Hno. Guillermo GONZÁLEZ VILLANUEVA
Nació en Torreón, Coah. el 22 de agosto de 1954.
Fue llamado por el Padre del cielo el 25 de febrero de 2016 en Monterrey, N.L.
a los 62 años.
Primeros años
La Región Lagunera, es tierra donde el desierto florece, tierra que fue poblada, durante los primeros años del siglo XX por personas de diversos lugares: mexicanos, que venían de los estados de Zacatecas y Aguascalientes; españoles, alemanes, norteamericanos, ingleses, holandeses, libaneses, chinos, franceses, palestinos, griegos etc...
Torreón, una de las tres ciudades laguneras; con el trazo de sus calles, por lo general amplias y rectas, con algunas avenidas principales, adornadas de camellones con palmeras y flores, entre ellas la Avenida Morelos que, por los años 50 y 60’s fuera el paseo de la juventud lagunera; precisamente, en esta avenida estaba la casa de la Familia González Villanueva, una casona de fachada de cantera, con grandes ventanales y un espacioso patio central, tradicional en las casas coloniales, de cierta tradición española
El hogar de la familia González Villanueva estaba formado por el Sr. Julio González Antón, español, originario de la región de Logroño y de la Señora Enriqueta Villanueva, originaria de Nieves, Zacatecas; una familia de gran raigambre cristiano y trabajadora, que Dios bendijo con ocho hijos: María Enriqueta, Guillermina, Rosa María, los gemelos Julio y Marcelino, Margarita, María de Guadalupe y Guillermo, el benjamín de la familia, que llegó el 22 de agosto de 1954, como gran bendición de Dios para sus padres y hermanos.
En esta hermosa familia, Memo creció con gran amor y bajo la mirada atenta de sus padres y de sus hermanos mayores, que le dieron una educación esmerada y fina, que le caracterizó toda su vida; los valores cristianos fueron infundidos por sus padres, de quienes aprendió el nombre de Dios y fueron sus primeros catequistas.
Inició su primaria en el Instituto Francés de la Laguna, de Gómez Palacio, Dgo., escuela que estaba en su apogeo y desarrollaba una gran actividad académica, artística y deportiva: alberca olímpica, orquesta juvenil, coro polifónico, todos los deportes, un gran internado de más de 200 jóvenes y una comunidad religiosa de cerca de 20 Hermanos Lasallistas, que educaban a un millar de niños y jóvenes.
Memo fue un buen alumno durante su primaria y, al final de esta oyó la voz de Dios en su interior, que le llamaba a servirle como Hermano de las Escuelas Cristianas, invitación que con el tiempo y la formación se fue cristalizando en el alma generosa y entusiasta del adolescente.
Entrada al Instituto y formación del Hermano Guillermo
En el verano de 1966, con apenas de 12 años, Memo entró al Noviciado Menor de León, junto con otros dos jóvenes laguneros que, si bien los tres llegaron a ser Hermanos, solo Memo perseveró.
La comunidad formadora estaba integrada por el Hermano José Luis Casillas, como director, Hermano de gran experiencia y con un don de gentes muy especial para la formación de los adolescentes, sabía despertar los valores en los jóvenes, a la vez que los invitaba a superarse y a realizarse como personas; lo acompañaban en esta labor tan importante los Hermanos Pedro Córdoba, José Manuel Ramírez, Felipe Pérez Gavilán, Francisco Hernández y Javier Velázquez. Todos ellos personas muy notables, algunos por su experiencia y sabiduría, otros por su entusiasmo juvenil, que imprimían un contraste favorable en el plan de formación y sabían estar cerca de los jóvenes.
En esa casa se estudiaba con generosidad y a buen nivel académico; los jueves era el día de paseo, en que se fogueaban la fuerza y la destreza, a la vez que se conocían lugares como la presa del Palote, el Cerro Gordo, Ibarrilla, los Castillos, el Cerro del Gigante y los paseos de todo el día a la Sierra de Santa Rosa, Guanajuato, Cristo Rey del Cubilete, entre otros lugares. Quizá en estos paseos y en los que realizó en el Noviciado Menor de Saltillo, desarrollaron en Memo el gusto por la naturaleza y descubrió el valor del esfuerzo y de la constancia para lograr lo trazado.
Otros momentos que forjaron a Memo fueron los Campamentos de la Asunción Malacatepec, Edo. De México; la Haciendita y sus alrededores fueron lugares de formación del carácter de los jóvenes. Ciertamente, tenían una excelente organización: los novicios menores se dividían en patrullas, cada patrulla tenía su capitán y cada patrullero una responsabilidad; se sucedían paseos de todo el día, pistas, realización de comidas en el campo y se culminaba con el paseo a Valle de Bravo, distante cerca de 20 kms. En campamento cada novicio menor lavaba su ropa, hacían el aseo de la casa; por cama se tenía un rústico catre, el baño era en la alberquita de la huerta, vida ruda que, para algunos fue una gran prueba para permanecer como novicio menor; para Memo, sin lugar a duda, fue prueba que formó su carácter y que nunca se le hizo carga, sino que, con gran entusiasmo y generosamente, lo vivió.
En este tiempo le pusieron a Memo el sobrenombre de “Pajarito”, porque, según cuentan, con el gallo del cabello parecía el Pájaro Loco, de las tiras cómicas, pero ya había alguien a quien le decían el ‘Pájaro’ y, por eso quedó como “Pajarito”, apodo que lo acompañó toda su vida, sin que le hiciera perder la calma. Para muchos que lo trataron era una forma de cariño y cercanía decirle: “Memo el Pajarito”.
Estas experiencias vividas en su formación inicial, le servirían mucho, cuando él mismo fuera formador, tanto en León, como en Saltillo y, años más tarde, en el Postulantado y en el mismo Voluntariado.
En 1971 pasa al Noviciado Menor de Saltillo, donde cursa su Preparatoria; uno de sus compañeros de generación lo describe de la siguiente forma: “En el Aspirantado de Saltillo, la generación que nos antecedía era la de Gerardo Martínez, Alberto Flores C, Rodrigo Treviño.
Cuando se terminaba la estancia de un grupo en León, había la costumbre de que la generación mayor, en el verano, iba de Saltillo a León para acompañar en el traslado de los nuevos; se pasaba por Zacatecas y se hospedaban en el Colegio Margil.
En el Aspirantado de Saltillo, algunas de las instalaciones estaban en construcción, de tal manera que, Villa La Salle estaba en proceso de crecimiento; el dormitorio, al principio era corrido y, después, eran tres aspirantes por cuarto”[1].
Los Hermanos formadores fueron Jorge Bonilla, como director y el subdirector Pedro Córdoba Concha, “Fre. Víctor”, hombre sabio, de recio carácter, de gran corazón y de gran ciencia, que impulsó y marcó a muchos jóvenes retándolos a realizar en su vida grandes ideales.
“Desde la formación, Memo se caracterizó por ser muy entrón, participaba en todo: apostolado, paseos, especialmente los de montaña, en el deporte, el estudio, en las matemáticas era número uno y, en la parte espiritual, también.”
En cuanto a su vocación, un compañero nos dice: “Creo que tuvo muy claro que era Dios quien lo llamaba, como a Abraham, cuando Dios le dijo: Sal de tu tierra y ven a la que te mostraré. Gn 12, 1 y ss.
Vivió a plenitud el Espíritu de Fe y, como Moisés, en el desierto, que se encontró con Dios en la zarza ardiendo; él lo supo encontrar en su comunidad y entre los jóvenes, como buen formador que fue, la mayor parte de su vida.
Con todos se relacionaba muy bien, era un líder conciliador, ayudaba al que tenía menos recursos intelectuales, era muy inteligente, ponía sus cualidades y dones al servicio de los demás, siempre tenía el chiste o la puntada oportuna, era muy puntual y participativo en todos los momentos comunitarios; al terminar la preparatoria dirigió el discurso de su generación, en la Preparatoria del Colegio Ignacio Zaragoza”[2].
Este estilo y forma de ser los mantendría durante toda su vida, en la comunidad y en la misión que Dios le encomendó.
Memo se destacó por su entrega al estudio, fue brillante en su desempeño, así como líder en medio de sus compañeros, que lo consideraban como un’ cerebrito’, por su capacidad intelectual y como el gran caminante, por su fortaleza y su capacidad para recorrer grandes distancias a pie.
Noviciado
El tiempo pasa, y la siguiente etapa de formación se le presenta. Memo, generosamente dice sí al Señor y se encamina a Lagos de Moreno para realizar su Postulantado y, más tarde, el Noviciado. La dirección de los Hermanos novicios, estaba en manos del Hermano Bernardo Alfonso Grousset, un hombre prudente, sabio y de gran virtud, aunque ya en ese momento cansado, pues llevaba 8 años como Director de Noviciado y, además, su salud se había debilitado, pero su santidad y su influencia sobre muchos de sus novicios era notable. En esta labor formativa lo acompañaba el Hermano Leopoldo Angulo, hombre bueno y prudente, antiguo formador de aspirantes y fundador de varias obras lasallistas, como director. Para todo novicio, los momentos importantes en su vida como religioso, son la Toma de Hábito, que para el Hermano Guillermo fue el 16 de octubre de 1971; gran fiesta en la que lo acompañaron sus papás y algunos de sus hermanos. Entre sus compañeros de Toma de Hábito se encuentra el Hermano José Manuel Orozco.
En los últimos dos años de directorado del Hermano Bernardo Alfonso Grousset escribió: que eran tiempos difíciles de adaptación, de asumir los retos y de enfrentar nuevas dificultades, tanto en los procesos de formación, como en los cambios sociales y culturales con los que llegaban los postulantes[3]. Habían cambiado los tiempos y, desde esa época, el Hermano Guillermo supo adaptarse y aprovechar lo mejor de lo que la formación iba aportándole.
[1] Hno José Manuel Orozco Jiménez
[2] Ibid
[3] Histórico del Noviciado citado en La Salle en México, noviembre 2013
TOMA DE HÁBITO DEL HERMANO MEMO.
