A fines de 1932, Narciso Bassols, secretario de Educación Pública, nombró una comisión técnica consultiva para analizar la posibilidad de un plan de educación sexual que debería implementarse en las primarias de la Ciudad de México. Los antecedentes se remiten al Congreso Panamericano del Niño celebrado en Lima, Perú, en 1930, que recomendaba a los gobiernos latinoamericanos la instrumentación de un programa de educación sexual.
Este proyecto también atendía a las recomendaciones de la Sociedad Eugenésica Mexicana que había presentado a la SEP en el año de 1932 una investigación sobre la conducta sexual de los adolescentes, en la que analizaba entre otras cosas la frecuencia de embarazos y enfermedades venéreas entre los jóvenes, y señalaba a las autoridades de la Secretaría sobre la necesidad de informar oportunamente sobre estos temas a dicha población.
Desde el momento en que se dio a conocer el proyecto, la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), la Federación de Padres de Familia, el clero y algunos enemigos políticos de Bassols dentro de la misma SEP se opusieron; hubo una gran polémica que terminó con la renuncia del secretario en 1934.Unos años más tarde en Suecia (1938) se creó un programa de educación sexual integral. Este programa incluía cuatro acciones simultáneas: el derecho a la información y el acceso a los anticonceptivos; la educación sexual desde los siete años de edad; el derecho a interrumpir el embarazo, en ciertas situaciones; y la descriminalización de la homosexualidad.
Al insertar la educación en materia de población y de sexualidad en la educación básica, se dispuso también su carácter obligatorio. El nivel educativo prioritario fue la primaria, por su carácter masivo, por la existencia de textos únicos que garantizaban contenidos comunes y por ser el más ampliamente difundido a lo largo y ancho el país. Después de la propuesta de educación sexual de Bassols, no fue sino hasta 1974 cuando se incluyeron los primeros contenidos de educación sexual en los libros de texto. La reforma educativa de los años setenta significó la institucionalización de los temas de sexualidad en los planes y programas de estudio de la educación básica.
Para más información consultar la siguiente liga:
https://editorial.uaa.mx/docs/caleidoscopio29.pdf#page=41
Pérez, G. M. (2013). Análisis de políticas de educación sexual y de la sexualidad en México. Caleidoscopio-Revista Semestral de Ciencias Sociales y Humanidades, 16(29), 41-71.
Verónica Garduño (2018) en su artículo, Educación sexual: una polémica persistente, presenta la revisión de más de ocho décadas en las que se ha querido introducir la educación sexual en México, todos estos intentos se han encontrado con resistencias políticas, religiosas y sociales.
En este texto encontraras cómo en 1933 Narciso Bassols promovió, por primera vez, la implementación formal de la educación sexual en las escuelas del país, lamentablemente fue un intento fallido.
En 1970 se delinea una educación sexual con el propósito de modificar las conductas sexuales de las y los mexicanos, fomentar el uso de métodos anticonceptivos y reducir de la taza de crecimiento poblacional hasta un 2.5% anual, los medios masivos de comunicación fueron más efectivos en este propósito que la educación sexual institucional, lamentablemente se siguieron reproduciendo los estereotipos de género.
En los años 80 con la irrupción del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) el sector salud tuvo que construir una fuerte campaña para promover el uso del condón en las prácticas sexuales de la población mexicana, con el lema de “sexo seguro”, los libros de texto gratuito de primaria y libros de secundaria incluyeron el uso del condón como una forma de evitar las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS).
En agosto de 2008, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) dio un paso adelante en la educación sexual con la publicación del libro Tu futuro en libertad. Por una sexualidad y salud reproductiva con responsabilidad.
Pese a ser un libro muy bien estructurado, con información actualizada, con evidencia médica-científica y en un lenguaje comprensible para las y los jóvenes, no pudo ser distribuido en las escuelas de la Ciudad de México, porque la educación estaba en manos del gobierno federal, quienes se negaron a asumir la responsabilidad de su implementación en las escuelas e incluso amenazaron a docentes de ser sancionadxs si lo ponían en práctica dentro de sus aulas.
Con apego a la Declaración Ministerial "Prevenir con Educación", firmada en 2008 por los secretarios de Educación y Salud, México se comprometió a: “formar a profesores/as en temas de Educación Integral de la Sexualidad (EIS) en las escuelas de educación básica; a ampliar la cobertura de salud sexual y salud reproductiva entre jóvenes de diferentes contextos, así como a difundir en medios de comunicación cápsulas informativas sobre salud y educación sexual”, los avances son pequeños, existen muchos retos para lograr un ejercicio de la vida amorosa, afectiva y sexual; de forma segura, libre y saludable.
