Hno. Víctor CÓRDOBA CONCHA
Nació en Celaya, Gto.
el 2 de marzo de 1919.
Llamado por el Padre
el 23 de febrero de 2011,
en Monterrey, N.L.
a los 92 años.
“No he hecho más que lo que tenía que hacer”
Su itinerario:
1931 Aspirantado
1935 Noviciado
1935 Toma de Hábito
1936 Primeros votos
1936 Escolasticado
1942 Colegio Cristobal Colón, Cd. de México.
1943 Profesor en el Aspirantado de Tacubaya.
1944 Profesión perpetua.
1951 2do. Noviciado en Roma.
1952 Sub Director del Noviciado.
1957 Sub Director del Escolasticado.
1959 Director del Colegio Guadiana, Durango, Dgo.
1963 Profesor del Aspirantdo en León, Gto.
1967 Sub Director del Aspirantado en Saltillo, Coah.
1971 Coordinador en el Colegio Ignacio Zaragoza, Saltillo, Coah.
1992 Fundador y Director de la Comunidad de El Salto, P.N. Dgo.
1994 Profesor en el Colegio Regiomontano Contry de Monterrey N.L.
1995 Colaborador en el Centro de Formación integral de Tijuana B.C.
1997 Profesor en la Preparatoria del Instituto la Salle de Chihuahua, Chih.
1999 Profesor en ULSA Laguna.
2000 Auxiliar en el Instituto Francés de la Laguna, Gómez Palacio Dgo.
2004 Auxiliar en el Colegio Ignacio Zaragoza, Saltillo, Coah.
2011 Monterrey, N.L.
El Hermano Víctor, Pedro Córdoba Concha, nació en la ciudad de Celaya Guanajuato, el 2 de marzo de 1919, donde sólo permaneció durante los primeros tres años de su vida, y de ahí pronto la familia tuvo que cambiar su residencia a la ciudad de México, en el Distrito Federal.
Sus padres José Córdoba y Teresa Concha de Córdoba y sus dos hermanas María Teresa y Concepción, y un hermano menor que fue ingeniero y vivió en Monterrey, ellos representaron en todo momento, para el hermano Víctor, grandes ejemplos de fuerza, fe y esperanza, por lo que siempre les tuvo gran respeto y siguió con los principios de amor al prójimo, sencillez y fe ante los demás valores que sus padres sembraron en él a temprana edad.
Pedrito estudió en el Colegio Francés del Zacatito, una institución lasallista donde nació su vocación cuando cursaba el sexto año de primaria; su maestro fue el Hermano Ángel Gálvez; de esa clase de primaria, salieron para prepararse como hermanos: Javier Bordes Vértiz, Alfredo Sánchez Navarrete y Pedro Córdoba Concha. Estando en este colegio y yendo a su casa en el autobús del Colegio, sucedió el accidente donde el tren destrozó el autobús de la escuela, mató a un alumno y dejó al futuro Hermano Polito, Leopoldo Narro Siller, con la herida en el cráneo que llevó el resto de sus días.
Un día llegó a su casa y le dijo a su mamá: "Mamá, quiero irme de hermano", lo primero que hicieron fue apoyarlo, esperando a que creciera, pues esa petición la hizo a los 11 años; él mismo señala que en el colegio estudió hasta el sexto año de primaria", pero que tiempo atrás; llegó un día el Hermano Carlos Thierry, director de su escuela, y siendo aún niño, volvió y él sintió el llamado de Dios, y así fue como empezó su vocación, con apenas 10 años de edad.
A los12 años ingresó al Noviciado Menor de Tacubaya, donde comenzó su formación, bajo la dirección del Hermano José Valenzuela; era el año de 1932 y pasó tres años felices, destacándose, como toda su vida, por ser una persona estudiosa y dedicada a la ciencia, en especial a la Matemática.
El Noviciado Menor estaba disfrazado de internado Ignacio Zaragoza; al año de la llegada de Pedro se presentó el primer problema que registró su vida como estudiante: fue la Escuela Socialista, impuesta por Lázaro Cárdenas, que hizo que los colegios lasallistas pasaran a la clandestinidad y la zozobra reinó en esa casa.
En abril de 1935 el Hermano Visitador dio a conocer su decisión y los arreglos realizados para trasladar el Noviciado a Lafayette, Luisiana… se tenía que comenzar a realizar los trámites de salida y los novicios son invitados a que, libremente tomen la decisión y que consiguieran el permiso legalizado de sus padres, para que se expatriaran a los Estados Unidos, a causa de la persecución religiosa que se vivía en México.
Dos grupos de novicios, bajo la dirección del Hermano Benildo Justino, entonces director del Noviciado de México, salieron el 30 de abril; eran 13 novicios y 7 postulantes, entre los que iba el futuro Hermano Pedro Córdoba Concha, acompañados del Hermano subdirector, Barnabé Marie; llegaron a Lafayette, Luisiana, después de más de 30 horas de ferrocarril, siendo recibidos por el Hermano Antel Arséne, Hermano visitador del Distrito anfitrión, en San Antonio, Texas, donde descansaron de las 30 horas de ferrocarril para trasladarse después a la finca llamada Magnolia, en Lafayette, donde funcionaban las casas de formación del Distrito de Nueva Orleans-Santa Fe. En esa casa, todos los Hermanos que la regenteaban habían estado en México, antes de 1914. Ellos eran los Hermanos: Aimable, director del Noviciado americano, Anatolien Alfred, Celsien Abel, Clément Martial y Bernard. Los viajeros mexicanos llegaron en la madrugada del 3 de mayo de 1935.
La Toma del Hábito religioso se realizó en la casa de Lafayette, el 16 de julio de 1935. Pedro recibió, junto con el santo hábito, el crucifijo, el Nuevo Testamento y el nombre de Hermano Bernardino Víctor; junto con él tomaron el hábito otros seis jóvenes mexicanos, más cinco cubanos y tres norteamericanos, pero, solo perseveraron los Hermanos Pedro Córdoba Concha, Enrique Pizarro García y César Machín Brito.
El grupo de Hermanos Novicios mayores estaba formado por los Hermanos Rafael Martínez, Rafael Chávez, Bernardo Zepeda, José Aceves, Leopoldo Narro y Alfredo Sánchez Navarrete. Los dos grupos fueron el feliz inicio de esta experiencia norteamericana del Noviciado.
El Noviciado, para el Hermano Bernardino Víctor terminó el 16 de agosto de 1936, día en que generosamente entregó su vida al Señor, consagrándola con la fórmula de votos: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, me consagro toda a vos para procurar vuestra gloria…” y sin deseo de volverse atrás, cosa que demostró con su vida y su entrega.
Primera fila: X PEDRO CORDOBA, ENRIQUE NAVARRO , ALFREDO SANCHEZ, último MARIANO RAMIREZ, Segunda fila X, X,X, JOSE ACEVES, X, FERNADO ANZORENA, RAFAEL MARTINEZ, LEOPOLDO ANGULO, JAVIER BORDES, GABRIEL CABALLERO, X, X,X,
El estudiante
El Escolasticado lo realizó en las Vegas, en Nuevo México, donde se perfeccionó, tanto en lengua inglesa, como en pedagogía y otras materias necesarias para formarse como buen educador. El Hermano Director fue el sabio Hermano Fernando Anzorena Padilla, hombre de un saber profundo y multiforme y, sus ejemplos y enseñanzas suscitaron Hermanos notables, comenzando con algunos Hermanos que fueron maestros: José Elcoro y los hermanos Escolásticos Rafael Martínez, Pedro Córdoba y Javier Bordes Vértiz.
Su estancia en los Estados Unidos fue de seis años, ya que en enero de 1942 lo encontramos ya en su primera comunidad, el Colegio Cristóbal Colón.
En el mes de noviembre de 1942 inicia una larga estancia en las casas de formación: Noviciado Menor, Noviciado y Escolasticado; las tres casas fueron su centro de trabajo de 1943 a 1959, en que fue nombrado Hermano Director de Durango.
Desde sus primeros años de comunidad y, toda su vida, manifestó un gran amor al estudio, en especial las Ciencias exactas Matemáticas, Física y Química; realizó incontables notas y cuadernos de ejercicios, que algunos llegaron a imprimirse en mimeógrafo, para el servicio de los alumnos; otro campo de la ciencia que desarrolló fue la Filosofía; preparaba sus clases con esmero y las impartía con precisión.
En estudios religiosos fue de los pocos Hermanos que concluyeron todos los estudios que el Instituto pedía y, que implicaban una gran constancia y un deseo continuo de superación, dándole tiempo a este importante estudio dentro de las múltiples actividades que, como Hermano se tienen en la vida diaria.
El Hermano Víctor tuvo tiempo para ser estudiante cuando salió de las casas de formación; fue entonces cuando estudia Matemáticas y Físico–Química en la Universidad de Coahuila, Pedagogía en la Normal Superior, Benavente; entró a una maestría en educación, en la Universidad de Coahuila, pero su metodología no le llenó y se retiró. Toda su vida fue un autodidacta. El Hermano Agustín Mendoza comentó en una ocasión: “Era el hombre, el Hermano de una libreta en mano y un lápiz, siempre haciendo problemas de Matemáticas, ya sea en las vigilancias de dormitorios o, bien, en los patios de juego; siempre se le veía haciendo lo mismo; con todo, era atento a los novicios menores que le solicitaban explicaciones o algún favor”.
