Impulsa la confianza en el aprendizaje.
Desarrolla habilidades blandas o socioemocionales.
Mejora el entendimiento de materias tradicionales.
Fomenta la práctica de habilidades STEAM.
Promueve la creación y la innovación.
Desarrolla habilidades lingüísticas y numéricas a través de experiencias lúdicas como, por ejemplo, la creación de robots, historias, o videojuegos, entre otras, los alumnos trabajan el pensamiento computacional desde múltiples perspectivas.
Conseguir que este mecanismo se mueva les exige desarrollar, entre otras, sus habilidades lingüísticas y numéricas para crear las instrucciones correctas.
Estimula la creatividad.
Modela, simula o replica la creatividad humana utilizando un ordenador.
Construye un programa o ordenador capaz de alcanzar el nivel de creatividad humano.
Hace entender mejor la creatividad humana y formula una perspectiva algorítmica del comportamiento creativo humano.
Diseña programas que puede realzar la creatividad humana, sin que sean necesariamente creativos.
Trabaja la resolución de problemas. Los entornos de programación basados en bloques como Scratch facilitan que los estudiantes se familiaricen con los lenguajes de programación de forma lúdica. Por ejemplo, pueden utilizarlo para crear un piano digital que tendrán que programar para crear música. De esta forma, con estas herramientas basadas en el pensamiento computacional, la clase trabaja en la resolución de un problema.
El pensamiento computacional incentiva, también, el espíritu crítico y facilita la interactividad. Si los alumnos trabajan en grupo para resolver problemas como programar una mano robótica o un piano digital, desarrollan también el aprendizaje colaborativo.
Conseguir que este mecanismo se mueva les exige desarrollar, entre otras, sus habilidades lingüísticas y numéricas para crear las instrucciones correctas.