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Martin Luther King

El Reverendo Martín Luther King pronunció el siguiente discurso durante la Marcha a Washington por el trabajo y por la libertad de los hombres y mujeres negros del 28 de agosto de 1963. Hoy, varios decenios después ese discurso todavía resulta palpitante, necesario, inspirador e iluminador.

Puedes ver y escuchar este discurso haciendo clic aquí.

Ademas, antes de proseguir, recomiendo leer la biografía que aparece de él en Wikipedia.


¡Hoy tengo un sueño!

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes en este día histórico, que va a ser la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran americano, en cuya sombra nos amparamos, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este trascendental decreto vino como una gran rayo de luz y esperanza para millones de esclavos negros, quemados por las llamas de la injusticia. Vino como un bello amanecer al final de una larga noche de cautividad. Pero cien años después, el hombre negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro aún es tristemente herida por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive aislado en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad americana y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Hemos venido hoy aquí para denunciar una situación vergonzosa. En un sentido, hemos venido a la capital de nuestro país para cobrar un cheque. Cuando los constructores de nuestra república escribieron las magníficas palabras que formaron la Constitución y la Declaración de Independencia, ellos estaban firmamdo un pagaré del que cada americano sería un heredero. Este pagaré era la promesa de que todo hombre -sí, el hombre negro y el hombre blanco- tendrían garantizados los derechos irrenunciables a la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio que a día de hoy América ha incumplido este pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligación, América ha dado a la gente negra un cheque falso; un cheque que ha sido devuelto con el sello de "fondos insuficientes." Pero nos negamos a creer que el Banco de Justicia esté en quiebra. Nos negamos a creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de las oportunidades de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque, el cheque que nos dará la riqueza de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este sagrado lugar para recordar a América la urgencia irrenunciable de este momento. No es el momento para el lujo de tranquilizarse o tomar el sedante de un avance progresivo y lento. Es el momento de hacer realidad las promesas de la democracia; el momento de salir del oscuro y desolado valle de la marginación y pisar al camino iluminado de la justicia racial; es el momento de sacar nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial, y llevarlo a la roca firme de la fraternidad; es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia de este momento. Este verano que arde en el legítimo descontento del hombre negro, no terminará hasta que no llegue un otoño pleno de libertad e igualdad.

1963 no es el fin, sino el principio. Y los que pensaban que el negro lo único que necesita es desahogarse para sentirse mejor, tendrán un desagradable despertar si el país no cambia sus actitudes. No habrá ni descanso ni tranquilidad en América hasta que al negro se le garanticen sus derechos ciudadanos. Los temblores la rebelión continuarán sacudiendo las bases de nuestra nación hasta que brille el día de la justicia.

Pero hay algo que yo debo deciros, a vosotros que sois mi gente, en especial a los que se han parado en el gastado camino que conduce al Palacio de Justicia. En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo la taza de la amargura y el odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el mayor nivel de dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas degeneren en violencia. Una y otra vez debemos superar las cimas de la lucha por la fuerza física para llegar a las cumbres de la fuerza del alma. Es importante también que esta maravillosa nueva militancia, que ha envuelto a la comunidad negra, no debería llevarnos a desconfiar de toda la gente blanca; porque muchos de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy con su presencia aquí, han venido a sellar que su destino está unido al nuestro. Ellos han sabido descubrir que su libertad está inseparablemente unida a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al andar, debemos prometer que siempre seguiremos adelante: no hay vuelta atrás.

Hay algunos que están preguntando a los fieles de los Derechos Civiles, "¿Cuando estarán satisfechos?" Yo les contesto: nunca podremos estar satisfechos mientras que el negro sea víctima de horrores indescriptibles de la brutalidad policial; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por la fatiga del viaje, no puedan descansar en los hoteles del camino y de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que la libertad de movimiento del negro sea sólo el de ir de un barrio pequeño a uno más grande. Nunca podremos estar satisfechos mientras que a nuestros hijos se les despoje de su personalidad y de su dignidad con el letrero de "Sólo para blancos". No podremos estar satisfechos mientras que el hombre negro del Misisipi no pueda votar y el de Nueva York vea que no tiene nadie por quien votar ¡No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta "que la justicia corra como el agua y las virtudes como una fuente quebrada".

