Hno. Juan José MARTÍN DEL CAMPO y NORIEGA
Nació en la Ciudad de México
el 18 de Junio de 1936
Fue Llamado por el Padre
el 21 de Febrero de 2020
en Monterrey, N.L.
a los 84 años.
"Ser en todo y con todos, la nota exacta”.
La situación de inestabilidad provocada por la Revolución Mexicana y por la Guerra Cristera motivó a muchas personas del centro del país a emigrar, bien a los Estados Unidos o a la Capital de la República. Este es el caso de los papás del futuro Hermano Juan José, que se trasladaron de su tierra natal a la ciudad de México, buscando la estabilidad que, si bien la tenían sus familias en la provincia, la habían perdido en su tierra natal, lo que hizo que buscaran nuevos horizontes.
El matrimonio de Don Juan José Martín del Campo Anaya y la Señora Mercedes Noriega Hernández eran originarios de la provincia, los dos del centro del país; su papá era oriundo de Lagos de Moreno, Jal. y su señora mamá de San Luis Potosí. El Hermano Juan José Martín del Campo y Noriega nació en la ciudad de México.
El matrimonio Martín del Campo – Noriega se vio bendecido con cinco hijos varones: Juan José, primogénito, Carlos, Roberto, Arturo y Eduardo y, tres mujeres: Mercedes, Margarita y María Eugenia.
Fue una familia donde reinaba el amor y la alegría; en su casa se rezaba mañana y tarde y, en familia se asistía a la Eucaristía dominica Nace Juan José el 18 de junio de 1936. A la edad escolar fue inscrito en el Colegio Simón Bolívar, de la calle Galicia, en la ciudad de México y, sus hermanos lo seguirán en el mismo colegio. Ahí realizó sus estudios de Primaria, de 1942 a 1948 y ahí conoció a los Hermanos y se enamoró de la vocación Lasallista y se decidió a entrar al Noviciado Menor de Tlalpan, en enero de 1949, para iniciar su educación secundaria. Sus cristianos papás apoyaron la decisión de su primogénito[1].
Capítulo 1
Noviciado Menor de Tlalpan.
Un compañero de aquellos tiempos nos relata: “Ingresamos, con solo unos meses de diferencia. Él llegaba del Colegio Simón Bolívar, de la calle Galicia, Mixcoac, niño un poco más alto que los de su edad, un poquitito encorvado, ya desde entonces, medianamente delgado, capitalino chapeteado, pues seguramente que, también por el apellido, hijo de padre provincianos. Avivado, sociable, de trato muy agradable e indistinto y de sonrisa fácil. Se hizo apreciar tanto por todos, que pronto lo llamamos “Juancocho” y deseábamos su compañía en los “cambios de mesa” y era siempre bienvenido en los equipos de juego. Además de inteligente, era estudioso cumplido, responsable y generoso, pronto también se granjeó el aprecio de los formadores, que no tardaron en confiarle aquellos encargos con los que expresaban su confianza y aprecio.
“Habían pasado casi tres años desde nuestro ingreso, cuando un día. el H. Director, ha de haber sido en el mes de julio de 1951, con la solemnidad y cierta gravedad que lo caracterizaba, anunció los nombres de los “misioneros” de ese año, el tercer grupito en partir al Noviciado Menor “Misionero” de St. Maurice l’Exil, Francia. Éramos tres. Los preparativos migratorios para el viaje al extranjero, la ilusión de la novedad y las actitudes requeridas para asumir aquel compromiso, reforzaron nuestra amistad. Supimos también con alegría que nos acompañaría “Fre Víctor”, H. Pedro Córdoba, nuestro querido formador, para entregarnos en la que sería nuestra nueva Casa de Formación”.[2]
En esos tiempos, jóvenes, muy jóvenes, se ofrecían para ser misioneros en cualquier parte del mundo y, Juanjo, lleno de generosidad se ofreció para ser parte de este grupo de misioneros. Ese año era un año muy especial, 1951, tricentenario del nacimiento de San Juan Bautista de La Salle y todo el Instituto lo celebraba; los Superiores pensaron que un buen regalo era preparar jóvenes para los países donde el Instituto tenía misiones y, para esa misión se había establecido en Saint Maurice L´ Exil donde funcionaba el Noviciado Menor misionero, que había sido fundado por el Hermano Athanse Emile y los Hermanos Asistentes para preparar jóvenes dispuestos a trabajar como Hermanos en tierra de misiones. En ese lugar había algunos franceses, un buen grupo de jóvenes españoles, algunos jóvenes de México y de Colombia, algún griego y algunos del Cercano Oriente, en especial de Líbano. Pasó casi los tres años de secundaria, ya que terminaría esta etapa en el Noviciado Menor de Saint Maurice L´ Exil, en la región del Ródano- Alpes, departamento de Isére, Francia.
[1] Dos de sus hermanos siguieron los pasos de Juan José: Arturo y Roberto
[2] Hermano Adalberto Aranda compañero en Francia e Italia.
[1] Lema de su Noviciado
“Siendo esta internacional, había que ampliar las miras y el círculo de relaciones, estudiar y comunicarnos solo en francés, lo cual exigía no solo esfuerzo intelectual y lingüístico, sino también cierta renuncia a las afinidades de nacionalidad, costumbres, aficiones, amistades. Juan José fue ejemplar en todo ello, así lo recuerdo, de sencillas y buenas relaciones con todos, sonriente, educado, bondadoso y amable. Buena inteligencia, sobresalía en los estudios, buen deportista y favorecido por su tamaño, destacaba también en el deporte, era el “guardameta” estrella
De verdad que solo recuerdo un defecto, que solía aparecer en aquel ejercicio semanal de corrección fraterna, la “advertencia de defectos”: “Me parece… que llega atrasado a…”. Pero aún en esto, era tan apreciado por compañeros y formadores, que el mismo H. Director, lo tomaba con buen humor y le llamaba “feu rouge”, señalando que, después de Juan José, el último, no llegaría nadie más. Así transcurrieron dos años de Noviciado Menor, culminados académicamente con la obtención del “Brevet” oficial, cuya preparación estaba reservada solo a quienes habían logrado el nivel correspondiente de conocimientos y de dominio del idioma. Juan José, hasta el final de su vida hablaba excelente francés y poseía una buena redacción francesa.”
Saint Maurice l´Exil era una bella propiedad, con viñedos, árboles frutales, entre ellos: peras, cerezos, manzanos, melocotones, campos de cultivo y campos de deporte y una construcción adecuada para acoger a los jóvenes, futuros misioneros y que pudieran tener una formación de calidad, que les ayudara a su futura misión en tierras de misión
“Los novicios menores ayudaban en los cultivos y, durante el verano, en la vendimia de los viñedos de la casa, además colaboraban en los viñedos de la región, su ayuda era deseada por los vecinos, el alcalde era el primero en pedir la ayuda, primero era recolectar y después colaborar en aplastar con los pies las uvas para obtener el vino. Uno de los novicios menores de ese tiempo recuerda que no tenían limitaciones para comer fruta y, que los dos o tres primeros días comía en abundancia y, ya para el cuarto día no les atraía la fruta. El pago de este trabajo era que les daban todo el vino del año, tanto para los novicios menores como para la casa de ancianos, que funcionaba en la misma casa. La noticia del fallecimiento de Juanjo me ha traído muy gratos recuerdos, sobre todo de su persona, como también de los tiempos y lugares en los que coincidimos y de las personas con quienes convivimos juntos un buen trecho de nuestra infancia, adolescencia y juventud”[1].
La recolección de fruta se iniciaba con la cereza, algunos árboles aún tenían nieve, pero el fruto estaba ya maduro[2], esto constituía una forma de ayudar económicamente al mantenimiento de la casa; a las cerezas seguían: peras, melocotones, manzanas.
[1] Hermano Adalberto Aranda, compañero de formación del Hermano Juan José
[2] Testimonio del Hermano Fernando Alvarado
En el verano iban a un terreno de la comunidad, que tenían en Glais y los novicios menores hacían una represa sobre un arroyuelo que pasaba por el terreno y se divertían bañándose, este lugar era su sitio de vacaciones, que los jóvenes gozaban mucho[1].
Los formadore, en general eran escogidos por los superiores, entre Hermanos que estaban en misiones o lo habían estado, para que así trasmitieran a los jóvenes sus experiencias en lejanas tierras.
Después de dos años de formación en el Noviciado Menor, donde adquirió el francés, que dominó a la perfección y completó sus estudios, fue enviado a Italia, al Noviciado misionero de Bordinguera, en el norte de Italia, muy cercano a la frontera con Francia.
Noviciado de Bordighera
Al Noviciado de Bordighera llegamos un 14 de agosto de 1953, en vísperas de la Primera Profesión de los novicios que terminaban. Comenzaron para nosotros los cuatro meses de Postulantado. En aquel ambiente nuevo, en cuanto al entorno físico, de Formadores, de convivencia ampliada por los compañeros de 2º. año de Noviciado, de silencio, conferencias, reflexión, oración, las actitudes positivas de Juanjo, que yo recuerde, solo cambiaron en intensidad y fervor, pero siempre con la espontaneidad y la alegría que le conocíamos. Recibimos el Hábito de los Hermanos un 14 de diciembre de ese mismo año. Juanjo pasó a ser llamado Hermano Bernardino Arturo o, simplemente Hermano Arturo. Con su nombre religioso recibió, según las costumbres del trato fraterno de aquellas épocas, cambiamos el “tú” por el “usted”, que al principio sentíamos tan raro...Pero en el fondo, la cercanía y el afecto mutuo no había cambiado.
[1] Ibid 1
hERMANOS NOVICIOS DE BORDIGHERA CON SUS FORMADORES Y EL P. CAPELLÁN. ENRTRE LOS FORMADORES ESTÁ EL HNO. HERMANN JOSEPH, DIRECTOR DEL NOVICIADO (con barba), a su lado derech el HNO. PIERRE AIMÉ, Subdirector, al final de la fila, sentados, están el HNO. ARATERER JEAN, Subdirector y el Hno. CONSTANTIN (Maestro de música).
Junto con el cambio de nombre recibió la Sagrada Escritura, un crucifijo y un rosario de seis decenas. A lo largo de dos años de formación religiosa, con sus momentos de oración, lectura espiritual, estudio del Santo Fundador, de la Regla y el Catecismo de Votos. La vida del Noviciado era muy regular en horarios y distribución de actividades. Algún recuerdo me ha quedado de uno de nuestros Formadores, excelente maestro de música y canto y, director del magnífico coro que llegamos a conformar a lo largo de los dos años de Noviciado. Habiendo descubierto en el H. Arturo cualidades musicales, le cedía de vez en cuando la batuta para dirigirnos y no lo hacía mal, aguantando alguna que otra sonrisa, entre traviesa y retadora de parte de los cantores.
Terminado el Noviciado emitimos la Primera Profesión el 15 de agosto de 1955, fiesta de la Asunción de María Santísima y con la emisión de los primeros votos, hechos con toda generosidad y consagrando su vida para siempre al servicio del Señor por la educación, se terminó este tiempo de gracia que es el Noviciado.
Ya para entonces conocíamos el destino que nos había señalado, semanas antes, el H. Asistente, Antonio María. Como nuestra opción inicial había sido ponernos a disposición de los Superiores, en principio, como “misioneros”, para Juan José resultó, no frustrante, pero sí sorpresivo: debía regresar a la Patria de donde había salido generosamente hacía cuatro años.
A partir de entonces, por largos años, poco supimos uno del otro, salvo las noticias que hacíamos circular a través del “Trait d’Union”, que nos seguía poniendo en contacto a los que habíamos formado la “Promoción de la Inmaculada Concepción”. De una de estas comunicaciones, 10 años después de salir del Noviciado, agosto de 1965, extraigo lo siguiente, relacionado con sus convicciones de Hermano de las Escuelas Cristianas, en plena juventud de sus 28 años, ya totalmente inmerso en el apostolado de la escuela, en su preparación profesional universitaria y en su Comunidad de 19 Hermanos, que consideraba reducida!!! en comparación, desde luego, con el volumen de 1,800 alumnos del complejo educativo que dirigían y animaban: “Estamos ya a 10 años de nuestra Profesión Religiosa, vida consagrada con exclusividad a los intereses del Reino. Dejemos desbordarse nuestro agradecimiento a la Santísima Virgen, como también nuestra alegría, cada uno a su manera, pero juntos. Lo que María cuida está verdaderamente bien cuidado. Que se digne conservarnos fieles hasta la muerte a nuestra vocación de primera línea en la Iglesia…les deseo a todos, la gracia de la perseverancia en nuestra bella, bellísima vocación… yo prometo ser fiel a nuestros compromisos[1].
Al terminar su noviciado va a Roma, visita la casa Madre, veneró las reliquias del Santo Fundador y conoció la Basílica de San Pedro y otras hermosas basílicas de la ciudad eterna; después de estos días pasa por París, donde también tuvo la oportunidad de conocer algo de la Ciudad Luz.