Conoce más sobre este artículo en la liga:
http://salutsexual.sidastudi.org/resources/inmagic-img/DD52144.pdf
La educación en valores se presenta como el espacio donde los seres humanos se constituyen como tales al ir introyectando valores, ideas y conocimientos, argumentando así la necesidad de impulsar al interior de la escuela una revolución personalista y comunitaria, de manera que el principio y fin de toda la vida escolar sea el valor y la dignidad de los seres humanos por lo tanto las propuestas de educación en valores que se plantean para su implementación en chile que se comentan a continuación son relevantes de destacar.
Educación moral basada en valores absolutos: Se agrupan diversos planteamientos morales que tienen en común la voluntad de borrar de la vida humana las experiencias de conflicto de valores, aceptando su existencia vivida de manera subjetiva, pero negando la posibilidad de que tales conflictos no estén ya objetivamente resueltos por parte de alguna instancia o doctrina que tenga elaborada de antemano la respuesta adecuada. Tal es el caso de la educación asociada a valores religiosos y cómo estos priman a la hora, por ejemplo, de determinar contenidos y modos de transmitir conocimientos de índole sexual.
Educación moral basada en una concepción relativista de los valores: este modelo puede tener dos lecturas prácticas: la primera alude a una educación de carácter exclusivamente científico y objetivo que obvia la realidad subjetiva (valórica) del contexto donde está inserta, relativizando así cualquier explicación. La segunda hace referencia a la situación de un modelo educativo disociado y desvinculado de un marco global que genere equidad y metas conjuntas, tal como ocurre con la relación entre educación pública y privada.
Educación moral basada en la construcción racional y autónoma de principios y normas universales: Se explica cómo el abordar problemas morales no sirve desde una perspectiva exclusivamente cientificista pero tampoco a un nivel de decisión exclusivamente personal (valores y creencias personales). Este modelo no defiende determinados valores absolutos, pero tampoco es necesariamente relativista. Desde la perspectiva pedagógica se puede concebir como una educación moral de mínimos; una educación moral que, mediante el diálogo, la reflexión, la empatía y la autorregulación quiere ser capaz de facilitar la construcción de unos principios que sean universalmente aceptables y que permitan no solo regular la conducta personal, sino también construir autónomamente las formas de vida colectivas concretas que en cada situación se consideren, además de justas, mejores y más apropiadas. Estos supuestos se ajustan a los planteamientos teóricos de algunos autores en lo referido a un modelo sustentable de educación sexual, la cual debe empezar por considerar y potenciar a los propios individuos en función de su desarrollo pleno, libre y responsable de su sexualidad, instalando en ellos capacidades que les permitan elegir límites personales y respetuosos para con quienes les rodean.
Para más información:
https://nuevosfoliosbioetica.uchile.cl/index.php/REGP/article/view/25861/27185
Silva, E. F. (2012). Política pública de educación sexual en chile: actores y tensión entre el derecho a la información vs. la libertad de elección. Estado, Gobierno y Gestión Pública, (20), 105-131.
La necesidad de impartir la educación sexual comenzó por las luchas feministas que aun en la actualidad han enfatizado la necesidad de que existan estrategias que avancen la sexualidad donde han sido tocado temas como el aborto, la educación sexual, la violencia de género, entre otros. Por lo tanto, ante este importante llamado se configuraron políticas educativas que abordan sexualidades y géneros, este proyecto buscó conocer las distintas maneras en las que podría existir una educación sexual en jóvenes que pertenecen a América Latina y el Caribe. Para poder realizar dicho proyecto se analizaron leyes de inclusión a la educación sexual en el sistema educativo. documentos que aluden a programas que provienen de políticas públicas que abordan la educación sexual, esto se quería realizar con entrevistas a expertos de Chile, Colombia, Argentina, Cuba y Brasil.
La inclusión de la sexualidad en las políticas educativas destinada a jóvenes en la región es parte de un proceso complejo de batallas, negociaciones y disputas en que el feminismo apuntó a la ampliación de los horizontes de justicia de género y resituar la ciudadanía de género como eje. Es notorio cómo la entrada de estos temas a la discusión pública se encuentra fuertemente vinculada al sostenido trabajo de organizaciones feministas y la llegada de algunas mujeres a diversas instancias políticas (legislativas y ejecutivas), así como también a veces en disputa y otras en consolidación a la constitución de diversos movimientos socio-sexuales.
