En el V milenio a. C., la población del norte de África se concentró en las orillas del río Nilo, donde poco a poco, se fue creando una gran civilización. El Nilo posibilitaba la agricultura y la ganadería, bases de la economía egipcia. Las inundaciones anuales dejaban una capa de limo negro que fertilizaba el suelo.
En Egipto se construyeron grandes obras públicas:
pirámides, templos, canales y diques para controlar el agua y aprovechar la tierra
cultivable. Las ciudades-Estado, al margen del Nilo, se unificaron en dos grandes reinos: el Alto Egipto y el Bajo Egipto. En el III milenio a. C. se unificaron los dos reinos e inició el esplendor egipcio, que duró hasta el 332 a. C., cuando Alejandro Magno los conquistó. Finalmente, en el 30 a. C., pasó a ser provincia romana