El regreso a México se realizó vía Nueva York y de ahí a la ciudad de México, habiendo tenido el gusto de ser recibido por sus papás y hermanos en el aeropuerto. Su nueva comunidad fue el Escolasticado de Coyoacán, donde se incardina a estudiar Normal en la escuela Normal Cristóbal Colón, pero su escolasticado y sus estudios se verán muy interrumpidos porque es solicitado muy pronto para iniciar su labor docente; en esta casa tuvo como director un gran maestro y formador, el Hermano Miguel Martínez Cervantes. Los jóvenes Hermanos todos los días iban de Coyoacán hasta el Cristóbal Colón de Sadi Carnot, en la colonia Santa María de la Rivera y ese viaje se empleaba en realizar la lectura espiritual y algún otro ejercicio espiritual; el tiempo que quedaba lo utilizaban para estudiar algún tema.
Un testimonio nos dice: “Por caminos de la Providencia, yo también regresé a la Patria, seis años más tarde y, aunque en Distritos diferentes, volvimos a vernos muy de vez en cuando, siempre con afecto y alegría. Algunos recuerdos me quedaron muy grabados en los años subsiguientes. Un retiro de 20 días en el que coincidimos y, que nos permitió recordar tantas situaciones e ilusiones compartidas y en el que comprobé su sencillez, casi ingenuidad, su espontaneidad y buen humor de antaño”[2].
Capítulo II
Inicio de su vida apostólica y educativa
Su primer campo de trabajo fue en el Colegio Regis, de septiembre a diciembre de 1956. Primera experiencia que no fue fácil, pues no tenía práctica, pero su buena voluntad y la ayuda de los Hermanos con experiencia le ayudaron a llevar bien su clase de primaria.
En septiembre de 1956 colabora en la Primaria del Colegio Cristóbal Colón, de febrero a junio de 1957. Regresó al escolasticado y, en agosto de 1958 termina su estancia en esta casa para convertirse en Hermano de comunidad, en Monterrey.
La Sultana del Norte:
Los colegios La Salle de San Nicolás fueron fundados por los grandes industriales de Monterrey y el Hermano Víctor Bertrand, en 1957; al año de haber iniciado la escuela, el Hermano de sexto año, Juan Estudillo, fue cambiado al I. Regiomontano y el reemplazante fue el Hermano Juan José Martín del Campo, quien llegó a esta escuela como maestro de 6º de Primaria, en agosto de 1958. Su personalidad sencilla y siempre de buen humor, fue un elemento importante de integración de los Hermanos y de la Comunidad de maestros: el Hermano José Sánchez S. Dtr., el H. Rafael Servín y el H Juan José, a quien se le encomendó el 6º de primaria, del recién fundado Colegio La Salle de Cervecería, en San Nicolás de los Garza.
Al Hermano José Sánchez S., hombre de gran responsabilidad y, exigente a la vez, con un gran corazón de educador, le tocó dar forma a esta nueva obra. Sus compañeros inseparables fueron los HH. Rafael Servín Díaz Barriga y Juan José Martín del Campo. El día iniciaba en la comunidad del Regiomontano, de donde salían en la camioneta, que el Hermano director le llamaba su “ovejita” y, en ella recogían a las maestras para que todo se iniciara puntualmente a las 8.a.m. No regresaban a comer, sino que iban al comedor de empleados de Cervecería, donde tomaban sus alimentos y por la tarde regresaban a casa, con sus cerros de cuadernos a corregir. Su estancia en la Salle fue de gran aprendizaje para él, y, a la vez, hizo un excelente trabajo con sus alumnos de 6º de Primaria, como maestro novel y, los tres Hermanos José Sánchez, como Director, Juan José y Rafael Servir, supieron sembrar la pedagogía y los valores lasallistas en esa naciente obra.
Estando aún en el Colegio La Salle, hace su Profesión Perpetua el 23 de julio de 1961, en Gómez Palacio, Dgo., al finalizar el retiro de preparación para ese momento tan importante. Con gran generosidad y sin ánimo de volverse atrás pronunció: “Santísima Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo postrado con el más profundo respeto ante vuestra infinita y adorable Majestad, me consagro enteramente a Vos para procurar vuestra gloria...”
[1] Fotografías y relato del Hermano Adalberto Aranda.
[2] Ibid 6
Durante este tiempo estudia su Preparatoria. Después de un buen trabajo realizado en los colegios y viendo su capacidad para impartir las clases fue llamado a nuevas responsabilidades.
En 1963 dejó la Primaria y fue destinado al Instituto Regiomontano, donde le encomendaron un tercero de Secundaria y, más tarde fue profesor de Preparatoria; su labor docente la realiza como maestro de Química, Matemáticas, Física y Catequesis.
Juanjo pronto inició sus estudios superiores inscribiéndose en la Normal Superior de la Universidad de Coahuila, donde estudió Matemáticas. Fueron cuatro años de un esfuerzo constante para responder las lecciones de las diversas materias que puntualmente llegaban dos veces al mes; en el verano era ir a Saltillo, asistir a clases presenciales y presentar los exámenes sobre el estudio realizado.
En el Instituto Regiomontano se desempeñó primero como profesor de tercero de secundaria, impartiendo clases de Matemáticas y, sobre todo, Química, cuya materia le adjudicó el sobrenombre de “Magazo”, por sus laboratorios y todas las precauciones que tomaba para evitar cualquier problema, y sobre todo para que el experimento funcionara a la perfección.
Después fue cambiado como profesor de la Preparatoria, siendo titular del grupo de Ingenieros de 3º y 4º semestre de la Preparatoria. Sus materias siguieron siendo la Química y las Matemáticas; los alumnos lo reconocían por sus explicaciones claras y precisas, aunque era temido por la rudeza de sus exámenes. Sus prácticas de laboratorio eran cuidadas hasta el extremo, era preciso y deseaba que todo saliera a la perfección.
La comunidad del Regiomontano era una comunidad grande, con cerca de 20 Hermanos y la convivencia fraterna era una de sus riquezas: paseos comunitarios, convivencias frecuentes; la mayoría estudiaba y formaban un ambiente académico de ayuda mutua. La presencia de Hermanos con más experiencia les daba estabilidad y ellos compartían con los jóvenes su experiencia, tanto religiosa como pedagógica.
En esos tiempos, ser un “profesor” equivalía a ser ‘Hermano’, así llamaban a los Hermanos en Monterrey, en esa época y, su apostolado no se limitaba a sus excelentes clases, sino que participaba en las actividades del Instituto Regiomontano: responsable del laboratorio de Química, vigilancia de juegos de fin de semana, presencia en los recreos y, sobre todo, la animación y control de la Banda de Guerra, primero, y de la de música, después.
Un testimonio de esa época nos dice: “Conviví con él, en mi primera comunidad, durante 4 años y descubrí en él a un excelente y ejemplar Hermano.
Muy piadoso, siempre puntual a los ejercicios de piedad. Siempre dispuesto a ayudarte y apoyarte en lo que le pidieras. De muy buen carácter, bromista, siempre sonriente, nunca vi en él un mal ejemplo.
Era titular de un grupo en secundaria y responsable de la Banda de Guerra. Muy ecuánime, siempre te daba un buen consejo. Dentro de su capacidad de servicio a sus Hermanos enseñó a manejar a varios hermanos jóvenes, entre ellos a mí y lo hacía los domingos, por la tarde”[1].
En el año de 1966 fue nombrado “Inspector de la primaria” y, lleno de entusiasmo y con muy buena voluntad aceptó, aunque, por su bondad natural y su complicada organización, no era adecuado para ello, por lo que, al inicio del mes de noviembre de 1966 llegó a reemplazarlo el Hermano Salvador Pérez Orozco. El Hermano Juan José, feliz se reintegró a su actividad en la secundaria y preparatoria y supo entender muy bien su cambio. Siempre guardó un gran cariño por los niños de primaria, se hizo famosa una frase de un lobatito, Drexel, que le dijo: “Usted si nos divierte...”, pues su plática, sus chistes y su forma de ser era muy agradable para los niños. Tenía una atracción formidable para con los niños, por su sencillez, su risa y su sola presencia. En las posadas familiares, que en ese entonces se celebraban en el Instituto Regiomontano, durante la oración de la posada y, en la cena, siempre estaba rodeado de gente menuda.
Fue durante años responsable de la Banda de Guerra del Instituto y siempre se esmeraba de que todo saliera muy bien. Era muy meticuloso en el control de los alumnos, así como en el desarrollo de las actividades, de las cuales, las principales eran los desfiles del 16 de septiembre y 20 de noviembre, en las cuales presentaba pirámides, con la Banda, desfilando o, bien, sobre plataformas. Y, qué decir del desfile de Laredo, donde la Banda se lucía en grande.
En comunidad era un Hermano muy querido, obediente al Hermano Director, sencillo y amable, no tenía mucha malicia, según se deduce del siguiente hecho: un día uno de los Hermanos se llevó la camioneta a uno de sus apostolados, sin autorización del Hermano Director; preguntando este por el Hermano y, sabiendo que le iba ir mal, se quedaron callados pero, el Hermano Director le preguntó a “Cuasi” si sabía dónde estaba el Hermano, él muy ingenuo le dijo: ”Creo que se metió a mi cuarto...” el director fue al cuarto y lo encontró, regañándolo a cajas destempladas y con palabras fuertes... fue la inocencia de Juanjo, no su malicia, quien no le permitió callar...
Una anécdota: “Eran los tiempos de las Olimpiadas del 68, el Hermano Director, Jorge García, adquirió para la comunidad una TV a color. El hecho de las olimpiadas y la nueva televisión convocaba a la Comunidad, reunidos a ver el resumen del día o alguna de las justas olímpicas que se realizaban en el momento... una tarde llegó “Cuasi, “sobrenombre cariñoso como le decían los Hermanos... llegó, se sentó a ver el programa y, siempre cargaba en el cinturón un gran llavero con más de dos docenas de llaves. Un joven Hermano se las quitó del cinturón y las puso sobre la TV y, al parecer, todo quedó ahí... al día siguiente tenia escoleta con la Banda de Guerra y no pudo entrar al cuarto de banda... volvió a casa y, después de muchas vueltas encontró las llaves, al parecer ahí había terminado todo... pero, siempre hay un pero, al día siguiente, en el desayuno, el Hermano Everardo Márquez le dijo: “Cuasito” te felicito porque no traes las llaves... entonces estalló el buen Cuasi... el Hermano le dijo fue solo una broma... y Juanjo estalló diciendo: “Estas no son bromas, son cabro...das...” y lo quisieron calmar y más leña se le echaba a la hoguera... dijo: “Ya les removí a todos su árbol genealógico y, palabras fuertes salían de su boca... lo quisieron calmar y no quería.. hasta que se dio cuenta de que el Hermano Juan del Castillo, Vtr. del Distrito Sur, se encontraba en el comedor... estaba tan contrariado que no se controló gran cosa... después se disculpó.
Los dos últimos años de estancia en el Instituto Regiomontano fue encargado de la Banda de Música. Se dedicó con gran esmero a esta actividad y le dio lucidez a todas las actividades que se realizaban
Siempre fue un Hermano muy amable, le encantaba contar chistes y anécdotas, algunos de ellos los repetía, despertando la alegría de los Hermanos ...
El estudiante.
El Hermano Juan José fue muy buen estudiante, tenía una buena preparación recibida en Francia, conocía muy bien la lengua del Fundador, así como el inglés, el cual perfeccionó en un curso tomado en los Estados Unidos durante un verano. Sus estudios superiores, después de haberse graduado de Profesor de Educación Primaria ,en la Normal del Cristóbal Colón, fueron: Maestro en Matemáticas, por la Normal Superior de la Universidad de Coahuila, en Saltillo y, Químico Industrial, por la UANL.
En 1966, el Hermano Visitador, Víctor Bertrand motivó y autorizó a algunos Hermanos a que estudiaran estudios universitarios, En Hermosillo, algunos Hermanos iniciaron el estudio de una carrera universitaria pero, sobre todo en Monterrey, ocho Hermanos iniciaron sus estudios, cuatro en Química, dos ingenierías, uno en Letras, otro en Filosofía y, con ellos se abrió la posibilidad de realizar estos estudios. El Hermano Juan José, junto con los Hermanos Francisco Barba, Juan Estudillo y Everardo Márquez, iniciaron sus estudios en el CUM, que estaba incorporado a la UANL. Tenía el CUM la ventaja de su relativa cercanía del Instituto Regiomontano, además de contar con excelentes maestros.
Fueron muchas anécdotas y travesuras que se vivieron en esos años. El Hermano Juanjo sufrió las bromas de sus compañeros, ya que él era muy meticuloso en la preparación de laboratorios y los otros dos gozaban haciéndole travesuras y, el buen Juanjo era el último que terminaba... en las vacaciones adelantaban algunas materias, una de ellas fue una clase de dibujo y de ahí vino una frase célebre para decir que estaba dormido: “estar entintando dibujos...”
En junio de 1970 los cuatro Hermanos: Juan José Martín del Campo, Juan Estudillo , Everardo Márquez, y Francisco Barba se recibían como Químicos Industriales, graduándose por promedio. En ese verano los Hermanos estudiantes fueron cambiados: Francisco Barba, a Cd. Obregón, Everardo Márquez, a Chihuahua, Juan José Martín del Campo, al bello Puerto de Acapulco y Juan Estudillo tomó la coordinación de Secundaria y Preparatoria del I. Regiomontano.
