Capítulo 1
"Tyler Hopper"
Capítulo 1
"Tyler Hopper"
Ilustración: Hybrid-Kira (2024)
- Estimados ciudadanos de la Metrópoli Europea, es mi deber como su presidente, difundir información verídica sobre los más recientes rumores que han estado circulando las últimas semanas...- Aquél hombre vestido de traje y con emblemas en su solapa, de nombre Aron Novak, devuelve la vista al estrado que tenía de frente, analizando por última vez las hojas en las que tenía escrito su discurso. - Según múltiples registros y alarmantes llamadas a seguridad pública de parte de numerosos ciudadanos de la Metrópoli, se tiene creencia de que existe un grupo de híbridos errantes rondando por la zona neutral sur, los rumores advierten que puedan ser... -Su voz se entrecorta por unos instantes, toma una buena bocanada de aire y se aclara la garganta- ...se cree... que puedan ser Vortex.-
Los apenas audibles murmullos se hacen notar de forma sutil al escuchar la tan temida palabra. "Vortex", no es más que otra forma de llamar a los híbridos que no son precisamente... amistosos con los humanos por decirlo de alguna manera; peligrosos, agresivos, con un terrible manejo de la ira y con una sed insaciable por la matanza, en especial si se trata de su presa favorita: los humanos.
Al ver el claro desencanto de su público, el presidente Novak toma de nuevo la palabra al micrófono que yacía frente a él, aquél mismo que ha sido testigo de sus mensajes de apoyo y solidaridad hacia los ciudadanos de la Metrópoli Europea cuando esta se encontraba en sus peores y más oscuros días, a los cuales se les ha llamado popularmente (y no por nada) "Accidente Vortex". Nadie se lo esperaba, de la nada los híbridos empezaron a revelarse en contra de sus creadores, los humanos, Desquitando toda su furia e inconformidad hacia nosotros de las formas más horribles que alguien se pueda imaginar. Atacaron casas, hospitales, negocios, escuelas, asesinando a sangre fría a cualquier persona que se encontraran en la calle, jóvenes en camino al colegio, mujeres...niños... ni si quiera mostraron piedad hacia ellos. Muchos dicen que los Vortex tenían razones para realizar su masacre, que el ser humano usó de ellos como si fueran animales... como si fueran cosas, y era más que obvio que cualquier día optarían por independizarse de una vez, sin importarles mucho el verdadero precio de la libertad. Novak alza la vista, e intenta calmar un poco a sus compatriotas.
-Sí hermanos y hermanas, sé que esa palabra en particular nos trae de vuelta terribles recuerdos, pero como su presidente y principal responsable de asegurar nuestro futuro como una nación libre, les puedo asegurar que llegaré al origen de todo esto, y no descansaré hasta ver que esos híbridos hayan recibido su castigo justo según las leyes dictadas en los acuerdos de Cilt... No volveremos a sufrir las consecuencias de un segundo Accidente Vortex, eso, es una promesa. - Sus palabras reciben una gran ovación de parte de los periodistas y demás público en general que se encontraba en torno al estrado presidencial, mientras se aprecia como su cuerpo de seguridad personal lo escolta hacia una de las entradas laterales.
Alto, de complexión esbelta, cabellera rubia platinada, ojos verdes, y sin muchas marcas que revelen su edad, Aron Novak puede ser fácilmente el presidente más atractivo que ha tenido la M.E. desde su inicio como nación independiente, pero también ha sido el que ha demostrado su verdadero coraje al tener que arrastrar son un país en la ruina, con hambre, y herido por la revolución de los híbridos, quienes dejaron el fondo nacional en los huesos, principalmente por la retirada de empresas extranjeras ante la amenaza de los Vortex. Una persona digna de admiración para muchos... pero para mí, solo es alguien más que ha juzgado el desafortunado apellido de mi familia.
El proyector del aula en el que veíamos el mensaje presidencial muestra como última imagen el escudo de la Metrópoli Europea, que si bien, tiene extremo parecido al emblema de la Unión Europea (ahora extinta) no deja de ser atractivo a la vista. Las luces se prenden de golpe y yo y mis compañeros no podemos evitar dar una mirada severa al profesor que acababa de sacarnos de nuestro trance. Volteo a mis alrededores y apenas me percato de que somos menos de la mitad, el resto seguramente debió salir del aula, pues los mensajes presidenciales no son obligatorios de ver, pero te aportan un miserable puntaje al final del semestre en tu nota más baja. Me tallo los ojos aún un poco ciego por el repentino cambio de iluminación, mientras sentía mi brazo ligeramente entumecido por apoyar mi rostro sobre él.