La incorporación de la educación sexual en la política pública latinoamericana y caribeña no es un “efecto” reciente. Ya desde la década de los ’70 se pueden rastrear fuertes preocupaciones y las políticas de población, y particularmente, la posibilidad de planificación familiar como una de las variables centrales en el marco de políticas desarrollistas, cobraron un lugar preponderante en la agenda pública y los actores que tuvieron intervenciones en la formación de políticas públicas en la materia fueron Estados Nacionales, Organismos Internacionales, Iglesia Católica y el Movimiento Feminista.
La década del 70 primaron los debates en torno a los “métodos anticonceptivos”, La década de los noventa la educación en población introduce nuevos temas emergentes entre los que se destaca la prevención del VIH – SIDA y el enfoque de género. Ante esto la UNESCO tenía como propuesta formativa el eje de familia y sexualidad donde se incluyera la salud reproductiva y los derechos reproductivos junto con el empoderamiento de la mujer , otra agencia de la ONU que también apoyó diversas inicias de inclusión de educación sexual fue el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFP).La Conferencia internacional sobre la población y el desarrollo realizada en el Cairo en 1994 por la ONU-UNFP marca un hito en este sentido al reconocer: I. el derecho al acceso universal de la educación, II. La situación de mortalidad de niños y madres III. el derecho al acceso a la salud sexual y reproductiva.
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La educación en sexualidad en América Latina y el Caribe, data de los años sesenta, iniciándose con enfoques biologicistas, relacionados con la reproducción humana y la anticoncepción. En los años setenta, Argentina, Chile, México, Brasil, Venezuela y Colombia, iniciaron discusiones públicas en temas relacionados con las I.T.S y el uso de los métodos anticonceptivos; estableciéndose también propuestas curriculares de carácter experimental, incluyéndose en la educación formal e informal. A partir de los años ochenta, los enfoques preventivos y de riesgos se hacen más presentes, y van dirigidos a la aparición del VIH y a la prevención del embarazo juvenil. A nivel regional, se comienzan a erigir acciones conjuntas entre los Ministerios de Educación y de Salud, y la educación sexual comienza a orientarse al mejoramiento de la calidad de vida. Con esto, inician los conflictos con los sectores conservadores de la región, en función de esta temática, señalando que la educación sexual propende a la promiscuidad y da cuenta de una crisis moral de los pueblos. El conflicto sitúa el tema en el debate público.
En los noventa, se comienza con las conceptualizaciones de la educación sexual con enfoque integral, promoviendo los valores de la equidad de género, estableciéndose objetivos formativos relacionados con la vida sana y responsable, la prevención del embarazo juvenil, del VIH-SIDA. Todo esto fortalecido por el apoyo técnico y financiero de ONUSIDA.
En 1994, tiene lugar la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), en la que se reforzaron los temas de educación y salud, estableciéndose la educación en sexualidad como un Derecho Humano. Se promovieron, al mismo tiempo, las relaciones intersectoriales entre los Ministerios de Educación y Salud. También, durante este período, se realizaron numerosas actividades y acciones organizadas por universidades y organizaciones no gubernamentales.
En 2007, una de las iniciativas regionales en educación sexual se denominó “Armonización de las Políticas Públicas para la Educación Sexual y la Prevención del VIH-SIDA y Drogas en el Ámbito Escolar”, realizada en Buenos Aires, con representantes de los Ministerio de Educación y Salud de Perú, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. Posteriormente en Chile, se evalúa dicho proyecto, para intercambiar experiencias sobre el avance en esta materia. Siguiendo la relación intersectorial que debe darse entre los ministerios mencionados con anterioridad.
En el año 2008, se estableció una declaración firmada por los ministros de educación y de salud de América Latina y el Caribe, llamada “Prevenir con Educación”, realizada en México bajo el contexto de la XVII Conferencia internacional sobre VIH-SIDA. Dicha declaración reafirmó el compromiso entre el derecho a la salud y a la educación, estableciéndose como fundamentales para el desarrollo integral de las personas, y sustentando la educación sexual con un enfoque en Derechos Humanos. En la mencionada declaración los Estados se comprometieron a conseguir dos objetivos específicos para el año 2015:
1. Reducir en un 75% la brecha del número de escuelas que no hubiesen institucionalizado la educación integral en sexualidad para los centros educativos de jurisdicción de los Ministerios de Educación.
2. Reducir en un 50% la brecha en jóvenes carentes de cobertura en servicios de salud para atender apropiadamente sus necesidades de salud sexual y reproductiva.
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