EL HERMANO JOSÉ LUIS CASILLAS, SU PADRINO. EL HERMANO GILBERTO LOZANO LE DA EL HÁBITO
SUS PAPÁS LO ACOMPAÑAN
- ÉL HACE LA PROMESA DE LA TOMA DE HÁBITO A NOMBRE DE SUS COMPAÑEROS
“Durante el Noviciado siempre estuvo dispuesto a servir; era uno de los choferes que manejaba la troca Chevrolet, de tres toneladas, que se convertía en el medio de transporte en paseos y traslados, tanto a lugares cercanos, como a paseos o cursos lejanos”[1].
El 6 de enero de 1973, fiesta de la Epifanía, fue el día bienaventurado y de gran y santa alegría, pues ocho generosos jóvenes terminaban su Noviciado y se consagraban al Señor por los votos religiosos, e iniciarían ponto su preparación para ejercer el apostolado de la escuela.
Eran tiempos de cambio y, con este grupo se terminaban los grupos de 18 meses de Noviciado. Junto con el Hermano Guillermo hicieron sus primeros votos los siguientes jóvenes: Luis Nájera Corral+, Juan Luján Gutiérrez, Jesús Francisco Gallegos Castañeda, Francisco Javier Duarte Rosas+, José Luis Sánchez Lira y José Manuel Orozco Jiménez
[1] Hermano José Manuel Orozco J.
Escolasticado
Una semana después de haber emitido su primera profesión, inició el Escolasticado, en la ciudad de Monterrey, en la comunidad del CLES y, de inmediato se incorporaron a los estudios universitarios, en la Universidad de Monterrey. En esta casa tuvieron como director al Hermano Guilebaldo Orozco, una persona que ha marcado a muchos Hermanos y ha sido un gran formador, del cual el Hermano Memo aprendió, de seguro, grandes lecciones de trato humano y de serenidad en las decisiones y que más tarde aplicó en las distintas casas de formación en las que trabajó. No es de dudar que, por consejo de su Hermano Director de escolasticado, haya sido enviado como profesor formador a León.
Los nuevos Hermanos escolásticos ingresaron al segundo semestre de la carrera de Ciencia de la Educación, con el serio compromiso de ir cursando las materias faltantes del primer semestre de la carrera; la ayuda de los Hermanos Gerardo Martínez Luna, Alberto Flores Cantú, Rodrigo Treviño Fernández y Raúl de la Torre López, para integrarse en un solo grupo de Escolasticado, fue muy valiosa. Junto con la carrera de educación iniciaron su carrera de Educadores en Fe, en la Universidad La Salle de México.
El día de la Misa de cuerpo presente del Hermano Guillermo, asistieron varias de sus compañeras de estudio en la Universidad y, una de ellas escribió lo siguiente: “Hoy estuvimos varias de sus compañeras de la carrera de Ciencias de la Educación de la UdeM, que tuvimos la fortuna de conocer a Memo, "el
Pajarito", como le decían sus Hermanos Lasallistas y nos dio mucho gusto escuchar todo lo bonito que hablaron de él. Creo que nos dio una lección de fuerza, entereza y fe.
¡Estamos segurísimas de que ya está descansando con Dios Nuestro Señor! Tus compañeros de la UdeM, ¡No te olvidaremos![1].
Tres años y medio pasaron pronto, entre prácticas escolares, experiencias comunitarias, trabajos y tareas escolares y clases en el Colegio Regiomontano Contry, que prepararon al Hermano Memo a su primer apostolado en el Aspirantado Menor de León.
[1] Sonia García Santos.
Hermano de Comunidad
Los superiores vieron en el Hermano Memo grandes cualidades como formador y desde su primer destino, León y, después Saltillo, ayudaron a perfilar y a forjar los rasgos de formador y acompañante de jóvenes con un ideal de consagración al Señor, como Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Comunidad del Aspirntado de León, Gto.: Los Hermanos Francisco Hernández Zermeño, Guillermo González Villanueva, Juan Fernández Eguía, Gabriel Caballero, Eduardo Rodríguez y Leopoldo Narro.
Más tarde, este perfil se aquilatará más, con los 12 años que estará en el Postulantado, los tres de subdirector de Noviciado y, como culmen de su carrera formadora, su última comunidad, el CLES, en la que el Hermano Visitador le confió la dirección de los jóvenes Hermanos que se preparan para su apostolado educativo.
El Aspirantado Menor de León, Gto. lo recibió como maestro de primero de secundaria, el año de 1976 y, estará en esa comunidad hasta el verano de 1978, en que fue enviado al Aspirantado Mayor de Saltillo. Su trabajo fue de profesor, compañero, acompañante y Hermano mayor de cada uno de los aspirantes. Siempre, las casas de formación han demandado de los Hermanos que ahí viven una entrega completa, los siete días de la semana.
Le toca al Hermano Memo colaborar muy activamente con el Hermano Francisco Hernández Zermeño y el Hermano Juanito Fernández, en el traslado del Noviciado Menor de León a Guadalajara; nueva experiencia y nuevos retos, que enfrenta con gran valor y entusiasmo. Ciertamente, no fue fácil el cambio; quizá, como lo expresó muchas veces un antiguo Hermano Director de esa casa, con un cierto dejo de enojo e indignación, diciendo que el cambio había sido una decisión arbitraria, impositiva y, poco discernida[1] [1] Hermano José Luis Casillas, comentado por el H. José Luis Esquibel
En el Consejo de Distrito se escribió lo siguiente, como razones válidas para el cambio: “Creemos que la situación de los jóvenes de Secundaria, en situaciones normales, como en cualquiera de nuestros colegios, promete al adolescente desarrollar y madurar armoniosamente su proceso psíquico, afectivo, sociológico, sentido de responsabilidad, conocimiento intelectual y estructuración de la personalidad a base de su escala de valores”[1].
El Hermano Guillermo fue maestro de la Secundaria, impartiendo las clases de Matemáticas. Un alumno de aquellos tiempos, que tuvo una relación especial con él, nos dice lo siguiente:
“Hay personas que, simplemente dejan huella en el corazón; hoy, falleció el Hermano Memo, mi gran maestro de mate, un fantástico y ejemplar Hermano lasallista, mi gran amigo, que siempre estuvo dispuesto a darme un buen consejo y que siempre me quiso a mí, a mi familia, y a mi padre. Uno de esos hombres que uno quisiera que nunca se murieran. Nunca lo olvidaré, Hermano, siempre con su sonrisa y su don de gentes; se lleva con usted el gran cariño que por usted siento. En fin, un hombre que dejó honda huella en mi corazón”[2].
También tenemos testimonios de personas que, en su adolescencia o en su juventud, estuvieron bajo el cuidado del Hermano Memo, ya sea cuando fue profesor en la Preparatoria del Colegio Ignacio Zaragoza y subdirector del Aspirantado, bien cuando estuvo en León, como maestro. Un antiguo aspirante de Acapulco dice lo siguiente:
“Gracias por haber dado vida a las palabras de nuestro Santo Fundador, por tocar el corazón de tantos que tuvimos la dicha de compartir contigo el camino y crecer con tu ejemplo... Hoy te adelantas, dejando un vacío que se apodera de bellos recuerdos.
Me quedo con tu sonrisa incomparable, tus palabras y consejos sabios, la entrega desmedida a tu trabajo, tu alegría oportuna y el gran amor que siempre mostraste a la vida, a pesar de las adversidades. Después de tanto trabajo y lucha, te has ganado el cielo... Mi querido Hermano Memo, nosotros, aquí, seguiremos tu ejemplo para volvernos a encontrar”[3].
Es difícil imaginar que no estás físicamente entre nosotros...
De tu chamba como educador, como formador de personas respetables, los únicos responsables de decirle al mundo cuán bueno fuiste, somos los que estuvimos a tu cargo.
Ayúdanos a que te sientas orgulloso de nuestro comportamiento, como buenos hijos de Dios”[4].
Aspirantado Mayor de Saltillo, Coah. 1978 a 1982
El paso de un Hermano de un Aspirantado al otro, es que fue juzgado por los Superiores como una persona apta para continuar su misión de formador. El trabajo del Hermano Memo fue apoyar a los Hermanos Directores, primero como profesor en la Preparatoria del CIZ y presencia en el Aspirantado. En 1981, fecha en que toma la Dirección el Hermano Juan Fernández Eguía, el Hermano Memo es nombrado subdirector[5], trabajo que implicaba mucha responsabilidad, pues era el encargado de compras, de atender a los jóvenes cuando había algún problema de salud. Fiel y obediente a sus directores, siempre fue muy apreciado por todos, tanto en el Colegio, como maestro, como por los aspirantes y Hermanos de la comunidad.
[1] Bernardo A. Grousset en La Salle en México III página 207
[2] Alberto Prieto Martínez· Guadalajara (México) ·
[3] Raúl Benjamín Peregrina
[4] José Luis Martínez López ex aspirante de San Juan de los Lagos
[5] Bernardo A. Grousset La Salle en México III pág 407
Estando en la comunidad del Aspirantado de Nuestra Señora del Gran Riesgo, pintura de María Santísima con muchos simbolismos, que representa el riesgo del Sí que María da al Señor, invita a todos a lanzarse en ese riesgo de entrega al servicio de Dios; al Hermano Memo le tocó el tiempo de su profesión Perpetua y, en el retiro del verano de 1979, el 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo, ratificó la entrega que había hecho en sus primeros votos: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con el más profundo respeto ante vuestra infinita y adorable majestad, me consagro enteramente a vos para procurar vuestra gloria, cuanto me fuere posible y lo exigiereis de mí…” consagración que hizo vida y que testimonió con su actuar, tanto como maestro, coordinador y director.
Nueva etapa: el Hermano Coordinador
El puesto de Coordinador lo va a ejercer de 1982 a 1990 y, tres colegios se van a beneficiar de su trabajo de: organización, orden y disciplina, acción de mediación y de servicio a la comunidad educativa, en otras palabras, era el responsable de que la escuela ‘fuera bien’, en expresión del santo De La Salle.
En Durango fue coordinador general del Colegio Guadiana. Eran tiempos de la educación personalizada, que implicaba, ciertamente, mucha libertad pero, a la vez, mucha creatividad, control del proceso educativo y del orden, para que se desarrollara convenientemente y se tuvieran buenos resultados. No era una tarea fácil para él.
