Sobre la contemplación del cielo
Lucio Anneo Séneca
Lucio Anneo Séneca
"Considera cuánto es lo que se obra en esta noche, que tú observas sólo por número y disposición del día. Considera cuán grande multitud de cosas se envuelve en este silencio, y cuán grande disposición de los hados se ejecuta en aquel limitado tiempo. Todas estas cosas que tú miras, sin considerar en ellas más fin que el de estar esparcidas por adorno, están ocupadas cada una en su ministerio ¿Cómo, pues, no te ha de arrebatar el ánimo la vista de tan grande máquina, aunque no corriera por su cuenta el regirte, el guardarte, el ampararte y el engendrarte?"
¿Se puede dudar que el circuito del sol y luna templan con sus alternadas vueltas este domicilio del género humano? y que con el calor del verano se crían los cuerpos y se enjugan las tierras, reprimiéndose las humedades, y que se quebranta la tristeza del invierno que lo encoge todo? y que con la eficaz y penetrante templanza de la luna se rige y gobierna la fuerza de los sembrados, respondiendo a su curso la fecundidad humana? y que por el sol se hizo la repartición del año, así como por el de la luna, se formó el mes?
Pero si tú quitases al sol estos efectos, ¿te parecería que dejaría por eso de ser un espectáculo apacible y digno de veneración?
Y aunque la luna pasara su curso ociosa sin tener influencia alguna, ¿no te parece digna de que pusiéramos en ella los ojos todas las veces que ese cielo esparce con la noche sus resplandecientes y tan innumerables estrellas?
¿Quién hay que deje de poner atención en él? ¿Y quién, cuando está admirando su belleza pone el pensamiento en las utilidades que obra? Mira cómo pasando estas estrellas tan quietamente por ese espacioso cielo encubren su velocidad, pareciendo ser obra inmóvil y fija.
Considera cuánto es lo que se obra en esta noche, que tú observas sólo por número y disposición del día. Considera cuán grande multitud de cosas se envuelve en este silencio, y cuán grande disposición de los hados se ejecuta en aquel limitado tiempo. Todas estas cosas que tú miras, sin considerar en ellas más fin que el de estar esparcidas por adorno, están ocupadas cada una en su ministerio.
¿Cómo, pues, no te ha de arrebatar el ánimo la vista de tan grande máquina, aunque no corriera por su cuenta el regirte, el guardarte, el ampararte y el engendrarte?
De modo que estas cosas, aunque en sí tienen utilidad y son necesarias y dan vida, es sola su grandeza y majestad la que ocupa todo nuestro entendimiento.
Lucio Anneo Séneca