Hno. Roberto CORONADO GALLARDO
Nació el 3 de junio de 1946
en Ixtlán del Río, Nay.
Fue llamado por Dios nuestro Padre bueno
el lunes 27 de febrero de 2012
en Cd. Obregón
a los 66 años.
Algunas fechas significativas de la vida del Hno. Roberto:
1955 Ingresa al Aspirantdo Menor
1962 Ingresa al Noviciado.
1963 Toma el Hábito de Hermano de las Escuelas Cristianas.
1964 Primeros votos
1967 Naestro y Director del Colegio Margil de Zacatecas.
1972 Direcrtor del Colegio Guadiana de Durango, Dgo.
1976 Emite sus votos perpetuos.
1978 Director de la Preparatoria La Salle de Torreón, Coah.
1984 Coordinador y Director del Colegio La Salle de Acapulco, Gro.
1987 Director de la Preparatoria La Salle de Torreón, Coah.
1991 Ecónomo del Distrito México Norte.
1996 Director del Colegio La Salle de Acapulco, Gro.
2001 Director del Instituto Regiomontano de Monterrey.
2007 Director del Colegio La Salle de Cd. Obregón, Son.
Introducción:
En la vida del Hermano Roberto podemos celebrar la gracia de Dios que hizo posible su fidelidad. Los hechos de su vida fueron escribiendo su historia, con hechos, realizaciones y anécdotas, que hacen de la vida humana una realidad, salpicando el diario vivir del gozo de la chispa de luz que el Señor infunde a través de las circunstancias que la conforman.
Marco familiar y sus primeros años:
Roberto nace en Ixtlán del Río, Nayarit, de una familia muy cristiana, en la cual, la presencia de sus papás fue una gran bendición de Dios, ya que ellos superaron la existencia terrena de nuestro hermano, con creces.
Su papá, médico de profesión, fue el Dr. Roberto Coronado Rivera, considerado en Ixtlán del Río como un hombre culto, poeta, que desempeñó el papel de cronista de la ciudad, fue ministro de la Eucaristía, maestro de la secundaria y de la preparatoria, benefactor, gran médico e hijo predilecto de Ixtlán del Río. Vivió hasta los cien años y falleció el 19 de enero de 2016. Las fuerzas vivas de la ciudad han levantado, en su recuerdo, un busto en una plaza de la misma.
Su mamá, doña María del Refugio Gallardo Martín, originaria de San Juan de los Lagos, Jal., conoció al Doctor cuando este fue destinado a esa ciudad, como parte de su servicio médico. Don Roberto relata lo siguiente a un periodista: “En aquella hermosa ciudad celebré mi boda, justamente el 20 de noviembre de 1944 y viví en ese lugar, después de haber sido invitado por unos amigos de infancia, a una fiesta a Ixtlán, pronto regresé ¡y me quedé para siempre!” (Periódico Express de Nayarit, reportero Francisco Javier Nieves,)
Dios bendijo a ese cristiano matrimonio con 8 hijos: cinco varones y tres mujeres, siendo el primogénito de ellos, Roberto, quien vio la luz en Ixtlán del Río, Nayarit, el 3 de junio de 1946.
Sus primeros pasos en el lasallismo:
1955. Con nueve años, llega al Aspirantado preparatorio de la Inmaculada Concepción, en Guadalajara, para cursar cuarto de primaria. Robertito era el aspirante de menor edad. En esa casa ya se encontraban algunos de sus primos: Hermelindo Gallardo y su Hermano Vicente, Salvador Gallardo, quienes habían sido invitados a formar parte de esa casa por el Hermano José Manuel Ramírez, Stone y, quizá ellos hayan sido los que invitaron a Roberto a lo que sería la aventura de su vida: Ser Hermano de las Escuelas Cristianas.
El director del Aspirantado era el director del Colegio Febres Cordero, aunque había un encargado, al que los aspirantes le llamaban Hermano Director y, era el Hermano Berchmans, Manuel González. El grupo no pasaba de 15 niños, que cursaban la primaria. La vida en esta casa era sencilla: clases en el colegio, vida de oración, empleos, trabajos, juegos y paseos. Durante las vacaciones grandes no se iba a casa, para nada, pero se tenía un buen campamento, de un mes, en San Juan Cósala. Los Hermanos de la comunidad se turnaban para estar con los aspirantes, tanto en paseos, como en otros momentos.
Roberto fue un niño tranquilo, cumplía bien con sus tareas y sus estudios, no era muy deportista, pero sí jugaba en los juegos del Aspirantado; por su nariz espigada y grande le pusieron ‘Pinochito’ y, nunca se disgustaba
En enero de 1958 quedó de más
antiguo, siendo para él una responsabilidad,
que el Hermano Director hacía resaltar; en clase fue siempre un buen alumno, siempre tranquilo y sencillo. Quizá, la única cosa que le hizo sufrir fuel que le obligaban a tomarse el café con leche, todas las mañanas y, muchas veces lo dejaron más de una hora sentado, con la taza de café con leche, que debía tomárselo pero, gracias a Dios, había una maceta cercana que muchas veces recibió con gusto el café con leche…
El 2 de agosto de 1958, un grupo de 20 aspirantes pasaron a fundar el Noviciado Menor de León. ¡Una nueva aventura! La casa estaba aún a medio construir pero, poco a poco se fue completando. El Hermano Director fue el Hermano Leopoldo Angulo, hombre tranquilo, prudente, quien estaba acompañado por el Hno. Cesáreo Boillot, un joven Hermano que pronto va a ser cambiado por el Hermano Salvador Pérez, hombre sabio, prudente, buen formador, de una gran capacidad de motivación y de dirección de adolescentes.