“En Durango sus exalumnos lo recuerdan como un gran hombre: Fuerte, pero cercano; congruente con su exigencia. Para algunos pocos, un tanto violento. Para la mayoría, según pude concluir de lo que escuchaba, muy amado. Congruente es el adjetivo que más se le atribuía. Fue muy feliz en esa etapa”[1].
Después de dos años como coordinador general en Durango, es cambiado al Instituto Francés de la Laguna, la escuela donde se formó, en su tierra, y ahí le tocó ser profeta. Tres años estuvo de responsable de la Secundaria, sección que tenía cerca del medio millar de alumnos; sembró orden, alegría, comprensión y grandes amistades. Fue el Hermano siempre dispuesto al trabajo, a la colaboración en las actividades generales del Instituto, ayuda eficaz para la dirección de la Institución, donde se supo ganar el aprecio de maestros, padres de familia y alumnos. Los tres cursos escolares de 1984 a 1987 pasan pronto y recibirá también nuevas misiones.
Un testimonio de un exalumno de esa época nos dice:
“…Como un humilde, pero, sentido homenaje a un Hombre que, con su vida dio testimonio y ejemplo de los valores lasallistas, del ser cristiano cabal.
Mi admirado coordinador, maestro, hermano en Cristo y amigo.
Hermano Guillermo González Villanueva, hasta el cielo, donde estás ahora, te envío un muy fuerte abrazo. Triste por tu partida, pero feliz de saber que ahora todos los que te conocimos (y los que no) contamos con un gran intercesor, que ya goza del premio que recibió por gracia, pero conservó con su vida meritoria. El sí que un día diste a Dios, ahora tiene ya su plenitud”[2].
[1] Testimonio de José Luis Esquibel que lo oyó de los alumnos del Hermano Memo, y ahora son padres de familia del Colegio Guadiana
[2] Ricardo Garibay García exalumno del IFL
Monclova, Coordinador y, más tarde, Director General.
El Colegio La Salle de Monclova había crecido. Dos años antes se inauguraba la Preparatoria y, poco tiempo después, la preparatoria vespertina, para jóvenes de escasos recursos; la ciudad nunca fue fácil, pues cuando una cosa no les parecía, venían los “periodicazos” como resultado de algo que no les gustaba y, en algunos casos, hasta demandas. Al Hermano Memo le tocó llegar en este tiempo en que ser coordinador de la Secundaria y la Preparatoria era un reto; la disciplina era difícil y había un grupo de alumnos que no conocían mucho del orden y la obediencia.
El Hermano Memo, siendo sistemático y ordenado, pronto exigió una buena disciplina y un buen orden, que garantizara la buena calidad de la enseñanza aprendizaje; el resultado fue que algunos alumnos se desquitaron rayando los baños, poniendo recados en contra del Hermano y, un día, aparecieron varias bardas de la colonia con letreros insultantes para el Coordinador de la Salle; pronto esto se superó y pudo trabajar muy bien, pues supo ganarse los corazones y llegar a ellos por la calidez de su relación y de su bondad.
Comentando el propio Hermano Memo, sobre su estancia como Director, a los postulantes, les decía lo siguiente: “que para él fue una experiencia como de fracaso, que lo hizo, incluso, dudar de su capacidad para ser director de una institución”[1].
Una exalumna de ese tiempo escribió:
“¡No dejas de sorprenderme, ¡Hermano Guillermo, cada mensaje, enseñanza, remembranza o imagen tuya, están llenos de admiración y amor hacia ti…estoy segura de que ya estás más que feliz y gozando de esa paz y recibiendo el amor de Nuestro Señor, que lo tienes más que ganado, no es más que el fruto de tu gran vida y ejemplo a seguir, para todos aquellos que estuvimos en algún momento cerca de ti!”[2].
[1] José Luis Esquibel
[2] Luna Thompson Griselda
Uno de sus alumnos de la Preparatoria de Monclova, al que le dio clase, deja el siguiente testimonio, sobre la ciencia y la formación académica que daba el Hermano en sus clases: “Fue un gran honor y toda una dicha haberlo conocido en mi juventud y haber podido aprender tanto de la historia de México, pero no la que todos conocen, sino la verdadera, la que no enseñan en los libros de la SEP. Pero lo que mejor aprendí de usted, es tener una verdadera vocación.
Un joven que se dedicó, ya como profesionista, al arte, da este testimonio: … “El Hermano Guillermo, el director de mi escuela, en mi ciudad natal y, uno de los pocos maestros que me apoyan como un artista joven, me hizo jugar básquet ball; yo tenía miedo, porque todos mis profesores se habían cansado de mí, ya que los dibujaba y caricaturizaba; como estudiante, era rebelde. El Hermano Guillermo ayudó a las comunidades pobres y fue una gran persona, con mente abierta. Colaboré con él haciendo pancartas y dibujos, para los eventos que él organizaba en la secundaria…”[1]
[1] Gerardo Arellano
Monclova, Coahuila, nuevamente, pero ahora como Director general del Colegio La Salle, de julio de 1994 a julio de 1996.
Su presencia en esta obra fue aire fresco para toda la comunidad educativa. Fue muy querido y apreciado por la sociedad, que ya conocían su forma de actuar y de ser. En un momento exclamó: “Bendito Dios, que me permitió vivir 5 años de mi vida entre gente linda... Los monclovitas de La Salle... Pido que los bendiga a todos...”[1].
[1] Hermano Guillermo en su Facebook como respuesta a un saludo de un exalumno
Algunos rasgos de la personalidad del Hermano:
Por medio de los testimonios que muchas personas escribieron el día de la llegada a la Casa del Padre, del Hermano Memo, se descubren muchas de sus cualidades, como formador de personas; un ser con rasgos carismáticos muy especiales, ya que sabía dar a cada cual su lugar, sin empequeñecerlos, consiguiendo inspirar a los que lo rodean, para que den lo mejor de ellos mismos.
Contaba con una gran capacidad de inspirar, porque sabía escuchar, y eso era muy importante para quienes estaban a su cargo; era muy buen comunicador y sus ideas eran apreciadas.
Los testimonios hablan claro de que sabía crear confianza e inspiración, que le permitían corregir errores y hacer comprender los aciertos de las personas; era un Hermano que era creíble y que su palabra era referencia para todos los que tuvieron la oportunidad de tratarlo.
Otra de sus características es que no era conformista, era capaz de poner en marcha procesos correctivos cuando veía las cosas mal y, a la vez, potenciar las virtudes de los que le estaban encomendados, con motivaciones y acciones precisas y certeras.
Era un Hermano visionario, que era capaz de elaborar y llevar a otros para que elaboraran un proyecto personal e intransferible, que les permitiera tener una visión acertada de su misión en la vida y, en el caso de los Hermanos, de su consagración y de su misión como religiosos.
Era capaz de tomar riesgos y de invitar a otros a que los tomaran, riesgos que siempre implicaban sacrificio; sabía ser el primero en el trabajo, la nota alegre en la fiesta, la palabra amable en la dificultad, predicaba con el ejemplo, no pedía nada que antes no lo hubiera hecho él mismo.
El Hermano Memo fue creativo, con ingenio y capacidad para transformar, lo prueba la formación de los cursos para los postulantes, los cambios que realizó en el voluntariado de El Salto. Su presencia era seguridad de que lo que se emprendiera iba a tener un buen fin. La crítica a los demás no estaba en su boca, hablaba de frente y sin circunloquios, era de las personas para quien lo importante era el bien común y que cada persona se realizara en su proceso de formación. Cuando su descontento era manifestado es que era necesario realizar acciones que condujeran al cambio y a una acción diferente; “aunque algunos de los que fueron formados por él, entre los pocos aspectos susceptibles de crítica, era cómo criticaba a un formando con otro, llegando a ser ‘ácido’ y terrible”[1].
Fue una persona sumamente humana, con una visión clara, con un objetivo preciso y con una entrega total a su vocación de educador.
Algunos testimonios: “Pues bien, tuve la fortuna de conocer a una persona que no aplica esta generalidad, dice: que hay que morir para que entonces las personas valoren lo que hiciste; supongo que por su misma naturaleza, que era la de ser especial, diferente, de carácter firme y estricto, pero al mismo tiempo sencillo, amoroso, cordial, tenía algo que para mí fue significativo.... TENER SIEMPRE UNA PALABRA ALENTADORA, VALORAR TODOS TUS ACIERTOS PARA QUE NO SE TE OLVIDARA PARA QUE ESTÁS AQUÍ Y LO IMPORTANTE QUE ERES DESEMPEÑÁNDOTE EN EL ROL QUE DIOS TE HA ENCOMENDADO. Gracias por los regaños, las enseñanzas, tus oraciones y, sobre todo, por hacer que valore aún más mi vocación y lo que soy”[2].
Un exalumno de Monclova escribió, días antes de la muerte del Hermano Memo: “Cuando el destino pone en tu camino personas que dejan huella en tu vida, los años solo hacen que valores más a esa persona”. El día de su partida: “Hay personas que dejan huella en tu vida, otros que dejan una marca indeleble. Hermano, hoy doy gracias a Dios porque el camino de mi vida se cruzó con el tuyo, es un placer haber conocido una persona que, como tú, con gran corazón, entregado a la misión Lasallista, has sido amigo, maestro, consejero y, realmente, un Hermano”[3].
“Gracias por ayudarme a descubrir el cielo aquí en la tierra, por tus consejos y abrazos sinceros pero, sobre todo, gracias porque con tu vida tocaste la mía y la de muchos más! Te quiero siempre, Don Memo, y me quedo con la alegría de ti en mi corazón”[4].
Una exvoluntaria de El Salto, escribió algo que nos permite ver muy bien la personalidad y la presencia del Hermano Guillermo, como educador, guía y compañero de camino: “...muchas gracias por el aprendizaje y por cada momento que, como Hermano, nos diste! Sin duda, una de las personas más entregadas y comprometidas que conocí y con una vocación impresionante… Gracias por las risas, por los regaños, por los consejos, clases, anécdotas y excelentes fotografías de momentos que marcaron mi vida”[5].
