Durante el año 70 d. C., en Jerusalén se produce la diáspora religiosa de los seguidores de Jesús quienes inician su peregrinaje hacia Occidente, su predicación y la elaboración de los primeros escritos cristianos. Paulatinamente, se va consolidando el cuerpo doctrinal, la organización y la estructuración de la comunidad cristiana. Al final del siglo I aparece el Obispado como la figura rectora de cada comunidad religiosa. Los primeros cristianos realizaban las celebraciones rituales en casas privadas. Desde el siglo III comenzó a constituirse una pequeña propiedad eclesiástica que comprendía lugares de culto y cementerios. En el siglo IV, cuando el emperador Constantino concede a los cristianos la libertad de culto, protección y algunos privilegios aprobados en el Edicto de Milán (313), la casa iglesia fue sustituida por el edificio basilical heredado de la arquitectura civil romana y progresivamente se convirtió en el modelo clásico de la arquitectura cristiana.
Grupos de personas con una especial sensibilidad religiosa y una actividad pastoral intensa, tuvieron gran influencia en la formación de la espiritualidad cristiana. Algunos de ellos fueron considerados como padres de la Iglesia. Un ejemplo es San Agustín Obispo de Hipona quien escribió obras como LA CIUDAD DE DIOS, de gran importancia en la configuración de las ciudades, monasterios, iglesias y catedrales. A finales del siglo IV el emperador Teodosio, mediante el edicto “De fide católica” convirtió al Cristianismo en religión del Imperio. La iglesia adquiere poder y universalidad. Se produce en todo el Imperio una cuantiosa construcción de basílicas cristianas, una labor misionera que permitió la penetración del cristianismo en las capas mas profundas de la sociedad, el impulso de las peregrinaciones a los santos lugares y la creación de instituciones formadoras de los nuevos intelectuales cristianos.
En el siglo VI el emperador Justiniano quiso restaurar el Imperio Romano Antiguo sobre el fundamento cristiano. Fue la época dorada de Rávena y Constantinopla y el esplendor del arte bizantino de San Vitale y Santa Sofía. A finales del siglo VI en el Cristianismo se manifestaba claramente la discordancia de sus dos iglesias: la iglesia de oriente y la iglesia de occidente. Durante el siglo IX la iglesia de Occidente tomó un nuevo impulso. Carlomagno rey de los Francos, a través de acciones bélicas de conquista, logró delimitar el territorio de un nuevo imperio inspirado en el recuerdo de Roma con fundamentos cristianos. Se produjo un pacto de colaboración entre el poder político y el poder religioso. Carlomagno buscaba el poder absoluto y el papado buscaba la protección del monarca. En el año 800 el papa León III coronó a Carlomagno otorgándole la dignidad imperial y el emperador adquirió el derecho de confirmar la elección del Papa. El emperador se convertía en protector de la Iglesia y del Romano Pontífice. En esta nueva situación la iglesia de occidente recuperó el patrimonio territorial que había perdido en las confrontaciones bélicas, lo enriqueció con nuevas donaciones y creó las bases para el establecimiento del estado Pontificio con sede administrativa en Roma.
El aporte mas importante del Cristianismo en la organización del territorio medieval y la configuración de núcleos urbanos lo podemos sintetizar en:
Las ciudades episcopales.
El monacato.
Las rutas de peregrinación.
LAS CIUDADES EPISCOPALES. Una ciudad episcopal es un conjunto urbano dominado por la presencia de una iglesia o catedral como símbolo de la existencia de un obispado y la autoridad de un obispo. Esta catedral tenía un cabildo y requería de un convento y otras dependencias catedralicias para la residencia de sus miembros. En algunos casos el obispo habitaba junto a su cabildo dentro del claustro, en otros casos tenía sus residencia cerca de la catedral y con el tiempo esta residencia fue tomando la forma de palacio adoptando las formas arquitectónicas de los palacios de la nobleza. Al grupo episcopal formado por la catedral, el claustro y el palacio, se le fueron agregando conventos, casas de canónigos, hospitales, iglesias y la universidad. Este conjunto de funciones eclesiásticas ejerció una influencia decisiva en el desarrollo urbanístico de la ciudad.
