De madres a Madres
Argentina · 40 años de democracia ·
Redacción: Centro Documental de la Memoria
“Nos quisieron en casa, zurciendo, obedeciendo. Aguardando la hora final, diciendo “sí, Señor”.
Nos querían cansadas de mal administrar miserias, agradecer mendrugos, y ahora somos incansables…
Nos querían ovejas y somos milicianas.
Nos querían calladas y ahora cantamos.
Nos querían surco de lágrimas y ahora somos río.
Nos querían concediendo y ahora resistimos, avanzamos, damos combate.
¿No es así, amiga, madre, hermana? No es así, compañera?
Nos querían brisa callada. Y ahora somos viento.”
Laura Cistaro. (1)
Esther Ballestrino nació en Uruguay pero creció en Paraguay. Se recibió de maestra normal y obtuvo un doctorado en Bioquímica y Farmacia, en la Universidad Nacional de Asunción. Organizó el Movimiento Femenino del Paraguay durante el gobierno de facto de Higinio Morínigo (1940 – 1947). Perseguida, se refugió en Argentina. Se casó con Raymundo Careaga y formó una familia con tres hijas. El 13 de junio de 1977 secuestraron a su hija menor Ana María, que estaba embarazada de 3 meses. La llevaron a un centro clandestino de detención llamado Club Atlético, donde fue torturada. El centro clandestino Club Atlético funcionó desde principios hasta finales del año 1977 en el sótano del edificio del Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de la División Administrativa de la Policía Federal Argentina.
María Eugenia Ponce de Bianco –Mary- nació en Tucumán y solo pudo estudiar hasta quinto grado, pero su amor por la lectura le dio gran formación autodidacta. Tenía una colchonería. Cuando secuestraron a su hija Alicia, cerró el negocio familiar y dedicó su tiempo a buscarla.
Azucena Villaflor no tuvo más que estudios primarios. Con 16 años, entró a trabajar como telefonista en la fábrica de electrodomésticos Siam. Allí conoce a Pedro De Vincenti, un delegado sindical con quien se casó y tuvo 3 hijos Néstor, Pedro y Adrián y una hija, Cecilia. Constituida la familia, ponen un pequeño almacén y luego el esposo compra un camión para transportar petróleo. En el 76, su hijo Néstor es secuestrado. Azucena abandona el almacén en pos de dar con el paradero de su hijo.
Desde el 30 de abril de 1977, las tres mujeres y sus historias particulares de búsqueda y reclamo dejaron de ser individuales para volverse las de todas, no buscaban a un hijo o hija, buscaban a todos los hijos e hijas desaparecidos por la dictadura cívico militar. Reclamaban al Estado que les negaba el derecho a saber lo que sucedió con sus seres queridos. Azucena buscaba a Néstor y a su nuera Raquel, secuestrados el 30 de noviembre de 1976. Esther pedía por el destino de su hija Ana María. Mary preguntaba por su hija Alicia secuestrada el 30 de abril del 76 y por una sobrina nieta, Soledad Ponce de 11 meses secuestrada el 15 de febrero del 77, en un operativo en el que las fuerzas de seguridad asesinaron a sus sobrinos Manuel, padre de la niña y Oscar. Mary logró recuperar a Soledad en abril de ese año, tras publicar un habeas corpus pidiendo por la restitución, ya que la niña había sido dejada como NN en la Casa Cuna. El recurso de habeas corpus es un procedimiento que protege la libertad de las personas cuando está amenazada de forma ilegal por una autoridad o si la persona está en la cárcel y se agravan las condiciones de encierro. Se hace una denuncia ante un juez y puede ser iniciada por la persona afectada, por otra persona en favor de la perjudicada o por el juez que toma conocimiento de la situación ilegal de la libertad. Este procedimiento resuelve la situación de la persona en 24 horas, sea rechazando el habeas corpus por ser considerada ilegal la detención o por la libertad de la persona detenida ilegalmente. En la Ley Nº 23.093 del Congreso de la Nación se expone el procedimiento y los alcances del recurso citado.