En los testimonios de personas que vivieron cerca de él, se resalta mucho su lado humano, sus características de líder nato, sus cualidades de acompañante y se ve el trasfondo de su vida religiosa.
Como religioso, tenemos en el Hermano Memo un ejemplo de regularidad bien entendida, fiel a su oración, meditación y Eucaristía, fiel devoto de María Santísima, exacto en el cumplimiento de sus deberes de estado y en su entrega al Señor; un hombre de Dios. Un Hermano lo ve como un “Testimonio de fe y fidelidad”[6], otro agrega: “Un gran testimonio de paz y alegría en medio del dolor, un gran estímulo para los que aún caminamos en este mundo”; uno más, dice: “Un gran testimonio de entrega, fidelidad y apasionado por los jóvenes”. Otro lo considera como “Un regalo de nuestro buen Padre Dios, que nos dio en Memo”. otro mensaje dice: “Un hombre sencillo y de Dios. Con profundo respeto y amor a la vida…” “Memo nos deja muchas enseñanzas y, sobre todo, su gran compromiso de haber sido un Hermano a carta cabal, entregado y confiado en la voluntad de Dios”[7].
[1] José Luis Esquibel
[2] Dulce Bonilla, exalumna de Gómez Palacio.
[3] Enrique Arizpe, exalumno de Monclova.
[4] Leonor Márquez Medrano ex voluntaria de El Salto
8 Aranzazú Sb. Ex voluntaria del Salto, de Guadalajara.
[6] Hno Carlos Miranda
[7] Testimonios de los HH Juan Pablo Sánchez, Javier Balam, Salvador Valle, Rodrigo Sandoval y Carlos Castañeda.
Dos Hermanos, uno que fue su novicio, cuando era subdirector de esa casa y, el otro, que fue su postulante, nos dan un testimonio de gran valor sobre el Hermano Guillermo, el primero dice:
“Memo ¡Solo tú¡
Solo tú sabías ser un Jesús, vistiendo gabán botas y sombrero, solo tú viajabas cuatro horas para estar con la gente que te quería, en una Misa de 45 minutos en Ojo de Agua o en Mesa del Pino.
Solo tú sabías traer a Piporro en un casete y el Evangelio en la mente, solo en ti el albur era cariño y la carrilla regalo.
Solo tú sabías ser el director que todo lo decide y el subalterno que todo lo obedece, solo tú sabías permanecer humilde y brillar con el servicio de tu inteligencia y tú criticidad. Solo tú eras el señor director y el mejor amigo de los intendentes; fuiste siempre el más directo, el más sincero, muchas veces el más fuerte.
Solo tú, religioso 24 horas, los siete días, formador de muchos, amigo de todos, consejero siempre; solo tú, rosario en mano, librito de canto en la mente y folleto de caricaturas listo para el retiro.
Solo tú palmeabas tus manos desesperado y regañabas sin dejar de amar, solo tú, de tu risa e “Po-chi…”en tu voz y en los golpes que le dabas a la impresora y al escáner.
Muchos creyeron que viviste con la cámara en mano pero, bastaba conocerte para saber que no llevabas en las manos más que el corazón, siempre, abierto a sentir, a sufrir, a compartir.
Mándanos Hermanos como tú, ayúdanos a ser Hermanos como tú…solo tú.
Gracias por el privilegio de ser tu postulante, por el gusto de ser tu novicio, por el tesoro de ser tu Hermano, por la alegría de ser tu amigo, por la responsabilidad y el anhelo de ser, en tantas cosas, tu aprendiz.
Los lasallistas sabemos que hay quien vive en los corazones y, hoy, en el nuestro, con Jesús, ¡Solo tú!”[1]
[1] Hermano Alejandro Enrique González Cerna
Otro testimonio por parte de un Hermano que fue su formando en el Postulantado y, que desarrollaron una gran amistad, además que reconoce en el Hermano Memo a un guía espiritual, es el siguiente:
“Memo: Un día me dijiste: “Con nadie tengan otra deuda que no sea la del amor” (Rom 13, 8) y, hoy que estaba contigo en misa, se me venía una y otra vez a la mente y al corazón esa frase, y, ¿sabes? me di cuenta que esa fue tu vida: amar y dejarte amar. Hermano, siempre te vi y sentí amando, cuando preparabas las oraciones para nosotros, los retiros llenos de imágenes, los dulces para el camino, las entrevistas llenas de verdad, al estar hincado ante el Señor, con el Rosario en mano, pidiendo la intercesión de la Santísima Virgen, inculcándonos el amor al Dulcísimo Niño Jesús, en tus abrazos tan fuertes y llenos de cariño, en la defensa de lo bueno y verdadero y, en tantos otros momentos.
Hoy no pude más y, al escuchar el canto que dice: “Te han robado el corazón los muchachos en la escuela, ellos pasan, tú te quedas, algo de ti llevarán…” me doblé y lloré. Han sido tantos los recuerdos que han venido a mi mente, tantas anécdotas y aventuras, que me di cuenta que sí, que sí espero llevar algo de ti y, ojalá sea tu entereza, tu ser hombre recio, pero cariñoso, tu amor a Dios y a la Santísima Virgen, tu deseo de vivir en la verdad y radicalidad, la alegría de tu corazón y la calidez de tus abrazos, así como la gran capacidad de amar y ser amado.
Gracias Memo, porque siempre me sentí amado por ti, gracias por la Virgen que me regalaste, la llevo conmigo con mucho cariño, por la compañía al médico, por los regaños y consejos, por tus abrazos sinceros, por orar por mí, por tus cartas que conservo con alegría, por decirme ‘Sil’ con cariño, por querer a mi familia, por el canto que me dedicaste cuando salía del postulantado, ¿lo recuerdas? “cuando un amigo se va”; por tantas y tantas cosas que no acabaría, gracias, en fin, gracias por ser tú y dejarme ser yo.
Te quiero mucho Hermano, disfruta del cielo que te has ganado. San Juan de la Cruz dice que “al final de nuestra vida solo seremos juzgados en el amor”, y ¿sabes? saliste bien librado. ¡Lo lograste!. Te mando un fuerte abrazo, como los tuyos, hasta el cielo”[1].
El anterior testimonio habla muy claro del gran amor, cariño y dedicación que el Hermano Guillermo vivía y hacia vivir a todos los jóvenes que, año con año le eran confiados. Creo que en este mismo tipo de testimonios coincidirían muchos de los jóvenes que pasaron por sus manos. En él encontramos notas precisas sobre la piedad, cercanía, dedicación, delicadeza y amor con que el Hermano Memo trataba a los jóvenes Hermanos postulantes, sin dejar de ser claro, preciso y, en momentos rudo, en las exigencias y en la congruencia de sus vidas con el ideal que pretendían seguir.
[1] Hermano Silvano Campos Delgadillo
El Estudiante:
Como todo Hermano, Memo tomó muy en serio su preparación académica, como un medio de prepararse para servir, tener conocimientos, técnicas y formas de enseñar, además de la experiencia que se iba acumulando con el tiempo, para ayudar a sus alumnos. Su primer título fue el de Licenciatura en Ciencias de la Educación, por la UDEM, en 1977, al concluir su Escolasticado y, en ese mismo tiempo obtuvo su título de Educadores en la Fe, que se obtenía en ULSA México, a través del estudio de varios veranos; más tarde en 1987 concluirá su Licenciatura en Teología.
Por parte de estudios del Instituto tuvo la oportunidad de asistir a cursos de renovación: el CEL, en 1978, el EREI en 1988 y el curso que, seguramente, más le aportó fue el de la SIEL, curso sobre el Fundador y su doctrina, que vivió en Roma, durante siete meses.
Este tiempo le permitió profundizar el pensamiento y la doctrina del Santo de la Salle y, además, tomar contacto con la universalidad del Instituto.
Para acrecentar su capacidad como formador, aceptó la propuesta del Hermano Visitador, de asistir, durante un semestre, al Curso de Formadores, ofrecido por la CIRM, en la ciudad de México, el año 2002.
Se puede decir que el Hermano Memo fue un intelectual, amante de la lectura, y con un cociente intelectual notable pero, a la vez, destacaba su sencillez y simplicidad al expresar conceptos; sus conferencias eran gustadas y sus clases estaban salpicadas de anécdotas interesantes.
Director de Postulantado
Hablar del Postulantado es hablar del Hermano Guillermo González. Si bien, no fue el creador de esta etapa de formación en el Distrito, le tocó continuar la obra del Hermano Humberto Islas Castañeda, e irle dando forma, creando programas, cursos, y demás actividades formativas.
Al regreso del Hermano Memo de la SIEL de Roma, fue el reemplazo del Hermano Humberto. El postulantado, con el Hermano Guillermo fue estructurándose más y los planes de formación se solidificaron, se implementan cursos, se establecen diez retiros que se van realizando a lo largo del año, se establecen talleres de ayuda psicológica para los jóvenes.
Poco a poco, el Hermano Memo inicia nuevas actividades, entre ellas: la organización de actividades apostólicas, como la catequesis sabatina, en barrios pobres de Guadalajara, la “Ayuda al Peregrino”, en San Juan de los Lagos, a donde acudían él y los jóvenes postulantes, durante una noche, a prestar esa valiosa ayuda a los romeros de María Santísima, que llegaban cansados al puesto de socorro.
Más tarde, fue el responsable, durante la Semana Santa, del campamento de “Sierra de Lobos”, para el Club La Salle y, más tarde se continuará con la misma actividad con los niños de primaria, en “Parmenia”, en la sierra de Durango. La presencia del Hermano Memo hacía que el campamento fuera muy interesante.
En él realizaba muchas acciones, fruto de su creatividad, que gustaban a los niños de los grupos del Club La Salle y, además, era un lanzar a los postulantes a que fueran serviciales y tomaran conciencia de su labor como futuros educadores.