El origen de estas ciudades episcopales data desde los comienzos del cristianismo durante el Imperio Romano. En las vías que conectaban a las ciudades romanas se fueron instalando las comunidades cristianas y los obispos como autoridades de esas comunidades. Con el Edicto de Milán se les permitió a los cristianos construir basílicas dentro de las ciudades y las instalaciones episcopales quedaron fuera de las ciudades. Posteriormente se organizaron las diócesis y luego las provincias eclesiásticas. Esta organización fue muy importante durante las invasiones cuando empezó a deteriorarse la organización municipal romana y las ciudades se vieron obligadas a construir murallas por razones de protección. Ante las debilidades de la autoridad imperial, los obispos empezaron a ejercer su autoridad en el aspecto religioso, político y militar, y asumieron desde la construcción de las murallas hasta la supervisión moral y jurídica del territorio y de la ciudad. De esta manera muchas ciudades romanas sobrevivieron al impacto de las invasiones.
La importancia de las ciudades episcopales fue realzada en la época de Carlomagno quien se da cuenta de la importancia de los obispos en la estabilidad de los centros urbanos. Por esta razón refuerza el poder de los obispos en las ciudades episcopales existentes y en la fundación de nuevas sedes episcopales en los territorios dominados en su conquista hacia Europa Oriental. En esta época una de las actuaciones de mayor importancia fue la imposición del cristianismo a los pueblos germánicos del norte y del este, mediante una estrategia misional y educativa:
"Carlomagno creó los arzobispados de Colonia, Tréveris, Maguncia, Salzburgo… Hamburgo-Bremen y Magdeburgo, de los que dependían numerosos obispados. Esta organización favoreció una rica vida eclesiástica, religiosa y espiritual. Su preocupación por la cultura se plasmó en la obligación que tenían las catedrales y monasterios de fundar una escuela en al que se enseñaban los conocimientos elementales. El despertar cultural de Occidente encontró en Carlomagno su animador. Llamó a su corte a los hombres más eruditos de su tiempo… y realizo un programa sistemático de reforma de la instrucción eclesiástica. En la escuela palatina, dirigida por Alcuino, estableció un centro de estudios superiores, donde por primera vez en el medioevo los eruditos y los nobles, laicos y clérigos, se encontraban en un terreno común de humanismo literario y discusión racional, con el objetivo de crear una cultura cristiana… Carlomagno fue consciente de que un renacimiento cultural inspirado y dirigido por la Iglesia resultaba el medio más decisivo para conseguir una sociedad cristiana… Esta cultura tuvo un carácter monástico. Los grandes monasterios fueron los centros culturales del Imperio Carolingio y gracias a ellos el emperador pudo realizar ambiciosos proyectos de reforma eclesiástica y litúrgica que, en gran medida, contribuyeron a crear las características de la cristiandad medieval.” (Laboa, Juan. 1998)
Posteriormente, los emperadores otonianos fundaron ciudades episcopales nuevas o pequeñas fortalezas amuralladas cuyo núcleo principal estaba formado por la catedral, los monasterios alrededor de una plaza y en torno a ellos se disponían las viviendas. Con el tiempo, cuando el comercio empezó a renacer, fueron surgiendo burgos de comerciantes adosados a la murallas y buscando la protección de la ciudad. Estos nuevos habitantes se organizaban en comunas e inicialmente se enfrentaron al orden establecido por los obispos. Cuando se lograban acuerdos de convivencia la ciudad acogía al burgo y lo encerraba dentro de sus murallas. De esta simbiosis entre ciudad episcopal romana y burgo comercial, nació la ciudad medieval con la catedral y el conjunto eclesiástico como hito del conjunto urbano.
Con el resquebrajamiento y desaparición del Imperio Carolingio, la iglesia cristiana de occidente se atomiza, se desvanece la autoridad central y la cristiandad se fragmenta en una vasta red de señores feudales que construían capillas, iglesias y monasterios en sus territorios, dirigidos por clérigos ordenados por los obispos, quienes a su vez, formaban parte del engranaje feudal.
