Hno. Luís AGUILAR ESCOBEDO
Nació en Zacatecas, Zac.
el 4 de junio de 1917.
Fue Llamado por el Padre
el 5 de febrero de 1998,
en Chihuahua, Chih.
a los 81 años.
Introducción:
Atreverse a escribir una biografía es atreverse a entrar en la intimidad de la persona, en su actividad y en su caminar por la vida, si tuviste la oportunidad de ser su compañero de ruta, las vivencias y las acciones de las personas, pero también es tener la capacidad de admirarse del testimonio de sus vidas, de su congruencia y de admirar su fe, el valor de su trabajo y la riqueza de su personalidad.
El Doctor Aguilar fue un Hermano de gran trabajo y un religioso plenamente consagrado a su vocación de religioso educador. Con gran sabiduría y la genialidad de saberla trasmitir, supo mover corazones y dejar una fuerte impronta en el alma de quienes tuvieron la oportunidad de tratarlo y ser sus alumnos.
El tiempo ha hecho su labor, los testimonios se van perdiendo, ya que los que fueron sus compañeros de camino también han fallecido y, que son pocos, ahora solo queda el testimonio escrito y el de unos cuantos compañeros de camino que aún siguen en la ruta. Casi 20 años después de su muerte y, a cien años de su nacimiento, es difícil recrear una imagen nítida de este gran ser humano que fue el Hermano Héctor, Dr, Aguilar o, Hermano José Luis, como se le denominó; ojalá que puedas, al leer, descubrir rasgos notables de esta gran persona.
El inicio de su historia:
José Luis nació en la ciudad de Zacatecas el 4 de junio de 1917. Sus cristianos padres fueron el Señor José Aguilar García y su mamá la Señora María Felícitas Escobedo Valdez. Nuestro Hermano fue el 6º hijo de los 12 con los que el Señor bendijo este hermoso hogar; en los corredores de su casa colonial corrieron los seis niños y aprendieron las labores domésticas las seis niñas, que fueron la alegría y la dicha de ese hermoso hogar. De ese cristiano hogar Dios escogió a tres para su servicio, un hermano sacerdote, que fue canónigo en la Catedral de Zacatecas y después ejerció su sacerdocio en la ciudad de México, una hermana Religiosa y el Hermano José Luis.
Habiendo terminado su educación primaria en su natal Zacatecas, entra al Noviciado Menor de Tacubaya el 23 de enero de 1929 para iniciar su educación secundaria; eran tiempos difíciles, pero logró estar los tres años en relativa paz, no así en su tiempo de noviciado, ya que él en una entrevista contó: “que, durante mi noviciado, que hice durante el tiempo que siguió a la persecución religiosa, tuvieron que cambiarse de casa ocho veces[1].
Entrada al instituto:
Su primer director del Noviciado Menor fue el Hermano Dosas Lucien y el último año fue el Hermano José Valenzuela. Entre sus compañeros estaban los futuros Hermanos Salvador Pérez, Ignacio Cárabes, José Ma. Zaragoza, Alfonso Sanabria y José Muñoz. Le tocó siendo novicio menor vivir la experiencia del asesinato del Hermano Nymphas Emile, en Tacámbaro el 8 de agosto de 1929.
El Hermano José Luis Aguilar Escobedo llegó al Noviciado, procedente del Noviciado Menor, el 22 de octubre de 1933; fueron un grupo de siete postulantes, entre los que se encontraban los futuros Hermanos: Ernesto Pizarro, José Sánchez Espinosa, Ricardo Cortés, Alfonso Aguilar y el Hermano José Luis Aguilar Escobedo. Su toma de Hábito fue el 24 de diciembre de 1933, en la finca de los Amores y su director fue el sabio Hermano Benildo Justino, apoyándolo como subdirector el Hermano Barnabé Marie. Inició su Noviciado en la finca de los Amores, de ahí tiene que pasar a Tlalpan, en la calle de Allende 2, de ahí pasan a otra casa en Londres 247, llamada la casa Azul, para terminar en Tacubaya. Fueron tiempos difíciles donde las denuncias abundaban y había que vivir como
en tiempos de las catacumbas.
[1] Entrevista de Notidiócesis de Chihuahua en la celebración de los 60 años de magisterio. 30 de junio de 1996
Se iniciaba ya el tiempo de las catacumbas nuevamente, sino por la persecución cristera, sí por los tiempos de la educación socialista, que en menos de un año confiscaría el colegio San Borja, contiguo a la casa del Noviciado, sabiendo ellos mismos que estaban vigilados de continuo. Hizo su primera profesión el 29 de diciembre de 1934, pasando al Escolasticado, que se encontraba en la misma casa, aunque los estudios los realizaban en San Borja.
La situación del país, en cuanto a la tolerancia de las casas religiosas era mínima y los Superiores pensaron que sería mejor trasladar el Noviciado y el Escolasticado al Distrito de Nueva Orleans-Santa Fe. El Hermano José Luis y sus compañeros fueron enviados después de haber obtenido los permisos correspondientes de sus padres, para iniciar su Escolasticado de las Vegas, N.M., bajo la dirección del talentoso y notable educador Hermano Fernando Anzorena.
El Hermano José Luis fue un religioso que supo aprovechar sus cambios para superarse y buscar cómo servir mejor en su vocación de religioso educador; así, en su estancia en La Habana aprovechó para realizar sus estudios en la Universidad de La Habana y recibirse de Doctor en Ciencias Naturales, estudio que concluyó en 1948. Ese mismo año fue trasladado a la República Dominicana y, más tarde, ya estando en Santo Domingo estudió la licenciatura en Filosofía, en la Universidad de Santo Domingo, heredera de la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, primera universidad de América, licenciatura que concluyó en 1953.
Los estudios religiosos fueron cinco años de Teología Básica, tres años de Sagrada Escritura, Historia de la Iglesia. Además, dominó la lengua francesa e inglesa, que las habló y enseñó.
Apostolado educativo en Cuba.
Terminado su Escolasticado, en el mes de junio de 1936 es enviado a la isla de Cuba, como maestro en Santiago de Cuba, donde pasará sus tres primeros años como maestro. Siempre que estuvo en las Antillas se le conoció como el Hermano Héctor.
Pocos datos se tienen de su apostolado en Cuba: “en 1935 ante una nueva ola de persecución religiosa en México obligó a los Hermanos mexicanos a salir de México. Varios fueron al Colegio de Santiago de Cuba, entre ellos el Hermano José Luis, Benildo Guadalupe, Anselmo Manuel… quienescontribuyeron grandemente al auge educativo y apostólico del Colegio[1]. Fueron tres años en los que el Hermano José Luis trabajó en el Colegio de Santiago de Cuba, en la sección Primaria, primero en Santiago de Cuba de 1936 a 1939;
Recordaba muy bien que en esos años que estuvo en Santiago uno de los alumnos mayores de la primaria era Fidel Castro, futuro presidente de Cuba, pero que no le dio clase; “yo daba en los primeros grados”, dijo en una entrevista.
De su estancia en Santiago hay un testimonio muy valioso, salido de la pluma del Hermano Alfredo Gabriel Morales: “conocí al Hermano Héctor
en los patios del Colegio La Salle de Santiago de Cuba, en los años 1936 -1939. No me dio clase, pero ha sido uno de los Hermanos que siempre han estado presentes en mi vida. ¿Por qué? Porque fue él quien me llevó desde Santiago de Cuba, hasta La Habana, cuando entré al Noviciado Menor.
