Esta hermosura y orden del universo ¿no se presenta igualmente a todos los que tienen cabales sus sentidos? Pues ¿cómo a todos no les responde eso mismo? Todos los animales, desde los más pequeños hasta los mayores, ven esta hermosa máquina del universo; pero no pueden hacerle aquellas preguntas, porque no tienen entendimiento, que como superior juzgue de las noticias y especies que traen los sentidos. Los hombres sí que pueden ejecutarlo, y por el conocimiento de estas criaturas visibles pueden subir a conocer las perfecciones invisibles de Dios; aunque sucede que, llevados del amor de estas cosas visibles, se sujetan a ellas como esclavos; y así no pueden juzgar de las criaturas, pues para eso habían de ser superiores a ellas. Ni estas cosas visibles responden a los que solamente les preguntan, sino a los que al mismo tiempo que preguntan, saben juzgar de sus respuestas. Ni ellas mudan su voz, esto es, su natural hermosura, ni respecto de uno que no hace más que verlas, ni respecto de otro, que además de esto se detiene a preguntarles, no es que a aquél parezcan de un modo y a éste de otro, sino que presentándose a entrambos con igual hermosura, hablan con el uno y son mudas para con el otro, o por mejor decir, a entrambos y a todos hablan; pero solamente las entienden los que saben cotejar aquella voz que perciben por los sentidos exteriores, con la verdad que reside en su interior.
Esta verdad es la que me dice: No es tu Dios el cielo ni la tierra, ni todo lo demás que tiene cuerpo. La misma naturaleza de las cosas corporales, a cualquiera que tenga ojos para verlas, le está diciendo: Esto es una cantidad abultada; y ésta precisamente es menor en la parte que en el todo. De aquí se infiere, que tú, alma mía, eres mejor que todo lo corpóreo, porque tú animas esa abultada cantidad de tu cuerpo, y le das la vida que goza; lo que cuerpo ninguno puede hacer con otro cuerpo. Pero tu Dios está tan lejos de ser corpóreo, que aun respecto de ti, que eres vida del cuerpo, es Dios tu vida.
(San Agustín, Confesiones, Madrid, EDAF, 1969)
Plano del Contenido:
En este pasaje de las "Confesiones" de San Agustín, se exploran ideas sobre la belleza y el orden del universo, que están al alcance de todos, pero solo pueden ser comprendidas por aquellos que tienen la capacidad de cuestionar y reflexionar. San Agustín argumenta que los seres humanos, a diferencia de los animales, pueden cuestionar el mundo y, a través de este cuestionamiento, ascender hacia el conocimiento de las perfecciones invisibles de Dios. A pesar de que las criaturas visibles pueden ser admiradas, no deben ser adoradas, ya que el verdadero Dios es inmaterial y está más allá del mundo físico.
Plano de la Expresión:
Este fragmento proviene de "Confesiones", una obra autobiográfica escrita por San Agustín en el siglo IV. El texto está imbuido de un estilo literario profundo y reflexivo, típico de la filosofía y teología de la época. San Agustín utiliza metáforas y razonamientos filosóficos para explorar conceptos complejos sobre la naturaleza de Dios y del alma humana.
Plano de la Crítica:
A. Ideas del Texto Relacionadas con Otras Ideas del Autor:
En este pasaje, San Agustín establece una distinción entre el mundo físico y el alma, argumentando que el alma, como principio vital, es superior a las cosas materiales. Esta idea se relaciona con su teología cristiana y su concepción de Dios como un ser inmaterial y trascendental. Además, la noción de que las criaturas visibles son signos que apuntan a lo divino se vincula con su pensamiento sobre la belleza como un reflejo de la perfección divina.
B. Ideas del Texto Relacionadas con Otros Dos Filósofos o Escuelas Filosóficas de la Misma Época:
Este pasaje se relaciona con las ideas de Plotino, un filósofo neoplatónico de la misma época, quien también defendía la superioridad del alma sobre el cuerpo y la necesidad de ascender hacia lo divino a través de la contemplación filosófica. También se puede encontrar una conexión con las ideas de los Padres de la Iglesia, quienes exploraban la relación entre la creación y el Creador en el contexto del pensamiento teológico cristiano.