Ricciardo era nuestro último maestro del día, y no veíamos llegar la hora de que el viernes escolar terminara de una vez, solo para llegar exhaustos a casa, comer algo, dormir por los siguientes dos días y despertar temprano por la mañana en un nuevo y aburrido lunes. Mis metas como estudiante sin duda eran ambiciosas.
El sexto sentido de mis compañeros de detectar el momento preciso en que la clase está por terminar se manifiesta al verlos guardar sus cosas, yo sin dudarlo más, y valiéndome de la coartada que me brinda el hacer lo mismo que el resto de mis compañeros sin que al profesor le importe, tomo mis cosas y empiezo a seguir a mis compañeros hacia la salida del aula como si de cualquier otro día se tratara, intentando verme lo más natural y despreocupado posible.
<<...menos mal, al menos no tendré que...>> Pienso para mí, pero una segunda voz da por terminada mi estrategia.
-No tan rápido señor Hopper...- El rutinario y tranquilo tono del profesor me detiene en seco, mientras que con cuidado me giro hacia él- ...si no me equivoco usted tiene un citatorio pendiente, ¿cierto? -
- ...sí, es cierto profesor...- digo intentando parecer tranquilo, pero era obvio que la situación no era de lo más cómoda.
-Entonces...- Se queda de pie a unos cuantos metros de mí, mientras juntaba ambas palmas de sus manos en ademán de espera - ... ¿dónde está su citatorio firmado por su madre?-
-Sí... ese citatorio...- digo intentando imitar un poco la pose del profesor, sin éxito.- ...bueno...espero que recuerde que mi madre está trabajando ahora mismo en América, y... como es de esperarse... ella no puede asistir al citatorio, mucho menos firmarlo... así que creo que esto ha sido un castigo realmente injusto...profesor.-
- ¿Un castigo injusto?...mmh... es interesante ahora que lo dices Tyler, porque si no me equivoco en el reglamento escolar dice claramente, que toda acción que incite el sentimiento de apreciación o admiración hacia la causa Vortex será penalizado con un citatorio hacia el padre o tutor del alumno. - Se acerca a su escritorio y abre uno de sus cajones, el cual saca unos inconfundibles dibujos míos, los toma entre sus manos y me muestra uno de ellos- ...¿Acaso esto no denota cierta...inclinación hacia la causa Vortex? - El dibujo que tenía en ese momento fue producto de la frustración generada por los ya rutinarios insultos de mis compañeros, se les puede observar a ellos corriendo por la calle...siendo perseguidos por un híbrido de piel negra y brillantes ojos azules. Un Vortex hambriento persiguiendo a mis abusadores, una obra maestra para mis más oscuros deseos hacia ellos. Una leve risa se escapa de mi boca, irritando un poco al profesor. -¿Qué?... ¿Acaso le parece gracioso, señor Hopper? - Dice haciendo un molesto énfasis en mi apellido.
- No señor... en lo absoluto.- Me centro de nuevo e intento no verlo a los ojos, pues sencillamente no puedo sostenerle la mirada.
- Bien, tendré que tomar medidas mayores, llamaré a tu madre y le diré lo que has estado haciendo Tyler... no creas que esto quedará así. - Junta de nuevo los dibujos y los guarda de nuevo en el cajón del escritorio- ...sabes que no me gusta hacer esto, pero no me dejas otra opción. Eres el mejor en mi clase de física, pero no puedo permitir que malgastes tu talento haciendo estas... escenas.- Me da una mirada a la que podría llamarle "paternal", de no ser claro porque esto se trataba de un simple sermón escolar, aunque admito que el profesor Ricciardo me ha sacado de muchos apuros, y que por ello le tengo cierto aprecio. Pone una mano sobre mi hombro mientras me seguía viendo a los ojos. - Lo tienes en la sangre Tyler, sé que puedes hacer muchas cosas... al igual que tu padre lo hizo.-
Esas últimas palabras eran prácticamente la única cosa que me hacía "famoso". Tyler, el hijo de Marcus Hopper, el creador de los híbridos y de la miseria de la M.E.