Todavía recuerdo la escena: el 30 de agosto de 1939 me ayudaba él a subir a un autobús de la Compañía Santiago-Habana y me susurraba palabras de aliento mientras, por la ventanilla veía a mi madre, muy afligida, diciéndome adiós. El viaje fue de noche, se ocupó de mí como un padre solícito. Llegamos a Santi Spíritus al amanecer, descansamos ese día; en la noche reanudamos el viaje en otro autobús de la misma compañía. Fue en esa noche del 31 de agosto que comenzó la Segunda Guerra Mundial”[2]. Mi testimonio lo escribo más con el corazón que con las manos. Lo quise mucho siempre, por las razones que puse en mi escrito, escribió el Hermano Alfredo G. Morales.
Han pasado desde entonces muchos años. En 1961, cuando fui enviado a México, luego de la salida de Cuba, tuve el gusto de encontrarme con él en diversas oportunidades, aunque estuviéramos en dos Distritos distintos: él en el Norte y yo en el Sur.
Su caminar en tierras cubanas ahora se dirige a La Habana, que va a ser para el Hermano Héctor tierra de promisión, pues le dio la oportunidad de realizar sus primeros estudios universitarios y obtener el título de Doctor en Ciencias Naturales. En la estancia en la Capital de la Perla de las Antillas, siempre fue profesor de Primaria en el afamado Colegio de la Salle de Vedado, en dos ocasiones y una en la Academia de la Salle. Su estancia en esa hermosa ciudad fue de 1939 a 1948, en que la obediencia lo envío a otra isla del Caribe, no menos hermosa que Cuba y, con una historia muy especial: República Dominicana.
Para todo religioso, un momento de gracia y de predilección del Señor es cuando es invitado y admitido a emitir su Profesión Perpetua, que es el compromiso definitivo que la persona hace ante Dios. “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con el más profundo respeto ante vuestra infinita y adorable Majestad, me consagro enteramente a Vos para procurar vuestra gloria cuanto me fuere posible y lo exigiereis de mí. Es la entrega total de la vida que, año con año fue renovando el día de la Santísima Trinidad, pero que hizo vida a través de su diario vivir y de su entrega generosa al trabajo; el día solemne de su consagración fue el 15 de agosto de 1945, en la gran Capilla del Vedado, en La Habana, Cuba.
[1] Itinerario de los Hermanos de La Salle en el Distrito de Antillas
[2] Mi testimonio sobre el Hermano Antonio Héctor, Hermano Alfredo Gabriel Morales.
El Hermano Héctor un hombre de estudios.
El Hermano Dosas Lucien, Visiador de ese tiempo, había escrito: “Las exigencias actuales y el porvenir de nuestras obras hacen un deber de estado para todos los Hermanos que puedan dedicarse a los estudios. Es anormalidad y, un peligro, no hacerlo”[1]. Esta política establecida en Cuba, no fue igual para México.
[1] Hermano visitador Dosas Lucien.
República Dominicana:
Los Hermanos llegaron a la Española en 1933 y van a fundar colegios en la Capital, entonces Cd. Trujillo y en Santiago de los Caballeros.
En1948 llegó a la capital de la República Dominicana, entonces llamada Cd. Trujillo. El Colegio de La Salle se inició a construir en 1947 y, cuando llegó el Hermano José Luis Aguilar, estaba aún en proceso de completarse; fue hasta septiembre de 1949 cuando se completó la propiedad del Colegio; para ese entonces el Hermano Inspector era ya el Hermano Héctor, quien desarrollará una gran labor en la consolidación de la obra, en la formación académica de los alumnos y en la organización de todas las actividades escolares.
Hablando de la influencia del Hermano en tierras dominicanas dice el Hermano Alfredo Gabriel: “Una generación de hoy, personalidades prominentes, se forjó al calor de su alma de educador y de amigo. Pocas veces he visto tanta veneración por un educador, como la que le han profesado sus exalumnos de República Dominicana. Dejó una huella imborrable; marcó a esos muchachos para toda su vida”[1].
Su trayectoria de Hermano educador y amigo señala el camino a las nuevas generaciones de Hermanos. La última vez que vino a República Dominicana, lo último que me dijo al despedirse fue: “Doy gracias a Dios de que hayas perseverado”. Dicho de otra forma. “Misión Cumplida”.
Otro Hermano que lo remplazó en Santo Domingo escribió: “Cuando llegaba yo a la República Dominicana, el Hermano Aguilar regresaba a México. Todos hablaban de su competencia profesional y de su fama de excelente maestro” .
El Hno. Héctor ejerció su apostolado en los Colegios Lasallistas de Antillas con gran celo, ganándose el aprecio y el afecto de muchos de sus exalumnos.
“Los exalumnos varias veces lo invitaron, cuenta un Hermano que lo acompañó, que cuando llegaron al aeropuerto fue recibido en el salón de los Embajadores, no tuvieron que cargar sus equipajes ni pasar aduana, los trasladaron en un automóvil de lujo y los hospedaron en uno de los mejores hoteles de la capital dominicana, poniéndoles el mismo automóvil y el chofer a sus órdenes.
Grupos de empresarios y políticos que fueron sus alumnos se reunían con él en banquetes y cenas en su honor.
Fue muy querido y valorado por sus exalumnos, quienes descubrieron en él a un líder positivo y a un formador y educador de élite” .
En un artículo escrito por él mismo, relata lo siguiente: “Los Lasallistas llegaron a la República Dominicana en 1933, por eso el encabezado de Distrito de Antillas, más tarde la presencia de Hermanos mexicanos fue abundante en Cuba y en Santo Domingo; en los años 50s éramos diez, los demás hermanos eran luxemburgueses, dominicanos, franceses y españoles.
En este festejo los 4 Hermanos mexicanos que fuimos éramos los “visitantes importantes”; hubo bastantes ocasiones, organizadas o fortuitas, para compartir con los muy antiguos alumnos, bastantes de ellos ya abuelos.
La fiesta se inició el 13 de septiembre, fue la inauguración de la Semana Aniversario: Un acto de presentación y recordación en el Salón de Actos , la exhibición de fotografías, algunas muy antiguas y la bendición de un nuevo edificio dedicado a la informática.
[1] Hermano Alfredo Gabriel “Mi testimonio del Hno. Antonio Héctor. La Salle en México Norte
El miércoles 15, el Hermano Visitador, Pedro Acevedo, nos agasajó en la Casa Central, con motivo de las fiestas patrias. Esa misma noche se ofreció un concierto en el Teatro de Bellas Artes, con la participación de un muy notable pianista exalumno.
El 16, un encuentro espiritual guiado por el Hermano Miguel Campos, aunque tuvo que ser modificado por el atraso del avión que venía de Filadelfia.
17, viernes, el día preciso del sexagésimo aniversario: La celebración culminó con una misa solemnísima en la Catedral de Santo Domingo, la más antigua de América y, en la que por muchos años, hasta hace poco, estaba a la entrada un gran monumento, conteniendo los restos del Descubridor de América, Cristóbal Colón. Ahora dicho monumento está en el Faro de Colón, en las afueras de la ciudad, el cual, al proyectar su luz y, sobre todo si hay nubes, se ve claramente una cruz. Allí, en la Catedral Primada de América, asistimos a una Misa oficiada por el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, asistido por sacerdotes antiguos alumnos. Durante la homilía, su Excelencia resaltó la obra lasallista en la República. Los Antiguos Alumnos y amigos de los Hermanos llenaron el templo y, según testimonio de uno de los Hermanos de la Comunidad, en el atrio había muchas personas que no pudieron entrar.
