En cualquier ecosistema existe una gran variedad de seres vivos que establecen múltiples relaciones entre sí y con el ambiente.
En la gran variedad formada por los seres vivos que habitan nuestro planeta encontramos al hombre. Este, con características singulares, modeladas por su estructura biológica y psicológica, es también el resultado de la interacción con el entorno social del cual forma parte.
Una característica de nuestro planeta es que está repleto de vida. Desde lo alto de las montañas hasta la profundidad de los océanos, en los desiertos, en el hielo y en profundas grietas en las rocas, es posible encontrar seres vivos en plena actividad. El estudio de la vida en sus más diversos aspectos y manifestaciones constituye la rama científica denominada biología (del griego bios, ‘vida’, y logos, ‘estudio’).
La vida es el conjunto de tres cualidades que solo presentan ciertos seres: la capacidad de nutrirse, de relacionarse y de reproducirse. Son las tres funciones vitales. Los seres que las realizan se denominan seres vivos.
Nuestra especie pertenece a la clase Mammalia (mamíferos) que reúne animales con las siguientes características generales
• tegumento con glándulas sudoríparas, sebáceas y mamarias;
• cuerpo total o parcialmente cubierto de pelos;
• dientes diferenciados en incisivos, caninos, premolares y molares;
Dentro de esta clase, nuestra especie tiene características que la hacen formar parte del grupo de los primates. Pero también posee algunas diferencias que la hacen única dentro de la diversidad de especies que existen en la naturaleza:
• la precisión del movimiento de las manos y los dedos, que ha permitido la manufactura de objetos, que ha dado origen a las primeras formas de tecnología;
• la postura erguida, que es única en el reino animal;
• la duración de la etapa infantil, que es mucho más larga que en otros animales;
• el sistema nervioso muy desarrollado, así como el cerebro, que tiene un volumen mayor que el de otros primates, lo que ha repercutido en un consecuente aumento de la inteligencia;
• el desarrollo del lenguaje simbólico, relacionado con el desarrollo avanzado del sistema nervioso, que consiste en asociar eventos y objetos del mundo a sus representaciones mentales, lo que permite expresar ideas, experiencias y sentimientos. El lenguaje, formado por sonidos complejos y articulados, es exclusivo de nuestra especie;
• el pensamiento abstracto, vinculado directamente con el lenguaje, que permite representar mentalmente eventos y objetos que no están presentes concretamente. Esto habilita al ser humano a tener una dimensión histórica de sí mismo, que es única; • esta dimensión histórica ha sido fundamental en la evolución de la cultura, ha permitido a las poblaciones humanas acumular y transmitir un conjunto de conocimientos y experiencias en el transcurso de las generaciones.
El ser humano se caracteriza por el desarrollo y la expresión de cultura en sus múltiples facetas. Estas son algunas de ellas.
La cultura es una de las características más notables de los seres humanos. Entendemos por cultura el conjunto de modos de vida, costumbres, creencias, conocimientos, etcétera, de una sociedad. Todas las personas crecemos formando parte de una y esto nos afecta de múltiples formas. Los seres humanos no solamente viven en sociedad sino que, además, necesitan agruparse: familia, barrio, nación, clubes, amigos, etcétera. Los grupos son parte de su vida.
El aspecto social incluye ciertos elementos que estructuran las formas de pensar de hombres y mujeres. Cada época histórica y cada zona geográfica determinan muchas de las características que influyen en lo biológico (alimentación, hábitos) y en lo psicológico (costumbres, ideologías, prejuicios), de modo que la unidad biopsicosocial es propia de cada cultura (época y lugar), aunque presenta variaciones en cada individuo.
Las formas de pensar, las emociones y los sentimientos de cada persona están enraizados en el cuerpo. Incluso las enfermedades específicamente orgánicas suelen tener relación con las características mentales de cada persona. Del mismo modo, las enfermedades mentales no pueden desvincularse del estado de salud física.