El formador de Hermanos:
1942, noviembre. Hablando de su llegada como profesor del Noviciado Menor de Tacubaya, dice lo siguiente: “llegué al mismo tiempo que el Hermano Víctor Bertrand, quien traía ciertas consignas de cambio, cambio que llevó a cabo con mucho tacto y prudencia; con este Hermano Director tuve la dicha de vivir hasta 1948”.[1]
“Recuerdo con cariño ese tiempo. Participé en las excursiones y juegos, así como de las vacaciones en el pueblo de Xilotzingo, en el valle de Toluca; iniciamos también las ascensiones al Popo y al Iztaccíhuatl. Reinaban excelentes muestras de buen espíritu entre Novicios Menores, Hermanos y Hermano Director.”[2]
[1] Pedro Córdoba en un artículo sobre el Hermano Víctor Bertrand La Salle en México Norte 2003
[2] Ibid.
El Hermano Víctor fue un hombre aparentemente poco expresivo, pero se ganó el corazón de sus alumnos con múltiples gestos de servicio y de entrega de su persona. En el Noviciado Menor, como enfermero, a cuántos no atendió con dedicación y esmero; claro que sus métodos eran duros y, para nuestros días, primitivos, pero fueron efectivos.
El Hermano Juanito Fernández fiel compañero del Fre Víctor en el IPC muchos años después.
Pareciera que su lema hubiese sido: “Labor Omnia Vincit” (El trabajo todo lo vence). Esto lo demostró cuando, en 1945- 46 se dedicó a ser fontanero, electricista y pintor del nuevo Noviciado Menor de Tlalpan. Formó un famoso equipo llamado I.P.C. de Novicios Menores, que una vez por semana se trasladaban a Tlalpan para realizar esas labores hasta que dejaron todas las instalaciones eléctricas y de fontanería listas para ser usadas por los nuevos habitantes de esa casa. Un Hermano nos dice que duraron hasta mediados de 1965, cuando se les tuvo que reemplazar, lo que representa 20 años de buen servicio[1].
[1] Hermano Aldalberto Aranda, Director de Tlalpan en ese tiempo.
Como profesor del Noviciado Menor formó comunidad y equipo con dos grandes formadores, los Hermanos Víctor Bertrand Rangel y Luis Lozano Bernal quienes, con la ayuda de los Hermanos fueron modelando a los Aspirantes con mano experta, de los cuales surgieron excelentes Hermanos, que han sido motor del desarrollo de los dos Distritos mexicanos.
Un magnífico testimonio de un Hermano, antiguo novicio menor en Tlalpan, nos dice:
“Cuando me preguntan si conocí al H. Pedro Córdoba, me viene un recuerdo que será lo único que contaré con gusto y veneración, de quien considero fue uno de mis más queridos formadores.
Era mi primer día de Noviciado Menor, en Tlalpan, la mañana entera de un día, inmediatamente cercano a un 15 de septiembre, la pasé intentando trabajar al lado de uno de nuestros formadores, que mis compañeros llamaban “Fré Víctor”. Los mayores, a pico y pala, los más chicos sacando tierra y piedras, cavábamos un hoyo profundo que, supuestamente, se convertiría de pronto en pozo de aguas cristalinas y abundantes, lo que finalmente, no sucedió. El apelativo no me decía entonces gran cosa, pero lo que sí me impresionó fue la confianza con la que se dirigían a él los compañeros, pero sobre todo, la fuerte complexión, la energía y el ánimo incansable de aquel joven profesor que nos acompañaba y nos animaba con el ejemplo en el trabajo.
No tardé en identificarlo como nuestro “prefecto”, pues nos acompañaba en todos los movimientos y actividades, salvo en los dormitorios, con semblante serio y exigente, pero sereno y atento. En los desplazamientos, no obstante, la inseparable libreta en la que parecía apuntar, leer o estudiar, no se le escapaba la menor indisciplina; en los trabajos y empleos lo encontrábamos por todas partes, enseñando y corrigiendo, animándonos con aquel sistema de estímulos que llamábamos “Victorias y Derrotas”; pero en los patios, cuando se “rompían filas”, se volvía sonriente, comunicativo e, incluso juguetón. Yo no diría que lo temíamos, pero sí lo respetábamos con cariño.
Lo veo todavía, vistiendo por semanas el mismo traje gris, de manera descuidada, según sensibilidades refinadas, pero ejemplarmente austera para la mayoría; lo recuerdo en los paseos, calzando botas de estoperoles, rodeado siempre, contando anécdotas, celebrando ocurrencias o contestando preguntas de aquellos niños y adolescentes bulliciosos, como lo éramos; lo veo también jugando como defensa impasable en aquellos memorables “retos” de los campos deportivos “Vivanco”. En clase era estricto, pero sin provocar temores, pues, además, admirábamos sus conocimientos, que nos parecían enciclopédicos, porque lo mismo impartía Matemáticas, Física y Química que Historia, Geografía, Idiomas y Religión.
Décadas después, cada vez que me llegaban noticias suyas o que tenía la dicha de encontrarlo, junto con el gusto de volverlo a ver o de saber su celo apostólico y sus éxitos de educador, queridísimo por chicos y chicas que lo rodeaban con cariño en los patios o disfrutaban de sus enseñanzas en los salones, como muchos de los compañeros de aquellas remotas épocas del Noviciado Menor, me decía: el H. Pedro sigue siendo “Fré Víctor” para mí, y su abrazo, junto con su sonrisa, me lo confirmaban”[1].
En este testimonio se ve reflejado muy bien el Hermano Víctor y las prácticas y costumbres de aquella época.
Desde joven, el Hermano Víctor fue una persona austera, en todos los aspectos: forma de vestir, diversiones, alimentación, no se caracterizaba por ser ordenado en sus cosas personales, no así en sus apuntes y estudios. Se cuenta que un día, un grupo de los Novicios Menores más allegados, se permitieron entrar a su cuarto y le hicieron un arreglo y limpieza a fondo; cuando regresó se encontró con la novedad y, aunque agradeció, demostró algo de disgusto por el arreglo realizado.
El Hermano Víctor fue colaborador inmediato del Hermano Luis Lozano Bernal, en secundar su labor formativa. Los Novicios Menores estaban divididos en cuatro grupos: uno de 6º y tres de Secundaria. Colaboró el Hermano Víctor en formarlos en el amor a la vida austera, disciplina, trabajo y amor a la naturaleza, a través de los paseos, los cuales nunca le fallaban.
[1] Testimonio del Hermano Adalberto Aranda Ramírez.
1952. Subdirector del Noviciado.
Cinco años apoyó como subdirector al Hermano Javier Bordes en el Noviciado; ellos habían sido compañeros de formación y, ambos fueron maestros en el Escolasticado de las Vegas NM y habían convivido por la cercanía de las casas de formación. Sus lecciones del Noviciado eran escrupulosamente preparadas, su presencia en los tiempos de trabajos, empleos, así como en los paseos era activa, amable y constante. Estando en el Noviciado hubo una exposición misionera en la Arquidiócesis de México y fue “Fre Víctor” el responsable de representar al Instituto, siempre apoyado por los HH Novicios.
EL HERMANO VÍCTOR participó en la redacción de los libros del "Divino Sembrador"
En los primeros años de la década de los 50s se reunieron varios Hermanos, encabezados por el Hermano Víctor Bertrand, para la elaboración de los textos del “Divino Sembrador”; “Fre Víctor” puso mucho entusiasmo, empeño y entrega al trabajo de elaboración de estos textos.
1957. Subdirector del Escolasticado.
Año difícil para esa casa de formación. Se necesitaba un Hermano sereno, sabio y con influencia dentro de la comunidad del Escolasticado; el Hermano Víctor había sido formador de la mayoría de los Hermanos Escolásticos, los conocía bien y lo conocían; el Hermano Miguel Martínez, director, era muy querido por todos los Hermanos jóvenes, pero un día el Hermano Visitador recibió la orden del Hermano Asistente de cambiarlo; los Hermanos escolásticos se pusieron de acuerdo y fueron a hablar con el Hermano Visitador, Víctor Bertrand para pedirle que no lo cambiara, pero él obedeciendo órdenes superiores lo hizo. El Hermano Miguel Martínez fue como Director a León y llegó el Hermano Jaime. En la comunidad hubo malestar, se tuvo que mandar a comunidad a varios escolásticos; el negociador intermediario para muchos casos fue el Hermano Víctor quien, sereno, con mente fría, y sobre todo con cercanía, caridad y fraternidad trató de limar asperezas.
1959. La obediencia lo destina a la ciudad de Durango, como director del Colegio Guadiana. Va a sustituir al Hermano Luis Lozano Bernal, hombre con larga experiencia pedagógica en los centros capitalinos, pero no se adaptó a las tierras del valle del Guadiana.
Un testimonio de un alumno del Colegio Guadiana, desde sus inicios, relata: “Conocí a Don Pedro Córdoba Concha cuando mi mamá me llevó a inscribir al Colegio Guadiana, en septiembre de 1959. Él me platicaba que me presenté muy formal a él, diciendo: “soy Gerardo Carlos Martínez Luna, para servir a usted, a Dios y a la patria”. Siempre me pareció una buena persona y, yo, con otros compañeros del colegio nos metíamos a su oficina a darle “lata”, pues nos sentíamos bien con él; cuando lo cansábamos nos decía que tenía un cocodrilo bajo su escritorio y, a los que estábamos más cercanos nos apretaba el chamorro; al fin y al cabo, niños, salíamos corriendo de su oficina.