Al terminar el acto religioso se llevó a cabo un homenaje a la Congragación de los Hermanos de la Salle, en local del antiguo Colegio. Como en Catedral, la asistencia fue numerosísima. El acto central lo constituyó una alocución de altura de la Secretaria de Educación, Bellas Artes y Cultos, la Licenciada Jacqueline Malagón, quien luego entregó al Hermano Visitador, Pedro Acevedo, un bello pergamino como reconocimiento oficial del Gobierno de la República a la obra educativa de los lasallistas en esas seis décadas de permanencia en “LA TIERRA QUE MÁS AMÓ COLÓN”
Tanto mis compañeros invitados y yo quedamos muy agradecidos por tantas atenciones, tanto de parte de los Hermanos como de los Exalumnos. Seguramente que, como derivaciones de los festejos del 60º Aniversario se acrecentará el espíritu lasallista en esas tierras y habrá un gran florecimiento del movimiento vocacional”[1].
[1] Hermano José Luis Aguilar Un Sexagésimo Aniversario en la Salle en México Norte noviembre de 1993
Regreso a la patria.
En 1957 a México, después de una estancia en la República Dominicana donde dejó muy buena fama: “Todos hablaban de su competencia profesional y de su fama como excelente maestro”[1], escribió el Hermano Maurilio Barriga, quien lo remplazó en ese país.
[1] La Salle México Norte
Tierras regiomontanas.
A su llegada fue asignado a la comunidad del Instituto Regiomontano, para apoyar la recién fundada escuela Preparatoria. Este Bachillerato se había fundado en septiembre de 1956, por el Hermano Víctor Bertrand y estaba en etapa de consolidación cuando llegó el Hermano José Luis, el cual le va a dar vida y va a establecer, entre otras cosas, el servicio militar dentro de la misma Preparatoria, facilitándoles a los alumnos el cumplir con ese deber como mexicanos.
Es destinado por los superiores a trabajar en la Sultana del Norte e inicia su labor educativa como titular de tercero A de secundaria, con cuarenta alumnos; igualmente se desempeña como maestro de la Normal del Instituto Regiomontano.
Un Hermano joven de aquel tiempo relata: “Ejerció su apostolado impartiendo clases de Biología y Catequesis en la Preparatoria, ganándose la admiración y el afecto de sus alumnos, por sus conocimientos, calidad de sus clases, además de su carácter alegre y comunicativo”[1].
[1] Hermano Juan Estudillo
En el siguiente curso 1959 -60 es nombrado director del Bachillerato y, a la vez, fue titular del último año de esa sección.
Era un hermano presente en todas las actividades de la escuela: Encuentro atlético, inicio de la temporada de alberca, juegos deportivos, así como asesor de la Sociedad de alumnos; era un Hermano que dividía su tiempo en oficina, presencia en medio de sus alumnos y sus clases.
“Describen al Doctor Aguilar como un hombre continuamente en actividad, ya sea en su salón de clase, en su oficina, por lo tanto, incansable y muy claro en sus decisiones y en sus actividades. Sé que era muy querido por los alumnos, aunque uno que otro lo odiaba, pero era por su exigencia y porque pedía cumplimiento a todo lo que tenía que ver con el reglamento de la preparatoria”.
El Hermano Aguilar animó con gran entusiasmo y entrega la Legión de María, en la Preparatoria del Instituto.
Su primera comunidad en México fue la del Instituto Regiomontano, donde un hermano joven de ese tiempo lo recuerda así: “Como HERMANO DE COMUNIDAD, excelente, donde estaba él había buen espíritu y, sobre todo, era notable después de las comidas y cenas; teníamos nuestros campeonatos de billar, éramos 21 Hermanos y la inmensa mayoría participaba, de tal forma que era un buen tiempo de relax y el director apoyaba con algún premio al que ganara el campeonato. En los paseos y en los momentos de descanso él participaba con muy buen espíritu, de buen carácter, alegre y comunicativo
Un Hermano, en ese tiempo joven y maestro de la Primaria, nos dice que el Hermano José Luis Aguilar, puede decir que el Doctor, era un hombre con una capacidad intelectual y de trabajo increíbles, siempre en la comunidad con muy buen espíritu, sus alumnos lo querían por su exigencia y siempre al pie del cañón, siendo el primero en el cumplimiento y, todo lo que organizaba lo hacía con mucho profesionalismo”11.
En la comunidad del Regiomontano tuvo una Changuita, la “Zaza” a quien cuidaba con mucho esmero y le demostraba mucho cariño, la traía de un lado para otro y la llevaba con los alumnos que la apreciaban y platicaban con ella, él la cuidaba mucho con sus cuidados en el comer y en tiempo de frio la cobijaba y atendía muy bien.
Una genialidad del Dr. Aguilar fue el de ofrecer a los alumnos de Preparatoria que hicieran el Servicio Militar Nacional en el Colegio. Pronto se relacionó con los militares y le asignaron varios instructores, que atendían a los jóvenes conscriptos, estos se lucían en los desfiles en los que participaba el Instituto.
“Por su entrega y dedicación las autoridades militares le otorgaron el grado de Capitán, llamándole siempre “Capitán Aguilar” título con el cual le llamaban cuando se dirigían a él.
Un trabajo de confianza:
En 1960, cuando se inicia el Distrito de México Norte, el Hermano Visitador, Bernard Alphonse lo nombró Ecónomo del Distrito, puesto que desempeñó hasta el verano de 1962. No había ninguna estructura y no tenía ninguna ayuda ajena, de su ya cargado trabajo se daba el tiempo para escribir a los Colegios y Comunidades, a tener a tiempo los estados de cuentas y a estar en relación con la Procura del Distrito Sur, que en ese tiempo aún no se separaban. En abril de 1963 vuelve nuevamente al puesto de Ecónomo Distrital, colaborando ahora con el Hermano Víctor Bertrand. Entregó este servicio al Hermano José Aceves, quien va a realizar un trabajo importante en la sanación de las finanzas distritales.
Cuando el Hermano Víctor Bertrand, segundo Visitador de México Norte convoca el I Capitulo de Distrito, el Hermano José Luis es nombrado secretario del Capítulo y, por tanto, miembro del Capítulo y a la vez miembro del Primer Consejo de Distrito, en su calidad de secretario.
Era un hombre eficiente y preciso que inspiraba confianza en el desempeño de las tareas encomendadas.
En el Acta 2 de la reunión previa del 19 de diciembre de 1968 se lee la lista de los 16 Hermanos elegidos, más los tres Hermano designados. Entre los elegidos está el Hermano José Luis Aguilar; más adelante se lee: “Elección de Secretario: A mano levantada fue elegido por unanimidad el Hermano José Luis Aguilar, para fungir como secretario del Capitulo, desde esta sesión Constitutiva”[1]. Prácticamente él fue el autor, como secretario de este primer folleto capitular. En los siguientes Capítulos en que fueron convocados todos los Hermanos él asistió y siempre su pensamiento fue positivo y creativo, pero al iniciarse una participación limitada de los Hermanos y al ser electos, las nuevas generaciones no pensaron más en él.
[1] Nuestro Primer Capítulo de Distrito página 16 Gómez Palacio Dgo, Pascua de Resurrección de 1970
El Hermano, ecónomo distrital
El Hermano José Luis unió su trabajo de Inspector de la Preparatoria del Francés de la Laguna, con el trabajo de Ecónomo Distrital; en ese tiempo ya la casa Central estaba en Gómez Palacio, en la llamada “Cueva”, él raras veces podía salir, solamente algunas reuniones en la Cd. de México, para aclarar puntos sobre la Procura o, bien, como en el momento del paso de Acapulco al Distrito Norte, donde fue como testigo y para enterarse de la situación económica y, junto con el Hermano Visitador, Víctor Bertrand, buscar soluciones ante la difícil situación que se heredaba.
