Esta sección fue creada para dar a conocer todos nuestras investigaciones especiales acerca de nuestro municipio y por supuesto de nuestra historia como mexiquences y mexicanos.
¿Quién de ustedes no durmió, o hizo trucos para despertarse temprano y ser el primero en jugar y ver los juguetes en el Día de Reyes? ¿Quién no se enojó cuando le salió “el niño” en la Rosca de Reyes?
El Día de Reyes marca el final de las fiestas entorno a la Navidad y es un día lleno de mucha traducción en nuestro país, te explicaré un poco sobre el origen y el significado de este día: Este se celebra el 6 de enero, España, Latinoamérica y Francia, este día se conmemora la Epifanía, que fue el momento en los tres Reyes Magos de Oriente; Melchor, Gaspar, Baltazar le entregaron regalos de gran riqueza simbólica al Niño Jesús, siendo estos: oro; que simboliza su calidad de rey, incienso; su calidad de Dios y mirra; su calidad de hombre.
Esta tradición comenzó en la Edad Media en el Reino de Navarra y el Reino de Aragón, y desde el siglo XIV. La Tradición marca que los padrinos del Niño Dios, (aquellos que vestirán al Niño Dios del dueño de la casa para Día de la Candelaria), sean los primeros que corten la Rosca, y si te sale un “niño” debes comprar como “castigo” los tamales para la celebración del Día de la Candelaria (2 de enero), y guardar al “niño” hasta ese día.
En México, la celebración llegó en la Colonia y empezó a caracterizar, tal como la conocemos hoy, en donde la noche del 5 al 6 de enero, los Reyes Magos traen juguetes a los niños que se portaron bien el año anterior, emulando lo hecho por Santa Claus en la noche de Navidad en los países anglosajones. Finalmente, la noche del 6 de enero las familias se reúnen para partir la Rosca de Reyes, que está hecha de pan, la cual tiene forma circular, esta forma simboliza el amor eterno de Dios que no tiene principio ni fin, este pan está adornado por frutas secas cristalizadas con azúcar, tales como higos, ates, costras de azúcar y, hasta hace poco tiempo acitrón, pero al estar elaborado de biznaga y por estar en peligro de extinción, ha dejado de utilizarse, todos estos dulces simbolizan las joyas incrustadas en las coronas de los Reyes Magos y el muñeco escondido, representa al Niño Jesús.
Latinoamericanista: Uriel Escobar Gonzales.
Izcalli: La veintena del fin de año.
Para las culturas occidanteles el 31 de diciembre significa el fin de un cíclo que comenzó en el mes de enero. El año nuevo representa nuevas oportunidades, propositos retomados y la promesa de un mejor año que el anterior. Pero para nuestros antepasados la concepción de fin de año era completamente diferente, ya que en su cosmovisión el fin de año significaba la renovación del Tonatihu y Hitzilopochtli, es decir la celebración del fuego nuevo.
La forma en que los habitantes de México-Tochtitlán, realizaban su conteo calendarico era muy diferente al calendario Gregoriano es decir el calendario que nosostros útilizamos actualmente, mientras para las culturas occidentales diciembre es el último mes del año, para los mexicas el año terminaba los meses de enero-febrero.
¿Y bueno como es qué se diferencia el calendario mexica al gregoriano? Todos los calendarios meseaméricanos se dividían en dos cíclos muy importantes, el primero era un cíclo anual de 365 días que era llamado cempohuallapohualli que quiere decir cuenta de veintenas, el segundo era el ritual llamado tonallpohualli que significa cuenta de los días.
El primer cíclo estaba conformado por meses de veinte días o veintenas y cinco días de mala suerte o infelices y el segundo agrupaba meses de trece días o trecenas. El cempohuallapohualli era un calendario solar dedicado a las fiestas religiosas mientras que el tonallpohualli indicaba los fenomenos natuarles que se presentaban durante todo el año, situación que era de suma importancia ya que esto influía en que los últimos cinco días fueran de mala suerte o desgraciados porque las cosechas no se dieron o muy felices por la abundante cosecha.
La conjugación de ambos calendarios ocurría cada 52 años, fecha en que se celebraba el xiuhmolpilli o ataduras de años, evento que era celebrado como la Fiesta del Fuego Nuevo, fiesta que significaba el renacimiento del sol y la preservación del equilibrio y el orden en el cosmos.
Izcalli y el fin de año mexica.
Ahora queridos lectores centremonos a lo que a nosotros como izcallences nos llama mucho la atención la última veintena completa del cempohuallapohualli llamada izcalli palabra que significa crecimiento y que corresponde en el calendario gregoriano a los meses de enero-febrero. En izcalli se conmemoraba el fin del cíclo anual honrando al dios del fuego Xiuhtecutli. Esta deidad era responsable de la regeneración del mundo atraves del ardor del fuego. Era en esta semana donde se llevaban acabo una serie de festejos religiosos dedicados al fuego nuevo. Durante las noches de esta celebración se apagaban todas las antorchas y lumbreras de México-Tenochtitlán, para que los mexicas pudieran apreciar las estrellas Pléyades las cuales señalaban el cenit del sol y la renovación del universo.
Cada fin de año se elaboraba una estatua de Xiuhtecuhtli, la cual era adornada con una mascara de mosaicos y plumas, durante la fiesta era repartido una especie de tamal muy especial y se realizaba una danza ritual dedicada al fuego nuevo. Esta fiesta también era importante para los nuevos calpullis o barrios de la capital tenochca. Los habitantes salían a cazar animales y depues eran ofrendados al fuego. Y entre las curiosidades de este festejo se solía estirar a los niños para que crecieran altos y fuertes, perforaban sus orejas para para que comezarán a portar orejeras y les deban de beber el delicioso pulque.
Lic. En Historia Rubén García Lira
El árbol de navidad
Una de las tradiciones más importantes de la Navidad es el árbol. ¿Quién no lo ha puesto alguna vez en su vida ya fuera para alegrar a un niño o para ilusionarnos cuando lo éramos con la esperanza de ver nuestros obsequios?
Quizá algunos no lo sepan, pero no toda tradición necesariamente tiene que ver con lo que creemos. Para muchos de nosotros, sea por creencia propia o de nuestros padres o abuelos, el árbol se relaciona con el nacimiento de Cristo. Pero esto no siempre fue así.
Algunos indicios nos mencionan que los primeros en tener esta tradición fueron pueblos indoeuropeos que, en el segundo y tercer milenio a.C., tenían como tradición la veneración del árbol, pues lo concebían como la “expresión de las fuerzas de la Madre Naturaleza” (Barceló, 2007: 3). Dicha tradición habría de preservarse en las regiones del Norte de Europa por siglos.
Las culturas nórdicas, según los primeros misioneros cristianos, rendían culto a los árboles durante la celebración del nacimiento de uno de sus dioses -usualmente asociado con Frey, Dios de la Fertilidad-. Para ellos el árbol simbolizaba el Universo, mientras que en su copa “se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Vahalla (el palacio de Odín)” (Barceló, 2007:5). Es a partir de la expansión de estas sociedades que la tradición se fue expandiendo.
Sin importar la cultura, hemos visto que el árbol se ha asociado con lo divino, con una forma de honrar nuestro(s) Dios(es). Este tipo de actos buscan en muchas ocasiones reestablecer la relación con el mismo o intensificarla. El árbol de navidad no es sólo un símbolo del amor familiar o el lugar donde Santa dejará sus regalos, también es una aproximación con lo divino del mundo.