En algunas ocasiones, estando ya en tercero de primaria, pedía permiso y me iba al colegio, por la tarde-noche, con un vecino que estaba en tercero de secundaria y, a ellos les daba prácticas de laboratorio o pláticas propias para más grandes. Recuerdo una, a base de filminas, sobre la Sábana Santa. En esos momentos lo admiraba por su forma de tratar a los jóvenes y por su sabiduría, que ya percibía.
Desde cuarto de primaria inicié a formar parte de los lobatos, del Grupo 1 del colegio, y tuve ocasión de convivir más con el Sr. Córdoba, como le decíamos, y me encontré con “un Scout de corazón”. Amaba la Sierra de Durango, que con frecuencia visitaba con los demás Hermanos del Colegio y, en compañía de sus perros pastor alemán.”[1]
El Colegio Guadiana llevaba cuatro años de haberse fundado y, a él le tocó afianzar la tradición pedagógica lasallista, en una ciudad que no iniciaba aún el despegar de su desarrollo económico.
Cuatro años va a dirigir el Colegio, consigue levantar el nivel académico, pero la crisis había llegado a su grado máximo y se resintió en el Colegio, disminuyendo mucho en alumnado, que en 1963 llegó a contar apenas con 250 alumnos.[2]
[1] Hermano Gerardo Carlos Martínez Luna
[2] La Salle en México 1947 -1980
1963. Subdirector del Noviciado Menor de León.
La última visita del Hermano Bautista Fernando hizo un poco de revolución con los Hermanos profesores del Noviciado Menor. A dos de ellos los cambian, uno más es nombrado ecónomo Distrital, así que el Hermano Víctor viene a suplir al Hermano Subdirector, Salvador Pérez Orozco y al responsable de la Preparatoria, José Manuel Ramírez Stone. Pronto se convierte en un colaborador notable del Hermano Director, Leopoldo Angulo Navarro y ,más tarde, del Hermano José Luis Casillas Gutiérrez.
“Cuando lo cambiaron al Noviciado Menor de León, nos dijo que le pedían ir a dar clases en la preparatoria y, nos sentimos que nos dejaban sin una buena persona.
Mi sorpresa fue grande cuando, el 11 de julio de 1965, mis papás me llevaron al Noviciado Menor de León y, ahí me lo encontré como subdirector de dicha casa de formación. Ahí lo vi como maestro de inglés y, prácticamente dando todas las clases en primero de preparatoria, además de que era el encargado de la disciplina del Aspirantado y el enfermero, que con algunos métodos más o menos ortodoxos, nos ponía de pie, más rápido de lo que canta un gallo.[1]
En los campamentos de La Asunción se distinguió por la organización de los mismos, con la mística scout: patrullas, banderines, juegos, trabajos y la organización de las patrullas muy bien cuidada, teniendo grandes logros en el desarrollo de habilidades en los Novicios Menores, además de hacerlos muy interesantes.
[1] Testimonio del Hermano Gerardo Carlos Martínez Luna.
[2] La Salle en México III 1947 - 1980
[3] Hermano Gerardo Carlos Martínez Luna
[4] Testimonio de una alumna dice Ibarrarán.
1967. Saltillo subdirector del Noviciado Menor y fundador de la Preparatoria del Colegio Ignacio Zaragoza
La preparatoria que funcionaba en el Noviciado Menor de León se vio en la necesidad de ser trasladada a otra ciudad y se decidió que Saltillo sería el sitio adecuado, ya que ofrecía mejores condiciones para la preparatoria, por su clima y su población, más sensible a los valores espirituales y, un colegio aún sin grandes complicaciones.[2]
El 2 de agosto de 1967 se aprobó que el “Noviciado Menor de Preparatoria pasara a Saltillo”. El responsable de este traslado era el Hermano Subdirector del Noviciado Menor de León. que ahora sería fundador de la nueva casa. con el mismo título de Hermano Subdirector, siendo el director el Hermano Jorge Bonilla Sorts de Sanz, con quien colaboró activamente el Hermano Víctor, hasta 1971, pasando a ser el responsable total de la Preparatoria.
El Hermano Víctor, además de su trabajo de subdirector del Noviciado Menor, fue el organizador de la Preparatoria, que inició con el primer grupo de Aspirantes y alumnos que provenían de la misma secundaria del Colegio Ignacio Zaragoza.
El mismo Hermano, que fue aspirante en Saltillo y alumno del Hermano Víctor, nos cuenta: “Cuando llegué a Saltillo, a la preparatoria del Colegio Ignacio Zaragoza, me lo volví a encontrar como subdirector del Aspirantado que, junto con Jorge Bonilla S.S. animaban la sección y, además, fue mi titular en primero de preparatoria, luego en segundo. En la especialidad de físico-químicos, nos daba varias clases y laboratorio de Química y Física, impresionándonos con su sencillez y sabiduría.
Ya mayor, siempre manifestó aprecio y cariño por mi persona y, siempre conté con su asesoría, cuando se la pedía e, incluso, me prestaba algunos apuntes de temas bíblicos”[3].
En Saltillo se desempeñó como maestro de preparatoria en el CIZ, impartiendo varias materias: Álgebra, Geometría Analítica, Cálculo, Filosofía, Física y Química. Se podría decir que, la materia de la cual no había profesor, él daba la clase y fue el responsable de la coordinación e, incluso, llegó a ocupar la dirección de ese nivel, en el Colegio Ignacio Zaragoza.
Las malas lenguas cuentan que, cuando inició el proyecto para que el Colegio Ignacio Zaragoza fuera mixto, el Hermano Víctor se oponía; sin embargo, cuando ingresaron las mujeres y tuvo mayor convivencia con ellas, disfrutó mucho la experiencia. “Era muy respetuoso con las mujeres y, era un hombre increíble”. “Era muy inteligente, tenía muchos inventos en los laboratorios, pero su prioridad era ver siempre por los demás” [4].
Además, el Hermano Víctor era un hombre de mucha lucidez pues, pese a su avanzada edad, recordaba con mucha precisión el nombre de cada uno de aquellos que fueron sus alumnos y, hasta la generación a la que pertenecían. Fue un gran ser humano pero, ante todo, fue su sentido humano lo que lo caracterizó a lo largo de su carrera en el Colegio Zaragoza y, que le valió el cariño de todos sus alumnos.
Así lo recuerda uno de sus alumnos: “En el Colegio Ignacio Zaragoza educó a 25 generaciones de preparatoria. Las frases del Hermano Víctor, como lo conocía la comunidad lasallista, aún se escuchan por los pasillos del Colegio: “El conocimiento de Dios sin reconocer nuestra miseria, crea el orgullo”, “El conocimiento de nuestra miseria, sin conocer a Dios, crea la desesperanza”.
“Él fue uno de esos profesores que sabían transformarse en puentes y que invitaban a sus discípulos a franquearlos. Su sencillez, amistad y conocimientos, nos llevaron a apreciarlo como amigo y, como lo que era: nuestro Hermano Víctor. La palabra hermano deriva del latín "frater", una persona unida a otras por vínculos espirituales, morales e ideológicos: mi amigo es mi hermano. Eso fue para quienes pudimos conocerlo: Un hermano de los adultos a quienes trataba, y el hermano mayor de los jóvenes, que esos adultos le confiaban. Honraba el espíritu del lasallista: Ser más solidario y educar.
Hermano de Comunidad: el Fre Víctor celebrando la Navidad con los Hermanos en Gómez Palacio.
Fue un apóstol que vivió con los jóvenes sus necesidades y sus problemas. Educador de la fe de sus alumnos, en especial de los más pobres. El Hermano Víctor disfrutaba de platicar con preparatorianos que, más que conocimientos, anhelábamos encontrar un camino. El hacía honor a la amistad y jamás escatimó un buen consejo. Ante nuestras eternas dudas religiosas, nos llegó a decir: No confundan a Jesús, el maestro, con los pobres hombres que le siguen de lejos.”[1]
“Como educador era muy recto, estricto y duro y, eso hizo que marcara a muchas generaciones de jóvenes que ahora son padres de familia del Colegio y que lo recuerdan por la formación, hábitos y exigencias que él tenía”. “A muchos nos reprobó, pero ahora recordamos que, gracias a eso, llegamos a hacer mucho en nuestra vida”.[2]
“En los pasillos del Colegio lo conocí, era el verano de 1985. Maestro, primero de Física y, después de Filosofía. El Hermano Víctor nos introdujo al fascinante mundo de Kepler, de Copérnico y de Gay Lussac. Gracias a él pudimos conocer y discutir los tratados de Aristóteles y Platón, textos que, muchos años después, aún intentamos entender, pero que nos llevaron a concluir que, a partir de lo que la ciencia nos enseña en la naturaleza, hay un orden independiente de la existencia del hombre, un fin al que la naturaleza y el hombre están subordinados. Tanto la religión y la ciencia, requieren la fe en Dios. Para los creyentes, Dios está en el principio y, para los físicos, al final de todas las consideraciones.”[3]
“El Hermano Víctor, por ser maestro de materias como Física, Química, necesitó laboratorios. Él mismo los fue formando, algunos aparatos los inventó y, aún prevalecen en los laboratorios del Colegio Ignacio Zaragoza, donde laboró la mayor parte de su vida. “Es un hombre que dejó su vida en el Colegio y nos ayudó a muchos alumnos a encontrar nuestro proyecto de vida; nos tenía fe y confianza y nos ayudaba a caminar”[4]
“Sin duda, el Hermano Víctor ha sido un pilar del Colegio Zaragoza y, como fundador de la prepa, por el prestigio que esta tiene, se le va a recordar como un ejemplo a seguir de religioso educador”. “Era una persona sumamente sencilla, entregada a su labor educativa, una persona fuera de lo común, en cuanto a conocimientos”.[5]
Fue el iniciador de los grupos juveniles; además se le reconoce como el principal impulsor de las misiones lasallistas en la Sierra de Durango.
