EL MAQUIS: Recuperem la memòria

Record dels Guerrillers morts el 26 d'agost de 1949 a Espolla

Espolla, el camí cap el refugi

El terme d'Espolla, com a municipi fronterer, és des de segles enllà i fins avui mateix, zona de pas dels que, provinents del Nord o del Sud, cerquen, amb el país d'acollida, la protecció o la terra promesa. Exiliats polítics o econòmics, desertors de l'exèrcit o, senzillament, pròfugs de la justícia confien en superar la línia fronterera per trobar una seguretat que no tenen al punt d'origen.

Des de la fi de la Guerra Civil però, sobretot, amb la segona Guerra Mundial acabada van proliferar grups de guerrillers que lluitaven per fer caure el règim o, com a mínim, provocar la intervenció de les forces aliades perquè acabessin amb la dictadura franquista.

L'octubre de 1944 prop de 3.000 guerrillers intenten ocupar la Vall d'Aran per provocar una reacció en cadena a altres zones. L'operació resultà un fracàs. Però altres grups, molt més reduïts i de filiació diversa continuaren operant per la Península i, sobretot, a les zones properes a la frontera, especialment fins arribar als anys cinquanta quan les accions dels 'maquis' van anar disminuint fins desaparèixer a principis dels seixanta amb la mort de Quico Sabater i de Ramon Vila Capdevila 'Caracremada'.

El 26 d'agost de 1949 la Guàrdia Civil va preparar una emboscada al grup guerriller d'en Facerias que fugia de Barcelona després de diverses accions de sabotatge i atracaments a joieries i meublés. A pocs metres de la frontera, quan ja es creien salvats, va començar un tiroteig, del qual en resultaren morts l'Enric Martínez 'Quique' i en Celedonio García 'Celes' . Els tres restants del grup, amb un de ferit, pogueren escapar i arribar a Perpinyà.

En 'Celes' i en 'Quique' van ser enterrats anònimament al cementiri d'Espolla, al recinte reservat als no-creients.

I amb motiu del cinquanta aniversari dels fets volem rehabilitar la memòria dels que en el seu moment van ser enterrats com a lladres i bandolers i refer la memòria d'un període de la història recent que pels més joves és desconeguda i pels més grans condicionada pel silenci o la desinformació del moment.

Associació Cultural La Fraternal Espollenca , agost de 1999


Enrique Martínez Marín «Quique» (1927-1949)

Va néixer a Barcelona el 14 d' abril de 1927.
Va ser membre de les Joventuts Llibertàries al Carmel
i era delegat del seu barri a la Federació Local.
Va ser detingut el 8 d'agost de 1947,
però va sortir en llibertat el 25 de març de 1948.
Quan va morir el 26 d' agost en una emboscada de la Guàrdia Civil tenia 22 anys.





Celedonio García Casino «Celes»
(1922-1949)

Va néixer a Barcelona el 25 de desembre de 1922.
Quan encara no tenia 17 anys, el 14 de juny de 1939,
va ser detingut i processat amb un grup de joves llibertaris
per associació, propaganda i legal i tinència il·lícita d'armes.
Va sortir en llibertat provisional el 23 de novembre de 1945
i es va incorporar a les Joventuts Llibertàries de Gràcia (Barcelona)
i posteriorment a les del Carmel.
Va assistir a Tolosa de Llenguadoc a algunes de les sessions
del segon Congrés de la Federació Ibèrica de Joventuts Llibertàries (FIJL),
celebrat el març de 1946.
Va ser membre del Moviment Llibertari de Resistència
i el 1947 va participar al segon Congrés del Moviment Llibertari a l' exili.



Homenaje a los guerrilleros antifranquistas

El 26 de agosto de 1949, cuando se encontraba a pocos metros de la frontera francesa, el grupo guerrillero de Facerias era interceptado a tiros por la Guardia Civil. Como resultado del encuentro Enrique Martínez y Celedonio García resultaron muertos, mientras que los otros tres miembros del grupo, con un herido, consiguieron llegar a Francia. "Quique" y "Celes" fueron enterrados en el pueblo de Espolla (Alt Empordà), en un anexo al cementerio destinado a los "no" creyentes" sin ningún elemento que identificara a los enterrados. Sólo después de muchos años los familiares pudieron colocar una lápida con los nombres.