Poco más de un año de instalada la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla, muchas mujeres, madres y familias comenzaron a organizarse para solicitar a las autoridades información certera del paradero de sus hijos e hijas. A las mujeres que se mencionan se suman otras: Berta Braverman, Haydée García Buelas, María Adela, Julia, María Mercedes y Cándida Felicia Gard (hermanas), Delicia González, Josefina García de Noia, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcuschin, Antonia Cisneros, Élida E. de Caimi, Ada Cota Feingenmüller de Senar. Ellas ya se habían visto en distintos sitios, mientras los recorrían buscando a sus familiares. Ministerios, comisarías, morgues, hospitales, iglesias fueron visitadas una y otra vez, en una peregrinación sin respuestas.
Después de tantos rechazos y destrato por parte de los responsables de los organismos, las mujeres comenzaron a plantear encuentros formarles e inician acciones concretas para obtener información. Se juntaban de a 2 o 3 madres. En uno de ellos, Azucena conoce a Hebe María Pastor de Bonafini, una ama de casa que venía de La Plata, para buscar datos de sus hijos Jorge y Raúl, secuestrados el 8 de febrero y el 6 de diciembre del 77 respectivamente. Unos pocos meses después desaparece su nuera María Elena Bugnone Cepeda, esposa de Jorge. En una ocasión, Hebe y Azucena fueron a hablar con un cura. “Cuando fui y le dije de mi hijo, ya sabía todo”, relata Hebe en una entrevista, donde además cuenta que para ser escuchadas eran revisadas previamente. “Hoy las vamos a revisar un poco más. Hoy se van a tener que sacar los zapatos” fue el requisito. Esta situación enojó a Azucena, que lanza la premisa de “vamos a la Plaza” para lograr ser atendidas por el presidente Videla. Para estos fueron invitando a todas las madres que conocían y que estaban en la misma lucha. El sábado 30 de abril de 1977, unas catorce mujeres se reunieron en un sector de la Plaza de Mayo. “Hasta que un día vino un policía, (…) y nos dijo: caminen. Nos agarramos del brazo y comenzamos a caminar de a dos. Ese año llegamos a ser 200 madres”, recuerda Hebe. Las rondas en torno a la pirámide de mayo comenzaron con esa obligación de circular, y con el tiempo, se convirtieron en uno de los principales símbolos de lucha, dando inicio a un reclamo colectivo y solidario.
Así comenzó a escribirse la historia de Madres de Plaza de Mayo, esta asociación constituida por mujeres para peticionar a las autoridades por los hijos e hijas de los cuales no conocían su paradero. “Somos madres de detenidos desaparecidos y representamos a muchos millares de mujeres de Argentina en igual situación”. (Revista Madres de Plaza de Mayo, 1977 30 de abril 1981, donación Javier Ricciardino, CDMR).
El primer propósito que tuvieron fue redactar una solicitada para publicar en los medios con los nombres de aquellos a los que buscaban, de aquellos por los que reclamaban. Para esto se organizaron en diferentes puntos de Buenos Aires, con papel y lapicera para armar la lista y recaudar el dinero necesario para la publicación. Algunas hicieron cita en la Iglesia Santa Cruz donde Mary acudía habitualmente a encontrarse con otras Madres, otras fueron al Jardín Botánico.
En el mes de octubre, la Asociación decide acudir a una peregrinación católica a Luján. Para ello, con el objetivo principal de identificarse y reconocerse entre la multitud, las madres se colocaron un pañal en la cabeza, en alusión a sus hijos. Esta actividad popular fue permitida por el gobierno de facto y las Madres aprovecharon la ocasión para hacer visible su reclamo por los y las desaparecidas. Fue allí cuando el retazo de tela blanca cubriéndole la cabeza se vuelve sinónimo de lucha y compromiso que va a ser reconocido a nivel mundial. Luego le sumaron el nombre que bordaron con la fecha de desaparición de cada hijo o hija. “Nosotras usamos el pañuelo blanco que es la dignidad, el amor, la comprensión, la solidaridad que dieron nuestros hijos…” (Elisa Landín, Madres de Plaza de Mayo. Registro audiovisual del 31 de marzo de 2000. Donación Javier Ricciardino. CDMR).