A modo de epílogo, mencionar que a nuestro país la tradición llega en el siglo XIX, primero con Maximiliano de Habsburgo, quien tras su ejecución se intentó desechar sus tradiciones del país, y después con el militar Miguel Negrete. Fue a partir de entonces que la puesta del árbol se vuelve una tradición, al comienzo en las clases más ricas y después en las pobres.
¿En qué momento la tradición del árbol comenzó a ser apropiada por el cristianismo? De acuerdo con las narraciones, fue alrededor del siglo VIII cuando Bonifacio -el “apóstol de los germanos”- intentó erradicar las tradiciones paganas de su jurisdicción, que aquella fue resignificada. Se introdujo por primera vez al pino como expresión del amor de Dios y se adorno con velas -representación de Jesucristo- y manzanas -pecado original-.
Lic. En Estudioslatinoamericanos: David Antonio Pérez Villanueva.
Una guerra navideña.
La figura de Santa Claus o papá Noel es una de las representaciones más emblemáticas en las fiestas decembrinas ya que en este mundo globalizado basado en el capitalismo y consumismo es muy fácil tomar iconos e imágenes que nos ayuden a reconocer una marca, una necesidad o en este caso una festividad como es el caso de la navidad representada principalmente por un arbolito de navidad y la imagen de un diabético hipertenso bonachón, el cual tiene la tarea de llevar obsequios a todos los niños del mundo.
Sin embargo para la cultura mexicana la figura del gordinflón bonachon no fue tan aceptada ni tan emblemática en la década de 1920, ya que la sociedad mexicana de ese entonces se encontraba en una gran desaprobación hacía casi cualquier cosas que tuviese que ver con nuestro vecino del norte. De hecho para 1940, el presidente Manuel Ávila Camacho decidió coemnzar una guerra bien nacionalista contra el indeseable habitante del Polo Norte, eligiendo a la figura del dios Quetzalcóatl para que el se encargara de traer juguetes a los niños y niñas mexicanos que se habían sido buenos todo el año. Pero la imagén de una gigantge serpiente emplumada llegando a la casas mexicanas a dejar jueguetes y dulces no tuvo ningún éxito y sobre todo asusto a los probres niños y niñas de sobre manera. Pues no era para menos el gordo de traje rojo se encontentaba con galletas y leche, mientras que nuestra majestuoso Quetzalcoátl devoraba corazones así que la ídea no pego.
De esta manera la iglesia y la clase más conservadora mexicana se oponían a esta invasión cultura norteamericana ya que la figura de Santa Claus era vista como un extranjero indeseable, portador de una cultura ajena y considerado un personaje comercial y publicitario asociado a una fiesta religiosa, cuya explotación lo único que necesitaba eran centros comerciales, tiendas departamentales y operaciones de compra-venta. A través de su figura se comenzaron a publicitar empresas, tiendas y marcas. Para contrarestar está situación, se comenzarón a dar discursos dentro de las iglesías elevando la figura de los tres reyes magos para la cultura mexicana, pero sobre todo la importancía de su tarea en altiguo Jerusalém.
Sin embrago agencias publicitarias, la industria cinematográfica, la radio, la televisión y la prensa utilizaron una y otra vez la figura del popular personaje para atraer a los niños a las tiendas departamentales. En poco tiempo, las figuras de Santa Claus y los Reyes Magos aprendieron a convivir, no solo por la receptividad de los mexicanos a la influencia estadounidense, sino porque los comercios notaron que tener ambos personajes en el gusto de los niños favorecía el consumo tanto en la Navidad como el Día de Reyes.
Pero gracias la marca del refresco Coca-cola pronto la figura de Santa Claus comenzó a penetrar en la vida de los mexicanos. La doctora Susana Sosenski, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, señala que “la asimilación de este símbolo cultural estadounidense por los niños y las familias mexicanas fue consecuencia de una mayor apertura de México a políticas e intercambios culturales con Estados Unidos, así como de la relativa facilidad de los mexicanos de clase media para retomar tradiciones culturales provenientes del exterior” y también claro está, de la publicidad que se le dio en radio, revistas, televisión a este personaje.
Que Santa Claus se volviera parte de las tradiciones navideñas de los mexicanos fue posible gracias a distintas estrategias culturales que se usaron para promocionarlo. Por ejemplo, los medios de comunicación, que tanto habían atacado su llegada, fueron fundamentales para incrementar su presencia en México.
Lic. En Historia Rubén García Lira
Piñatas el sincretismo olvidado.
Una de las épocas más esperadas es diciembre ya con ella la algarabía de las posadas, los villancicos y las reuniones entre amigos y familiares, pero muy pocas veces nos damos un tiempo para reflexionar sobre nuestras tradiciones, y una que llama mucho la atención, es el tradicional “rompimiento de piñata”, ya que, sí es una tradición muy católica, ¿por qué solo en México se rompen piñatas navideñas y no en los demás países de tradición católica?
Recordemos un poco lo que significa una piñata: una estrella de siete picos, representando cada uno un pecado capital: pereza, envidia, gula, ira, lujuria, avaricia, soberbia. El palo con el que se parte la piñata representa la fuerza con la que se vence al mal, y el vendarse los ojos es un símbolo de nuestra fe ciega, la cual es necesaria para vencer, incluso sortear la maldad y sus tentaciones, ya que el papel colorido y el oropel simboliza precisamente las vanidades del mundo y tentaciones del demonio. Siendo la fruta con la que se rellena, la recompensa obtenida por vencer el pecado.
Casi siempre se ha asegurado que las piñatas son una tradición proveniente de la antigua China, porque en el libro Los viajes de Marco Polo, se narra que el mercader italiano observó que para celebrar el año nuevo chino, en esta región, se rompía la figura de un buey relleno de semillas que representaban la abundancia. Marco Polo, llevó esta tradición a Italia, de Italia pasó a España y con la conquista llegó a nuestras tierras. Si bien, la explicación es congruente, y ejemplifica la dinámica mundial de la época (de una Europa que por mar y tierra realizaba una constante búsqueda de rutas para llegar a comerciar con Asia), no disipa del todo nuestra duda.
En la actualidad, gracias al avance de ciencias como la antropología, la historia y la arqueología, se ha logrado descubrir que durante la celebración del cumpleaños del Dios Azteca Huitzilopochtli, se confeccionaban vasijas o esculturas huecas de arcilla con la forma de algunos dioses.
De igual forma, los sacerdotes colgaban ollas de barro adornadas con plumas de colores, las cuales llenaban con pequeños adornos, piedras de colores, bayas o frutos secos, como una ofrenda que se colocaba en un poste en el templo, cuando la olla era quebrada con un palo, los tesoros que contenía, eran derramados a los pies del Dios.
Al igual que los católicos se preparan para recibir al Niño Jesús (25 de Diciembre), los habitantes del Valle de México prehispánico, se preparaban para recibir al Niño Sol. El investigador Germán Andrade Labastida, en 1942 descubrió que los Aztecas celebraban el nacimiento de Huitzilopochtli (“colibrí del sur” o “colibrí izquierdo”) precisamente en la época de Navidad. Esta festividad se llevaba a cabo el 21 de Diciembre porque para los Aztecas, durante el Solsticio de Invierno, el Sol ya había recorrido la bóveda celeste y había muerto el 20 de Diciembre. “El niño Sol se iba al Mictlán (lugar de los muertos) donde se transmutaba en forma de colibrí para regresar al origen. Casualmente, el 24 de Diciembre era el día en que el sol resurgía de Malinalco (hoy, cabecera del Estado de México), en medio de una serie de rituales y danzas”.