Roberto cursó en León dos años de su secundaria. El 1 de enero de 1960 fue la división del Distrito de México y, en su grupo, algunos fueron destinados al Distrito Sur, pero Roberto quedó en el norte, ya que el criterio que se siguió para destinarlos al sur fue que no fueran alumnos de alguno de los colegios, Roberto no lo había sido y, además, de una región cercana entre ambos Distrito; quizá por ser de Nayarit no lo escogieron entre los destinados al Distrito Sur.
El Hermano Roberto, desde niño fue piadoso, pero de una piedad poco expresiva; se consagró a María Santísima en la “Esclavitud Mariana”, una devoción muy querida en esa época. Ya mayor fue muy fiel a sus deberes religiosos, pero siempre muy reservado en sus prácticas y en sus expresiones religiosas.
En julio de 1960 su grupo fue trasladado al Noviciado Menor de Tlalpan, porque en León no había aun las instalaciones para tener tres grupos. En el caso de Roberto no ganó nada, sino que por la edad le hicieron repetir segundo de secundaria, pues iniciará su postulantado en la última semana de noviembre de 1962.
Su Toma de Hábito fue el 11 de febrero de 1963. En la crónica de su Toma de Hábito se lee: “El canto solemne del Veni Creator, que envuelve en majestad el momento en que se acerca la hora de Dios.”
La ceremonia fue presidida por tres Hermanos Visitadores, pues tomaban el hábito postulantes de tres Distritos. Después de la conferencia del Hermano Visitador se procedió a la entrega del Santo Hábito[1]. Roberto, al recibir el hábito, junto con el nuevo Testamento recibió el nombre de Hermano Roberto de Santa María. Fue el último joven de México Norte en hacer su noviciado en el Noviciado de Santa María de Guadalupe, en la Ciudad de México.
1964. En el mes de diciembre hace sus primeros votos y, en enero se reunirá con el grupo de nuevos escolásticos provenientes del Noviciado de Lagos.
Durante su Escolasticado fue un gran lector, además de haber sido su empleo el ser bibliotecario, callado, estudioso, sin hacer gran ruido fue un Hermano aplicado, sencillo, tranquilo, buen amigo, dispuesto a prestar ayuda y apoyar al Hermano que lo necesitaba, tanto en información sobre algunos temas, o bien, a facilitarle algunos apuntes de las clases. Amigo de los paseos que no implicaran caminatas locas, pero gozaba las ascensiones al Popocatépetl, que se realizaban en el mes de noviembre de cada año; muy observador y amante de la naturaleza. Durante el Escolasticado, se encargó de la cría de patos, tenía su incubadora y era fiel en observar el desarrollo de los animalitos; igualmente, crío gansos que adornaban el jardín y, con sus gritos cuidaban la casa.
Junio de 1967. Una buena mañana, el grupo de Hermanos escolásticos de tercer año, salen con destino a Guadalajara, donde son recibidos por los papás del Hermano Juan Gómez, que les ofrecen una comida y, después fueron trasladados a la Casa de Ejercicios del Arzobispado, llamado por los Hermanos “Camas duras”, para tener ocho días de retiro y, el último día, el Hermano Visitador dio noticias distritales y, por último, anunció los cambios, por medio de una lista que se publicaba poco después de terminada la última plática del retiro.
Por la mañana siguiente, todos los Hermanos jóvenes que no tenían estudio de verano, fueron de vacaciones a Puerto Vallarta, a la casa de la Familia Gutiérrez García. Diez días muy felices, para regresar a la comunidad de Guadalajara donde se trabajó en hacer oraciones para todo el curso escolar, en preparación para ir a las comunidades, pues la mayoría de los Hermanos estudiaban y vivían en Villa María.
Por fin 15 de agosto, tiempo de formar las comunidades. Al Hermano Roberto le tocó formar parte de la comunidad de Zacatecas. Su director fue el Hermano Manuel Vega, que se estrenaba como director, siendo cinco Hermanos en la comunidad.
Zacatecas
Zacatecas, añoro tus cerros y montañas, la plata que guardan tus entrañas, la sangre de mis hermanos que regaron tú tierra, en noche fría y el reto que la Salle sembró, que es ya historia.
La comunidad de Zacatecas era heredera de mucha historia. Fundada en 1908, pronto tuvo, además del Colegio, tres escuelas gratuitas y un gran internado. En 1914, los revolucionarios de Pánfilo Natera tomaron presos a los Hermanos; a dos de ellos los pasaron por las armas y los demás fueron expulsados. El Hermano Roberto se inicia como profesor de sexto año pero, al tercer año ya es profesor de secundaria; imparte Historia Universal y de México, además del catecismo y otras materias.
El Hermano Director se enfermó y, el Hermano Visitador, José Cervantes, pidió a la comunidad que eligiera un director. Se hizo la votación, y he aquí que el elegido fue el más joven, aún sin votos perpetuos. Él acepto la responsabilidad y, con su habitual calma, su pensamiento reflexivo y sus decisiones moderadas, inicia una larga jornada de Hermano Director de varios colegios.