Una actividad apostólica, muy grata, para el Hermano Memo fueron las misiones en Ojo de Agua, una simpática población alteña, con personas muy receptivas y amables, de gran espíritu cristiano, que constituía un alimento a la fe de los propios postulantes; el Hermano Memo estableció una hermosa relación de amistad, conoció a las personas y las amó y ellas lo amaron. Un joven campesino, que asistía a las misiones, con el ejemplo del Hermano Director, se entusiasmó por ser Hermano y, aunque no tenía más que la primaria terminada, hizo el esfuerzo y logró obtener los estudios para poder llegar a ser Hermano.
Otro lugar de misión, también muy querido por el Hermano, fue Mesa del Pino, que se realizaba los primeros días de mayo, así como la misión de La Víbora, durante la Semana Santa, que más tarde esta actividad por el campamento para los niños del Club La Salle.
A propósito del trabajo misionero de nuestro Hermano, llegó el siguiente testimonio: “Memo marcó nuestras vidas. En Ojo de Agua dejó huella. A los hombres les mostró que se puede ser tierno, que se puede abrazar, que se puede manifestar el afecto, rompiendo así, de una manera indirecta, una herencia del machismo de los Altos de Jalisco. A las mujeres, a los niños y a los jóvenes, mostró una manera de ser religioso diferente, sentado en la tierra con nosotros, inmortalizando los instantes con sus fotos inesperadas, tratando a todos con cariño, con esa sonrisa, esa sencillez con que predicaba, con que catequizaba.”
El mismo Hermano dice: “Como formador, un hombre constante, sereno, en medio de sus arranques de enojo, llevando los procesos en carriles que había marcado, que conocía como un perito. En sus últimos años yo tuve oportunidad de hablar de hermano-hermano. Para mí fue un reto porque nunca dejé de tenerle ese amor casi reverencial. Cuando decidí tomarme este año de ausencia, me mostró su desacuerdo y no cerramos en buenos términos, luego, con un Hermano me mandó decir que ojalá fuera a verlo a Monterrey… Tuve la dicha de verlo unos ocho días antes de que muriera. Se mostró muy cariñoso, interesado en mí, me manifestó su respeto por mi decisión y me dijo que ‘decidiera lo que decidiera, él me quería, aun así, que ‘ojalá volviera’. A mi hermana Elva, dos o tres días antes de morir, por teléfono le dijo que si era verdad que yo estaba tan bien que, cómo me veía... después de haber hablado conmigo. Pocos han combinado en su vida semejante ‘ternura y vigor’; firmeza de padre y ternura de madre, de nuestro Fundador”[1].
El apostolado que los postulantes habían iniciado desde el tiempo del Hermano Humberto, vemos cómo encontró eco en el Hermano Guillermo y cómo lo delegó en los distintos Hermanos subdirectores que tuvo:
“Me confió del todo la formación al apostolado, pero siempre estuvo involucrado en él. Abrimos el centro de catecismo en Lomas del Refugio y, desde el principio le infundimos ese sentido de escuela de apostolado, donde los formandos entraban en el mundo de los marginados, aprendían a dar clase, a comprometerse, a trabajar con las familias, a vivir la asociación, a descubrir el rostro de Jesús en los niños, enamorándose de la evangelización. Fue ese año que llegamos por primera vez a Ojo de Agua, esa comunidad tan querida por Memo y por cuantos hicimos amistad con su población. Los padres fueron el enlace y atinaron al llevarnos a una comunidad a la que consideramos como “formadora”, por su sencilla y comprometida fe. No es extraño que ampliáramos la misión a Betania y Mesa del Pino, en la misma Parroquia. Es indudable que estas comunidades, en especial Ojo de Agua y Lomas del Refugio, fueron un espacio privilegiado en la formación apostólica de los postulantes, como en el corazón de Memo”[2].
Con estas actividades quería el Hermano Memo que los postulantes pudieran estar en contacto con realidades apostólicas, propias de la vida del Hermano, a la vez que fueran ocasiones propicias a la formación del carácter y que propiciaran la vivencia de valores comunitarios y de que se educaran en la solidaridad.
Al llegar a esta casa de formación se encuentra que el plan de estudios del Postulantado está en proceso de readaptación, al aumentar su duración de 6 a 12 meses. El inicio del Postulantado se realizaba con la ceremonia de entrada, en Guadalajara y se proseguía en la Sierra de Durango, con unos días de misión y un pequeño campamento, como forma de socialización entre los jóvenes postulantes. El Hermano Director, atento siempre, trataba de que toda actividad tuviera un fin formativo y propiciaba paseos que, si bien, pedían un poco de esfuerzo, siempre presentaban un reto y permitían conocer hermosos lugares, admirar grandiosos paisajes y, por el contacto de la naturaleza, elevar el alma a Dios.
El Hermano Guillermo recopiló, investigó y planeó la mayoría de los textos de estudio que se realizaban en el Postulantado, tales como: Catequesis, Vida y Obra del Fundador, el Mundo Lasallista, Liturgia, Catequesis, así como talleres que les facilitaran las primeras experiencias pedagógicas. Los estudios que se realizaban en la casa se completaban con clases que recibían en el teologado Salesiano, en San Pedro Tlaquepaque y, más tarde se cambiaron a cursos que ofrecía la ULSA Marista de Guadalajara que, incluso, programaba algunos especiales para los postulantes.
Para que los jóvenes conocieran el Instituto en México planeó y realizó las giras por distintas comunidades. Los postulantes preparaban reflexiones o catequesis, que darían en los diversos colegios, también tenían una reunión con los Hermanos de la Comunidad, para intercambiar experiencias y hacer preguntas sobre la vida del Hermano, ya que los tres o cuatro días vividos en la comunidad les despertaba algunas interrogantes.
La etapa de director de Postulantado fue larga, primero de 1991 a 1994, habiendo dejado la dirección para tomar la del Colegio La Salle de Monclova, pero muy pronto regresa, en 1996, a una larga estancia que durará hasta el año 2005, en que pasa como subdirector del Noviciado de Lagos. Fueron 12 años en que muchos jóvenes pasaron por sus manos.
Con el Hermano Memo se iniciaron dos programas interesantes de formación: Los talleres psicológicos o de formación en un área específica, entre el Postulantado de Santa Lucía y el de Guadalajara. El segundo programa fue el de ayuda psicológica para los postulantes, con el grupo de psicólogos de la casa Alberione. Al iniciar el proyecto de formación y ayuda psicológica para los jóvenes postulantes, primero fueron dirigidos por la Lic. Carmen, quién llevaba todo el seguimiento psicológico en México Sur, pero se vio más conveniente que fuera un equipo interdisciplinario quienes ayudaran en esta importante labor y se acudió al grupo Génesis de la Casa Alberione que, con gusto y atinadamente ha llevado el acompañamiento de los jóvenes; se inicia con una evaluación de cada uno de los postulantes y un curso de integración y, a lo largo del año van llegando los demás cursos como: curso de Afectividad, Comunicación Asertiva, curso de Sexualidad y Vida Religiosa. taller terapéutico del Desvalimiento Afectivo, Taller sobre Relaciones Parentales, Taller sobre el valor del Perdón, el Niño Interior, Eneagrama etc.
Un acontecimiento importante fue del 24 al 27 de julio de 1992. Los postulantes participaron, en la ciudad de Guadalajara, en la 1ª etapa del Encuentro Continental Juvenil Lasallista”, dirigiendo parte del encuentro, de una manera muy notable.
Las vacaciones comunitarias que se realizaban después de las vacaciones de familia, tuvieron su importancia, ya que era el reencuentro con la comunidad en un ambiente festivo, que olvidaba un poco la nostalgia y permitía crear nuevamente relaciones interpersonales; los lugares de vacaciones fueron Tapalpa, Barra de Navidad, Melaque, entre otros.
Los Hermanos que fueron sus postulantes consideraron siempre el trabajo y la dirección del Hermano Guillermo como muy buena; esto no quiere decir que no tuvo problemas pues algunas veces no fue entendida su forma de exigencia, por algún superior, pero él con conciencia tranquila afrontó la dificultad con serenidad y dando sus razones del por qué obraba así.
El año 2002 recibió la invitación de participar en el curso de Formadores de la CIRM, en la Ciudad de México. Participó en una serie de estudios teórico–prácticos que le ayudarían en su labor formativa; eran talleres, reflexiones comunes, experiencias, tiempos privilegiados de oración, técnicas de acompañamiento y procesos personales de ser acompañado también. Ciertamente, fue una riqueza y, sin duda alguna, el Hermano Memo, por su experiencia y por su saber hacer, ha de haber aportado mucho a sus compañeros.
Un Hermano que fue tres años subdirector de postulantes, resume el trabajo de formador del Hermano Memo: “Atento a todo, estricto con los postulantes, directo, claro. Prefirió ubicar su cuarto en ese espacio pequeño ubicado en la antigua enfermería a la entrada del dormitorio de los postulantes y, así estar muy atento a ellos cuando fuera la hora de dormir, la levantada y el arreglo personal. Su estilo de acompañamiento con los postulantes era directo y claro. No buscaba estar motivando para que nadie se saliera, por el contrario, cuestionaba las motivaciones interiores y presentaba con claridad lo que es ser Hermano. Sabiendo que es una etapa de discernimiento, prefería que se decidieran desde el principio. Más apasionado que paciente, Memo fue formador”[3]. El testimonio de este Hermano termina con una frase contundente; creo, sin dudar, que Memo fue mi mejor Hermano Director.
El Hermano que fue su director, cuando fue subdirector del Noviciado, nos da el siguiente testimonio: “Lo conocí como director del Postulantado del Distrito Norte, en el año 2002, cuando llegué al Noviciado de Lagos de Moreno, como subdirector, que fue cuando empecé a conocer a los Hermanos del Distrito México Norte. En ese entonces me pareció un Hermano dinámico, muy cercano a los jóvenes, fraterno y un excelente fotógrafo. Siempre sonriendo y haciendo bromas”[1]. Realmente fueron ojos extraños, en ese momento, que nos expresan su impresión.
[1] Hno. Alfonso Manuel Jiménez Alonso
[1] José Luis Esquibel
[2] Hermano Daniel Novelo
[3] Hermano Daniel Novelo
Su estancia en el Postulantado terminó cuando el Hermano Visitador puso a los formadores a jugar el “juego de la silla caliente”, o sea, fueron cambiados de una casa de formación a otra, pasando del Noviciado al Escolasticado, del Postulantado al Noviciado, como subdirector y de la subdirección del Postulantado a la Dirección.