En el verano de 1971 el Hermano Juan José tuvo la gracia de asistir al curso de renovación llamado CEL, donde el Director era el Hermano Víctor Bertrand. En un reporte de la época se lee: “Con renovado entusiasmo y enriquecedoras experiencias regresaron del CEL de Medellín, los siguientes Hermanos: Juan José Martín del Campo y 13 compañeros más...”[2] Ciertamente, fue un momento de gracia y de renovación para el Hermano, sobre todo en la vida litúrgica. Dos veces por semana se contaba con un sacerdote que iba a la comunidad para celebrar la Eucaristía, ellos eran el Padre Ángel Martínez y el Padre Herman y ambos estaban abiertos para vivir nuevas experiencias litúrgicas. Tanto el Hno. Juanjo como el Hno. Gabriel Sarralde, colaboraron mucho para que la sagrada Eucaristía fuera una vivencia comunitaria extraordinaria.
Al año siguiente, 1972, tuvo la oportunidad de tomar un segundo curso de inglés, esta vez en Nueva York. “Los Hermanos, Juan Estudillo y Juan José Martín del Campo estuvieron en Manhatan College, disfrutando de la hospitalidad de los Hermanos Norteamericano, perfeccionando el inglés en la misma universidad”[3].
Otros estudios: siendo Hermano joven realizó los estudios religiosos que el Instituto pedía. El Curso Fundamental y el Superior: Teología Moral y Ascética. Estando en Acapulco, durante los veranos obtiene la licenciatura en Ciencias Religiosas de la Universidad La Salle, en México. Para este curso se adentró mucho en la Teología de la Liberación y, era un amante de leer libros nacidos de los teólogos de la liberación, lo que hacía su plática sobre temas religiosos muy interesante aunque, más tarde, le va a crear algunos problemas, porque lo consideraron muy adelantado...
Testimonios:
Ricardo Maynes: Mi más profundo respeto por este maestro íntegro en su forma de ser, cualidades que he apreciado durante toda mi vida, porque su vocación de formador de vida no tuvo límites.
Como maestro nuestro, en la Banda de Guerra, nos enseñó la disciplina, la confianza en uno mismo y, sobre todo, el respeto a los demás; en muchas ocasiones teníamos que hacer Honores a la Bandera, en eventos, por la noche y él se encargaba de llevarnos hasta nuestras casas. En el desfile por las fiestas de Washington ,en Laredo Tx. llegábamos al colegio de las Ursulinas, en el centro de Laredo y dormíamos en los salones, en sleeping y a él le hacíamos bromas, que aguantaba, eran muchas cosas que yo creo no hubiese aguantado yo.
En cuanto a la clase de Química, la verdad era muy apasionado en lo que enseñaba, ojala siga habiendo maestros de esa calidad humana que le caracterizaba. Lo voy a extrañar. El apodo que, de cariño de todos le decíamos, era "El Mago"[4].
Corta semblanza sobre el Hermano Juan José Martín del Campo
El Hermano Juan José Martín del Campo, “El Mago”, como cariñosamente le llamábamos entre nosotros, es una de las imágenes más afables y representativas del Hermano Lasallista, que yo pudiera recordar. Un tipo bueno en su imagen, en su trato, en sus acciones, un tipo entusiasta, de aspecto un tanto “nerd”, lo veíamos siempre con mucha energía, sin titubear, siempre listo a apoyarte con sus respuestas, con cierta prisa aparente para algo y con la vista enfocada a un objetivo.
Ese era El Mago, a quien habría que haber visto desarrollar con toda su pasión, la explicación de un problema de Física o de Química; llenar el largo pizarrón con su letra chiquita y bien cuidada y tener que borrar la mitad de la izquierda, para concluirlo, siempre claro en su razonamiento, siempre acertando claramente el resultado final, siempre dentro del tiempo de la clase y con su cara roja mostrando una sonrisa de satisfacción y, casi diciendo: “Charánnnn”. Todo un Mago.
En lo general, creo que el Hermano Martín del Campo era un maestro muy querido y respetado por sus alumnos. Aunque fue mi maestro en años anteriores, fue nombrado maestro titular del grupo de Ingenieros de 2º de Prepa y formó parte de ese grupo de maestros a quienes yo viví por siempre agradecido, porque el empeño que pusieron en nosotros y la preparación que nos dieron, fueron excelentes, lo cual pude yo apreciar en los años siguientes, cuando en la carrera pude comparar los conocimientos que yo llevaba como Ex–A-Regio, con los de los demás compañeros.
Lo que marcó por siempre mi relación con él y la forma de verlo, fue 4 años antes, cuando en secundaria, tímidamente entré a la Banda de Guerra, de la que él era coordinador. Tímidamente, es un decir, la verdad es que yo le tenía pavor a tocar y a equivocarme en los redobles con el tambor, pero siempre lo hacía con el mayor cuidado posible. Un buen día se me acercó, me vio fijamente y me dijo: “Tú tocas muy bien, pero no te escucho; necesito que toques fuerte, sin miedo, y vas a hacerlo aún mejor”. Sobra decir que esas palabras fueron directamente a mi autoestima, como creo que él lo tenía calculado y, desde entonces empecé realmente a tocar en la Banda de Guerra.
Este era el Hermano Martín del Campo, este era El Mago, un personaje que se quedó para siempre en mi corazón”[5].
Momentos de dolor en la vida del Hermano:
Dos grandes penas grandes que vivió con resignación y aceptación de la voluntad de Dios fueron para el Hermano Juan José la pérdida de sus padres: Su papá, don Juan José, falleció el 19 de marzo de 1968 y su mamacita murió en el temblor del 19 de septiembre de 1985, en el edificio de Chilpancingo 116, donde vivía su señora madre, con la familia de una de sus hijas: María Eugenia. El edificio que se encontraba cercano a la glorieta de Chilpancingo, sobre la avenida Insurgentes, al venirse abajo el edificio su señora mamá sufrió heridas y golpes, pero su hermana perdió su vida. Más tarde va a vivir la muerte de su querida mamacita, con gran resignación a la voluntad de Dios.
Capítulo III
Acapulco
Juan José llegó a Acapulco cuando aún no tenían casa los Hermanos, pues habían vivido sobre la dirección y tuvieron que desalojarla porque se había rentado el edificio de Secundaria y Preparatoria a la Universidad Autónoma de Guerrero...”el 17 de septiembre las escuelas de Comercio y Turismo comenzaron sus clases en el edificio del Colegio La Salle . “Los Hermanos vivían en Caleta, de forma provisional, mientras se construía, en el fondo del Colegio, la casa de la comunidad. Este año, 1970- 71 contamos con varios Hermanos nuevos en la comunidad”[6].
Durante once años, el Hermano Juan José va a realizar su apostolado educativo en el Colegio La Salle, nunca fue el coordinador, pero sí el Director técnico de la Preparatoria y subdirector de la Secundaria, por ser en ese tiempo el Hermano con los títulos necesarios para desempeñar esos puestos.
En los once años que estuvo nuestro Hermano en Acapulco, tuvo dos Hermanos directores: el H. Manuel Padilla y Elio Infante y ellos pusieron todo su empeño para que la vida comunitaria fuera acogedora y se viviera realmente buscando que, el diálogo comunitario ayudara a la unidad de miras y acción, tanto en la comunidad como en el Colegio.
Se vivían tiempos difíciles, desde el punto de vista económico, se construyó la casa de los Hermanos, hubo demandas sobre el terreno donde está construido el colegio, se vivía con limitaciones, pero esto no menguaban la alegría con la que se vivía, ni la entrega de los Hermanos a la labor educativa.
Los Hermanos teníamos horario corrido, no teníamos horas libres de clase en el día además, colaboramos en la preparación de la fiesta de las Madres, en la que se organizaba un bonito y bien preparado festival gimnástico, donde el número final era preparado por el Hermano Juan José, los otros Hermanos éramos responsables de otros números artísticos, pero las pirámides humanas era la especialidad de él.
La diversión de la comunidad era ir, cada domingo, a Puerto Marqués, a nadar y comer con doña Cata, donde, además de convivir comunitariamente esos momentos, se gozaba mucho de la comida: ceviche, picaditas y pescado frito. Cada domingo era una ocasión de convivir con todos los Hermanos después de haber esquiado por la bahía de Puerto Marqués; cuando ya no se tuvo la lancha, algunos nadábamos hasta la bocana de esta Bahía. Durante la comida, Cuasi nos contaba anécdotas y chistes que eran recibidos con gusto y, sin proponérselo, era un factor de unión y buen espíritu. Todas las tardes, después de la Santa Misa, era reunirnos en la televisión para gozar junto con nuestro Hermano de sus programas favoritos: “el Agente 86” y la “Pantera Rosa” que tenían su chiste, pero las reacciones del Hermano eran mucho más amenas, muchas veces, que el programa en sí...
Las vacaciones comunitarias eran por lo general en semana de Pascua, ya que en Navidad se recibían Hermanos en Acapulco.
En Semana Santa y, muchas veces en semana de Pascua, la comunidad salía de vacaciones a lugares hermosos, relativamente cercanos. Visitamos Oaxaca, una navidad y vivimos acontecimientos propios de la región, como la “Noche de los rábanos”, la precesión de las luces pero, sobre todo, conocimos Monte Albán y Mitla, con la explicación detallada que el Hermano Juanjo nos daba, sirviéndose del folleto de arqueología de Richard Bloom, que trataba de explicar, lo mejor posible, y las ruinas y lugares que visitábamos y en momentos su palabra era jocosa. Recorríamos las ruinas con entusiasmo y tratando de conocer los detalles más importantes.
En el árbol de Santa María del Tule, tratamos de rodearlo infructuosamente, ya que no alcanzamos con nuestros brazos, gozamos el templo que se encuentra cerca de las hermosas ruinas y, sobre todo, de un excelente ambiente comunitario.
De camino entre Oaxaca y Santa María del Tule se encuentra Tlacolula, lugar famoso por la producción de mezcal, que aprovechamos para probar y llevar una botella para la comunidad. Además, visitamos le bella parroquia con la capilla del Señor de Tlacolula, hermosa construcción en lo que fue un convento de Dominicos.
Otro lugar que visitamos con mucha tranquilidad fue el hermoso convento dominico de Santo Domingo, donde admiramos el trabajo misionero de estos frailes, los libros traducidos al zapoteco y mixteco para la evangelización, traducidos en los 5 primeros años después de la conquista. Otro lugar que visitamos fue Guelatao, en la sierra de Oaxaca y, antes de regresar a nuestra comunidad, pasamos al convento de Cuilapan, donde fue fusilado Vicente Guerrero...
Otras vacaciones fueron a Mérida, conociendo Chichenitzá, Uxmal, Puerto Progreso, el convento franciscano de Valladolid y el cenote y, nuestro espíritu de aventura nos llevó hasta Campeche, gozando siempre de las sabias explicaciones de Cuasi...
Quizá las vacaciones más especiales que vivimos fue la ida a Guatemala, donde conocimos el Lago de Atitlán, La Antigua, Cd, de Guatemala y, lo más formidable fue la ida a Tikal, donde conocimos las hermosas pirámides y estuvimos a punto de no poder regresar, ya que un avión que traía solo norteamericanos, había pegado con un árbol y no era seguro su vuelo,,, y querían que cediéramos el vuelo pero, además de un calor insoportable no había condiciones para pasar una noche...el regreso fue un triunfo, todos cantamos y tratamos de hacer el viaje alegre.
Conocimos también Quetzaltenago, Huehuetenango, por la obra de los Hermanos, además de la ciudad de Guatemala, donde nos hospedamos en la casa de formación de los Hermanos.
En 1976, el señor Obispo don Rafael Bello, invitó a la comunidad para que colaborara en la Misión de Cuanacaxtitlán, el nido de gallinas, donde la diócesis había iniciado una misión con tres religiosas, pero necesitaba más ayuda, Las primeras visitas a la población las hicimos toda la comunidad, dejando el automóvil en Azoyu y caminando a pie hasta el poblado.
En comunidad nos preguntamos el cómo hacer misión y, entonces el Hermano Juanjo, que había iniciado el M.A.S. (Movimiento de Acción Social) propuso que fueran alumnos del grupo y sirvieran de ayuda, como escribe un alumno de ese tiempo: “Aparte de ser mi profesor, fue un gran guía, en especial con este grupo (MAS) íbamos a ayudar a las comunidades indígenas de la montaña de la Costa Chica de Guerrero, con bultos de fertilizante y semilla para su siembra. Eran unos viajes para ir a la misión, llenos de aventura; la verdad nos divertimos mucho con nuestras locuras, implicaba idas y venidas a las pozas, con caminatas interminables y llegar a tomar agua de arroyuelos donde bebían las vacas, llevamos películas para la catequesis de la gente, que proyectábamos en la pared de la iglesia, las cuales duraban mucho tiempo, pues se cortaban.
Un problema que teníamos es que las señoras no hablaban con nosotros, solo los niños y los hombres, pero quedaban muy agradecidos por nuestra presencia, por la ayuda para el campo y por nuestra presencia.” ”Al hermano Martin del Campo lo recuerdo con mucho cariño y le mando un abrazo hasta el cielo”[7].