Se piensa que, de esta ceremonia a Huitzilopochtli, los frailes agustinos de Acolman (Estado de México), se valieron para introducir en la evangelización de los pueblos indígenas las famosas “posadas”, a las cuales se le agregaron elementos como los villancicos (cantos), las piñatas y las colaciones, presentes en el ritual al Niño Sol. Es así que los frailes agustinos de Acolman fueron los primeros en crear una piñata mexicana, como la conocemos hoy en día, una esfera de barro, de la cual salen siete picos, representando una estrella, adornada con papeles de colores. El método de las posadas con elementos de la celebración prehispánica a Huitzilopochtli, resultó ser una forma eficaz de evangelización a tal grado que la tradición se arraigó en nuestra cultura nacional, por ello en el municipio mexiquense se celebra cada año la Feria de la piñata, en la cual se conmemora a Acolman como la cuna de las posadas.
En el “Museo exconvento de Acolman”, se explica que los frailes retomaron la tradición de hacer piñatas de Italia y de la antigua China, pero las nuevas investigaciones arrojan luz al tema sosteniendo que aquí las piñatas ya eran conocidas por los pobladores originarios.
Ya que, una tercera versión sobre la piñata, explica que su origen proviene de la civilización maya, pues estos, practicaban un juego llamado Pa’p’uul (rompe el cántaro) pensado para los niños, quienes tenían que buscar los cántaros de barro, adornarlos y romperlos con un garrote para encontrar la sorpresa en su interior, muchas veces semillas de cacao, aunque se dice que en ocasiones contenían algún animal silvestre.
Por lo anterior es posible pensar en la piñata como una herramienta que ayudó al sincretismo religioso para hacer la evangelización más pacífica, lo cual muchas veces pasamos por alto. ¿Tu qué opinas?
Lic. En Estudios Latnioaméricanos Eleazar Enrique García Lira
Posadas en la celebración de Huitzilopochtli.
Tras la caída de México-Tenochtitlán, la conquista española se valió de un método de culturización, muy a la usanza de los antiguos imperios europeos. A grandes rasgos podemos asegurar que esta intención tenía tres objetivos, el primero no llevar a cabo una exterminación de los pobladores originarios porque su fuerza de trabajo era de vital importancia para el nuevo proyecto colonial. El segundo objetivo, se relacionaba con la cosmovisión católica española, pues recordemos que el choque con este Nuevo Mundo, seguía causando controversia respecto a que sí los pobladores originarios eran humanos o no, y sí lo eran, era necesario rescatar sus almas condenadas por la adoración a dioses paganos, atrayendolos al catolicismo y a la cultura de Europa Occidental, todo esto con la intención de “civilizarlos”. El tercer objetivo por supuesto, consistió en reestructurar la pirámide social, para que los conquistadores y las instituciones españolas que representaban, quedarán en lo más alto de esta nueva pirámide.
Para lograr dichos objetivos, los conquistadores y los “hombres de Dios”, se valieron de tradiciones indígenas, pues como en el caso de las culturas asentadas en el antiguo Valle de México, se encontraron con sociedades muy bien estructuradas, con una gran organización política y social, en la cual la religión tenía un papel central en el desarrollo cultural, político y militar. Muchas de estas celebraciones, coincidían en periodicidad con los ritos y ceremonias católicas, por ello el sincretismo religioso, jugó un papel clave en esta culturización. Es cierto que la sangre y la espada, estuvieron presentes en la conversión al catolicismo de los pobladores originarios, pero también, por parte de estos últimos, existió un reconocimiento de sus antiguas tradiciones, en las festividades de los santos católicos. Adorando y alabando en muchas ocasiones, no al santo que tenían al frente, si no a su Dios prehispánico.
Tal es el caso de las “posadas”, las cuales se llevaron a cabo por vez primera en nuestro territorio nacional en 1587, para ser más exactos, en el pueblo de San Agustín Acolman (Estado de México). Tras un permiso otorgado por el Papa Sixto V al Fray Diego de Soria, en la ya consolidada Nueva España, se festejaron las “misas de aguinaldo”, que posteriormente serían nombradas de manera coloquial, como “posadas”. Estos ritos litúrgicos que van del 16 al 24 de Diciembre (nueve días, que representan los nueve meses de gestación del Niño Jesús), fueron creados con la intención de evangelizar a los pueblos indígenas asentados a lo alrededores del convento parroquial, de “San Agustín de Hipona” en Acolman. Para los pobladores, estas festividades no eran del todo novedosas, ya que ellos por las mismas fechas, celebraban el nacimiento del Dios sol Huitzilopochtli (colibrí del sur), hijo de Coatlicue (falda de serpientes).
Los festejos a este Dios Azteca, se llevaban a cabo dentro del Panquetzaliztli (levantamiento de banderas), decimoquinto mes del calendario azteca, para solemnizar su nacimiento el 21 de Diciembre (Solsticio de Invierno). Para esta fecha, el sol ya había recorrido la bóveda celeste, y había muerto el 20 de Diciembre, yéndose al Mictlán, en donde tenía que transmutar en forma de colibrí, para regresar al origen. Siendo el 24 de Diciembre el día en el que el sol, re-surgía de Malinalco (Estado de México) por ello esas fechas eran muy importantes, ya que se trataba como en la cosmovisión católica, del “cumpleaños” de la deidad principal. Se sabe, que los frailes agustinos, de manera muy astuta, para facilitar su tarea evangelizadora, retomaron algunos elementos de esta celebración, con el fin de que las “posadas” fueran bien recibidas por lo pobladores.
Lic. En Estudios Latinoaméricanos, Eleazar Enrique García Lira
La Virgen de Guadalupe y el Escudo Nacional
El simbolismo y la iconografía es una de las partes más importantes en la comunicación no verbal en todas las culturas y sociedades humanas, ya que los mensajes que transmiten por medios de signos e imagénes llegan a la parte más profunda y medular del imaginario colectivo, es decir toca fibras muy sinsibles en la cosmovisión de una sociedad las cual explica los inicio y origenes de esta. Es así como la Virgen de Guadalupe tiene un sentido e importancia que se extiende hasta nuestro escudo nacional. Pero bueno vamos por el principio, ¿Cómo es que estos dos simbolos importanticimos para todos los mexicanos están conectados entre si ?
Para contestar esta pregunta que un primer momento resulta simple, tenemos que recordar una leyenda mitica prehispánica de Tonatiuh el dios del sol. Cundo Nanahuatzín se arrojo al fogón sagrado que hiecieron los dioses mexicas en la majestuaosa ciudad de Teotihuacán, nacío Tonatiuh el dios sol, sin embargo para cumplir con su destino divino de enfrentarse a las criaturas de la luna y la noche recoriendo la boveda celeste exigió , el sacrifició de corazones, ya que en la cosmovisión mexica el sol debía bajar en el inframundo enfrentarse a Mictlantecuhtli señor de la muerte, derrotarlo y regresar victorioso por la mañana, repitiendo estas feoroces batallas en un cíclo infinito.
Para poder cumplir su misión Tonatiuh debía recurrir a su nahual el cual era un águila real, pero los mexicas sabian que las desafíod librados no eran cosa facíl, por ello Toanituh necesitaba aliados los cuales eran los guerreros aguila y jaguar caídos en batalla, las muejeres fallecidas en el parto y la estrella de venus que representaba al mismisimo dios Quetzalcoatl. El equilibrio de la vida y el universo dependía de la victoria de Tonatiuh y si por algún motivo el dios del sol era derrotado, el mundo se condenaba a una eternidad de obscuridad.