Podemos deducir entonces que el ser humano no solamente es un ser biológico, sino que también es un ser social y psicológico. Aunque para estudiar cada aspecto muchas veces se analicen por separado (como en este libro, que profundizará en el aspecto biológico), la interrelación existente debe estar siempre presente.
No estamos constituidos por una suma de partes, sino que estas se integran en un todo organizado.
A este conjunto de elementos que interactúan dentro de una entidad delimitada capaz de realizar funciones vitales lo llamamos organismo.
Una característica fundamental de nuestro organismo es la organización en niveles de complejidad creciente: desde las células hasta los sistemas.
Mauricio, el muchacho que aparece a la derecha, tiene una talla de 1,50 m y su masa es de 47 kg. El que está a la izquierda, Santiago, tiene la misma talla y su masa es de 46 kg. A Santiago todos le dicen que es alto, sin embargo a Mauricio no. ¿Por qué sucede esto? Porque para decir que estos jóvenes son altos, bajos o que tienen una talla promedio, hay que tener en cuenta un dato importante: la edad. Si supieras que Mauricio tiene 15 años y Santiago 10, comprenderías por qué Mauricio tiene una estatura promedio, y Santiago, que tiene la misma talla, está por encima del promedio.
La edad es, entonces, un dato importante que hay que tener en cuenta junto con la talla y el peso.
Observa a tus compañeros. Reconocerás en ellos distintas tallas; esto es porque el ritmo de crecimiento no es el mismo en todas las personas.
A pesar de que el ser humano, como vimos, es una unidad biopsicosocial, para que su estudio nos resulte más accesible solemos estudiar por separado cada uno de estos aspectos. En este sitio nos dedicaremos solamente al aspecto biológico, específicamente a los diversos aspectos relacionados con el cuerpo humano.
Recordando siempre que el cuerpo es, a su vez, una totalidad, imaginariamente realizamos ciertas divisiones que facilitan su conocimiento en profundidad. Además, debemos manejar algunos marcos de referencia que nos permitan identificar nuestra arquitectura y ubicar los órganos en ella.
Primeramente, al cuerpo humano se lo estudia tomando en cuenta su posición bípeda (sostenido por dos extremidades), con los brazos extendidos, las palmas hacia delante y de frente al observador (salvo que se indique lo contrario). Además, se reconoce en él una simetría bilateral, que es el resultado de la disposición ordenada de los órganos con respecto a un plano imaginario cuyo eje longitudinal corta el cuerpo en dos mitades similares. Esta es la primera forma de división
En verdad, nuestro cuerpo no es totalmente simétrico: algunos órganos están lateralizados a la derecha o a la izquierda, como el corazón y el hígado. A pesar de ello, lo estudiamos como si lo fuera y nos basamos en planos de corte que dividen el cuerpo en regiones similares para ubicar los órganos.
Estos cortes son:
Sagital: es un corte longitudinal que divide al cuerpo en dos mitades: derecha e izquierda.
Frontal: también es un corte longitudinal, pero desplazado 90º con respecto al anterior. Delimita así dos partes: ventral (llamada también anterior) y dorsal (llamada posterior).
Transversal: corta el cuerpo en dos mitades
Otra forma de división del cuerpo es en las regiones que visualizamos con un simple «golpe de vista»: cabeza, tronco y extremidades.
Cabeza: ocupa la parte superior del cuerpo y comprende dos zonas: cara y cráneo.
Tronco: está formado por cuello, tórax, abdomen y pelvis.
• El cuello se relaciona hacia arriba con la cabeza y hacia abajo con el tórax.
• El tórax se encuentra entre el cuello y el abdomen y se extiende hasta el extremo inferior del esternón. Está limitado lateralmente por las costillas y posteriormente por la columna vertebral.
• El abdomen se encuentra entre el tórax y la pelvis. Está limitado lateralmente por las costillas y posteriormente por la columna vertebral.
• La pelvis es la zona inferior del tronco. Su inicio se ubica a la altura de las crestas de los huesos de la cadera (mediante una línea imaginaria entre las crestas de estos huesos).
