(Traducción del articulo Teaching the Hypermobile Dancer, M McCormack, M.Sc., Head of Physiotherapy, The Royal Ballet Company, London, UK, The IADMS Bulletin for Teachers • Volume 2, Number 1 (pp 5-8), 2010.
Traducido por Alejandra Guasp, Red Ehlers-Danlos Argentina, Agosto 2011)
Actualmente estamos bombardeados con fotos de bailarines en posiciones extremas. Se requiere que las piernas estén elevadas y que la columna se doble en todas las direcciones. Los mismos bailarines consumados admiran la flexibilidad extrema y se esfuerzan por alcanzarla. Todo esto contagia a los estudiantes de danza jóvenes, que se esfuerzan por emular a los profesionales experimentados. Los profesores también pueden verse seducidos por el anhelo de la flexibilidad, sin respetar cómo alcanzarla, o cuánto entendimiento y entrenamiento cuidadoso requiere la hiperlaxitud innata. Existe una gama completa de flexibilidad hereditaria que debe tenerse en cuenta; desde el extremo rígido, con límites físicos (músculos cortos y limitaciones óseas en las articulaciones), que es inapropiado para la danza y especialmente para el ballet, hasta la flexibilidad extrema del bailarín que es débil y descoordinado, pero “con mucho potencial”. Se cree que estos bailarines con hiperlaxitud innata (hereditaria) tienen una anormalidad en su tejido conectivo que permite la hiperlaxitud ligamentaria, con sus ventajas y desventajas asociadas. Muchas de estas personas se vuelcan a la danza, por la facilidad con la que alcanzan posiciones extremas, por el aliento que reciben para hacerlo, y por la apariencia estética de sus rodillas hiperextendidas y sus tobillos hiperlaxos.
Ellos tienen elasticidad en los tejidos conectivos de las articulaciones de los dedos y codos, así como en las rodillas, la columna, los tobillos y los pies, lo que señala la forma única en que se ensambla su físico.
El tejido conectivo es el material vivo que liga el cuerpo: ligamentos, tendones, cápsulas, cartílagos, rodetes articulares, anículos adiposos, meniscos, huesos e incluso la piel. En términos generales, el tejido conectivo está compuesto por células y fibras suspendidas en una matriz.
En los ligamentos, los fibroblastos (células del tejido conectivo) producen masas densas de fibras de colágeno y elastina, ubicadas en forma paralela. Estas proteínas, alineadas a lo largo de las líneas de tensión, le dan a los ligamentos y tendones una potente resistencia a las fuerzas axiales, pero les permiten cierto estiramiento.
En la laxitud ligamentaria hereditaria existe un problema con la forma en que está constituido el colágeno. Se trata de un trastorno genético que afecta a aquellos genes que codifican las diferentes proteínas del tejido conectivo, incluyendo el colágeno y la elastina.
Los defectos genéticos distorsionan la estructura bioquímica de estas proteínas y alteran sus propiedades tensiles, dando como resultado laxitud en los tejidos, o hiperlaxitud. Por desgracia, esto se acompaña de fragilidad en los tejidos, debilidad, y una tendencia a la falla mecánica.
Algunos bailarines pueden presentar flexibilidad anormal, pero desarrollan fortaleza/resistencia en forma temprana y por ello no se lesionarán fácilmente. Otros caen dentro del Síndrome de Hiperlaxitud Ligamentaria: tienen flexibilidad generalizada que hace que acumulen dolor en las articulaciones, y lesiones que resultan en que no se les seleccione en los cuerpos de baile (1).
En 1973, Beighton y colegas desarrollaron un test con 5 maniobras para evaluar la hiperlaxitud. La escala, de 9 puntos, no es una medición precisa, pero brinda una observación inicial interesante y una manera de reconocer la hiperlaxitud.
Como otro indicador, en los tejidos hiperlaxos la piel tiende a ser elástica, especialmente en el dorso de las manos, en los codos y en el frente de las rodillas. Evidencia adicional de la participación de la piel es la presencia de estrías sobre la zona lumbar de la columna y en los muslos en los adolescentes.
Cuando las cicatrices sanan, tienden a afinarse y a tornarse blancas (2).
La evaluación de las articulaciones “no entrenadas” – muñecas, dedos y codos- da una indicación de la elasticidad de los ligamentos involucrados, reflejando el aspecto conjunto. Sin embargo, la cadera y la columna se evalúan en forma unidireccional sin incluir el pie y el tobillo, pero estas son áreas de preocupación para los profesores.
Una articulación hiperlaxa tiene una cápsula y ligamentos laxos para limitar su rango de movimiento. Es menos estable, más débil y más susceptible a las lesiones que una articulación normal.