1972. Se realizó el segundo Capítulo de Distrito y se decidió que se cerraran varias comunidades y colegios. La comisión escogió colegios que económicamente estaban en malas condiciones pero, el de Zacatecas no era así; “con todo, en el Consejo de Distrito del 22 de mayo, se votó por retirar a los Hermanos y entregar el Colegio al equipo de Pastoral Educativa de la Diócesis. Los padres de familia no estuvieron de acuerdo, así como tampoco las autoridades eclesiásticas, entonces el Provincial y el Viceprovincial se entrevistaron con ellos, sin llegar a un acuerdo total, se haría un traspaso al Padre Pacheco, que bien conocía la obra.” [2]
Zacatecas era uno de los pocos colegios completos en aquellos tiempos: tenía una buena biblioteca, unos buenos laboratorios, sus campos deportivos adecuados al número de alumnos y sus aulas bien construidas, el internado, pequeño, pero fructífero; la decisión fue tomada por la comisión y anunciada por el Hermano Visitador al Hermano Roberto, quien lo tomó con calma y preparó el éxodo. Se enviaron muchas cosas a las casas de formación, documentos, el órgano de su capilla, cuadros valiosos y colecciones de libros, sin que se mermara notablemente la biblioteca del colegio.
El Hermano Roberto tomó todas las providencias para que nadie quedara lesionado, tanto en sus estudios como en su economía. A finales de agosto, el Hermano Roberto y el Hermano que lo acompañaba, abandonaron Zacatecas.
Ciertamente, una triste historia, un final nada feliz a las esperanzas de mucha gente zacatecana, que creyó en los Hermanos, desde su primera llegada.
Durango
¡Adelante, Colegio Guadiana! Hoy tus hijos prometen luchar por el bien y la verdad…
Con la juventud y el entusiasmo sereno y tranquilo, como mejores armas, inicia su labor de Hermano Director del Colegio Guadiana. No fue un inicio fácil pues, el anterior Hermano Director y otro Hermano que ayudaba en la coordinación, dejaron ese año la congregación; los Hermanos mayores habían pedido cambio. Ese fue el panorama que el Hermano Roberto encontró.
Su trabajo constante y su saber hacer le ayudan a que las cosas en el Colegios fueran bien y, que en la Comunidad de Hermanos reinara un buen espíritu.
El Colegio que, a lo largo de 20 años no había logrado que la matrícula llegara a los 500 alumnos, en 1975, al tercer año de directorado del Hermano Roberto viene el despegue del Colegio.[3]
Estando en la Comunidad de Durango, como Director, fue cuando hizo su profesión Perpetua, ya tenía 30 años y, eran tiempos en los que se alargó el tiempo para realizar los votos perpetuos, ya que se hablaba de promesas y no de votos y, había una invitación tácita a prolongar el tiempo antes de la profesión definitiva.
Seis años dirigió este colegio, fue poniendo orden en su economía, construyó un nuevo edificio para la Secundaria y, se notó el progreso.
Un artículo intitulado “Desde Durango”, habla de un homenaje que el Hermano Roberto y la sociedad, hacen al matrimonio de los señores Estaban y Olguita que durante diez años encabezaron la Sociedad de Padres de Familia. En el discurso se lee: “Actualmente, el Colegio Guadiana goza de un prestigio respetable y creemos que, por el número de alumnos, casi 600, está cumpliendo con su misión”[4]. Este homenaje se realizó en el mes de diciembre, último que le tocó al Hermano Roberto como director del Guadiana.
Preparatoria La Salle de Torreón.
Lugar donde el hombre venció al desierto.
La Preparatoria La Salle, había sido fundada en 1972 y, durante seis años fue una dependencia del Instituto Francés de la Laguna. Su primer director, de hecho, fue el Hermano Jorge Bonilla pero, como dependía económicamente del Instituto Francés de la laguna, el título era ‘coordinador’.
La Preparatoria La Salle funcionó desde su inicio en locales propios del Seminario Conciliar de Torreón, contó con muy buen número de alumnos, provenientes de muchas escuelas de la Región Lagunera.
El Hermano Roberto toma la estafeta, como Director de la Preparatoria, en julio de 1977 y, pronto se plantea nuevos retos, entre ellos el de conseguir un terreno y edificar un edificio propio. En parte, fue por el deseo de independencia pero, también, un poco, por petición del Padre Rector del Seminario, que veía crecer el número de seminaristas y preveía que necesitaría los locales que empleaba la Prepa La Salle.
Inicia una búsqueda de terrenos y, encontró que los Padres Jesuitas deseaban vender una parte de Casa Iñigo, que no ocupaban. No era un terreno grande, pero sí suficiente para las necesidades de la Preparatoria, situado al margen del Río Nazas, con muy buenas vías de acceso. Pronto inicia el proceso de compra venta y, después a iniciar los trámites de construcción; se deciden por un proyecto CAPCE y, ¡manos a la obra! Proco a poco surge un edificio de dos pisos, con cuatro salones en el piso superior y un amplio espacio para biblioteca, en la parte inferior también habrá 3 salones, una sala de cómputo y un cuarto salón, dividido, entre coordinación, sala de maestros y departamento de psicología. Tiempo después se construirán las oficinas de la dirección y laboratorios pero, lo esencial estaba ya.
Un testimonio de ese tiempo nos dice: “Cambia el sexenio y, para ir de acuerdo, cambio de Director, un ideólogo por un economista… Llega el Hermano Roberto Coronado. Inicia la construcción de los nuevos edificios… Claro, el cambio implica ciertos sacrificios; se realiza en enero de 1981. No hay escaleras construidas y, para subir al segundo piso hay que hacerlo por la de los albañiles. No hay baños y se tiene que abrir un “boquete” en la barda de la Casa Iñigo para que los muchachos pudieran correr hasta los baños, que gentilmente facilitaba la Casa de Retiro.
