Después de una exitosa e intensa vida empresarial y social, me di cuenta de que de alguna manera estaba "vacío". Sentí un gran desafío para encontrarme y saber quién soy.
Confundí una necesidad de profunda transformación interna con una reconversión profesional, y eso me llevó a buscar continuamente soluciones en el lugar equivocado. Quería más títulos e incluso hice varios "programas de desarrollo personal", pero sin ningún compromiso interno (trabajo sobre mi) ni integración. Solo estaba "recopilando" métodos.
El tiempo pasasaba y todavía estaba enfrentando ese vacío profundo.
Estuve perdido, por un largo tiempo.
Me tomo tiempo aceptarlo, pero luego, estaba triste... y aliviado.
A mis 40 años, comencé la meditación, me reconecté con la danza, varias lecturas, estuve en contacto con personas lúcidas y luminosas, relancé mi terapia, hice estudios psico corporales necesitaba tiempo para trabajar en mí mismo, para reconectarme con mi cuerpo, con mis emociones y observarme. Fue el cambio para comenzar un nuevo camino.
Esta fue mi camino durante años. Todas estas prácticas enriquecieron mi vida, el proceso de transformación estaba haciendo su trabajo.
Pero ¿por qué mi deseo de acompañar a los demás?
Ser consciente de mis prejuicios, miedos, enojo, errores, alegría, deseos y mi forma de manejar las relaciones; me permitió tomar distancia de todos estos filtros y escuchar al otro de una manera diferente, cualitativa y consciente, mitigando mis prejuicios.
Empecé a compartir mis prácticas, mis aprendizajes continuos y experiencias con otros hasta que me di cuenta de que estaba pasando la mayor parte de mi tiempo dándole espacio a mi voz interior: acompañar el desarrollo personal de los demás.
Lo que estaba haciendo con placer, se había convertido en mi trabajo.