"En toda la historia de la humanidad ningún país del mundo ha fundado tantos pueblos, villas y ciudades en un territorio tan grande, en un período de tiempo tan corto, y en una forma tan regular y ordenada como lo hizo España en América durante los siglos XVI y XVII; y, además, con tan poca gente, y en su gran mayoría, gente joven. La «ciudad ordenada» americana, por tanto, fue la gran creación y legado cultural urbano español en el Nuevo Continente, materializada en el hecho invariable de que cada ciudad tuvo una forma reticular, que siempre tuvo su origen en el trazado de una plaza mayor o central levantada a cordel y regla, desde donde paulatinamente fue creciendo mediante calles dispuestas en línea recta, formándose la trama urbana en manzanas o cuadras generalmente iguales y, en todo caso, con forma ortogonal, tal y como todavía hoy se aprecia en todos los centros o cascos históricos de las urbes latinoamericanas.
La historia de América Hispana, por tanto, es en gran parte la historia de esa ciudad cuya implantación en sus vastos territorios dio origen a los países latinoamericanos, mediante el proceso de poblamiento que se efectuó en menos de 100 años desde la Nueva España (México) y la Florida en el norte, hasta el extremo sur en la Nueva Extremadura (Chile) y el Río de la Plata. Fue a través de ese proceso durante el Siglo XVI, que los españoles sembraron de pueblos y ciudades todos los rincones de América, con una forma urbana ortogonal que se implantó con una regularidad, formalidad y continuidad pasmosas en todo el Continente americano. Esa increíble empresa no sólo fue “ordenada” en cuanto a la adopción de una sola forma urbana reticular para las ciudades, que se repitió regularmente, sino que, por sobre todo, fue “ordenada” en el sentido de que fue realizada en acatamiento a precisas normas jurídicas que se fueron dictando por la Corona. Nada se dejó al azar ni a la sola experiencia o criterio de los adelantados y pobladores, incluso a pesar de que en sus inicios, el proceso del descubrimiento, conquista y colonización de la América Hispana se haya sido desarrollado por iniciativas privadas. A pesar de este carácter individualista, sin embargo, todo fue ordenado mediante una política centralizada plasmada en precisas Ordenanzas, Instrucciones y Reales Providencia, que fueron dictadas por los Monarcas especialmente para la empresa americana. Se trataba de asegurar, jurídicamente, la incorporación de las nuevas tierras descubiertas en las Indias a la Corona de Castilla; y ello se hizo mediante el poblamiento ordenado y enmarcado en normas que se aplicarían uniformemente por los gobernadores y adelantados, incluyendo las contenidas en las Capitulaciones. Aquí radica, precisamente, una de las diferencias esenciales que existió entre los procesos colonizadores español e inglés en América, este último iniciado 100 años después del primero. Si bien ambos estuvieron a cargo de particulares que obtenían una concesión real a su propio riesgo y ventura, fue en la conquista y colonización española donde el proceso fue muy rápidamente ordenado como consecuencia de una deliberada política de Estado, que dio origen tanto a la creación de un orden jurídico propio, para América, el “derecho indiano”; como una organización política territorial racional y jerarquizada para el gobierno interno en el Nuevo Mundo, que ni siquiera existía en la propia Península. Nada similar ocurrió en el proceso de colonización de Norteamérica." (Allan R. Brewer-Carías, 2006)