C. Breve Contexto Histórico:
San Agustín vivió en un período de transición entre la antigüedad clásica y la Edad Media. Fue un influyente teólogo y filósofo cristiano cuyas obras marcaron el desarrollo del pensamiento teológico y filosófico en la tradición cristiana. En su época, el cristianismo estaba ganando influencia en el Imperio Romano, y las cuestiones sobre la naturaleza de Dios y del alma eran temas de intenso debate filosófico y religioso.
D. Actualidad del Tema:
Las ideas presentadas por San Agustín sobre la relación entre el alma, el cuerpo y lo divino siguen siendo relevantes en el campo de la filosofía de la religión y la teología. Además, su reflexión sobre la belleza como un indicio de la perfección divina se puede relacionar con las discusiones contemporáneas sobre la relación entre el arte y lo trascendental, así como con la búsqueda de significado y propósito en la existencia humana. La idea de que el conocimiento profundo requiere reflexión y cuestionamiento sigue siendo fundamental en la educación filosófica y espiritual.
Su voluntad no es que haya paz, sino que la paz sea según su voluntad. Y si llegan a separarse de otros por alguna sedición, no ejecutan su intento si no tienen con sus cómplices una especie de paz. Por eso los bandoleros procuran estar en paz entre sí, para alterar con más violencia y seguridad la paz de los demás. Y si hay algún salteador tan forzudo y enemigo de compañías que no se confíe y saltee y mate y se dé al pillaje él solo, al menos tiene una especie de paz, sea cual fuere, con aquellos a quienes no puede matar y a quienes quiere ocultar lo que hace. En su casa procura vivir en paz con su esposa, con los hijos, con los domésticos, si los tiene, y se deleita en que sin chistar obedezcan a su voluntad. Y si no se le obedece, se indigna, riñe y castiga, y si la necesidad lo exige, compone la paz familiar con crueldad. Él ve que la paz no puede existir en la familia si los miembros no se someten a la cabeza, que es él en su casa. Y si una ciudad o pueblo quisiera sometérsele como deseaba que le estuvieran sujetos los de su casa, no se escondiera ya como ladrón en una caverna, sino que se engallaría a vista de todos, pero con la misma cupididad y malicia. Todos desean, pues, tener paz con aquellos a quienes quieren gobernar a su antojo. Y cuando hacen la guerra a otros hombres, quieren hacerlos suyos, si pueden, e imponerles luego las condiciones de su paz.
San Agustín, Ciudad de Dios.
Plano del Contenido:
En este fragmento, se reflexiona sobre la naturaleza de la paz y cómo las personas la buscan y manipulan de acuerdo con sus propios intereses. Se plantea que la paz no es un valor en sí mismo para algunos individuos, sino que desean imponer su voluntad y control sobre los demás, utilizando la paz como un medio para lograrlo. Se mencionan ejemplos como bandoleros que buscan la paz entre ellos para causar más violencia a los demás, y cómo en la familia y en la sociedad, las personas desean la paz solo cuando pueden imponer su autoridad.
Plano de la Expresión:
El texto pertenece a la obra "La Ciudad de Dios", escrita por San Agustín en el siglo V, una obra monumental que aborda temas como la filosofía, la teología y la política desde una perspectiva cristiana. El estilo del texto es retórico y argumentativo, característico de la prosa agustiniana. La obra se presenta como un diálogo entre la ciudad terrenal y la ciudad celestial, explorando las complejidades de la naturaleza humana y la relación entre el poder terrenal y el divino.
Plano de la Crítica:
A. Ideas del Texto Relacionadas con Otras Ideas del Autor:
San Agustín, en este fragmento, expone una visión crítica de la paz manipulada por intereses personales y de poder. Agustín argumenta que la paz es instrumentalizada por individuos y grupos para establecer su dominio sobre los demás. Esta idea se relaciona con su concepción del pecado y la naturaleza humana, mostrando cómo incluso los deseos de paz pueden ser corrompidos por la ambición y la injusticia.