EL MONACATO. Sus antecedentes se encuentran en el monaquismo eremítico de Egipto, Palestina, Siria y Capadocia. La historia de los monjes orientales, su moderación, el alejamiento del mundo, el celibato, la oración y la meditación, fueron condiciones de vida que inspiraron a los nuevos cristianos para la fundación de monasterios. En los primeros años del siglo V, San Atanasio fundó un monasterio en la isla de Lerins que se convirtió en centro de espiritualidad, estudio y formación de obispos. En Irlanda se produjo un fuerte movimiento monástico. Los monasterios y abadías tuvieron gran importancia en la protección y fortalecimiento del arte, el conocimiento y la cultura, así como en la formación de economías y asentamientos de pueblos y ciudades:
El proceso de creación de los monasterios, en el siglo VI a orilla de los grandes ríos y en las ciudades mas importantes y en el siglo VII en núcleos menos relevantes, en áreas poco pobladas, sirvió para fijar la población y crear nuevas células de colonización… La difusión de los distintos modelos monásticos en Occidente se realizó con enorme espontaneidad… A veces, los miembros de una misma familia, otras, grupos de hombres y, menos frecuentemente, de mujeres, decidían reunirse para llevar una vida de ascesis y contemplación y escogían un conjunto de normas para desarrollarla… Frecuentemente, las normas por las que se regía cada monasterio constituían una mezcla de procedencias diversas, reunidas en un codex regularum, un códice que compendiaba distintas reglas, lo que permitía al abad y a los monjes de cada cenobio escoger las que deseaban aplicar a la vida de su comunidad.. Entre los siglos V y VIII, se difundieron por Europa occidental dos tradiciones monásticas de acusada personalidad: la irlandesa y la romana… El monacato irlandés se configuró como un instrumento que, aunque ajeno a la tradición romana, forjó los elementos capaces de evangelizar pueblos que desconocían esa tradición. Los destinatarios de esos esfuerzos fueron: los anglosajones y los francos… El monacato romano fue obra de San Benito fundador del monasterio de Monte Cassino. La vida en común estaba sujeta a una norma de convivencia, la regla benedictina… Esta se compendiaba en un doble principio: ora et labora, reza y trabaja… La regla benedictina configuraba cada monasterio como un microcosmos social autosuficiente, tanto en sus aspectos económicos como en los espirituales y culturales. " (García J. y Sesma J. 1998)
Gran parte de los escritos de la cultura grecorromana y de los primeros tiempos del Medioevo, fueron rescatados en los monasterios mediante la copia de manuscritos. También, en los monasterios se crearon nuevos sistemas educativos como el propuesto por Isidoro de Sevilla (560-636) que abarcaba las siete artes liberales (gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, música y astronomía) y las artes independientes (medicina, leyes y cronología, escritura y derecho canónico). La enseñanza se fundamentaba en su obra Las Etimologías, enciclopedia en veinte volúmenes con los conocimientos de su tiempo en gramática, retórica, matemáticas, música, jurisprudencia, historia, teologías, herejías, geografía, geología, vestidos, agricultura y antropología. Esta enciclopedia constituyó la base de la enseñanza en Occidente durante 800 años.
