"También es cosa del destino el que yo examine de esta forma su íntima naturaleza."
¿Por qué consumimos los años de la vida de forma tan agitada?, ¿por qué nos atormenta el miedo y el ciego deseo de las cosas?, ¿por qué buscamos la vida en medio de interminables preocupaciones y ya en la vejez nos damos cuenta de que la hemos perdido?, ¿por qué, desdichados por no ver cumplidos nuestros deseos, representamos el papel de uno que fuera a vivir siempre y no vivimos en ningún momento? ¿por qué el que busca y busca más cosas es más pobre en medio de sus bienes y no cuenta lo que tiene, deseando sólo lo que no tiene?, ¿por qué, si la naturaleza tiene necesidades pequeñas, construimos con nuestros deseos una gran mole destinada la destrucción, compramos el lujo con nuestras ganancias, por el lujo llegamos al robo, siendo la suprema recompensa de la riqueza el despilfarro?
Dejad libres vuestros espíritus, alejad las preocupaciones y vaciad vuestra vida de tantas quejas vanas. El destino gobierna el mundo, todos los hechos están fijados por una ley inmutable y largos períodos de tiempo quedan marcados por acontecimientos predeterminados. Al nacer empezamos a morir, y el fin es consecuencia del principio. Del destino surgen las riquezas y los reinos, y con bastante más frecuencia la pobreza; el destino otorga a los humanos sus habilidades y caracteres, sus defectos y méritos, sus pérdidas y ganancias. Nadie puede renunciar a lo que se le ha dado ni tener lo que se le ha negado; nadie puede apoderarse con sus plegarias de la fortuna en contra de la voluntad de ésta, ni escapar de ella cuando acosa; cada uno tiene que soportar su propia suerte.
¡Con qué frecuencia la muerte llega de repente a cuerpos robustos, escapándose ella misma de nuevo para ir de aquí para allá, de pira en pira! Algunos, enterrados, volvieron incluso de las sepulturas, gozando de dos vidas, mientras a aquéllos apenas les tocó en suerte una sola. He aquí que una enfermedad leve hace perecer y otra más grave remite; fracasa el arte médica, es vencida la práctica racional, el cuidado perjudica, mientras el no hacer nada es beneficioso y con frecuencia la tardanza concede un alivio a las enfermedades; los alimentos resultan perjudiciales, mientras los venenos preservan la salud.
Unos hijos degeneran con respecto a sus padres, y otros los superan y mantienen su naturaleza propia; la fortuna pasa delante de uno y se queda con otro; uno está loco de amor y es capaz de atravesar el mar y destruir Troya, mientras la mente de otro está capacitada para dictar leyes. He aquí que hijos matan a sus padres y padres a sus hijos, y que hermanos armados se juntan para herirse mutuamente.
Ni los pobres reciben una vida más corta, ni el destino se vende a las inmensas riquezas, sino que la Fortuna arrebata de su espléndida mansión a los muertos, y fija la pira y determina la fecha del entierro a los más poderosos. ¡Qué poderoso es este reino, que da órdenes incluso a los reyes! Es más, los virtuosos resultan desgraciados y los perversos felices; los imprudentes tienen éxito y los prudentes fracasan. La Fortuna no examina los pleitos para favorecer a los que lo merecen, sino que anda errante entre todos los hombres sin ninguna distinción.
Evidentemente hay un poder superior, que nos obliga, nos gobierna, conduce los asuntos de los hombres según sus propias leyes y asigna los años que les corresponden a los que nacen de él, así como las alternancias de la suerte. En definitiva, si no existe el plan del destino, ¿por qué se admite por tradición y por qué se predice todo lo que va a suceder en fechas fijas?
Sin embargo, tal razonamiento no llega a justificar el crimen o a privar a la virtud de los dones que se le hacen como no recompensa. En efecto, nadie odiará menos las hierbas venenosas porque no nazcan por su propia voluntad sino de una semilla determinada, ni se concederá un reconocimiento menor a los alimentos agradables por el hecho de proceder de la naturaleza y no de una decisión libre. Y no importa de dónde procede el crimen: como tal ha de ser reconocido. También es cosa del destino el que yo examine de esta forma su íntima naturaleza.