La lucha del bien y el mal para la cultura mexica era de suma importancia ya que en ella se mantenía el delicado equilibrio de la naturaleza y la vida. Con la llegada de los conquistadores y frailes españoles, pero sobre todo, estos últimos que utilizarón en su consquista espiritual la idea del sacrificio, el dsicurso del triunfo de las fuerzas del bien y la vida sobre las del mal y la muerte, se retomo todo este simbolismo en una imagén que unifco dos cosmovisiones separadas por el oceano Atlántico pero que la guerra, la sangre, la explotación y la esclavitud amalgamo para la eternidad, la imagén de la Virgen Morena del Tepeyac.
El entendieminto del destino cósmicio divino de Tonatiuh se entrelazo con el destino divino terrenal de Tonantzi Cihuacoátl, creando la imagen de la Viregen Morena, cobijada por un manto estrellado que representa la noche y los 400 surianos señores de la obscuridad, a sus espaldas se observan destellos de sol los cuales representan a Tonatiuh, su vistimenta dorada se encuentra decorada con flores y frutos, representando a Coatlicue la madre de la tierra y toda la naturaleza. A rededor de su vientre lleva un listón negro el cual simbolisa claro esta a Jesús, pero el negro en la cultura mexica se asociaba con la regeneració, la reencarnación y el inicio de un nuevo comienzo. A sus pies de la Guadalupana se puede observar una luna negra, que representa a Coyolxauhqui la diosa de la luna, a Mictlantecuhtli dios del inframundo y la muerte. Cabe señalar que toda representación de la Virgen María en el viejo mundo, se encuentra de píe sobre una luna de color blanco, la cual representa los reinos árabes y la cáida de la religión islámica frente al cristianismo.
Y ustedes se preguntaran queridos lectores, ¿Qué tiene que ver todo esto con el escudo nacional Méxicano y por qué está relacionado con la Virgen de Guadalupe? Pues aquía la interesante respueta:
Para el siglo XIX, ya México como nación independiente plasmo en el escudo nacional mexicano, el avistamiento de Tenoch heroé azteca quien logro encontrar el aguila sobre un nopal deborando una serpeinte en medio del lago de Texcoco. Sin embrago el contexto del escudo nacional tiene un significado más profundo, el águila representa a Tonatiuh en su forma de nahual, la serpiente que devora es Coyoxauhqui la diosa de la luna representada en su nahual. El nopal donde se encuentra la serpiente es la piedra de sacrifició donde se encuentran las tecnochtli o tunas rojas que son la representación de los corazones ofrecidos a Tonatiuh, para que salga victorioso de la batallas sagradas en contra de las fuerzas del inframundo que son libardas día con día.
Y es así como existe una conección entre Tonatiuh, la Virgen de Guadalupe y el escudo nacional mexicano en ellos se encuentra todo el sombolismo que acaban de leer en estas tres narraciones orales e icongráficas entrelazadas por la lucha de la vida contra la muerte, la pelea eterna entre el bien y mal pero sobre todo la idea muy arraiagada a los instintos huamnos de que nuestra madre y padre divinos, velan por mantener el equilibrio tan delicado del la vida.
Lic. En Historia Rubén García Lira
Tonantzi Cihuacoátl Centeótl.
¿No estoy aquí yo, qué soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra?
¿No soy yo tu salud?
Para los mexicanos el 12 de diceimbre es un fecha muy importante ya que se festeja el día de la Virgen María, pero en sus diferentes advocaciones la viregen morena del Tepeyac, es una de las más reconocidas y aceptadas a nivel continente. Miles de mexicanos y personas que llegan de los diferentes regiones del contiente americano, realizan perigrinaciones extensas a la Basilica del Tepeyac para demostrar su fe y devoción a la Viergen de Guadalupe. Los milagros marianos son bastos e inegables, todas aquellas personas que acuden al cerro del Tepeyac han sido bendecidos en cada uno de sus pedimentos.
La leyenda y el mito de nuestra Virgen de Guadalupe encierra no solo muchos misterios, si no también es un ejemplo claro no de un sincretismo, si no de una transfuguración es decir la transición de una deidad a otra ¿Pero como es que todos estos hechos históricos y teológicos se han ido desarrollando a travez del tiempo? Comencemos por el principio:
Antes de la llegada de los conquistadores una de las deidades más importantes para la impresionante cultura mexica y su extenso panteón, fue Tonantzi Cihuacoátl o Centeótl, lcuyo nombre significa la Muejer de la Culebra o Nuestra Madre. La diosa Tonantzi Cihuacoátl, representaba la fertilidad, la protección del hogar, la diosa madre y era considerada protectora en el parto. Representada con un tacado en la frente, una falda de serpientes y una cuna en la espalda, las mujeres de origén nahua pedían con un sacrifició el milagro de dar vida, para ello debían acudir al templo de Tonantzi el cual se encontraba precisamente en el cerro del Tepeyac, numerosas perigrinaciones acudían al templo de Tonantzi Cihualcoátl Centeótl llevando ofrendas y sacrificios pediendo ser fertiles o en su defecto que las madres y los bebes lograran sobrevivir al parto.
Los Frailes Bernardino de Sahagún y Francisco Javier Clavijero, realizarón varios estudios acerca de la diosa en los cuales hacen referencia a su estrecha conexión con la luna, las lluvias, la cosecha y los ciclos fertiles de la mujer. Sahagún habla acerca de su templo el cual se encontraba en el cerro de Tepeapac que los españoles tradujeron a la palabra Tepeaquilla y con el paso del tiempo recibió el nombre de Tepeyac. En este lugar se encontraban varios altares de sacrificio y lugares de adoración dedicados a Tonatzi.
Sin embargo esté hecho cambio drasticamente ya que con la llegada de los conquistadores españoles, el cristianismo se impuso a punta de sangre, fuego y esclavitud. Muchas de las costrumbes y tradiciones indígenas desaparecieron, otras tantas se funcionaron en un sincretismo mestizo y quiza un puñado lograron el fenómeno de transfiguración, como es el caso vivo de la Virgen de Guadalupe. ¿Cómo es que esto sucedío? A diferencia de lo que se piensa popularmente, la evangelización no fue tan aceptada por los pueblos indígenas y mucho menos aquellas imagénes que representaban los rasgos físicos de los conquistadores. De esta manera muchos pueblos indígenas se alzarón en resistencias encarnacidas para defender sus creencias ancestrales.
Varios ejemplos de este hecho se dío en regiones de la zona norte del país, los indigénas pertencientes a los grupos chichimecas morían por montones en los cinturones de precidio y los conventos jesuitas. Se podría pensar que estas víctimas fueron producto de los maltratos y explotación, sin embargo todo lo contrario, la orden jesuita alimento y cuido a estos indíegenas pero sometio sus creencias al cristianismo poniendo fin a su forma de vida nomada. Lo que provoco una carcel mental y sobre todo una crisis espiritual en estas personas, lo que las indujo en un estado de depresión y ansiedad severo, provocandoles la muerte.