El maestro:
Al Hermano le tocó trabajar con la educación personalizada, entusiasta y con gran dedicación se preparó para esta nueva pedagogía, examinó sus programas y de inmediato comenzó la redacción de fichas, exámenes, conseguir diferentes textos donde investigaran, preparó sus clases choque y los momentos de puesta en común. Los alumnos comenzaron a trabajar con las fichas con buenos resultados. Además, usaba textos programados, como una técnica de enseñanza autodidacta, donde les presentaba la materia, en forma de pequeñas unidades didácticas, permitiéndoles la verificación inmediata de sus resultados, ya fueran correctos o incorrectos y esto permitía al alumno profundizar y afianzar los conocimientos adquiridos. Esto lo hacía como un complemento de la enseñanza personalizada.
Juan José era un maestro siempre presente entre sus alumnos, muy detallista y con un sistema de calificación y control, algo complicado, pero efectivo, ya que eran grupos de más de 60 alumnos. Sus exámenes eran detallistas e implicaban mucho estudio, les dejaba contestar el examen con libro abierto, pero si no había habido un estudio a conciencia el resultado era malo, y no se conmovía con nada... no daba una décima que el alumno no se la hubiera ganado.
Era un verdadero formador intelectual y moral de sus alumnos, los sabía escuchar y atendía a sus reclamos y necesidades; los sábados que hacía presencia en los deportes de los mayores del colegio era ocasión para que los jóvenes se acercaran al maestro y este despejara dudas, aclarara
inquietudes y sembrara ideales y retos en los jóvenes.
Algunos testimonios de exalumnos que fueron sus alumnos en esos años:
[1] Juan Manuel Medina
[2] La Salle en México Norte Septiembre de 1971.
[3] La Salle en México Norte septiembre 1972
[4] Ricardo Maynes:
[5] -Jesús Mendoza Moneta
[6] La Salle en México Norte enero 1971 Elio Infante Novoa. Págs. 20-21
[7] JOSÉ RUBÉN PINZÓN
“El maestro deja una huella para la eternidad; nunca puede decir cuándo se detiene su influencia”[1]..
Hace poco tiempo me enteré del fallecimiento del Hermano Lasallista, don Juan José Martín del Campo y Noriega. Sabía que estaba enfermo desde hacía tiempo y que su capacidad intelectual no se encontraba mermada. Desde que egresé de la preparatoria, a los 16 años, en 1976, en el Colegio La Salle de Acapulco, Gro., nunca volví a tener contacto con él, me enteraba de su estado a través de los Hermanos Gabriel Sarralde, Elio Infante y Juan Ignacio de Alba. Su recuerdo siempre prevaleció, sus enseñanzas, su estilo personal y entereza, dejaron una huella profunda en mí y estoy seguro que en la mayoría de mis compañeros de generación.
El Hermano Juan José, “El Químico”, como cariñosamente le llamábamos, era un gran maestro y sus métodos eran pedagógicos y didácticos; entendías a la primera sus explicaciones, desde un tema tan simple como los isómeros estructurales, a otro un poco más complejo, como la entalpia y la entropía. Él siempre era entusiasta, pienso que disfrutaba enseñar y comunicar.
Cuando llegaba al salón, jamás levantaba la voz, todo lo contrario. Si el grupo estaba particularmente inquieto, porque veníamos de recreo y el calor tropical se imponía, él simplemente se acercaba al pizarrón y empezaba a escribir y a hablar con un tono particularmente bajo, pues sabíamos que todo lo que nos impartía podía venir en el examen y no queríamos perdernos la explicación y así, lograba de inmediato el efecto buscado: el silencio y la concentración de nosotros, sus alumnos.
Siempre disfruté sus clases, recuerdo que, en Química, usamos el libro de Gregory R. Choppin, Bernard Jaffe, L. Summerlin y Lynn Jackson. Con este texto, nos llevó de la mano para aprender historias de las y los grandes científicos, que tanto aportaron a la humanidad y nos hizo soñar con la posibilidad de también nosotros realizar cambios semejantes. Conocimos la Tabla de los Elementos y aprendimos, adquirimos conocimientos y, al tiempo, iba más allá, porque la enseñanza es más que impartir conocimiento, es inspirar el cambio. El aprendizaje es más que absorber hechos, es adquirir entendimiento.
El Hermano Juan José, definitivamente nos inspiraba, recuerdo sus reflexiones basadas en uno de los primeros libros de autoayuda, que leí sobre análisis transaccional: I am Ok, You are Ok, del psiquiatra norteamericano Thomas Anthony Harris (no confundir con Thomas Harris el creador del personaje Hannibal Lecter, en Red Dragon). También quedó grabada en mi memoria una frase que he empleado con buen éxito: ‘Cuando no sepas cómo reaccionar ante una situación: acaricia’. Eso no falla, nos decía. Y, claro que tenía razón. La bondad, la gentileza, es un arma diplomática sensacional.
Hay quien recuerda la frase: ‘Cuando necesites ir rápido, es el momento para ir despacio’.
Todos sus alumnos sabíamos que, con él, en los trabajos que hacíamos para su materia, podíamos obtener más de 10. El famoso 10 +1, o incluso un 10 + 2 + 2 + 1. Lo que siempre provocaba una sana competencia.
En casa, mis padres me habían comprado, para mis tareas, un fajo de 500 hojas de papel, de diferentes colores, amartilladas y, me había acabado ya las blancas, las amarillas, las azules y las verdes. Solo me quedaban las rosas, así que en esas escribí (usando mi Olivetti Lettera 44) y cuando el hermano Juan José entregó los trabajos, (lo hacía uno por uno, destacando los aciertos de cada uno) los gritos y silbidos de la mayoría no se hicieron esperar. Jamás lo había visto tan enojado, hizo un fuerte llamado de atención, mis sentimientos eran ambivalentes en ese momento, me sentía culpable por haber entregado el trabajo en hojas color de rosa, pero también me sentí respaldado y protegido. Después de eso llegamos a platicar sobre el bullyng, que para mí ya se había convertido en habitual y le llamaba la atención el hecho de que a mí, parecía no importarme. Claro que me importaba, tan es así, que lo recuerdo y ahora lo escribo. Pero hubo un maestro que me defendió de manera decidida y que se interesó en mí. Esa es el recuerdo que más valoró, yo era un muchacho de 16 años, era el más chico de la generación.
Participar con él en el laboratorio, era toda una aventura; no olvido la aromática experiencia en el experimento para la obtención del aceite de clavo. Al término de cualquier práctica teníamos que dejar todo limpio y ordenado. Otra enseñanza para la vida.
El Hermano Juan José se preocupaba por cada uno de nosotros, recuerdo haberme quedado un buen tiempo platicando con él en la biblioteca, sobre libros; en esos tiempos yo había descubierto a Herman Hesse, así que le comenté mis dudas sobre Sidartha, El Lobo Estepario y Narciso y Goldmundo. Él me dio sus atinados comentarios.
Nos tocó cursar con él el último año de la preparatoria, utilizando la modalidad de aprendizaje individualizado, pues esto te permitía adelantar temas e, incluso iniciar nuevos libros, si terminabas el texto básico a tiempo. Era una delicia ir con él para consulta individualizada, siempre tenía algo que enseñarte.
Recordamos a Juan José con mucho cariño, con admiración, con un secreto orgullo de haber sido sus alumnos y, hablo en plural, porque sé que en esto hablo en nombre también de todos mis compañeros. Finalmente, lo que es el maestro es más importante que lo que enseña. Aunque llegué a aplicar parte de medicina, su enseñanza más importante no fue científica, fue humana y afectiva. Albert Einstein nos decía que: Es el supremo arte del maestro despertar la curiosidad en la expresión creativa y conocimiento. Juan José siempre apostó a esto último. La educación no es fabricar adultos, según un modelo, sino liberar en cada hombre lo que le impide ser él mismo, permitirle realizarse según su genio singular. Todo el que recuerda su propia educación, recuerda a sus maestros, no los métodos o técnicas. El maestro es el corazón del sistema educativo. Con Juan José, no solamente aprendimos Química, también nos hablaba de los dos grandes enigmas de la vida: el mal y la muerte, lo que despertó en algunos el apetito de buscar más allá del mundo físico, la razón de nuestra existencia.
Hermano Juan José, ya no tuve la oportunidad de abrazarle en vida, me hubiera gustado conversar largo y tendido, pedirle consejos, compartirle algunos de mis pequeños éxitos, mis encrucijadas y sinsabores. Nunca pude hacerlo, aun cuando estoy seguro que sus enseñanzas, su ejemplo, ética, empatía, sensibilidad y pasión en la enseñanza, viven todavía en mí. Así que no tengo que ir con sin- sabores. Nunca pude hacerlo, aun cuando estoy seguro que sus enseñanzas, su ejemplo, ética, empatía, sensibilidad y pasión en la enseñanza, viven todavía en mí. Así que no tengo que ir muy
lejos. Usted, Hermano Juan José, vive aún en mi interior, la influencia de su pensamiento, sigue vigente en mí, sus enseñanzas me forjaron, gracias a su ejemplo, pude al menos intentar ser un mejor hombre. Por todo ello, solo me resta decirle una palabra, deseando que atraviese dimensión, tiempo y espacio: Gracias”[2]. Quiero terminar este texto, con una cita de Guy Kawasaki:
“Si tienes que poner alguien en un pedestal, pon a los maestros. Son los héroes de la sociedad.!
2.- Así conocí al Hermano Juan José Martin del Campo:
“Recién había terminado la primaria en el Colegio (1975), mi papá ofrecía una cena para el Colegio, esa noche, en el plantel. Me encontraba caminando por el área donde está la dirección de la sección de Secundaria, se me acercó y me preguntó qué hacía. Le contesté que estaba acompañando a mi papá y me preguntó nuevamente en que año estaba, a lo cual le dije que pasaba a Secundaria y que tenía cierto temor por enfrentarme a algo desconocido, él se rio y dijo “que, efectivamente, era muy diferente y me gustaría mucho, que prácticamente la etapa que se venía cambiaba gradualmente situaciones, perspectivas y la manera de ver las cosas”. Estas palabras del Hermano han estado presentes en mi vida”[3].
3.- "El Hermano Juan José Martin del Campo fue mi profesor de Química, Lógica, y otras clases que no recuerdo con exactitud. Me parece que la clase de religión también.
Mis recuerdos sobre el Hermano que me llamaron la atención eran: su orden, rectitud, su gran saber, el acervo de conocimientos, y el excelente trato equitativo y respetuoso hacia todos nosotros sus alumnos
[1] Henry Adams (Historiador estadounidense 1838-1918
[2] Dr. Enrique Caballero Peraza. Generación 1974- 76 exalumno del Colegio La Salle y antiguo Maestro
[3]Marco Antonio Rodríguez
Además de su gran sentido del humor, tras esas barbas y gafas, que de principio daban miedo. Sobre todo, por su altura (para nosotros los chaparritos).
También le recuerdo en los eventos de gimnasia para el día de las madres...caray, qué no hacía ese Hermano...
Dejó en mí un gran ejemplo de cómo debemos ser como humanos y el enseñar con el ejemplo a la juventud y niñez.
Un excelente profesor, una excelente persona y un buen seguidor de Nuestro Señor Jesucristo. De seguro en cuanto llegó con nuestro Padre celestial, lo pusieron a enseñar a esos espíritus rebeldes como lo éramos nosotros de jóvenes (jajajaja).
Vamos a extrañarle en este mundo mortal, pero esperamos vernos del otro lado cuando nos
llegue el turno de pasar. Mis más sinceros recuerdos y cariño para el Hermano Martin del Campo[1].
4. Exalumno del equipo de Gimnasia
“Recuerdo al Hermano Juan José como a un hombre de paz, con una agudeza de mente notable. Un hombre comprometido con la labor que Dios le asignó.
Yo era entonces un chaval amante de la gimnasia y él me decía afectuosamente “Ponchillo”. Fue pionero en la formación de jóvenes gimnastas en el colegio de la Salle de Acapulco.
Aunque era Químico tenía un halo de Filósofo... de esos que aman la vida y dan lo mejor de su cora-
zón.
En resumen era una sonrisa de Dios para el mundo”[2].
Otro exalumno, hoy ingeniero, nos da el siguiente testimonio
“Mi primer día de clase con el Hermano Martín del Campo o “El Químico”, como le decíamos, fue impactante, tenía mucha información sobre su carácter firme, pero amable, de su búsqueda por la perfección en la presentación que teníamos que hacer de tareas y exámenes, el orden y disciplina que exigía en sus clases...
Eso y la dificultad que la Química me presentaban, hacían aún más desafiante tenerlo de maestro. Pero todo fue cambiando conforme lo fui conociendo.
Su amabilidad, su pasión, su fuerte personalidad nos contagiaba y nos motivaba a esforzarnos más.
La creatividad para presentar nuestros exámenes y tareas al usar diferentes tintas, preelaborar los márgenes en nuestra carpeta, cuidar la limpieza, evitar borrones, todo eso nos formó y nos motivó a dar siempre un extra, no solo en el fondo, sino en la forma.
Y, aprendí Química, aprendí la tabla periódica y lo disfruté como nunca hubiera pensado.
