El Timeo encierra muchas verdades, pero entre ellas hay una verdad suprema que Platón expresa en esta forma: «Dios es bueno y lo que ha hecho, lo ha hecho lo mejor posible».
En este dialogo, Platón se propone explicar el origen de la especie humana, de la naturaleza y del mundo. Éste es el verdadero objeto del discurso, que en resumen distingue entre lo que es y existe siempre sin devenir jamás, y lo que deviene o pasa, sin subsistir. Es preciso decir que lo que es y subsiste es comprendido por el puro pensamiento, y puede ser conocido con certeza; que lo que deviene siempre, objeto mudable de los sentidos y de la opinión, no puede ser conocido sino de una manera conjetural.
Dios es bueno y no conoce la envidia, nos dice. He aquí por qué ha hecho el mundo y el mejor posible. He aquí por qué ha puesto en el cuerpo del mundo un alma para animarle y en esta alma una inteligencia para iluminarle. He aquí por qué ha querido que el mundo fuese un animal racional ¿Pero este ser racional, este mundo, según qué modelo ha sido formado? Este modelo es el animal perfecto, es decir, aquel que comprende todos los particulares. Por esta razón no hay más que un mundo, que lo abarca todo; y no hay más que un animal racional visible, que comprende todos los animales visibles particulares.
El cuerpo del mundo, habiendo comenzado a existir, es necesariamente visible y tangible. Es visible pues se compone de fuego; es tangible pues se compone de tierra. Pero estos elementos no pueden estar unidos sino mediante un tercero, que les sirve de término medio, y si estas dos cosas deben formar un sólido, no pueden estar unidas sino por dos términos medios. Fue, por lo tanto, indispensable colocar el agua y el aire entre la tierra y el fuego. Así el cuerpo del mundo comprende estos cuatro cuerpos particulares. Los comprende en su totalidad. No se trata del fuego, de la tierra, del aire, del agua, sino de todo el fuego, de toda la tierra, de todo el agua, de todo el aire. Fuera de él no hay nada.
A esto se debe que el ser completo, el ser único, este libre de enfermedades, de la muerte, de la corrupción; porque nada exterior puede obrar sobre él, para alterarlo o disolverlo. Es esférico, porque es la forma más conveniente, tratándose de un cuerpo que comprende todos los cuerpos y en sí el más hermoso; completamente liso en su superficie, porque no teniendo nada que ver, nada que escuchar, nada que coger, no tiene necesidad de ojos, ni de oídos, ni de manos, ni de ningún órgano ni sentido. Como es esférico, se mueve uniforme y circularmente, girando sobre sí mismo, es decir, según el movimiento por excelencia.
Pero siendo el modelo del mundo un animal eterno, debía participar de la eternidad en la proporción que permite su naturaleza. Por ello Dios le dio el tiempo, móvil imagen de la inmóvil eternidad, y colocó en el cielo el sol, la luna y los otros cinco astros errantes, destinados a fijar y mantener los números que le miden.
“… la divinidad generó al Sol y a la Luna, y a otras cinco estrellas, denominadas planetas, con el propósito de distinguir y salvaguardar a los números del tiempo…”
Platón, Timeo, 38
En cuanto a las tres especies mortales, no pudiendo formarlas con sus propias manos, sin hacerlas iguales a los dioses, encomendó a éstos ese cuidado. Como los hombres debían reunir una parte mortal y otra inmortal, Dios confió la semilla de esta última a los dioses subalternos quienes tomaron del mundo partículas de fuego, de tierra, de agua y de aire, y uniéndolas, compusieron el cuerpo humano.
Tal es el universo en toda la perfección de que es susceptible. Tal es en sus elementos, en su variedad, en su origen y en su estado actual. El Cosmos, animal visible que encierra todos los demás es Dios sensible a semejanza de la inteligencia; un Dios "muy grande, muy bello, muy bueno y muy perfecto", que vemos por todas partes, bajo nuestros pies y sobre nuestras cabezas, en el cielo.
El Timeo nos presenta un discurso en donde las ideas se ligan con rigor y se encadenan con método. Su objeto es el universo y Platón estudia sucesivamente la inteligencia que le ha formado, la materia de que está hecho y los seres que comprende.
Este diálogo tiene además un carácter de universalidad filosófica, pues para dar razón de la naturaleza y de los seres particulares, Platón se eleva hasta las ideas, que son los modelos; hasta la inteligencia, que es la causa; hasta Dios, que es el autor.
El Timeo encierra hasta cierto punto toda la doctrina Platónica, sus diversas partes en sus relaciones naturales, tales como Platón las concebía al final de una vida consagrada a la indagación de la verdad y a la búsqueda de sabiduría.