Le tocó comenzar a planear la forma de pagos de la gran deuda que se heredó y hacer planes a largo plazo para cubrir todo el déficit que el Distrito tenía, aún antes de la división del Distrito de México, ya que la mayoría de los Colegios estaban en construcción o completando sus instalaciones.
1963 a 1968. Instituto Francés de La Laguna.
Seis años pasaron rápidamente y la obediencia le marcó nuevos rumbos. Es ahora la Región Lagunera quien le recibe: Gómez Palacio, Dgo. Profesor e Inspector de Preparatoria del Instituto Francés de la Laguna. Le toca sustituir al Hermano José Cervantes, toda una tradición en la Región Lagunera, hombre de gran prestigio y una fuerte personalidad que había dejado su impronta en muchas generaciones de laguneros; el Hermano José Luis, inteligente y creativo comienza su trabajo con entusiasmo, empeño y generosa entrega, poniéndole su sello propio al Instituto Francés de la Laguna, pero como educador sabio que era, mantuvo mucho de la tradición formada anteriormente y la Preparatoria siguió su buen rumbo.
“Estando en ese colegio le tocó la celebración de 25 aniversario y realzar este evento. Con el permiso del Hermano Visitador se organizaron los II Juegos Lasallistas. La organización de estos juegos exigió mucho trabajo por parte de los Hermanos de la comunidad, especialmente del Hermano José Luis Aguilar, coordinador general de los mismos, que en momentos se vio desbordado de trabajo. Pero el día 1º de mayo estaba todo perfectamente organizado y coordinado, concluyendo el día 5 con plena satisfacción de todos”[1].
Un testimonio de un Hermano joven de ese tiempo ve al Hermano José Luis como una persona de gran calidad humana, intelectual y religiosa y refleja el trabajo y entrega del Hermano:
“El Doc. José Luis Aguilar Escobedo. Admirable. Estuvimos juntos en la comunidad de Gómez Palacio, yo llegué en 1964 y él un año antes. Para mí fue modelo de entrega total y entusiasta en su responsabilidad como Coordinador de la Preparatoria. Exigente, ordenado, preocupado hasta el detalle, para que la “escuela funcionara bien”. Desde temprano estaba allí dando la bienvenida a los alumnos. Sonriente, con algún chascarrillo agradable, atento a que todo se pasara bien. Con el toque de entrada todo cambiaba. Serio, apresurando al atrasado, satisfecho cuando la reflexión de inicio del día ya se estaba dando. La jornada transcurría. El Hermano atento a su sección, pero sin dejar de dar clase en ningún período escolar. Los alumnos lo admiraban por su amplio saber, por sus intervenciones espirituales y estimulantes, por su acompañamiento en el conocimiento y en la puesta en práctica siempre exigida. Hacía bien honor a su título de Doctor, que había adquirido en Cuba.
Las actividades extra académicas también eran para él muy importantes. Apoyaba decididamente el deporte. Fue el gran apoyo de los Primeros Juegos Lasallistas en México, celebrados en el Instituto Francés de la Laguna, de Gómez Palacio, Durango. Primeros Juegos Lasallistas, posiblemente en 1963, que se siguieron celebrando, primero en el mismo Instituto Francés de la Laguna y luego pasaron a realizarse en otros Colegios. En el equipo de pioneros estaba él. Su apoyo iba igualmente a la Banda de Guerra y a la Orquesta sinfónica, dirigida brillantemente por el Hno. Eugenio Sánchez. Ambos grupos lucidísimos y altamente reconocidos y admirados por la sociedad lagunera. El Doc Aguilar tenía especial aprecio de los jóvenes internos del IFL. Ellos sabían que encontraban en el Hermano un amigo y un excelente consejero y, lo aprovechaban. Una comunidad de Hermanos numerosos y entregados, como el Doc Aguilar, seglares competentes y comprometidos, hicieron que los exalumnos se refieran a su Colegio como el Glorioso Instituto Francés de la Laguna, del que se sienten profundamente orgullosos.
En la comunidad el Doc. Aguilar sencillo, amable, con agradables anécdotas y chistes, sumamente servicial. Evidentemente eran tiempos en los que nadie fallaba a un ejercicio espiritual y claro que el Hno. José Luis estaba siempre allí, puntual y participativo. Bello recuerdo conservo del Hno. José Luis. Ejemplo que me impulsó desde mi llegada a México y que agradezco a Dios nuestro Señor por ese magnífico don.”[2]
Ante nuevas necesidades los Superiores piensan en el Hermano José Luis como la persona providencial para resolverlas y, es así que termina su labor encomiable en la Región Lagunera.
Colegio Regis, Hermosillo, Son. Inspector de Prepa, 1968
Su labor educativa en Hermosillo la va a realizar como Inspector de la Preparatoria y llegó a poner la calma después de una huelga en la que se involucró esta sección del Colegio Regis.
Su espíritu práctico y su presencia continua y efectiva vino a poner las cosas en orden. Una segunda labor fue impartir clases, tanto de Biología como de Filosofía; materias que dominaba con brillantez y de las que sustentaba un doctorado y una licenciatura.
“Su estancia fue muy relevante, porque fue un hombre dedicado a la escuela y hecho para esta labor, fue muy querido y apreciado por sus alumnos, él tomó una práctica de acompañar a los jóvenes y a las quinceañeras.
Él siempre decía, tengo para este día “23 puntos para llevar a cabo” durante la jornada de trabajo, pero al final del día decía: solo puede hacer tres y, al día siguiente era lo mismo, pues tuve muchas entrevistas y quehaceres no previstos.
Un día que estaba en la oficina cumpliendo con los 23 puntos, llegó un padre de familia y preguntó por Don Nico, él le dijo al Padre de familia que no lo conocía, pero lo atendió con toda cortesía; el señor estuvo hablando con él y, después de la conversación, el señor se dio cuenta que el Hermano era la persona a la que le decían Don Nico y que era en realidad un apodo que los alumnos le pusieron”[3].
Le decían “don Nico caimán” por sus dientes que tenía salidos, él ignoraba y lo tomaba a broma sin hacer caso de ello. Su sonrisa y su presencia en todas las actividades deportivas le hacían ganarse los corazones y el aprecio de los alumnos.
En comunidad era atento, siempre puntual a sus ejercicios espirituales y fiel a sus obligaciones como religioso, servicial con los Hermanos y aten-
to a prestar cualquier servicio que se le pidiera.
[1] Ibid
[2] Hermano Lorenzo González Kipper.
[3] Hermano Antonio Sánchez Partida.
Durante las vacaciones, que en ese tiempo los Hermanos realizaban exploraciones de partes que no conocían, uno de los viajes fue recorrer la Península de la Baja California. El recorrido se hacía en carro y el hotel eran tiendas de campaña. El Hermano José Luis gozaba esas excursiones, sin ninguna comodidad, pero sí con la alegría de la fraternidad. En otras ocasiones era bajar de Hermosillo a Mazatlán y ahí embarcarse en el ferri, atravesar el Golfo de Cortés y remontar la península de Baja California, visitando las misiones que los Jesuitas dejaron en esas tierras; gozaba el desierto con su vegetación especial e, igualmente amaba la cultura dejada por los misioneros en años de antaño.
En 1969 tuvo la oportunidad de participar en el I CEL de Medellín, Colombia, donde encabezaba la lista de nueve Hermanos: José Luis Aguilar, Rafael Servín, Gabriel Caballero, Alfonso Cendejas, Maurilio Barriga, Efrén Sotelo, José Guadalupe Sánchez, Gabriel Sarralde y Eugenio Sánchez. La finalidad “es que sean fermento de renovación en nuestras comunidades, donde pondrán en práctica muchas de las experiencias que llevaron durante el CEL”[1].