Los experimentos en laboratorio, el usar la bata, los gogles, la emoción de qué sería lo que íbamos a hacer, hacían que todo valiera la pena. Él trabajar en equipos, por mesas de laboratorio nos hacían convivir, competir, compartir y fortalecer el compañerismo y la amistad. El Químico no solo fue mi maestro, fue mi guía y fue ejemplo de integridad y coherencia, de amabilidad y respeto[3].
Un abrazo y mi eterno agradecimiento para él.
Otro testimonio:
“Mi nombre es Francisco de Paula Soberanis Ríos y, puedo decir que me considero una persona muy afortunada y bendecida pues, gracias a mi bendita y entrañable madre tuve el privilegio y el gran honor de haber sido un estudiante Lasallísta desde el Kinder, hasta el 3ero de Preparatoria.
Tuve la fortuna de tener excelentes maestros y maestras en los diferentes niveles de Primaria (68-74), Secundaria (74-77) y Preparatoria (77-80); Entre ellos: el Hermano Roque; el profesor Jesús Martínez,; el profesor Fidel Méndez, el Hermano Nacho y, cómo no recordar a uno de mis maestros más querido, recordado, agradecido y muy admirado de mi parte, por su profesionalismo, su sapiencia, su sencillez y humildad: el Hermano Juan José, él nos dio clases de Química y también los laboratorios, donde poníamos en práctica lo enseñado, siempre bajo su tutela y supervisión.
[1] Adalid Orbe Bruno exalumno del CLS de Acapulco
[2] Alfonso Blanco exalumno del CLS de Acapulc
[3] Ignacio Batani-
En épocas de examen, él nos permitía usar los libros abiertos, pudiendo utilizar las fórmulas y ecuaciones entre las páginas; pero esto no servía de nada, si uno no había estudiado y no se había preparado para el o los exámenes.
“Juan José Martín Del Campo fue de los pocos maestros, profesores, educadores hechos y formados de buena madera; amaba con mucha pasión su profesión y nos contagiaba con su entusiasmo....
¡¡¡Sí!!! Fui...y soy muy afortunado de que él haya formado parte de mi vida y de mi aprendizaje, me duele su partida anticipada de este mundo, pero me consuela saber que ya está descansando en paz y que Dios le habrá otorgado un lugar junto con Él, para enseñarle a todos sus ángeles.
Querido profesor: que Dios te guarde y te llene siempre de bendiciones por toda la eternidad. Espero que algún día, cuando llegue mi momento de partir, nos volvamos a encontrar”[1].
Capítulo IV
Noviciado de Lagos.
1981-1982 Subdirector del Noviciado de Lagos de Moreno.
Antes de dejar Acapulco para ir a un curso de formación religiosa a América del Sur, el Hermano Juan José recibió la obediencia para ir al Noviciado, como subdirector de esta casa de formación, ciertamente fue con mucha ilusión y grandes planes. La comunidad del Noviciado estaba formada por el Hermano Víctor Bertrand, Leopoldo Angulo, José Sánchez, Leopoldo Narro, los dos últimos se encargaban del cuidado de las abejas. El Hermano Juan José daría clases sobre temas formativos religiosos y francés a los Novicios, además de la promoción vocacional en el Instituto Laguense.
Un Hermano, novicio en ese tiempo, nos dice: “Recuerdo al Hermano Juanjo, sobre todo en su faceta como profesor. Su curso de Cristología era especialmente interesante, tanto por el contenido, sumamente novedoso para la edad y el contexto que nos tocó vivir (1981): con las temáticas propias del Jesús Histórico, la conciencia de la divinidad de Jesús, las causas de su muerte, la resurrección, etc., como por la didáctica que utilizaba el Hermano para atrapar nuestra atención y mantenernos motivados a realizar los famosos “Módulos”, varios de ellos dedicados a la persona de Jesús.
No cabe duda de que las clases de Cristología del Hermano Juanjo nos facilitaban la producción de los trabajos académicos y la realización de las actividades propias de cada módulo, dirigidas a los distintos niveles de objetivos de la taxonomía de Bloom, la cual estaba en su apogeo en esos años. Llegábamos con cierta facilidad a “extrapolar” los contenidos y a interpretar los conceptos. Una muestra de ello es un canto que se hizo conocido, al menos en la Iglesia de la Merced, en Lagos de Moreno y en “La Isla”. Ese canto titulado “Cristo Redentor”, fue mi interpretación del módulo “La Persona de Cristo”. La letra es fruto de los cursos del Hermano Juanjo y del estudio en el Noviciado y la música fue tomada de otro canto que conocíamos.
Otra faceta del Hermano Juanjo que recuerdo es la apostólica: él estaba a cargo de la catequesis en la colonia “Infonavit” y nosotros los novicios colaborábamos con él, tanto ahí como en “La Isla”. “El Infonavit” era especial en cuanto que en esa colonia empezaron a surgir adolescentes con inquietud vocacional, a los cuales el Hermano Juanjo supo acompañar oportunamente, potenciando toda la capacidad formativa del Noviciado, como semillero de vocaciones. Fue así cómo pronto surgieron adolescentes decididos a ingresar al Aspirantado. Se fue haciendo una escena común que estos adolescentes visitaban a los novicios y participaban en algunas Eucaristías, oraciones, posadas, etc. El Hermano Juanjo ayudó a formar un grupo de ellos que empezaron a acudir a la casa a tomar clases de guitarra, impartidas por algunos novicios. Entre ellos tuvimos al Hermano Gabriel Alba, nuestro actual Visitador, quien se destacó ya desde ahí por su asiduidad y avances en su curso de guitarra.
El Hermano Juanjo, para mí, fue un hermano ameno, alegre, bondadoso, excelente profesor, preparado, innovador, flexible, sencillo y amable: un gran referente en nuestra etapa de novicios y, posteriormente, un gran amigo de todos[2].
Chihuahua
Para el curso 1982-1983 el Hermano pasó a la Comunidad de Chihuahua para trabajar en la preparatoria del Instituto La Salle y como asesor de mamás catequista y, de esta manera, dando cursos extra de religión.
La llegada del Hermano despertó muchas expectativas. Fue bien recibido por las mamás catequistas por la asesoría y los cursos. “Entre los alumnos mayores y algunas mamás se fue creando un clima de desconfianza sobre algunos puntos doctrinales. Sus comentarios fueron grabados. Todo el material se le hizo llegar al Sr. Arzobispo Alberto Almeida Merino y con copia al Delegado Apostólico en México, Monseñor G. Prigione.
El H. Visitador y el H Director, Alfonso Rodríguez fueron citados por el Sr. Arzobispo para analizar la situación. Básicamente le pedían al Hermano sustentar ciertas afirmaciones sobre la doctrina cristiana y de la teología de la liberación, de moda en esos años”[3].
Ante un clima confuso y de desconfianza en la comunidad educativa, al final del curso el Hermano pasó a la Comunidad de Tijuana.
Capítulo V
Tijuana 1983 - 1985
En la comunidad de Tijuana el Hermano Juan José vivió dos etapas: la primera de 1983 a 1985. Y la segunda estancia de 1986 a 1995. La comunidad de Tijuana, cuando llegó Juanjo, estaba en su tercer año de estar trabajando en esa labor apostólica tan importante. Se acababa de comprar una propiedad donde funcionaría en el futuro Centro de Formación Integral La Salle. La propiedad había sido un antiguo kínder, cuyas construcciones eran de madera, pero tenía tiempo abandonado, había que trabajar mucho en limpieza, carpintería, pintura y adecuación para que correspondiera a la nueva misión.
[1] Francisco Soberanis, exalumno de la Salle de Acapulco
[2] H. Guillermo García López
[3] Testimonio del Hermano Visitador de ese tiempo.
En el trabajo tenía una gran atención a las personas, brindarles su presencia acogedora y siempre dispuesto a recibirlos, interesarse por ellos y estar atento a sus necesidades. Un testimonio de ese tiempo nos dice: “El Hermano Juan José Martin del Campo, solía hacer con una pequeña pausa, para completar su segundo apellino: “y Noriega...” en sus clases y, en las narraciones era muy apasionado... en momentos divertido, pero los que a él se acercaban les daba la importancia de un hijo de Dios, fuera quien fuera. Un recuerdo que me alagaba mucho: mi nieta era muy chiquita, "3 o 4"años, él tenía mucha paciencia con mi nieta y hasta jugaba con ella, como si los 2 fueran niños. Yo quería evitar eso pues me daba pena, que le quitará su tiempo, pero él gozaba de su presencia. El Hermano Juan José daba mucha importancia a las personas; hacía buen tiempo para llegar a su salón ya que saludaba a un sin fin de personas”[1].
[1] Maestra Silvia García
“El Hno. Juanjo estaba a cargo del grupo juvenil y lo atendía con mucha dedicación y esmero, buscando que todos los miembros del grupo crecieran y se sintieran a gusto. Después de un tiempo, lo dejó, aunque seguía acompañándolos sin ser ya el responsable directo.
Las clases que él daba son varias, aunque no recuerdo muy bien cuáles eran y, entre sus responsabilidades estaban: GRUPO Juvenil, Misiones de Semana Santa, JESÚS, hombre libertador, Psicología del adolescente, Doctrina Social Católica, Derecho del Trabajador, ¿Sirve de algo la Iglesia?, Cristología y, algunas más que no recuerdo...”[1]
“Recordar al Hermano Juanjo, siempre ha sido para mí un punto de equilibrio; su recuerdo me sigue ubicando y fortaleciendo. Lo conocí cuando yo tenía 18 años y, escuchar sus temas en clase eran para mí como “revelaciones”. Lo que aprendí a través de sus clases me ayudó a descubrirme como persona integral, me ayudó a comprenderme, aceptarme y, sobre todo, infundió en mí un enorme placer por siempre querer crecer.
Sus clases de Psicología del Adolescente Clarificación de Valores, Relaciones Humanas en la Familia y algunas otras, me dieron herramientas para descubrir y entender el sentido de mi vida. Siempre doy gracias a Dios por la vida del querido Hno. Juanjo, a quien lo recuerdo como “Un Religioso cabal y con mucha ciencia, que nos trasmitía y entusiasmaba [1].
Su problema de salud lo va a alejar de su querida Tijuana y de sus actividades catequéticas y de docencia por año y medio, ya que pronto volvió.
En la cruz del dolor y la enfermedad:
1984. La cruz aparece en la vida del Hermano Juan José; estando en Tijuana, un día, yendo a la “línea”; en las grandes colas de automóviles para ingresar a California, tuvo un sincope y perdió el conocimiento, chocando, lo atendieron y descubrieron un problema en el cerebelo.
Su compañero de formación en Saint Maurice y en Bordiguera nos dice: “Igualmente, recuerdo los meses de la situación grave de salud por la que atravesó, debió ser en los primeros años de los 80s., sin poder precisar las fechas: una tremenda y peligrosa operación de un tumor en el cerebro. Como fue intervenido en un hospital de la Ciudad de México, yo pude visitarlo con facilidad cuando todavía se encontraba inconsciente, bajo los efectos de las fuertes dosis de anestesia y de analgésicos y, luego ya alerta, tranquilo y hasta de buen humor. Me causó gran alegría saber que su Hermano Visitador le asignaba para su convalecencia la Comunidad de la que yo formaba parte. Fueron semanas o, tal vez, hasta dos meses de convivencia, de edificación por su fortaleza y buen ánimo, a tal punto que en cuanto se lo permitieron los médicos, se ofreció a dar clase de Matemáticas en uno de los Grupos de la Escuela Normal Cristóbal Colón, en Tlalpan”[2]. Estuvo en esta comunidad todo el resto del año escolar para recibir las atenciones médicas y hacer visitas periódicas al Hospital de la Raza, donde había sido intervenido.
Un episodio muy triste.
En el temblor de 1985 se derrumbó el edificio en el que vivía su mamá, con una de sus hijas, causando la trágica muerte de esta última. Juan José vino a la Cuidad de México para estar al lado de su mamá en esa dolorosa circunstancia. Yo pude acompañarlos en el sepelio de su hermana. Su actitud positiva, su fortaleza y su espíritu de Fe y de Esperanza no habían variado.
[1] Patricia Acevedo, exalumna del CFILS de Tijuana y ex secretaria del CFILS
[2] H. Adalbeto Aranda.
[1] Francisco Preciado colaborador del Centro La Salle desde sus inicios.
GUADALAJARA 1985 – 86
Una vez dado de alta en la ciudad de México, el Hermano Juan José fue enviado a la comunidad de Guadalajara,
en plan de recuperación y que, poco a poco se fuera integrando en las labores escolares; ciertamente hizo su mejor esfuerzo, pero se sentía limitado y tenía que ir despacio... con todo, colaboró con algunas clases y vigilancias en el colegio y algunos trabajos en la comunidad.
En realidad, en Guadalajara eran dos comunidades que se ayudaban: la del Aspirantado, donde el Hno. Director era el H. José del Coss Z. y la del Colegio Febres Cordero, cuyo director era el Hermano Rubén Sámano. En ese curso dejó la comunidad el centro de Guadalajara y se trasladó al nuevo colegio Juanjo vivió las limitaciones que había, con alegría, entusiasmo y siempre dispuesto a colaborar en la medida de sus fuerzas.
Nuevamente Tijuana: 1986 - 1995
Regresa a Tijuana en el último año de estancia, como director, del Hermano Enrique Vargas.