Ser el hijo del hombre más reconocido a nivel científico, pero el más odiado por la población en general, resulta en un mal mayor a lo benéfico que pudiera llegar a ser. Digamos que nunca llegué a conocerlo bien, pues mis padres se separaron cuando yo tenía tres años. Después de eso lo seguí viendo repetidas veces, cada dos semanas llegaba a casa y me llevaba con él a su laboratorio, era toda una travesía pasar por los corredores flanqueados por diferentes salas, cada una de ellas destinadas a diferentes campos de investigación híbrida, y todas y cada una de ellas era liderada por mi padre, al que todos llegaron a reconocer como la mente más brillante de toda Europa. Pasaron los meses, y él se ausentaba cada vez más. Si nuestros encuentros ya eran de por sí escasos, en ese tiempo se habían vuelto objeto de milagro. Dejó de llegar a mis cumpleaños y eventos escolares. Recuerdo muy bien la última vez que lo vi, yo tenía seis años y estaba en mi habitación, cuando la repentina algarabía de mi madre llama mi atención, haciendo que la curiosidad me llevara a bajar las escaleras, solo para encontrarme a un hombre descuidado, adicto a su trabajo y con aliento alcohólico al que antes le llamaba padre sin pensarlo dos veces. Había estado con sus colegas como era habitual, y la noche destinada a ser una reunión para compartir sus avances en los diferentes proyectos que tenía cada uno de ellos, se convirtió en una fiesta sin control que terminó sacando de quicio a mi madre. Sencillamente estaba harta de que les pusiera más atención a sus híbridos y a sus colegas que a su propia familia. Lo último que supe de él, fue que posiblemente había muerto a causa del ataque de uno de sus híbridos, dejándonos a mí y a mi madre con la carga de su apellido, el cual fue perseguido por mucho tiempo y sigue afectándome a día de hoy.
- Mi padre está muerto profesor... y sinceramente creo que no le hizo mucho bien a nuestra comunidad, ¿no es así?- Lo veo con una mirada seria, aunque trataba de que mis palabras fueran lo menos bruscas posibles hacia él.
- ...¿A qué te refieres Tyler? Tu padre fue un gran científico, de eso nadie tiene duda, deberías estar orgulloso de todo lo que ha hecho.- Ricciardo se notaba algo nervioso, aunque mantenía un tono cuidadoso hacia mí.
- ...Eso no es lo que usted piensa.- Retiro la mano del profesor de mi hombro con cierto resentimiento hacia él.-...Leí su última columna en el periódico escolar... "Ruina, masacre, destrucción y una crisis económica en aumento a causa de las queridas criaturas del profesor Marcus Hopper, conocido ahora como el "científico loco" de nuestra era...- El incrédulo gesto de Ricciardo mostraba que lo había atrapado en su propio juego de hipocresía, mientras yo me limito a terminar de guardar mis cosas y ponerme la mochila a los hombros.- ...sé lo que los híbridos hicieron a su familia profesor, y sé que fue algo horrible... pero mi padre no tuvo la culpa de aquellas muertes, fueron sus "queridas criaturas" las que se salieron de control por confiar demasiado en ellas... eso es todo.- Saco el citatorio sin firmar y aun así se lo entrego.- Tome... haga lo que quiera, mi madre no volverá a la Metrópoli Europea de todas formas.-
Sin ánimos de seguir con la incómoda y tensa conversación, acomodo las asas de mi mochila sobre mis hombros y cubro mi cabeza con el gorro de mi chamarra por simple costumbre de tener cubierto mi cabello, pues este siempre tenía tendencia a alborotarse. Afuera de la escuela el ambiente ya era algo húmedo y estaba nublado, era posible que lloviera esta noche, cosa que me alegraría un poco de no ser porque por lo general se trata de lluvia ácida, una aberración que sucede durante las primeras lluvias de verano como esta. Dicha lluvia ácida no representaba un peligro para las personas, aunque generan una comezón un tanto incómoda y difícil de quitar después.
Afuera la vista no era demasiado impresionante, a excepción de las decenas de edificios abandonados o destruidos que se encontraban a escasas cinco calles de mi escuela, siendo delimitados únicamente por una raquítica cinta plástica de "prohibido el paso" la cual casi se la lleva el viento. Después de dicha cinta empieza lo que se le denomina "Zona Neutral Noreste", una zona peligrosa para cualquier humano que se atreva a cruzar, pues las zonas neutrales que se encuentran rodeando toda la Metrópoli son lugares donde les es permitido a los híbridos errantes (o Vortex) deambular mientras no hayan humanos cerca. Por lo general pasaban patrulleros a vigilar dichas fronteras tres veces al día, pero dicha vigilancia ha disminuido drásticamente debido a los avistamientos cada vez más escasos de híbridos en esta zona en particular.