No ignoro que algunos de vosotros habéis venido hasta aquí con grandes esfuerzos y tribulaciones. Algunos habéis llegado recién salidos de unas angostas celdas, o de zonas en donde su búsqueda de libertad os ha dejado golpeados por la tormenta de la persecución y derrumbados por los vientos de la brutalidad policíal. Pero habéis sido hecho expertos en el sufrimiento creativo. Continuad trabajando con la fe de que el sufrimiento no merecido sirve para liberar. Regresad a Misisipi; a Alabama. Regresad a Carolina del Sur; a Georgia, a Luisiana. Regresad a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades norteñas, sabiendo que de alguna manera esta situación va a cambiar. No nos hundamos en el valle de la desesperación.

Por esto os digo a vosotros, mis amigos, que aunque enfrentemos las dificultades de hoy y de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. Que un día esta nación surgirá para vivir verdaderamente su credo: "mantenemos este derecho vigente, que todos los hombres son creados iguales."

Yo tengo el sueño de que ese día en las tierras rojas de Georgia, hijos de antiguos esclavos y los hijos de los que fueron amos de esclavos se podrán sentar juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo el sueño de que un día aún el estado de Misisipi, un estado que arde por e1 calor de la injusticia y de la opresión, sea transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos, aún pequeños, algún día vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por lo que contienen como personas.

¡Hoy tengo un sueño!

Tengo el sueño de que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, con un Gobernador cuyos labios destilan sólo dificultades a la justicia, llegue a ver que los niños y niñas, negros y blancos, puedan unir sus manos como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Tengo el sueño de que algún día todo valle sea elevado, y toda colina y montaña sea allanada. Las aristas ásperas serán alisadas y lo torcido será hecho recto, "y la gloria de Dios será revelada y todos los seres humanos se unirán

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al Sur. Con esta fe podremos convertir la roca de la desesperación en una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, orar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, manifestarnos juntos por la libertad; sabiendo que algún día seremos libres. Y este es el día: cuando todos los hijos de Dios puedan cantar con un nuevo sentido: "Mi país es tuyo, dulce tierra de libertad en la que te canto. Tierra donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, que desde cada lado de la montaña deja resonar la libertad." Y si América va a ser una gran nación, esto tendrá que hacerse realidad.

Entonces dejen que suene el himno de la libertad desde la cima de los montes prodigiosos de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania; dejen resonar la libertad desde las cumbres cubiertas de nieve de Colorado; dejen resonar la libertad desde las sinuosas colinas de California. Y aún más, dejen resonar la libertad de la Montaña de Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montaña Lookout de Tenesie; dejen resonar la libertad desde cada colina y montaña de Misisipi. "De cada lado de la montaña dejen resonar la libertad."

Y cuando esto pase; cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y ciudad, podremos apurar el día en que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, podremos unir nuestras manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "Libre al fin, libre al fin; gracias al Dios omnipotente, somos libres al fin
."




Comentarios:
  • Este texto es una traducción libre e íntegra del texto original.
  • Las negritas son mías (del webmaster), y resaltan las ideas o los textos que están tomados de la Biblia o de canciones o conceptos espirituales.
  • Martin L. King fue pastor de una iglesia evangélica bautista; y su compromiso social, como él mismo escribió y dijo, sale de la fuerza de su fe.
  • Fue premio Nobel de la paz en 1964.
  • Su compromiso social, la fuerza de su fe y su inquebrantable fe despertó rechazo y odios en algunas personas, una de las cuales le asesinó en Memphis el 4 de abril de 1968 a las 18:01 h de dos disparos.


Descárgate este inspirador discurso en formato pdf.

Y si lo quieres ver su versión íntegra original...

Martin Luther King: I have a dream






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