Hno. Ismael HUERTA GARCÍA
Nació en Tingüindín, Mich. el 14 de marzo de 1912
Fue llamado por el Padre del cielo el 10 de febrero de 2001 en Ciudad Obregón, Son. a los 89 años.
Introducción:
El Hermano Ismael fue un hombre sencillo que creció entre árboles, pájaros, montañas, al viento y cercano a todas las cosas con que la naturaleza nos rodean y, gracias a eso pudo ser sensible al mensaje interno de las cosas y en ellas descubrir a Dios.
Como hombre sencillo tuvo una mente capaz de una extraordinaria receptividad, porque no puso barreras y fue capaz de recibir la gracia, de recibir a Dios. Su trabajo fue sencillo, su labor fue callada y en esa condición de trabajador manual realizó en su vida el llamado de Dios.
Su entorno:
Nace en el bello estado de Michoacán, en la histórica villa de Tinguindín, que en lengua purépecha significa "Lugar de adoración", o el acto de arrodillarse para adorar. La hermosa población está dividida, desde tiempo inmemorial, en tres barrios, con límites perfectamente definidos: San Pedro, San Miguel y La Purísima. Esa división corresponde, un poco, a la población de origen español, mestizo e indígena, sin que haya habido problemas. Durante la época del Virreinato la población fue azotada varias veces por la peste, pero ya en la Independencia se repuso, lo que sí sufrieron los habitantes fue que les quitaron sus tierras, problema que se agudizó en la Revolución; además que tuvieron que levantarse en armas y luchar contra Inés Chávez García, que atacó varias veces a la población.
Sus padres fueron Octaviano Huerta Valdovinos y Zeferina García Ayala, quienes formaron un cristiano hogar que se vio bendecido con 8 hijos que Dios les concedió: cinco varones y tres mujeres, siendo Ismael el 6º de la familia. Nace un 14 de marzo de 1912, en plena época revolucionaria, se podría decir que es un hijo de la Revolución, por los problemas sociales que tuvieron que sufrir sus padres y las limitaciones económicas que toda la población de Tinguindín vivió.
Sus padres, como gran número de los pobladores, se dedicaban a las labores del campo, pero desde el clarear el sol hasta el ocaso, las familias tenían muy presente a Dios y eran fieles a la oración diaria, la cual enseñaron a sus hijos.
Ismael estudia una parte de la primaria en el famoso colegio del Maestro Antonio, quien fue un gran colaborador con los Hermanos Noel de Jesús y el Hermano Emilio, en el reclutamiento de jóvenes con el deseo de servir a Dios.
Ismael no siguió en la escuela sino que se dedicó a las labores del campo para ayudar en casa, pero tenía un buen grupo de amigos que estudiaban, incluso algunos ya habían estado en Tacubaya antes de 1928 y que seguían con la idea de consagrarse a Dios.
Entre ellos se encontraban: Salvador Pérez, José de Jesús López, Agustín Fabián, Rafael Pulido Pulido, su pariente lejano; así que en una de las visitas del Hermano Emilio, habló con él y, en un diálogo amistoso se decidió a entrar al Instituto.
Llega al Noviciado de los Amores para iniciar su formación el 16 de marzo de 193; es ya un joven de18 años. Hizo 9 meses de Postulantado, antes de iniciar su Noviciado.
Desde el inicio de su formación se le dijo que sería un Hermano del Temporal, o sea, un Hermano dedicado a cosas materiales y no a la enseñanza o al estudio, y él lo aceptó y lo vivió con alegría, estando dispuesto a hacer el “empleo a que fuera destinado”.
Una vez realizado su Postulantado y, viendo los Superiores su sincero deseo de servir al Señor como Hermano de las Escuelas Cristianas, es admitido al Noviciado, recibiendo el Hábito de los Hermanos y, al mismo tiempo, un nombre como Hermano, desde ese día fue el Hermano Alfonso Fidel. Esa memorable fecha fue el 10 de diciembre de 1930.
