Además de las capillas musicales, la Corte madrileña y los teatros y casas nobiliarias de Barcelona.. Valencia y Cádiz ofrecieron las mejores posibilidades de promoción musical.
Entre las capillas destacan, en Madrid, la Real Capilla, la del Monasterio de la Encarnación y la de las Descalzas Reales, a las que se unirá posteriormente la de las Salesas Reales, fundada por la reina Doña Bárbara de Braganza, a la sazón amada esposa de Fernando VI.
La Real Capilla, cuya primera reforma la llevó a cabo Felipe V en 1701 nos procura una idea de las diferencias entre la música italiana y la española. Frente a las itálicas cuerdas, la española oponía los vientos, con el uso de clarines y bajones. El italianismo permitirá la incorporación progresiva de las cuerdas. Fueron maestros de esta institución Sebastián Durón (1660 ‑ 1716), el último gran maestro del Barroco hispano del siglo XVII; José de Torres (1665 ‑ 1738). quien fundó una imprenta de música; Antonio Literes (1673 ‑ 1747) y José de Nebra (1702 1768).
Durante las primeras décadas del siglo XVIII, la música religiosa española fue deudora de los modelos barrocos (Francisco Valls, “Missa Scala Aretina” 1702, con cantus firmus ostinato sobre la escala de Guido de Arezzo).
La música tendrá valor funcional. Se usan dos idiomas en el culto, el latín y el castellano. Las composiciones en latín, que lo entiende una minoría, desarrollarán un estilo solemne y contrapuntístico; mientras que las obras en castellano se someterán a un estilo expresivo capaz de mostrar lo contenido en el texto. Alternancia, pues, de prima et seconda prattica.
En la segunda mitad del siglo XVIII, al tiempo que se imponen las formas italianas, se introduce la música germánica en España (Franz Joseph Haydn oratorio “Las siete palabras de Cristo en la Cruz" escrito para la catedral de Cádiz). De la mano de Haydn llegan las influencias del estilo clásico.
Pero las formas hispánicas perduran. El villancico representa en esta época el equivalente de la cantata en Alemania, Francia o Italia. Conserva el villancico su doble filiación religiosa y profana, aumentando su duración e instrumentación, convirtiéndose en la forma más usada en el transcurso de las fiestas solemnes.
Los autos sacramentales serán prohibidos por Carlos III. A medio camino entre éstos y el villancico se sitúa el oratorio, ahora titulado “drama sagrado" o “drama alegórico‑musical", que experimentará un gran auge.