[1] Exalumno y articulista: Marcos Durán Flores
[2] Hno. Domingo de Alba su último Hermano director.
[3] Ibid 6
[4] Testimonio de un exalumno.
[5] Hermano Domingo de Alba Suárez Director del CIZ
Hermanos que participaron en el Encuentro Juvenil Quebec 87, el Hermano Víctor primero a la derecha en la primera fila, de rodillas.
Quebec 87. En el verano de 1987 viajes al Encuentro Internacional de Jóvenes Lasallistas en Quebec 87
GRUPO DE ALUMNOS Y HERMANOS QUE ASISTIERON A QUBEC 87
“Del 2 al 9 de agosto de 1987 se realizó el encuentro internacional de jóvenes lasallistas en Quebec, en total 517 de los cuales 108 mexicanos. Los jóvenes de México Norte, misioneros todos de semana santa, integrantes de los grupos juveniles de bachillerato y algunos de ellos exalumnos universitarios, crearon un extraordinario ambiente de fe , fraternidad y servicio junto son sus asesores HH Víctor Córdoa, José Luis Aguilar, Juan Ignacio Alba, Jorge Gallardo y Lorenzo González además de maestras...
El recorrido para llegar a Quebec fuero 20 días de felices sorpresas diarias por los lugares que se fueron conociendo en Huston, Nueva Orleans, Orlando, Whashington, Nueva York, Montreal...
El encuentro fue una reunión internacional donde se vivieron los valores lasallistas sin tener en cuenta nacionalidad, raza, o costumbres de cada país. La evaluación llevo a los jóvenes a descubrir la urgencia de irradia nuestra fe y tener mayor confianza para acercarse a los demás. Como delegación mexicana se logró fraternizar con todos y ser un elemento decisivo en el buen espíritu del encuentro.
El Hermano Víctor como todos los demás asesores insistieron en los retos que se nos presentaban al regresar a Saltillo y los planteo así: Tomar conciencia de la responsabilidad social que social y cristiana.
Renovar nuestro compromiso para lograr una mayor preparación personal bíblica, catequética, dinámicas de grupo nuevas y creativas para aplicarlas en nuestros apostolados. Además necesitamos más oración personal.
Una de las resoluciones del Hermano Víctor después del encuentro de Quebec fue el renovar los grupos Juveniles del CIZ e invitarlos que se renueven y preparen en su capacidad de servicio y lograr una integración plena en los apostolados y centros de servicio.
Siempre preocupado por el bien espiritual de sus alumnos, organizó varios encuentros juveniles, tanto en el mismo colegio Ignacio Zaragoza o, siendo sede de encuentros Distritales. En uno de ellos el Hermano Superior General estuvo presente y se admiró de la vitalidad de nuestra juventud. Don Víctor participaba, junto con sus muchachos, en todos los encuentros juveniles organizados en el Distrito; en 1989 se organizó uno en Chihuahua, él traía su plan, pero he aquí que los Hermanos de Casa Central, responsables de la Pastoral, no concordaban con su plan, entonces nació una frase célebre, pronunciada por él: “Esos de Casa Central sólo estorban”. Él siempre fue muy organizado y eficiente en lo que emprendía, bien planeado y detallado, asignando responsabilidades.
1992. Director fundador de la Comunidad de El Salto, Durango
El Hno. Víctor siempre estuvo ligado a las Misiones de Semana Santa; inició con el Movimiento Juvenil, al final de la década de los 70’s. Formó parte del primer grupo de Hermanos que fueron a misiones, en 1982, como responsable del grupo de Saltillo y de la misión de Chavarría Nuevo; después, verano tras verano cooperó en las actividades de evangelización, dando cursos a celebradores de la Palabra, catequistas, etc,, sin dejar su misión de Chavarría Nuevo y las que se fueron agregando a los misioneros de Saltillo.
Un poco de historia de esta comunidad misionera: Una carta, con fecha del 10 de julio de 1990 y del 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, donde el Señor Obispo reitera la solicitud y,en la segunda se justifica la apertura del Centro, define sus objetivos, sus destinatarios y los medios que se sugieren para lograr los objetivos, así como los aspectos económicos y las fechas de inicio.
Respuesta de los Hermanos:
Las últimas solicitudes fueron examinadas por el Consejo del Distrito de México Norte, en su 5ª. Sesión del periodo 1990-93 y se vieron los siguientes motivos fundamentales: En un acuerdo del VII Capítulo de Distrito nos comprometimos a abrir una obra para gente necesitada, durante el trienio 1990-1993[1].
La llegada y la fecha de apertura de la Comunidad fue el 15 de agosto de 1992, fiesta muy significativa por ser solemnidad de la Asunción de María. A la cabeza del pueblo entero estuvo el Señor Obispo, Don Manuel Mireles, el Señor Cura, don José Anaya y toda la población recibió a los Hermanos en el “tope” de la curva de la carretera Durango Mazatlán, Km 100; fue una fiesta en grande:
Precesión hasta la Catedral, con carros alegóricos y, durante la Santa Misa, presidida por el Señor Obispo, se anunció que: los Lasallistas llegaban a establecerse a El Salto, anuncio que fue recibido con un gran aplauso. Los Hermanos fundadores fueron: el Hermano Pedro Córdoba Concha, Pedro Vela Rodríguez y Francisco Barba Arámbula.
Llegados a la Catedral ya estaban preparados los reclinatorios para el Hermano Visitador, Everardo Márquez Padilla y los tres Hermanos fundadores. La Eucaristía fue presidida por el Señor Obispo, Don Manuel Mireles, el Señor Cura Anaya y cinco sacerdotes más.
La Catedral estaba bellamente adornada con flores, carteles y mantas de bienvenida de los pueblos, dando la tónica de la alegría del pueblo. Un grupo musical, con violines, contrabajo e instrumentos de cuerda, apoyaron el canto. Deportistas, gente del pueblo, Banda de Guerra, llenaron el templo, al grado que los celebrantes se tuvieron que abrir paso para llegar al altar.
Durante la homilía, el Señor Obispo dio la bienvenida oficial, expuso las necesidades y carencias de los pueblos de la Prelatura, así como sus anhelos y esperanzas. Consideró “como un inmenso don de Dios la nueva Comunidad de Educadores Religiosos que llegaba a El Salto, para responder a una gran necesidad de educación cristiana de niños y jóvenes, víctimas de la ignorancia y acechados por la vagancia y múltiples vicios.
El rito de la paz y, después de la Comunión, fueron momentos muy emotivos para los Hermanos, ya que muchos se les acercaron a darles la bienvenida. A las tres de la tarde se terminó la Eucaristía y el Señor Cura Anaya invitó a todos a pasar “de la Misa a la mesa”.
Los Hermanos fundadores se trasladaron a La Victoria, colonia donde estaba su nueva comunidad; grata sorpresa al llegar: los jóvenes de los grupos juveniles habían hecho cientos de banderitas para adornar con ellas la cerca del edificio, que estaba por inaugurarse. Se procedió de inmediato a la solemne bendición de la Casa y del Centro. Lecturas, responsorios, oraciones y, luego el Señor Obispo, acompañado por los Sacerdotes, Hermanos, Aspirantes, Postulantes y representantes de los pueblos de la Sierra, recorrió los edificios asperjándolos generosamente con agua bendita.
Terminado el acto, el Hermano Visitador, Everardo Márquez Padilla agradeció a quienes prepararon e hicieron posible esta nueva obra, así como a la gente, por su amistad y apoyo a los tres Hermanos fundadores de la nueva Comunidad, pidiendo para ellos la bendición del Señor y la asistencia de María Santísima y de nuestro Santo Fundador[2].
Las comunidades de Durango, Gómez Palacio, Monclova, Chihuahua, Aspirantado, Postulantado y Casa Central, fueron testigos del nacimiento de esta obra misionera, en el corazón de la sierra de Durango.
Poco a poco, los Hermanos fueron explorando su trabajo a realizar; se les invitó como maestros en el Seminario, actividad que fue aceptada, así nuevos cursos de catequesis,
En una entrevista, hablando de su estancia en La Sierra, el Hermano Víctor dijo: "En esa escuela estuve por tres años.” Por problemas de salud me trasladan a Monterrey y, luego a Tijuana, para ayudar a la Diócesis en la formación de catequistas.
[1] Acuerdo 3.3 VII Capítulo Distrital México Norte.