Entre sus compañeros hubo Hermanos que más tarde desempeñaron puestos importantes: Víctor Bertrand y Juan del Castillo, maestros de gran influencia como: Salvador Pérez, José Sánchez, Jesús López, Alfonso Sanabria.
Pronto pasa el año de probación y hace su primera profesión el 13 de diciembre de 1931. Mientras sus compañeros pasaron al Escolasticado, que estaba en la misma casa de Los Amores, el pasó a la comunidad de Hermanos mayores a desempeñar diversos trabajos, entre ellos el de ser chofer del Hermano Visitador Auxiliar y, más tarde del Hermano Grousset, primer visitador del restablecido Distrito de México. Pasó cuatro años en esta comunidad.
Una visión sobre el Hermano:
El Hermano Alfonso Fidel, fue una persona respetable de muy buena presencia, vistió casi toda su vida de traje y sombrero, siempre muy digno, amable y cercano a sus hermanos. Como religioso fue respetuoso y sumiso a la autoridad, fiel en el cumplimiento de su deber, puntual a sus ejercicios espirituales y de comunidad, piadoso y amó siempre su vocación de Hermano del Temporal.
Hermano que llegó con muy poca instrucción, procuró emplear muy bien su tiempo a ilustrarse… muy generoso y servicial, von muchas habilidades para realizar los trabajos manuales cm facilidad, prontitud y bien, de carácter fuerte y recio pero, en momentos susceptible.
Colegio Francés de La Salle
1935. Colegio Francés de La Salle, o la Concepción. Llegó a esta comunidad como apoyo en diversas tareas, pero le tocó el triste momento en que esta gran escuela comenzó a desaparecer. La situación en México, si no era ya persecutoria, como en los años anteriores, sí había una amenaza muy fuerte contra toda escuela que no se sometiera a la Educación Socialista del presidente Cárdenas.
Los años de las borrascas:
El colegio de San Borja lo habían incautado, se debía tener una gran previsión para evitar lo mismo con el Colegio de La Salle, así que dividieron la escuela en grupos, que funcionaban en casas rentadas; se requería de personas que vigilaran y, en caso de una denuncia cambiar el mobiliario escolar, avisar a los alumnos el lugar donde serían las clases etc. El Hermano Alfonso Fidel fue uno de los encargados de esos trabajos y muchas veces, por las noches, cargó, junto con otros Hermanos, los escritorios de un local a otro y, por la mañana era encargado de avisar a los alumnos dónde serían las clases; fue entre vigilante y conserje, chofer y otros muchos servicios que le pidieron. Esos años los vivió en una comunidad, en la calle de Lucerna, que ya en tiempos de calma se transformó en el Simón Bolívar, en el mismo lugar donde había funcionado el Colegio Francés del Zacatito. Su estancia en Lucerna fue de dos años, en la llamada Academia Comercial y, después, ya en el Simón Bolívar, tres años más, hasta julio de 1941.
Es en esta Comunidad de Lucerna donde se consagra a Dios para toda su vida, con su profesión perpetua, el 12 de diciembre de 1940, fiesta de Ntra. Señora de Guadalupe, consagración a la que fue fiel hasta el fin de sus días.
Instituto Francés de la Laguna:
Habían cambiado al ecónomo del colegio y de la comunidad a Puebla y llegó el Hermano Alfonso Fidel a sustituirlo como ecónomo y, a la vez, como responsable del mantenimiento, chofer, y vigilante. Fue un trabajo múltiple el que realizó durante año y medio y fue muy apreciado por los Hermanos, por todas las habilidades que puso al servicio de los demás, en la adecuación de una nueva propiedad que se adquirió para el internado, etc.
