Parte de los habitantes de Fovea son personas condenadas al hoyo por el régimen de Astrael. Entre ellas se encuentran criminales, políticos, rebeldes, y ciudadanos que de alguna manera infringieron las leyes opresivas del gobierno. Esto incluye desde ex-ministros, figuras del viejo gobierno que fueron arrojados tras el golpe de estado, hasta personas que participaron en revueltas posteriores.
También existen personas nacidas en Fovea, descendientes de los primeros exiliados, que nunca han conocido la vida fuera de hoyo y que solo pueden saber de Astrael lo que es contado en susurros por las esquinas.
Durante las primeras décadas en Fovea la gran mayoría de habitantes procedían del exterior, pero según pasaban de generación en generación con el mismo sistema, la demografía mutó a una en la cual cada vez más personas de las que vivian en Fovea habían nacido ahí. Según el miedo en Astrael iba creciendo de ser arrojado al hoyo y la sociedad daba por perdida una salida de la dictadura en la que estaba sumida, los desterrados de Astrael actualmente constituyen tan solo un 32% de la población de Fovea, mientras que los nativos del hoyo forman el porcentaje restante de 68%.
Actualmente, personas siguen siendo deshechadas a Fovea, pero nadie nunca ha logrado salir a la superficie.
La radiación del meteorito ha dejado una huella en Fovea. Aunque muchos sufren los estragos de su toxicidad e incluso acaban muriendo, algunos otros han desarrollado habilidades extraordinarias; un poder ligado a las emociones que les permite transformar las cosas que más valoran —incluso seres vivos— en armas mortales. Esta capacidad convierte a ciertos habitantes en fuerzas temibles, aunque esto les conlleve un coste personal; ya que si llegasen a convertir a un ser querido en arma, este nunca podría regresar a su forma original.
La explicación detrás de este misterioso poder proviene de la misma radiación que convive con la biología del portador; permite mutar los electrones de los átomos mismos de tanto objetos como seres vivos. Al pasar esto, las cosas inexplicablemente toman la forma de un arma, puesto que los portadores no puede decidir a disposición en qué tipo de arma se transformarán las cosas; simplemente se transforman al momento de sentir los deseos del usuario de defenderse de cualquier situación inminente. A pesar de lo que se conoce, hay aún muchas cosas inciertas sobre este poder, como el porqué se liga a las emociones o de dónde es que proviene esta radiación extraterrestre que ha hecho nacer este nuevo grupo de humanos.
Las armas creadas por estas personas tienen un alto poder destructivo, y evidentemente son algo desconocido para el gobierno y habitantes de Astrael.
Las personas portadoras de habilidades suelen ser contratados como guardaespaldas, mercenarios o incluso como símbolos de poder dentro de la mafia. Sin embargo, el uso de estos poderes está envuelto en temor y superstición, ya que los habitantes tienden a evitar a las personas que saben que portan estas habilidades por miedo a ser víctima de ellas, creando gran desconfianza entre la población. Con el tiempo se ha pasado a un uso discreto en la medida de lo posible, y no muchas de las personas que tienen estas habilidades las comparten a excepción de que busquen poder y estatus.
Dentro del porcentaje nativo de población de Fovea, alrededor de un 37% es portadora de las habilidades.
En Fovea la medicina química no es factible debido a la falta de recursos farmacéuticos y la incapacidad de obtener productos médicos modernos. Por esto, los habitantes recurren a métodos de medicina tradicional, basados en remedios naturales y técnicas ancestrales, utilizando cosas como plantas cultivadas en los tejados o sustancias encontradas en los desechos, para tratar enfermedades y heridas. Esta medicina es improvisada e inexacta, pero es la única opción en un entorno tan aislado.
A pesar de lacompetencia por los recursos, la mayoría de los habitantes de Fovea viven en comunidades pequeñas que funcionan como redes de apoyo; las personas intentan agruparse para compartir recursos y protegerse entre sí.
Podría decirse que las familias y los lazos emocionales son esenciales pero, irónicamente, esos mismos vínculos pueden ser un arma de doble filo debido a que la posibilidad de transformación de seres queridos en armas es una realidad constante para algunos.