CONSTANTINOPLA
Arq. Miriam Salas. Merida. Venezuela.
Arq. Miriam Salas. Merida. Venezuela.
El Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino mantuvo durante su existencia, la estructura e ideales de Roma: la maxima autoridad concentrada en el Emperador, instituciones sólidas y centralizadas, leyes de carácter universal inspiradas en el derecho romano, unidad religiosa de base cristiana y un sistema urbano que contaba con la existencia de grandes ciudades como Alejandría, Efeso, Jerusalén, Antioquía, Pérgamo, entre otras. Ciudades con intensa actividad administrativa, mercantil, cultural, religiosa y que seguian los patrones urbanos romanos en la funcion ordenadora del espacio rural y del territorio. Poseían tambien, un comercio intenso y diversificado por encontrase en una encrucijada entre las culturas orientales, africanas y el mundo occidental. Entre estas ciudades, la más importante fue su capital: Constantinopla.
La fundación de Constantinopla se realizó sobre la antigua ciudad griega de Bizancio, por lo tanto su historia se remonta al siglo VII a. C. En aquellos tiempos la superpoblación y las demandas alimenticias de las ciudades griegas impusieron la conquista de territorios fértiles y la fundación de nuevos asentamientos. Con este fin, se producen migraciones a través del mar Egeo y del Mediterráneo. Algunas se dirigen hacia el noreste, buscando los fértiles territorios alrededor del Mar Negro. Es en ese proceso migratorio se funda la ciudad de Bizancio:
“El mar Negro era como un imán para los ansiosos colonizadores, porque las tierras costeras producían cereales. Las anchas llanuras hacia el norte (llamadas Escitia en la antigüedad y hoy Ucrania) tenían terrenos lisos y fértiles, totalmente distintos del rocoso y montañoso suelo de Grecia. Aquellas llanuras eran una fuente sin fin de alimentos…
En 657 un barco navegaba hacia el noreste a través del Egeo, mandado por un jefe llamado Byzas. Su ciudad de origen era Megara, sobre el istmo que unía el norte de Grecia con la península meridional llamada Peloponeso… Los colonizadores habían consultado el oráculo de Delfos antes de levar anclas. El oráculo era el más sagrado de los santuarios de Grecia y las palabras de su sacerdotisa eran consideradas como visiones del futuro inspiradas por la divinidad. “Encontrareis un nuevo hogar –les dijo- frente a la ciudad de los ciegos.” Como siempre, las palabras del oráculo eran poco claras. No había ninguna ciudad de gente ciega.
El barco atravesó el Helesponto, cruzó Propontis y se aproximó al Bósforo… Una ciudad fundada a orillas del Bósforo podría dominar el comercio entre el mar Egeo y el mar Negro, tal como lo había hecho Troya en la antigüedad. Una ciudad así tendría la oportunidad de ser rica y prospera.
Pero otros habían tenido esta idea antes. En el 675 a.C., dieciocho años antes, un primitivo grupo de colonizadores de Megara había fundado una ciudad en la orilla del Bósforo perteneciente a Asia Menor… La ciudad era Calcedonia y los hombres de a bordo debieron sentirse un tanto disgustados. Calcedonia era una pequeña y prospera ciudad; era una lástima que otros se le hubieran adelantado.
Luego siguieron su camino y unas dos millas y media al noroeste de Calcedonia, al otro lado del Bósforo, vieron un sitio que era ideal. Calcedonia había sido edificada en una línea costera bastante recta y con posibilidades de puerto sólo medianamente buenas. Pero al otro lado había un río que se ensanchaba y desembocaba en el Bósforo. Aquel río (más tarde llamado el “Cuerno Dorado”) proporcionaba un amplio, largo y hermoso puerto. Tenía espacio para muchas naves y era fácil de defender: no podía haber nada mejor.
Entre el río y la porción principal del mar había una lengua de tierra perfecta para edificar una ciudad. Estaba rodeada de agua por tres lados. Con una fuerte muralla en el cuarto lado y una buena armada podía ser inconquistable. ¿Cómo era posible, pensaban, que a los primeros colonizadores les hubiera pasado inadvertido ese lugar tan hermoso de la parte europea, en favor del muy inferior donde se había establecido Calcedonia? Seguramente las gentes de Calcedonia estaban ciegas al elegir un lugar tan pobre.
