me causarían de traición a la M.E. o algo parecido si me ven ayudándolo. A demás, no sé cuál de las dos facciones lo exilió... es una lástima.-
Después de la gran guerra civil en que la Metrópoli Europea término expulsando de su ciudad a todos los híbridos, se crearon muchos grupos de estos seres, pero los más grandes, eran la comunidad Vortex, cuya ideología siempre fue el desprecio de la raza humana. Pero también estaba la comunidad Cilt, que si bien, no estaban en contra de los humanos, tampoco estaban a su favor. Era más que nada, una comunidad neutral entre las dos partes del problema, un grupo que tomó como lugar de estancia las ruinas de una ciudad aledaña a la nuestra, cuyas luces se han vuelto a ver hace unos pocos años en el horizonte. Se sabe que hay personas viviendo en Cilt, y que han conformado una ciudad próspera basada en el respeto hacia ambas especies, en la que híbridos como humanos, se encargan del gobierno.
Pero... no todo es perfecto en ambas ciudades, y hay ocasiones en que se tienen que tomar medidas drásticas. Si un individuo comete una falta grave a la ideología de la ciudad que reside, es exiliado y le es prohibido regresar, y es debidamente marcado para advertir a cualquier ser, llámese humano o híbrido y que se la piensen dos veces antes de ayudarlo.
Ahora bien (regresando al tema del híbrido afuera de mi casa), si éste es un exiliado de Vortex, eso significa que su única falta grave fue, quizá, ayudar a un humano, por lo cual no significaría un peligro potencial, al menos no por ahora.
Pero, si es un exiliado de Cilt... eso significaría que podría matarme si quiera me acercase a él.
Es por eso que prefiero no arriesgarme.
Vuelvo a escuchar al híbrido, pero su rugido no es igual de potente, parece como si se debilitara. Cada vez más tenue, más cansado, y con menor agonía. Lastimosamente, la única forma de saber con certeza que facción fue la que lo exilio es estando a diez metros de él o ella. Diez metros que el híbrido no tardaría ni un segundo en recorrer.
Solo me queda esperar... a que se silencie.
Dependiendo de la facción, te ponían una marca de exilio diferente. Los Vortex suelen matar a sus exiliados si no es que sobreviven escapando con heridas mortales por todo el cuerpo. Los Cilt se limitan a tatuarlos con un símbolo, similar a una V con una equis entreverada, posible abreviación de Vortex.
Ya empieza a oscurecer y la lluvia sigue sin atenuar. Hace un frío tremendo dentro de la casa, y en mi intento por prender la calefacción no mido mi fuerza y me llevo la pequeña palanca del interruptor entre mis dedos.
-Genial... era lo que me faltaba.-
Me resigno a buscar las cobijas más cálidas de la casa y las acomodo sobre mi cama. Llevo apenas un par de meses viviendo en esta casa, y ya me ha hartado. Tenía que ser, no puedes esperar mucho de la casa más barata aledaña a la zona neutral, (a la que nadie se acerca por la falta de seguridad de la zona) además, no se parece en nada al anuncio del periódico. La calefacción no funciona, la luz llega cuando se le da la gana y hay goteras.
Me acomodo en la cama que pareciera estar hecha de puros resortes, y un incómodo gruñido proveniente de mi estómago me hace sentirme un tanto estúpido. Al parecer, tengo que comer.
Me levanto entre quejas y camino descalzo por el suelo helado de la casa, rumbo a la cocina.
El refrigerador parece estar más caliente que el resto de la casa.
Sujeto el envase de vidrio que contiene leche, el cual aún estaba a la mitad de su capacidad, y trato de verterlo en un vaso. En ese momento, un horrible sonido me saca de mi estado pacífico y hace que suelte el envase de leche, que queda reducido a pequeñas astillas de vidrio que se esparcen por todo el piso de lo que se podría llamar cocina.
Por suerte, reacciono lo suficientemente rápido como para alejar mis pies de la trayectoria de los pequeños vidrios que fácilmente me los podrían rebanar. No sé de qué asustarme más, si del ruido procedente de la puerta del garaje, o la posibilidad de no tener algo llamado pies.
Corro directamente a mi habitación por unos zapatos o lo que tuviera a la mano para calzar y recoger los vidrios del suelo. Camino lentamente de nuevo a la cocina, como si hubiera algo ahí, pues aquel ruido no me gustó para nada.
Tenía dos opciones. Una, podía ser la misma puerta que se cayó a causa de la herrumbre, o dos, y la que menos gracia me daba, era que pudiese ser el híbrido.
- No... no es posible... no pueden acercarse tanto a la civilización.-
Trataba de tranquilizarme, en vano. Algo dentro de mí sabía que sí era posible, mi casa era la única fuente de luz visible desde la zona neutral. Pero ningún híbrido tendría la osadía de llegar hasta aquí, donde la ley permite el uso de armas de fuego y tiros de advertencia para someterlo. Esa criatura debía tener una buena razón para llegar hasta aquí.