En la historia de las Madres de Plaza de Mayo también hubo acontecimientos que hicieron poner en dudas la continuidad del grupo. La publicación de la solicitada ya tenía fecha: el 10 de diciembre de 1977 saldría en los medios nacionales. No obstante, dos días antes, el 8, Esther y Mary acuden a la Iglesia Santa Cruz y son secuestradas junto a dos monjas francesas y un grupo de 7 activistas de derechos humanos. Este operativo fue comandado por el teniente de fragata Alfredo Astiz, que había estado como infiltrado entre las Madres haciéndose pasar por el hermano de un desaparecido, con el seudónimo de Gustavo Niño. El Grupo de tareas 332 de Astiz allanó la iglesia, acusó y detuvo a los reunidos por tenencia de drogas. El 10 de diciembre, cuando finalmente sale la solicitada con más de un millón de nombre, entre las páginas de La Nación, Azucena se dirige hacia un quiosco en la esquina de su casa. En el trayecto es interceptada y secuestrada por una patota de la Marina. Los y las secuestradas fueron llevadas a la Escuela de Mecánica de la Armada –ESMA- donde fueron torturados repetidas veces por 10 días. Varios testimonios dan cuenta del paso de Esther, Azucena y Mary por ese centro clandestino de detención. Días más tarde, fueron trasladadas al aeropuerto militar del Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, sedadas, subidas a un avión de las Fuerzas Armadas y arrojadas vivas al mar. Murieron por el golpe del choque contra el agua. A partir del 20 de diciembre del 77, los cuerpos empezaron a aparecer en las playas de Santa Teresita y Mar del Tuyú. La policía y las autoridades locales sin realizar las averiguaciones pertinentes, dispusieron enterrar los cadáveres en el cementerio de Gral. Lavalle, como NN. Las desapariciones de aquellas 3 mujeres no fueron fortuitas. El operativo de Astiz tenía el objetivo de desestabilizar al grupo de Madres y anular su organización.
Pero a las Madres de Plaza de Mayo, mujeres paridas por sus hijos, como dice Galeano (2), las movía el amor inmenso por todos los hijos e hijas desaparecidos y esa fuerza se convirtió en una resistencia imparable. Las locas de Plaza de Mayo, como nos llamaron creyendo que nos ofendían. Locas. De dolor, de rabia, de impotencia, reflexiona Tati Almeida. (Extraído de Memorias de la Memoria: Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora).
Nuestra ciudad, que como sabemos no estuvo exenta de las trágicas consecuencias de la dictadura militar, también tuvo una representante en Madres de Plaza de Mayo. Tras la desaparición de Luis Anselmo Ricciardino, su madre Angelina Galoppo de Ricciardino comenzó a formar parte de la Asociación que intervino en la búsqueda de Luis. Desde Rafaela, Angelina estableció contacto con Madres y fue acompañada en los pedidos donde solicitaba información de su hijo. Ella, como las otras, recurrió a diferentes organismos y autoridades para presentar lo sucedido con Luis, requiriendo datos sobre su situación. El Centro Documental de la Memoria guarda en su acervo, las cartas recibidas como respuesta de distintos organismo, las notificaciones de la Asociación entre otros documentos que dan cuenta de la participación de Angelina en la misma, como así también de las acciones realizadas para obtener información sobre su hijo. Recordemos que Luis Ricciardino fue visto por última vez en un hospital de Córdoba capital, donde fue asistido médicamente tras un accidente laboral, el 27 de abril de 1976. Ante lo ocurrido, la esposa de Luis, Cintya Visciglio presentó un habeas corpus ante la falta de información, pero la justicia de Córdoba se la negó. No hay testimonios ni registros del paso de Luis por algún centro clandestino de detención y tortura. El 7 de septiembre de 1984, recuperada la democracia y constituida por decreto la CONADEP, Angelina radica una denuncia ante la Comisión por la desaparición de su hijo en la declaró “fue detenido por fuerzas de seguridad en la vía pública” (Castellanos, 23 de marzo de 1997). Luis tenía 21 años. Es unos de los desaparecidos locales, de quien su familia no obtuvo respuestas por parte del Estado. El 31 de marzo de 2000, nuestra ciudad recibe la visita de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, al cumplirse los 23 años de su formación. En esa oportunidad Angelina participa de la conferencia de prensa que se brindó en un café literario local, junto a María Elisa Hachmann de Landín y María de Gutman.