Mi casa no queda lejos de la escuela, por lo que la caminata de regreso a veces llega a ser placentera para mí. Camino justo por el borde entre la Metrópoli y la zona neutral, viendo son cierto asombro y nostalgia aquellos edificios que debieron ser evacuados y abandonados a causa del accidente Vortex, cuyas habitaciones no volvieron a ser habitadas nuevamente por el miedo a un segundo ataque. Todo había perdido el color y el ruido que tenía antes de aquél fatídico día.
Aquellos eran buenos tiempos, o al menos eso me contaba mi madre. La tercer gran guerra había terminado, el mundo había quedado nuevamente en paz y ya era tiempo de reconstruir lo que había quedado en ruinas. Muchos extranjeros que buscaron refugio aquí en Europa se quedaron a iniciar una nueva vida, haciendo que la población creciera, el mercado se reanudara y la economía empezara a avanzar de nuevo. Pronto se empezaba a destinar fondos a la ciencia con el principal objetivo de crear un vehículo que no dependiera de las ahora extintas reservas de petróleo, un vehículo con el mismo rendimiento que uno funcional a gasolina. Los autos eléctricos eran una buena opción, aunque la crisis energética los volvía demasiado caros para mantener. Los funcionales a hidrógeno daban un gran rendimiento y eran fáciles de reparar y dar mantenimiento, pero su combustible era demasiado difícil de conseguir y comercializar apropiadamente. Mi padre era una de aquellas mentes brillantes que se encargarían de dar al mundo el vehículo definitivo... pero no era cosa fácil.
Después de abandonar por un tiempo la idea de diseñar el vehículo del futuro y en vez de eso dedicarse a la medicina, logró la tan soñada máquina de impresión de tejidos, invención que sigue salvando vidas humanas y animales hasta hoy. Participó en decenas de investigaciones sobre el cuerpo humano y en como perfeccionarlo para que su sistema inmune fuera más resistente, elevando la esperanza de vida promedio de la población de la M.E (Metrópoli Europea) a dos años más.
Justo cuando el mundo creía que mi padre, el gran Marcus Hopper, no tenía ya nada más que hacer por la ciencia debido a sus increíbles aportaciones... llegaron los híbridos. Su sueño de crear al vehículo definitivo se había convertido en realidad, aunque él no usaba ya el término de "vehículo" en ellos, pues simplemente no se merecían seguir siendo llamados como máquinas.
Todos al principio creían que los híbridos eran una especie de autos robóticos, adicionados con una inteligencia artificial capaz de sentir y reaccionar ante diversos estímulos, y con una apariencia temiblemente viva, principalmente por la presencia de ojos y boca en su parte frontal, donde deberían ubicarse los faros y la defensa delantera. Pues, no se habían equivocado en la cuestión de parecer "vivos", porque de hecho lo estaban. El invento de Marcus conmocionó al mundo entero al revelar que en su interior no se encontraba una red de cables y componentes mecánicos, sino una compleja anatomía biológica compuesta de carne y hueso que convertía a los híbridos en una nueva especie de seres vivos en el planeta.
El mundo enloqueció, diversas revistas científicas criticaban a las creaciones de mi padre como un acto egoísta e insensible de parte del ser humano al darle vida a una "aberración" como esa, puesto que los híbridos al no tener manos no podían valerse por sí mismos. Otros científicos aclamaban a mi padre por haber realizado tal hazaña, y no era para menos, era la primera vez en la historia de la humanidad en la que se había creado un ser capaz de sentir y entender el comportamiento humano que no fuera una inteligencia artificial o una supercomputadora. Era un ser vivo, y empezaba a dar sus primeros pasos en la tierra.
Los híbridos demostraron ser mucho más inteligentes de lo que se esperaba, pues su comportamiento se pensaba que no rebasaría la inteligencia de un perro bien entrenado, pero el tiempo se encargó de enseñarle a los híbridos a cómo comunicarse con sus amos, juzgar el arte, definir sus gustos, y empezar a soñar. Una vez que los híbridos tenían total conocimiento de lo que los rodeaba, un extraño sentimiento los invadía, se preguntaban el por qué debían seguir obedeciendo de tal forma las órdenes de los humanos y el por qué a ellos no se les tenía una declaración de derechos universal. Que si bien, existían ya acuerdos internacionales sobre el buen trato hacia los híbridos, estos no gozaban de los mismos derechos de los humanos, pues ninguna nación quería perder a sus nuevas bestias de carga a causa de unos cuantos papeles en los que se dictara que no estaban obligados a obedecer a los humanos.