B. Ideas del Texto Relacionadas con Otros Filósofos o Escuelas Filosóficas de la Misma Época:
En el contexto filosófico de la época, las ideas de Agustín sobre la manipulación de la paz tienen resonancias con las reflexiones éticas de filósofos estoicos como Séneca. Los estoicos también consideraban la paz interior como un estado deseable, pero Agustín va más allá, mostrando cómo incluso la paz exterior puede ser pervertida por los deseos egoístas. Además, Agustín critica las prácticas políticas y sociales de su tiempo, similar a las críticas de filósofos cínicos y escépticos hacia la corrupción de la sociedad.
C. Breve Contexto Histórico:
El fragmento se sitúa en un período histórico de transición, marcado por el declive del Imperio Romano y el ascenso del cristianismo como una fuerza dominante en el mundo mediterráneo. En este contexto, Agustín escribió "La Ciudad de Dios" como una respuesta a las crisis políticas y sociales de su época, explorando temas como la justicia, la autoridad y el papel de la religión en la sociedad. La obra refleja las tensiones y los desafíos de una sociedad en transformación.
D. Actualidad del Tema:
El análisis de Agustín sobre la manipulación de la paz sigue siendo relevante en la actualidad, especialmente en el contexto de conflictos políticos y sociales en todo el mundo. La explotación de la paz por parte de individuos y grupos para alcanzar objetivos egoístas puede observarse en situaciones de conflicto, donde las negociaciones de paz pueden ser utilizadas como una táctica para lograr ventajas políticas o económicas. Además, en el ámbito individual, la búsqueda de la paz interior puede verse obstaculizada por las presiones sociales y económicas, lo que lleva a la manipulación de la paz en nombre del éxito o la conformidad.
El que sabe anteponer lo recto a lo torcido, y lo ordenado a lo perverso, reconoce que la paz de los pecadores, en comparación con la paz de los justos, no merece ni el nombre de paz. Lo que es perverso o contra el orden, necesariamente ha de estar en paz en alguna, de alguna y con alguna parte de las cosas en que es o de que consta. De lo contrario, dejaría de ser. Supongamos un hombre suspendido por los pies, cabeza abajo. La situación del cuerpo y el orden de los miembros es perverso, porque está invertido el orden exigido por la naturaleza, estando arriba lo que debe estar naturalmente abajo. Este desorden turba la paz del cuerpo, y por eso es molesto. Pero el alma está en paz con su cuerpo y se afana por su salud, y por eso hay quien siente el dolor. Y si, acosada por las dolencias, se separara, mientras subsista la trabazón de los miembros, hay alguna paz entre ellos, y por eso aún hay alguien suspendido. El cuerpo terreno tiende a la tierra, y al oponerse a eso su atadura, busca el orden de su paz y pide en cierto modo, con la voz de su peso, el lugar de su reposo. Y, una vez exánime y sin sentido, no se aparta de su paz natural, sea conservándola, sea tendiendo a ella. Si se le embalsama, de suerte que se impida la disolución del cadáver, todavía une sus partes entre sí cierta paz, y hace que todo el cuerpo busque el lugar terreno y conveniente y, por consiguiente, pacífico. Empero, si no es embalsamado y se le deja a su curso natural, se establece un combate de vapores contrarios que ofenden nuestro sentido. Es el efecto de la putrefacción, hasta que se acople a los elementos del mundo y retorne a su paz pieza a pieza y poco a poco. De estas transformaciones no se sustrae nada a las leyes del supremo Creador y Ordenador, que gobierna la paz del universo.
San Agustín, Ciudad de Dios.
Plano del Contenido:
En este fragmento de "La Ciudad de Dios" de San Agustín, se explora la noción de paz desde una perspectiva filosófica y natural. San Agustín argumenta que la verdadera paz proviene del orden y la rectitud, y que cualquier desviación de este orden perturba la paz. Utiliza ejemplos físicos y biológicos para ilustrar cómo el orden y la armonía son fundamentales para la paz tanto en el cuerpo humano como en el universo.