Pero no era suficiente. El 28 y 29 de agosto de este año, en conmemoración de los cincuenta años de los hechos, l'Associació Cultural La Fraternal d'Espolla organizó una serie de actos para rehabilitar la memoria de "Quique" y "Celes": La colocación de una placa de homenaje donde descansan y posteriormente, con la sala de actos del pueblo llena, la charla de Josep Sánchez Cervelló sobre "El maquis"; las palabras de la compañera de "Celes", Remedios Falceto, y la actuación musical de Jaume Arnella i Anna Ros, sirvió para dar luz sobre unos acontecimientos que la propaganda de la dictadura calificó como la muerte de dos bandoleros y que posteriormente no ha tenido la rehabilitación necesaria. El programa se completó el domingo con un itinerario por los pasos de frontera y en concreto por la zona donde fueron asesinados "Celes" y "Quique".

A continuación os ofrecemos un resumen de las palabras que pronunció la compañera de "Celes", militante en aquellos tiempos de las JJ.LL. del barrio barcelonés del Carmelo y participante activa en la resistencia contra el franquismo. Remedios Falceto, junto con Olga -la hija de 6 meses de ambos- emprendió el camino del exilio y se instaló en Brasil, país donde reside actualmente.

"Amigos todos que se han preocupado de realizar este acto y en este agradecimiento quiero incluir a los amigos ausentes, aquellos que están en Francia, que están en Brasil, que son nuestros amigos-familia, a los que dejamos aquí solos y felizmente nos hemos reencontrado con buenos amigos, buenos compañeros que son nuestros familiares y que son conscientes de lo que significa este acto; y yo sé que están presentes en este momento, quiero recordarlos.

En el barrio del Carmelo nos criamos juntos, en un barrio obrero donde todos éramos hermanos y en el año 49, cuando "Celes" y "Quique" murieron aquí en la frontera su muerte nos sacudió violentamente a todos, y yo en este acto quiero representar a las dos familias como una familia para agradecerles su recuerdo. Fueron años de mucho dolor y realmente nuestras vidas se vieron marcadas por todo lo que aconteció. "Celes" y Enrique eran jóvenes, muy jóvenes, eran idealistas que creían que España y el mundo tenían que modificarse porque teníamos derecho a algo más. Ellos pertenecían al Movimiento Libertario de Resistencia de la CNT y a las Juventudes Libertarias. Luchaban para intentar transformar la situación en la que se vivía, abriendo camino para que la situación de sus paisanos cambiase. Para dar solución a los que estaban en la cárcel, a millares, y a los exiliados que deseaban volver, alojados y muchos escondidos por el mundo sin poder ver sus casas y su tierra... Esa era la lucha. Era hacer que España se abriese y pudiesen todos los españoles vivir y luchar aquí para mejorar las cosas. Y era la ley de la supervivencia, no sólo la de aquellos que estaban luchando, como los que estaban encarcelados, sobre todo me refiero aquí específicamente a los anarcosindicalistas, que por el simple hecho de ser anarcosindicalistas no recibían ayuda de ninguna nación; no había ni Rusia ni nadie que los ayudase, sino que tenían que valerse por sí mismos.