Aficiones del Hermano Guillermo:
Le gustaba mucho la Historia y era un apasionado por la lectura de documentos históricos; sabía mucho sobre historia de México y la enseñó con gran entusiasmo, sabiendo captar la atención de los adolescentes y lograr que amaran su país y fueran buenos críticos de la historia oficial.
El amor por el Santo Fundador fue uno de sus amores. Conocía muy bien la vida del Santo, había leído y profundizado diversos autores, infundió, a través de sus clases, una profunda admiración por el Fundador y su obra. Otra característica de Memo fue el gusto por compartir su afición al campo. No era necesario un camino, bastaba marcar un rumbo, donde no había espacio para la duda, de quien no estuviera acostumbrado: aquí todos caminamos al mismo ritmo y gozamos por igual. Paso a paso en el campo, Memo construía comunidad.
Bien sabemos de la afición de Memo por la fotografía, pero si algo aprendí de ella, fue ese sentido humanista de la fotografía. Podía tomar paisajes o actividades, pero lo de Memo eran los rostros: sabía captar la sonrisa espontanea que, infraganti, expresaba lo que había en su corazón; lo más importante, son las personas.
Encontró en el Facebook un espacio para compartir sus fotos y reencontrarse con amigos.
Relaciones con su familia:
La cercanía de Memo con sus padres fue la de un buen hijo, cariñoso, respetuoso, atento, los visitaba cada vez que había el permiso; estuvo muy cercano a su hogar cuando las circunstancias geográficas se lo permitían, o sea el tiempo de estancia en Durango, Gómez Palacio y Monclova.
Sus papás y algunos de sus hermanos lo acompañaron en momentos significativos de su vida, como fue la Toma de Hábito, sus primeros votos y su profesión Perpetua. Las circunstancias de la muerte de sus papás fue un momento especial ya que sus padres se encontraban en la Madre Patria, visitando a la familia de su papá, cuando falleció su mamá y su papá voló al cielo cuando Memo estaba ya en Roma, en la SIEL. Fue sin duda un dolor profundo el que vivió al no haber estado cercano en esos momentos de la vida de sus progenitores.
Con sus hermanas. Las mayores estuvieron viviendo en España, cuando Memo era niño; las relaciones fueron más cercanas con sus hermanas Margarita y Rosa María, ya que les tocó acompañarlo en sus primeros pasos y, compañera de travesuras y juegos de niño fue María de Guadalupe, sus hermanos gemelos, Julio y Marcelino fueron también modelo y ejemplo para Memo en sus primeros años.
Sus relaciones con sus hermanas mayores fueron ya cuando Memo era joven. A una de ellas le tuvo mucha conmiseración y, a la vez cariño, por ser la que se quedó soltera; le dio su propia herencia y, en un momento difícil de salud, procuró estar cerca y conseguir médicos competentes que la atendieran.
Los sobrinos fueron muy importantes para Memo, siempre estuvo atento a los acontecimientos de sus vidas: cumpleaños, primeras comuniones, graduaciones, siempre cariñoso y cercano.
Su cuñada escribió el siguiente testimonio a las pocas horas de que Memo fue llamado a la casa del Padre: “Hoy se nos adelantó un gran hombre, cuñado y tío de mis hijos por parte de mi marido, Hermano Lasallista, inteligente, cariñoso, alegre, siempre al pendiente de su familia y de sus alumnos, en fin, qué les digo, ya está en el cielo de Dios, junto a sus papás y sus hermanos. La familia ya contamos con un Ángel más, que nos estará guiando y cuidando. Descansa en paz Memito, te vamos a extrañar, muchos besos, hasta el cielo...”[1].
Su hermana María de Guadalupe escribió el 7 de marzo los siguientes pensamientos, que bien pueden ser una oración fúnebre de despedida pero, a la vez de añoranza y cariño:
MEMO:
¡Mira, dónde andas, hermano, en la red y por esos cielos de Dios, donde la luz se filtra a través de las nubes, traspasa tu cuerpo y se queda en tu sonrisa! ¿Quién puso esos rayos en tus dedos, Memo? ¿A quién llamas con tu mirada pícara, tus ojos risueños, tus manos abiertas? Los que te amamos estuvimos contigo, te acompañamos, te dijimos adiós, pero todavía no queremos que te vayas por completo, no podemos, y tú tampoco puedes dejarnos, me lo dicen tus manos, tus ojos, tu sonrisa coronada con ese bigote cano.
Entregamos al Dueño tu cuerpo, pero no podemos dejarte ir para siempre. Estás demasiado vivo en nuestros corazones, en nuestro pensamiento. Cualquier canción, cualquiera, te trae conmigo, ¡todas te gustaban y las hiciste tuyas y ya no puedo escucharlas sin escucharte a ti! El agua, las montañas, el alba y el ocaso, criaturas y lugares, colores, resolana, cualquier sitio donde tus ojos se enganchaban para hacer una foto, te traen aquí. No puedes irte, hermano, estás atado a nosotros no con hilitos de oro, sino con reatas de recuerdos, de convivencia alegre, dolor y gozo compartidos.
Claro que te fuiste, ya era hora de dejar la cama, de liberar el cuerpo, lanzando las penas al viento. Dios pasó a recogerte, lo sabemos, pero si Él está en todas partes, de seguro lo andas acompañando: por eso estás aquí, amigo, hermano. Gracias por dejarnos tantas razones para recordarte, gracias por haber sido y seguir siendo.
Subdirector de Noviciado:
Junio de 2005. Hubo cambios en todas las casas de formación, menos en el Aspirantado. Al Hermano Memo lo enviaron al Noviciado de Lagos de Moreno, como subdirector, quizá con la posibilidad de que más tarde tomara el relevo, cosa que no sucedió.
[1] Martha González Cienfuegos.
HERMANOS NOVICIOS CON EL HERMANO GUILLERMO COMO SUBDIRECTOR
Tanto el Hermano Director como el Hermano Subdirector eran Hermanos de recia personalidad y de un carácter templado. El Hermano Memo fue un obediente subdirector y desempeñó, además, el trabajo de ecónomo y sus clases, como siempre, bien preparadas, atento a las necesidades, trabajador, siempre dispuesto a tender la mano, alegre en los paseos y momentos de esparcimiento, buen observador de los procesos de formación de los Hermanos novicios y, pronto se dio cuenta de algunos que no estaban haciendo bien su Noviciado y, creo que habló e indicó su parecer, aunque sin tomar determinación alguna, pues no era él el último responsable. Para algunos les pareció que era un Hermano rudo, que pronto se prendía, poco consentidor y siempre pedía congruencia; para otros fue el gran amigo y compañero de camino, el amigo y el Hermano cercano.
“En julio 2005, que fui nombrado director del Noviciado, fue para mí una muy buena y grata noticia, saber que el Hermano Guillermo, sería mi brazo derecho en el Noviciado, como subdirector. Ese año que en que ambos comenzábamos nuestro empleo en el Noviciado, nos llegó un grupo numeroso de novicios, 15, de los cuales él conocía muy bien a los del Distrito Norte, pues habían sido sus postulantes. A su llegada al Noviciado empezó a organizar los cursos para los novicios con el material que le habían proporcionado, mejorándolos y pasando todo a la computadora. Por supuesto que fue nombrado por todos, el fotógrafo oficial del Noviciado.
Durante los tres años que fue subdirector del Noviciado, siempre recibí su apoyo incondicional, sus consejos, sus sugerencias siempre muy atinadas. Puedo decir también que fue un hombre de oración, se le veía rezar el rosario personalmente, asistir a todos los momentos de oración comunitarios y considero que fue siempre un modelo de Hermano para los novicios, tanto en el plano profesional como en el religioso”[1].
Un Hermano novicio de ese tiempo, escribió sobre el Hermano Guillermo, el día en que el Señor lo llamó a su casa: “Todas las personas tienen un motivo para vivir, el tuyo fue entregar tu vida para Dios y, hoy se cristaliza ese sueño, con tu llamado al lado del Padre. Gracias por contagiarnos tu alegría y tu amor, gracias por ese consejo, ese regaño, esa palmada, tu apoyo y cuestionamiento. Siempre estarás en mi corazón. Gracias por tanto y, por todo; ahora serás el fotógrafo del cielo. Amigo, mi respeto y total admiración, siempre te estaré agradecido. Fuiste un gran ejemplo y sé que seguirás encontrando la forma de hacerte presente en nuestras vidas. Te quiero mucho, fratello”[2].
Tres años, tres grupos de novicios y nuevo destino; se esperaba que fuera el siguiente Hermano Director del Noviciado, pero Dios y los superiores tenían otro destino.
Responsable de Pastoral Vocacional distrital:
Del Noviciado pasó a formar parte de la Casa Central, en Cd. Guadalupe, N. L. de 2008 a 2010. Otra visión del Distrito, otra responsabilidad, otros horizontes se abren para el Hermano Guillermo, asi que pronto comienza su trabajo de promotor vocacional, consistente en: recorrer el Distrito de México Norte en busca de jóvenes valientes con deseo de servir a Cristo, como Hermanos de las Escuelas Cristianas
[1] Hno. Alfonso Manuel Jiménez Alonso
[2] Juan P.Sánchez
No es ningún trabajo fácil ni sencillo, exige una visión clara de lo que implica este trabajo y, además, una esperanza bien fincada, porque los desencantos de esta labor son abundantes y frecuentes; un año de trabajar y acompañar a un joven para que al final, él mismo o los papás digan que no puede entrar, o bien se desilusionan y todo se fue al agua.
Retiros bien preparados, encuentros vocacionales, visitas a los colegios y a las universidades se fueron sucediendo a lo largo de dos cursos escolares; tiempo de siembra, y algunos frutos cosechados; pronto vendrán nuevas tierras y nuevas responsabilidades por ejercer. Fueron solamente dos años en este trabajo, años de entrega generosa y dedicada a promocionar la vocación de Hermano.