Ese año le responsabilizaron de una evaluación de la obra. Se llegó a las siguientes conclusiones: “La Salle ha creado grupos de educación, orientadas a la autorealización por el servicio y amor por los demás. Promueve el desarrollo personal e impulsa el sentido comunitario. Se ha realizado una educación evangelizadora, mediante la formación de valores cívicos, morales, religiosos y políticos, orientados por la doctrina social de la Iglesia.
Gran cantidad de personas que se han encontrado a sí mismas, habiéndoles servido el Centro La Salle como centro de terapia, sin proponérselo...”[1]
En julio de 1987 se realiza el cambio de Hermanos directores llegando el Hermano Ramón Hernández. La comunidad va a constar de seis hermanos: Richard Orona y Arthur S. Bertling, Timothy Ford ,americanos y los mexicanos Ramón Hernández, Carlos Cantú y Juan José Martín del Campo.
[1] “Esto es la Salle, en vivo, hoy en Tijuana!” Archivo del Centro La Salle...
La dinámica del trabajo va a cambiar, se siguen atendiendo las clases en el Centro La Salle, pero ahora se va a las colonias;
algunas veces este apostolado creó tensiones en la comunidad, las que Hermano Juanjo vivió con tranquilidad y apoyó al Hermano Director, aunque algunas veces lo cuestionó en forma tranquila...
En Semana Santa de 1989 Juanjo y Richard organizan una misión en los fraccionamientos “El Tecolote” y “Panamericano”, donde se organizó un retiro para jóvenes, que logró juntar unos 60 que, por las mañanas de los días santos vivían ese retiro con gran entusiasmo y alegría. Por las tardes, el retiro lo presidia Juanjo, en el Centro La Salle.
En 1990 llegó el Hermano Enrique González Pérez, como director y, la actitud del Hermano Juan José fue de colaborar y ponerse a sus órdenes, Le toca la remodelación de la casa de la comunidad, que, alegremente vivió en un departamento, durante este tiempo,
En 1994, tomó interinamente la dirección el Hermano Pedro Vela y, durante este período, el Hermano Juan José vivió dos experiencias: la primera: “El grupo juvenil del Centro La Salle participó en el “Encuentro Juvenil de Cd. Obregón”, donde fueron acompañados los muchachos por el Hermano Juan José y el Hermano Steven Caplice; esta participación despertó en los jóvenes gran entusiasmo y renovados compromisos. La segunda fue la Misión de Semana Santa en las colonias “el Trincherazo” y “Nido de Águilas” ,animada por el Hermano Juan José y el Hermano Michael Murphy, con un grupo de alumnos de California y del grupo Juvenil de La Salle Tijuana.
Un testimonio de un joven de esos tiempos: “Del Hermano Juanjo aproveché mucho sus clases, pero me enfocaré al grupo de jóvenes que, es y ha sido un talante en mi formación humana y, sobre todo Lasallista. La fe, la fraternidad y el servicio eran su modus vivendi, tenía la capacidad de no solo captar tu atención, sino también tocar el alma, un enamorado de Cristo y del Señor de Lasalle; sus retiros y su vocación compartida, es imposible dejar pasar de lado.
El ”Indivisa Manent” era fácil de comprender y ponerlo en práctica, pues era un verdadero testimonio de vida la manera en que te ayudaba a trabajar en tu auto descubrimiento, cimentar tu espiritualidad con aquel
“Acordémonos de que estamos en la Santa presencia de Dios”...el “Viva Jesús en nuestros corazones...” Nuestra Señora de la Estrella... SJBS ruega por nosotros... Aunque me tocó poco tiempo convivir con él.
El Hermano Juanjo fue muy activo en las actividades del Centro y siempre fue un apoyo para los Hermanos y los maestros del centro. Su participación en las actividades de final de período: La Santa Misa y las actividades que se presentaban en la celebración de fin de cursos.
Capítulo VI
Misión de El Salto, Durango
EL SALTO, P.N. DURANGO 1995- 2000
El año de 1995 llegó el Hermano Juan José como subdirector de la comunidad y su presencia en el Salto fue en cierta forma una concretización de sus ideales de joven,
cuando Juanjo se ofreció a los superiores para ir a misiones y, sin buscarlo, en su patria lo realizó, tanto en Tijuana como en El Salto. Ese verano de 1995 los tres hermanos que formaban la comunidad eran nuevos, habían reemplazado a la comunidad fundadora y necesitaban conocer la realidad, por lo cual visitaros muchas de las parroquias de la Prelatura, para conocer las necesidades y hacer un plan de trabajo apostólico.
Ese mismo año se vio la necesidad de crear un voluntariado, que era abrir un camino desconocido, hasta el momento en el Distrito. Esa primera comunidad, formada por Manuel Camou, Juan José Martín del Campo y Lorenzo González Kipper, recibió al primer voluntario, pero pronto claudicó, pero sí permitió dar inicio a una nueva experiencia. El Hermano Juan José participó con entusiasmo y con corazón abierto para que esa experiencia fuera un éxito...
Algunos de los voluntarios de esos años, en pequeñas frases expresaron los recuerdos y el cariño que sentían por el Hermano Juan José, como un hombre bueno, gentil, cercano, piadoso, que invitaba a vivir la vida en plenitud y a buscar siempre la voluntad de Dios.
“Al pensar en el Salto... Incluye pensar en los Hermanos... en la fraternidad y el servicio. Cada quien ponía su mejor esfuerzo... Al recordar al Hermano Juanjo... es inevitable no traer una sonrisa al rostro, ¡ya que él, contagiaba paz y mucha alegría!!! ¡Tenía una carcajada tan sabrosa... ¡Buenísimo para contar historias, les ponía magia, emoción... suspenso !!!, Si hubiera sido mi maestro de historia seguro hubiera sido mi favorito.
Gran ejemplo de un servidor de Dios y amigo. “El Hermano Juanjo fue presencia de armonía y siempre calmo, menos cuando se trataba de películas o catequesis, donde mostraba pasión y emoción, que contagiaba a quienes lo escuchábamos. Siempre amable y dispuesto a ayudar y orientar. Era una persona sumamente gentil.
Recuerdo un encuentro de catequistas en el que se hizo una procesión hasta el colegio de las Hermanas del Jeanne de Mattel. El Hermano se mostró muy entusiasta y, lleno de energía cantaba y bailaba como cualquiera de los jóvenes presentes y, por supuesto, sus chistes ".
Tengo muy gratos recuerdos del querido Hermano Juanjo, pero el que más sobresale en mi memoria es el de su presencia armoniosa, gentil y de recogimiento a la hora de la oración. Era hombre de fe y oración”.
Era un hombre de fe lo que le permitió ser dócil a la voluntad de Don Lorenzo, aunque no estuviera de acuerdo, pero sabía controlarse, ya que muchas veces tuvo que obedecer en contra de su propia voluntad. Gran ejemplo de un servidor de Dios y amigo.
¡Qué bonito, qué bonito¡, era su frase favorita para saludar a las personas y aprobar el trabajo que realizaban, era un hombre de oración muy puntual a los ejercicios, misa y oración, hiciera frío o lloviera. Era una comunidad de cinco jovencitas voluntarias... Se encargaba de la formación del Grupo de los Cruzados y de las Catequistas de la Prelatura, que venían a la casa cada cierto tiempo a curso cortos. Era un excelente conversador, su director decía que su plática era pía, porque hablaba mucho del Evangelio y de los santos... siempre traía un morralito misionero donde cargaba su Biblia y su rosario, que eran sus compañeros a donde iba... Muy alegre, siempre tenía una sonrisa para todos...[1]
[1] Hermana Juanito Torres de las Hermanas Guadalupanas de la Salle segunda generación de voluntariado en el Salto.
El trabajo del Hermano Juan José fue apoyar la comunidad, su servicio era ser el ecónomo, él iba a las compras para cubrir las necesidades de la casa. Otra parte importante era preparar a los jóvenes, doctrinalmente, para las misiones, atender a las personas de la sierra que iban al centro a cursos de catequesis o, bien, de celebradores de la Palabra y ministros de la Eucaristía.
Siempre alegre, servicial y presente en todas las actividades, claro que había momentos en que su problema de salud se hacía presente y tenía que reposar o, bien, encerrarse en su cuarto y vivir un poco ,desde lejos la comunidad.
Una joven de la 4ª. generacion de voluntarios, Olga Salazar, hoy religiosa, nos dice: 1998, año de gracia, de fe, de fraternidad y de servicio con la Comunidad del voluntariado lasallista misionero, en el Salto Durango.
Vivir en Comunidad con el Hermano Juanjo ha sido un gran regalo. Su sonrisa, su paciencia y su gran corazón siguen presentes en mi hoy, en la historia de salvación y de consolación que Dios sigue escribiendo en mi vida.”[1]
[1] Hermano Olga Salazar religiosa de la Consolación
En las vacaciones comunitarias que tenían los voluntarios, después de misiones de Semana Santa, el Hermano Juan José era factor de alegría, buen espíritu y entusiasmo. Si conocía los lugares a donde iban a ir los jóvenes les daba detalles, tanto históricos como de actividades que podían hacer en esos lugares
Un último testimonio:
Al Hno, Juanjo lo conocí en agosto de 1997, al incorporarme como voluntario lasallista en El Salto, Dgo.. Al saludarlo, la primera impresión fue de gran bienvenida, con su permanente sonrisa y su "qué vaciado", cuando algo era gracioso; el Director de la comunidad era el Hno. Lorenzo González Kipper.
Él mismo nos platicó su situación médica y narró el proceso de fraguado del tumor que le operaron en la cabeza: "me estaban sacando el tumor y, al menso del doctor se le reventó encima"... "Estuve mucho tiempo como marciano, con dos antenas, por donde me sacaban el líquido para limpiarme el cerebro". Su problema de salud nunca fue impedimento para acompañarnos en los recorridos misioneros o de paseo, dar clase o colaborar en la casa, varias veces le correspondía ayudar a nuestra cocinera, ‘La Doña’, como le decíamos nosotros y, al limpiar una lechuga siempre lo hacía con "nitrato de plata" -¡a jijo!- nosotros lo llamamos microdyn.
En las vacaciones del 98, rumbo a Guadalajara, en el microbús, el Hno siempre era uno de nosotros, nunca jerarquizó su calidad de Hermano,
inició con un cierto enumerado en episodios, inciando así... 1 muy serio, 2 tranquilo, 3 entusiasmado, 4 enojado, 5 gritando y, así, sucesivamente para cada número, no sabíamos hasta dónde estaba dispuesto a llegar, así que lo detuvimos de la mejor manera... Llegando al parián de Tlaquepaque le invitamos unos tequilas y le conocimos sus dotes de cantante con mariiachi.
Al segundo año de estancia del Hermano Juan José la comunidad tuvo un cambio, el Hermano Manuel Camou se integró nuevamente como maestro y llegó el Hermano Ramiro Montaño y , una nueva dinámica se estableció, pero la acción del Hermano siguió con las mismas características que señalan los testimonios de los voluntarios...
Peregrinación del Año Santo 2000:
Llamado del Papa Juan Pablo II: “Queridos jóvenes, os invito a emprender con alegría la peregrinación hacia esta gran cita eclesial, que será, justamente, el “Jubileo de los Jóvenes”. Preparaos a cruzar la Puerta Santa, sabiendo que pasar por ella significa fortalecer la propia fe en Cristo para vivir la vida nueva que Él nos ha dado”[1].
El Hermano Visitador, Salvador Valle y su Consejo, autorizaron la Peregrinación a Tierra Santa y Europa. El objetivo era participar en la XV Jornada de la Juventud, que se celebraría en Roma.
[1] Incarnationis mysterium. Juan Pablo II
La reunión de los viajeros fue en Monterrey y, de ahí volaron a Huston y de Huston a Londres, donde conoció nuestro Hermano lugares interesantes como la Torre de Londres, el Palacio de Buckingham. Después atravesaron el Canal de la Mancha que, por tren, los llevó a Calais.
Francia, para Juanjo, fue volver a su juventud, revivir momentos importantes de su adolescencia y de su deseo de consagrar a Dios su vida como misionero: estuvo en París y gozó de la Catedral de Notre Dame, de San Sulpicio, lugar tan querido del Fundador y el Santuario de la Medalla Milagrosa, así como la Iglesia del Carmen, donde fue martirizado el santo Hermano Salomón... visitó el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel y el Museo del Louvre y gozó de los bellos rincones de la Ciudad Luz.
Un lugar que no conocía fue Reims, donde tuvo la alegría de conocer la casa de nuestro Santo Fundador, la hermosa catedral donde se encuentra una estatua del Fundador y, donde estuvo su sitial de canónigo. La Rue Barbatre, lugar de encuentro del Santo Fundador con Adrián Nyel y el Santuario –Monasterio de san Remigio- donde tantas noches pasó nuestro santo fundador en oración.