La situación en las cárceles era muy penosa, la Modelo era un reducto terrible y así centenares de presidios por toda España; millares de compañeros en la cárcel, necesitando los servicios de los abogados que, naturalmente, tenían que pagarse, tenían que enviárseles medicamentos, alimentos... Entonces el trabajo de los herederos de lucha pasaba por la solidaridad con los presos y sus familias y, además, crear dificultades para que el sistema se debilitase, lo que era una gran fantasía porque el sistema era más fuerte que cualquier deseo, cualquier ideal, pero esa era su función, ese era su trabajo. Ni "Quique", ni "Celes", ni nadie de ellos, aunque les encontrasen joyas en los bolsillos, hizo nada para lucrarse, porque cuando volvían de una misión para la cual no eran convocados militarmente -lo hacían naturalmente porque pensaban que debían hacerlo- se integraban al trabajo manual que tuvieran, viviendo de un triste jornal. No era nada en beneficio propio y sí en beneficio de la comunidad, para ayudar. Quiero que esto quede bien claro porque esos hombres que murieron que están aquí enterrados, así como otros que yo conocí como Quico Sabaté, como J.L. Facerías, Cazorla (que felizmente se salvó)... todos exterminados y todos ellos tenían en la cabeza un ideal y un deseo de ayudar, de modificar, de no renunciar, de hacer que las cosas aconteciesen. Nada en beneficio propio, porque ellos apostaron todo lo que tenían que era la vida.

Muchos hombres y mujeres de todas las edades después de la guerra intentaron reorganizarse en sindicatos y en grupos afines que pretendían movilizar a la población para transformar aquella dolorosa y triste situación. No puedo dejar pasar este homenaje sin hacerlo extensivo a otros compañeros que perdieron la vida y aquellos que dentro y fuera de España continuamos su lucha sin perder la esperanza,que es lo último que debemos perder. Siempre hay un mañana.

Muchas gracias" Remedios Falceto


El retorn de la memòria, onze anys després

En aquest país hem hagut d’esperar a finals del 2007 per que s’aprovés una llei de reconeixement de les víctimes per la persecució i violència de la Guerra Civil i la Dictadura franquista. Més enllà de les reparacions personals que ha comportat l’aprovació de l’anomenada Llei de Memòria Històrica, s’han fet algunes accions per treure de l’oblit un període recent sobre el qual semblava que la Transició volia enterrar. Als pobles de l’Albera s’han col·locat panells explicatius del que va ser la retirada i l’exili al final de la guerra. I a la Jonquera el desembre del 2007 es va inaugurar el Museu de l’Exili.
La memòria és la capacitat mental que permet recordar a l’individu i que, com a concepte, també es pot aplicar a les comunitats. Al llarg de la història hi ha hagut intents d’enterrar o manipular la memòria per part de règims que d’aquesta manera buscaven la seva legitimitat i el control sobre la població.

Què pot passar quan, després de 50 anys, algú contradiu la versió d’uns fets recordats per una comunitat?
L’agost de 1999, després de no poques peripècies, tenia lloc a la Sala de la Societat la Fraternal d’Espolla, i organitzat per l’Associació Cultural, un acte en record d’en Celedonio Garcia Casino “Celes” i l’Enrique Martínez Marín “Quique”. La sala era plena: van intervenir historiadors, músics, familiars i gent que espontàniament van voler expressar-se.
Cinquanta anys abans van ser morts per la Guàrdia Civil quan fugien cap a França després d’haver actuat a la zona de Barcelona enquadrats en la guerrilla llibertària del grup d’en Facerias. Era l’any 49. En feia quatre que s’havia acabat la 2a Guerra Mundial i els exiliats republicans havien cregut en la intervenció aliada per acabar amb la dictadura a Espanya.
I, paradoxalment, el franquisme es feia fort amb el reconeixement dels Estats Units i la repressió interna a qualsevol mena de dissidència.

Es negava l’existència d’oposició i els grups armats que actuaven contra el règim, independentment de l’afiliació política, eren qualificats simplement de bandolers. Ara sabem, per la documentació confidencial de les forces de seguretat del moment, com n’era de conscient el règim del caràcter polític del grups que actuaven en la clandestinitat. Confidents i infiltrats de la policia facilitaven informació detallada sobre els seus objectius clars de desestabilitzar i fer caure la dictadura.
Aquesta afirmació, feta fa onze anys i en referència als fets d‘Espolla de l’agost de 1949, creava estupefacció al poble i curiositat fora. Més d’una persona, que havia viscut l’experiència quan van passar els fets, em va intentar desmentir: el règim havia fet bé la feina. Per alguna cosa va enterrar els “bandolers” a l’annex del cementiri sense identificar.
I, al mateix temps, l’acte de record despertava curiositat en mitjans de comunicació que s’interessaven per una iniciativa que en aquell moment, més de vint anys després de morir el dictador, era singular.