Plano de la Expresión:
"La Ciudad de Dios" es una obra teológica y filosófica escrita por San Agustín en el siglo V. En este texto, San Agustín presenta sus reflexiones sobre temas filosóficos, teológicos y morales. El estilo del texto es profundo y reflexivo, caracterizado por argumentaciones lógicas y ejemplos concretos para ilustrar sus puntos de vista.
Plano de la Crítica:
A. Ideas del Texto Relacionadas con Otras Ideas del Autor:
En este pasaje, San Agustín destaca la importancia del orden y la rectitud para la paz. Estas ideas están en consonancia con su filosofía teológica, donde Dios representa el orden supremo y la fuente de toda paz. Además, la idea de que el desorden y la perversión perturban la paz se relaciona con su concepción del pecado y la necesidad de la gracia divina para restaurar la paz del alma.
B. Ideas del Texto Relacionadas con Otros Dos Filósofos o Escuelas Filosóficas de la Misma Época:
Este pasaje se puede vincular con las ideas de los estoicos, una escuela filosófica contemporánea a San Agustín. Los estoicos también defendían la importancia del orden y la razón en la búsqueda de la paz interior y la virtud. Asimismo, la idea de que el orden y la armonía son fundamentales para la paz se asemeja a las enseñanzas de los neoplatónicos, quienes creían en la existencia de un orden cósmico y la necesidad de ascender hacia lo divino para alcanzar la verdadera paz del alma.
C. Breve Contexto Histórico:
"La Ciudad de Dios" fue escrita en un período de transformación y crisis en el Imperio Romano. San Agustín respondió a las críticas de los paganos que atribuían la caída de Roma a la adopción del cristianismo. En este contexto, San Agustín explora temas como la naturaleza del mal, el pecado y la paz desde una perspectiva cristiana y filosófica.
D. Actualidad del Tema:
El concepto de paz como resultado del orden y la rectitud sigue siendo relevante en la filosofía y la ética contemporáneas. En un mundo marcado por la complejidad y la agitación, la búsqueda del orden y la armonía tanto a nivel personal como social sigue siendo un objetivo importante para alcanzar la paz y el equilibrio. Además, la reflexión de San Agustín sobre la paz como un principio universal puede inspirar discusiones actuales sobre la naturaleza de la paz en un contexto global y multicultural.
Libro II, capítulo I. Por qué nos ha dado Dios la libertad de pecar.
1. EVODIO. Explícame ahora, si es posible, por qué ha dado Dios al hombre el libre albedrío de la voluntad, sin el cual, ciertamente, si no lo hubiera recibido, no podría pecar.
AGUSTÍN. Pero antes, dime ¿tienes conocimiento y estás seguro de ello, de que Dios haya dado al hombre una cosa que, según tú, no hubiera debido darle?
EVODIO. Según lo he entendido en libro anterior tenemos, por una parte, el libre albedrío de la voluntad y, por la otra, es sólo por él por lo que pecamos.
AGUSTÍN. También yo recuerdo que hemos llegado a esas conclusiones, pero lo que te pregunto ahora es esto: ¿estás seguro de que es Dios quien nos ha dado ese libre albedrío que indudablemente poseemos y por el cual es evidente que pecamos?
EVODIO. No puede ser nadie más, creo, ya que de Él poseemos el ser; y, sea que pequemos, sea que actuemos rectamente, es de Él de quien merecemos el castigo o la recompensa.
AGUSTÍN. Pero este último punto, una vez más ¿lo comprendes claramente? ¿o bien estás bajo el influjo del argumento de autoridad y es eso lo que te hace creerlo de grado, incluso sin comprenderlo? Me gustaría saberlo.
EVODIO. Confieso que, al principio, creí a la autoridad en este tema. Pero ¿qué hay más de cierto que todo lo que está bien viene de Dios, que todo lo que es justo está bien, y que es justo que los pecadores sean castigados y que los que obran rectamente sean recompensados? De donde se sigue que es Dios quien distribuye a los pecadores la desgracia y a los buenos la felicidad.