Durante el siglo XII surgió un fuerte deseo de renovación. Nacieron las órdenes mendicantes que tuvieron gran importancia en el renacimiento intelectual. Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Mercedarios, Jesuitas y otras ordenes, buscaban dar apoyo espiritual a las poblaciones urbanas. Estas órdenes crearon una extensa red de monasterios y algunas congregaciones se convirtieron en verdaderos imperios monásticos. A partir del siglo XIII se produjo un fuerte crecimiento de las ciudades y la iglesia participó activamente de estos cambios especialmente en la construcción de catedrales con la idea de participación de toda la sociedad:
“A lo largo del siglo XIII se produce en Europa uno de los mayores movimientos de urbanización de la historia que da origen a una cultura urbana muy diferente de la que pocos años antes estaba representada por los monasterios. La Iglesia asumió este profundo cambio, comprendió el sentido de este movimiento y su futuro, empezó tímidamente a racionalizar su doctrina y bendijo el nacimiento de las órdenes mendicantes abiertas al mundo urbano, cuyos fundadores supieron interpretar la nueva sensibilidad. Por otra parte, la construcción de una catedral fue el fruto de la participación de toda la sociedad: caballeros, damas, nobles, labradores o artesanos, todos participaron según posibilidades y habilidades. Los constructores de las catedrales eran hombres de oficio, pero también y al mismo tiempo hombres de fe. El número de catedrales góticas construidas en poco tiempo fue sorprendente… En este sentido, resulta comprensible que la catedral fuera comprendida como la casa de todos, el lugar donde cabían todas sus actividades, religiosas, civiles y aun profanas.” (Juan M. Laboa; 1997)
LAS RUTAS DE PEREGRINACION. En los albores del nuevo milenio se produce una devoción por las reliquias de los santos. Multitudes de peregrinos buscaban un enriquecimiento y consuelo espiritual visitando lugares sagrados. De esa manera aparecieron las rutas de peregrinación hacia Santiago de Compostela, Roma y Jerusalén:
“Se construyeron caminos, se tendieron puentes y se edificaron hospitales y albergues en los que se atendía a los peregrinos sin distinción de clases o de nacionalidad… El camino de Santiago no fue solo un camino religioso, de penitencia y generosidad, se convirtió en una extraordinaria autopista de cultura, de intercambio de estilos arquitectónicos y escultóricos, de formas litúrgicas, de códices, de literatura y de escuelas de espiritualidad” (Juan M. Laboa; 1997)
CONFERENCIAS
EL IMPERIO CAROLINGIO Y SU IDEA DE EUROPA. Autora: Julia Pavón. Fundación Raíces de Europa. 2016.
CARLOMAGNO Y EL IMPERIO CAROLINGIO. Amancio Isla Frez. 2021. Fundación Juan March
"La tradición europea y europeísta busca un precedente en este período histórico. Trataremos de explicar qué sentido tuvo para las gentes del 800 la creación de este imperio. Es imprescindible ligarlos a unos procesos políticos que se habían producido a lo largo del siglo VIII y señalaremos sus logros y algunos de sus problemas.
La conferencia abordará, por este orden, el tránsito de la monarquía merovingia a la carolingia, la herencia de Pipino el Breve, Carlomagno y la expansión del reino franco, la coronación imperial del 800, la cultura y el "renacimiento" carolingio y las dificultades del Imperio." Fundacion Juan March
CLAVES DE LECTURA DE LA IMAGEN MEDIEVAL. Autora: Inés Monteira. Fundación Thyssen. 2015.
BELLEZA Y TÉCNICA EN LA EDAD MEDIA. LAS DEFORMACIONES DE UNA HISTORIA DEL ARTE CADUCA. Autor: Isidro Bango. Fundación Amigos del Museo del Prado. 2017
TESTIMONIOS MONUMENTALES E ICONOGRAFICOS: SANTOS, BARQUEROS Y PEREGRINOS MEDIEVALES HACIA EL MAS ALLÁ. UNED 2015.
"En este curso se abordará el estudio de los caminos de peregrinación en la Zamora medieval, atendiendo a los principales elementos monumentales y patrimoniales que se conservan en la provincia. Los caminos medievales que surcaron tierras zamoranas -en sentido Este-Oeste y Norte-Sur- entretejiendo una sutil malla, han dejado infinidad de testimonios artísticos, documentales, arqueológicos, antropológicos e iconográficos. Memorables rutas de la fe que aseguraron devociones trascendentes y frágiles itinerarios que procuraron desplazamientos de índole bélica, pecuaria y comercial. Trayectos que hicieron caminos y tránsitos que dejaron reconocibles huellas en paisajes, monumentos y mentalidades. El curso intentará recomponer pasadas tramas y urdimbres, tensando quebradizos lizos, remendando ribetes y zurciendo los jirones que se llevó el tiempo." Fuente: Universidad Experimental a Distancia. UNED. 2015
BIBLIOGRAFIA
HISTORIA DE LA EDAD MEDIA. UNA SÍNTESIS INTERPRETATIVA. Autores: Jose Ángel García de Cortazar y Jose Ángel Sesma Munoz. Alianza Editorial. 1997
ATLAS HISTÓRICO DEL CRISTIANISMO. Texto de Juan Maria Laboa. Editorial San Pablo. 1998.