En la zona del Valle de México grupos indíegnas recistieron a la imposición de la nueva fe, teniendo como consecuencias severos castigos por parte de la iglesía. Y es en este contexto que en el año de 1531, tiene su origén la historia de Juan Diego, indígena tepaneca pertenecinte a la región de Cuautitlán, a quien la Virgen de Guadalupe se le aparecio en la madrugada del 11 de diciembre, pidiendole que cortara las rosas de castilla que aparecierón milagrosamente en el cerro del Tepeyac, y las llevará en su ayate ante el arzobispo Fray de Zumarraga. Y la sopresa mayúscula fue la imagén de la Virgen de Guadalupe impresa en el ayate. Pero he aquí una diferencia muy importante, la virgen era morena muy parecida a Tonazi Cihuacoátl y es aquí queridos lectores dondé comienza el proceso de transfiguración.
Tonatzi Cihuacoátl, en este proceso es tomada y transformada en una virgen única y especial, teniendo rasgoz físicos índegenas pero también teniendo un mensaje muy particular y especial en su conografía através de los elemntos que compenen en su totalidad a esta imagén a los pueblos indígenas no solamente del Valle de México si no a todos los pueblos originarios de nuestro país. Y entonces, resumiendo, la básilica de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac se construyo exactamente sobre el templo de Tonantzi, tomando la figura de la diosa madre mexica, para ahora ser la diosa madre cristiana, esta concepción es tan poderosa en la cosmovisión mexicana que el sentimeinto de nustra madre Tonatzi ahora Virgen Morena, ha sobrevivido de generación en generación siendo testigo de todos los procesos históricos de nuestro país. Sigue recibiendo las peregrinaciones que vienen de toda la república mexicana y de personas de diferntes nacionalidades, las cuales piden los famosos milagros marianos que solo ella puede lograr.
Lic. En Historia Rubén García Lira
Una crónica de Cuautitlán Izcalli
La independencia mexicana tiene muchos matices, y cada uno de ellos es diferente en las zonas donde inició. Estos matices los podemos encontrar gracias a la historia regional la cual muchas veces rompe con los mitos de la historia oficial y nutre la historia nacional. Esta breve crónica es uno de esos casos especiales y excepcionales, ya que nos narra los hechos que sucedieron en el municipio de Cuautitlán Izcalli durante el movimiento insurgente, comenzando la independencia en esta región en el año de 1813 prolongándose hasta 1815, es decir, cuando surge la insurgencia en los territorios que hoy comprenden el municipio izcallense. Esta temporalidad coincide con las luchas del general José María Morelos y Pavón, quien se encuentra combatiendo a los realistas en la zona de Cuernavaca.
26 de abril al 01 de mayo de 1812......
La insurgencia que inició en las regiones que hoy conforman el actual municipio de Cuautitlán Izcalli fue descubierta por la persecución de "bandidos" quienes atacaron el campamento realista de los Reyes en el cual se encontraban descansando expedicionarios de un contingente realista. Estos "bandidos rebeldes" eran encabezados por un soldado desertor proveniente de Tlalnepantla el cual escapó de las tropas realistas con uniforme, cartucheras, sable, arma y caballo. Después de su ataque los bandidos rebeldes asaltaron la hacienda de Xalpa robando 1600 pesos, caballos y cerdos los cuales iban a ser vendidos en la ciudad de México. Sin embargo los bandidos rebeldes lograron hacerse de estos botines y huyeron rápidamente al cerro de San Andrés. Fuerzas a caballo realistas salieron de Tlalnepantla y se dirigieron al pueblo de San Mateo en el cual se encontraban tropas de bandidos rebeldes. De esta forma las tropas realistas cayeron bajo fuego enemigo, los bandidos rebeldes lograron escapar a caballo tomando camino hacia el cerro de San Andrés.
12 al 29 de septiembre, del 06 al 25 de octubre de 1812...
Nuevas noticias llegaron de "bandidos rebeldes pertenecientes a la insurgencia" esta vez, se hicieron de 4 cajones de cartuchos de calibre 1 y de medio calibre utilizados para la instrucción de los soldados. Manuel de Caso oidor del virrey María Félix Calleja ordenó el arresto de Pedro Vargas administrador del molino viejo, el cual se encontraba al interior de la hacienda de la Lechería ubicada en el pueblo de San Francisco Chilpan y cuyas tierras abarcaban los poblados de San Martín Tepetlixpan, Santiago Tepalcapa llegando hasta las tierras de la hacienda la Blanca ubicada en la jurisdicción de Tlalnepantla.
La orden de arresto tenía un motivo escabroso ya que al parecer Pedro Barrgas ayudó a un reo llamado Rafael Xuares quien era acusado de pertenecer a las tropas insurgentes. Rafael Xuares al escapar de prisión, se encontró con los desertores del ejército realista y con los insurgentes que andaban en la zona de Cuautitlán Izcalli, ayudando al robo del parque el cual fue escondido en la hacienda de la Lechería. El destino de estos cajones repletos de cartuchos, era el cerro de Cuautepec en el cual se encontraban varios rebeldes armados los cuales realizaban robos y asaltos a las diligencias en el camino de Santa Mónica ubicado en Atizapán.
Los "rebeldes insurgentes" se encontraban comandados por el Cabecilla Epitacio, quien al parecer era el actor intelectual de los ataques perpetrados un año antes a la hacienda de Xalpa y a las tropas realistas del campamento de los Reyes. De esta forma Epitacio enfrentó un contingente de realistas en la región de Tlalnepantla, el cual tenía la misión de capturarlo, sin embargo, Epitacio junto con sus rebeldes lograron burlar a las tropas realistas, tomando camino para la Hacienda de la Lechería.
06 de octubre de 1813....
En la región de Tlalnepantla se han dado noticias del cabecilla Epitacio y su tropa "insurgente" quien había tomado la hacienda de la Lechería y se encontraba apertrechado en ella. Las tropas realistas salieron a combatir a las fuerzas de Epitacio, quien dio una gran resistencia a las tropas realistas, sin embargo el ejército realista salió victorioso y recuperó la hacienda de la Lechería, el cabecilla Epitacio logró escapar dirigiéndose al poblado de San Francisco Chilpan.
Agosto-septiembre 1815.....
El ejército realista interceptó un pliego insurgente el cual tenía como destino la hacienda de la Lechería y los Portales. En este pliego el insurgente Ignacio Lopéz Rayón exige ayuda de sus generales Rodriguez y Epitacio, para que manden dineros, comida y pertrechos a la zona de Coahuila para continuar con la insurgencia en esa zona.
En esta breve crónica se puede observar en primer lugar como eran denominados los independentistas mexicanos calificados de bandidos, rebeldes y después insurgentes. En segundo lugar podemos ver como los insurgentes utilizaron la estrategia de hacerse pasar por cuatreros y bandidos para pasar desapersibidos por el ejército relaista. Por la cronología y el nombre de Ingancio López Rayón que se menciona en el año de 1815 podemos pensar que Epitacio pudo pertenecer a las tropas del generalísimo Morelos y tras su ejecución la insurgencia en esta zona no se desarticulo, si no que reconoció el mando de Rayón y formaron parte de una estrategía militar para poder abastecer de pertrechos y alimentos a la región de Coahuila.
Lic. En Historia Rubén García Lira
Día de muertos....
Reflexión del día de muertos: Solemnidad y fiesta .
En noviembre celebramos una de las festividades más importantes de la cultura mexicana: El Día de Muertos. Esta tradición ha existido desde la época prehispánica y ha sobrevivido hasta nuestros días, a pesar del choque cultural con otra tradición anglosajona con la que comparte un mismo tiempo como lo es Halloween. El día de muertos es una fiesta en donde los vivos recordamos a nuestros seres queridos que han partido hacia el Mictlán o al paraíso, de acuerdo a las costumbres religiosas y espirituales de cada persona, en donde la ofrenda juega un papel importante porque en ella depositamos aquellos alimentos, bebidas, dulces, fotos e, incluso, juguetes y elementos personales, para crear una comunión espiritual entre vivos y difuntos en la que se demuestra el amor y el respeto.