Plano del Contenido:
En este fragmento del libro II, capítulo I, de las Confesiones de San Agustín, se plantea un diálogo entre Evodio y Agustín acerca del libre albedrío y la responsabilidad humana ante el pecado. Evodio, al igual que muchos pensadores de la época, cuestiona por qué Dios ha otorgado a los seres humanos la libertad de elegir, especialmente cuando esta libertad conlleva la posibilidad de pecar. Agustín, por su parte, busca comprender si la creencia en el libre albedrío y su relación con el pecado está fundamentada en un entendimiento claro y profundo de la naturaleza divina.
Plano de la Expresión:
Este texto pertenece a las Confesiones, una obra autobiográfica escrita por San Agustín en el siglo IV. El estilo de la obra es introspectivo y filosófico, donde Agustín reflexiona sobre su propia vida, sus creencias y su relación con Dios. El diálogo entre Evodio y Agustín se desarrolla de manera racional y argumentativa, típica de los diálogos filosóficos de la antigüedad.
Plano de la Crítica:
A. Ideas del Texto Relacionadas con Otras Ideas del Autor:
San Agustín, uno de los pensadores más influyentes del cristianismo, aborda en este fragmento la cuestión del libre albedrío desde la perspectiva de la teología cristiana. Para Agustín, el libre albedrío es un regalo divino que permite a los humanos tomar decisiones y ser responsables de sus acciones. Esta idea se relaciona con su doctrina del pecado original y la necesidad de la gracia divina para la redención humana. Agustín sostiene que Dios es el origen tanto del libre albedrío como de las consecuencias de nuestras elecciones, lo que refuerza su teología del control divino sobre el destino humano.
B. Ideas del Texto Relacionadas con Otros Filósofos o Escuelas Filosóficas de la Misma Época:
En el contexto filosófico de la época, el debate sobre el libre albedrío y la responsabilidad moral era común entre los pensadores neoplatónicos y cristianos. Agustín se inspira en las enseñanzas de Platón y Plotino, fusionando elementos del neoplatonismo con la teología cristiana. Además, su confrontación con la idea del libre albedrío se asemeja a los debates dentro del estoicismo, donde se discutía la naturaleza del destino y la libertad humana para elegir.
C. Breve Contexto Histórico:
Este diálogo entre Evodio y Agustín se desarrolla en un contexto histórico en el que el cristianismo se consolidaba como una fuerza religiosa y filosófica dominante en el Imperio Romano. Agustín, convertido al cristianismo, contribuyó significativamente a la formulación de la doctrina cristiana, fusionando las enseñanzas de Platón con la teología cristiana. Este período fue crucial para el desarrollo del pensamiento cristiano y la consolidación de doctrinas teológicas fundamentales.
D. Actualidad del Tema:
La cuestión del libre albedrío y la responsabilidad moral sigue siendo relevante en la actualidad, especialmente en el contexto de debates éticos, jurídicos y filosóficos. La idea de que los seres humanos tienen la capacidad de elegir y son responsables de sus acciones es fundamental en la ética contemporánea. Además, en el ámbito religioso, diversas tradiciones abordan el problema del mal y la libertad de elección, generando debates interreligiosos y teológicos.
4. EVODIO. De acuerdo. Te concedo que la haya dado Dios. Pero, dime, ¿no te parece que habiendo sido dada para hacer el bien no hubiera debido poder inclinarse hacia el pecado? Hubiera debido ser como la justicia, que le fue dada al hombre para vivir bien: ¿le es posible a alguien servirse de su justicia para vivir mal? Del mismo modo, si la voluntad le hubiera sido dada al hombre para obrar bien, nadie podría pecar por la voluntad.