[2] Relato de la fundación de la comunidad del Salto septiembre 1992 La Salle en México Norte.
Dos exalumnas que acompañaron a Don Víctor cuando fue enviado a El Salto, escribieron: En ese viaje acompañamos a Don Víctor, que se nos quedaría en El Salto. No queríamos dejarlo irse sin nosotras. Gracias, Hermano Víctor, por tantos momentos inolvidables.[1]
“Que afortunadas fuimos de acompañar a Don Víctor en la bendición de La Victoria... Y, que, ¡Viva Jesús en nuestros Corazones![2]
[1] Gabriela Cortés
[2] Ana Cecilia Cárdenas
Fre- Víctor recordando los inicios de la Comunidad de Ell Salto
Procesión de la Catedral a la Casa de los Hermanos
Y después de El Salto.
1994. El Hno. Víctor va a la Comunidad del Colegio Regiomontano Contry para reponer su salud, que había sido seriamente molestada por el clima de El Salto, ya que vivió con continuas bronquitis, que se traducían en tos y más tos, que le impedía descansar. No se quedó desocupado, pronto ayudó en la Preparatoria como asesor y maestro de Matemáticas.
En 1995 del Regio Contry, el Hno. Víctor pasa a Tijuana, de Tijunana a Chihuahua, luego a Gómez Palacio y después a Saltillo.
Él había sido muy estable en sus comunidades, pero al fin de su vida debió decir muchas veces: “a donde quiera que sea destinado” o sea, el “Sí” del cambio implícito en su fórmula de votos.
1995. Tijuana es una tierra fértil y bien dispuesta para recibir la semilla del Evangelio, es gente sencilla, sin mucho estudio, atenta, servicial y dispuesta para escuchar y aprender. El Hermano Víctor se encontró con ese panorama; atento y servicial se puso a planear sus cursos bíblicos, los cuales fueron acogidos con gran alegría y entusiasmo; pronto los alumnos descubren en él a una persona de gran calidad humana y de gran sabiduría.
La permanencia es corta, pues necesidades de la Preparatoria de la Salle de Chihuahua le reclamaban; dos años apoyó con sus clases, aunque aquí ya batalló un poco, tenía 78 años y, los alumnos no lo conocían, pero, gracias a su ciencia y a su constancia obtuvo buenos frutos.
Nuestro Hermano tiene 80 años, la edad se fue acumulando y con ella el cansancio, pero sigue igual de lúcido y trabajador, como un joven en pleno vigor.
El Hermano Manuel Padilla Muñoz, rector de la Universidad de La Salle Laguna, le ofreció clases de Matemáticas, en Ingeniería Civil, él gustoso aceptó y, ya estando en la Universidad se dio cuenta que nunca había estudiado Algebra lineal y que no se aplica en la preparatoria, sino hasta la universidad; esta estudia conceptos tales como vectores, matrices, sistemas de ecuaciones lineales y, en su enfoque, de manera más formal, espacios vectoriales y sus transformaciones lineales. Él, ni tardo ni perezoso, pronto se puso a estudiar y a resolver todos los problemas de un libro especializado en Algebra lineal, familiarizándose con William Rowan Hamilton ,de quien proviene el uso del término vector, y que creó los cuaterniones. Un segundo autor estudiado fue Hermann Grassmann.
Su condición en la Región Lagunera, a causa de su creciente sordera era ya delicada, pues sus clases, excelentemente impartidas, no eran aprovechadas como era de esperar, ya que al preguntarle para aclarar dudas, no comprendía ya lo que los alumnos le preguntaban.
Para trasladarse dependía del Hermano Rector o, bien, del Hermano responsable de lo Académico y, muchas veces tenía que esperar mucho tiempo en la universidad, sin ocupación o sin un lugar especial para trabajar.
Era un Hermano de fe y de una entrega plena a su vocación, fiel a su oración diaria, a su lectura espiritual, a sus estudios religiosos y al conocimiento de la doctrina de nuestro Santo Fundador.
Conferencia de Fre Víctor a la Comunidad, sobre nuestro Santo Fundador
En la comunidad de Gómez Palacio, donde estuvo trabajando en la Universidad La Salle, a los Hermanos nos dio varias pláticas sobre el “quietismo,” sobre el “galicanismo”, y sobre el “jansenismo”, doctrinas a las que se enfrentó nuestro Padre y Fundador, San Juan Bautista de La Salle; lo hizo con un gusto especial, como participación comunitaria, pero con el gusto de que los Hermanos conociéramos más la grandeza de nuestro Padre.
Una ocupación que gozaba era preparar cursos religiosos, como lo fue el de Historia de la Iglesia, sacada de los tomos de la BAC, temas sobre los Evangelios, para facilitar el estudio a mamás catequistas.
COMUNIDAD DE LA LAGUNA 2004
En el 2003, en la revista del Distrito escribió varios artículos sobre el Santo Fundador y sobre María Santísima. “De la Meditación de María ante el pesebre” extraemos la conclusión: ENTENDER A JESÚS: “Hemos visto que María conservaba esas cosas en su corazón, de todas las cosas que se pudieran llamar el nacimiento pasivo de Jesús; el Niño no hace nada, deja que le hagan y que, en torno a él se anuncie y crezca la buena nueva. Pero una escena posterior anuncia lo que podríamos llamar el nacimiento activo; el Niño asume su propia singularidad, rompiendo, de algún modo, con sus padres, traza un nuevo espacio de apertura al Padre celestial, en búsqueda del Reino. El camino que Jesús ha comenzado a recorrer, desborda la comprensión de sus padres, pero María, desde su propia incomprensión, acoge la palabra y la conserva, caminando así en una actitud de fe, que culmina, que termina dentro de la Iglesia en la venida del Espíritu Santo.”[1]
Sobre el Santo fundador escribió sobre el tiempo que le tocó vivir y lo intituló “Tiempos calamitosos”. Tiene un fondo histórico muy bien tratado y las herejías de esos tiempos: Jansenismo, Galicanismo y Quietismo y todo lo que San Juan Bautista de La Salle tuvo que enfrentar.[2]
[1] Meditación sobre María ante el pesebre. Hermano Víctor Córdoba en La Salle en México Norte diciembre 2002 páginas 23 y 24.
[2] La Salle en México Norte 2002 noviembre-
2004. Colegio Ignacio Zaragoza
Los superiores pensaron en un lugar para que descansara y, a la vez, que pudiera prestar algunos servicios, y Saltillo fue su Betania, un lugar que tenía un sitio privilegiado en su corazón, un lugar donde sembró, amó, condujo, enseñó y fue significativo para un gran número de los jóvenes que habían pasado por sus manos.
Cuando se difundió la noticia del regreso del Hermano Víctor a Saltillo, pronto se organizó una convivencia de bienvenida. El Zócalo de Saltillo puso esta nota en sus páginas de sociales: “Dan la bienvenida al HERMANO VÍCTOR.
Más que una bienvenida los exalumnos de las generaciones XII, XIV y XV entre otras rindieron un homenaje al Hermano Lasalalista Pedro Córdoba Concha mejor conocido como “Don Víctor”, por razones de trabajo se fue a otras ciudades y después de 12 años regresa nuevamente a Saltillo para compartir sus conocimientos así como su experiencia con las generaciones actuales de esa obra educativa. El festejo se realizó el 1º de octubre en “La Ilusión” donde todas las familias asistentes pusieron lo mejor de ellas misma para que la bienvenida fuera de lo mejor”
El Hermano Víctor recibió la “Presea Saltillo 2009”, en el marco de los festejos del 432 aniversario de la ciudad.
La sociedad saltillense le reconoció y se sintió honrada al encontrarlo entre sus ciudadanos notables. “Por su destacada trayectoria, en la cual contribuyó a la formación de miles de saltillenses, a lo largo de varias décadas de trabajo. En julio del 2009 el Ayuntamiento le otorgó la Presea Saltillo, misma que recibió de manos del entonces gobernador, Humberto Moreira Valdés y, del en ese entonces alcalde, Jorge Torres López.
“No he hecho más que lo que tenía que hacer”, dijo el Hermano Víctor al recibir la Presea, en el Museo del Desierto, una frase contundente que encierra todo lo que fue su vida.”[1]
[1] El Zócalo de Saltillo
contundente que encierra todo lo que fue su vida.”[1]
En otro periódico de Saltillo se lee:
“Las autoridades municipales realizarán más de 160 espectáculos, conciertos, eventos culturales y deportivos en el "Festival Viva
Saltillo 2009”, para celebrar, del 25 al 31 de julio el 432 aniversario de esta ciudad
Señaló que, en una sesión solemne de Cabildo, el próximo 25 de julio, en las instalaciones del Museo del Desierto, se entregará la Presea Saltillo 2009.
Anunció que los galardonados eran: el profesor e historiador Carlos Cárdenas Villarreal, el productor de televisión, Pedro Torres Castilla y el Hermano Lasallista, Pedro Córdoba Concha, conocido como el "Hermano Víctor".[1]
[1] Noticias 7 Informa. Monterrey, 08/07/2009
Festeja el Hermano Víctor Córdoba Concha toda una vida de servicio
Con mucho cariño y agradecimiento, la comunidad lasallista festejó el cumpleaños número 90 del Hermano Víctor Córdoba Concha.[2]
La reportera, seguramente exalumna del Hermano Víctor, inicio con un saludo cariñoso y continuó con la descripción del porqué de la celebración: Con mucho cariño y agradecimiento por su dedicación y enseñanzas, la comunidad lasallista participó en la misa de acción de gracias por el cumpleaños número 90 del Hermano Víctor Córdoba Concha.
