El siglo XVIII fue pródigo en la literatura musical hispánica. Existen varias razones que lo justifican:
· La popularización de la música, con nuevos destinatarios.
· La progresiva influencia de la música teatral sobre la eclesiástica, contando con el beneplácito de los fieles y la oposición de los conservadores y del estamento oficial.
· El espíritu crítico del Siglo de las Luces y las abundantes polémicas. Las más importantes enfrentaban a los partidarios de la prima prattica frente a los de la seconda prattica.
Pero entremos en detalles sobre esta cuestión. La ocasionada por la "Missa Scala Aretina" fue la más jugosa en este campo. En el Kyrie se ataca con audacia una disonancia sin preparación. Joaquín Martínez de la Roca, uno de los miembros que encabezaban los sectores más conservadores , protestó airadamente por entender que se vulneraban las reglas de la composición contrapuntística tradicional. Pero, en el fondo de la polémica, se planteaba un importantísimo debate que ya gravitaba en toda Europa: ¿qué es lo que ha de regir el cambio en la música, la razón o el oído?. O, expresado en otras palabras, ¿debe la música tener un carácter hedonista?.
La segunda polémica fue la generada por los escritos del Padre Feijoo (1676 ‑ 1764). El clérigo orensano abrió dos vías para el debate:
a) Su conservadurismo en la música eclesiástica.
b) Su progresismo al valorar la música en su globalidad.
Es indudable que el benedictino orensano poseyó una solidísima formación musical. Fue, además, el más grande intelectual de la primera mitad del siglo XVIII. Feijoo gozó del favor real, lo que explica la enorme influencia que ejerció en los músicos del siglo XVIII, quienes a menudo citan sus escritos como argumentos de autoridad para defender sus opiniones.
Sus obras más importantes recogen ensayos acerca de la música:
1) "Teatro Crítico Universal" (el discurso XIV, "Música en los Templos" Tomo 1, publicado en 1726). En el Tomo VI, publicado en 1734, se hallan dos ensayos capitales de signo contrario, progresistas: "Razón de Gusto 'y "El no sequé”[1]
2) "Cartas Eruditas y Curiosas,'' publicadas en 5 volúmenes en 1742. En el Tomo IV figura "El Deleíte de la Música acompañado de la Virtud, hace en la tierra el noviciado del Cielo". Este ensayo es el más importante de Feijoo, pues expone sus resultados sobre sus reflexiones en el arte musical.
La pregunta del millón acá es: ¿Dónde está el conservadurismo de Feijoo y dónde el progresismo?. Su conservadurismo, quizás influido por la jerarquía romana de la Iglesia quizás por la propia orden benedictina, estriba en sus puyazos hacia las novedades del estilo italiano en la música sacra (especialmente el uso de los violines). Por supuesto, también critica la música teatral, un arte dirigido a los sentidos y no a la razón (esta opinión era compartida por los franceses, pero cuando se referían a la ópera italiana, claro, que no a la suya propia). Por el contrario, cuando escribió el discurso "El no se que" reconoce que es el oído el criterio que ha de regir la composición quedando las reglas subordinadas a él. El Padre Soler, por ejemplo, tomará partido por esta teoría de Feijoo, defendiendo la preponderancia del oído frente a la del entendimiento en su "Llave de la modulación".
Otras aportaciones fundamentales fueron las del terceto de jesuitas expulsos, Eximeno, Arteaga y Requeno, cuyas obras contribuyeron a renovar el interés por las fuentes de la historia de la música de la antigüedad.
[1] Es una idea estética que se remonta a Petrarca ("Non so che") para explicar la génesis de la obra de arte. En el siglo XVIII volvió a abordarse con profusión en los mentideros estéticos galos «Non sais qua».