Las rodillas y los codos pueden hiperextender más de 15º. El pie y el tobillo pueden tener flexión plantar más allá de lo normal. La columna se flexiona y extiende significativamente más de lo normal, indicando que los ligamentos que la estabilizan permiten un aumento del movimiento entre las vértebras. Por esta razón, la estabilidad articular depende del soporte muscular y del control neural para su integridad.
Los individuos hiperlaxos tienen disminuida la propiocepción (3); por ello la postura, el balance y la coordinación están afectados.
Embebidas en las cápsulas articulares y en los ligamentos hay terminaciones nerviosas, que constantemente le informan al sistema nervioso central sobre la posición, el movimiento y la velocidad del mismo. Se piensa que la elasticidad de los tejidos hiperlaxos brinda esta respuesta propioceptiva de manera menos eficiente. Los bailarines jóvenes tienden a necesitar más entrenamiento, realizado en forma lenta y pausada, para poder inculcarles la buena postura y la alineación en todo el cuerpo.
Debe prestarse atención a los músculos estabilizadores profundos que sostienen las articulaciones de la columna, los hombros, las caderas y los pies.
También necesitan calentamientos más largos, algo que indica un sistema propiocetivo más lento.
La parte sensorial del sistema nervioso es la que nos permite apreciar en forma precisa la posición de nuestras extremidades en el espacio, tanto la posición de las articulaciones como la actividad muscular. La parte motora del sistema nervioso responde entonces a la información recibida, y el resultado es el control fino a lo largo del rango de movimiento y la coordinación de los movimientos complejos. Allí es, como se notó más arriba, donde el físico hiperlaxo tiene un déficit.
En la Royal Ballet Company and School investigamos la prevalencia de hiperlaxitud y la prevalencia del Síndrome de Hiperlaxitud Ligamentaria, usando los criterios de Brighton en ambos casos. Los Criterios de Brighton para el síndrome tienen en cuenta la Escala de 9 puntos de Beighton y los antecedentes de lesiones.
Encontramos que el 74% de las mujeres y el 82% de los varones entre 11 y 16 años eran hiperlaxos.
La frecuencia en el grupo de 16-18 años era del 94% en mujeres y de 83% en varones.
En el grupo profesional la frecuenica fue de 95% en mujeres y de 83% en hombres.
Estos números sugieren que se selecciona un determinado tipo físico.
Es interesante que la frecuencia de Síndrome de Hiperlaxitud Ligamentaria en el grupo de 11-16 años fue de 47% en niñas y 45% en niños. En el grupo de 16-18 años, fue de 46% en mujeres y 35% en hombres. Pero en los bailarines profesionales, fue de 26% en mujeres y 36% en hombres.
La disminución en el número en el cuerpo profesional sugiere que es menos probable que los bailarines hiperlaxos que además se han lesionado progresen en esta profesión.
También encontramos que ninguno de los bailarines principales tenía el síndrome, lo que implicaría que el desarrollo profesional peligra al tenerlo.
Estas observaciones sugieren que se requiere de una clara comprensión de la vulnerabilidad física, tanto por parte de los bailarines como por parte de quienes los entrenan, utilizando estrategias preventivas.
Los principios de enseñanza no cambian con el bailarín hiperlaxo, pero son más difíciles de inculcar.
La estabilidad y la ubicación emanan desde el centro hacia la periferia. Cuando la ubicación de la pelvis es correcta y bien comprendida, se puede entrenar el giro con la cadera, controlar la hiperextensión de la rodilla y aplicar una buena biomecánica en el pie.
En la parte superior del cuerpo, la columna lumbar puede estabilizarse en posición neutra, guiando el resto de la columna y la cintura escapular a alinearse con la pelvis y las piernas.
La “rodilla hiperextendida” siempre es un desafío. Aunque es atractiva, si la articulación extiende 15º o más desde su posición neutral, es difícil de instruir y fortalecer. Si se permite que se bloquee en su posición de extensión completa mientras se recarga el peso, los músuculos que la controlan se relajan, se pierde el control del giro, y el estudiante “se hunde en su cadera”. A menudo esto se acompaña de una inclinación de la pelvis con el adelantamiento del hueso púbico y la pérdida de la posición neutral en la columna lumbar.
El extremo del rango de extensión de la rodilla puede detenerse activando os músculos aductores, los de las pantorillas y el vasto medial de los cuádriceps, justo sobre la rótula. Esto a su vez permite un mejor uso de los músculos de la pantorrilla y lleva el peso hacia el centro de los pies.
Debería aconsejarse a los estudiantes que no descansen en posiciones extremas –relajándose en posición de lordosis (curvatura exagerada, de la posición lumbar), porque se sobreestiran el frente de las caderas y la parte posterior de las rodillas.