De regreso, en la Salle en México se lee: “Felices de la experiencia regresaron nuestros CELISTAS, incorporándose apresuradamente a sus comunidades; se hacen lenguas de la Experiencia y de las atenciones recibidas en esas tierras.
En una crónica redactada por el Hermano José Luis y publicada en enero de 1970 explica: En el libro “El hombre de carne y hueso”, Unamuno inicia el primer capítulo de una gran preocupación por lo que el hombre en realidad es, en este pensar tan fugaz de la existencia. Un hombre de carne y hueso con pasiones y sublimaciones, con derrotas y triunfos: todo lo reúne para formar el supremo objeto de la filosofía del hombre como animal afectivo y sentimental…
Y si mi preocupación es por mí, como hombre, no debo olvidar que yo como hombre no soy un medio, sino un fin; luego, la sociedad y la civilización están enderezando al hombre, al yo; hay así derecho a la vida: he venido a realizarme, a vivir…
Continúa el Hermano haciendo un interesante resumen para caer en:
“Todo debe centrarse en Dios”. La fe nos hace vivir la vida y nos dice que la fuerza está en algo sobrenatural y maravilloso.
El misterio del amor tiene una forma misteriosa, que es el tiempo: atamos el ayer con el mañana con eslabones de ansia, y no es el ahora en rigor otra cosa que el esfuerzo del antes por el después; y no es el presente sino el empeño del pasado por hacerse porvenir.
El amor espera, espera siempre sin cansarse nunca de esperar, y el amor de Dios, nuestra fe en Dios, es ante todo esperanza en Él, porque Dios no muere y, quien espera en Dios vivirá siempre y nuestra esperanza fundamental es la vida eterna”[1].
Termina el artículo con el cronograma de cursos seguidos durante el CEL, y agradeciendo a los Hermanos el que los hayan enviado.
- Colegio José de Escandón, Cd. Victoria, Tams.
Profesor y Coordinador de Prepa de 1974 a 1991
Cuando llegó el Hermano José Luis, en la Preparatoria “se pasaba una crisis disciplinaria y académica. Con mano fuerte y una constancia, pocas veces vista, fue poniendo todo en su lugar. Sin tener que expulsar a nadie, aplicando solo las Leyes de la Universidad, por lo que a materias reprobadas se refiere. Al finalizar el semestre ya estaban todos los causantes del desorden fuera.
El Hermano José Luis hablaba desde la cátedra de su competencia profesional. Esta competencia profesional y esta aceptación la utilizaba para hablar de Cristo. Si es un buen profesor, será un excelente catequista, hay que escucharlo, sabe lo que dice… así lo juzgaban sus alumnos[2].
Era un hombre extraordinario y de una actividad desbordante. Durante todo el tiempo que estuvo en este Colegio, él se encargó de concentrar las calificaciones y hacer los boletines de toda la Preparatoria, con ello aseguraba conocer el adelanto de los alumnos y tomar medidas correctivas para aquellos que no estaban estudiando lo suficiente.
Fue muy querido, apreciado y admirado por sus alumnos y por los Padres de Familia, respetado en la sociedad victorense como un hombre extraordinario. En la nueva colonia La Salle, cercana a la ULSA Victoria, es encuentra una calle dicada al Hermano José Luis Aguilar como recuerdo y homenaje a su labor educativa en esa ciudad.
Fue una de las estancias más grandes del Hermano José Luis en una comunidad de 17 años fecundos en su labor educativa, muy querido y apreciado por las personas de Ciudad Victoria.
Sus exalumnos recuerdan de él, lo siguiente:
El Hermano José Luis, en Ciudad Victoria fue admirado “por ser una persona sumamente educada, excelente Profesor y matemático”, una persona muy disciplinada que poseía una excelente memoria.
[1] La Salle en México Norte febrero 1970
[2] Hermano Maurilio Barriga en La Salle en México Norte marzo de 1998
[1] La Salle México Norte. Septiembre 1969
También le recuerdan por su forma de sancionar una mala conducta y, era, entre otras, las siguientes: los ponía a hacer multiplicaciones de 10 dígitos por 10 dígitos. Otra de las formas de sancionar era ir los sábados al Colegio a firmar cada hora, desde las siete de la mañana; gracias a esto le permitió lograr tener muy buena disciplina dentro de los alumnos” [1].
Sin duda, el ser constante y congruente en la exigencia, le dieron respaldo estos procedimientos por parte de las familias, ya que con ello buscaba procurar el bien del joven.
[1] Testimonio de las familias: De los Santos Valero y Harari González
El Hermano José Luis fue un Hermano muy apostólico: preparaba la catequesis familiar, que se tenía en las casas, siendo los Padres de familia los catequistas, muy atento a la formación espiritual de los jóvenes, a los cuales les ofrecía la oportunidad de encuentros de vida cristiana, e igualmente trabajaba con los grupos de misiones de Semana Santa como con el juvenil, como se le llamaba entonces.
En 1987, con un grupo de una docena de jóvenes participó en el encuentro Juvenil Internacional de Quebec 87. Cual joven Hermano participó en todo el evento, desde Monterrey, donde se inició, Nueva Orleans, Orlando, Washington, Nueva York, Montreal, el lugar del Encuentro, Niágara y el regreso a través del centro de los Estados Unidos. Las peripecias fueron múltiples: en New York el autobús no llegaba y ya estaba pasando mucha gente de color, la policía indicó donde había un botón de alarma por si se necesitaba. Uno de los jóvenes de Cd. Victoria se enfermó y el médico pidió que lo regresaran a México… Pero esas peripecias no fueron impedimento para subir a las Torres Gemelas… a dar la vuelta a la Isla de Manhatan. En Monterreal se gozó mucho el jardín Botánico del Hermano Marie Victorin, el comentó que lo había conocido en un viaje que hizo a Cuba… etc.
Testimonios:
De uno de sus directores en Ciudad Victoria:
El Hermano José Luis Aguilar era conocido en Ciudad Victoria como el Doc por un doctorado que estudió en Cuba, en la especialidad de Ciencias Biológicas. Pues, bien, era un hombre muy preparado que daba casi todas las materias que se le presentaran, sobre todo humanísticas, los idiomas, se puede decir que era un todólogo y, que la verdad, siempre fue reconocido como un gran docente, incluso hasta en las Matemáticas se metía y, no cantaba mal las rancheras.
La preparatoria funcionaba perfectamente bajo su dirección, porque era un hombre constante, firme y decidido a mejorar siempre el nivel académico y la disciplina de dicha preparatoria, del también glorioso Colegio José de Escandón.
Todos los días mantenía su periódico mural al día, no había ni un solo día que un aviso se quedara más del tiempo que cubría o, sea, siempre eran vigentes, por ello los jóvenes de la prepa no dejaban de verlo todos los días.
Eran muy peculiares sus escritos, por ejemplo, a los que no pagaban la colegiatura y que llegaba el día límite, escribía: “Los morosos, (y ponía la lista) les escribía “media vuelta” ¡Ya!” es decir regrésense a su casa y vayan por el pago de la colegiatura para que puedan entrar a clase.
Otro típico era el cuadro de Honor y el de Horror, éste último tenía la lista en un papel arrugado y con manchas de plumón rojo, significando gotas de sangre, haciendo tétrico el aviso. El de Honor con la fotografía de los que se hacían merecedores a esa mención, diciendo: “Honor, a quien honor merece”.