Tot això ho recordava dies enrere quan les autoritats s’afanyaven a inaugurar mausoleus al límit de la legislatura. Però sobretot em va venir present quan l’Olga, la filla de Celes i Reme, ens va confessar que s’havia retrobat amb el seu pare quan ja tenia fets els 50 anys arrel de l’acte a la Fraternal.

Josep Maria Tegido-Mallart, gener 2011


El darrer viatge de Reme

El 29 de juny passat moria a Porto Alegre Remedios Falceto Abadia. La vaig conèixer l’estiu del 99 quan s’havia presentat a Espolla amb la seva família, vinguts tots expressament del Brasil.

Aquell dia fèiem un acte de record a Enrique Martínez i Celedonio García, enterrats al cementiri d’Espolla després de caure morts a pocs metres de França per trets de la Guardia Civil el 26 d’agost de l949. En Celes havia estat company de la Reme i, quan va ser mort, feia pocs mesos que havien tingut la seva única filla, l’Olga, en el seu exili a França.

Precisament va ser ella, aquest darrer juliol, qui em va comunicar la mort de la seva mare en un correu on expressava, a més, la intenció de venir al poble a dipositar les cendres al costat de qui havia estat el seu company.

El 7 de novembre ens vam retrobar. Va ser un acte senzill, exclusivament familiar, d’homenatge a una dona que la vida no li va fer les coses fàcils: va viure la guerra quan encara era una nena al barri obrer del Carmel a Barcelona on es va quedar a viure després de la derrota republicana, tot i que el seu pare s’havia hagut d’exiliar. Però l’ambient de la postguerra era difícil de portar per gent jove que havia tastat la llibertat dels entorns anarquistes de la República i que s’havien format a les escoles modernes hereves de Ferrer i Guàrdia.

L'Olga Garcia Falceto,
filla d'en Celes i la Reme,
al cementiri d'Espolla

Mentre l’atenció internacional se centrava en la Guerra
Mundial, la realitat aquí, sota el franquisme, cada cop era més complicada. La dinàmica d’acció i repressió va acabar portant molts d’aquells joves a ingressar en els grups guerrillers que lluitaven contra la dictadura o detinguts dins les presons del règim.

L’estiu del 99, quan sentia parlar la Reme a l’acte a la Societat per en Quique i en Celes, m’admirava comprovar com les seves conviccions havien sobreviscut més enllà d’una vida plena de circumstàncies adverses. Finalment, podrà descansar al costat d’en Celes.

Josep Maria Tegido-Mallart, gener 2011






HOMENAJE A MI PADRE, MI MADRE Y QUIQUE

Y , en su nombre, a los millares de jóvenes que tuvieron destinos semejantes.

ESPOLLA, 23 DE JULIO 2016

He venido muchas veces a Espolla para visitar el túmulo de mi padre. Algo sorprendente para quien fue educada a “enterrar y ya está!”? No exactamente sorprendente, ya que he necesitado esas muchas visitas para simultáneamente poder aproximarme a mi padre y poder enterrarlo.

Tenia 6 meses de edad cuando fue muerto por la Guardia Civil en los Pirineos, ya con los pies en Francia. En mi casi vejez me confronté con la foto de él, muerto, y la descripción de la policía franquista de que habían sido muertos dos “atracadores”. Esa era la versión oficial en la España franquista. Aun lo es en los documentos actuales de la policía.