AGUSTÍN. Espero que Dios me conceda poder responderte o, mejor, que te conceda a ti responderte a ti mismo, por la enseñanza interior de la verdad, que es la maestra soberana y universal. Pero antes deseo que me respondas a esta pregunta: ya que tienes por cierta y conocida la respuesta a mi primera demanda, a saber, que Dios nos ha dado una voluntad libre ¿debemos decir que Dios no hubiera debido darnos una cosa que confesamos haber recibido de Él? Si no es seguro que Él nos la haya dado, tenemos razón al preguntar si nos ha sido bien dada; cuando hayamos encontrado que nos ha sido bien dada encontraremos, por ello, que nos ha sido dada por Él, por quien le han sido dados todos los bienes a los hombres. Por el contrario, si encontramos que no ha sido bien dada comprenderemos que no es Él quien nos la ha dado, pues sería ilícito acusarlo de eso. Por otra parte, si es cierto que Él nos la dado nos veremos obligados a confesar, sea cual sea el modo en que la hayamos recibido, que Él no estaba obligado ni a no dárnosla, ni a dárnosla distinta a como la tenemos. Pues nos la ha dado aquél cuyos actos no pueden ser razonablemente censurados.
Plano del Contenido:
En este fragmento del diálogo entre Evodio y Agustín, se plantea un debate profundo sobre la naturaleza del libre albedrío otorgado por Dios. Evodio, intrigado por la posibilidad de que la voluntad humana pueda inclinarse hacia el pecado a pesar de haber sido dada por Dios, cuestiona por qué, si fue dada para hacer el bien, puede ser utilizada para obrar mal. Agustín responde con una reflexión cautelosa, desafiando a Evodio a considerar la naturaleza divina y la responsabilidad humana en relación con la voluntad libre.
Plano de la Expresión:
Este pasaje pertenece a un diálogo filosófico, un género literario común en la antigüedad donde se exploraban ideas y conceptos a través de personajes que dialogaban entre sí. La obra de la que se extrae el texto es Confesiones, escrita por San Agustín en el siglo IV, una obra autobiográfica donde Agustín reflexiona sobre su vida, sus creencias y su relación con Dios. El estilo del texto es argumentativo y dialéctico, caracterizado por preguntas retóricas y razonamientos lógicos.
Plano de la Crítica:
A. Ideas del Texto Relacionadas con Otras Ideas del Autor:
San Agustín, en su respuesta a Evodio, revela su profunda comprensión de la naturaleza divina y la relación entre Dios y la voluntad humana. Agustín sostiene que la existencia del libre albedrío es un don divino y que Dios no puede ser cuestionado por haberlo otorgado. Además, Agustín plantea la importancia de la enseñanza interior de la verdad como guía para comprender la naturaleza de este don y su uso correcto. Esta perspectiva está en línea con la doctrina agustiniana del pecado original y la necesidad de la gracia divina para la redención humana.
B. Ideas del Texto Relacionadas con Otros Filósofos o Escuelas Filosóficas de la Misma Época:
En el contexto filosófico de la época, las discusiones sobre el libre albedrío y la responsabilidad moral eran temas recurrentes en las escuelas filosóficas. Agustín se inspira en las ideas del filósofo neoplatónico Plotino, quien también exploró la relación entre el alma y Dios. Además, el debate sobre el libre albedrío tiene vínculos con las discusiones en la filosofía estoica, donde se argumentaba sobre la capacidad humana para elegir y actuar en conformidad con la naturaleza.
C. Breve Contexto Histórico:
El diálogo entre Evodio y Agustín se enmarca en un contexto histórico en el que el cristianismo se consolidaba como una fuerza religiosa influyente en el Imperio Romano. Agustín, convertido al cristianismo, jugó un papel crucial en la formulación de la teología cristiana y la fusión de las ideas platónicas con las enseñanzas cristianas. Este período fue marcado por debates teológicos y filosóficos que influyeron en la doctrina y la práctica religiosa.
D. Actualidad del Tema:
El debate sobre el libre albedrío y la responsabilidad humana sigue siendo relevante en la actualidad, especialmente en el ámbito de la ética y la filosofía moral. Las cuestiones relacionadas con la libertad de elección, la moralidad y la responsabilidad individual son fundamentales en debates contemporáneos sobre la ética de la inteligencia artificial, la toma de decisiones políticas y los dilemas éticos en la ciencia y la tecnología. Además, en el ámbito religioso, diversas tradiciones continúan explorando el problema del mal y la libertad humana, generando debates teológicos y éticos en el mundo moderno.