Sin embargo, el Día de Muertos no solo se trata de una fiesta espiritual y religiosa, también es una tradición en la que impera la solemnidad y el recuerdo, es una celebración con música, colores, flores, bebida y mucha comida[1], porque la muerte mexicana también sabe reír, bailar, cantar; también disfruta de la gastronomía, de los dulces y la alegría de saber que no ha sido olvidada, que año con año se le celebra porque, por paradójico que parezca, la muerte no es el fin de la vida, es solo la continuación del ciclo natural del ser humano, que acaba en el plano terrenal y que continúa en el plano espiritual, en donde nuestros seres queridos pueden celebrar porque se han terminado los sufrimientos, las preocupaciones, las enfermedades y los dolores.
Así, para todos los pueblos originarios, la muerte no es, o no debería ser, motivo de tristeza, sino un momento de alegría porque la vida es solo un estado de paso, un momento en el infinito devenir del universo, la muerte, por otro lado, es el fin de ese sueño, es el despertar y el encontrarse con la realidad exterior del ser humano, quizás la más real, la más auténtica (valga la redundancia), la más auténtica. Es el momento en que el alma humana, en un sentido casi platónico, abandona la prisión del cuerpo físico y puede ascender a un nuevo estado de conciencia en donde pueda realizarse con toda plenitud sin un cuerpo físico que la limite por motivos de edad, salud, condiciones corporales, económicas, sociales e, incluso, sexuales.
Es por ello que la vida y la muerte forman una dicotomía inseparable, una dicotomía que da origen y forma al universo. No podemos entender la vida sin la muerte y la muerte no puede entenderse sin la vida. Es una pareja que está condenada a permanecer juntas a través de los siglos, para darle sentido a la existencia de todas las especies del mundo, en particular a los seres humanos, quienes en vida construyen un mundo a través de la arquitectura, el arte, la literatura y la cultura, un mundo que van a legar a sus futuras generaciones. En la muerte encuentran el sueño de los justos por haber llevado una vida plena, ya sea como en el pensamiento prehispánico en donde los muertos (las personas que perdían la vida) se dirigían al Mictlán, la tierra de los muertos, al sol si ellos morían como guerreros o por causa del fuego para acompañar al sol en su recorrido por el cosmos o al Tlalocan, reino del Dios Tláloc, si morían a causa de las aguas, para ayudar a los Tlaloques a hacer la lluvia para que la vida en la tierra sea posible; o como en la tradición religiosa, en donde el alma, después de ser juzgada por sus pecados, pasa por un estado de penitencia para que, al fin, después de limpiar sus pecados, pueda encontrarse con Dios para continuar con el ciclo eterno.
Por tales motivos, los mexicanos festejamos a la muerte porque al celebrar la muerte estamos celebrando la vida, reconocemos la dicotomía vida-muerte como la verdad más genuina del ser humano, aquello que podemos llamar en términos más simples como El sentido de la vida, aquel concepto u horizonte por el que nos preguntamos los seres humanos y que queremos conocer para saber cuál es nuestro papel en medio de la inmensidad del mundo y del universo ¡Qué viva la vida! ¡Qué viva la muerte! Recibamos a nuestros santos difuntos con los brazos abiertos, con alegría, con música, con comida y con fiesta, que sepan que aún los recordamos y que siempre están presentes en nuestros recuerdos y en la espera de encontrarnos en el más allá.
Lic. En Estudios Latinoamericanos Eduardo Santiago Peréz
Los nueve niveles del Mictlán.....
El día de muertos en nuestro país, es una celebración única en el mundo, no solo por los colores, las ofrendas, las calaveritas y todo lo real maravilloso que encierra esta tradición. Sino que lo excepcional del primero y dos de noviembre, radica en el hecho de que nuestros seres queridos regresan a nosotros, convertidos en dioses para vivir una vez más en el plano terrenal.
La concepción de la muerte en los mexicanos es única en el mundo, ya que a pesar del temor y el dolor que está nos produce, sabemos desde tiempos ancestrales que nuestros difuntos jamás nos abandonan, tampoco se alejan de nosotros, en realidad cada año vienen a visitarnos, a platicar con nosotros, a pasar una noche con su familia, amigos y todas aquellas personas que guardan en su memoria el recuerdo de la persona que se fue a otros planos, a otros universo a otros mundos, habitados por seres maravillosos y misticos, los cuales reconocen como sus señores al dios Tonatiuh dios del sol, a Tláloc el dios de la lluvia y por supuesto a Mictlantecuhtli dios del inframundo.
De esta forma en las culturas prehispánicas la concepción de la muerte no significa el fin, si no que esta era parte de un prolongación de la vida, una transformación la cual era un paso natural que todos los seres humanos debíamos dar, ya que al venir de la madre tierra en algún momento de nuestra existencia teníamos que regresar a ella. Por ende el cuerpo material era depositado en el interior de ella para comenzar su viaje por el inframundo. el cual se encontraba dividido en nueve subniveles que el difunto tenía que pasar para poder convertirse en colibrí y regresar a donde sus seres queridos para decirles que se encuentran bien.
Primer nivel Itzcuintlán Lugar donde habita el perro: En este nivel se encontraba el río Apanohuacalhuia el cual representaba la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, que el difunto solo podía atravesarlo con la ayuda del perro xoloitzcuintle. Con su fuerza este perro guiaba el alma de las personas, aferradas a un hilo de algodón atado alrededor del cuello del perro y sin su ayuda el alma de los muertos estaba condenada a vagar sin rumbo por toda la eternidad en las aguas del río. De esta forma el trato de las personas en vida hacia los perros sería retribuido por ellos al cruzar en su muerte el Apanohuacalhuia.
Tercer nivel Iztépetl La montaña de la obsidiana: En este nivel los difuntos tenían que caminar por un sendero rodeado de navajas de obsidiana que desgarraba su cuerpo y alma para que se despojaran de sus pertenencias terrenales.
Cuarto nivel Cehueloyan Lugar donde hay mucha nieve: El cuarto nivel era un páramo congelado donde caía nieve eternamente y era habitado por el dios Mictlampéhecatl, quien se encargaba de llevar el invierno del Mictlán hasta la tierra.
Quinto nivel Pancue-Tlacayolan Lugar donde se flota como bandera: El alma del difunto continuaba su paso en un llano desértico en donde los vientos cortaban como navajas y, como si no existiese la gravedad, los difuntos eran lanzados de un lado a otro como banderas.
Sexto nivel Timiminaloayan Lugar donde la gente es flechada: El paso de esta región era sanguinario y muy difícil, ya que las almas eran flechadas por aquellas flechas de obsidiana pérdidas en batalla. De igual manera en este nivel se encontraba el río Xochitonal, habitado por una iguana gigante que se encargaba de vigilar el paso de los difuntos. En los mitos mexicas se menciona que fue precisamente aquí, donde se libró la batalla entre Quetzalcoatl el dios de la sabiduría y Mictlantecutli el señor del inframundo. Quetzalcoatl tras la creación del quinto sol bajo el inframundo para recuperar los restos de los gigantes que antes habitaron la tierra. Sin embargo el señor del Mictlán trató de impedirlo persiguiendo a Quetzalcoatl por todo el inframundo. Resultado de esta batalla surgió el ser humano.