Esta ceremonia tiene el objetivo de ser uno de los elementos de desmitificación de aquel estereotipo, de ellos y de muchos otros compañeros, para el pueblo catalán-español que pasa por este cementerio, un cementerio fuera del cementerio oficial, ya que Cele y Quique fueron enterrados como herejes en una época en que solo se podía ser católico apostólico romano.


La primera vez que vine a este cementerio yo tenia 20 años. Vine con mi madre. Con nosotras estaban los hermanos de Quique, Ángeles y Joselillo que fueron quienes hicieron la tumba, con la ayuda económica de mi madre que ya estaba en Brasil. La memoria que tengo es de la intensa emoción. La indignación con su asesinato y con el trato que les fue dado enterrándolos fuera del cementerio. El odio a Franco y todo lo que significó para España. Nunca antes había sentido odio. Casi ni siquiera rabia. Mi familia me había educado en un ambiente de bastante harmonía en que no había lugar para expresiones emocionales muy fuertes. Tuve acceso por primera vez a una intensidad emocional que no conocía.

Pero hablemos de las ceremonias. Esta es la tercera ceremonia en que mi familia y yo tenemos la oportunidad de participar en el cementerio de Espolla.

Esta ceremonia tiene para mi un objetivo emocional de reencuentro y entierro.

A la primera ceremonia en 1999 vinimos toda la familia, incluidos mis tíos hermanos de mi madre y sus familias. La compartimos con la familia de Quique. Esta vez no han podido venir. Joselillo esta gravemente enfermo.

La familia inmediata de mi padre vive en Sao Paulo en Brasil y tengo poco contacto con ellos. Otros de su familia no los he podido localizar. Aquella ceremonia fue organizada por Josep María y compañeros que inauguraron la placa “CAIGUTS PER LA LLIBERTAT “ sobre la tumba, como parte del movimiento que ocurría en aquel entonces, 60 años después de la Guerra Civil, de retomar los hechos que ocurrieron.  Fue una de las mayores emociones de mi vida y ya tenia 50 años... una ceremonia pública que dio la oportunidad a que mi madre hablase sobre lo que hacían mi padre y Quique en el grupo de Facerías, un historiador contextualizase lo que era la España de aquel entonces, un poeta cantase la poesía de la guerrilla, yo misma hablase de mi dolor y mi agradecimiento y marcase puentes con el Brasil de aquel entonces, en que estábamos llenos de esperanzas (diferente de ahora en que vivimos un golpe institucional), que Ovidio, mi marido, hablase en el cementerio representando la familia que estaba muy emocionada.... Y después tuvimos la oportunidad de retomar el gran camino sufrido, cuesta arriba por la cordillera como lo hacían ellos... Había más de doscientas personas el primer día.

Me sentí heredera de una historia de heroísmo que podía publicar y no esconder, como necesitamos hacer la mayor parte de mi vida, viviendo en un contexto también de dictadura en Brasil.

Otra memoria que tengo de ese encuentro, que me marcó mucho, fue que a media subida se me aproximó un señor de Espolla que me dijo que conocía el guardia que había matado a mi padre, que tenia su dirección porque había vuelto 3 años antes y alardeaba que él era el responsable de aquellas muertes. Lo miré y, después de reflexionar y procurar sentir profundamente, le dije que no lo deseaba. “Gracias”. Lo que pensé es que “pobre de espíritu ese señor que se vanagloria de matar seres humanos, no es posible que duerma tranquilo, sus pobres hijos deben sufrir las consecuencias, imagino que ya  debe estar pagando el crimen de alguna manera...”. ¿Habrá sido esta decisión correcta? Cuando pienso en términos de elaboración nacional de los resultados de los crímenes de la Guerra Civil y período posterior me parece que no, que debería haber un proceso publico, nacional, de resolución, no un entierro de los hechos sin discusión. Pero para mi personalmente en aquel momento fue bueno dejarlo así, pude sentir todo el odio, la rabia y resentimiento, y sentirme en paz, casi con un sentimiento de perdón, al imaginar que cada uno (y probablemente sus descendientes) sabe los fantasmas que carga y paga por ello.