Comodidades también se tuvieron: los salones estaban equipados con “música ambiental” (radio de los albañiles, a todo volumen), con clima, (invierno y, sin vidrios ni ventanas…) pero todo esto, que es material, es suplido con creces con el espíritu de servicio y fraternidad de alumnos, padres de familia y personal. (5)
[1] La Salle en México marzo de 1963
[2] La Salle en México 1947- 1980 página 90 EL Provincial era el Hermano José Cervantes y el Viceprovincial H. Gilberto Lozano
[3] Datos en La Salle en México 1947 1980
[4] Artículo del Hermano José Arrieta, en la Salle en México Norte enero 1978, página 25
[5] La Historia de mi Prepa. Rafael y Betty Maldonado en la Salle en México Norte marzo 1995
Roberto, además de Director, trabajó como responsable de estudios y disciplina, y como administrador; su tiempo se dividía en estas responsabilidades, así como en estar presente en las aulas, como maestro.
Durante este tiempo aprovechó las horas
de la tarde-noche para estudiar en la Universidad Ciencias Económicas, recibiéndose en dos carreras: Economía y Administración.
En el primer semestre del curso 1983-84, ante una necesidad en el Colegio La Salle de Acapulco, los superiores pensaron que el Hermano Roberto podía muy bien tomar su lugar. Roberto, obediente y respetuoso, como siempre lo fue, aceptó ese nuevo reto que, el Señor, a través de las circunstancias le presentaba y, en enero de 1984 inició su trabajo en los mares del sur.
Nuevamente volverá a la Laguna, a su querida Preparatoria La Salle, en 1987, como Director, durante cuatro años. En este tiempo afianzó la organización de la Preparatoria, incrementó el número de alumnos y dejó una muy buena economía, fruto del orden y la disciplina en gastos e inversiones. Los seis salones que componían la escuela, tenían al menos 45 alumnos, que eran atendidos con gran esmero, tanto por la Dirección, como por los profesores. En 1991 fue cambiado a la Casa Central de Monterrey, como responsable de la economía del Distrito.
1991. Ecónomo Distrital
El Hermano Roberto, cuando fue nombrado como tal, ya tenía una gran experiencia como administrador, además de contar con estudios suficientes para desempeñar el cargo, ya que en su estancia en Torreón estudió tanto, Administración de Empresas, como Economía, en la Universidad; además, tiempo atrás, había sido miembro del Consejo Económico del Distrito, por lo tanto, conocía y le gustaba todo lo que era administración. Además de tener ya trazada su labor en la Regla de los Hermanos, que especifica muy claro el trabajo del Hermano ecónomo: “El Hermano Ecónomo prepara el presupuesto anual, con ayuda del Consejo económico, lo propone luego al Hermano Visitador y a su Consejo… Cada año, el Ecónomo presenta a la aprobación del Hermano Visitador y su Consejo un informe sobre la situación económica del Distrito.”[1]
Como Hermano Administrador del Distrito muchos Hermanos acudieron a él en busca de consejo, sobre situaciones económicas de sus colegios y, siempre recibieron un consejo atinado; el Distrito entero aprovechó de su experiencia y ciencia y prestó grandes servicios por su participación, por muchos años, en el Consejo de Gestión, donde siempre fue escuchado y valorado.
Fue muy atento a las necesidades especiales de salud de algunos Hermanos que requirieron operaciones o tratamientos médicos. En La Laguna, al Hermano Director se le tuvo que hospitalizar y operar, igualmente, a otro Hermano, él envió lo necesario para su atención; otro Hermano escribió: “Quiero, de manera especial, agradecer al Hermano Roberto Coronado por su delicadeza y solicitud en atenderme en todo lo que se requería y, sobre todo, por presencia fraternal a lo largo de estos meses”[2]
Trabajó con dos Hermanos Visitadores, primero con el Hermano Everardo y después con el H. Miguel Ángel; durante este tiempo fortificó la Editorial Didáctica del Distrito, se publicaron los textos de Formación de Valores y algunos libros de Español, del Hermano Maurilio, aunque en ellos la calidad fue mucho menor que la que se tenía en Editorial Enseñanza y su aceptación en la escuela fue menor por parte de los Maestros.
Fue miembro del Consejo de Distrito durante varios sexenios, destacándose sobre todo como miembro del Consejo Económico, aplicando siempre su recto juicio y sus conocimientos, tanto de economía como de administración. Leía mucho sobre la situación económica, vislumbraba posibles escenarios económicos para realizar los movimientos que se requerían en cada caso. Siempre de pocas palabras, ideas muy claras y concisas, sabía brindar el consejo oportuno y tenía los contactos necesarios para realizar las funciones que su cargo necesitaba.
[1] Regla 2008, No. 140 A
[2] La Salle en México noviembre 1995
Acapulco
Acapulco, un mágico rincón… un reto y una misión, una naturaleza hermosa que invita a la oración y una misión grande espera al educador.
1984. Acapulco recibe al Hermano Roberto como coordinador de Preparatoria. Llegó de emergente a remplazar a un Hermano que era el coordinador, pero la salud no le aguantó; fue un cambio a medio año, solo fue un enroque entre los dos. Roberto dejó la dirección de la Preparatoria La Salle de Torreón.