Extremidades: son cuatro. Para diferenciarlas podemos aplicar la información de los planos de corte e identificarlas como superiores e inferiores.
En cada plano encontramos dos extremidades.
En las superiores se distinguen: hombro, brazo, codo, antebrazo, muñeca y mano (es el orden según su proximidad con el tronco).
Los miembros inferiores también presentan zonas: cadera, muslo, rodilla, pierna, tobillo y pie (según su proximidad a la pelvis).
En las diversas regiones encontramos las cavidades internas en las cuales se hospeda la mayoría de nuestros órganos, especialmente adecuadas para protegerlos y fijarlos. Estas presentan membranas que los sostienen.
Cavidad craneana: contiene los órganos del sistema nervioso que forman el encéfalo: el cerebro, el cerebelo y el tallo encefálico. Están envueltos y fijos al cráneo por membranas especiales llamadas meninges.
Cavidad raquídea: aloja la médula espinal. También se encuentra tapizada por las meninges. Se forma por el conjunto de los agujeros vertebrales.
Cavidad torácica: aloja los pulmones, algunas vías respiratorias (tráquea y bronquios), el corazón y el esófago.
Localización de las cavidades en el cuerpo: 1 cavidad craneana. 2 cavidad torácica. 3 cavidad abdominal. 4 cavidad pelviana.
Cavidad abdominal: aloja el hígado, el páncreas, el estómago, parte de los intestinos, el bazo y los riñones, entre otros. La membrana que fija estos órganos a la cavidad se llama peritoneo.
Cavidad pélvica: contiene parte de los intestinos, la vejiga y parte de las vías urinarias, y los genitales internos y sus vías.
El cuerpo humano es un sistema organizado, ya que está formado por diferentes componentes que se relacionan entre sí para su funcionamiento. Cada parte cumple una función específica y funciona en relación con las demás.
Si marcáramos átomos del cuerpo de un adulto que no cambiara de peso y buscáramos un tiempo después los átomos marcados, encontraríamos que muchos no están, han sido reemplazados.
La materia no persistió, pero la organización se mantuvo. Las partes constitutivas del organismo funcionan en forma coordinada con el fin de mantener el grado de organización de la sustancia viviente. Así, por ejemplo, el cerebro no puede funcionar sin el oxígeno y la glucosa que le aporta la sangre; esta le llega porque el corazón la impulsa, y la actividad del corazón a su vez está regulada por el sistema nervioso.
La coordinación es una parte muy importante en la organización del cuerpo humano, dado que es un organismo altamente complejo. Con esto nos referimos al tipo de organización que posee.
Si bien todos los seres vivos están constituidos por células, los organismos pluricelulares exhiben diferentes niveles de organización según la forma en que se agrupan las células. Esto quiere decir que la complejidad de cada uno de los niveles no está determinada solamente por la cantidad de materia que los constituye, sino, además, por el modo en que se combinan los diferentes componentes determinando que en cada nivel de organización aparezcan características nuevas, que no son la simple suma de las propiedades de los componentes.
En los más complejos, como nosotros, las células se especializan en diversos trabajos. Estas células especializadas que realizan la misma actividad y tienen el mismo origen embriológico se agrupan formando tejidos. Al agruparse varios tejidos distintos se forma un órgano, una unidad estructural que se encarga de una función específica. Cuando varios órganos parecidos, es decir, formados por los mismos tejidos, se interrelacionan para cumplir, coordinadamente, una tarea compleja y vital para el organismo, forman un sistema de órganos. Si, en cambio, órganos muy diferentes entre sí coordinan sus actos para cumplir una función, forman un aparato. Veamos estos niveles en profundidad.
Niveles de organización
Nivel celular: El primer nivel en esta organización es la célula, elemento fundamental en nuestro cuerpo. Se la define como unidad anatómica y funcional de los seres vivos.
Nivel tisular: El segundo nivel de organización son los tejidos. Están constituidos por células agrupadas que tienen la misma estructura y el mismo origen y realizan una función especial.