Y eso fue lo que ocurrió. Calcedonia era la ciudad de los ciegos a la que se había referido el oráculo de Delfos. Y por lo tanto Byzas fundó su ciudad frente a ella tal como había ordenado el oráculo. Le puso Bizantion, un nombre derivado del suyo propio, pero la conocemos más por la denominación latina que, con el tiempo, le dieron los romanos: Bizancio.” (Constantinopla. Isaac Asimov. 1996)
En 324 d. C., el emperador Constantino eligió a Bizancio para construir la nueva sede imperial por su excelente localización geográfica y estratégica. La nueva capital: la Nueva Roma o Constantinopla, estaba situada en una península donde se tocan el mar de Marmara, el estrecho del Bósforo y el Cuerno de Oro. Ahí convergían las principales rutas de comunicación marítima y terrestre entre Roma y Oriente. Para tener una pequeña idea de como era esta ciudad veamos algunas descripciones:
“Constantinopla expresa y hace perceptible, físicamente, un nuevo concepto urbano… El sistema urbano de la nueva capital se basa en la significativa presencia de la figura, real y simbólica, del emperador y de su relación con los ciudadanos. El lugar y la bisagra física de aquella relación, cargada de connotaciones simbólicas, era el palco (el Katisma) de las apariciones del emperador, que estaba directamente ligado al palacio y que se proyectaba directamente en el hipódromo, lugar de las mas numerosas y encendidas reuniones populares, y que estaba adornado y embellecido con estatuas y elementos decorativos cargados de símbolos referidos al emperador divinizado (asimilado al dios Apolo-Sol). Esta solución arquitectónica era un elemento conceptual y político esencial… Constantino quiso rememorar en el complejo del hipódromo los elementos simbólicos de Roma, lo que pone en evidencia su intención de consolidar la continuidad de Constantinopla con la Urbe.
En la innovadora planta urbana constantiniana los ejes de desarrollo de la ciudad parten del palacio imperial (o acaban en el). Con calles porticadas y enriquecidas con columnas honorarias destinadas a los itinerarios triunfales y procesionales... y con otras calzadas trazadas ortogonalmente con respecto a las principales. Con la presencia de un gran complejo clerical, el edificio dedicado a los santos apóstoles, rico en significados simbólicos referidos siempre al emperador y con un uso casi seguro como mausoleo. El centro habitado, en el interior de la basta muralla, además de contar con un organizado y jerarquizado tejido residencial, se llenó enseguida de iglesias, de edificios destinados a funciones públicas o asociativo-corporativas, de sedes para las actividades comerciales, de talleres de artesanos, etc. Estos últimos estaban ubicados en las plantas bajas de los edificios de viviendas… En general, las grandes vías porticadas de la ciudad se transformaron en seguida en verdaderos mercados con carácter de zoco. La ciudad contaba también con grandes acueductos e importantes instalaciones portuarias, además de una de las murallas técnicamente mas avanzadas de la época…” (Vittorio Franchetti Pardo LA CIUDAD. EL NACIMIENTO DE LA CIUDAD EN OCCIDENTE)
En la conferencia BIZANCIO/ CONSTANTINOPLA/ ESTAMBUL: LA GRAN CIUDAD CHARNELA ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE, ENTRE LA ANTIGUEDAD Y EL MEDIEVO (Manuel Bendala; Enero 2014), el autor explica como en la fundación de Bizancio se produjo una primera fusión de la cultura griega con la cultura originaria de ese lugar. La ciudad era una pequeña colonia griega. A causa del valor estratégico de su emplazamiento, fue invadida por los persas, los atenienses y finalmente, Roma la incorpora como parte de sus provincias desde donde controlaba la navegación, el comercio y el control del territorio oriental.
Reconstrucción virtual de Bizancio en el periodo griego.
1.Templo de Afrodita. 2.Templo de Apolo. 3.Templo de Artemisa. 4.Templo de Poseidon. 5.Templo de Atenea Ekbasia. 6.Templo del Temenos. 7. Estadium. 8. Anfiteatro. 9.Templo de Demeter. 10.Templo de Kore. 11.Templo de Apolo. 12.Templo de Helios. 13.Templo de Selene. 14. Templo de Pluton. 15.Templo de Hera. 16. Agora 1. 17. Agora 2. 18. Tetrastoon.
El Plano de la nueva ciudad se desarrolló siguiendo un eje: la mese. A lo largo de esa columna vertebral se van agregando los foros que fueron construyendo diversos emperadores. El foro de Constantino era un gran espacio centralizado mediante una columna conmemorativa coronada con la estatua del emperador y que simbolizaba la presencia de una nueva ciudad, un nuevo mundo cultural y un nuevo imperio unido a Cristo como Dios triunfante. Encerrando este espacio, enriquecido con esculturas cristianas y otros dioses locales y paganos como signo de tolerancia en un mundo de transición, estaban las edificaciones para el senado, templos...