El Hermano Roberto traía ya bajo el brazo la obediencia para ser el Director del Colegio, pero encontró oposición, del mismo Hermano Director de la escuela, que se resistía a ceder el puesto; así mismo, algunos maestros y miembros de la comunidad religiosa no lo apoyaban. El segundo año de su estancia tomó la dirección, no le fue fácil pero, valientemente enfrentó los problemas y trató de darles una buena solución; llegó a una población donde no existe una sociedad sino varias sociedades, muchas veces opuestas entre ellas por regionalismos, o bien, por no ser guerrerense; los alumnos muy buenos, pero también con problemáticas especiales. Este tiempo fue de un gran aprendizaje, ante una nueva realidad, para la segunda estancia del Hermano Roberto en el bello puerto de Acapulco
1996. Nuevamente Acapulco sería su campo de trabajo, llega también a sustituir a un Hermano Director que había sido el emergente ante la enfermedad grave del Hermano Alfonso Rodríguez.
Durante cinco años llevó el timón de la nave, no siempre fueron mares en calma chicha, sino que en momentos hubo tormentas y dificultades, no sólo por los fenómenos de la naturaleza de, temblores y ciclones, como el Paulina, en 1997, que destruyó parte del Puerto y modificó colonias, vialidades etc.
Su trabajo y su gestión fueron muy fructíferas y, en cierta forma, un transformador del Colegio La Salle, no como ciclón, sino más bien como brisa silenciosa, sin mucho ruido, en los cinco años en que realizó la transformación del Colegio
Los edificios del Colegio eran del inicio de la década de los 60, construidos a base de hierro, muy bien distribuidos, eran antisísmicos, pero la naturaleza había minado la fuerza del metal y ya corrían peligro. El Hermano Roberto hizo un plan maestro de transformación, inicia con la construcción del edificio de la Primaria, en el terreno del jardín de la casa de los Hermanos. Después de esto construye el edificio de la Secundaria, en el mismo lugar donde se encontraba el edificio original; le toca ahora cambiar la casa de los Hermanos, ya que el Colegio la había invadido y comprado, trasladándola a una media cuadra del Colegio: una casa bonita, de buen gusto y con espacios suficientes y adecuados para la vida de los Hermanos. Por último viene la construcción de las oficinas generales, biblioteca y otros departamentos, además de la transformación de la Preparatoria y la edificación de nuevos salones; la culminación de esta obra se realizó ya en vísperas del cambio del Hermano Roberto. Dejó un colegio La Salle totalmente renovado y con instalaciones de primera, con salones climatizados, oficinas de coordinación adecuadas. De los antiguos edificios solo quedó el primer edificio, o sea, la antigua primaria donde funcionaba la Escuela Bernardo Zepeda, secundaria gratuita, apoyada por el Colegio desde 1980.
La renovación de los edificios y su inauguración se da en torno a los festejos del 40 aniversario de la fundación del Colegio La Salle de Acapulco. La reseña que se publicó dice lo siguiente:
“Al acercarse el 40º aniversario y, para responder mejor a las necesidades educativas del Puerto, nuestra Comunidad Educativa ha visto terminados, con agrado y asombro, desde el primer día de clase, los dos nuevos edificios para el servicio educativo, ahora ya para niños y niñas.” La bendición fue el día 3 de octubre, realizada por el Señor Arzobispo, don Rafael Bello Ruiz, asistido por Monseñor Ángel Martínez, vicario general[1]. En el edificio ha quedado una placa en bronce donde se nombran al arquitecto constructor y al Hermano Roberto Coronado, como iniciador de esta obra y realizador de la misma.
Como el edificio de la Primaria fue construido en el jardín de la casa de los Hermanos, contiguo al Colegio, aprovechando, además, algunas de las habitaciones para oficinas, consiguió una casa a media cuadra del Colegio en la calle de Trincheras y ahí construyó una nueva casa habitacional para los Hermanos. Casa muy amplia y bien distribuida, con una hermosa vista de la bahía, superando a la anterior en esto, lo único es, que ya no está contigua al Colegio, con las ventajas que tenía al ser una misma unidad y, a la vez, tener una sana separación; pero fue la mejor solución para engrandecer el Colegio.
[1] La Salle en México Norte noviembre de 1997.
Más tarde, el Hermano Roberto inaugurará un monumento a nuestro Santo Fundador, en la entrada del Colegio, con ocasión del 40° aniversario. La crónica del evento nos dice: El Hermano Director, Roberto Coronado Gallardo dirigió un mensaje a todos los presentes y unas palabras de agradecimiento a todos los promotores y realizadores de esta obra y agregó: “Precisamente, esta escultura colocada en un punto central, a un lado de las escaleras de entrada y, rodeada de palmeras, será para todas las generaciones un símbolo permanente de lo trascendente, una expresión de la mística y espíritu que anima e inspira nuestra misión educativa, a la vez humana y evangelizadora” [1]
[1] Hermano Roberto Coronado en la Salle en México Norte, febrero de 1999
Su acción educativa fue notable, se incrementó el número de alumnos en la preparatoria, que eran algo más de 800 jóvenes, así en las otras secciones. Delicado, prudente, sabía estar siempre presente, no hacia ruido, pero se enteraba de todo lo que pasaba en las secciones, y cuando creía necesario actuaba, ya por medio de las coordinaciones y sólo en contados casos directamente, se apoyaba en sus coordinadores y les daba la confianza.