Más tarde, sus pasos se dirigieron a Lisieux, donde visitaron el Carmelo y a Santa Teresita del Niño Jesús, de ahí fueron a Normandía, lugar de desembarco de los aliados, en la Segunda Guerra mundial. Regresó a París para embarcarse rumbo a Múnich, donde tomaría el avión para Israe,l llegando al Aeropuerto Ben Gurión, alojándose en el Colegio La Salle que está dentro de las murallas, cerca de la Puerta Nueva. De ahí partió nuestro Hermano para conocer los lugares santos: Calvario, Muro del Templo, la Mezquita de la roca, la capilla de la Ascensión, caminó la Vía Dolorosa y siguió el Vía Crucis, hasta llegar a la Iglesia del Santo Sepulcro
Belén fue un lugar que sedujo al Juanjo, visita de la Basílica de la Natividad, rezar ante el lugar donde nació Jesús. Más tarde visitó Betsaida y, el penúltimo día de estancia en Tierra Santa visitaron el Desierto de Israel, donde admiraron las cuevas de Qumran, donde les explicaron sobre los escritos ahí encontrados y visitaron un pequeño museo sobre los esenios, pasando luego a la famosa fortaleza de Mazada e, igualmente, el Mar Muerto.
El último día fue, con el grupo a participar en la Eucaristía en Emaús, donde le llamó mucho la atención que era una población, en su mayoría, de árabes, De ahí salió rumbo al aeropuerto para tomar el avión que le llevaría a Roma, vía Munich
En Roma, en el aeropuerto se encontraron con un gran letrero que decía “Messico, El Salto”. Fueron recibidos en la terminal aérea por el Hermano Everardo Márquez, director de la Casa Madre, donde se alojaron las dos veces que estuvieron en Roma.
Dos días después de la llegada a Roma salieron hacia el norte de Italia: Florencia, Asís, visitando muchos de los lugares de San Francisco, Pisa, la región de Génova, hasta llegar a Turín.
De regreso a Roma los jóvenes exvoluntarios asistieron a la Jornada de la Juventu y, Juanjo aprovechó para ir a visitar el Coliseo Romano y algunas iglesias cercanas, donde vivió parte de la jornada presidida por el Papa Juan Pablo II.
De regreso a Monterrey fue a El Salto para recoger sus cosas e ir a la nueva comunidad. Seguro que dentro de su alma y su corazón llevaba muchos recuerdos, que se habían despertado de su formación en Europa y de su disposición de entrega total al Señor desde su niñez y juventud. Fue un viaje que, en su interior, quizá había deseado, pero nunca lo había expresado, ya que nunca fue propuesto para que fuera al Segundo Noviciado de Roma, o después al CIL. Sus salidas de renovación de su formación religiosa fueron cursos cortos o retiros, con temas especiales, siempre en el mismo territorio nacional o Sudamérica, siempre feliz, no expresó ni dolor ni frustración.
Capítulo VIII
Ciudad Obregón, Sonora
El año 2000 recibió una obediencia que lo enviaba a la tierra Yaqui, zona árida y semidesértica que se encuentra frente al mar de Cortes a Ciudad Obregón, que se encuentra rodeada de los 8 pueblos tradicionales de esta etnia que forman el valle del Yaquí.
Por su estado de salud necesitaba una comunidad más estable, con actividades bien establecidas de horarios y de actividades escolares en las que pudiera participar en alguna forma. En esta comunidad vivió once años de su vida apostólica que, poco a poco fue disminuyendo, con los años, la enfermedad y sus propias limitaciones.
“Un hermano lo recuerda como a una persona feliz, de buen carácter, amigable y siempre presente en la comunidad, buen conversador, apasionado por algunas películas que veía muchas veces y siempre les encontraba novedad, o más bien olvidaba detalles, lo que le permitía verlas como nuevas cada vez. Su trabajo escolar cuando llego no se le asignó, poco a poco se fue haciendo presente en la comunidad escolar y fue muy querido por ser Hermano. Además, participó dando algunas reflexiones a los niños de primaria.
Generalmente estaba de buen humor, solo en algunas ocasiones que se le agudizaba el dolor de cabeza
se le veía serio y poco comunicativo, pocas veces de mal humor”[1].
El Hermano Juan José fue un hermano participativo en todas las actividades organizadas por el Distrito:
Retiros anuales, conferencias, misiones, retiros vocacionales, claro que ,con la edad y las enfermedades fue dejando, pero mientras pudo siempre contestaba: ¡Presente!.
[1] Testimonio del H. Javier Ramos S.
Un valioso testimonio lo encontramos de parte de un Hermano que convivió con él durante diez años: “Sus años de jubilado en la comunidad de Obregón los dedicó a la sacristía, a apoyar en el almacén de Química del colegio y a preparar a la primera comunión a algunos nietos del personal de servicio doméstico. Lo segundo ya le costaba hacerlo, pero para lo tercero tenía siempre gran entusiasmo.
“Juanjo”, como le gustaba que lo llamaran, fue un Hermano lleno de graciosas anécdotas por donde quiera que pasaba. Claro de voz y de pensamiento, era siempre bienvenido en las reuniones, tanto comunitarias como de café. Nos gustaba cuando leía en voz alta y su francés era impecable en la dicción. El ser directo en expresar sus ideas le valió más de un raspón,
Sus distracciones eran las películas de mucha acción y sano humorismo, que le gustaba repetir porque se le olvidaba haberlas visto antes. Su rostro se fijó entre quienes lo conocimos con una gran sonrisa.
Por donde quiera que pasó, dejó huella de mucha precisión en lo que hacía, calificaba o acomodaba. No hacía nada a la carrera, ni sin medir al extremo sus consecuencias”[1].
Un Hermano que convivió con él sus últimos cuatro años en la comunidad de Obregón, comenta: “ya se le iba la memoria, se levantaba tarde y después iba al colegio, pocas veces ya recibía a los niños como lo hacía antes, pero cuando lo hacía era muy apreciado; en la Primaria daba clase de francés, tenía un grupo de niños muy asiduos a la clase, aprendían algunas palabras y frases francesas, las malas lenguas decían que era la hora de compartir el lonche... “En comunidad le dedicaba mucho tiempo a la televisión y a dos o tres películas que le atraían como: “la Momia”, que veía una y otra vez encontrando siempre nuevos detalles que su imaginación gozaba, así como el Sr. Cartero de Cantiflas... le encantaba ir al cine; algunas veces iban tres o cuatro hermanos y, al terminar la función iban a cenar algo y si se daba cuenta de que el que iba a pagar era el Hermano Director, pedía la más grande pero, si cada quien pagaba, pedía la más chica para gastar menos... [2]
Junajo, fielmente asistía a los retiros y a las celebraciones distritales, en la Casa Juan Pablo II en el retiro Distrital y asistió gustoso a la celebración de los 50 años del Distrito que consistió en una sencilla, pero, a la vez solemne Eucaristía, rodeados de una multitud de preregrinos que, como símbolo de nuestro propio caminar se acercaron a María para que ella presentara a Jesús nuestras alegrías y penas, nuestros logros y oportunidades y nuestras personas en el marco de esta fiesta especial.
[1] H. Fernando Alvarado Hernández testimonio de Cd. Obegón, Son.
[2] Testimonio del H. José de la Torre
Después los Hermanos se dirigieron a la Hacienda de San Felipe donde se ofreció la comida. Juanjo aprovechó la ocasión para reunirse con sus antiguos compañeros de formación y, con gran alegría recibió los regalos que el Hermano Visitador dio a los Hermanos: ”rompecabezas” de Nuestro Santo Fundador y de Nuestra Señora de la Estrella, para que los formemos en nuestro diario vivir. Este regalo reflejaba, en cierto modo, lo que Juanjo, a través de su vida había tratado de hacer: “
Reunión de Hermanos mayores.
El Hermano Enrique Vargas fue quien reinició las reuniones de Hermanos de la tercera edad. El Hermano Juan José participó activamente en ellas, hasta que la salud lo obligó a depender del servicio de enfermería. En esas reuniones hubo paseo a la sierra y oportunidad de caminar en el campo, escuchar una buena conferencia motivacional. En el 2011, el Hermano José Cervantes nos dirigió, en francés, una excelente plática sobre nuestro Instituto y el tiempo de oración era privilegiado, además de la Eucaristía diaria. Los días santos se tenían los oficios en casa, el Viernes Santo seguíamos el Viacrucis y particpábamos activamente, en un clima de oración. Juanjo, en algunas ocasiones y relatos alegraba el dia y muchos de los Hermanos gozábamos de su presencia. Siempre piadoso y fiel a las horas de oracion.
El Hermano Juan José participó activamente en ellas hasta que la salud lo obligó a depender del servi- icio de enfermería. En esas reuniones hubo paseo a la sierra y oportunidad de caminar en el campo, escuchar una buena conferencia motivacional. En el 2011, el Hermano José Cervantes nos dirigió en francés una excelente platica sobre nuestro Instituto. El tiempo de oración era privilegiado, además de la Eucaristía diaria. Los días santos se tenían los oficios en casa, el viernes santo seguíamos el Viacrucis y particpabamos activemente en un clima de oración, En algunas ocasiones los relatos de Juanjo alegraban el dia y muchos de los Hermanos gozábamos de su presencia. Siempre piadoso y fiel a las horas de oracion. Participaba activamente en los actos religiosos de comunidad, como era el Viacrucis, la Adoración del Santísimo y el rezo de santo Rosario. Como buen lector que era, participó, como lector en el viacrucis y en la animación de una de las estaciones.
Participaba, con gusto, en las películas que se ofrecieron y en todas las actividades. En algunas conferencias del doctor que acompañaba al grupo, Juanjo hacía sus preguntas, que eran puntuales y precisas, algunas veces un poco ingenuas y divertían a los oyentes. Fueron dias de descando y convivencia fraterna que todos los participantes gozaron.
En esta reunión tuvimos el gusto de que estuviera entre nosotros el Hno. Jorge Gallardo de Alba, Consejero General, en ese tiempo en Asia.
Para todos era una alegría convivir con Juanjo, pues su plática era muy amena y gozábamos sus chistes.
Capítulo IX su última comunidad, “Cumbres”
Último cambio... El regreso a Monterrey, 2011 y la partida a la casa del Padre.
La vivencia de la llegada del Hermano Juan José a Monterrey es descrita por su antiguo novicio y quien fuera su director en la Comunidad de Cumbres. Él nos relata lo siguiente: “Tuve la grata oportunidad de compartir la vida con el Hno. Juan José Martín del Campo y Noriega (Juanjo) en dos ocasiones: una fue durante un año (1981-1982), en el Noviciado, cuando yo, juntos con otros tres compañeros, realizamos esta importante etapa de formación en Lagos de Moreno, Jal”
Mi segunda etapa de mi vida compartida con el Hno. Juanjo fue en Monterrey (2011-2013), en la comunidad de Cumbres, cuando un servidor fungía como director de la comunidad y del Instituto Regiomontano.
Él llegó procedente de Cd. Obregón, Son. después de que los “principales” del Distrito, junto con su director, el Hno. Roberto Coronado Gallardo, decidieran que era prudente que el Hno. Juanjo pasara a vivir en una comunidad donde se contara con atención médica más consistente.
Su cambio de comunidad se dio de tal forma que ni cuenta se dio de que lo estaban cambiando. Hasta donde sé, el Hno. Roberto, su director en Cd. Obregón, lo invitó a viajar a Monterrey y él gustoso aceptó. Llegando a Monterrey, visitaron una de las tiendas grandes donde el Hno. Roberto le compró un reproductor de DVD. Con eso “se lo echó a la bolsa”. Estaba tan emocionado con su nueva adquisición, que ni cuenta se dio cuando el Hno. Roberto se fue y lo dejó como nuevo habitante de la Comunidad Cumbres, en Monterrey. Tiempo después, llegaron unas cuantas cajas con el resto de sus pertenencias. Este proceso de cambio que vivió el Hno. Juanjo me reveló a un Hermano dócil y sencillo. Nunca se le oyó reclamar o externar su inconformidad por la forma como se le llevó a Monterrey. Aceptó gustoso el cambio y, de inmediato se hizo “regio” en su nueva comunidad Cumbres [1].
[1] Tarsicio Larios “Mi experiencia de vida junto al Hno. Juan José Martín del Campo.
El Hermano Juan José fue siempre un Hermano de Comunidad, gustaba, amaba, participaba y era factor de buen espíritu en la vida comunitaria, como lo demuestran las fotografías.
Una vez instalado en su cuarto y examinado de su salud se hizo un plan que tendría que seguir; los enfermeros ayudaron a controlar su presión y sus signos vitales. Se le llevó al neurólogo regularmente, cada dos meses, a menos que presentara alguna crisis. En general su salud se mantuvo estable la mayor parte del tiempo. Con los enfermeros era obediente y muy cortés, sí hacía caso a las indicaciones y trataba de hacer lo que se le indicaba.
Su día, después de los ejercicios espirituales y de sus tres alimentos, lo ocupaba pasando momentos en la computadora, otros tiempos los empleaba en ver sus fotografías y, algunas veces buscaba tomar fotos.
Juanjo, de una personalidad tranquila, se apasionó por la fotografía, para lo cual dedicaba sus recursos para hacerse de una cámara digital, una computadora portátil y unidades de memora USB para guardar sus capturas. Por cierto, no sé cómo lo hacía, pero las fotos le salían muy bien, a pesar de su “temblorina” constante en las manos, él era feliz como señor fotógrafo.”