El Hermano Víctor llegó a Saltillo en 1967 y, ha dedicado la mayoría de su vida a la enseñanza, dando clases a 25 generaciones del Colegio Ignacio Zaragoza, de las cuales en 15 fue orador oficial en sus graduaciones, a nivel bachillerato, por lo que durante la ceremonia se recordaron algunas frases de aliento que dirigió a las diferentes generaciones como: “El conocimiento de Dios, sin reconocer nuestra miseria, crea el orgullo”, “El conocimiento de nuestra miseria sin conocer a Dios, crea la desesperanza”, de Pascal y, “Si aceptas el reto que se presenta ante ti, entonces eres bienaventurado”.
Al término de la misa, el festejado recordó cómo fundó la Comunidad de El Salto, en Durango y, pidió a los asistentes que lo ayudaran a dar gracias a Dios por todos los beneficios que ha recibido, entre ellos el cariño de toda la gente.
Posteriormente, se llevó a cabo un festejo en el patio central del Colegio, donde los presentes entonaron las clásicas “Mañanitas”, que emocionaron mucho al Hermano Víctor, al momento de cortar el pastel. Además, en este día compartió con sus seres queridos y recordó anécdotas, disfrutando el reencuentro con ex alumnos y amigos.
[2] Reportaje realizado por la señorita Claudia Álvarez
"Muchos de los Hermanos tomaron clases conmigo y nuestra filosofía es plenamente cristiana y la idea sigue siendo, hasta ahora, formar niños, jóvenes y adultos que adquieran los valores humanos y cristianos para que puedan formar hogares donde la presencia de Dios se viva.
"Si antes nuestros colegios eran de varones, por muchos años, ahora son mixtos. Y esa ha sido nuestra labor, la mía también, llevar el cristianismo junto con la educación y hacer sentir a las generaciones venideras que, vivir la esencia de la vida, consiste en valorar, reflexionar cada instante, en nombre de Dios y de la humanidad."[1]
De la pluma, siempre elegante y de gran profundidad y precisión, más cuando habla de un amigo, de su maestro y de su Hermano, nos legó el Hermano José Cervantes Hernández el siguiente retrato testimonio:
FRE- VICTOR, una vida testimonial
“Fre- Víctor”. El apócope formado por el prefijo francés y su nombre de Hermano, surgido en las Casas de Formación, llegó para quedarse y, en adelante, Pedro Córdoba será siempre llamado así. Fre Víctor no era elocuente, aunque sí buen narrador; su lenguaje era el testimonio acompañado de esa ingenua sonrisa de niño que conquistaba a las personas. Como dice Geroge Steriner, “era la lección del maestro” andando. Más que anécdotas o datos recordemos algunos rasgos de su personalidad testimonial.
Todo un maestro:
Aunque no la más profunda de sus dimensiones, si era la más visible. Fre Víctor era todo un maestro y no solo de Matemáticas. Fue de los pocos Hermanos que estudiaron toda la serie de estudios religiosos y, así, era muy competente en Biblia, Cristología o Moral. Pero siempre los estudiantes lo identificaron con las ciencias exactas, sobre todo con las Matemáticas. Didáctico, preciso, impecable en la demostración matemática, era inmensamente apreciado, más allá de su natural exigencia. No toleraba la imprecisión ni la verborrea. Marcaba definitivamente a sus alumnos, porque a la sabiduría unía la paciencia infinita del que demuestra un teorema. Curiosamente, no conoció el éxito en el dominio del grupo, desde el inicio, esto lo logrará progresivamente, más con la autoridad moral que da el ser y el saber, que con la exigencia por la exigencia. Recuerdo cómo se comentaba cuando estudiábamos en Saltillo que, cuando el maestro faltaba, los alumnos, por aclamación le pedían que explicara la clase y lo hacía con maestría y dominio, que luego lo preferían al maestro titular.
Pero uno enseña más por lo que es que por lo que sabe y, Fre Víctor era un maestro testimonial por la limpieza de su vida y la trasparencia de su conducta, que admiraban sus alumnos y, más de uno se atrevía a imitar. Sus alumnos de Matemáticas quedaban profundamente marcados, y no tanto por sus conocimientos, como por su vida testimonial. Por su trayectoria en las casas de formación es difícil encontrar un Hermano de cierta edad que no haya sido su alumno…!Y cómo lo recordamos!
Evangelizador y misionero:
Es curioso que los estudiantes del 68, que todo rechazaban, pintaban en los muros de La Sorbona el grafitto: “Plus de Maitre”, más maestros. El maestro ha tenido siempre un áurea de veneración, de rito y de religiosidad; los grandes maestros, como el Maestro, portaban fuego en el alma y lo incendiaban todo. Fre Víctor fue siempre portador de fuego, el evangelizador incansable, el catequista apasionado. Recuerdo el tesón con el àà que colaboró cuando elaboramos la serie del Divino Sembrador. Cuántas veces no se le vio caminar por las sierras, cargado de su sleeping bag, como cualquiera, y dormir “à la belle étoile” bajo las estrellas, como decían los Hermanos franceses. Fre Víctor comprendió, estructuró, e inspiró a la primera comunidad de jóvenes voluntarios de ambos sexos en El Salto. Con su presencia y testimonio les hizo vivir la pasión por Jesús, la ilusión y el entusiasmo por anunciar la Palabra, la capacidad para soportar el cansancio, el dolor y hasta el hambre, algunas veces, por llevar la Palabra a quienes nunca la habían oído.
Religioso cabal:
Joven, casi niño, en el bucólico Mixcoac de los veintes, Fre Víctor entrevé y descubre el seguimiento radical de Jesús y, esto como Hermano. Se forma con los Hermanos franceses y con la primera generación de Hermanos mexicanos. Se entrega con generosidad y para siempre. Si es preciso se exiliará para realizar su formación en tiempos difíciles. Nunca mira atrás y, aunque no dotado para las artes, hace de su vida una obra maestra, como dice Zygmint Bauman: y descubre el arte de vivir como religioso. Nunca regatea tiempo ni entrega al Señor. Es puntualísimo y activo en la oración, así esté él solo en la capilla.
Esta conformación religiosa de su ser, hace que, hacia el fin de su vida, haga frecuentes visitas y ¡oh santa manía! En cada una de ellas vaya al sagrario y comulgue… no recuerda ¡Feliz pérdida de memoria! que ya ha comulgado hace poco.
Es pobre y austero cuando le ofrecen algo que no necesita, solo sonríe, pero rechaza obstinadamente. Nada extra, nada fuera de lo común; goza siempre de excelente apetito y siempre exclama que está muy bien cuidado y atendido en su enfermedad…¿De dónde le viene tanta fuerza, tanta capacidad de inspiración? De Jesús, de su oración, de su profunda cultura religiosa. Hasta el fin de su vida se le ve siempre, después de leer el periódico y encontrarse con el mundo, objeto de salvación, con un libro de contenido espiritual, que lee una y otra vez.
Poeta de la esperanza:
Fre Víctor nunca dudó de la estrella elegida y nunca le preocupó ni el número ni la continuidad de la Congregación. Vivió y vivió en plenitud la vida a la que fue elegido y a la que respondió con generosidad y, lo demás lo dejó a la Providencia de Dios. Su mira de fe lo ponía por encima de preocupaciones inmediatistas de número o aumento de la Congregación. Le tocó vivir y, abrazó con entusiasmo los cambios de Vaticano II y los cambios de los marcos de orientación del Instituto de los años 65-66.
Fue durante muchos años consejero experimentado y atinado del Distrito. Con su vida nos muestra que la vida que hemos elegido es posible vivirla con ilusión, con alegría, con la sonrisa en los labios, con trascendencia, reconocida hasta por las autoridades del gobierno. La ciudad de Saltillo le otorga la máxima presea y, su capacidad profética de inspiración desborda los muros y las personas del Zaragoza.
[1] El Diario de Coahuila Sigifredo López Herrera 23 de julio de 2009
Conclusión:
Dios ama tanto al Distrito y vela cuidadosamente porque no falten apóstoles y profetas a los jóvenes, que suscita personas fuera de serie, como Fre Víctor. Ha sido toda su vida el Gran Hermano, el que iba adelante en el camino y, extrañaremos su elocuente presencia silenciosa, su andar por la casa, sus visitas a la capilla, su figura encorvada, pero enérgica. Imagino que Fre Víctor se pasará su cielo acompañándonos y señalando el camino para no extraviarnos, como lo hizo toda su vida aquí en la tierra. ¡Gracias Fre Víctor![1]
23 de febrero de 2011. Su llegada a la Casa del Padre.
Murió el Hermano Víctor.
El Hermano Víctor fue una persona sana, a la que edad le fue cobrando algunos tributos: algo de problema de presión o de circulación, sin ser algo grave; en su estancia en El Salto fueron gripas y problemas de tos, a causa de los fríos y, también del poco cuidado que tenía de sí. Fue siempre rudo y de una constitución fuerte.