Su relación con padres de familia y sociedad de Padres, fue discreta, en algunos momentos tuvo sinsabores, pero con sagacidad e inteligencia los supo llevar y cambiar cuando se requería, para evitar enfrentamientos directos, uso muy bien la mano izquierda en muchas ocasiones, gracias a la ayuda de personas comprometidas de la vieja guardia del Colegio. Existía en el Colegio la Salle, el grupo español de los fundadores, los de Costa Grande, Costa Chica, y fuereños; el primero era incondicional con los demás había que ser políticos y en momentos distantes.
Director del Instituto Regiomontano
“Monterrey de las montañas, tú que estas a par del río…sufres a descompás lluvia y sol, calor y frío y mojados inviernos”[1]
Con el inicio del nuevo siglo, en julio de 2001, recibe una nueva misión, ahora será la dirección del Instituto Regiomontano, que había iniciado su expansión y el cambio de lugar de emplazamiento.
Cuando llegó el Hermano Roberto la Preparatoria del Instituto Regiomontano, tenía menos de seis meses de haberse cambiado a Cumbres, un nuevo, interesante y ambicioso proyecto que se había venido lanzando desde años anteriores.
El edificio original del Instituto Regiomontano quedaba intacto, pero en espera de decisiones importantes. El anterior Hermano Director había hecho encuestas, con la hipótesis de que todas las familias estarían dispuestas a llevar a sus hijos a las nuevas instalaciones de Cumbres, pero la realidad fue muy distinta, un número mayor del 50 por ciento de familias pedía quedarse donde estaban.
Otra situación, la ciudad de Monterrey crecía a ojos vista hacia la zona de Cumbres, la moneda estaba en el aire, se crecía o se estancaban. El Hermano Director hizo frente a la disyuntiva y se lanzó a completar todas las secciones del Instituto Regiomontano en Cumbres. No se siguió el proyecto original pues, era demasiado caro y, quizá, no tan práctico.
Después de realizar los estudios de rigor y decidirse por nuevos arquitectos e ingenieros, se puso la primera piedra de lo que sería la sección Primaria y Preprimaria.
Solo faltaba la sección Secundaria y, para ello aprovechó muchos salones de la parte baja de la Preparatoria, que no estarían un buen tiempo en uso y los adaptó para que prestaran un buen servicio, quedando, de esa forma, ya concluidas todas las secciones del Instituto Regiomontano Cumbres.
En la Instituto Regiomontano original, hizo algunas adaptaciones: la primara superior pasó a los edificios que ocupaba la Preparatoria y se inició también la transformación de esas áreas, que ya tenían los 60 años de que habían sido construidas.
El Hermano Roberto no solo se preocupó por el Instituto Regiomontano, sino que atendió, con gran bondad y generosidad, lo que se llamaba Centro Educativo La Salle de Santa Catarina, cuando se celebraron los 15 años de existencia del Centro. El Hermano Director de ese momento escribió: “Quiero hacer un reconocido agradecimiento al Hermano Roberto Coronado Gallardo, director general del Instituto Regiomontano, quien, con su sabiduría, paciencia y acertado acompañamiento, hace posible que la Preparatoria funcione en todos sus aspectos, mismos que no podrían realizarse sin toda la ayuda económica que requiere”.[2]
En comunidad era muy ordenado, respetuoso de los Hermanos, amable y generoso, dedicado a aquellos que requerían un cuidado especial. Atendió con gran cariño y esmero al Hermano Teodoro Luis que, aun cuando su estado no era grave, tenía delicadezas y atenciones especiales para él y, cuando su enfermedad se fue agravando y requirió de cuidados especiales, no dudó en buscar a una persona que le pudiera atender, tanto en casa, como cuando estuvo hospitalizado y, estuvo al pie de su lecho de muerte cuando el Señor lo llamó a su reino.
Con el Hermano Salvador Pérez, que había sido su profesor y formador en el tiempo en que estuvo en el Noviciado Menor de León, tuvo una amistad y cariño especial; muy a menudo platicaban y colaboró con él, cuando hizo exposiciones de sus pinturas, las cuales se hacían a favor de una asociación caritativa en favor de los indígenas otomíes, que hay en la periferia de Monterrey. Esa organización, el Hermano Salvador la llamó Asociación de la Madre Teresa. En su último año de director del Regiomontano, le tocó la celebración de los 60 años de fundado el Instituto.
La fiesta fue en grande: juegos Lasallistas, actividades culturales, etc. y se concluyó el festejo con una cena de gala, con la presencia de los antiguos Hermanos Directores y coordinadores, así como con la de algunos de los Hermanos que habían sido maestros. Todo resultó muy lucido y muy bien planeado y realizado, con un buen gusto y sin excesos.
[1] Alfonso Reyes poesía a Monterrey
[2] 15 años de vida, artículo en La Salle en México enero 2003
“Como parte de los festejos del 60 aniversario del Instituto Regiomontano, el Hermano Roberto Coronado Gallardo, director general del Colegio, y la mesa directiva, la cual estaba presidida por Dr. José Gallardo y señora Norma Vela de Gallardo, se organizaron y llevaron a cabo los "Juegos Lasallistas".