Era típico, dada su edad casi de 70 años, que ya al hablar se le pegaban los labios y decía a los muchachos, cállese, Señor, Cállese…lo que fue imitado por muchos alumnos, incluso en misiones, en que uno de ellos nos daba las siete técnicas para pronunciar, como lo hacía el Hermano y, en ocasiones, como la puerta del salón estaba a espaldas de los pupitres, entraba el joven y decía la frase; Cállese, Señor, Cállese y, todos se tiraban pecho a tierra.
Gozaba mucho con las palomas, que casi lo seguían como a san Francisco, que platicaba con los animales y, entonces les daba de comer al iniciar el día y también antes de venirse a comer. Pero en ocasiones salía de su oficina a aplacar algún salón ruidoso y, entonces, las palomas creyendo que ya era la hora, revoloteaban arriba de su cabeza y, él, con una expresión de sus manos, como retirándolas, les decía: “no es restaurant”, “no es restaurant”, para que esperaran la hora adecuada del ritual de la comida.
Trabajaba como pocos; de verdad no he visto en toda mi vida un hombre tan dedicado a su coordinación y a sus clases como el Hermano Aguilar, el famoso Doc. Y, entonces, cuando cerca de las 11 de la noche, en que, también, ocasionalmente me quedaba a terminar algún pendiente, pasaba por su oficina y le decía: Aguilar, cuando vas a descansar y, él solo levantaba su dedo, señalando al cielo o, sea, diciéndole claramente, ya vendrá la vida eterna para descansar por siempre, pero ahora a sacar todos los pendientes para llevar su prepa como la mejor de la ciudad y, creo que de la región.
Su vida comunitaria:
También era un cumplido religioso que nunca fallaba a la oración y que también pronunció una expresión como la del ticher Ríos, que a los 86 años y, fiel a la oración, no encontraba a algún Hermano o a algunos que no llegaban a la oración, dijo: “Ya me estoy cansando de dar buen ejemplo”. Es decir, como yo lo afirmaba, “hoy hubo mortandad o, sea, frailes flojos que no se presentaban. Hay que decirlo que no era común, sino de verdad, una o dos faltas al mes.
Soportó con alegría las bromas de los Hermanos, a él le interesaban un bledo los juegos de futbol o cualquier otro deporte que pasaran en la televisión.
Pero, para él el, interesarse en lo que la comunidad gozaba era importante, así se cuenta: “Era valioso que para integrarse en los intereses de la comunidad, cuando estábamos viendo el futbol, pasaba frente a nosotros y nos preguntaba ¿quienes juegan? y, aunque jugara el América contra el Guadalajara, le decíamos: están jugando el Zacatepec contra los freseros de Irapuato y, él, que no sabía nada de futbol, se la creía y eso nos daba muchas risa”, bromas comunitarias que, de seguro se daba cuenta, pero ya había divertido a los Hermanos
Con este relato y anécdotas termino mi colaboración a la vida de un gran Lasallista, que fue fiel hasta el final y consumió su vida por la niñez y juventud, como una vela que se desgasta y con la Fe y el Celo de nuestro santo Fundador”[1].
Uno de los Hermanos Directores de su estancia en Ciudad Victoria hace una comparación entre los dos Hermanos mayores con los que vivió :”Si el Hermano Elcoro, dije que era terco, el Hermano Aguilar lo supera con creces, es decir si fuera carrera se lo llevaba por varios cuerpos…” esta terquedad es una virtud llamada Constancia y Perseverancia que, cuando no se somete al querer de otros le llamamos terquedad…y, que gracias a ella lograron los éxitos en la vida.
De su secretaria por diez años:
“El Hermano José Luis Aguilar Escobedo fue mi jefe por diez años (agosto 1981- julio 1991), fue mi gran maestro, aprendí muchas cosas buenas de él, sobre todo en el trabajo que aún desempeño como secretaria en la coordinación de la preparatoria José de Escandón La Salle de Cd. Victoria, Tam., como jefe que fue en esos años nunca me regañó, sus palabras eran “señorita” no es conveniente que se hago esto, tenga cuidado en no hacer lo otro, en cosas que me equivocaba o me enseñaba a hacerlas, son innumerables las anécdotas que tengo de él en todo ese tiempo.
Los castigos que les ponía a los muchachos eran multiplicaciones del tamaño de la hoja del cuaderno y los muchachos se los entregaban y en un vistazo que le daba al problema le decía: está equivocado, muchacho, vuelva a hacerlo hasta que esté bien el problema. Otro castigo era que los citaba el sábado a las 7 de la mañana a limpiar los vidrios de las ventanas de los salones, a lavar los baños y, él para esa hora ya los estaba esperando para darles el trabajo hasta que terminaran.
Siempre se la pasaba en su oficina y, un día era tiempo de exámenes y me contó que por la tarde, ya casi oscureciendo que fue a la que era mi oficina y junto estaba el baño y sala de maestros, vio que estaba una ventana un poquito levantada y esa ventana nunca se abría y se le hizo sospechoso, apagó las luces y se encerró en el baño, no me dijo cuanto tiempo se quedó ahí, cuando escuchó voces de muchachos que abrieron la ventana, se metieron a mi oficina y sacaron el examen de otro día que era el de Matemáticas, dejó que se lo llevaran, porque se llevaron muchos; me habla a mi casa y me dice: señorita, se viene temprano mañana, por favor, porque vamos a cambiar el examen, le habló al maestro titular de la materia que hiciera otro examen diferente, se les aplicó y todos los alumnos reprobaron.
A las alumnas que entraban a primer semestre y cumplían sus quince años les compraba un ramo de flores y se las regalaba en el salón de clases.
Son muchas las anécdotas que pasé en el tiempo que trabajé con él y le doy gracias a Dios por haberme mandado un jefe como él, que me enseñó y me tuvo paciencia” [2].
Quien fue su sucesor en la coordinación de la preparatoria del Colegio José de Escandón, nos da su testimonio:
Hablar del Doctor José Luis Aguilar Escobedo, es hablar de toda una institución, en la que en su tiempo, era la Preparatoria José Vasconcelos, ahora, la sección Preparatoria del Colegio José de Escandón La Salle, en Ciudad Victoria, Tamaulipas.
Hablar del “Doc” Aguilar o del Hermano Aguilar, es hablar de un reconocido Hermano Lasallista o Hermano de las Escuelas Cristianas.
Es recordar a mi mentor, a la persona que fue tan importante en mi formación lasallista.
Es acordarse de una serie de anécdotas, como su gran amor a la naturaleza, sobre todo a los animales, cuando les daba de comer a tantas y tantas palomas que estaban en los techos de los edificios de Preparatoria, esperando que el Hermano Aguilar saliera de su oficina para darles los granos que él les proporcionaba y que hablaba con ellas (las palomas), diciéndoles que “aquí no es restaurant, aquí se sirve solo a las horas precisas”.
Sus dos fieles perros lo esperaban, echados afuera de su oficina, para acompañarlo a la hora que saliera a pasear con ellos o dirigirse a la casa de los Hermanos, al terminar la jornada laboral.
Su oficina, rodeada de las fotografías, colgadas en las paredes, de todas las reinas de la Preparatoria, coronadas en un baile anual que él instituyó.
El día del “mamarracho”, donde los alumnos y el mismo Hermano, iban disfrazados de las formas más disparatadas que pudiera uno imaginar.
Su gran preparación y conocimiento, lo cual le permitía que su carta de docencia, expedida por la Universidad Autónoma de Tamaulipas, a la cual estaba incorporada la Prepa, lo facultara para dar cualquier materia del programa.
Su forma tan peculiar de organizar los horarios de todos los maestros, antes de iniciar cada semestre.
