Antiguamente, la condición de la mujer, tanto en el ámbito doméstico como en el social, se limitaba a un segundo plano.
La sociedad patriarcal descargaba todo el peso de decisión y de responsabilidad en el hombre, por lo que el papel de la mujer, a lo largo de la historia, ha quedado empañado.
Pero, en ese segundo plano, la mujer ha sido el motor del hogar; la encargada de tenerlo todo limpio y a punto, lo que no era fácil antiguamente con los medios que se tenían.
Era la que cuidaba de los pequeños y se encargaba de su alimentación y educación, la que colaboraba en las tareas de la huerta o el campo cuando se requería, la que asistía a los enfermos, la que velaba también de los mayores y la que, sin tener posibilidad de participar en la vida social y política, daba su opinión en el corrillo de costura de las tardes, junto a las demás vecinas.
Su escolarización no llegaba más allá de los trece años, edad con la que ya comenzaba a trabajar para poder ayudar económicamente a la familia.
En Los Ramos era habitual que trabajara en la labor de empaquetado en el almacén de fruta, cuando se producía la campaña de la uva o de los cítricos, aunque era un trabajo no exento de discriminación, tanto por género como por edad.
Contraía matrimonio muy joven y, en algunas ocasiones, ese matrimonio venía forzado en el tiempo porque los novios, cumpliendo una antigua tradición huertana, se escapaban, es decir, se iban sin permiso de las familias y desparecían unas horas, lo que forzaba a su boda habida cuenta de que podrían haber tenido relaciones extramatrimoniales.
Tenía vetado el acceso a los ventorrillos, por ser esta un actividad exclusivamente masculina; no decidía, porque lo hacía el marido; no podía abrir una cuenta bancaria sin su consentimiento pero, sin embargo, era la que mediaba entre él y los hijos.
Actualmente, su intervención en la vida social ha avanzado de forma considerable y su papel de ama de casa se ha visto facilitado por el avance técnico y por una concepción más progresista de igualdad con el hombre.
En Los Ramos se creó, a finales del pasado siglo, el Centro de la Mujer, que tuvo su precedente en la Asociación de Amas de Casa. En el Centro se organizan cursos y talleres dirigidos a posibilitar el aprendizaje en diversas materias, y viajes y excursiones que ya no limitan el conocimiento del medio al entorno familiar.
Hoy en día la mujer trabaja fuera de casa, se dedica más tiempo a ella misma y disfruta de su ocio con plenitud.