A lo largo de los años, ha habido en Los Ramos personas que han destacado, por uno u otro motivo, que han procurado el avance de la localidad y que han sido ejemplo para nosotros.
Les rendimos, desde esta página, un pequeño homenaje.
Dª Bonifacia Arraz Manzanares, conocida cariñosamente como La señora Boni, se hizo cargo de la cantina de la estación de Alquerías cuando, al quedar viuda de un ferroviario en 1928, RENFE le confió su gestión, ya que entonces no existía el subsidio de viudedad.
Allí atendía con alegría a todos los que paraban a tomar algo mientras esperaban el siguiente tren: muchos militares, trabajadores del ferrocarril e, incluso, artistas procedentes de Alicante, Cartagena o Madrid.
Don Lorenzo Burgos Arraz, El Cartero, fue muy popular.
Hacía el reparto del correo por Los Ramos y alrededores, tanto a pie como en bicicleta.
Conocía a toda la vencidad, hasta el punto de que, aun cuando las cartas no llevaran la dirección escrita, él conseguía que llegaran al destinatario.
Las mozas eran las que con más alegría lo recibían. Si ese día no llevaba carta le decía "nenica, mañana".
Solía decir "¡Ay, qué malico estoy!" y, si no le dabas propina, decía "no hay ná pa'l cocido".
Don Miguel Cánovas, conocido como El Cabanillas, fue el presidente de la Asociación de Vecinos de Los Ramos durante muchos años.
A lo largo de su vida, trabajó por la mejora del pueblo y de la vida de sus gentes. Le gustaba organizar eventos de índole deportivo, como carreras ciclistas o torneos de fútbol.
Pero su principal objetivo era la construcción de un consultorio médico en Los Ramos, al cual dedicó parte de su vida.
Don Joaquín García Alcázar, El Practicante, ayudó mucho a los vecinos de Los Ramos con sus conocimientos de medicina.
Lo mismo ponía una inyección que atendía un parto y, a cualquier hora, se le podía avisar para ver a un enfermo en casa.
Realizaba el reconocimiento y recetaba la medicación oportuna aunque, cuando el caso era grave, remitía al especialista.
Atendía a todos los vecinos, a pesar de que muchos no tenían medios con qué pagarle.
Don José Marín Marín, conocido como El Cuco, era el mancebo de la farmacia, donde preparaba las fórmulas magistrales recetadas para aliviar o curar las enfermedades.
Contagiaba su alegría a cualquiera. Era gratificante ir a la farmacia y apreciar su amabilidad y las ganas de broma que tenía siempre.
Doña Isabel Moya López, peluquera de profesión, fue una mujer muy luchadora que contagiaba su alegría por allí por donde pasaba.
Destacó por ser la primera mujer federada en la Asociación de Cazadores de Murcia.
Estuvo casada con el ciclista José Antonio Moya.
Don Vicente Muñoz Martín Casero, maestro por vocación, fue durante muchos años el director del colegio Francisco Salzillo de Los Ramos.
Trasmitió a sus alumnos una educación ejemplar y también su afición al teatro, a la poesía, al ajedrez, a la fotografía, a la pintura o al deporte, actividades para las que formó grupos de jóvenes en los que ha perdurado la afición.
Doña Carmen Perona Jiménez, conocida como Carmen del Canela, abrió en 1910, cuando ella tenía veintidós años, la primera tienda de tejidos en Los Ramos.
Además de atender en su local, también vendía de casa en casa, con el fardo de ropa a su espalda.
Muchas de sus clientas le decían que "les metiera las tijeras" al tejido que acababan de comprar, queriendo decir que les cortara el patrón de la prenda para la que habían adquirido la tela, ya que algunas no sabían corte.
Don Fulgencio Rubio Perona, conocido por todos como El tío Pencho Canela, fue ferroviario y tuvo una vida muy dura, como casi todos los de su época.
Gran amante de su pueblo y aficionado a la política, en la que veía una salida para el progreso de la pedanía.
Fue el primer socio del Hogar del Pensionista de Los Ramos, del que llegó a ser el primer presidente y trabajó mucho para que se construyera el Centro de Mayores.
Doña Encarna Sarrión Gómez, ejerció el magisterio en la escuela pública de Los Ramos, que fue su gran pasión.
Nunca veía la hora de finalizar las actividades que organizaba. Sus valores éticos y humanos la llevaron a formar el comedor escolar y poder alimentar, así, a los niños con pocos recursos.
Organizó los coros para cantar en la iglesia y participar en los concursos escolares que se organizaban en el teatro Romea.
En la pedanía se le recuerda con mucho cariño.