El pie en todos los bailarines soporta el estrés de la alineación incorrecta sobre él. En el pie y tobillo excesivamente flexibles las articulaciones pequeñas del pie medio, compuestas de arcos longitudinales y transversales, se comprometen con facilidad. Cada articulación está rodeada por ligamentos y una cápusla, y sostenida adicionalmente por músculos instrínsecos del pie. Si los arcos están estresados en el pie pronado, el arco medio longitudinal se aplana y el pie puede no recuperarse nunca.
Es de suma importancia trabajar con el pie alineado; el fortalecimiento de los músculos intrínsecos con una régimen de ejercicios debería comenzar tan temprano como a los 7 años de edad. Debería revisarse el calzado de calle; los zapatos de soporte y con buen calce aseguran una buena posición del pie también fuera de la escuela de danza.
La cadera está constituida de manera diferente. La flexibilidad de esta articulación esférica (“de bola y cuenca”) recae no solo en la extensibilidad de los tejidos blandos sino también en la forma de los huesos. La arquitectura ósea del acetábulo y del fémur pueden restringir el rango de rotación externa en la articulación de la cadera. Si está presente este tipo de restricción, el uso de la rodilla y el pie en el giro deberían corresponder de manera acorde.
Habiendo dicho esto, la cantidad de giro utilizada en todas las posiciones debería corresponder al mantenimiento del balance en la posición de pie con una sola pierna, sin compensación de la postura.
Los bailarines hiperlaxos necesitan y quieren estirarse en forma constante, relajándose a menudo en posiciones extremas durante largos períodos de tiempo. Parecen tener un sentido de movimiento alterado; por ello, esto no es algo a prohibir, siempre y cuando no se sienten abiertos de piernas en lugar de calentar y hacer sus ejercicios de estabilidad antes de la clase.
Los movimientos de ballet en el extremo del rango de movimiento deben coreografiarse con cuidado. El control de cada parte del rango es importante en el bailarín joven. Deben desalentarse las posiciones extrañas y los trucos de contorsión.
Mientras que las personas hiperlaxas son atraídas por la danza, el esqueleto vulnerable se lesiona con facilidad. Este es el aspecto malo de tener flexibilidad extra.
Un niño que se queja de dolor articular y que sufre de episodios transitorios de inflamación articular debería ser derivado a un especialista.
Los tejidos hiperlaxos sufren fácilmente de hematomas (vasos sanguíneos frágiles) y sanan a un ritmo más lento del normal (4). Debe tenerse esto en cuenta luego de las lesiones puntuales, como por ejemplo un esguince de tobillo. Sin embargo es importante no etiquetar al bailarín, culpando de todas las cosas negativas a su hiperlaxitud.
El microtrauma en los tejidos derivado el mal uso de las articulaciones laxas se trata fortaleciéndolas para mejorar la función y evitar lesiones; así vemos que el entrenamiento en la danza también puede proteger el físico hiperlaxo, mejorando su estado y su estabilidad.
Los niños hiperlaxos inicialmente se sienten atraídos por los procesos de audición en las escuelas de danza vocacional. Pero a menudo deben esforzarse por mantenerse nivelados con el resto de la clase.
Frecuentemente el ritmo de aprendizaje se establece sin concesiones a quienes necesitan más tiempo y a aquellos cuyos físicos demoran más en adaptarse. Tienen que trabajar más duro a lo largo de su carrera en la danza para mantener la técnica, y sin una comprensión de sus físicos y del esfuerzo del trabajo duro, raramente tienen éxito.
Es el conocimiento y la comprensión del profesor que reconoce el talento artístico y los obstáculos físicos. Mediante la determinación, el estímulo, la paciencia y la demanda de trabajo meticuloso, estas personas pueden equiparse con la estabilidad y la fortaleza que se requieren en una carrera profesional
Una parte de este artículo se desarrolló en base al artículo de McCormack M, Briggs J, Hakim A, Grahame R. Joint Laxity and the Benign Joint Hypermobility Syndrome in Student and Professional Ballet Dancers (The Journal of Rheumatology. 2004;31(1):173-178).
1. Grahame R. Hypermobility and the heritable disorders of connective tissue. In Keer R, Grahame R (eds): Hypermobility Syndrome. London UK. Butterworth Heinemann, 2003, pp.15–25.
2. McCormack M, Briggs J, Hakim A, Grahame R. Joint laxityand the benign joint hypermobility syndrome in student and professional ballet dancers. J Rheumatol. 2004;31(1):173-8.
3. Simmonds J. Rehabilitation, fitness, sport and performance for individuals with joint hypermobility. In Keer R, Grahame R (eds): Hypermobility Syndrome. London UK. Butterworth Heinemann, 2003, pp. 107–25.
4. Keer R. Edwards-Fowler A. Mansi E. Managing the hypermobile adult. In Keer R, Grahame R (eds): Hypermobility Syndrome. London UK. Butterworth Heinemann, 2003, pp. 87-105.