La mano como una caja de música. Una mano que sostiene un arco, una posición del brazo que sabe exactamente cómo sonará el violín. La juventud como ese tiempo y espacio donde todos los sonidos son frescos. Un objeto que fue árbol, cuya esencia fue la música, una extensión del cuerpo para crear, una alianza con la tierra. Del sonido del viento entre las ramas, a las tablas, a las crines de caballos… Cultura y naturaleza se unen para la creación.
Texto: María José Bejarano SalazarFotografías: Carolina Arias Ortiz