En el Histórico de la Comunidad del Instituto Francés se lee: “Al inicio del año de 1943, el personal de la comunidad ha sufrido un pequeño cambio. El Hermano Alfonso Fidel fue enviado a México para colaborar en la construcción del Noviciado Menor y para vigilar los trabajos... “[1]
1943 a 1956 Coyoacán “ancianos”
La obediencia le da un nuevo destino y esta vez fue ir a la Casa de Hermanos ancianos o de la Sagrada Familia, a Coyoacán.
Su trabajo principal fue ser el chofer del Hermano Visitador Auxiliar, de 1943 a 1956 combinando con otras ocupaciones que fueron surgiendo en el ramo de la construcción:
CONSTRUCTOR Y SUPERVISOR DE LAS NUEVAS OBRAS:
Construcción de Tlalpan, Noviciado Menor de San José:
El 1º de marzo de 1943 se pusieron en marcha los trabajos de la construcción del Noviciado Menor, en Tlalpan. Se le encomendó al Hermano Alfonso Fidel Huerta que fuera el maestro de obras y dirigió los trabajos con pericia y energía, siempre muy atento a todo lo que se iba construyendo y a corregir cuanto posible error se presentara. Terminada la obra negra colaboraron otros Hermanos en la instalación eléctrica e hidráulica; entregó la construcción en enero de 1945 faltando solo pintura y jardinería.[1]
[1] La Salle en México II Bernardo Grousset
[1] Supplément a l´Historique pour l´année 1943
Colegio Febres Cordero
“En marzo de 1945 se iniciaron los trámites y entrevistas para buscar y después comprar un lugar para el establecimiento definitivo del Colegio Febres Cordero y después de una búsqueda larga se encontró una huerta en la calle 13, de República, que fue la elegida. Se lee en el histórico “se haya en el otro lado de la nueva Calzada Independencia, alejándose del centro de la ciudad y en barrios menos interesantes, pero sin llegar a lugares indeseables”. La superficie era de 2 600 m2, con un frente de 32m y fachada construida por la calle de República e Industria.
El Hno. Visitador Auxiliar, Netelmo, realiza el diseño de la construcción y pone al frente de la misma, como maestro de obras al Hermano Alfonso Fidel Huerta, quien realizó una construcción de muy buena calidad, que poco a poco fue surgiendo como un signo de esperanza, tanto para los Hermanos como para los alumnos”[1].
El Hermano consiguió albañiles y peones, algunos los trajo de su tierra, pues prefería gente conocida con quien pudiera contar, entre estas personas trajo a un sobrino suyo: Antonio Pulido, a quien invitó a ser Hermano, y de atrás de la mezcla y los ladrillos lo llevó a Tlalpan, para que se preparara a ser un Hermano generoso y entregado. En un momento se pensó en que fuera del “Temporal”, como su tío, pero el joven estudió y realizó una gran obra educativa a lo largo de su vida.
En una ocasión le preguntamos que por qué, teniendo muy buena memoria y mucha capacidad para manejar personas y habilidades intelectuales, no había estudiado y, su respuesta fue sencilla y sincera: “Llegué con pocos estudios, me puse en las manos de los Superiores y ellos determinaron que sería un Hermano del Temporal”[2].
El Hermano Alfonso Fidel era un hermano de muy buena presencia, siempre vestido de traje y su inseparable sombrero, era amable, atento con las personas, sus ojos azules llamaban la atención, así como sus movimientos pausados, dominaba el francés, el cual hablaba perfectamente; como chofer que había sido del Hermano Netelmo, lo tenía que hablar; su lenguaje, por lo general era el de una persona de mucha educación, pero también lo sabía adaptar al lenguaje del albañil y de la gente sencilla que trataba y, en algunos casos, las palabras gruesas y que sonaban fuerte se escapaban de su boca, cuando eran necesarias y se requería que le entendieran rápidamente; en otros casos era él quien ponía en su lugar a personas que las usaban... Estando en Monterrey, un hermano se quejó de cómo estaba preparado el pollo, se hizo un diálogo algo fuerte entre los dos hermanos
,uno le dijo: “ya no te quejes y cómete tu pinche pollo”, él con toda calma le dice al Hermano: ¿Qué culpa tiene el pollo para que le diga así?...[1]
[1] Diálogo algo ríspido entre los HH Argeo, que era el ecónomo y Teodoro que era el quejoso.
[1] Histórico de la Comunidad del Colegio Febres Cordero.
[2] Pregunta de un hermano durante un retiro en Gómez Palacio durante un diálogo.
El Hermano Visitador, una vez terminada la construcción de Guadalajara y de Tlalpan lo mantuvo como su chofer particular. Ante las necesidades que se presentaron en el Colegio Simón Bolívar, de mantenimiento y de llevar el economato y otros mil pequeños encargos, fue enviado a las órdenes del Hermano Luciano. Su estancia en esta comunidad y escuela es corta, ya que pronto se presentan nuevos planes de construcción y requieren de la presencia de la persona experta en estos menesteres que era el Hermano Alfonso Fidel.
Construcción del Noviciado Menor de León.
Su estancia en esta ciudad se va a dividir en dos etapas, la primera como parte de la Comunidad del Colegio La Salle, supervisando la construcción y, la segunda, como parte de la comunidad del Noviciado Menor, primero como constructor y ecónomo de la casa.
La construcción se inicia en 1957, sin ceremonia de primera piedra ni nada. El arquitecto Gabriel Terrés hizo los planos, más bien ambiciosos, de un edificio de dos pisos y otros dos paralelos. La primera parte de la construcción la supervisó el Hermano Antonino María Ramírez Stone. En 1958 ya es el Hermano Alfonso quien se va a encargar de todo, dando un acabado de calidad a la construcción. Notables quedaron la capilla y el comedor, con sus techos de cascaron y la capilla con su hermoso ábside. Notable fue la construcción del ala de salones de clase, trabajo del Hermano Alfonso, que en el tiempo que se usó jamás presento un desperfecto o una gotera.
La construcción fue surgiendo bajo el ojo experto del Hermano Alfonso Fidel; en alguna ocasión si el trabajo no estaba bien hecho, usaba las patadas para tumbar el muro mal hecho
La construcción quedó terminada en su obra negra, solo en la capilla faltaba terminar de poner el mármol y los vitrales. Cuando lo cambiaron, en julio de 1960, la casa estaba muy bien, tanto dormitorios, enfermería, comedor, cocina, casa de las Hermanos, y las clases; mucho tiempo después se construyó el auditorio y los servicios higiénicos cercanos a las clases, así como las canchas de básquetbol y volibol.
AL PIE DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN.
La comunidad de San Juan era una comunidad joven y el Hermano Director Bernardo Zepeda necesitaba de un Hermano de experiencia en el manejo de todo lo que era mantenimiento y un buen chofer; ese fue el trabajo del Hermano Alfonso Fidel durante tres años.
1963. Los Distritos de México intentaron formar una casa Central en la Capital del País y en ella vivieron los Hermanos que fungieron como “procuradores” y se encargaban de trabajar en la Editorial Enseñanza. Al Hermano Alfonso Fidel le tocó el envío de pedidos, el control de todos los libros que se editaban y la distribución de los mismos para que llegaran a los colegios, tanto en enero como en agosto, según el calendario escolar.
Acapulco:
En 1965 La Salle de Acapulco lo recibe y se encarga del economato, que es importante en ese colegio, gracias a la gran cantidad de medio internos que se tienen. El trabajo del Hermano es ser el proveedor de esa cocina que preparaba cerca de 250 a 300 comidas diarias, e igualmente colaboraba en la vigilancia de los muchachos durante las comidas.
Siempre estaba presto para cualquier servicio en el que se le requiera y, muchas veces se adelantaba a hacerlo antes de que se le pidieran. Las comodidades en esa comunidad no existían, había solo tres regaderas, el dormitorio estaba en lo que sería la biblioteca y las habitaciones estaban divididas por láminas de triplay y con una cortina por puerta, las camas eran catres pequeños, no se tenían ventiladores, así que ¡a sudar! pero él siempre sobrellevó con alegría esas limitaciones, como lo hacían los demás Hermanos.
Tres años estuvo en la Ciudad de Puebla, colaborando en la Ciudad de los Niños. Esta escuela tenía varios talleres para enseñanza de los alumnos, talleres muy bien montados y donde se hacían trabajos profesionales, tanto en imprenta, como en soldadura y mecánica; era un verdadero campo de preparación para el trabajo por las habilidades que desarrolla en los alumnos. Su trabajo no fue de enseñanza, pero sí de presencia y de vigilancia, cosas las dos muy necesarias.
1972 - 1975 Comunidad de la Loma o de la “Cueva”.
Esta comunidad fue la que se encargó del Rancho de la Loma y, cuando llegó el Hermano, ya esta obra estaba en revisión, con la finalidad de que se vendiera el rancho y desapareciera de la actividad del Distrito.
El Rancho de la Loma lo había comprado el Hermano Villalba, en 1965, con la esperanza de que fuera una ayuda para el Distrito, que sí lo fue en muchos momentos, pero no como los Hermanos esperaban. Hubo una crisis en 1968 a causa de una gran inundación en la Región Lagunera, que produjo pérdidas notables. La esperanza estaba en convertir el rancho en un emporio lechero: La orientación del Rancho hacia la producción lechera es pues un acierto del Sr, Villalba y del Sr. López. Es por eso que este ciclo 1972 se sembraron 20 ha. de alfalfa. “Dialogué con los Hermanos Visitadores de México Sur y, como resultado, escribió el Hermano Villalba: Fracasé en mis gestiones ante los Hermanos Juan del Castillo y Manuel Arróyave, para conseguir al Hno. Carlos Cárabez para La Loma”[1], es por eso que llega el Hermano Alfonso Fidel como refuerzo para la realización de ese proyecto. Él, como hombre que había crecido en el campo, tenía un cierto sentido de lo que era un rancho ganadero.
Al venderse el Rancho La Loma, en 1975, la frontera del norte lo esperaba. Dos años pasó en Matamoros, realizando pequeños trabajos en apoyo al Colegio De La Salle.
La Salle Matamoros
El Hermano Alfonso Fidel fue enviado a la frontera, al colegio De La Salle de Matamoros, una obra que había respondido a las necesidades reales de la población, pero que en ese momento sufría por la crisis económica. El trabajo del Hermano Alfonso va a ser de ayudante en muchas labores, como es el mantenimiento, el control de empleados y el cuidado en general de los edificios; tres años en los que con gran dedicación realizó estas labores.
Cinco lasallistas abandonaron los campos matamorenses, su canto era: “Nada te llevarás cuando te vayas”. Hubo dolor y tristeza, pues trabajaron hasta el último momento con denuedo para salvar la barca que hacía agua…
En 1977 la comunidad religiosa cierra sus puertas y el Hermano Alfonso Fidel, como los otros Hermanos, llenos de tristeza tomaron nuevos rumbos.
Instituto La Salle de Ciudad Obregón:
Para el Hermano Ismael fue el fértil Valle del Yaqui, el granero de México, origen de la llamada “revolución verde”, quien lo va tener durante 17 años y, de ahí partirá al cielo...
[1] Hermano Aniceto Villalba en documento que presentó al H. Álvarez en la evaluación del Rancho
Agricultor, chofer, responsable del Colegio ante el Banco, más lo que se acumulara en el día, en síntesis, a eso se redujo su trabajo.
Hermano Agricultor: al lado de la casa de la comunidad había un terreno con algunos árboles y él se propuso hacer una huerta, en toda forma. Buscó buenos árboles, principalmente cítricos, palmas datileras, que en la región se dan muy bien y, además, puso algunos mangos y guayabos y, los cultivó.
Era muy atento al riego de los mismos y, pronto, los Hermanos gozaron de excelentes toronjas, limones, naranjas, dátiles, así como de mangos.
Los dos Hermanos mayores, Berchmitas y el Hermano Ismael, estaban en sana competencia, por tener el predio mejor cuidado, el primero el jardín de la casa y, el segundo, la huerta, y se respetaban mutuamente, aunque el primero, lleno de celo, le llegó a hacer alguna travesura al Hermano Ismael, aunque con sano respeto, pues sabía que reaccionaba duramente, pero siempre reinó la paz entre ellos. La comunidad disfrutó durante mucho tiempo de la buena fruta, producto de la huerta del Señor Huerta.
Las relaciones con su familia fueron siempre cercanas. De tiempo en tiempo los visitaba, él siempre iba bien vestido, muchas veces de traje negro, impecable y su inseparable sombrero de fieltro. Él invitó a uno de sus hermanos a que entrara con los Hermanos, pero se quedó como novicio, únicamente. Su hermano Francisco, durante mucho tiempo fue responsable del mantenimiento y de la huerta de Tlalpan. Este hermano, cuando el Hermano Ismael ya estaba en sus últimos años de vida fue hasta ciudad Obregón para visitarlo. Tanto por la familia de Tinguindin, como de las ciudades de México, León y Querétaro, fue siempre muy querido y apreciado; con todo y su rudeza fue un hombre de paz y de concordia.
Su salud había estado estable, pero los años le hicieron mella. En Monterrey tuvo una operación de la columna, pues ya tenía dificultad para desplazarse, por algunos discos que oprimían los nervios, sometiéndose a una intervención quirúrgica, de la cual salió muy bien, pues fue muy disciplinado en la rehabilitación y, en poco tiempo regresó a Cd. Obregón para continuar con sus ocupaciones.
Una ocupación diaria era ir a los bancos y llevar o traer dinero al Instituto La Salle, actividad que realizó durante sus últimos 17 años
EL HERMANO FIDEL, DE VACACIONES, POR LOS PARQUES NACIONALES DE CALIFORNIA, CON LA COMUNIDAD DE CIUDAD OBREGÓN.
Un testimonio nos dice lo siguiente: “El Hermano Ismael era todo un caballero, un persona cortés y muy respetuosa en su trato, le gustaba ser muy fiel a su horario de trabajo y a sus labores en la casa.
Gozaba mucho trabajando en la huerta, cosechaba los dátiles más deliciosos que he comido; todo lo que producía la huerta tenía un sabor único.
Un día estuvo de visita el Hermano Coordinador y le ofrecí jugo de toronja, el Hermano me preguntó: ¿este jugo es de las toronjas de la casa de los Hermanos? Efectivamente, me regaló las toronjas el Hermano Ismael.
No todo era vida y dulzura: cuando el Hermano Manuelito entraba con sus tijeras podadoras, que eran especiales para que alcanzará a podar, siempre había polémica y, en momentos, disgustos fuertes, pues Manuelito quería imponerse y entrar al dominio del Hermano Ismael para realizar podas.
El Hermano Ismael era un haz del volante, manejaba a toda velocidad y muy bien; siempre había sido chofer, como una de sus principales ocupaciones, pero con el tiempo, cuando salíamos a hacer alguna diligencia, me ofrecía para conducir yo, y él aceptaba. Un día iba a tomar el avión de Hermosillo y le tuve que pedir el volante, pues no se sentía bien y le di como excusa, que los niños estaban muy mareados y, aceptó.
En cuanto a su horario de trabajo, en cosas de la oficina, era muy exacto en cumplirlo, algunas veces se molestaba cuando tenía que ir varias veces a realizar algún retiro, pero con todo se dominaba, llegaba y me decía: “no hay problema yo voy al Banco las veces que usted crea necesario y, cuando se le molestaba decía: ¿Cuándo va haber otro retiro en el Banco?
Cuando se le encargaba realizar compras, él pedía la muestra de lo que se necesitaba y comentaba jocosamente “Los Directores no quieren muestras de zapatos”, como para decir que eran muchas las cosas que se le pedían...
Tuve tiempo y la oportunidad de acompañar al Hermano durante su enfermedad. Le gustaba platicarnos de su tierra, de cuando su papá lo llevó al Noviciado Menor de Tacubaya, que tenía un gran baúl en el que guardaba su ropa y, que también había llevado la plancha.
Nos prometía que en las vacaciones nos llevaría a su tierra para que conociéramos las huertas de aguacate. Uno de sus pendientes, en esos momentos finales era que, no se podía levantar a las tres de la mañana para bañarse y arreglarse y estar a tiempo a la oración a las cinco de la mañana.
Cuando terminaba su labor en el Colegio y ya había realizado todos los asuntos del Banco, era la persona más dispuesta para cualquier vuelta o mandado que se le pidiera.
Para mí, fue una bendición de Dios colaborar en esta misión Lasallista y haber disfrutado de la amistad de este santo varón”[1]
[1] Sra Socorro (Choco) López Pablos que fuera contadora del Instituto La Salle de Cd. Obegón
Los años se fueron acumulando y con ellos las debilidades físicas... su paso se hizo lento, su corazón comenzó a tener problemas y, su columna que había quedado bien en la operación, volvió a molestarlo y tuvo que guardar cama, su movilidad fue mínima y comenzó a tener necesidad de cuidados de enfermería, pues sufrió de insuficiencia hepática, que derivó en un cáncer en las vías biliares, que lo consumió.
El Hermano director siempre estuvo atento a prestarle todos los servicios posibles, estuvo con él muchos momentos, cuando fue hospitalizado y, cuando regresó a la casa, su presencia fue casi continua, siempre en disposición de ayuda y de mitigar el dolor y la soledad que conllevan los últimos momentos de la vida.
Su vida se fue apagando poco a poco, como una vela en la que el pabilo se va consumiendo, así se consumió nuestro Hermano, para estar listo a ir hacia el Señor, ligero de equipaje, tan solo con sus manos llenas de buenas obras y, su mente y corazón, confiando en la misericordia de Dios, entregó su alma al Creador el día 10 de febrero del año 2000.
Vivió silencioso y, así, en silencio, se presentó ante su Señor, con sus manos encallecidas por el trabajo, que fue para él camino de realización y de servicio a Aquel, a quien a la edad de 18 años entregó su vida y su ser para servir a sus hermanos...
El Hermano José Cervantes, compañero de comunidad, escribió sobre él unas palabras que intituló:
“Elogio de la Vejez:
A don Ismael le pasó lo que al vino de buena sepa: con el tiempo destilan lo mejor, exhalan un bouquet más refinado, decantan lo mejor de sí mismos. Otros se vuelven viejos amargados e insoportables para sí y para los demás.
Tuve el privilegio de vivir con el Sr. Huerta, en Gómez Palacio, casi nueve años en Obregón, de escolástico lo observaba de lejos y me asomé a su intimidad, siendo visitador.
Nadie adivinaría, en la serenidad de sus ochentas, el temperamento fuerte, casi violento del que fue dotado. Supervisor de la construcción del Noviciado Menor de León, no era raro que de una patada derribara la pared mal hecha por el albañil y exigiera rehacerla. Lidiando con empleados, más de alguna vez tenía con ellos serios encuentos.
Hombre realista, de un sentido común, intuitivamente de una capacidad de juicio fuera de lo común, intuitivamente daba, casi de inmediato, con la respuesta o la solución más adecuada. Además de ser una persona bien informada, a sus 85 años y más, leía diariamente, con su lectura lenta, los periódicos de la ciudad de México. Creo que, de haber tenido estudios, hubiera sido uno de nuestros mejores intelectuales y consejeros.
El Hermano Huerta fue, quizá, parte de la segunda generación de Hermanos mexicanos, si se considera la primera la de 1914. Él entró en 1930. Fue resultado de una formación, hoy ya desaparecida, en la que se preparaban Hermanos para la escuela y Hermanos para el temporal, él fue preparado para esto último. Quizá porque cuando ingresó tenía ya 18 años y, seguramente, sus estudios básicos y menos de secundaria. Pero, era un hombre dotado de cualidades nada comunes.
Fue durante largos años el chofer y el confidente del Hermano Netelmo, nuestro Visitador Auxiliar, pero de hecho era nuestro visitador, pues tanto el Hermano Luciano, como el Hermano Antonio María, pasaban largos meses en Cuba, realizando las visitas de la otra parte del Distrito Antillas – México.
Don Ismael vivió y fue testigo de la confiscación del San Borja. Dicen que los primeros meses, diariamente telefoneaba a la recién confiscada escuela, al fin joven, ¿A dónde habló? Y al responderle a la Escuela Hijos del Ejército, él les respondía hijos de su ...;
Fue testigo y vivió los éxodos de nuestras casas de formación, los “grupos” clandestinos de Hermanos y alumnos, el alquiler de las casas de Lucerna, de Sadi Carnot y luego de las compras temerosas y sin dinero para los colegios y casas de formación...
No creo que nunca haya sufrido complejo de inferioridad, pues participaba prácticamente en todo tipo de conversaciones. De vez en cuando, sobre todo en momentos de decisión, tomaba una postura curiosa, restos de su formación primera, y se expresaba: “lo que Ustedes decidan”, sin adoptar el nosotros. Pero no había amargura ni resentimiento. Habiendo hecho la paz consigo mismo, vivía en paz con los demás.
Siempre de gran dignidad en su vestir y en su porte, siempre de corbata y, el domingo, su mejor traje para honrar al Señor, como en los viejos tiempos.
Puntualísimo, era encarnación de la regularidad en los ejercicios y actos comunitarios. Sufría cuando otros fallaban, pero lo hacía sin farisaísmos. Le dolía la hiper-ocupación de algunos, que les impedía estar en la oración de la tarde. Algo que nunca aceptó es que hubiera desaparecido la cena comunitaria.
“A pesar de sus dolores, operaciones y achaques, no tuvo miedo a la vejez, la vivía en paz y serenidad. Cada verano, excepto los dos últimos, emprendía la peregrinación fiel para visitar a sus hermanos, sobrinos y familiares. Estos lo querían y apreciaban. Frecuentemente le llamaban por teléfono...
Él fue siempre el Señor Huerta, resto de las épocas en que no se nos podía llamar Hermano. Y, claro, era todo un Señor en su relación con Dios que es “El Señor”, en su relación con sus Hermanos y en la relación con las demás personas...
Los elogios de la vejez proliferan en todas las culturas y tiempos, pero particularmente en la Biblia. Dicen que la sabiduría, consiste para un viejo, en aceptar alegremente sus límites. Pero para aceptarnos es necesario el conocernos. Don Ismael, otrora llamado Alfonso Fidel murió como sabio, aunque no acumulara títulos. ¡Feliz sabiduría la que da la vida plenamente vivida en la aceptación de lo que somos! El Señor Huerta se ganó el cielo siendo Hermano, aceptando y viviendo aquella sencillez evangélica que trasciende más que los conocimientos vanos[1].
SEÑOR:
Me has cambiado la ruta; No era éste mi andar. En un nuevo sendero Me invitaste a caminar Y, Te dije sí... Porque al final A Ti, quiero encontrar...
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Extracto de un artículo del Hermano José Cervantes: “elogio de la vejez” escrito con ocasión del fallecimiento del Hermano Alfonso Fidel. Revista La Salle en México Norte, abril de 2001.