La segunda ceremonia fue mucho más intimista.  También nos acompañaron Josep María, Pako y Isabel, mis primos y tía y varios amigos. Cuando murió mi madre trajimos la mitad de sus cenizas, tras depositar la otra mitad en el rio Guaiba que baña Porto Alegre, Brasil, ciudad que aprendió a amar y donde murió en 2010. Las esparcimos alrededor de la tumba de mi padre, de una forma clandestina, porque eso era prohibido. Mi sensación profunda fue que había conseguido reunirlos físicamente en el final de la vida, ellos que permanecieron juntos toda la vida de mi madre. Yo hablé, mi hija y yerno cantaron “Gallo rojo, gallo negro” y “Gracias a la vida”, Albert mi primo y ahijado de mi madre me ayudó a colocar una pequeña placa en su memoria.

Esta tercera ceremonia es diferente. Me siento menos vulnerable emocionalmente, producto de las oportunidad anteriores y... quizás de la vejez también. A los 67 años, vuelvo para participar de una inauguración de placa para hacer de este un espacio publico, parte de la ruta turística de Espolla. Hacen ahora 80 años del inicio de la Guerra Civil. Sesenta y siete de la muerte de Celedonio García Casino, mi padre, y de Enrique Martínez Marín, que lucharon hasta la ultima hora por una España libre de la dictadura franquista y por una sociedad más solidaria. Espolla incluye así oficialmente la dolorosa historia reciente de España entre los locales a visitar al lado de su prehistoria y otras historias. Este es un marco ciudadano para España. Colaboramos con este objetivo mi familia, aquí incluida la tercera generación, mis hijos Enrique (cuyo nombre recuerda el de Quique) y Luisa con sus compañeros  Tatiana y Eduardo y sus hijos Benjamín, Caetano y Alice. Está también mi hijastro Felipe con su mujer Pauline. Están aquí mis primos hermanos, sus hijos y sus nietos. Están muchos amigos. Hemos, con la colaboración de nuestros amigos de aquí, elaborado una placa para orientar a los viajeros sobre que representan las tumbas de estos dos jóvenes aquí enterrados.

La placa dice:


EN MEMORIA

CELEDONIO GARCÍA CASINO (1922-1949)

ENRIQUE MARTÍNEZ MARÍN (1927-1949)

Guerrilleros anarquistas de las Juventudes Libertarias (JJLL) del barrio del Carmel de Barcelona, que lucharon contra la dictadura franquista por sus ideales de justicia y libertad. 

Integrados en un grupo de acción desde 1939, al igual que centenares de jóvenes anarquistas, su lucha consistía en expropiaciones económicas para mantener la prensa y propaganda clandestina, soporte a la CNT, apoyo económico a los presos y a sus familias y sostener la lucha armada contra la dictadura franquista.

Muertos tras enfrentamiento con la Guardia Civil el 26 de Agosto de 1949.

REMEDIOS FALCETO ABADÍA (1927-2010).

Compañera de Celedonio y amiga de Enrique, sus cenizas, traídas desde el exilio en Brasil, reposan junto a ellos en representación de todas las mujeres luchadoras que no pudieron regresar. 



Para mi los tres representan, Cele, Enrique y Remedios, lo mejor de la juventud, aquello que Reme mantuvo hasta su ultimo día, el ideal de libertad, responsabilidad social, solidaridad y conciencia  planetaria. Si, estos jóvenes ya tenían conciencia planetaria, tal vez no formulada así, pero eran vegetarianos, esperantistas y creían ser posible un mundo sin fronteras. Creían que si no cambiásemos nuestros valores y actitudes, como seres humanos racionales que podemos ser, estaríamos destinados a autodestruirnos. Los años que se han pasado desde el 1949 solo lo han confirmado.

Al trabajo todos nosotros que aquí nos encontramos y a quien agradezco la compañía del fondo del corazón, el camino continua difícil, pero la dirección parece más clara que nunca.

Olga García Falceto, Espolla 23 de julio de 2016