El evento inició el 21 de marzo a las 8:30 horas con una ceremonia inaugural, donde recibieron a los participantes de las diferentes delegaciones, tales como Acapulco, Ciudad Obregón, San Juan de los Lagos, Durango, Monclova, Chihuahua, Matamoros, Saltillo y Regio Contry. El Gimnasio, las Canchas de futbol y las de basquetbol fueron la sede, donde, los aproximadamente mil 200 alumnos, de 8 a 18 años de edad, compitieron, tanto en rama varonil como en femenil. El domingo 23, desde las 8:00 horas se llevaron a cabo las finales.
Al concluir con todas las categorías y ramas, los presentes acudieron al Gimnasio para finalizar los juegos con la ceremonia de clausura, presidida por el Hermano Director Roberto Coronado, quien, con palabras sencillas, pero de gran calidez felicitó a todos los jugadores y, sobre lo que más recalcó fue la fraternidad en la que se vivió esta justa deportiva.”[1]
En cada lugar donde estuvo el Hermano Roberto dejó dos improntas: una, promotor de mejoras en las instalaciones escolares y, excelente administrador y otra, el testimonio de un Hermano comprometido con Dios, que vive con profunda responsabilidad la vocación a la que fue llamado. Hermano ordenado y organizado, Hermano entregado y transparente, distinguido y respetuoso.
Hermano que se distiguió por su relacion respetuosa y amable con niños, jóvenes y adultos. Los niños de kinder lo conquistaron, él los visitaba con mucha frecuencia, visita que despertaba alegría y regocijo general.
[1] El Norte de Monterrey 22-Mar-2003 Las Cumbres
Una cualidad que lo distinguió fue la de excelente administrador; el Hermano Roberto siempre fue muy moderado y racional, no gastaba lo que no se tenía y, además, programaba los gastos de las construcciones sin que se descapitalizaran los colegios; construyó nuevo todo el Colegio de Acapulco, dejando en pie solo la antigua primaria donde funcionaba la escuela secundaria Bernardo Zepeda; en Monterrey construye el edificio de la Primaria y Preprimaria del Instituto Regiomontano Cumbres, anteriormente había construido la Preparatoria La Salle de Torreón y el edificio de la Secundaria del Colegio Guadiana. Era muy emprendedor y sabía cuidar el dinero y prever el futuro, algunas veces incierto en las instituciones.
Ciudad Obregón
Te necesito Señor, para esperar la muerte como tu gran abrazo
2007. La tierra donde se inicia la “Revolución verde” y que fue un día el granero de México, recibe al Hermano Roberto como Director del Instituto La Salle y de la Comunidad de Hermanos. El colegio de Ciudad Obregón había quedado sin director las ultimas quincenas del curso 2006-2007, a causa de la enfermedad del anterior Director.
Como en otras ocasiones, le tocó al Hermano Roberto ser un poco ‘apaga fuegos’, o sea, resolver situaciones inesperadas. Para él fue la segunda vez que sustituyó al mismo Hermano Director, hombre muy bueno, pero posesivo de su puesto y de sus amistades; aunque el Hermano Roberto superó las dificultades y, con su saber hacer y su serenidad realizó un excelente trabajo como Director y administrador del Instituto La Salle.
Muy activo, siguió las tradiciones existentes en el Colegio en cuanto a las actividades; un diario local hace el siguiente reportaje: “En medio de la gran Feria Lasallista se eligieron a los nuevos reyes, representantes del Instituto La Salle, resultando ganadores de la corona Daniela Yépiz Durón y Alejandro Gómez Domínguez, quienes fueron coronados por los señores René Gil Adame y Edith Castañeda de Gil, presidentes de la sociedad de padres de familia, así como del director, Roberto Coronado Gallardo.” [1]
Al llegar, lo primero que hace es observar la situación del Instituto en todos sus aspectos y, una vez ya con un cierto conocimiento, va a iniciar algunas transformaciones, que con el tiempo darán sus frutos.
Durante su gestión y, hasta el final de su vida, fue Presidente Consejero de la CNEP, de la región Sonora y, por tanto, a nivel nacional. No solamente en Ciudad Obregón participó activamente, sino también en Acapulco y Monterrey, donde también fue presidente regional de este organismo.[2]
En las vacaciones grandes, ya casi para iniciar al nuevo curso, fue a Monterrey a checar su salud, en la Clínica Nova y le detectaron algunos problemas de digestión y en el intestino. Se hizo estudios pero, la urgencia del nuevo curso no le permitió quedarse para profundizar más su situación; se fue algo aliviado, pero el mal ahí se encontraba, quizá aún encapsulado; el tiempo, que nada perdona, hizo su trabajo y su situación se agravó. “Sus últimos cuatro meses no fueron fáciles. Con mejoras y retrocesos, su salud se deteriora progresivamente y el cáncer avanza sin tregua. A pesar de sentirse enfermo y débil, el Hermano Roberto no expresaba su sufrimiento, no se queja. Cuando se le hizo saber su delicado estado de salud, lo asume con lucidez y serenidad, durante cuatro meses, que concluyen el 27 de febrero del 2012.
A media tarde, acompañado de los Hermanos de su comunidad, recibe con fervor el Sacramento de los enfermos y la Eucaristía. Su situación sigue agravándose. Pocas horas después, a las 21.40, rodeado de sus Hermanos en religión y de familia, se entrega al abrazo del Padre que lo recibe en su amor”.[3]
Uno de los Hermanos de la comunidad, nos relata: “Me despido de él con un nudo en la garganta, en parte por aflicción y en parte por el orgullo de constatar su fidelidad hasta el final. Su último y vívido recuerdo él en mi mente, son sus grandes ojos al entrar en agonía, reflejos de una conciencia y aceptación de su situación, que asimilo yo a las palabras del salmista: ´levanto los ojos a los montes, de donde me vendrá el auxilio del Señor, que hizo el cielo y la tierra; no deje Él resbalar mi pie. Ps 120. 1-3”[4]
El cuerpo del Hermano Roberto fue puesto en la capilla de la comunidad para ser velado y todo el día 28 fue visitado por muchos alumnos del Instituto y de la ULSA y por padres de familia; todos ellos demostraban el gran afecto que tenían al Hermano.