En los últimos meses de su vida comenzó a sufrir del intestino y tuvo que ser hospitalizado en Monterrey. Inquieto y, sin tener la costumbre de que se le cuidara, pedía que se le regresara a casa.
El principio del fin lo relata el Hermano Director de la Comunidad y del Colegio Ignacio Zaragoza: El Hermano Víctor cayó enfermo el pasado 28 de diciembre y duró internado en el hospital 47 días. El sábado 12 de febrero, apenas sintió una mejoría, pidió regresar a la comunidad y, lo dieron de alta. Estuvo una semana en su casa, con una mejoría notable pero, en pocos días, de nuevo volvió a la clínica donde, finalmente, su corazón perdió la batalla y, fue el lugar escogido por el Señor para que terminara su existencia apaciblemente, como un cirio pascual que se va consumiendo y, así entregó su alma a su Señor, a quien consagró toda su vida desde la niñez.
Sus restos fueron velados en la capilla del Colegio Ignacio Zaragoza, celebrándose una Misa de cuerpo presente el mismo día de su deceso, a las 21:30 horas. El día de siguiente, a las cinco de la tarde, se celebró otra misa en el Gimnasio del mismo Colegio”[2], donde estuvo acompañado de un buen número de Hermanos, provenientes de las comunidades de la región y de otras partes; se le despidió con el canto del “Prends mon coeur le voilá” [3] y, posteriormente fue cremado, esperando la resurrección en el Columnario de la Casa Central del Distrito de México Norte, en Monterrey.
El exalumno y periodista, Armando Fuentes Aguirre, Catón, escribió en su columna ‘Mirador’:
Me dicen que murió el Hermano Víctor, don Pedro Córdoba Concha, lasallista.
No lo creo. Para hombres como él, la muerte es solo el paso a otra vida. La suya estuvo dedicada a hacer el bien, y una vida como la que él vivió no acaba nunca. Se perpetúa en la memoria y el agradecimiento.
Lo estoy mirando ahora como si fuera ayer, como si fuera siempre: humilde, afable, servicial; imagen viva del hombre que es sabio y bueno, al mismo tiempo.
Fue Maestro de mis cuatro hijos, el Hermano, en el Colegio Ignacio Zaragoza, institución señera de La Salle, donde yo mismo me eduqué y, donde ahora reciben educación mis nietos. Seguirá viviendo en nuestro afecto y en nuestra gratitud. Nos enseñó don Víctor el amor a la ciencia. Pero nos enseñó también -más importante aún- la hermosa ciencia del amor.[4]
ALGUNOS TESTIMONIOS SOBRE NUESTRO HERMANO:
Formador de misioneros: “Hay alumnos y ex alumnos que aún están muy impregnados de este espíritu, porque fue un medio a través del cual Dios se pudo manifestar. En su trayectoria dio un impulso muy importante a las misiones lasallistas, que es algo que lo marcó mucho como religioso porque, aunque no fue el primero, fue uno de los que le dio fuerza en nuestra congregación”. “Los lasallistas debemos estar felices cada que se va un hermano, porque es una intercesión más y, porque sabemos que está vivo en las personas que fueron formadas por él y que disfrutan de ser lasallistas y que están comprometida con la educación y la justicia” ..[5]
“Era una persona muy competente, muy disciplinado, daba clases de lo que le pidieran, pues podía hacer de todo”, comenta uno de sus ex alumnos. “Aparentemente era muy enérgico y exigente, pero al conocerlo fuera de la escuela era muy humano”. “No he hecho más que lo que tenía que hacer”, dijo el Hermano, con la sencillez que lo caracterizaba, al momento de recibir la presea de manos del Gobernador del Estado y del Presidente municipal.
El Hermano que partió es un ejemplo de fidelidad a su vocación, pues a pesar de su enfermedad y de su avanzada edad, siempre estuvo preocupado por la educación de sus alumnos. Diariamente, a las 5:45 de la mañana estaba en la capilla haciendo sus oraciones. “Un día lo acompañé a una misa de ex alumnos de La Salle y todos lo abrazaban con mucho cariño y él se acordaba de ellos”. “Yo siento que fue un ejemplo de educación porque estuvo con ellos, los escuchó, los quiso y les enseñó la presencia de Dios.[6]
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LA VISIÓN DE UN HERMANO SOBRE SU HERMANO
El Hermano Domingo de Alba Suárez, director del Colegio Zaragoza, comenta que su sabiduría y gran conocimiento lo adquirió, gracias a su hábito por la lectura pues, incluso en el hospital, los médicos lo encontraban leyendo libros de importante contenido, así como el periódico, que leía de principio a fin. “Nos daba igual clases de Historia que de Matemáticas, Química, Física o Biología; sus fuertes eran las ciencias exactas”.
“SU VOCACIÓN FUE EDUCAR. El, como Hermano lasallista, siempre estuvo orgulloso de serlo. Su vocación siempre estuvo muy arraigada y fue congruente.
ESPIRITUAL Y SABIO. El Hermano Víctor será recordado por ser una persona con un perfil espiritual muy especial, un hombre entregado a la educación, con una calidez humana muy grande y, admirado por muchos de sus alumnos. Además, era un gran devoto de la Virgen María[7].
Entre él y sus alumnos siempre hubo un sentimiento de empatía y ellos le tenían un cariño muy grande. “Una forma de conocer a las personas es por su legado y, el Hermano ha dejado muchas generaciones y ha influido en muchas familias de nuestra comunidad educativa. “Fue una persona excepcional, de valores y mucha sencillez”, “Hay personas que dan grandes discursos sin decir una sola palabra y, ese era el Hermano Víctor. No tenía que decir gran cosa, su sola presencia nos inspiraba a todos”. A pesar de que era ya mayor, era ejemplo de trabajo y responsabilidad para quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo. “Era un hombre muy sabio y muy inteligente, conocía muy bien las ciencias religiosas”[8].
[1] En La Salle en México Norte. Hermano José Cervantes Hernández FRE- VICTOR, una vida testimonial
(2] Nota del periódico Vanguardia 24 de febrero.
[3] Toma mi corazón helo aquí… Virgen mi buena madre…
[4] Mirador en el periódico el Norte 25 de febrero de 2011
[5] Hermano Gerardo Delgado D.
[6] Hermano Robertolino Vargas Guerrero
[7] Hermano Domingo de Alba Director del CIZ
[8] Janet Gómez
“Últimamente estuvo muy cerca de las mamás catequistas, impartiendo cursos. Todos los ex alumnos lo apreciaban mucho”.
El regreso del Hermano Víctor a Saltillo fue un tiempo que tomó para “liar sus espigas” y estar preparado para el día que el Señor de la mies le llamara. Este tiempo fue una gracia para el Hermano, que tuvo el gusto de ver los frutos de su trabajo en la realización de sus exalumnos, que pronto acudieron a saludarlo y a hacerse presente ante el hermano que les formó y los quiso. Testimonios sobre él son muchos he aquí sólo uno, en él se presenta los deseo que expresaba Don Víctor a sus alumnos en el momento de su graduación.
Mi testimonio…
Egresé de la preparatoria en 1987, generación XXI del Zaragoza, el invicto y triunfante de Saltillo y aunque han pasado casi 35 años de ese tiempo, dos años solo bastaron para que la mística de la Salle se tatuara en mi corazón. El causante: Don Víctor.
En febrero del 1986 me entregan una hoja que dice: A ti: Anita González, especialmente te invitamos a que cooperes en la construcción de la fraternidad de La Bufita, guiados por la luz de la estrella y sobre todo por la de la fe. Ocho veces regrese al mismo lugar.
Ahí para mí, fue un antes y un después.
Agradecida eternamente por la cercanía de un hombre sencillo, callado, de mirada profunda, de fortaleza física y espiritual, hombre de sacrificios, de obediencia, de silencios, de sabiduría y de consejo, de fe y de piedad.
Maestro para todos, amigos, apoyo y guía para otros, presencia que ilumina y compromete.
Don Víctor me enseño con su ejemplo, a ser y hacer vida los valores lasallistas de fe, fraternidad y servicio antes no decían justicia y compromiso; va implícito. Otorgó a los jóvenes confianza, responsabilidad, fortaleció nuestra fe, sembró en tierra fértil y cosechó, 26 generaciones de bachilleres, misiones en Durango y la Sierra de Arteaga y grandes experiencias dentro del Grupo Juvenil Lasallista.
No recuerdo cómo me encontré una tarde platicando con Bernardo Grousset fuera de la casa de los hermanos, después de la semana santa de la primavera de 1986, lo que si recuerdo fue la ternura en sus palabras y un regalo de Dios ese momento, ahí Don Víctor me invita al encuentro de la Región Latinoamericana Lasallista, en Tultenango, Estado de México, El tema: formación de líderes. Que belleza de lugar, de personas, de contenido y experiencia. (Siempre le dije a don Víctor que el Hno. Grousset tenía cara de santo).
De ahí el hermano Víctor forma el grupo de coordinadores del grupo juvenil siempre combinando alumnos y exalumnos para organizar un encuentro y compartir a asesores y animadores de grupos juveniles a nivel distrital, las vivencias de Tultenango.
El grupo juvenil de preparatoria se fortalecía y se integraba cada sábado con preparación de temas y mini encuentros que todo apuntaba hacia una calidad de vivencia en misiones de Semana Santa.
