Entre todas las fotografías recogidas en el taller destaca el grupo en el que aparecen niños y niñas. Todas las personas que han aportado dichas fotografías han traído alguna de su infancia o de la de sus padres.
Son instantáneas donde se observa que la niñez es un país sin fronteras, en el que toda la imaginación tiene cabida, en el que, aun dependiendo de nuestros familiares, somos dueños de nuestra ilusión y nuestra alegría; una niñez que se sazonaba la Noche de Reyes con plumieres, cocinas y planchas de juguete o ropa y se endulzaba con peladillas.
Un elemento muy importante de esa infancia eran las escuelas.
Desde la creación, con carácter definitivo, de las primeras escuelas nacionales de Los Ramos, en el año 1925, otras muchas se abrieron en la pedanía y, de ellas, algunas lo hicieron con carácter de academia particular, lo que facilitó el aprendizaje a los menores que, por tener que trabajar y ayudar en casa, no podían asistir en el horario lectivo. Era el caso de la escuela de Pepe El Macano que impartía, además de las de día, clases de nocturno, y a la que acudían solo chicos.
También junto a la parroquia se abrieron las denominadas Escuelas Parroquiales.
Hubo otra en el Rincón de Almodóvar y otra en el Puente, además de la de Ponce.
Los que entonces fueron alumnos recuerdan con cariño a sus maestros, entre ellos, doña Catalina, que fue maestra de infantil, y doña Encarna, que aparece en algunas fotografías siempre rodeada de niñas.
TIEMPO DE ESCUELA. LAS ESCUELAS DE LOS RAMOS (Se abre en una nueva pestaña)
Vestidos de fiesta o de diario, disfrazados, jugando, estudiando o posando, los niños y niñas de Los Ramos fuimos captados en una instantánea con nuestros juguetes, nuestras risas, con nuestros hermanos o nuestros compañeros de escuela, con la perspectiva de una huerta verde y con el sonido del agua interrumpido de vez en cuando por el pitido del tren.
En las fotos quedan plasmadas tanto la circunstancia social de cada momento como la moda en uso y, si en eso observamos diferencias no las vemos, sin embargo, en nuestra expresión que, en todos los casos, es la de los habitantes del país de la niñez.