En busca de un nuevo simbolismo, Constantino inicia la construcción de grandes monumentos religiosos como la iglesia Santa Sofía o de la Santa Sabiduría de Dios, la Iglesia de los Santos Apóstoles o mausoleo imperial y la muralla como elemento defensivo. La ciudad fue adquiriendo su fisonomía. Se podría decir que Constantinopla es la primera ciudad medieval cristiana. Hay un fuerte deseo de expresar la nueva religiosidad y el poder del emperador, a través del arte y la arquitectura.
Iglesia de Santa Sofia.Seccion y planta.
Los sucesores de Constantino continuaron la majestuosidad de la ciudad. Teodosio construyó un nuevo foro con columna centralizada y las puertas monumentales de la ciudad. Arcadio agregó un nuevo foro. Teodosio II en el siglo V construyó las murallas definitivas que con su magnificencia y tecnología, expresaban el carácter inexpugnable de la ciudad.
Reconstrucción virtual de las murallas de Constantinopla construidas por Teodosio II.
La época de mayor esplendor llega con Justiniano quien, inspirado en el esfuerzo de buscar la restauración del Imperio Romano, convirtió la ciudad en un centro político, cultural, científico y religioso de referencia mundial. Reconstruyó gran parte del conjunto originario de la ciudad: el Augousteion o plaza rodeada de pórticos, en el centro una columna conmemorativa en honor a Justiniano y con acceso al gran palacio, a la iglesia Santa Sofia y a la Mese o vía principal. También remodeló la residencia palatina, el hipódromo, los jardines… con la finalidad de crear el escenario adecuado para la representación del complejo ceremonial político y religioso de la ciudad. El espacio nos habla de una estricta ritualidad oficial, actos multitudinarios, ceremonias, procesiones y espectáculos de gran significado, creados para impresionar y dominar. Con el tiempo la ciudad estuvo expuesta a una gran expoliación y destrucción de su patrimonio. Algunas huellas quedan del hipódromo: el obelisco egipcio, la columna serpentina…
El Distrito Imperial. Siglo VI d. C. Reconstrucción virtual del Hipódromo.
Una de las obras mas importantes de esta época es el sistema de suministro de agua para una población de casi medio millón de habitantes, a través de acueductos y cisternas o grandes depósitos subterráneos de agua distribuidos por toda la ciudad. La Cisterna Basílica todavía se puede admirar como un componente tecnológico de la ciudad, como una alegoría, un canto a las fuentes primigenias, a la fertilidad, y como la coexistencia serena de múltiples columnas y elementos constructivos de diversa procedencia. Posiblemente, la gran obra justinianea para la ciudad va a ser la reedificación de la iglesia Santa Sofía, que había sido destruida por las insurrecciones sociales de la época. La escala, la novedad de la planta y de la tecnología constructiva, la calidad espacial y la síntesis artística de la nueva edificación, han hecho de esta obra uno de los grandes ejemplos de arquitectura de todos los tiempos. Podría decirse que la arquitectura romana llega a su máxima expresión en la construcción de estos grandes espacios y es un preludio de arquitectura de las grandes catedrales medievales y las mezquitas. Por razones religiosas, gran parte de la iconografía y el recubrimiento original de sus componentes arquitectónicos se ha perdido. A una escala menor, la iglesia de San Marcos en Venecia puede darnos una idea de lo que originalmente fue Santa Sofía.
Cisterna Basilica Vista hipotética de la Iglesia Santa Sofia en tiempos de Justiniano
La población de la ciudad siempre fue oscilante; decreció a partir del siglo VII y en el siglo IX la ciudad recuperó su prosperidad gracias a la actividad artesanal y comercial de empresas extranjeras que se asentaron en el Cuerno de Oro. La población era muy cosmopolita; aparte de la actividad económica que atraía gente de Oriente y Occidente, la ciudad se convirtió en un centro intelectual muy importante que concentró gran cantidad de intelectuales de otras ciudades y sirvió como residencia forzada de personalidades por diversas razones: refugiados políticos, rehenes garantes de pactos y negociaciones entre gobiernos, opositores al régimen que eran confinados en los monasterios y emigrantes de otras ciudades que buscaban seguridad y mejores condiciones de vida que no encontraban en sus ciudades de origen. Ese ambiente intelectual, en gran medida fue facilitado por los monasterios que se concebían como conjuntos cerrados adecuados para llevar una vida de aislamiento y producción intelectual. La otra gran influencia fue en el arte y especialmente en la arquitectura por la originalidad y espectacularidad de la iglesia de Santa Sofía. En el siglo XV Constantinopla empezó a sentir la amenaza de las nuevas tecnologías bélicas. En 1453 el ejército turco tomó la ciudad después de haber sufrido un asedio prolongado. Constantinopla se convirtió en la capital de un nuevo imperio: el Imperio Otomano. Progresivamente se produjo una nueva síntesis cultural: la ciudad y Santa Sofía se islamizan, las mezquitas se cristianizan y todo el saber de la cultura mediterránea antigua y medieval, concentrada y protegida por la ciudad, enriquecerá la cultura Islámica y la cultura del Renacimiento de Occidente. Hasta 1930 se llamó Constantinopla y una vez constituida la moderna república de Turquía se llama Estambul.
