Así fue comprobado en 1897 por el físico inglés J.J. Thomson en un experimento que vamos a repetir en el laboratorio. Por cierto este físico que recibió el premio Nobel era hijo de Lord Kelvin también importante científico ¿te suena su nombre?.
Tenemos un tubo con una pequeña cantidad de gas en su interior. La presión es del orden de la diezmilésima de atmósfera. Lo conectamos a una diferencia de potencial de miles de voltios.
Se produce una descarga y la corriente eléctrica atraviesa el tubo desde el negativo al positivo. "Algo" que procede del electrodo negativo (cátodo) activa la pantalla fluorescente (impregnada de una sustancia que emite luz en determinadas condiciones) que está en el interior del tubo y se produce un brillo.
Se observa el mismo efecto al emplear diferentes metales en el cátodo.
Aunque de momento no se le dio importancia, también se observó que el cristal de la parte cercana al ánodo brillaba con una débil luz fluorescente.
A estos rayos misteriosos se mueven en línea recta y proceden del cátodo, se les llamó rayos catódicos. Se demuestra que se pueden mover con un imán.
Detrás de la palabra misteriosa "rayo catódico" Thomson demostró que estaba formado por partículas desconocidas hasta entonces llamadas electrones. Su carga eléctrica qe = -1,6 x 10-19C. y su masa 9,11×10-31 kilogramos. Era una partícula mucho más pequeña que cualquier cosa conocida hasta entonces y que parecía estar dentro de todos los elementos.
ALGUNOS EXPERIMENTOS CRUCIALES EN EL CAMBIO DE SIGLO.
AÑO 1897.
Estamos en el cambio del siglo XIX al XX. El proceso industrial sigue imparable. Lo ferrocarriles se han extendido por los países avanzados y se comienzan a utilizar los teléfonos. La utilización del acero en puentes y edificios produce obras como este puente colgante en Portugalete. El puente colgante de Bilbao-Portugalete ha sido declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad y sigue comunicando las dos orillas de la ría de Bilbao.
Los científicos seguían utilizando la electricidad para escudriñar en los misterios de la naturaleza. Disponían ya de dispositivos para producir miles de voltios y una teoría sobre la carga eléctrica. En 1886 Edisón patentó la primera lámpara eléctrica y en este mismo año Tesla la lámpara de arco con una intensidad mucho mayor.
Resumiendo algunas nociones de electricidad:
"La carga eléctrica puede ser de dos tipos: positiva (+) y negativa (-). Entre dos cuerpos que tienen carga eléctrica del mismo tipo (los dos positivos o los dos negativos), aparecen fuerzas de repulsión. Los cuerpos cargados con cargas contrarias se atraen.
Por otra parte, también sabemos que las cargas eléctricas se mueven más fácilmente a través de unos materiales que de otros. Y por ello podemos hablar de materiales aislantes y conductores.
No se conocía ninguna relación entre los elementos químicos y la carga eléctrica aunque se habían realizado ya muchos descubrimientos sobre reacciones químicas relacionadas con la electricidad."
Los gases, a presión normal, no son buenos conductores de la corriente eléctrica, pero al someterlos a presiones muy bajas y grandes diferencias de potencial, se obtienen corrientes que llamamos descargas. Es decir que el gas se convierte en conductor y la carga eléctrica circula por él. En la naturaleza esto ocurre en los rayos y relampagos.
En una tormenta se generan por frotamiento millones de voltios que provocan una descarga en los gases de la atmósfera. esta descarga va acompañada de una luz muy brillante.
Los científicos de finales del XIX comprobaron que si la presión del gas se disminuye miles de veces se puede lograr una descarga de varios centímetros en el laboratorio con unos miles de voltios.