Un lugar construido con las manos. 

Pensado para volver a respirar.

Hay lugares que se compran.

Y hay lugares que nacen de años de esfuerzo, paciencia y trabajo.

Este refugio no ha sido diseñado por una empresa ni construido por profesionales.

 Cada tabla, cada rincón y cada mejora han sido realizadas con mis propias manos, demostrando que incluso cuando una persona dispone de muy pocos recursos, puede crear un espacio lleno de vida, creatividad y esperanza.

Aquí no encontrarás lujos.

Encontrarás silencio.

Naturaleza.

Tiempo.

Y la posibilidad de volver a escucharte.