Su último viaje a los Estados Unidos con la comunidad de Cumbres:
“De vez en cuando hacíamos apuestas. El récord era al momento, dos contra uno, a mi favor. Su adeudo era dos cafés “Starbucks”. Conforme pasaba el tiempo, nuestro querido Juanjo se hacía como que la virgen le hablaba… no cumplía con el pago de su derrota. Se dio el día de ir a pasear a McAllen (fue su último viaje a EUA). Se le entregaron $200.ºº Dls. para sus “chuchulucos”. Al entregárselos, le propuse que, a la mitad de la incursión, por el Outlet de Mercedes, nos viéramos en el Starbucks para que me pagara la mitad de su deuda, que, al fin y al cabo tenía esos $200.ºº Dls. En eso quedamos. Entonces llegó la hora. Nos vimos en Starbucks y se nos unió el Hno. Ricardo Ramírez Barba. Como me debía dos cafés, le dije que también se lo “disparara” a Ricardo y, así quedaríamos a mano. Cada quién pidió su bebida. Ricardo y yo esperando que el famoso Juanjo sacara su billete para hacer el pago, pero al voltear a verlo, él como si nada, cazando moscas. Ya que la dependiente de la cafetería se desesperó un poco por no recibir el pago correspondiente, le dije a Juanjo que pagara, que no se hiciera el loco. Pero su inocente respuesta fue: “¿Yo?… si ni tengo dinero”. “Juanjo, te acabo de dar $200.ºº Dls.” a lo que él respondió: “Ah! Es que ya no los tengo… me los gasté en memorias USB para mis fotos”. Así que, en resumidas cuentas, Juanjo se fue a la Casa del Padre debiéndome”[1]
[1] HERMANO Tarsicio Larios Felix
Por las tardes y noches su mayor diversión era ver películas, algunas de ellas ya vistas innumerables veces y que siempre las comentaba a todos sus oyentes.
En el 2011 cumplió sus 75 años y los Hermanos que estábamos en la comunidad, pues eran vacaciones, le celebramos con una Eucaristía, que vivió con mucha piedad. El sacerdote que lo había conocido le hizo vibrar.
Después de la celebración Eucarística se le ofreció un desayuno en el cual, como niño chiquito, gozó partiendo tres pasteles uno por cada 25 años; se le veía alegre y de muy buen humor. Él, ya con pulso tembloroso repartió los pasteles según el gusto de los comensales.
En julio de 2012, me enviaron a estar al cuidado de los Hermanos mayores, procuré siempre estar atento a sus necesidades y buscar alguna actividad que desearan; los sábados por la tarde íbamos a Misa a la Parroquia de la Ascensión del Señor, siempre participaba muy contento, pero al regreso siempre quería él y otros de los hermanos llegar a una nevería por su cono de nieve. Los domingos primeros íbamos a la misa de 8 de la mañana a la Parroquia de San Juan Bautista de La Salle y, después de la misa venía el desayuno en los “Generales” y Juanjo comía tres o cuatro platos fuertes, más pasteles y postres,,, salía feliz.
Juanjo no conocía mucho de horarios, en la noche cuando le parecía bien iba a la biblioteca a trabajar en la computadora y muchas veces los enfermeros tenían que invitarlo a que regresara a la cama a eso de las 3 de la mañana, pero él, feliz de lo que había hecho, muchas veces solo jugaba,
Poco a poco la salud fue disminuyendo y se hizo un poco dependiente del personal de enfermería, sin ser molesto, lo que indicó que la edad se le venía encima.
Su compañero de formación escribió: Supe de su estado de salud y de su deterioro progresivo en sus últimos años de estancia en la casa de Hermanos Mayores y de cuidados especiales de salud. Preguntaba por él cada vez que se me ofrecía la oportunidad. Solo me ha quedado una pena, después de conocer la noticia, sorpresiva para mí, de su fallecimiento: no haber podido volver a verlo antes de su muerte. Seguramente que hubiera encontrado a Juanjo espontáneo, optimista, de buen humor, fiel hasta la muerte, cumpliendo su divisa que escribió al término del Noviciado:
“Ser en todo y con todos, la nota exacta”[1].
A principio del mes de febrero de 2020, requiere de atenciones médicas especiales, que se le proporcionan, su reacción es lenta y no da muchas esperanzas de una pronta recuperación y, poco a poco la salud se fue deteriorando y el 21 de febrero de 2020 entregó su alma al Señor, con gran paz y serenidad dejando esta tierra, para llegar al cielo.
Palabras del Hno. Gabriel Alba Villalobos, en la ceremonia de despedida del Hermano Juan José
“El Hermano Juan José combinaba en su vida, de manera admirable, su sentido de responsabilidad y exigencias profesionales con su buen humor y cordialidad.
Maestro excelente y reconocido en Matemáticas, Física y Química, era muy apreciado por sus clases de Catecismo y Formación de Valores.
Su presencia en comunidad era de fiel participación en la oración, de intercambios interesantes y buenas puntadas, durante las comidas. Disfrutaba de la lectura, de momentos de convivencia y los ratos de ver televisión.
Los voluntarios de El Salto, con los que convivió cinco años, lo recuerdan con cariño.
En Ciudad Obregón era el Hermano que recibía a los niños antes de entrar a clase. Con esa sonrisa que lo caracterizaba daba la bienvenida y alegraba el día a los alumnos.
Gracias, Hermano Juan José, por tu testimonio de fidelidad, por tu alegría, por tu empeño en tus quehaceres y compromisos religiosos y apostólicos.
Tenemos en el H. Juan José un nuevo intercesor ante el Padre. ¡Que el alma de nuestro Hermano Juan José, descanse en paz! ¡Así sea! [2]
El día del Funeral del Hermano Juan José, la hija de una exalumna y, ella misma, exalumna del Instituto Regiomontano, hizo una bella semblanza del Hermano, a quien conoció ya cuando la enfermedad había hecho su morada en él y sus habilidades estaban disminuidas.
[1] H. Adalberto Aranda R.
[2] HERMANO GABRIEL ALBA VILLALOBOS LA SALLE EN MEXICO NORTE ABRIL 2020.
Testimonio:
“Conocí a Juanjo a los 16. Yo era estudiante del Instituto Regiomontano Chepevera y, por aquella vez nos estábamos preparando para las celebraciones del 70 aniversario del colegio, ocasión por la cual comenzamos a recibir un sinnúmero de visitantes lasallistas, foráneos y extranjeros, que venían a sumarse a los festejos. Yo me encontraba sentada en mi salón de clases y, por la ventana vi que varias camionetas entraron a los patios del colegio y de ellas descendieron varios grupos de personas. Juanjo destacaba del resto: con su look de camisa blanca, pantalón arena, barba de candado, cámara al cuello y sombrero tipo Indiana Jones, parecía más bien un personaje de cine o un actor de Hollywood.
Si bien, decía Saint-Exupery, que cuando el misterio es demasiado grande, es imposible desobedecerle; me salí del salón, con pretexto de cualquier cosa y me dirigí a ese grupo de personas, porque deseaba saber más. Estando frente a Juanjo, agarré valor y le pregunté –en inglés, porque estaba segura de que era extranjero– cuál era su nombre y, de dónde nos acompañaba.
Soltó una carcajada: “Que vaciada ‘mana”, me contestó. “Me llamo Juanjo… y soy chilango”. Todo el grupo rio con él. Después de algunos minutos de conversación, me atreví a decirle que, físicamente me recordaba al Dr. John Parker, de Jurassic Park… otra vez soltó una carcajada –carcajada estilo Juanjo- y exclamó sorprendido, que no era la primera vez que se lo decían y, que de hecho, le encantaba. Tuve que regresar pronto al salón de clase, pero no pasó mucho tiempo antes de que nos volviéramos a ver. Nos hicimos amigos, platicábamos de todo: ciencia, historia, política, dinosaurios, pirámides egipcias, libros, jazz, naturaleza, paisajes, momias, extraterrestres; de nuestras películas favoritas que hasta intercambiábamos y también: de las aventuritas de Juanjo. Con el tiempo descubrí que él era mucho más que un personaje de películas de acción de Hollywood, pues las suyas, eran aventuras reales e impredecibles: cosas que ni en el más complejo guion de ciencia ficción podían ocurrir, a él le ocurrían…como el de los alacranes, que lo habían perseguido a lo largo de su vida: en Hermosillo, Obregón, Monterrey, Durango y varias ciudades donde había estado: si no me equivoco, llevaba el conteo de 18 piquetes de alacrán y, ninguno le había producido daños de relevancia.
Sus estancias en Europa, sus misiones lasallistas, sus viajes en tren, sus clases de Química, con todo y experimentos y travesuras de los estudiantes, o la vez que se disfrazó de Santo Clos, con traje rojo, botas y gorro, para sorprender a los niños de preescolar, sin que ellos sospecharan de quién se trataba. “Se la creyeron todita”, decía.
También, con el tiempo descubrí que Juanjo era de los favoritos de Dios. No es casualidad que se le haya concedido la gracia de conocer a nuestra Madre Santísima de Guadalupe –de quien ya era muy devoto– a escasos centímetros de su tilma, en la Basílica de la Ciudad de México, anécdota que fuera otra de sus aventuritas, pues logró colarse, ‘por accidente’, con un grupo de investigadores que entraron a la bóveda a recoger unas muestras y tomar unas fotografías.
Juanjo tenía sus palancas allá arriba. Podía lograr cosas que parecían inalcanzables, como la fundación del Colegio Francisco G. Sada / La Salle San Nicolás, que al día de hoy ha logrado impactar a más de 125,000 alumnos y, que se fundó con la intención de dar estudios y formación Lasallista a los hijos de los obreros de Cervecería Cuauhtémoc.
O, la vez que salió ileso de una cirugía, por tumor en el cerebro, a los 48 años. Juanjo tenía la gracia de contagiar su felicidad y buen ánimo adonde fuera que iba. Recuerdo una ocasión en la que estaba muy preocupado porque su credencial del INE se había vencido y, se acercaba una elección presidencial, de la que deseaba formar parte. Tuvimos la oportunidad de llevarlo a las oficinas del INE, a comenzar el trámite de renovación, trámite que, a cualquiera de nosotros, jóvenes, podría resultar tedioso y fatigoso.
Juanjo lo tomó con gran entusiasmo y singularidad. Recuerdo que ese día, la oficina –que era diminuta y calurosa– estaba repleta de personas, estresadas y malhumoradas por lo lento y poco eficiente del sistema. Juanjo, con su sola presencia y puntadas, los contagió a todos de alegría y buen humor. Recuerdo bien que cuando estábamos a punto de retirarnos, las y los empleados de lugar se pusieron de pie y pidieron tomarse una foto con Juanjo, para el recuerdo.
Así era Juanjo, tenía gusto por la vida y lograba contagiárselo a quien tuviera enfrente.
Pero no todo eran risas y juegos. A Juanjo también le encantaba el estudio y la ciencia. Un día, cuando yo me encontraba en la sala de visitas de la casa de los Hermanos, en Cumbres, me dijo: “Ven, te voy a llevar a mi lugar favorito de la casa”. Me llevó a la Biblioteca, me enseñó sus libros preferidos y, en
especial, me platicó del libro que estaba leyendo en esa temporada: ¿Quién es ese hombre? De Albert Nolan. Me hizo toda una disertación histórica y antropológica de Jesucristo, antes del cristianismo y, más allá del misterio.
Horas pasaron. Vivió los últimos años de su vida padeciendo su enfermedad, que lo limitaba de muchas cosas, lo cual debe ser muy difícil para un estudioso aventurero como Juanjo; aunque alguna vez leí que no hay horror de la muerte para las personas como él, pues cuando se acerca el momento, el cuerpo se presenta como un instrumento –en adelante vano– que ha dejado de funcionar; y que si siente sed, no se reconoce sino como otra ocasión de sed, de la que le sería agradable verse librado; y, que cuando el momento llega, el cuerpo se arroja como un objeto desmantelado que muestra heridas y fracturas por su mucho uso: señal de su buen servicio y eficiente usabilidad y, que su retirada, aunque en virtual solitud, está repleta de acompañamientos, pues no existe la soledad para quienes mueren tras haber vivido toda su vida con los ojos bien abiertos.
Así lo ha sido. Juanjo: ahora que te has ido, haz sobrepasado el sufrimiento y el miedo, que son enfermedades de lo estable: hechas para el hombre terrenal. Lo tuyo es ahora la verdad, pues haz descubierto el rostro de Dios y tienes el gusto de la eternidad.
Sabido es, que la ausencia de una sola estrella, basta para aniquilar una caravana entera en el desierto, tan agresivamente como una emboscada y, aunque ya no estés con nosotros y, ya no podamos escuchar tus pláticas y consejos, ni disfrutar de tus carcajadas o contagiarnos de tu luz, nos reconforta el solo privilegio de haberte conocido, pues sabemos que lo más importante de un cirio no es la cera que arrastra, sino la luz que encendió y los senderos que ha iluminado.”
“Quienes predican y enseñan a muchos la justicia, brillarán como estrellas por toda la eternidad” [1]
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H. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Daniel 12:3
*Mensaje leído durante la Eucaristía de despedida del H. Juan José.
José Martín del Campo en la Comunidad de los Hermanos de
Cumbres, en Monterrey, N. L. el 22 de febrero de 2020 Lorraine de la Garza