Con cuidado, y sin bajar la guardia, recojo la porquería del suelo con una toalla, mientras limpio los restos de la leche esparcida por el suelo.
Entonces el horror se hace presente.
El agresivo rugir del híbrido hacia vibrar las ventanas y que mis tímpanos doliesen.
Me tiro al suelo, evitando la ventana que da directamente al garaje mientras hago a un lado los pedazos restantes de vidrio.
Mi corazón latía al límite, empezaba a sudar y las manos me temblaban. La mejor opción sería quedarme recargado en la pared haciendo el menor ruido posible. Pero sabía de sobra que eso no sería suficiente para camuflar mi presencia. Aquel híbrido sabía que estaba dentro de la casa.
- Humano... - Una potente y cansada voz se escuchaba afuera de mi casa, y a pesar de que el pesado portón de metal era obstáculo para que pudiera escuchar su voz, yo le podía entender perfectamente. Era obvio que se trataba del híbrido.- ...sé que no confías en mí... pero necesito que me ayudes...- El híbrido guarda silencio por unos momentos, mientras yo luchaba por no generar ruido alguno.- ... por favor, sé que estás ahí... puedo olerte.-
- ...- Me quedo petrificado ante las palabras de aquella criatura, y por más que obligaba a mi cuerpo a hacer otra cosa además de temblar, el terror se había apoderado de mí.-
- ...Soy un híbrido de Cilt... yo protejo a los humanos, así que no tienes nada qué temer.- El híbrido sigue hablando, en un vago intento de convencerme a que le abriera la puerta con esa misma facilidad.- ...solo necesito un lugar donde descansar y refugiarme de la lluvia ácida... por favor, es lo único que te pido.- Se puede escuchar un poco de desesperación en su tono, lo cual posiblemente explicaría el por qué ha golpeado el portón de esa forma.
Obviamente no le creía, no me arriesgaría a exponerme a un potencial asesino aunque este jurara pertenecer a la ciudad neutral de Cilt. Necesitaba más pruebas además de su simple palabra.
Mientras intentaba recuperar un poco el control de mi respiración, una pequeña pero efectiva idea se me viene a la mente, posiblemente podría saber de qué facción provenía si me asomaba por la ventana de la planta de arriba, la cual convenientemente tiene vista a la calle, y así reduciría el riesgo que haberle abierto la puerta a un come hombres.
- ...Sí que debo estar muy loco para hacer esto...- Digo mientras mis piernas aún me temblaban un poco, y me era necesario agarrarme de las paredes para levantarme.
Me puse de pie con cuidado de no pisar las astillas de vidrio restantes del suelo y escalé lo más rápido que pude la escalera que da hacia mi habitación en la planta superior.
Entré a mi habitación, abrí la ventana y antes de sacar medio cuerpo para poder ver al híbrido, me aseguré de que la lluvia que seguía cayendo ya no fuera ácida. Por suerte no lo era, y me sostuve del marco de la ventana mientras me asomaba.
No era algo muy agradable de ver, el híbrido parecía estar tumbado sobre el asfalto mojado sin fuerzas siguiera de sostenerse sobre sus ruedas mientras me espera. Al observar con más detenimiento al híbrido pude ver que era esbelto (posiblemente por estar desnutrido), con un par de respiraderos en la parte superior de su nariz los cuales mantenía cerrados por la lluvia. Su piel era de un llamativo color amarillo que resaltaba entre la lluvia y la oscuridad de la calle. Estaba realmente herido, sus llagas eran tan profundas que parte del agua que se deslizaba por su cuerpo se quedaba atrapada en sus heridas, diluyendo la sangre que salía.
Nunca había visto a un híbrido de cerca, y tener a uno fuera de mi casa ahora mismo era una causa de gran vértigo, aunque fascinación y curiosidad al mismo tiempo pese al creciente temor que sentía hacia él.
Busqué el símbolo Vortex en su piel amarilla, no pude ver nada. Por lo general se les tatúa en un lugar visible para que todo ser cercano a ellos quede advertido, comúnmente en los costados y sobre la nariz, pero éste no tenía rastro alguno de la marca de exilio.
Al parecer, podía confiar en él.
A pesar de reconocer que el dichoso híbrido no era un Vortex mis nervios no reducían. No era extraño que sintiera eso. De todas formas es de los primeros híbridos que he visto frente a mí, y sentir miedo sería la reacción más natural que podría tener.
Con un poco más de confianza, bajo rápidamente las escaleras y llego de nuevo hacia el portón, dispuesto a abrir con cautela la pequeña puerta, pues a pesar de que sabía de sobra que el híbrido no podría caber por una puerta diseñada para humanos aun así lo hacía para tener una pequeña barrera en caso de que las cosas se pusieran violentas, y claro, para verificar antes que el híbrido era realmente un Cilt.