Su involucramiento activo en todas las actividades organizadas por el Colegio, en general y, por la Preparatoria, en particular, como prestarse a subir en la kermesse, al juego del “Hombre al agua”. (Que en esos momentos, subía como la espuma el precio del boleto, porque todos querían tirar al Hermano y no porque les cayera mal, sino porque era “El Hermano, el Coordinador de Preparatoria”).
El asistir a las entonces llamadas “pachangas”, que eran las fiestas de cumpleaños de los alumnos de la Prepa, donde se dedicaba a tomar fotografías, que el siguiente lunes ponía en exhibición en las ventanas de su oficina, para que cada alumno hiciera su pedido de compra.
Que te prestaba el teléfono siempre que lo necesitaras, ya que entonces no existían los celulares y, que antes de que marcaras el número al que ibas a hablar, te señalaba un cochinito que tenía al lado del teléfono y te decía “échele al cochinito”.
Cuando se acababa el receso de la prepa, se dedicaba a recoger los envases de refresco, para recuperar en la cafetería, el depósito que los muchachos habían dejado, y que con ese dinero compraba su propio almuerzo, que desgraciadamente, constaba en su mayoría de comida chatarra, la cual guardaba “de reserva” en su escritorio”.
El tan conocido “Cuadro de Horror”, que se formaba con los alumnos que hubieran tenido más notas malas en disciplina, alumnos que se convertían en sus “invitados”, para ir a la Preparatoria, los domingos a las 7:00 de la mañana, para hacer sus famosas “cuentas”, multiplicaciones de 10 por 10 dígitos, que eran más de los números permitidos por las mejores calculadoras de esa época, para que los estudiantes los hicieran con su propio esfuerzo; “cuentas” que él revisaba en un dos por tres.
Uno de mis más grandes orgullos es que, cuando mi esposa, exalumna de la Prepa, le preguntó al Hermano Aguilar, que cuál era su opinión acerca de mi trabajo, ya que yo entré como Coordinador, cuando él fue cambiado a Monterrey, al final de mi primer semestre como tal, en el “Baile de Princesas”, a la cual el Doc Aguilar, fue invitado para coronar a la futura Reina, le respondió: “Va bien, pero le falta lo más importante. Pasó el siguiente semestre y el Hermano Aguilar fue invitado por los alumnos, para que fuera el Padrino de Generación en su Graduación. Mi esposa le volvió a hacer la misma pregunta, quería saber su opinión, y él respondió: “El alumno ha superado al maestro”.
Con muy buenos recuerdos y con mi eterno agradecimiento al Hermano José Luis Aguilar Escobedo, hasta el cielo[3].
Algunos testimonios de exalumnos:
Del Hermano, una joven que fue a este viaje, recuerda lo siguiente: Del Hermano Aguilar tengo muy presente que le dije en el viaje ¿qué si estaba cansado? y él me repuso diciendo: “cansado” y me dijo con gran entusiasmo joven: es una palabra que no existe en mí vocabulario. Ahora la tengo muy presente, sobre todo cuando pienso que ya no puedo más, y en mi interior escucho esa misma voz y me reanimo[4].
Otra persona agradece al Hermano José Luis con el siguiente testimonio: “Cómo no recordar que el Hno. Aguilar fue quien con su sabiduría hizo recapacitar a mi hijo Alejandro de no quitarse el Apellido Paterno, ya que no quería saber nada de su papá, porque lo había abandonado desde antes de nacer.
[1] Hermano Felipe Pérez Gavilán, quien fuera su director en Ciudad Victoria.
[2] María del Carmen Martínez Salazar Secretaria de la Prepa del José de Escandón
[3] Dr.Gerardo González Cisneros
[4] Sra. Lulis Buentello exalumna de Cd. Victoria.
El Hno. Aguilar era el confidente de mi hijo y su Psicólogo, le hizo ver la vida de distinta manera y era muy querido por Alejandro”[1].
[1] Familia Mata González
Y, también dicen que quién, de sus exalumnos, no recuerda las vueltas al arbolito; seguro se trataba de un ejercicio que les ponía para tranquilizar animosidades de los jóvenes.
Las palomas eran sus preferidas pero no eran las únicas, otro animal de su preferencia fue una gata llamada “Musa”, él la cuidaba, le daba alimento y la acariciaba. Un día, durante el invierno victorense, la gatita desapareció, la buscó varios días y, lo que había pasado es que esta buscó refugio y calor en el motor del carro de la comunidad y el abanico la destrozó; días después percibieron mal olor al subir al carro, buscaron y eran los restos de la Musa, así acabó la historia de este animalito.
El Hermano Visitador, Everardo Márquez, viendo que el Hermano José Luis estaba ya cansado, buscó un lugar donde pudiera desarrollarse con menos tensiones y donde el trabajo académico fuera más tranquilo y pensó en enviarlo a otro lugar. Él sabía que en Monterrey había sido muy querido y admirado por los exalumnos y pensó que sería la persona adecuada para tomar la dirección del Centro Educativo La Salle, de Santa Catarina.
Un momento difícil en la vida del Hermano José Luis.
1991- 92 El Hermano José Luis Aguilar fue nombrado director del Centro Educativo La Salle, de Santa Catarina. No conocía la obra y, quizá, no le explicaron cómo era su funcionamiento, él cambió todas las reglas que existían; lo primero que quitó fue a los maestros voluntarios que impartían su clase gratuitamente, así como a la persona que hacía frente con su presencia; estos cambios quizá eran necesarios, pero había que haberlos hecho con algo más de tiempo y conocimiento.
Cuando inició como Hermano Visitador el Hermano Miguel Ángel, realizó trece cambios de Hermanos, a partir de enero de 1993, fecha en que se inició el nuevo equipo de Casa Central. Entre ellos apareció lo siguiente: “El Hermano José Luis Aguilar deja la Preparatoria de Santa Catarina y formará parte de la comunidad de Tijuana”[1], cerrando así la historia de su corto directorado. Quizá hubo algo de injusticia y de incomprensión hacia el Hermano que, si bien se había esforzado, como siempre lo hizo, en hacer las cosas bien, la obra era totalmente diferente a lo que estaba acostumbrado.
Fue obediente, como siempre en su vida, pero este cambio le dolió en el alma, no por el cambio, sino las circunstancias que lo acompañaron, pero al fin descubrió en ese dolor la voluntad de Dios, ya que era un hombre de fe.
La Tierra donde se inicia la Patria:
Tijuana, el último rincón de México y un caleidoscopio de personas de todos los rincones de la Patria, es un lugar interesante de trabajo para un Hermano ya mayor, el Hermano José Luis contaba con 76 años y era para él una tierra totalmente desconocida y un trabajo del todo novedoso.
[1] Revista la Salle en México Norte febrero de 1993, página 43
Estando en Comunidad, fue un factor de unión y buen espíritu en el Centro La Salle
Cuando llegó a Tijuana iba triste, ciertamente y le expresó a su Hermano Director que se sentía desterrado, que si hubiera habido un lugar más lejano allá lo habrían enviado; pero el buen recibimiento por parte de la comunidad y su pronta adaptación a las necesidades y Centro de Formación Integral La Salle, le hicieron sentirse mejor y, poco a poco se fue adaptando, convirtiéndose en un factor de unión y participación, tanto en la comunidad como en el Centro La Salle.
Las Preparatorias, habían sido su campo de trabajo por años y, ahora era una total novedad su nuevo campo de trabajo y de apostolado; generoso como era y, sobre todo, que a todo le entraba, su presencia fue grata para todos, acostumbrado a la coordinación de las Preparatorias y a una escuela formal, no a una escuela donde era educación no formal.