Nivel orgánico: Durante el desarrollo embrionario los tejidos se organizan constituyendo órganos. Los órganos son estructuras compuestas por uno o varios tipos de tejidos que trabajan coordinados para realizar una actividad particular, una función específica.
Nivel sistémico: El conjunto de órganos constituidos por el mismo tipo de tejido y que trabaja coordinadamente para cumplir una misma función recibe el nombre de sistema
En los animales vertebrados, entre los que estamos los seres humanos, se distinguen seis sistemas: el tegumentario, el esquelético, el muscular, el nervioso, el endócrino y el linfático.
Sistema tegumentario: está formado por la piel y formaciones tegumentarias, pelos, uñas, glándulas, etcétera. Tiene como principales misiones la defensa contra la entrada de microorganismos, la protección contra agresiones del medio externo y la deshidratación, la recepción de ciertos estímulos externos y el control de la temperatura corporal.
Sistema esquelético: está formado por el tejido cartilaginoso y el tejido óseo. Su función principal es ser el armazón del cuerpo sosteniendo todas las estructuras y permitiendo el movimiento.
A la vez sirve de protección; por ejemplo, la columna vertebral rodea y protege a la médula espinal.
Sistema muscular: está constituido por el tejido muscular. Sus funciones principales son: generar la fuerza, producir el movimiento y mantener el equilibrio de nuestro esqueleto. Además determina la forma del cuerpo (junto con los huesos) y protege y sujeta algunos órganos.
Sistema nervioso: está formado por los centros nerviosos encefálicos, la médula espinal y los nervios. Su función es la captación de estímulos externos e internos, su interpretación y la emisión de respuestas.
Sistema endócrino: está formado por las glándulas de secreción internas o endócrinas. Se encarga del control hormonal del funcionamiento del cuerpo.
Sistema linfático: se compone de los vasos linfáticos, los capilares linfáticos y el medio circulatorio llamado linfa. Su principal misión es el retorno del plasma sanguíneo y otros fluidos intercelulares a la circulación sanguínea, así como la respuesta defensiva inmunológica contra agentes microbianos invasores.
El conjunto de órganos histológicamente diferentes que cooperan entre sí para realizar una determinada función recibe el nombre de aparato.
En el cuerpo humano se distinguen cinco aparatos: el aparato circulatorio, el aparato respiratorio, el aparato digestivo, el aparato excretor y el aparato reproductor.
Aparato circulatorio: está formado por el corazón, las arterias, las venas y los capilares sanguíneos, así como por la sangre (plasma y células sanguíneas). Su misión es el transporte de nutrientes, O2 y CO2, así como colaborar en el mantenimiento de la temperatura corporal y del pH interno.
Aparato respiratorio: se compone de los pulmones y las vías respiratorias (laringe, tráquea, bronquios y bronquiolos). Su misión es la captación de oxígeno del medio externo y la eliminación al exterior del dióxido de carbono.
Aparato digestivo: se compone del tubo digestivo (boca, faringe, esófago, estómago, intestino y ano), el hígado y el páncreas. Tiene como función la captación de alimento, su digestión y absorción y la eliminación de los desechos no digeribles.
Aparato excretor: está compuesto básicamente por los riñones, la vejiga urinaria, los uréteres y la uretra. Interviene en la eliminación de moléculas de desecho metabólico, así como en el mantenimiento del volumen y la composición del fluido extracelular.
Aparato reproductor: se compone de los testículos, los conductos deferentes y el pene en el sexo masculino, y de los ovarios, las trompas de Falopio, el útero y la vagina en el sexo femenino.
Su principal función es la producción de células germinales llamadas espermatozoides y óvulos.
En resumen, el cuerpo se organiza de la siguiente manera: las células constituyen tejidos, los tejidos forman órganos y los órganos se agrupan en sistemas o aparatos.
Todos ellos realizan trabajos específicos, pero en conjunto se manifiestan como un todo organizado: el cuerpo humano.
Los esquemas siguientes muestran los aparatos y sistemas que aseguran el cumplimiento de las funciones vitales. En ellos encontrarás las funciones más representativas.