Vista aérea de Estambul. En primer plano la Mezquita Azul y en segundo Santa Sofia.
Esta síntesis cultural a veces imprecisa ha sido el tema de escritores estambulíes como Orhan Pamuk:
“Como la mayoría de los turcos estambulíes, en mi niñez me interesaba bastante poco Bizancio. Cuando lo mencionaban, se me venían a la cabeza las horribles ropas y barbas de los popes ortodoxos rumíes, los acueductos bizantinos dispersos por la ciudad y las antiguas iglesias de ladrillo rojo y Santa Sofía. Todo aquello eran restos de un pasado que había quedado tan atrás que no valía la pena recordarlo. A mi me daba la impresión de que incluso los otomanos, que habían conquistado y destruido Constantinopla, quedaban muy lejos. Nosotros éramos la primera generación de la “nueva civilización” que había llegado a Estambul después de ellos…
El quinto centenario de la conquista de Estambul, a veces recordada como un “gran milagro”, se celebró un año después de mi nacimiento, en 1953, pero lo único que me intereso de aquello fue la serie de sellos que sacaron para la ocasión. Aquellos sellos parecían un desfile oficial de todo el sagrario imaginario relativo a la Conquista, como paso de los barcos por tierra, el retrato del Conquistador…
Observando como llamamos a ciertos acontecimientos, podemos deducir en que lugar del mundo nos encontramos, si en Oriente o en Occidente. Lo que ocurrió el 29 de Mayo de 1453 para los occidentales es la “caída de Constantinopla” y para los orientales “la conquista de Estambul”. En suma: “caída o conquista”…
Los estambulíes aprendieron a celebrarlo como “Conquista” gracias al movimiento occidentalista y al nacionalismo turco de principios del siglo XX. A principios del siglo pasado, la mitad de la población de Estambul no era musulmana y, de los no musulmanes, la mayoría eran rumíes, los herederos de los bizantinos. En mi infancia y primera juventud existía un fuerte nacionalismo turco que pretendía que el uso de la palabra “Constantinopla” implicaba que no pertenecíamos a esta ciudad, que algún día sus primeros dueños regresarían y nos expulsarían después de quinientos años de ocupación o que, cuando menos nos convertía en ciudadanos de segunda. Ellos consideraban importante la idea de la “Conquista”. Sin embargo, los mismos otomanos a veces llamaban Constantinopla a la ciudad.” (Estambul. Orhan Pamuk. 2006)
CONFERENCIAS:
BIZANCIO/ CONSTANTINOPLA/ ESTAMBUL: LA GRAN CIUDAD CHARNELA ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE, ENTRE LA ANTIGUEDAD Y EL MEDIEVO. Manuel Bendala. Fundacion Juan March. 2014
"Bizancio estuvo sometida, desde sus orígenes como colonia griega, a la tensión entre el mundo oriental y occidental, dada su importancia estratégica. Posteriormente pasó a ser dominio romano. En el siglo IV sería rebautizada como Constantinopla por el emperador Constantino, quien sería el responsable de su expansión y de la construcción de significativas edificaciones con referencias paganas y cristianas, así como del inicio de la construcción de la basílica de la Santa Sofía –en el siglo VI Justiniano levantó la nueva, que se conserva hoy prácticamente intacta–. Con la conquista otomana, la basílica de la Santa Sofía se consagró al culto musulmán. La ciudad se llamará Estambul a partir de 1930." (Fuente: FUNDACIÓN JUAN MARCH)
PERCEPCIÓN HISTÓRICA Y ESTÉTICA DE SANTA SOFIA. Pedro Badenas. Fundación Juan March. 2016.
"El profesor Pedro Bádenas propone un recorrido a través de los distintos testimonios que reflejan los cambios históricos en la percepción de la basílica de Santa Sofía, levantada en el siglo V sobre el terreno que habían ocupado dos basílicas paleocristianas. Destacan los escritos de literatura áulica de Procopio de Cesarea, quien narra cómo la grandeza de la basílica y de la ciudad de Constantinopla estaban destinadas a ser reflejo de la sociedad ortodoxa y del poder del emperador Justiniano. Tras la conquista otomana en 1453, el edificio fue acondicionado para la conversión en mezquita. A pesar de los cambios en el uso, como afirma el conferenciante, Santa Sofía hoy “sigue ofreciendo al moderno peregrino tanta historia como estética, una perenne experiencia de lo absoluto”. Fuente: Fundación Juan March.