Por su entrega, su simpatía y su generoso trabajo, se ganó el aprecio de las personas que asistían al Centro y ellos descubrieron en él a una persona de gran riqueza y de una extraordinaria simpatía y de una enorme riqueza intelectual y moral.
Su trabajo consistió en impartir clases a las personas que ahí acuden; preparó sus clases de materias de cultura religiosas, Biblia, así como algunas clases de inglés. Comenzó a impartir esas materias con entusiasmo y gran entrega, tanto en la preparación de las mismas como en la exposición, pero el cansancio le ganaba, le costaba ya no dormirse, pero con todo fue muy apreciado y querido por las personas, el año y medio que vivió en esa comunidad.
Al año y medio de estancia en Tijuana lo devolvieron a su ambiente en el que siempre había trabajado, que era el de una preparatoria, donde tendría trato directo con los jóvenes, a los que podría aun ayudar y sembrar en sus jóvenes almas la semilla del Evangelio.
Chihuhua:
Llegó a Chihuahua procedente de Tijuana y eso le permitió volver a estar en contacto con el amor de su vida: las clases y el contacto con adolescentes y jóvenes. Llegó como profesor de la Preparatoria del Instituto La Salle, en el curso escolar 1994-95. Sería su último campo de trabajo, ya que a mediados del tercer año de trabajo el Señor lo llamaría a su reino.
“Al terminar el ciclo escolar el Hermano José Luis Aguilar, FSC cumplió 60 años de magisterio; el día 6 de junio, fiesta del Corpus Christi, la Comunidad de Hermanos, los alumnos del Instituto, la sociedad de Padres de Familia y la Iglesia de Chihuahua, en una Eucaristía presidida por el Señor Arzobispo, Don José Fernández Arteaga, en presencia de más de 2000 personas, entre alumnos y padres de familia, celebraron este significativo cumpleaños.
El Hermano tenía 79 años y dijo que se mantenía alegre, con salud y, sobre todo, con mucho entusiasmo y con ese entusiasmo que ya quisieran muchos jóvenes, dijo que se siente a gusto: “tengo un gusto por ver cómo los alumnos aprenden, tanto por su esfuerzo como por la ayuda del maestro; el ver cambios de conducta para mejorar… Le agradezco mucho a Dios el que en mi familia haya otras vocaciones”.
Y, es que tiene un hermano Sacerdote de 90 años y una hermana, también religiosa.
Ante la pregunta del reportero que le dice: “Al volver la vista atrás y ver sus 60 años de magisterio ¿Cómo se siente?: Muy satisfecho personalmente, porque pude realizarme, pero también muy agradecido. Si Dios me concede la vida sigo con ese entusiasmo y ganas de trabajar. Donde quiera se puede servir.
¿De dónde saca el entusiasmo para vivir alegre y de seguir trabajando?
Del éxito en la escuela, de la convivencia con los Hermanos y, porque yo quiero servir a Dios lo mejor posible y Dios me conserva ese entusiasmo
Me siento feliz, aquí en Chihuahua, llevo dos años y me siento a gusto y doy gracias a Dios, solo pido a Dios que acreciente las vocaciones, tanto para el seminario como para la vida religiosa”[1].
El trabajo del Hermano José Luis era sencillo, se limitaba a vigilancias en algunos salones y, sobre todo, a dar reflexiones, claro que, cuando faltaba cualquier maestro estaba puesto a reemplazarlo, pues podía dar todas las clases de la Preparatoria. Un testimonio de un padre de familia que era compañero de reflexiones del Hermano José Luis, es el siguiente: “El Hermano era mi compañero y maestro de Catequista de Prepa, recuerdo cómo admiraba y llamaba mucho la atención, de que, a pesar de su avanzada edad, su fiel cumplimiento de apóstol -educador. Sus últimos días en la Prepa me gustaba acompañarlo a la reflexión matutina para los jóvenes de Preparatoria. Me llamaba mucho la atención lo que compartía y la paz que, por medio de su voz me dejaba. Recuerdo la sencillez y humildad con la que se dirigía cuando no le ponían atención: “Señorita por favor, atiéndame”. Más que estas palabras, se me quedó grabado en mi corazón su actitud de gran educador”[2].
El Hermano José Luis fue una persona que nunca puso mucho cuidado de su salud, siempre había sido un hombre sano y fuerte, quizá alguna gripa a la que poco caso le hacía pero, un día le llegó la silenciosa diabetes, que va minando el organismo en silencio, si se atendió poco caso hizo a algunas de las indicaciones del médico, comía golosinas, era afecto al chocolate y en su cuarto guardaba algunos; el medirse el azúcar en la sangre nunca fue su costumbre, hasta que un día se le complicó y comenzó a perder la visión y a sentirse muy débil; hasta caer en un coma diabético fue entonces cuando el Hermano Visitador fue por él a Chihuahua para llevarlo a Monterrey para que se atendiera. Al llegar a la comunidad del Regiomontano, de inmediato se llamó al médico y diagnosticó principio de coma diabético, se le medicó y, aparentemente hubo una mejoría, pero ya era la mejoría del final; a los dos días, el Hermano Héctor, como lo conocieron en las Antillas y para los Hermanos de México, el Hermano José Luis, volaba al cielo.
De su familia, asistió a sus últimos momentos su hermana religiosa Lucita (Dolores Aguilar), religiosa Mínima, quien vino de México al saber su gravedad. Ella con gran confianza en la misericordia de Dios, expresó que su hermano siempre había sido una persona que se entregó al Señor sin cortapisas.
Era el cinco de febrero de 1998. El funeral se realizó en la casa de los Hermanos, en la sala grande y, por la noche se celebró una Eucaristía, a la que asistieron algunos exalumnos y padres de familia del Regiomontano, así como los Hermanos de las comunidades de Monterrey; por la mañana del día siguiente, se tuvo una segunda Eucaristía en la comunidad y, a las once del día se llevó a cabo, en la Parroquia de San Juan Bautista de la Salle, la Santa Misa de cuerpo presente y la despedida.
Poco a poco se fue formando el cortejo para llevar el féretro al cementerio, donde esperará el día de la resurrección.
Pocas personas asistieron, fuimos sus Hermanos quienes lo acompañamos a su última morada, así como su hermana Lolita, religiosa mínima.
Sus restos, en la actualidad se encuentran en la Capilla de Casa Central del Distrito de México Norte en Monterrey, N.L.
Se le podría aplicar el siguiente texto: “Hoy soy ya viejo, pero no he podido olvidar lo que me fue revelado aquella noche: en medio de la oscuridad, sentí en el fondo de mi corazón como susurro tu llamada que, tú, ¡Oh Dios! concedes gratuitamente a todos los hombres que tanto quieres… Gracias, Señor, por tu llamado… me presento ante ti con mis manos cansadas y desgastadas en tu servicio y me siento envuelto en tu paz y en tu luz”.
El Hermano fue un ejemplo de superación académica y de cercanía para con sus alumnos, su constancia en el trabajo y su gran capacidad para impartir cualquier asignatura que se le asignara con maestría y, al final de su vida, su obediencia ciega, aunque le costara lágrimas de sangre. Además de un religioso íntegro, que supo ir a donde Dios, por medio de los Superiores, le asignaron: Cuba, Santo Domingo y México.
Monterrey; N.L. 4 de junio de 2017.
Centenario del nacimiento del Hermano José Luis Aguilar Escobedo.
H. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] De la entrevista realizada por Notidiocesis de Chihuahua.
[2] Dr. Mario Mora Ortiz, 9 febrero 1998 en La Salle México Norte.