Llega 1987. Todo un sueño fue irnos en camión a Quebec al Encuentro Internacional Lasallista. Momentos de reflexión, oración, convivencia, bailes, cultura y amistad. De regreso a México, el hermano Lorenzo G. Kipper da la noticia: por su entusiasmo y experiencia Saltillo recibe la Coordinación Nacional de Grupos Juveniles Lasallistas; desde ese momento don Víctor reúne a sus alumnos y exalumnos mas cercanos para hacer frente a esta gran responsabilidad.
“Ser signos de fe en el mundo de hoy”. ¿Qué hicimos como coordinación nacional?
Propiciar intercambio de información. Representantes ante la federación lasallista mexicana, grupos juveniles del mundo, y grupos juveniles nacionales. Don Víctor agrego la actividad más importante: motivar la creación y fortalecimiento de grupos de alumnos y exalumnos lasallistas, extrajo una selección de textos de la “Colección de varios trataditos”, para reuniones de trabajo, reflexionar sobre la familia lasallista. Se enviaba a diferentes grupos de la Republica boletines de apoyo, con sugerencias, dinámicas y reflexiones.
Un año después Saltillo, con gran satisfacción recibe la Coordinación Distrital de Grupos Juveniles, comprometidos con la renovación de la “Primavera lasallista”.
La última actividad con el grupo juvenil antes de su partida al Salto, Durango fue en 1992. Saltillo fue subsede del Encuentro Continental de Jóvenes lasallistas para conmemorar el V Centenario de la Evangelización, Don Víctor junto con su equipo coordino todo el encuentro donde recibiríamos lasallistas de Centroamérica y se tendría una experiencia de misiones durante 3 días. Después los más de 600 lasallistas de todo el continente nos reunimos en Monterrey para la clausura del encuentro. Hacia la nueva evangelización.
Don Víctor siempre decía y defendía que si se mezclaban los grupos juveniles con los alumnos y exalumnos sería más enriquecedor para ambos, lograban permanencia, pertenencia y perseverancia. Así como en cada fraternidad en las misiones de semana santa, debían estar integradas por alumnos, exalumnos universitarios y profesionistas que ayudaban aplicando su carrera en las necesidades del pueblo.
Saltillo enviaba a Durango más de 150 misioneros cada semana santa distribuidos en la sierra y para los ejidos de Arteaga alrededor de 40 misioneros. Don Víctor hacia mucho hincapié en el papel del asesor y coordinador que son los constructores de la fraternidad y del grupo.
De sus escritos:
Es muy importante deslindar las diversas responsabilidades que se tienen en una fraternidad, con el fin del buen espíritu que debe animarla.
El coordinador es el responsable de la conducción de la fraternidad, de la organización del trabajo, de las diversas tareas asignadas a cada miembro de esta.
Del asesor, en cambio aporta su opinión, y un esclarecimiento doctrinal o un testimonio, sin intervenir directamente en la conducción. El asesor no toma decisiones. Da su opinión a los responsables y si se le pide, presta un servicio dentro de un marco bien determinado.
Construcción de la fraternidad:
En primer lugar, la Gracia de Dios, la fraternidad nace de la potencia del Espíritu, no de una fuerza que viene de abajo.
En segundo lugar, depende de cada uno de los individuos, cada uno debe estar en condiciones de insertarse vital y responsablemente en la fraternidad. “Estar con los otros es otra cara de estar con Dios”,
Por fin depende del Asesor y Coordinador que deben favorecer la unión de la fraternidad, y del conjunto con Dios… tanto el coordinador como el asesor deben estar presentes en su grupo, no es una presencia de mando, control, castigo o simple información, sino esencialmente para concientizar, estimular, orientar y animar. Es la presencia del que está adelante, no “arriba”.
De las 26 generaciones de bachillerato que tuvimos el privilegio de conocerlo y ser nuestro docente en las materias más difíciles, fue el orador oficial en los actos académicos de fin de cursos de 15 generaciones.
Algunas de sus frases en sus alocuciones
“Llevan ustedes la vanguardia. Si por especial designio providencial les ha tocado vivir esta época piensen que el porvenir de la humanidad está en manos del quienes sepan dar a las generaciones futuras razones para vivir y razones para esperar. Usen el poder de la naturaleza para el servicio, nunca para el dominio. Rechacen cualquier estructura opresiva, no crean en la fuerza del dinero que pretende comprar conciencias y criterios. Que su fuerza sea la verdad, la vida limpia y el profesionalismo decoroso. Así se hace patria”.
V Generación de bachilleres
De ustedes señores bachilleres, la comunidad educativa del Colegio I. Zaragoza y la sociedad civil de Saltillo, esperan mucho y tienen derecho a esperarlo. Esperamos ante todo no sean de los que han recibido su vida en vano, ni que lleguen al final de con las manos vacías.
Si ustedes insisten en mantener el mundo como está, sin transformarlo, si la educación recibida se convierte en obstáculo de cambio, en vez de corresponder a su propia e irresistible vocación, vocación que consiste en buscar su camino y buscar su propia identidad, entonces, esta educación ha fracasado, pues se ha convertido en instrumento de domesticación, porque les esta negando la capacidad de ser creador de su futuro, les esta arrebatando su propio destino.
X Generación
Un adagio árabe dice que la vida empieza cuando termina la adolescencia; esta noche nacen ustedes jóvenes bachilleres a una nueva vida, una vida mas personal, una vida en la que con frecuencia las grandes decisiones y quizá las grandes luchas las deban afrontar solos. En estos momentos de soledad es cuando de manera especial deben tener presente su vocación de hombres y de profesionistas.
Vocación a la verdad
Vocación al amor
Vocación al servicio
Líbrame, Señor, de la sombra del fantasma del título,
Líbrame, Señor, de la sombra del conformismo
Líbrame de la sombra del narcisismo sin personalidad
Líbrame de la sombra del egoísmo
Líbrame de la sombra del ansia de poseer
Líbrame del ansia del poder
XII Generación
Lograrás una auténtica educación universitaria, si lograr hermanar la vida del mundo con la de tu propia persona en su totalidad. Ante ti se abre un camino nada fácil:
Dar testimonio de la verdad, irradiar el amor, vivir en la libertad.
Por eso tendrás que combatir tus limitaciones y tu timidez, tendrás que desasirte de muchos intereses personales y comprometerte para edificar la libertad del espíritu. Esta participación requiere fortaleza que es vigor y elasticidad, fortaleza que es generosidad firme ligada a un desbordamiento del corazón, fortaleza que es más perseverancia que agresión violenta, fortaleza que es dominio de sí mismo en una continua atención de espíritu y de corazón.
Si aceptas el reto que se ofrece ante ti, si eres fiel a tu vocación de crecer en la verdad, multiplicarte por el amor y dominar la tierra en libertad; entonces serás bienaventurado.
Te exhorto con Mounier, a que pongas las velas en el mástil y saliendo del puerto de tu comodidad, apuntes a una estrella lejana, sin dejarte atemorizar por la noche que te rodea.
XV Generación
No sé si el artista que decoro este Paraninfo pensó plasmar en el cuadro a tu izquierda a algún filósofo griego en especial. Sera Sócrates o Platón? ¿Será Parménides o Aristóteles? Yo me imagino a Pitágoras que levantando con autoridad la diestra exclama con vehemencia “que los profanos no entren aquí”, así como negaba la entrada a su círculo a los iniciados.
¿Quién es el profano, que no debe tener cabida en la universidad? Profano es el que busca las aulas para pasar el rato, profano es quien busca un papel que no responde a una profesión, profano es quien busca una profesión para adquirir dinero y poder en vistas a su situación egoísta.
Frente al profano tenemos al iniciado y creo que el otro cuadro nos lo presenta, Iniciado es el que levanta en alto la antorcha de la fe y del entusiasmo para buscar la verdad, para buscarla en la realidad, para buscarla con arrostramiento. Joven Bachiller debes ser un buscador de la verdad.
XIX Generación
Querido hermano Víctor.
Me lo imagino feliz, pleno, fuerte, con esas cejas largas, con sonrisa franca, sincera, gozando de la presencia de Dios y sus maravillas.
Me lo imagino con su papá, jugando a la pelota vasca que tanto le gustaba hacer en México
Me lo imagino rodeado de Mounier, Pascal, Descartes, Kepler, Copérnico, Boyle, San Agustín y uno que otro científico de la NASA. Filosofar, resolver cualquier problema poniendo datos procedimiento y resultado, hablar de volúmenes, velocidad, peraltes, temperatura, protones y de la evolución del pensamiento.
Me lo imagino hablando francés, un deleite escucharlo.
Agradecida por siempre por el camino que recorrimos juntos, por la entrega, su confianza y toda la responsabilidad que coloco en mis manos. Su vida enalteció, su vida irradió, su vida no murió, se transformó. Dejó una huella profunda e imborrable, ya que gracias a usted somos exalumnos, pero jamás ex lasallistas.
Una frase inolvidable que seguido me decía “No olvides que, si quieres que el surco de tu vida sea recto, debes uncir tu arado a una estrella” Siempre Honneur a Toi.
Fraternalmente en De La Salle,
Anita González Mendoza
XXI Generación de Bachiller, 1985-1987
Saltillo Coahuila, 2021