Director de la Comunidad misionera y del Voluntariado de El Salto:
La comunidad del voluntariado fue la última etapa apostólica de Memo, antes de formar, con el testimonio de su abnegación y entrega, a los escolásticos. Le entró con gran entusiasmo a todas las actividades del voluntariado misionero, algunas cosas, ciertamente las reformó y les dio su característica personal. Los jóvenes lo entendieron y aceptaron su formación, sus indicaciones y su forma de actuar, humana, cercana, sencilla, de escucha y descubrieron en él a un guía de la aventura que emprendían como misioneros; comprendieron que la formación que les ofrecía no sería solamente para el tiempo que estuvieran como voluntarios, sino para la vida; sabía ponerles retos, alentarlos y sostenerlos en la consecución de los mismos. Muchos testimonios hablan de ello.
Acompañaba a los voluntarios en las misiones más distantes, a pesar de que debía cuidar su espalda, ya el traqueteo de los caminos serranos no le favorecían, pero nunca lo detuvieron. En las misiones cercanas permanecía en casa o aprovechaba para su terapia en Cadereyta, pero en las más distantes acompañaba a los voluntarios.
En voz de quien fuera su compañero y subdirector en el voluntariado, nos dice lo siguiente:
Ser director del voluntariado “parecía un reto de conversión, pues llegar a una comunidad en la que no necesariamente se simpatizaba del todo, no era lo mejor, pero su entrega a los jóvenes se hizo patente y pronto se enamoró decididamente de esta obra.
El voluntariado no era tan diferente a una casa de formación, con universitarios, de hecho impartía las mismas clases de lasallismo, vida y obra de SJBS y espiritualidad Lasallista. Memo vivió feliz en El Salto, pero los años ablandan el corazón, y ahora era más un sabio abuelo, que apapacha, más que corregir. Sufría las inmadureces humanas de los voluntarios, ¡al fin jóvenes saliendo de su adolescencia y, despotricaba con ellas, pero amaba el corazón de donde brotaban.
Siempre le dio mucha seriedad a los retiros mensuales que, un sábado al mes, preparaba todo con dedicación: dibujos, cantos y lecturas de reflexión.
En enero del 2013 un agotamiento le impedía continuar su ritmo, sabía que algo andaba mal. Solo unos días después de iniciar el semestre fue a revisión a Monterrey y, ya no regresó”[1].
De su propia voz, en una entrevista que le hicieron expresa lo siguiente, primero sobre el trabajo misionero y, después sobre los voluntarios:
Las misiones
“Para mí, la sierra, es una experiencia muy interesante, porque hay una trasformación de fondo muy valiosa; la sierra te trasforma; los señores que vienen a pedir misioneros que los visiten y, qué decir de la cara de los niños cuando saben
que van a llegar misioneros a su comunidad. La misión es una semilla que se va quedando en el corazón de esa gente, porque las comunidades que atendemos, muy pocas veces son atendidas por un sacerdote. Ellos tienen necesidad de que se les hable de la fe, ya que pocas veces tienen quien les hable de la ella, que les hablen de la fe con cara de alegría, con entusiasmo, con esa energía que contagian los muchachos. También veo, por otro lado, cómo los muchachos se transforman, en la manera de comunicarle a la gente la experiencia que ellos adquieren al compartir su fe y al convivir con gente de la sierra; a ratos creo que, son más, ellos, los misioneros, que se están encarnando, más que la gente de las comunidades; esa experiencia de convivir con gente necesitada que les abre su casa, que les abre el corazón, que les abre el bolsillo, porque matan la gallina que habían comprado para la fiesta, pero la matan para dársela de comer a los misioneros, total, ya veremos qué hacemos el día de la fiesta.
La experiencia de compartir con el pobre, de compartir dentro de su sencillez es algo que les llega al corazón, creo que es parte de la razón por lo que las misiones tienen tanto pegue, no solo en los colegios lasallistas, otras escuelas, y la misma gente de la sierra que se va de misiones, es algo que convierte el corazón al estar en contacto con tanta necesidad y, al mismo tiempo, con tanta generosidad.
[1] Hermano Daniel Novelo
Y, los voluntarios, qué
La experiencia del voluntariado no es otra cosa que fruto de las misiones; el que haya muchachos que quieran dedicarle un año de su vida, a andar por la sierra misionando, suspendiendo estudios, alejándose de la familia, algunos del novio o de la novia, de los grupos de amigos, de la generación que van a dejar, quedandoun año atrás a nivel profesional del resto de sus compañeros; que haya muchachos que hagan esa opción está hablando de lo fuerte que ha llegado a sus corazones el encuentro con Cristo, lo fuerte que ha llegado a ellos el llamado de Dios, porque esto, sin un llamado de Dios, no se entiende, no se comprende, es algo que los transforma. Estoy ahora con mi segunda generación y, veo la fuerza, el cambio de aquellos muchachos que llegaron, que recibí en agosto, cómo salieron al terminar el año. Veo la cara de los exvoluntarios que vienen a la casa, pasan por una situación de crisis y, ahí vienen para acá; yo no fui su director, prácticamente no me conocen; es la casa, el ambiente, la vivencia de lo que vivieron aquí, es lo que les permite levantar el ánimo, cargar baterías; durante todo el año recibimos visitas aquí, que vienen un fin de semana, que vienen en un puente, que se enteran que se va a tener una actividad y se ofrecen para ayudar. Eso me habla de cómo el trabajo que se realiza en esta obra, hace trasformaciones y les hace ver el mundo y la vida de otra forma, hay quienes hasta cambian su opción profesional, una vez que han vivido su experiencia de voluntariado… hoy tenemos 16 voluntarios, un grupo muy manejable, fácil de acompañar; grupos más numerosos es más difícil; si Dios quiere que sean más, que lo sean… Cuando es una opción que hago, que sale de mi corazón, porque me siento llamado por Dios, es algo de fe…
.- Hoy se nos va uno grande. Un verdadero guerrero de Dios. Tengo la fortuna de poderte llamar mi maestro, mi amigo, mi hermano. Gracias por todos los momentos compartidos, tus enseñanzas, tu calidez y tu sonrisa.
.- Quizá sea la persona que más me ha regañado, pero yo sé que fui su favorito. Dios necesita hombres de valor. El Hermano Memo demostró su valor cada día y nos dejó una gran misión: seguir su ejemplo[1]-[2].
.- El día de hoy se ha reunido con Dios un extraordinario ser humano. Sin duda, una persona que marcó mi vida y me ayudó a reivindicar mi camino, orientándolo al servicio y a la búsqueda de la felicidad del prójimo. Mi gran maestro espiritual.
Fueron 3 años que luchaste contra el cáncer, dando testimonio de fortaleza y compasión, incluso en los momentos más difíciles. Y es que, a pesar de todo -y no lo digo como cliché- siempre, siempre, tenía una sonrisa y te decía que "estaba bien".
Gracias por una vida monumental que tocó cientos de corazones. Me siento privilegiado de haber podido ser tu pupilo y haber aprendido tanto de ti. Ahora, que tu obra siga a través de mí y de cuántos más, que tuvieron la dicha de conocerte.
.- Hoy llega al cielo, con pase directo, una de las personas que más han marcado corazones y transformado vidas. Un gran maestro, un verdadero HERMANO, un espléndido amigo pero, sobre todo, un excelente ser humano. Me duele su partida de la vida terrenal y, al mismo tiempo me da alegría saber que por fin estará con Aquel Ser al cual sirvió fielmente, durante tanto tiempo de su vida[3].
Una joven ex-voluntaria, Ana Isabel Flores, escribió lo siguiente:
"El cielo se llena de júbilo al saber que estás ahí". Estuve enferma y me visitaste, tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve triste y me consolaste, temerosa y me aconsejaste platicar con Dios...!Un formador, un maestro, un amigo, un hermano! ¡Gracias, por tanto, y, a Dios, por haberme permitido caminar, rezar y orar contigo!
"Bendito el hombre que confía en el Señor y en Él pone su esperanza..." por él.
Los testimonios de los miembros de la comunidad del voluntariado se desbordaron en testimonios de cariño, admiración, respeto y reverencia por quien fuera su compañero de camino, en el sueño de ser voluntario y, con ellos dan una descripción clara y precisa de los dones que el Hermano Memo poseía y que había puesto a su servicio.
Un último testimonio, que es de uno de los muchos jóvenes que le pidieron que fuera su padrino en la recepción de un sacramento, o bien en la Toma de Hábito como Hermanos.
“Hno. Guillermo González, siempre te recordaré, PADRINO. Le doy gracias a DIOS NUESTRO SEÑOR por haberme brindado esa oportunidad de conocerte en persona y poder estrechar tus manos, recibir tus consejos, esas miradas que decían mucho, esas sonrisas que brindabas y provocabas en las demás personas que te rodeaban. Gracias, Hermano, por todo; fuiste y serás un gran ejemplo para todos. CUÍDANOS Y GUÍA NUESTROS PASOS DESDE EL CIELO, EN ESPECIAL, ACUÉRDATE DE MÍ, un poco egoísta, por decirte que a mí, más, pero me harás falta, Padrino” [4].
En esta parte puede verse con realismo su espléndida personalidad, también con sus matices más oscuros y luminosos.
Otro mensaje dice lo siguiente: “Hno. Memo, hoy mueres. Comparto la tristeza con tu vida regalada, donada, entregada y, que terminó como 'crucificada'. Ahora es una vida partida. Ya dolía verte así, consumido por el cáncer. La tuya fue una vida 'resucitada'. Pasó a la liberación de todo y, de todos. A la plenitud de lo que fuiste: Una persona recia y cariñosa a la vez. ¡Nos formaste a tantos! Agradezco tu vida. Agradezco tu muerte. Pude decirte que te quiero. Pude despedirme de ti. Pude compartirte mi doloroso y liberador proceso humano-creyente.”
[1] Entrevista al Hermano Memo estando en el Salto, hay algunas palabras cambiadas por error
[2] Sergio Jesús Gallegos Biebrich
[3] Daniel Herrera y Gilberto Guevara Castaños
[4] Rodriguez Vázquez Luis
Testimonio de los voluntarios, generación XVIII
En un video que le enviaron los voluntarios, un poco después de la primera intervención quirúrgica, en febrero de 2013, le dicen lo siguiente:
Los designios de Dios no son los nuestros.