Séptimo nivel Teyollo-Cualoyan Lugar donde te comen el corazón: Este nivel era la otra morada de Tepeyollotl, el dios jaguar y se encontraba repleto de jaguares, los cuales sacaban y se comían el corazón de difunto.
Octavo nivel Hapano Hualoyan Lugar donde se cruza el agua: Aquí desemboca el río Apanohuacalhuia, donde los difuntos yacen sin corazón tenían que atravesar nuevamente el río para terminar de descarnar su alma y liberarla del cuerpo completo.
Noveno nivel Chicunamictlan Lugar donde hay nueve aguas: El noveno y último nivel era un lugar donde la neblina lo cubría todo, por lo que las almas de los difuntos no podían ver a su alrededor. En este momento el cansancio era tal a reflexionar sobre las experiencias del trayecto hacia su muerte. Meditaban sobre sus decisiones en vida y como estás los conectaban con los sucesos vividos. De esta forma dejaban de padecer por este largo recorrido y entraban al Mictlán, donde eran recibidos por Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl, señor y señora de la muerte.
Lic. En Historia Rubén García Lira.
Los trece cielos......
Hay un proverbio que reza, que todo lo que “es abajo es arriba”, para la cultura mexica, esto también aplicaba, ya que si bien existían los nueve niveles del inframundo, también el cielo se encontraba dividido en trece niveles. En los cuales habitaban diferentes deidades y su morada era destino para algunas personas que fallecieron en diferentes circunstancias o los señores de estos cielos elegían aquellos que debían vivir la eternidad en su reino.
Primer cielo Ilhuicatl Meztli donde se mueve el agua: Era el cielo inmediato sobre la tierra, aquí se encontraba el camino por el cual se movía Meztli (la Luna) y en el cual las nubes se sostenían. Este lugar era habitado por Tláloc y Chalchiuhtlicue el señor y la señora de las lluvias, ríos, lagunas y mares. Todos aquellos que morían ahogados, les caía un rayo, por al enfermedad de la gota y los niños sacrificados en honor a las deidades del agua, subían a este plano para convertirse en tlaloques cuya función era ayudar a los dioses de la lluvia creando los rayos, truenos, tocando los tambores y danzando para avisar que llegaban las lluvias tan esperadas. En este primer nivel también habitaba Ehecatl el dios de todos los vientos y Tlazolteotl el dios de la inmundicia.
Segundo cielo Cintlalco donde se mueven las estrellas: En esta región las estrellas corren divididas en dos ejércitos enfrentados en una batalla eterna, Centzon Mimixcoa las cuatrocientas del norte y las Centzon Huitzinahua las cuatrocientas del sur.
Tercer cielo Ilhuicatl Tonatiuh donde se mueve sol: Aquí se desplazaba Tonatiuh, el sol. Desde el Tonatihuacan hasta el inframundo. Al dios Tonatiuh lo acompañaban las almas de los guerreros muertos en batalla y el alma de las mujeres que fallecieron durante el parto. En las noches se enfrentaban al interior del inframundo contra Mictlantecuhtli el dios de la muerte y si era derrotado, de nuevo emergía Tonatiuh en las mañanas.
Cuarto cielo: Ilhuicatl Huitztlan el cielo de la estrella grande: Era el camino celeste por donde se movía Citlapol o Hey Citlallin (Venus), la “Estrella grande, la mayor y la más brillante”. De igual manera en este cielo vivían: Tlahuizcalpantecuhtli: Dios de la mañana o de la luz, señor del alba, advocación de Quetzalcóatl, asociado con Venus como estrella matutina. Huixtocíhuatl ó Uixtociuatl, diosa de la sal.
Quinto cielo: Ilhuicatl Mamoloaco Cielo que se hunde: Lugar de los cometas, estrellas errantes. Citallin-popoca, “Estrellas que humean” Citlalmina, cuando tienen cola. Xihuitl, cuando tienen cabellera.
Sexto cielo: Yayauhco espacio verdinegro: Donde nace y se extiende la noche. Aquí ejerce sus poderes Tezcatlipoca Yohualli, el enemigo.
Séptimo cielo: Ilhuicatl Xoxouhqui cielo azul: El que muestra su rostro en el día. Ámbito de Huitzilipochtli, el colibrí azul a la izquierda.
Octavo Cielo: Iztlacoliuhqui donde crujen los cuchillos de obsidiana: Lugar de las tempestades. Aquí aparece Tláloc pero dominado por la deidad Iztlacoliuhqui, “Cuchillo Torcido“, Dios del frío, variante de Tezcatlipoca.
Noveno cielo Iztlan región del blanco.
Este lugar se encontraba en el Oeste y era habitado por el dios Quetzalcoatl, el cual representaba para los mexicas, nacimiento y decadencia, el misterio del origén y el fin, antiguedad y enfermedad así como la sabiduria, el arte y la ciencia
Décimo cielo Cozauhquitlan región del amarillo.
Aquí habitaba el señor del sol celeste, el cual se encontraba redeado de rayos dorados, esta zona representaba el oro y el dios del maiz amarillo Cozauhcacinteotl.
Onceavo cielo Yayauhtlan región del rojo: Aquí el sol muestra su rostro rojo, a la hora del crepúsculo.
Doceavo cielo Teteocan donde moran los dioses: Espacio divino, donde las deidades permanecen y se proyectan para ser en otras partes. Es el lugar donde los dioses toman rostros y se enmascaran para ser otros además de seguir siendo ellos mismos.
Treceavo cielo lhuícatl-Omeyocán lugar de la dualidad: Donde mora el señor de la Dualidad, Ometeotl. Se concibe el principio generador de todo lo existente. El dios principal se engendra a sí mismo. Ometeotl, en su dualidad femenina-masculina, es la pareja creadora: Ometecuhtli y Omecihuatl, señor y señora de la dualidad en ella se originaron todos los dioses y el universo , Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl, “señor y señora de nuestra carne”. Partiendo de estos nombres, algunas versiones consideran que el Omeyocan es al mismo tiempo el Tamoanchan “lugar de nuestro origen”, en el que se encuentra el árbol con senos, nodriza que amamantaba a los seres antes de nacer. Es en Tamoanchan donde se engendraban las almas de los hombres. En algunas tradiciones, es en este cielo donde también mora Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, dios viejo y del fuego, el elemento generador de la vida.
Lic. En Historia Rubén García Lira.
Leyendas para no dormir....
Si bien es cierto que estas fechas las dedicamos a honrar a nuestros queridos difuntos por medio del recuerdo, también es cierto que estos días por su misticismo y la cercanía que generan entre la frontera de los vivos y los muertos, hacen que recordemos esas historias cargadas de miedo, las cuales han sido transmitidas de generación en generación por los habitantes de nuestras comunidades.
He aquí una compilación muy pequeña de algunas de esas historias que se cuentan al interior de nuestros municipios:
Cuautitlán Izcalli
Los Arcos de Tepojaco:
Se dice que cuando se construyó esta sección de los treinta y dos Arcos de Escontria durante la época colonial, muchos trabajadores perdieron la vida a causa de diversos accidentes. Como el tiempo apremiaba, sus cadáveres fueron sepultados en las bases de algunos de estos arcos. Las personas que habitan cerca de este lugar cuentan que en algunas ocasiones por la noche, se puede escuchar claramente como las ánimas de estas personas fallecidas, trabajan para seguir construyendo los arcos.