-... Oh, veo que ya estás aquí... - Dice del híbrido desde afuera de la casa a pesar de que yo apenas había puesto mi mano sobre la perilla.- Sabía que podía contar contigo... eras mi última opción antes de que las cosas se pusieran peor...-
-¿Cómo sabes que voy a abrirte?- preguntaba con la frente apoyada en el frío metal.
-Ya lo he dicho... puedo olerte, es por eso que sé que estás a punto de abrir el portón...- Su tono era extrañamente calmado, al parecer el cansancio le empezaba a afectar.
Un poco más convencido de mis actos, giré la perilla de la puerta, pero al parecer la fuerza que ejercía sobre ella no era suficiente como para abrirla pese a que ésta se abre hacia afuera. Posiblemente algo estaba obstruyendo que se abriera. Debía ser algo grande, y la única opción que me cruzaba por la mente era la de imaginarme al dichoso híbrido recargando su costado sobre la puerta, por lo cual no la podría abrir ni con todas mis fuerzas.
-Oye, me vendría muy bien que te quites de la puerta, no puedo abrir...- digo un poco frustrado a la criatura de fuera.
- No soy yo el que está estorbando- Decía el híbrido amarillo con un tono bastante serio, y un poco intrigante.
-¿A qué te refieres?- alzo la voz con incredulidad.
-...Será mejor que veas por ti mismo-
Ahora ya no contaría con la delicada pero significante protección que me brindaría el marco de la puerta en caso de que esto fuera una traición. Me tendría que enfrentar cara a cara con uno de mis peores temores, y todo por querer ayudar.
Me armo de valor mientras avanzo hacia el interruptor de la puerta del garaje, escondiéndome parcialmente entre unas cajas que habían apiladas. Usándolas de escudo por si alguna cosa pasaba.
Sintiendo mi pulso cardíaco en el cuello acciono el interruptor del portón, que con un horroroso sonido de chirridos metálicos y cadenas oxidadas deja ver, poco a poco, el costado de un híbrido de encendido color rojo que estaba recargando su cuerpo con fuerza en el portón, y a su lado, el híbrido amarillo que había visto por la ventana. Algo andaba tremenda mente mal, pues yo no había visto a este segundo híbrido de piel roja.
El portón se abría tan lento que me di el lujo de seguir observando las cada vez más claras siluetas de ambos híbridos antes de correr atemorizado dentro de casa.
Se podía escuchar la lámina del portón siendo bruscamente tallada contra la gruesa piel del híbrido rojo. Supongo que le ha de doler, pero éste no tiene reacción alguna.
El híbrido amarillo se encuentra de frente a la casa, abriendo sus ojos y haciendo contacto visual conmigo justo cuando la lámina estaba a un nivel de altura razonable.
De repente, el portón regresa a la que sería su velocidad de retracción normal y deja de tallar la ahora desgastada piel del híbrido rojo, que al ser despojado de su apoyo deja caer bruscamente la parte baja de su cuerpo en el suelo, aun sin ningún gesto.
-¿Ahora lo ves?- decía el híbrido amarillo haciendo un pequeño gesto con su cuerpo hacia el individuo rojo, manteniéndose tranquilo mientras la lluvia seguía cayendo sobre su raspada piel.
Empecé a acercarme a ambos poco a poco, y sólo bastaron unos cuantos metros para darme cuenta que el individuo rojo era un Vortex. Pero no nada más era eso.
Aquel híbrido estaba muerto.
Cubierto completamente con su propia sangre, que era bastante difícil de distinguir por el mismo color de su piel.
Aquél escenario me heló la sangre. El primer híbrido con el que tenía contacto directo y estaba muero, o mejor dicho, había sido asesinado por otro de su misma especie.
Por otro lado, el híbrido amarillo con un notorio cansancio, me mira con sus penetrantes ojos verdes, esperando alguna reacción mía.
- ¿Te parece si mejor... te explico todo dentro?- Preguntó, un tanto incómodo ante mi mirada.
- C-Claro... adelante.- digo mientras retrocedo unos cuantos pasos para dejarle más espacio donde maniobrar, aún sin despegarle la vista de encima.
Mis nervios se desvanecen completamente al ver la terrible condición de aquél híbrido, el cual pude deducir que se trataba de un McLaren P1, una raza de híbrido que, como muchas otras, está al borde de desaparecer. Ahora en vez de temerle, empezaba a sentir un poco de lástima por él, pero no me causaba más lástima que el híbrido rojo cuyo cuerpo yacía sin vida afuera de mi casa, condenándome involuntariamente a aliarme con el McLaren para evitar problemas por el brutal asesinato, pues ahora me había convertido en su cómplice sin siquiera saberlo.
Hybrid-Kira (2018)