Gracias a ti, hemos aprendido a aceptar su voluntad,
con optimismo y fortaleza, sin importar lo difícil que parezca.
¡Te admiramos!
Incluso, aunque no estés con nosotros, seguimos aprendiendo de ti.
Queremos agradecerte lo que has hecho y sigues haciendo por nosotros,
porque en ti, encontramos el cariño de un padre.
En cada regaño y, ¡vaya que fueron muchos!, nos hicieron crecer como individuos y como comunidad.
No pudimos haber tenido un mejor director, amigo y hermano.
Este segundo semestre, sin ti, ha sido diferente, en cada…
Sin embargo, sabemos que contamos con tu apoyo, tu cariño;
Así como sabes que cuentas con el nuestro, recuerda, que no estás sólo,
Porque, aparte de tu familia y amigos, también cuentas con 23 hermanos que te quieren y te apoyan ….
Continúas en nuestras oraciones. ¡Te queremos, Willy!…
La enfermedad y la penúltima etapa de su vida…
El 25 enero de 2013 el Hermano Visitador avisó que el Hermano Guillermo llegaría a Monterrey, para que un médico especialista lo viera, porque traía algún problema fuerte de salud; el Hermano llegó a la casa de Cumbres, un poco después del mediodía y se preparaba para instalarse en un cuarto, pero más tardó en bajar sus cosas, cuando ya iba de camino al Hospital Muguerza. Con los datos que había proporcionado ya se habían buscado varios especialistas. En emergencias fue valorado de inmediato y se le ordenaron hacer estudios, que arrojaron un resultado muy alto de la creatinina, dato indicativo de que venía envenenado y algo no permitía eliminar las toxinas que el mismo cuerpo producía.
Los estudios de resonancia y de rayos X señalaron que en la vejiga existía un tumor que le impedía la adecuada eliminación de la orina y, por lo tanto, ahí estaba la fuente de envenenamiento, por urea. Los médicos urólogos e internista pronto determinaron que era necesaria una intervención quirúrgica que permitiera conocer la realidad y poder comenzar a tratar la enfermedad.
Día y medio después de su internamiento hospitalario ya había sufrido la primera intervención quirúrgica, con buen éxito. Varios días más en el Hospital Muguerza y, a casa, y de ahí en adelante va a iniciar una serie de intervenciones que se requerían para cambiar las cánulas de los uréteres y permitir que la orina saliera. Siempre fue muy valiente, nunca se quejó; entraba al quirófano en sus cinco sentidos y regresaba a cuarto perfectamente lúcido, y consciente de lo que implicaba su enfermedad. Una vez normalizado de sus primeras intervenciones se siguió el segundo paso, que fueron las radiaciones; día con día acudía al departamento de radioterapia a que le aplicaran el tratamiento; algunas veces lo debilitaba, pero él, fuerte, con la sonrisa en los labios, aunque algunas veces regresaba al cuarto del hospital y, otras veces a casa, con gran control sobre él mismo.
Vino luego el tratamiento de quimioterapia; fue necesaria una operación en el pecho para colocarle un catéter interno que permitiera ponerle las sustancias que atacarían el tumor; así comienza una serie de visitas a una clínica especializada para que le colocaran una bombita, con medicina, que iría entrando al torrente sanguíneo, durante 24 horas; valientemente y, de muy buen ánimo, vivió todo el tratamiento, siempre de una manera positiva y muy acorde a la voluntad de Dios. Se le sugirió hacer una novena al Hermano Bernardo para pedir el milagro de su curación, pero él dijo: “Estoy totalmente dispuesto a que se cumpla la voluntad de Dios para conmigo, si “Él me manda la curación, seré feliz y, si no, esto es una gracia para prepararme al encuentro con Él”.
Al Hermano que estaba encargado de acompañar a los Hermanos enfermos, le tocó llevarlo dos veces a Gómez Palacio; la primera vez fue para ir a visitar a su hermano Chelino, que se encontraba con serios problemas de salud y, en soledad. Memo estuvo con el enfermo buen tiempo, conversaron y le demostró gran fraternidad, además, aprovechó para visitar a sus hermanas, comió con tres de ellas en sus casas, volvió todos los días a la casa de su Hermano Marcelino, pero se hospedó en la casa de los Hermanos del Instituto Francés de la Laguna.
La segunda visita fue por la muerte de su hermano Marcelino. Dos días antes había sido intervenido y, se habló con el doctor para que lo diera de alta un poco antes, para poder asistir al sepelio. Salió del hospital a medio día y de ahí viajó directo a Torreón, llegó por la tarde, en el momento en que se celebraba la Misa de cuerpo presente; acompañó a la familia en esos momentos difíciles y estuvo en dos de las misas por su hermano, ya que tenía que regresar a Monterrey por su tratamiento.
En el mes de mayo, el Hermano Gustavo Ramírez, Vtr. pidió una entrevista con los médicos para ver la situación de Memo, y ver qué trabajo podría desarrollar. Los doctores le dijeron que, el trabajo de la Sierra de Durango, ni pensarlo, pero que sí podría hacer un trabajo menos agitado y, fue cuando lo destinaron como director del Escolasticado, cambio que se realizó a finales de junio de 2013.
En su enfermedad y, en el tiempo que estuvo hospitalizado, era de admirar su serenidad, la calma con la que tomaba todo el tratamiento, la aceptación de la voluntad de Dios con alegría y entereza, nunca se le oyó un quejido o un reclamo; sufría con paciencia y con un gran control sobre sí mismo, para no manifestar su mal. El único tiempo en que sí se le veía mal, era cuando le venían mareos muy fuertes, que en varias ocasiones lo regresaron al hospital, a escasas horas de haber sido dado de alta. Su sonrisa y su buen humor eran notables, así como la atención que prestaba a las personas que le visitaban o a las llamadas telefónicas que recibía.
Vivió con estoicismo sus padecimientos y momentos de soledad y, sobre todo, lo que más le pesaba, era no poder servir más y convertirse en un estorbo. Sin duda, estos meses de enfermedad y de postración fueron meses de profunda fecundidad.
En el mes de julio del 2013, el Hermano Visitador, Gustavo Ramírez, le confía la dirección del Escolasticado, Ya antes había ido a la clausura del voluntariado al Salto y aprovechó para traer consigo sus cosas, que aún estaban allá.
Siempre estuvo muy consciente de que la enfermedad no había sido extirpada del todo y de que el mal estaba latente pero, con gran fe, con el entusiasmo que le caracterizó, tomó las riendas de esa casa de formación, para alegría de los jóvenes Hermanos. Su trabajo discreto y tranquilo pronto se vio reflejado en el buen ambiente comunitario, así como en las relaciones fraternas entre todos.
Su estancia fue de dos años, hasta que su salud, minada nuevamente por el cáncer y las operaciones que sufrió por los cambios de catéteres, lo obliga a retirarse a la Casa de Cumbres, a esperar el momento del Señor.
No perdiste la batalla, ganaste la gloria
25 de febrero. Al clarear el alba, el Señor de la vida, llamó a su reino al Hermano Guillermo; prácticamente se durmió en las manos de Jesús, a quien desde su juventud entregó su vida y le sirvió con toda generosidad; el Padre bueno vino a su encuentro, lo abrazó y llevó consigo. Ese día se acabaron sus dolores y limitaciones, para gozar eternamente de la bondad y misericordia de Dios.
Al conocerse la noticia, las expresiones de duelo se hicieron presentes, por parte de Hermanos, voluntarios, exalumnos y personas que lo trataron y quisieron; entre muchas he aquí algunas que son muy significativas y hablan de la excelente persona que fue el Hermano: “Hoy, 25 de febrero, después de haber entregado su vida entera al servicio de Dios, la educación y la formación de lasallistas, el Padre abrió sus brazos amorosos para recibir en ellos y estrechar para siempre a nuestro HERMANO”. "El cielo se llena de júbilo al saber que estás ahí". Otra nos dice: “Hoy se nos va uno grande. Un verdadero guerrero de Dios.”
Algunas fueron agradecimientos por la vida del Hno. Guillermo: “Gracias por ayudarme a descubrir el cielo aquí en la tierra, por tus consejos y abrazos sinceros pero, sobre todo, gracias porque con tu vida tocaste la mía y la de muchos más”.
Unas más expresan la alegría de su llegada al cielo: “El día de hoy se ha reunido con Dios un extraordinario ser humano. Sin duda, una persona que marcó mi vida y me ayudó a reivindicar mi camino, orientándolo al servicio y a la búsqueda de la felicidad del prójimo. Mi gran maestro espiritual”.
“Hoy, el cielo está de fiesta... Dios recibe en el Paraíso a su gran pastor, dedicado a su obra y a ayudar a los demás...”
Su cuerpo fue velado en la Casa de los Hermanos de Cumbres, donde falleció. Se le celebraron tres misas de cuerpo presente, la primera a las 8:00 pm y la segunda a las 6 am, en la capilla de la casa de los Hermanos; al día siguiente el cortejo fúnebre salió rumbo a la Iglesia de San Juan Bautista de La Salle, donde se celebró la Eucaristía de cuerpo presente, con gran asistencia de Hermanos, ex voluntarios, exalumnos, compañeras de la UdeM y amigos de los Hermanos. Al concluir la Santa Misa se despidió y se procedió a la incineración, para reposar en espera de la resurrección, en la cripta de los Hermanos, en Casa Central.
La oración fúnebre la pronunció el Hermano Visitador, Gabriel Alba.
En varias comunidades como Gómez Palacio, Monclova, El Salto, se celebraron varias Eucaristías a su intención…
Un joven artista que fue postulante y novicio en el tiempo en que el Hermano Guillermo estuvo en estas casas de formación, hizo un dibujo interesante, precedido de la siguiente frase:
Brillarán como estrellas por toda la eternidad
Tijuana B.Ca, 15 de mayo de 2016, fiesta de Nuestro Santo Padre y Fundador, San Juan Bautista de La Salle.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas