ALFONSO RODRÍGUEZ GARCÍA DE ALBA
(Hno. ALFONSO GUSTAVO)
Nació en Los Ángeles, California, USA. 22 de agosto de 1933.
Fue llamado por el Padre
el 5 de febrero de 1997
en Monterrey, N.L.
a los 64 años.
La familia Rodríguez García de Alba había emigrado a los Estados Unidos, y es en este país que el 22 de agosto de 1933 vio la primera luz un simpático niño que sería llamado Alfonso y fue el más pequeño del hogar formado por los Señores Luis Rodríguez Robles, contador de profesión y la Señora Concepción García de Alba Brambila; su hogar estaba lleno de alegría con sus cuatro hermanos y su hermanita que pronto enseñarían muchas cosas al benjamín de la casa. Sus primeros años los pasó en su ciudad natal, Los Ángeles, California, U.S.A. por lo tanto, contaba con la nacionalidad norteamericana y la mexicana la obtuvo hasta agosto de 1959, ya que no podía firmar ningún papel oficial en educación, sin ella.
Al regresar a México la familia se establece en Saltillo, Coah., donde Poncho o el Gringo, como cariñosamente le llamaban, estudió en el Colegio Ignacio Zaragoza y, ahí, en el contacto con los Hermanos escuchó el llamado de Dios a convertirse en seguidor de San Juan Bautista de La Salle.
Entrada al Instituto:
En el Noviciado Menor de Tlalpan estudia su secundaria. Llegó a esta casa el 25 de noviembre de 1945, y ahí se encontró con varios Hermanos formadores que seguramente marcaron al joven adolescente: el Hermano Director Víctor Bertrand, el Hermano Salvador Pérez, Víctor Córdoba, Leopoldo Narro, Agustín Mendoza, entre otros; en 1948 tuvo como Director al Hermano Luis Lozano, que mucho influyó en el gusto por las Matemáticas, que a Poncho le agradaron mucho y más tarde enseñaría esta materia; con ellos gozó los campamentos y los paseos semanales al Ajusco, Los Arenales, al Xitle, siguió pistas, jugó fañon, bandera y gozó el paseo de despedida del Noviciado Menor: la ascensión al Popocatépetl, al final del curso escolar; fue un muchacho feliz.
El 25 de noviembre de 1949 pasa al Noviciado donde inicia la etapa del Postulantado, que solo duraba unos dos meses, previos a la Toma de Hábito.
El inicio del Noviciado lo marca la ceremonia de la Toma de Hábito. Para el futuro Hermano Alfonso Rodríguez ese día fue el 25 de enero de 1950. Con la librea lasallista recibió también su nombre religioso, será el Hermano Alfonso Gustavo. Igualmente, recibe un Nuevo Testamento que portará sobre sí, y un crucifijo.
Como director tuvo al experimentado Hermano Dosas Lucien, provisto de una gran historia de vida como antiguo visitador de Cuba-México, durante diez años y, anteriormente, formador de escolásticos; supo inculcar en los jóvenes Hermanos los ideales de una auténtica y sólida vida religiosa, vivida con radicalidad. Era amante del orden, de la puntualidad; para él su frase célebre fue: “L’heure c’est l’heure”. El Hermano Alfonso aprendió de él ser puntual, pulcro, siempre bien presentado, quizá de él aprendió también ciertos dones de mando, que a lo largo de su vida iba a ejercer. El Hermano Director era un hombre de trabajo y, el Hermano Alfonso siempre fue también un hombre de trabajo.
Sus compañeros de Noviciado fueron nueve, de los cuales dos salieron durante el Noviciado y han perseverado los HH. Rolando Henderson, Ernesto Saucedo y el Hermano Alfonso Rodríguez; los otros cuatro trabajaron en el Distrito, retirándose de Hermanos después de algunos años.
Terminado el tiempo del Noviciado hace sus primeros votos el 26 de enero de 1951 y pasa al Escolasticado de Coyoacán, donde estudió la Normal. Esta casa estaba bajo la dirección de un carismático Hermano, que supo infundir el amor por la educación a los jóvenes que llegaban y, a la vez, les motivaba a que fueran sensibles a las necesidades sociales, era el Hermano Miguel Martínez.
El Hermano Alfonso, como todos los escolásticos de su tiempo, iban todos los días desde el Escolasticado hasta Sadi Carnot para el estudio de la Normal; fue un grupo notable al que el Maestro Gutiérrez Hermosillo denominó como “Los 7 sabios de Grecia”.
Preparación:
El Hermano Alfonso, como estudiante, fue brillante, tanto en sus estudios básicos como en los profesionales, para desempeñarse como maestro: Obtuvo su título de Normal Primaria en Normal Cristóbal Colón, llegando a Guadalajara estudia la Preparatoria en la Universidad Autónoma de Guadalajara y comienza sus estudios de Licenciatura en Matemáticas en la Universidad de Coahuila y, de Maestro de segunda enseñanza en la especialidad de Físico Química, en la Normal Superior Nueva Galicia, más tarde completará su preparación académica en Francia.
Sus estudios religiosos fueron el Curso Medio del Instituto, siguió el CEL en Medellín, Colombia y siguió cursos de teología en La Tourette, Francia con los Padres Dominicos.
Agosto de 1953. Llega a la Comunidad de Guadalajara, donde el Colegio Febres Cordero era aún solo Primaria, y era escuela de los Hermanos, ya que todos los maestros, excepto el de primer año, eran Hermanos; el curso escolar 1953 54 inició la sección secundaria del Colegio.
Pronto se integra en su nueva comunidad y va a ir creciendo con el Colegio, en la medida en que vaya abriendo la Secundaria y el Hermano participará como maestro de esta sección hasta llegar a ser el primer maestro y colaborar con el Hermano Director en la disciplina del Colegio.
Una labor que ocupó al Hermano Alfonso fue colaborar con el Hermano responsable del Aspirantado Menor, así como iniciar y continuar el periódico escolar llamado “Conquista”, que lo hizo progresar hasta que salió en edición impresa y perduró por algunos años después de que lo cambiaron.
En 1956, junto con los Hermanos de la Comunidad, asistió a la fiesta del Cincuentenario de la llegada de los Hermanos a México, en el Auditorio Nacional y en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de México.
Como titular de grupo, el Hermano Alfonso se mostró muy cercano a sus alumnos y logró crear una gran amistad con ellos y establecer relaciones que duraron por muchos años, como con los Bellón, los Guzmán etc
“1958, mes de julio. El Hermano Alfonso va a retiro y el 21 de ese mes hace su Profesión Perpetua… llega a ser el brazo derecho del Hermano Director, asumiendo el cargo de subdirector, sin título, inspector por unanimidad, secretario “pro tempore”, además de responder directamente por el Periódico ‘Conquista’, al cual le dio un gran impulso, ayudado de sus alumnos:
Alejandro, Bellón, y Raymundo, con los cuales este periódico fue muy gustado por todos los alumnos. Así mismo, fue el responsable del Volibol, deporte en el cual se obtuvieron varios premios significativos.
Durante el mes de septiembre prepara, con los exalumnos, el grupo representativo del Colegio en la IV Convención de Exalumnos, a celebrarse en Monterrey” [1]
Todos esos años el Hermano Alfonso fue el reportero gráfico de la comunidad, sobre todo cuando fue cambiado el Hermano Ambrosio, José Luis Casillas.
Julio de 1959. El Hermano Alfonso aparece en la lista de la comunidad con otros nueve Hermanos y, es de asombrar que había Hermanos desde tercero de Primaria. En noviembre de ese año ya corrían los vientos de la división del Distrito y todos los Hermanos de la comunidad estaban seguros y tranquilos de que seguiría al menos hasta terminar el curso escolar, pero las cosas iban a ser diferentes.
Como titular de clase era muy apreciado por sus alumnos, tanto por su cercanía, como por su buen trato y la atención que prestaba a su formación y adelanto académico
[1] Histórico de la Comunidad de Guadalajara 1953 a 1960
Viajan los Hermanos a la Capital para le división Distrital y comienzan las novedades: el Hermano Director Guillermo Alba, vuelve como director a León y, a Guadalajara llega el “dinámico y emprendedor Hermano Antonino María, José Manuel Ramírez Stone. Nuestro pilar, “Hermano Alfonso Rodríguez”, que durante siete años ejerciera fecunda labor, es llamado también por la obediencia al Colegio Regis de Hermosillo” [1]
[1] Histórico de la comunidad de Guadalajara, diciembre- enero 1959’60 páginas 136 y 137
El trabajo realizado por el Hermano Alfonso era muy apreciado y valorado, ya que ayudaba en todos los aspectos de la marcha de la escuela: deportes en especial volibol, organización de la Congregación Mariana, disciplina general del Colegio etc…
El cambio a Hermosillo fue llorado en el Febres Cordero, sobre todo que correspondió también con el cambio del Hermano Guillermo Alba, a León, Guanajuato.
Colegio Regis
En enero de 1960 el Hermano Alfonso llega a Hermosillo, en el mes de enero, para iniciar el segundo semestre como responsable de una sección del Internado y como Inspector de Secundaria y Preparatoria.
Siempre trabajador y creativo, su trabajo fue bueno y, a los tres años fue nombrado Director General del Colegio Regis.
La situación en Hermosillo se había complicado: “En agosto, una tormenta envenenada y amenazadora, procedentes de fuentes desconocidas de Nogales. Los Hermanos tuvieron que ser removidos para evitar una campaña publicitaria.
Los seis Hermanos cambiados mostraron entereza y aceptaron dejar Sonora, a donde habían llegado a esa tierra desconocida y alejada y que ahora les causaba dolor dejarla”[1].
Ese fue el inicio del Hermano Alfonso en Hermosillo, dos años como Inspector de Secundaria y Preparatoria y en 1963 es nombrado Director General del Colegio.
Durante cinco años realizará una eficaz labor al frente de esta institución; se destacó por cómo fue completando el Colegio; en 1964 construyó el edificio de la Secundaria, con su biblioteca y el aula magna, oficinas del coordinador y del departamento escolar.
En 1965 el entusiasmo va hacia el internado y se construye el área de comedores, completando su obra como constructor con las oficinas generales del Colegio, que dan a la Avenida, que más tarde llevaría el nombre de Padre Javier de León.
A todo esto hay que agregar otra obra que completó el colegio y fue un centro de esparcimiento para los internos: la alberca, que se inaugura en 1963 y cuenta con vestidores, graderías y todo lo necesario para su buen funcionamiento.
Una dificultad y una sombra para el Hermano Alfonso fue a fines del curso 1966-1967, cuando estalló en Hermosillo la huelga universitaria, consecuencia de una situación política. La Preparatoria del Regis se unió a ella, propiciado este hecho por el Hermano Inspector de la Preparatoria, el Hno. Jorge Bonilla.
[1] La Salle en México III página 127 H. Bernard Alphonse
Mas no faltaron disgustos y desaprobaciones de los Padres de Familia y de la misma dirección del Colegio, ya que perjudicaba los estudios de los internos, que nada tenían que ver en ella. Después de mucho diálogo y de la participación de la Sociedad de Padres de Familia, el Hermano Alfonso obtuvo que los estudios fueran válidos y pudieran presentar sus exámenes finales.
Estudios en París:
Julio de 1968. Nuevos horizontes se abren para el Hermano Alfonso, que ha obtuvo una beca de estudios en Francia. El Instituto Católico de París abre sus puertas para recibirlo y, ahí estudia su licencia en Psicología y, al año siguiente, fue la Sorbona quien lo recibe, igualmente, para la Maestría en Psicología.
El Hermano Alfonso vivió en una comunidad de Paris y, para sostenerse, ya que la beca era raquítica, dio clases de inglés a los alumnos, como un maestro más, cosa que admiró mucho a los Hermanos franceses por su dedicación y su forma de enseñar.
Instituto La Salle. Cd. Obregón. Director 1971–1981
De regreso, ya titulado, fue enviado a Ciudad Obregón, como Director del Instituto La Salle. Bajo su mano de directivo, la institución no solo progresó, sino que siguió una recta ascendente. Las ampliaciones y mejoras progresaron, porque sabía llenar las aspiraciones de la juventud. Su estancia fue de diez años.[1]
El Hermano Alfonso fue muy bien recibido, tanto por los Padres de Familia, como por la Comunidad de Hermanos; sabían que en él había un jefe y un hombre de trabajo, que amaba la escuela y sabía de renovación adaptada.
[1] La Salle en México III página 216 Bernard Alphonse
Los tres primeros años corrieron sin novedad, pero el cuarto se encontró con mentalidades divergentes entre los Hermanos, que no aceptaban alguna forma de trabajo del Hermano Director y el choque vino entre él y el Hermano Inspector Ignacio Navarro, hermano muy querido en Ciudad Obregón, como fundador de la obra.
Todo fue problema de carga de trabajo y de cómo el Hermano Director le exigía que realizara su trabajo como Inspector: revisar cuadernos, hacer pruebas semanales a los alumnos, le recalcaba que tenía tiempo de sobra, pero la reacción del Hermano Nacho fue algo violenta y hubo situaciones de oposición entre las dos autoridades. Ante esta situación, el Hermano Alfonso pidió el cambio del Hermano Inspector o, en dado caso, el suyo. El Hermano Visitador, José Cervantes, cambió en el mes de diciembre al Hermano Navarro y se terminó ese año sin el Hermano Inspector; el Hermano Poncho asumió la Inspección durante el tiempo que restaba del ciclo escolar, pero para el año siguiente vinieron cambios propiciados por este hecho.
Al año siguiente la autoridad quedó dividida: el Hermano Alfonso quedó como director del Instituto La Salle y, el Hermano Enrique González Pérez, como director de la Comunidad de Hermanos; con esto los problemas se simplificaron.
El Hermano Director de la comunidad de ese tiempo describe al Hermano Alfonso como una persona de grandes cualidades: inteli- gente y muy capaz, culto, ordenado, muy trabajador y muy responsable.
También señala que era muy exigente y que le gustaban las cosas muy bien hechas, pero era justo y autentico; poseía un sentido vertical de autoridad, aunque algunos lo consideraban como autoritario; sí le gustaba mandar y gozaba en ello,pero sabía obedecer muy bien.
Con las personas, maestros, padres de familia, alumnos, Hermanos, y conserjes era atento y tenía rasgos de delicadeza hacia sus personas, con todos era muy cortés y fiel a la amistad.[1]
En Comunidad era piadoso, sin exageraciones, muy cumplido con sus ejercicios espirituales, le gustaba participar en los paseos comunitarios y en las cenas, era un elemento positivo de la vida de comunidad
[1] Testimonio del Hermano Enrique González Pérez
Supo crear amistad y nutrir la amistad con muchas personas; en especial cultivó una fuerte relación con la familia Duarte, que fue la familia que acogió a los Hermanos en su casa cuando llegaron por primera vez a Cd. Obregón y siempre tuvieron detalles para la comunidad de Hermanos; él siempre les demostró agradecimiento y siempre tuvo detalles de atención hacia ellos.
La obra material que realizó fue la construcción de la Preparatoria y con ella se completaron las tres secciones del Instituto La Salle.
Diez años de encomiable labor en las tierras del Yaqui, de identificación con la población, de llevar adelante el Colegio y hacerlo brillar por su orden, disciplina y calidad de los estudios, esa fue la herencia que el Hermano Alfonso dejó al terminar su gestión
Instituto La Salle de Chihuahua. Director 1981–1987
Llega al Instituto La Salle de Chihuahua como tercer Hermano director. El primer Hermano director fue el del arranque, en Nombre de Dios y que después lo trasladó a su actual emplazamiento en Lomas de La Salle; al segundo director le tocó afianzar la obra y desarrollarla, pero aún quedaba mucho trabajo por hacer y, fue al Hermano Alfonso a quien le tocó consolidar esta obra, con nuevas construcciones y, sobre todo, con un fuerte apoyo académico
Un Hermano que estaba en la Comunidad del Instituto la Salle, relata algunas de sus vivencias con el Hermano Alfonso: “Volver el reloj mental a 35 años de mi pasado no es fácil, no quiero compartir situaciones personales sino, como es en este caso, poner por escrito la vida compartida con un gran Hermano:
“El Hermano Alfonso nos llegó a la comunidad como director del Instituto La Salle, de Chihuahua y al mismo tiempo director de la comunidad. Venía de su muy querido La Salle, de Cd. Obregón. Cualquiera de nosotros sabemos que el corazón enraíza en ciertos lugares, de manera especial en aquellos en los cuales la gente nos ha hecho sentir “Hermanos El Hermano Alfonso, simplemente dejó todas esas valiosísimas memorias en el avión que lo trasladó a Chihuahua. Nunca lo escuché “llorar por las cebollas de Egipto”, ahora entiendo aún más su espíritu de desprendimiento, sano y fraterno. Su inmersión comunitaria y apostólica fue instantánea. La grandeza de su estilo fraternal fue admirable y eso que reemplazaba a nuestro muy bien querido y recordado “Chaparro Márquez”. Estos dos hombres con carácter muy distinto, pero un mismo corazón, han sido el gran tesoro del Instituto.
Si he de dar crédito al Hermano Alfonso por algo más, aquí confieso que no soy el único. El Hermano Jorge Gallardo, también miembro de la comunidad en esa época, ambos hemos agregado, felizmente, a nuestro “vocabulario Lasallista” esta expresión. Cuando el Hermano Alfonso compartía, en comunidad, algún acontecimiento de algún alumno o alumna no brillante solía decir: “¡Pa’qué decir que no, pero (N) me cae bien!” Sabemos que es más fácil agregar comentarios destructivos acerca de alumnos problemáticos; sin embargo, el Hermano Alfonso deseó crear un ambiente comunitario de apoyo para esos alumnos que no brillan. Esta expresión ha quedado grabada en mi vocabulario como una forma de verbalizar el Espíritu de nuestro Fundador. El servicio educativo para los menos favorecidos.”[1]
Malos presagios tenía este Hermano y, cuando llegó a la realidad, estos cambiaron, pues descubrió en el Hermano “Poncho” Rodríguez a un Hermano de grandes cualidades; así nos dice: “Conocí a Poncho cuando llegó a la comunidad de Chihuahua, como director del colegio y de la comunidad. A pesar de ello sabía ejercer su autoridad adecuadamente en los dos ámbitos, sin ejercer con los Hermanos el estilo directivo de su liderazgo en la escuela.
Para mi sorpresa, Poncho no fue el hombre rígido y serio, demasiado duro, para vivir con él o tenerlo como director. Lo digo porque esa había sido la impresión que me dio cuando, de escolástico, me tocó ir de experiencia comunitaria a Ciudad Obregón, donde él era el director.
Cuando supe que venía a Chihuahua, me temía que, con su personalidad tendríamos tensiones y problemas. Al contrario, en la comunidad solíamos disfrutar sus risotadas y su buen sentido del humor. Sabía reírse de sí mismo y no se tomaba en serio: eran frecuentes sus bromas respecto a situaciones en las que en el colegio había tenido que “actuar”, como autoridad, para regañar a algún alumno. Solía terminar esos comentarios con un “Pa’qué decir, me cae bien el/la frega’o muchacho”.
Era un buen deportista, que en las mañanas se levantaba más temprano para correr en la pista de atletismo del colegio, que teníamos enfrente de la casa. Los fines de semana solíamos salir a caminar en los alrededores de Chihuahua. Alegre y emprendedor, él era el primero en proponer alguna salida o comenzar a planificar las vacaciones comunitarias.
Sobre su ser de Hermano se nos relata que: Era fiel y piadoso, nunca faltaba a la oración y no era raro verlo haciendo alguna visita al Santísimo, antes o después de ir al colegio.
Tacaño consigo mismo, pero era muy generoso con la comunidad y con los Hermanos. Recuerdo sus sugerencias de cambiar algunos muebles o, cuando me decía: ya cambia ese suéter, no está bien ir siempre con lo mismo y, no estuvo contento hasta que conseguí otros; lo que denotaba su sensibilidad para con los Hermanos.
De cuerpo delgado, flexible y ágil en sus movimientos, lo era también en su pensamiento y en su manera de actuar: siempre estaba alerta. Ahora pienso que quizá era hiperactivo, de otra manera sería imposible mantener ese ritmo de vida. No nos sorprendía que, en la noche, al sentarse a ver el noticiero, cayera dormido antes de que el locutor terminara de presentar el resumen de las noticias más importantes del día.
Como Hermano Director del Colegio La Salle de Chihuahua:
En el colegio, desde el principio se propuso dinamizar la vida escolar e impulsar el crecimiento. Era creativo y su energía desbordaba los límites de su competencia. Le gustaba administrar y conocer los detalles de todo lo referente a la escuela. No era pues, extraño, verlo conduciendo el autobús escolar (con el chofer al lado indicándole la ruta), o dirigiendo el tráfico de automóviles a la entrada, o revisando -hoja por hoja- los reportes del contador, o supervisando la lección de algún maestro, sentado en un pupitre, como un alumno más… ejercía conscientemente lo que hoy llamaríamos “micro-management” y, aunque estratégicamente es un error administrativo, él lo consideraba su deber. Obviamente, esta obsesión por saberlo y ejecutarlo todo causaba fricciones y conflicto con quienes estábamos en niveles más bajos de autoridad. Sin embargo, yo no recuerdo que él haya tomado decisiones unilaterales sin consultar y discutir con quien ejercía la autoridad inmediata. Yo era coordinador de Jardín de niños y primaria y reconozco que, en muchas ocasiones, sus observaciones eran correctas, sus juicios equilibrados y sus sugerencias acertadas; no obstante, la decisión final me la dejaba a mí, y ya una vez tomada, sabía respetarla. Fiel a sus propósitos de expansión, su entusiasmo por la excelencia y el acompañamiento efectivo del personal docente, año con año el número de alumnos crecía. No creo equivocarme si digo que al final de sus 6 años, el alumnado se había duplicado.
A pesar de, o más bien dicho, gracias a esa pasión por los detalles, Poncho conocía a las personas, fueran alumnos, maestros, o padres de familia.
Siguiendo la buena tradición lasallista de nunca dejar de dar clases, él tenía algunas horas de clase con los alumnos de 1º de preparatoria. La elección no era arbitraria, sabía que de esa manera podría conocer mejor a los muchachos nuevos. No solamente disfrutaba dando las horas clase obligadas por el programa, sino que se ofrecía para acompañar y sacar adelante a los alumnos más débiles: los citaba temprano, en la mañana, antes de iniciar las clases, o al final del día. Con todos, pero especialmente con estos muchachos, los más “malitos”, Poncho desarrolló una amistad imperecedera.
Sé de exalumnos(as) que lo buscaron regularmente durante su larga enfermedad y de otros que, inclusive, viajaron simplemente para verlo. A mí me tocó vivir esta experiencia de atención personalizada cuando, ya en Japón, recibí un par de cartas suyas, simplemente para saludar y animarme en mi “segunda vocación”, como él la llamaba.” [2]
La obra material del Hermano Alfonso en Chihuahua fue notable, pues le tocó completar laboratorios y construir la sección de Preparatoria del Colegio, una muy bien planeada construcción, de dos edificios de salones y, en medio, un área de oficinas y salas para recibir padres de familia, la oficina de psicología y otros departamentos; igualmente, puso los laboratorios de cómputo, uno para Preparatoria y otro para Secundaria, además de construir un amplio y bien trazado estacionamiento, que era una necesidad real, tanto para padres de familia como para alumnos que llevaban sus automóviles.
Participación del Hermano Alfonso en la vida del Distrito:
Como Hermano Director ejerció muy bien su cargo en los cinco colegios donde fue director general, pero fue de los 16 Hermanos electos como miembro del I Capítulo de Distrito, convocado por el Hermano Visitador, Víctor Bertrand. Además, formó parte de la 6ª Comisión Capitular, sobre la “Planificación y crecimiento de nuestras obras”. No concluyó el Capítulo porque tuvo que ausentarse por sus estudios en Francia; igualmente, formó parte del primer Consejo de Distrito, electo por los Hermanos, que estuvo constituido por tres Hermanos designados por el Hermano Visitador y seis, electos por los Hermanos, entre ellos fue electo el Hermano Alfonso. Este puesto de consejero lo va ejercer con varios Hermanos Visitadores. Su presencia en el Consejo de Distrito fue muy valiosa, porque tenía un sentido práctico de ver los asuntos, era versado en situaciones económicas, tenía muy buenas relaciones, tanto dentro como en círculos de profesionistas cercanos a los colegios.
CLES. Coordinador de la Preparatoria del Regiomontano Contry
En la Revista La Salle escribió un bien fundamentado artículo sobre este movimiento y estableció en el CESLAS “El Centro de Creática y de Desarrollo de la Inteligencia, para capacitar a facilitadores y adaptar el material venezolano a nuestra realidad y desarrollar nuevos programas.”[4]
En la Comunidad su presencia fue siempre de servicio y de buen ambiente, estaba dispuesto, en cualquier momento, a ayudar en cuanto se requiriera. Con la muerte del Hermano Paul Ayel, él tomó la administración de la casa, y con todo y una cierta fama de codo, fue muy espléndido en cuanto se le pedía o se requería para la casa.
SALTILLO: director del Colegio Ignacio Zaragoza 1989–1995
La llegada del Hermano Alfonso a este colegio fue providencial. El anterior Hermano Director, una fina persona, pero sus relaciones con los padres de familia fueron medio tensas y, aunque realizó un buen trabajo, no fue lo óptimo.
El Colegio estaba por terminar el gran Gimnasio, obra iniciada por el anterior Hermano Director, pero había habido fricciones. Lo primero que hace es informarse de las situaciones y, con nueva visión, relanzar la terminación de esa obra.
En el aspecto académico trabajó muy de acuerdo con sus coordinadores y el Colegio volvió a sus mejores tiempos, con excelente disciplina, resultados académicos brillantes y actividades deportivas y apostólicas de gran calidad
[1] Hermano Fermín Martínez Franco misionero en Japón
[2] Hermano Jorge Gallardo de Alba, Vicario General del Instituto.
[3] Testimonio del Hermano Alejandro E. Bunson
[4] Hermano Alfonso Rodríguez La Salle en México Norte junio de 1988
Siempre fue motivo de edificación el testimonio de su vida espiritual que nos dio y la serenidad del compromiso con Nuestro Señor. No hablo solo de los ejercicios espirituales, sino de su actitud: Reflexiones con verdadero espíritu de Fe y, de manera especial, el detalle de nunca salir a visitas por la noche, sino de hacerse acompañar siempre por algún Hermano, y esto no solo en visitas amistosas, sino en visitas o reuniones de importancia, tanto en el día como en la noche, pues siempre quiso tener un testigo de lo que hacía y de lo que se trataba en las reuniones. Basta recordar que al final del último Capítulo de Distrito, al terminar la redacción definitiva del documento, me pediste que me quedara un día más en Saltillo, para que lo acompañara a una cena a la que lo habían invitado.
El segundo motivo es agradecimiento por la gran caridad que siempre manifestó a los Hermanos enfermos y, de manera especial, por esos días que, personalmente fui objeto de tus delicadezas.
No puedo olvidar el cariño y la atención que manifestaste cuando fui enviado a El Salto, así como la ayuda que en esos momentos y luego, posteriormente, recibimos en la Comunidad, tanto en efectivo como en aparatos: Mimeógrafo, copiadora, grabadora, libros… [1]
En este testimonio se resalta la generosidad del Hermano Alfonso, que fue una nota característica del él, cuando encontraba una causa noble, además también la atención al necesitado, como fue el cuidado de varios Hermanos enfermos que tuvo en la comunidad.
El sentido de comunidad del Hermano fue grande, como el Hermano Víctor lo hace notar, en cuanto que las visitas y reuniones a las que asistía siempre hubiera un testigo comunitario de sus acciones, muchas veces que eran parte de sus obligaciones como directivo: juntas con los padres de Familia o bien con comités que se organizaban, los cuales trabajaban a favor del colegio, pero también tenían un rol social.
Un punto, que podría ser un defecto, fueron sus manifestaciones de cariño hacia las muchachas; era notable cómo le gustaba dar besos y caricias a las jóvenes de Preparatoria, algunas veces con fuerte disgusto de los muchachos varones, pues sentía que intervenía en la relación que ellos tenían con tal o cual muchacha. Por estas manifestaciones de afecto a las alumnas era criticado por las personas cercanas y no cercanas.
Colegio la Salle de Acapulco. Director. 1995–1996
Llega en agosto de 1995 al Puerto de Acapulco, algo adolorido por el cambio, pues en Saltillo supo ganarse el corazón de las personas, le tuvieron mucho cariño y, además de que era su segunda patria chica.
El ambiente de Acapulco era para él una novedad, ya que siempre se movió en el norte del país, con características diferentes. Pero al Hermano Poncho no le importó mucho, sino que le entró duro al trabajo, incluso asumiendo varios roles de trabajo: Director general, coordinador de la Preparatoria, mientras un Hermano asistía al CIL y profesor de Matemáticas.
El trabajo del Hermano Alfonso en esta etapa se caracterizó por una generosidad sin límites y una entrega total; prácticamente estuvo en el surco con la mano en el arado hasta que la enfermedad le impidió seguir. Dejó planes e ilusiones en las mentes y en los corazones de Hermanos y maestros que con el convivieron.
Instituto Regiomontano. Enfermo 1996–1997
Hacia finales de febrero de 1996, un día, el Hermano Director de la Comunidad avisó que llegaría el Hermano Alfonso y que venía delicado. Efectivamente, ese día llegó. Por la tarde vino una familia de Saltillo a saludarlo y él, con toda la amabilidad que le caracterizaba, saludó al señor y le preguntó por su esposa, que estaba también presente. Lo que pasó es que en ese momento perdió la visión del ojo derecho y no la veía. Al día siguiente se le llevó al especialista y se determinó una operación del cerebro; se hicieron los estudios y, al tercer día, por la mañana, un Hermano se dio cuenta que no había agua caliente en la regadera, va a checar y, al pasar frente al cuarto del Hermano, oye la ducha abierta, llama y no le responde, entra y lo encuentra tirado en la regadera, sin poder levantarse, le ayuda, lo seca y lo acuesta y ahí se decide que vaya al Muguerza para comenzar el tratamiento, pues tenía un tumor canceroso que crecía con mucha rapidez y, muy agresivo.
La operación fue un éxito; el médico lo lució ante su familia, haciéndole caminar y realizando algún ejercicio pero, cuando ya se acostó le dio un infarto cerebral y quedó inconsciente por largo tiempo. Los Hermanos se turnaban para estar con él, en terapia intensiva, todo el tiempo. Una vez que se recuperó, en parte, fue a casa.
Fue un ejemplo de paciencia y de deseo de superarse; pidió un maestro de computación e hizo los ejercicios que le daban hasta que ya no pudo reaccionar; igualmente, nos llamó la atención la alegría con la que esperaba la boda de una exalumna de Chihuahua y, desde su cuarto, hizo los arreglos necesarios para poder ir, acompañado de su enfermero; creo que gozó mucho este viaje, así como a las personas que lo saludaron y que lo querían.
La enfermedad fue haciendo su camino. El Hermano Víctor Bertrand organizó el rezo de varias novenas al Hermano Bernardo Grousset para obtener su salud o, como escribió: “Una novena tiene sentido, solo en esta perspectiva, la de prepararnos a la muerte y el conseguirnos del Siervo de Dios las gracias de unirnos a Cristo, de incorporarnos a Él para lograr nuestra justificación plena. La curación será un favor muy especial, mas no la finalidad.”[2]
Fallecimiento: 5 de febrero de 1997
Desde días antes, la salud del Hermano se había visto menguada, aunque no había perdido el conocimiento, su habla se hizo lenta y la mirada algo vaga; la comunidad, ese día cinco, había ido a Las Palmas, para una mañana de recolección, ya que era asueto. A eso de las once de la mañana se recibe un telefonema de que el Hermano Alfonso entró en agonía y, a los pocos minutos otra nueva llamada, anunciando que ya había terminado; todos los Hermanos regresaron a Monterrey a preparar el funeral.
El cuerpo llegó a casa, después de haberlo preparado, a las 7 pm. A las 20.30 horas de la noche se celebró una primera Eucaristía por su eterno descanso, en la sala grande de la Casa de los Hermanos del Instituto Regiomontano. A las 10.30 se cerró la capilla ardiente. Por la mañana la Comunidad rezó el oficio de difuntos y después se celebró la Misa de la Comunidad a las 6.30 a.m.
Durante la mañana, grupos de alumnos y personas allegadas, provenientes algunos de Saltillo y de Chihuahua, estuvieron acompañando el féretro de nuestro querido difunto, rezando o, simplemente, orando en silencio.
A las 10.45 salió el cortejo fúnebre de la Casa de los Hermanos para dirigirse a la Parroquia de San Juan Bautista de La Salle, donde fue la solemne Eucaristía por el eterno descanso del Hermano Alfonso, después de la cual se procedió a formar el cortejo que se dirigió al panteón “Parque Funeral Guadalupe”, hermoso jardín al pie de la sierra Madre, donde reposaría al lado de otros Hermanos que se le habían adelantado.
El entierro fue solemne: su familia de sangre y su familia religiosa estuvieron ahí dándole el último adiós y encomendado su alma al Creador; hubo una guardia de honor por parte de los alumnos de Preparatoria; la oración fúnebre pronunciada por el Hermano Visitador y, poco a poco fue bajando a la tumba y colocado en uno de los nichos de los costados, donde espera la resurrección que el Señor nos obtuvo con su resurrección.
Palabras del Hermano Visitador, durante el funeral del Hermano Alfonso, el 6 de febrero de 1997.
Hoy quiero hablar sobre el Hermano Alfonso, que acaba de morir y a quien vamos a sepultar. No puedo dejar de hacerlo, porque perdería yo parte de un gran tesoro, que no estoy dispuesto a perder.
A lo largo de la vida he tenido la satisfacción de ir encontrando buenos amigos y Hermanos, con quienes he compartido experiencias, ilusiones, realizaciones; amigos que quiero y que me quieren.
La fraternidad y amistad es un tesoro mucho más valioso que el dinero y las joyas, o la ciencia y el prestigio. Hoy recuerdo con gozo y alegría el haber vivido con Alfonso, mi Hermano, la ilusión de vivir.
La característica de Alfonso es que vivió la tranquilidad de haber sido fiel al Señor, de haber servido con amabilidad a todos los que estuvieron cerca, sobre todo a los más limitados, de revivir la esperanza o, aquellos que comenzaban a desaparecer.
Con Alfonso muchos de nosotros tuvimos el tesoro y el gozo de su amistad, que no perderemos nunca. El Dios que me quiere y que es mi amigo, no me podrá quitar este tesoro, pues es también, en este día de su llegada al cielo, su tesoro y nos lo ha querido dar.
A Alfonso Rodríguez lo conocí cuando yo tenía 8 años y él 25. Era titular de 3º de Secundaria en el Colegio Febres Cordero. Yo era alumno de 4º de Primaria en el Pre-Aspirantado. A veces comía con nosotros y nos acompañaba a días de campo.
Después fui siguiendo su crecimiento como Hermano y como educador.
Conozco algunos miembros de su familia y les doy a ellos las gracias, a falta de sus padres Luis y Concepción, quienes le dieron una sólida formación cristiana e hicieron germinar en él la vocación de Hermano, habiéndole permitido estar al servicio de Jesús.
Luego de haber dejado su casa, sus padres y sus hermanos, para ser ¨representante de Cristo y su Evangelio¨ ante miles de niños y jóvenes, enseñándoles a vivir en la fe y en la justicia, inició su formación en Tlalpan y Coyoacán.
Años más tarde comienza su acción educativa y apostólica en Guadalajara, como profesor. Luego pasa a Hermosillo como profesor, coordinador, encargado de internos y director. Después es enviado a Francia por varios años, a continuar su formación y preparación para servir mejor. A su regreso le es confiada la Dirección de la Comunidad del Instituto La Salle de Ciudad Obregón, donde dejó honda huella en su estancia de diez años.
De ahí, la obediencia le pide la animación y la dirección del Instituto La Salle de Chihuahua, para luego estar brevemente en el Escolasticado y en el CESLAS. Después se le encomienda tomar las riendas del Colegio Ignacio Zaragoza, en Saltillo donde, con la madurez y experiencia que tiene realiza una labor educativa fecunda. Finalmente, acepta la dirección del Colegio La Salle, de Acapulco, donde trabajó incansablemente hasta el último momento que le permitió la enfermedad.
Alfonso, durante tu enfermedad que duró casi un año, fuiste un ejemplo de paciencia y aceptación de la voluntad de Dios. No te oímos ninguna queja, ninguna impaciencia. Mantuviste una comunicación extraordinaria con tus amigos, nos llamó la atención tu ilusión por asistir a Chihuahua a la boda de tu exalumna.
Te recordamos hoy como alguien que, al estilo de San Juan Bautista de La Salle, luchaste y creciste, y hoy reconocemos el triunfo de Dios en ti, y el triunfo tuyo en Dios.
En este momento, ante tu féretro, pasa por la mente de muchos de nosotros, como chispazos, todo lo bueno que sabemos de ti, lo que hemos podido comprobar con tu lealtad para tus amigos, de tu honradez, de tu comprensión, sobre todo por los más atrasados y reprobados, por quienes te desvivías en darles clases especiales, de tu humildad y desprendimiento de las cosas, tu pobreza es admirable, tu paciencia y espíritu de lucha. Todo esto en medio de una vida religiosa Lasallista vivida en Comunidad y Fraternidad.
En esta última etapa de tu vida fueron varias las personas que se acercaron y dijeron de ti lo siguiente: “No saben lo que él me ayudó, lo que él me comprendió en un momento difícil. Para mí fue un verdadero padre, un verdadero amigo”.
Por eso, este día decimos con gozo:
“Naciste para ser gloria de Cristo,
Moriste escuchando su llamada,
Has sido santificado por el Santo Espíritu,
Goza sin fin bajo sus alas.”
La vida del Hermano Alfonso representa ahora, como un reflejo, la belleza de Dios. La muerte se comprende desde la dimensión de la grandeza de Dios y el recuerdo de esta amistad fraterna es un nuevo apoyo y una nueva inspiración en el diario vivir y luchar.
Alfonso, brilla como estrella refulgente por toda la eternidad, porque has enseñado a muchos la justicia. [3]
Morir es retirarse,
hacerse a un lado, ocultarse un momento, estarse quieto, pasar el aire de una orilla a nado y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado, refugiarse desnudo en el discreto calor de Dios, y en su cerrado puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo hacia el humo y el hueso y la caliza y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa, tomar la eternidad como a destajo y repartir el alma en la ceniza.
(Jaime Sabines)
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Hno Víctor.- Pedro Córdoba en La Salle en México marzo 1997
[2] Hermano Víctor Bertrand en la Salle México Norte mayo 1996.
[3] La Salle en México, marzo de 1997, Oracion fúnebre.