Como era de esperarse, el momento de una revolución de parte de los híbridos era predecible, y dejó una gran ruina en la M.E. No únicamente por la destrucción y las muertes que produjeron, sino por la retirada de las grandes empresas que traían a la Metrópoli la mayoría de sus ingresos. Dichas empresas temían que sus empleados y su mercancía salieran afectados por los disturbios causados por los híbridos, yéndose definitivamente de la Metrópoli y dejando las arcas en los huesos. Dicha revolución fue nombrada "Accidente Vortex" por el rumor de que unos híbridos en los que se hacían pruebas de laboratorio en ellos (a los que los científicos les llamaban Vortex para clasificarlos) se habían escapado de su laboratorio donde los humanos los tenían cautivos, esparciendo la chispa de odio hacia los humanos por los malos tratos que recibían aquellos híbridos. Para ese momento, ya se rumoraba que mi padre había muerto en aquél laboratorio.
Actualmente las cosas han mejorado bastante, la M.E. se vio obligada a expulsar a todos los híbridos, y pese a que no todos ellos causaron estragos a la población, tuvieron que irse igualmente. Muchos humanos que no querían abandonar a sus amados híbridos huyeron con ellos, fraccionando a la población total de la Metrópoli Europea en tres grandes y separados bloques; Vortex, la Metrópoli Europea, y Cilt. Esta última está formada por híbridos y humanos neutrales que no participaron en el accidente Vortex y que no consideran correcto la distinción entre ambas especies. Se dice que los Cilt han formado una ciudad próspera con un gobierno estable formado por híbridos y humanos por igual, una población en aumento y alta calidad de vida y seguridad, o al menos eso dicen los rumores, pues todo aquél que se ha embarcado a la travesía de llegar a Cilt, nunca regresa. Posiblemente porque la dichosa ciudad neutral es algo muy parecido al paraíso, o porque aquella desafortunada persona ha terminado como la cena de algún Vortex, una de esas dos. Pero lo que sí es cierto es que cada año llegan representantes de Cilt (híbridos y humanos) a reclutar personas que deseen unirse a su causa pacifista.
- Aquí todo se trata de tomar un bando...- Digo para mí mismo mientras continúo mi camino, distraído por un momento por una piedra de mediano tamaño con la que me distraía al patearla por el camino, hasta que un ruido externo me saca de mi trance.- ... -
El constante golpeteo en el suelo que apenas reconocía que se trataba de la lluvia que había empezado a caer ya hace que acelere el paso, y ruegue por llegar al menos un poco seco a mi casa. No faltaba mucho, escasas cuatro calles me separaban de mi hogar, pero conforme más rápido avanzaba más densa parecía ser la lluvia, hasta que finalmente me gana, y termina empapándome en cuestión de segundos. Empiezo a correr desesperadamente hacia mi casa. Puede que lo seco de mi ropa ya no sea prioridad ahora, sino los efectos que me produciría el estar en contacto con la lluvia ácida en esta cantidad.
Al por fin llegar al portón metálico de mi casa coloco la llave que ya tenía preparada en la ranura y la hago girar, entro en un coordinado movimiento hacia el interior y cierro con llave una vez que me encuentro resguardado en mi techo. Es en este único momento en el que mis piernas me empiezan a temblar a causa del esfuerzo y mi respiración se vuelve ridículamente agitada. Yo no poseía condición física alguna, y una sencilla carrera como esa es capaz de marearme por unos minutos.
Antes de esperar a que la lluvia se secara sobre mi piel y que hiciera estragos, decido tomar una ducha rápida para relajarme un poco. Al incorporarme de nuevo y dirigirme hacia la puerta que daba a la sala, estando claramente exhausto por el agitado día que había tenido hoy, un extraño sonido proveniente de las lejanías me mantiene alerta, alarmado por su parecido al temible rugir de un híbrido.
- No... eso no es posible... no pueden acercarse tanto a la ciudad...- Digo para mí mismo, rogando porque así fuera, pues en este momento estaba dudando mucho de mis sentidos.
Regreso la vista al interior de mi casa, y aquél sonido se intensifica de forma evidente, no cabía la menor duda de que eran rugidos, graves muestras de dolor hacia la lluvia ácida que estuviera recibiendo aquél desafortunado híbrido. Pero para fortuna mía, el ruido era muy lejano, aunque el hecho de ser la primera vez que lo escuchaba en carne propia me pone los pelos de punta.
Ni siquiera el sonido del agua cayendo opacaba los gritos desesperados de aquella criatura, que sufría a cada segundo que siguiera en la calle... o... en el peor de los casos...afuera de mi casa.
Hybrid-Kira (2018)