María Elisa comenzó a participar de Madres tras la desaparición de 2 de sus 5 hijos, Martín de 21 y Horacio de 25 años. El primero estaba haciendo el servicio militar y realizaba tareas en una villa junto a un grupo de religiosos tercermundistas. Fue asesinado en febrero de 1977. Horacio era delegado gremial de una fábrica, fue secuestrado y desaparecido el 9 de septiembre del mismo año. Elisa era maestra y con su familia tenían una farmacia en la localidad de San Martín. Dejó todo. “Antes de su secuestro mi casa fue allanada y saqueada cinco veces. La última, como ellos no estaban, nos llevaron a mí y a mi esposo (de 50 y 57 años). (…) Estuvimos 48 horas detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (donde funcionaba el principal centro ilegal de detención). Nos torturaron y nos golpearon, pero al menos en ese momento mis hijos estaban vivos, después se los llevaron a ellos". (Inter Press Service. Argentina: Madres de Plaza de Mayo desafían y resisten).
María empezó su lucha tras la madrugada del 28 de septiembre de 1976 en que su hijo Alberto fue secuestrado de su casa. Supo que la orden del operativo fue impartida por Regimiento 1 de Palermo, pero que su hijo no pasó por ese destacamento. Nunca más tuvo información del Alberto. En Madres, se dedicó al principio a reunir los testimonios de los familiares que iban a relatar el secuestro y desaparición de hijos e hijas. Luego pasó a ser la responsable del Archivo de Madres de Plaza de Mayo. Falleció el 2 de mayo de 2011.
Ante la pregunta más desesperada de dónde están los hijos e hijas desaparecidos, tras años de angustia atragantada, las Madres sostienen que “ellos están físicamente desaparecidos, pero viven en la lucha, en los ideales y el compromiso de todos los que luchan por la justicia y la libertad.” (Diario La Opinión, “Sólo la revolución traerá justicia social” de 1 de abril de 2000, Donación Javier Ricciardino, CDMR).
Referencias:
(1) Dolores Ibárruri. La pasionaria comunista. Colección El sexo fuerte. Laura Cistaro. Capital Intelectual.
(2) Mujeres. Eduardo Galeano. Siglo XXI Editores. 2017.
Documentación y fuentes consultadas
1. Presidencia de la Nación https://bit.ly/3KX4GU2
2. Madres de Plaza de Mayo www.madres.org
3. Memoria Abierta www.memoriaabierta.org.ar
4. A 21 años del golpe militar, lo que nunca se contó sobre la represión en Rafaela. Castellanos, Rafaela, domingo 23 de marzo de 1997. Donación Javier Ricciardino, CDMR.
5. Registro audiovisual de grupo Al Margen. 31 de marzo de 2000. Madres de Plaza de Mayo. Donación Javier Ricciardino, CDMR.
6. Lucha y verdad sobre una historia vivida. Asociación Madres de Plaza de Mayo. Castellanos, Rafaela, sábado 1º de abril de 2000. Donación Javier Ricciardino, CDMR.
7. “Solo la revolución traerá justicia social”. La Opinión, Rafaela, 1 de abril de 2000. Donación Javier Ricciardino, CDMR.
8. Madres de Plaza de Mayo, 1977 30 de abril 1981. Publicación 4to aniversario de la Asociación. Donación Javier Ricciardino, CDMR.
9. Nunca Más, nº 27. Fascículo de Página 12. Editorial EUDEBA. Donación Javier Ricciardino, CDMR.
10. Inter Press Service Periodismo y comunicación para el cambio global https://ipsnoticias.net/1996/03/argentina-madres-de-plaza-de-mayo-desafian-y-resisten/
11. María Gutman: Homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. www.youtube.com/watch?v=KRSX4zd6948