Lago de Guadalupe
Hay varias historias que giran alrededor de este emblemático lugar, la que más llama la atención, es aquella que cuenta que en el lugar que hoy ocupa el lago existía una hacienda que llevaba el mismo nombre, junto con una iglesia que tenía campanas de oro. Se dice que estos inmuebles fueron inundados y ahora permanecen bajo el agua. La gente que habita cerca del lago cuenta que cuando caen fuertes aguaceros, si escuchas con atención puedes escuchar el repique de las campanas de la iglesia.
Ante tal situación, han sido varios los buscadores de fortunas que se han lanzado en búsqueda de las riquezas de esta hacienda, los cuales, la mayor de las veces han perecido ahogados. Respecto a la iglesia inundada, un velador que resguardaba el lago, relataba que todos los doce de diciembre exactamente a la media noche escuchaba música y ruidos de fiesta, sin embargo, cuando buscaba el origen del ruido no encontraba nada. En una ocasión al vigilante se le ocurrió mirar hacia el centro del lago mientras escuchaba la algarabía, asegurando que de ese punto surgieron rayos de luz, del mismo lugar en donde supuestamente se encuentra la iglesia inundada.
Lamentablemente mucha gente ha muerto ahogada dentro de este lago, por ello cuando una persona muere y no hallan su cuerpo, la gente aledaña al lugar pone en la noche veladoras en unos platitos que sueltan desde la orilla. Las veladoras flotan por todo el lago, y cuando algunas de estas se detienen en algún punto determinado y permanecen ahí dando vueltas, es señal que en el fondo se encuentra el cadáver. Señal esperada por los rescatistas para bajar al fondo y rescatar el cuerpo.
Las brujas de Tultitlán
Se dice que hace mucho tiempo cuando este municipio contaba con muy pocos habitantes la mayoría de sus terrenos estaban destinados al cultivo, esto gracias a que el lugar se caracteriza por la abundancia de agua. La gente mayor relata cómo sus padres les contaban que por las noches salían las brujas, las cuales gustaban habitar ahí por la misma abundancia de agua del lugar. Incluso los ancianos refieren, que a estos seres les encantaba cuando llovía ya que salían a bailar y a brincar bajo la lluvia.
Los habitantes temían a las brujas porque por las noches, estas se metían en las casas para robar a los bebés con la intención de chuparles la mollera, encontrando a varios niños muertos en los terrenos de siembra. De igual forma, la gente del lugar relata que por las noches escuchaban carcajadas de mujer y cuando la gente salía a asomarse para ver lo que sucedía, se encontraban con esferas de lumbre que iban de un lado a otro. La gente se defendía de estas esferas disparando los señores con sus escopetas en contra de ellas, pero las brujas más se burlaban al esquivar los ataques. En algunas ocasiones estas brujas se llevaban a quienes las enfrentaban a los cerros para darles una lección, volviendo estos señores muy temerosos a resguardarse en sus hogares.
Se dice que estas brujas eran mujeres con pies de guajolote, los cuales se quitaban y los ponían en lumbre para poder convertirse en esas bolas de fuego. Con la llegada de la modernidad y el aumento de la población en el municipio, estos seres fueron desapareciendo paulatinamente, dejando tras ellas una leyenda que caracteriza al municipio, tanto que los pobladores de los pueblos vecinos aún llaman a los habitantes de Tultitlán “Brujos”.
Las costillas del Diablo en Tepotzotlán
En Tepotzotlán podemos encontrar un sinnúmero de leyendas que van desde la Llorona, pasando por nahuales y brujas, pero hay una que destaca por su sencillez y es precisamente la de “Las costillas del diablo”.
Cuenta la leyenda que el mismísimo diablo, vino a este municipio a buscar una roca para su casa, encontró una muy grande que le pareció perfecta. Después que la había atado con mecates trató de arrancarla del suelo volcánico donde estaba, pero sus intentos fueron fallidos porque no logró ni siquiera moverla ya que ésta se encontraba pegada al suelo. Fue tanto su esfuerzo por moverla que en ella dejó marcadas sus costillas, como el amanecer se aproximaba tuvo que abandonar su empresa, dejando la roca ahí.
En relación con esta leyenda, en este municipio se cuenta que en los cerros cercanos, las brujas se reúnen para bailar con el diablo, para después salir en busca de niñas o niños pequeños a robar su sangre, especialmente aquellos que no están bautizados.
El nahual de San Martín Tepetlixpan
En el municipio de Cuatitlán Izcalli, en el poblado de San Martín Tepetlixpan, cuenta la leyenda que en el siglo XIX vivía una familia de nahuales, los cuales acechaban y cazaban en los poblados vecinos, como Santiago Tepalacapa, San Francisco Tepojaco, San Francisco Chilpan y la Hacienda de la Lechería. El nombre del nahual era el señor Juvencio Genero Hernandéz oriundo del poblado Tepetlixpan.
Su familia por mucho tiempo se dedico a las practicas de los chamanes, por lo cual el señor Genero desde pequeño tuvo contacto con el mundo espiritual. Los pobladores decían que en la loma de San Martín se observaba la figura de un perro muy grande muy parecido a un oso, la criatura que robaba borregos y becerros de todos los lugares aledaños. En una noche de tormenta el señor Genearo y su compadre Julian venian de San Martín Cachihuapan, la lluvía fue tan cerrada que no se meriba mas allá de la distancia de un brazo. El señor Genero pidio a su compadre que se alejara y que cuando divisara un animal grande se prendiera de la criatura, pero tenía que ser rápido, ya que si se atontaba se quedaría en la tormenta.
El animal salío de tras de unos arbustos y don Julian se aferro solo cerro los ojos y se dejo llevar entre los cerros, arboles, riachuelos, piedras, nopales y zanjas. Cuando llegaron a las faldas de la Loma de San Martín la criatura se sacudio violentamente tirando a don Julian al suelo. La bestia lo miro lo olfateo y después salió corriendo perdiendose en las alturas de la loma.
La niña de San Antonio....
El Rancho San Antonio hoy en día es conocida en el municipio de Cuautitlán Izcalli como la biblioteca Lic. Efraín Gonzalés Luna en la epóca colonial fue una unidad muy importante de producción asi que sus dueños fueron muy prosperos, teniendo inclusive conexiones con los marqueses de Guardiola, sin embargo la hija única de los rancheros no quería casarse con el hijo mayor de los marqueses, su corazón y amor le pertenecía aun gallán que trabaja por temporadas en las tierras del rancho. Cuando su padre se entero encerro a la donecella en su cuarto con doble candado. En su deseperación la niña trato de quemar la puerta de madera que la tenía apresionada para poder escapar, pero el fuego se salío de control devorando todo al interior de la habitación. Los padres y mayordomos no pudieron rescatarla, así que la joven encontró su terrible final consumida por las llamas. Se dice que hoy en día en el archivo de concentración y el histórico deambula una niña con vestimenta del siglo XIX.
Por Lic. En Estudios Latinoaméricanos: Eleazar E. García Lira
Por Lic. En Historia Rubén García Lira
Segundo nivel Tepeme Monamictlán Lugar en que se juntan las montañas: Tepeyollotl: El dios de la montaña y de los ecos, reinaba en este nivel que se encontraba en medio de dos montañas en movimiento, las cuales se abrían y chocaban entre sí, por lo que el alma de los difuntos tenían que encontrar el momento perfecto para cruzar, de lo contrario su alma sería triturada hasta la eternidad.