El 29 de febrero, a las 5.00 pm fue la Misa, en Catedral. Juntos alabamos a Dios y le agradecimos por el don que fue para nosotros el Hermano Roberto. Que Dios lo tenga en su reino y, que por su intercesión, sigamos recibiendo del Señor sus gracias y sus dones, como fue para nosotros el Hermano Roberto .[5]
En la oración fúnebre, que se dijo en la Santa Misa, el Hermano Visitador resalta puntos muy interesantes de la vida de nuestro Hermano:
“La muerte ha despertado siempre variedad de reacciones y emociones, desde la sorpresa, hasta la incredulidad, la negación y el rechazo, sin dejar al lado el dolor, en distintas intensidades. El término de la peregrinación de nuestro Hermano Roberto también suscita distintas reacciones.
Como seres humanos, sentimos la perna que causa toda separación, sobre todo cuando esta es inesperada. Aunque la muerte no sigue ninguna lógica, hemos aprendido a esperar su llegada en un rango de edad que, creíamos no era la de Roberto. Desde luego que lo sabíamos enfermo, pero confiábamos en su recuperación y en la continuidad de su peregrinar.¡Bendito sea Dios!
Como creyentes en la Resurrección de Jesucristo, primicia de la nuestra, confiamos que Roberto, luego de haberse unido a la muerte de nuestro Salvador, comparte con Él también su victoria sobre la muerte y preguntarle. ¿Dónde está, oh muerte tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón?
Como lasallistas, nos llena de orgullo saber que uno más de nosotros ha logrado la fidelidad de su consagración al Dios de la vida. Como el siervo fiel y el administrador prudente, descritos en el Evangelio, Roberto ha comparecido ante su Señor y le ha rendido cuentas positivas de los talentos que le confió, para ponerlos al servicio de los demás. No solo eso, también nos alegra porque, en Roberto tenemos otro intercesor en el cielo. Él se suma ahora al número de Hermanos y de otros lasallistas que, por haber perseverado en las fatigas propias de la misión, saben la gran necesidad de la gracia y abogan por que lo recibamos quienes continuamos aún en la marcha.
Sigue un himno de acción de gracias, del cual se extraen unos párrafos:
Damos gracias, en primer lugar, a Dios, quien se dignó llamar a Roberto a la existencia y lo colmó de dones que Roberto supo convertir en regalo para su familia y para muchas otras personas, cuyas vidas él tocó y transformó…
Nuestra gratitud se extiende al papá, a la mamá, las hermanas y los hermanos de Roberto, algunos de los cuales nos acompañan hoy, aquí. En nombre propio y de los Hermanos Lasallistas del Distrito, les agradecemos que hayan comprendido, aceptado y apoyado la vocación de su hijo y hermano. Gracias a su cristiana actitud, Roberto formó parte también de nuestra familia. Roberto hermanó su familia a la nuestra. Creo que esto lo supieron siempre y, recientemente, durante la visita a Obregón para acompañar a Roberto en su enfermedad, lo confirmaron. La lógica es sencilla: El hermano de mi hermano ¿qué será? Desde luego que también mi hermano. Ustedes y nosotros llamamos Hermano a Roberto. Unidos pues, ustedes y nosotros, damos gracias a Dios por todo lo que aportó a nuestras vidas, con su presencia atenta, discreta, respetuosa y siempre amigable.
Nuestro agradecimiento es también para muchas personas que apoyaron a Roberto, desinteresada e incondicionalmente, a lo largo de su carrera como educador y administrador de centros educativos…
…Para la comunidad de ciudad Obregón, un especial y profundo agradecimiento. Ustedes fueron para Roberto signos del cuidado amoroso que Dios tiene para sus hijos. A pesar de la intensa carga del trabajo diario, ninguno escatimó nada para dar a Roberto lo que necesitaba: presencia, palabras de aliento, servicios, oración. Su actitud fraterna ha sido un signo que ha hecho a la comunidad visible y creíble…
Prosigue la oración fúnebre y termina con estas sentidas palabras: Por haber practicado la justicia y haber enseñado a otros a hacer lo mismo, tu destino anunciado desde antiguo por el profeta Daniel (12,3), será brillar como estrella por toda la eternidad… Nuestra separación, como dice el canto scout: no es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós, hasta que el Señor nos vuelva a reunir.
Roberto, nuestra fe en Jesucristo nos da la certeza de que vives. Tu nueva casa es precisamente el corazón de Jesús y, cómo deseamos también sea la nuestra. Mientras esto sucede, ruega para que Jesús viva en nuestros corazones, por siempre.”[6]
[1] El Imparcial 11 de marzo 2008
[2] Revista de CNEP octubre de 2009
[3] Hermano Lorenzo González K. La Salle en México Norte abril 2012
[4] Hermano Fernando Alvarado
[5] Ibid referencia 10
[6] Hermano Visitador Gustavo Ramírez, La Salle en México, abril 2012