En la cordillera del Himalaya, en el centro sur de Asia, nacen los ríos Ganges e Indo, que convierten un extenso territorio, conocido como la península del Decán, en una región propicia para la agricultura. Tres mil años antes de Cristo, el pueblo de los drávidas, que ya contaba con cierto grado de civilización, habitaba la península. Los drávidas practicaban la agricultura y la metalurgia de bronce. Alcanzaron un avanzado grado urbanístico, con la construcción de ciudades como Mohenjo-Daro y Harappa. En el II milenio a. C., los indoeuropeos, o arios, pueblos pastores provenientes de las llanuras del mar Caspio, penetraron la península del Decán.
Los arios conquistaron las ciudades establecidas anteriormente y organizaron pequeños reinos, lo cual obstaculizó la unificación de los mismos hasta que el reino de Magadha dominó el centro y noreste de India. Con ello, se convirtió en un Estado centralizado y poderoso. Tras las conquistas de persas y macedonios entre los siglos IV y III a. C., en el año 321 a. C., el caudillo militar Chandragupta Mauria convirtió a la India en un imperio con grandes obras de urbanización, pujante comercio y uso generalizado de la moneda.