Antes del meteorito, la ciudad estaba tecnológicamente avanzada, contaba con un sistema organizado y una economía relativamente estable. Astrael era el epicentro de innovación, centrada en el avance tecnológico y en el progreso económico.
La sociedad en Astrael era próspera, la mayoría de los ciudadanos tenían una vida cómoda, con derechos y con acceso a bienes y a servicios modernos. Contaba con una creciente clase media que se beneficiaba de los avances en la ciudad.
El gobierno, aun que no fuese perfecto, mantenía un orden general. Ofreciendo a la mayoría de la población acceso a servicios esenciales como la salud, educación y una economía estable.
Sin embargo, detrás de todo esto, existían profundas desigualdades sociales. La clase alta, especialmente los políticos vivían en zonas privilegiadas, disfrutando de todos los beneficios del progreso tecnológico. En contraste, las clases trabajadoras y los sectores más pobres de la población tenían un acceso limitado a los mismos recursos. Estas zonas ya comenzaban a evidenciar la desconexión con el gobierno, que se concentraba más en mantener el poder que en resolver los problemas de desigualdad. La desconfianza hacia el sistema político estaba en aumento, pero no había una chispa lo suficientemente fuerte como para provocar un levantamiento.